Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi es propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.
Kagura
por Onmyuji
3.
El automóvil se movió en silencio por el pavimento. Las avenidas, aunque llenas de tráfico y vida, no presentaban un retraso para el ya tardío viaje del hombre de cabellos oscuros y mirada apagada.
Dos semanas. Había sido el tiempo que Sango, su auto-declarada médico de cabecera, lo retuvo en el hospital luego de una infinidad de análisis neurológicos que poco tenían razón. «Es muy raro que esta clase de padecimientos ocurran por lesiones físicas, siempre son por lesiones emocionales y psicológicas. Pero no podemos atrevernos a descartar ninguna posibilidad»; había aclarado ella, a pesar de su insistencia de sentirse perfectamente bien.
El interior del auto se mantenía sepulcral, lo cual resultaba incómodo para él. En el frente, Byakuya manejaba en completo silencio. A su lado, en el asiento trasero, estaba el objeto de su amor, de todas sus pasiones, de su amor a la medicina. Giraba el rostro a verla y notaba cómo ella se cohibía ante su mirada.
―Oh, querido Hitomi. ¿Realmente querías desaparecer del mapa, no es verdad? ―La hasta ese momento silenciosa Yura, que iba sentada junto a Byakuya, habló. Hitomi giró a verla, a través del espejo retrovisor, pero ella no estaba dirigiéndole la mirada. Confundido, hizo la cabeza a un lado, incapaz de recordar más nada―. ¿Sabes lo difícil que fue rastrearte hasta Ghana? Y ni qué hablar del pésimo servicio de comunicación en África. ¿Qué querías? ¿Morir de ébola? ―Él apenas era capaz de digerir tanta información que ni siquiera tuvo tiempo de pensar―. Ha sido una suerte que pudiera comunicarme contigo. Mira nada más lo pálido y demacrado que estás, querido. Y es una pena que tu cabello esté tan opaco. ¡Pero ya lo decidí! En cuanto lleguemos a casa-...
―Yura, ¿podrías callarte? Hitomi acaba de salir del hospital.
Notó que la mujer se enfurruñaba en el asiento del copiloto y luego todo volvía a quedarse en silencio. A su lado, Kagura hizo lo propio en su lugar, como si quisiera evitar toda clase de contacto con él.
«¿Tienen todos qué saberlo?»
«Sólo si usted desea que lo hagamos del conocimiento de todos sus familiares, doctor».
―Realmente lo siento. Pero necesitaba un poco de tiempo. ―Dijo, como un intento pobre de excusa, pero aquello salió tan involuntario como las preguntas que comenzaron a gestar en su cabeza para entonces ¿Tiempo para qué? Él mismo no encontraba la respuesta a aquella incógnita. Porque para empezar, ¿qué hacía lejos de su país, de su hogar? Él tenía su vida aquí.
Había elegido estudiar medicina al salir de la preparatoria, con 18 años, cuando ingresó a la carrera con unas de las mejores notas de su generación. Había dado la vida en cuerpo y alma para alcanzar la especialidad, para poder estar siempre para ella y que Kagura lo notara al fin. Pero daba la impresión de que siempre se encontraba a la sombre de una estrella más grande.
―¿Un poco? ¿Diez años te parecen poco?
―¡Yura!
―Pero hey, Yura. Jamás me esperé encontrarlos juntos a ti y a Byakuya.
―Desde hace seis años, hermano. ―Y ahora resultaba extrañamente incómodo el ambiente dentro del vehículo. Y que Byakuya le llamara con cierto recelo mientras conducía en silencio, como si hubiese preferido que nunca volviera.
«Los recuerdos volverán, doctor. Es sólo cuestión de tiempo, tal vez un par de días, o unas cuantas semanas. Sólo no debe perder la esperanza». Y realmente rogaba que sus recuerdos volvieran pronto, porque había tantas cosas que comenzaban a levantar preguntas a las que él no tenía respuesta. Y siendo sinceros, hacer público el hecho de que tenía problemas para recordar un período de aparentes diez años, podría ponerlo en una posición muy vulnerable, teniendo en cuenta la clase de familia en la que creció.
Una familia llena de excesos donde el rey lo mantenía a la sombra, ganándole la espalda del hermano menor que justo ahora conducía.
«Nadie debe saber nada. No quiero ser una carga para ellos».
«Como usted lo desee, doctor».
―Me da gusto. Aunque realmente no me lo esperaba. ―No supo qué más decir, así que se limitó a decir lo que cualquiera en su lugar habría hecho. Pudo ver como los ojos atrevidos y coquetos de Yura le observaron por el retrovisor, sonriendo agradecida de una forma un tanto retorcida.
―¡Keh! Nadie en realidad pensó que la relación de estos dos funcionaría. ―Se giró a ver a Kagura, con la sonrisa llena de sorna en los labios, que agitó su corazón. Ella aún conservaba esa renuencia propia de toda su vida, y eso le gustaba mucho.
