Finalmente aunque sea tarde está la actualización. Este capítulo tiene un poco más de drama y suspenso. ¿Qué sucedería si Gintoki se entera que cierto policía frecuenta a su "amiga" ay
Espero que les guste. Necesitaba ponerle más drama al asunto.
Gracias, muchas gracias por seguir el fic, trataré de seguir dando mi mejor esfuerzo para regalarles una historia bonita, apenas vamos arrancando, pero estamos con buenas ideas y estructurando bien la trama.
Advertencias: malas palabras por parte de Sougo y un poco de discriminación al gremio.
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Capítulo 3
Oh, baby it's just your body
Go, let in everybody
They won't be there when you're sorry
No había tenido tiempo de pensar en lo sucedido después de volver al cuartel. El trabajo comenzó a acumularse, más informes que revisar, redactar reportes y supervisar estrategias de investigación que lo consumieron durante dos semanas. Mantuvo su mente ocupada que olvidó su estancia en Yoshiwara. No es que fuera irrelevante, es que prefirió concentrarse en lo que verdaderamente importa.
Esa mañana en especial, fue su día de descanso y pretendía salir a caminar o leer un libro. Encendió un cigarro mientras contemplaba el cielo y el cantó de las aves que transmitían una paz que no recodaba haber tenido desde que entro al Shinsengumi. Hasta que Sougo, por malas jugadas de la vida, apareció en su habitación, en sus manos llevaba una carta. Supuso que iba dirigida a él; por la sonrisa triunfante y malvada que se dibujó en su rostro infantil, dándole un aspecto tenebroso.
Hijikata permaneció inmóvil ante la amenaza. Cualquier cosa que dijera iba a negarla. Volvería a cuidar su integridad y sobreviviría de nueva cuenta, como tantas veces a los ataques del menor.
— Llegó el correo― canturreó feliz. Caminó hasta donde el vicecomandante fumaba, sentado cómodamente en el pasillo que daba al jardín― Estaba de paso… y ¡Oh sorpresa! Te han enviado una carta de Yoshiwara.
No respondió. Un sudor frío escurrió por su frente. No pudo evitar que sus manos temblaran. Por dentro su cuerpo se convirtió en un campo minado, un montón de explosiones emocionales que no permitiría que escaparan. Disimuló lo más que pudo su sorpresa y continuó fumando con calma.
―Vaya, Matsudaira finalmente te mal influencio. Me pregunto, ¿qué dirá la carta? — comentó clavando su veneno incisivamente en la privacidad de su vida.
Suspiró indiferente, creyó que de esa forma él notaria su poco interés. Sin embargo, el muchacho no era de los que detenían sus ataques por el desinterés de sus víctimas. Eso lo hacía más divertido y alimentaba su sadismo. Hijikata buscó una respuesta coherente que no lo involucrara directamente con Yoshiwara. Pensó en varias opciones para justificar la carta, sin encontrar alguna. Sougo comenzó abrir despacio el sobre, escuchó el papel desdoblarse. Aclaró su garganta como si fuera a dar un recital, solemne y propio. Las manos de Hijikata no dejaban de temblar, tenía que hacer algo antes que ese mocoso descubriera su vida privada.
― Veamos… Querido Hijikata Toushiro― fue lo único que alcanzó a leer Sougo pues, Hijikata le arrebató la carta con suma violencia, aventando al niño a una distancia prudente― ¿qué modales son esos? Me hubieras dicho que la querías leer tú― aclaró el menor.
― Sal de aquí, Sougo― ordenó fríamente, mostrando su poca paciencia ante la broma.
No quería que él, menos que nadie se enterara sobre sus visitas a Yoshiwara. Hasta ahora había mantenido todo en secreto como para que la indiscreción de un mocoso desairado lo destruyera todo. Además no quería involucrar en habladurías a Tsukuyo.
Su actitud enfureció a Sougo quien lo miró con desdén. Antes de salir de su habitación y cerrar la puerta soji dijo: "No me sorprende que valga más una puta que mi hermana… tomando en cuenta que naciste de una"
Acostumbrado a los malos modos y groserías de Sougo, paso por alto la última frase que hacía referencia a su madre. La carta seguía en sus manos y por un momento pensó en romperla. El recuerdo de Mitsuba lo acorraló. ¿Era posible que una mujer de la noche desvaneciera el sentimiento que sentía por ella? Siendo así, dudo en leerla y la guardó dentro de su kimono. Tal vez durante su paseo diurno nacieran las ganas de leerla.