No entendía que razones lo habían llevado a alejarse de Kagura pero, ¿Tal vez esta era su oportunidad para acercarse a ella e intentarlo juntos?
―Igual que nadie pensó que soportarías a esos engendros del demonio después de que nacieron, querida. ―Contraatacó la mujer en el asiento del copiloto.
―No me lo recuerdes, Yura.
―¿Podrían dejar a mis sobrinos fuera de esto, señoras?
Y la sangre se le heló en ese momento.
Ajeno a la rencilla entre las dos mujeres y el conductor, Hitomi se dejó caer pesadamente en el respaldar del asiento trasero, cual si hubiese tenido una suerte de epifanía. Y luego sintió un pequeño dolor en las sienes, al momento en que lo que parecían ser recuerdos, se alborotaban burbujeantes en su cabeza.
.
«Parecía concentrado en lo que parecía un libro médico cuando sintió pasos aproximarse a la cocina. No parecía prestar mucha atención porque su cuerpo estaba lleno de emociones alegres, emociones encontradas de más de una forma, haciéndolo sentir mareado y lleno de hormigueos por el cuerpo. Había una resolución en la mirada estudiosa y concentrada, oculta celosamente en los bolsillos de su abrigo café dentro de una cajilla de terciopelo rojo.
Porque había tomado la resolución de dar un paso más hacia Kagura y demostrarle que el amor que sentía por ella era auténtico. Y que su compromiso con ella iba más allá de las pasiones que había desatado en él.
Porque deseaba pasar con ella todos y cada uno de los días de su vida. Quería hacerla su esposa.
―Así que aquí estás, Hitomi.
Aquella voz lo distrajo por unos momentos de sus quehaceres, mientras despegaba un ojo del texto que leía y lo dirigía hacia la puerta de la cocina. No tenía qué prestar senda atención en la persona que se encontraba ahí para saber que se trataba de su hermano, vestido en un caro traje Armani y viéndole con ese complejo de superioridad que atribuía totalmente a sus ya fallecidos padres.
―Naraku. ―El saludo seco y desinteresado en su hermano.
Él volvió a sus actividades, pero Naraku no se movió del umbral de la puerta de la cocina ni un ápice. Podía sentir la mirada fuerte y maliciosa del mayor sobre su nuca, como si esperara que ocurriera cualquier cosa.
―¿Qué? ¿No me vas a felicitar?
―¿Y eso por qué? ―Realmente nada de lo que tuviera qué ver con Naraku le interesaba en lo absoluto.
―Por lo de Kagura. ―Y entonces supo que Naraku lo tenía donde quería, porque al momento de escuchar el nombre de su amada, despegó el rostro de su libro y lo enfocó en la mirada interesante y llena de maldad del hermano mayor. Aunque de mayor solo tuviera algunos minutos de diferencia. Al sentir la mirada curiosa del gemelo menor, Naraku fingió sorpresa y un rostro apenado, igual que lo fue su lastimero y molesto tono―. Oh, ¿pero no te lo dijo?
―¿D-decirme qué?
―Tu querida pretendida está embarazada. De mí. Y por eso voy a casarme con ella».
.
Y la sensación de sentirse derrumbado fue igual de fuerte que al momento de evocar aquello que parecía un recuerdo en su cabeza, y sintió la misma desolación de entonces. Las lágrimas amenazaron con agolparse en sus ojos, pero fue lo suficientemente fuerte para contener aquellas emociones y se mantuvo compuesto mientras la pequeña discusión en el automóvil bajaba de intensidad y todo volvía al silencio inicial.
Hasta que él se atrevió a decir algo.
―Te casaste con Naraku. ―Aquello no era una pregunta, pero sí un recordatorio del por qué se había ido del país durante tanto tiempo; un reproche dolido y amargo que no permitió que Hitomi pudiese seguir viendo los ojos avergonzados color granate de Kagura, quien ocultó su rostro detrás de su abanico y maldijo mentalmente su puñetera suerte.
Fin del capítulo 3.
PS. Hola de nuevo :D aquí le traigo el capítulo 3 a mi estimadísima Agatha Romaniev :D este capítulo tiene mucha más información, muchas cosas nuevas que creo que encontrarán interesantes. Especialmente porque les informo que el fanfic no tendrá muchos capítulos, cuando mucho unos 12 o algo así. Primero porque pienso que el fanfic debe tomarse su tiempo, pero también pienso que entre más lo alargue, más difícil será de terminarlo. Y eso es porque no pienso retrasarme tanto con Hitomi descubriendo nimiedades, sino que quiero que vayan viendo la magnitud de todo. No se preocupen, que Naraku va a aparecer. Pero ténganle paciencia, porque nuestra araña favorita hará una entrada estelar X3 por el momento, ya se los presenté, ya vieron que rollo con él :P
Espero no demorarme tanto con el próximo capítulo X3 dependerá de qué tan atascada esté de trabajo X3 mientras tanto, espero que este capítulo haya cumplido sus expectativas :3
Nos estamos leyendo :D
Onmi.