Sus paseos en la ciudad eran silenciosos y llenos de pensamientos. Su mente nunca hallaba descanso, a menos que encontrara un buen sitio para comer. Aunque en ese preciso momento su mente estaba en blanco y caminaba al parque. Un impulso lo desvió de su rutina, quizá la supervivencia y búsqueda de soledad para leer esa carta. Mientras andaba el pedazo de papel ardía dentro de su ropa y todo comenzó oler a quemado, igual que Yoshiwara.
Encontró una banca vacía y antes de sacar la carta observó en todas direcciones. Desarrolló paranoia gracias a Sougo. Sus sentidos se incrementaron a niveles exagerados, llegando a oler a Sougo a distancia. Cuando se está en peligro de muerte, el instinto de protección debe ser permanente. Aquella nota se convirtió en una droga ilegal porque sacarla de su kimono se convirtió en un acto sospechoso. Una vez se sintió seguro, sacó el sobre y abrió la hoja de papel.
La caligrafía era delicada y fina, llevaba el sello de Hinowa. Leyó con calma, aunque el papel temblaba extrañamente en sus dedos.
Querido Hijikata Toushiro
Escribo esta carta esperando que se encuentre bien y que las molestias ocasionadas no hayan perjudicado nuestra relación.
Primero que nada, espero no sea muy arriesgado haber enviado esta carta al cuartel, no quiero causarle molestias o dañar su reputación. Ya que usted es un oficial de policía.
Quisiera pedirle disculpas de manera apropiada, aunque por el momento este medio es el único que encuentro.
Lamento mucho la actitud de Tsukuyo, no justifico su acción, ella reconoce que no es buena bebedora y por ello lo ha incomodado.
Ella desconoce que escribí esta carta. Como debe imaginar, es demasiado tímida para enviarla, además se encuentra muy apenada por todo lo sucedido. Le pido de nuevo una disculpa en nombre de Yoshiwara. Además de hacerle una cordial invitación de nuevo a nuestra casa de té, sobre todo para disculparnos de manera formal.
Gracias por su tiempo y preferencia.
Saludos
Hinowa
Después de un suspiro y guardar la carta, encendió un cigarro. Algo no estaba bien. Se habían tomado la molestia de escribir una carta de disculpa después de casi dos semanas, mucho tiempo para ello. Probablemente Hinowa intentó convencer a Tsukuyo de enviar la disculpa pero conociendo su orgullo jamás lo haría. Por otra parte no olvidó las últimas palabras que le dijo: "Tú menos que nadie, debes juzgarme" Repasar en los hechos le daba pereza. Sin embargo, aquella frase lo hizo pensar. ¿Acaso sabían su origen?
Dio una exhalada al cigarro. Por un momento creyó que su madre pudo conocer a alguna mujer de Yoshiwara y eso le daba miedo porque se sintió comprometido. Había que responder la carta. Sobre la invitación no estaba seguro si volver. También estaba apenado con Tsukuyo, al recordar la bofetada que le dio, su mano derecha ardía. ¿Por qué lo hice? Se preguntó. Y es que de sólo recordar la humillación que ella le hizo pasar al decir el nombre de ese sujeto que, si bien no considera su enemigo, tampoco es su gran amigo. No estaba seguro de poder verla a los ojos y vaya porque tenía unos ojos muy bonitos.
Por una parte entendía sus sentimientos, los propios y los de ella. Ambos llevaban en sus corazones a dos personas que no iban a amarlos, una por su muerte el otro por su libertad. Se preguntó entonces, ¿por qué él no la amaba? Tsukuyo podía tener al hombre que quisiera a sus pies, no sólo por lo atractiva, si no por sus ideales. ¿Por qué ese hombre no la amaba?
Su respuesta no tardó en llegar. En medio del parque la risa de una mujer lo hizo mirar al frente. Reconoció los cabellos lilas y los lentes rojos, caminaba con un hermoso kimono rosa, atrás del Yorozuya. Ella parecía muy feliz mientras, no paraba de hablar y reír hasta que él la tomó de la mano con rapidez y corrieron a la salida del parque. Fue más un escape de algo o alguien. Aunque nada los seguía, no había nadie en el parque más que niños, ancianos, el MADAO desempleado y él.
No había más que preguntar, fue demasiado obvia la señal. Aunque siempre creyó que él tenía una relación con Otae-San. No imaginó que le interesara precisamente una mujer que trabaja para el gobierno. Y tanto que el Yorozuya los desprestigiaba. Su anarquismo era un chiste. Si bien no sabía qué relación tenía con las mujeres, a diferencia de él, Hijikata prefería no relacionarse con ninguna, por eso Tsukuyo le agradaba, existían millones de razones por las que no podría cruzar esa línea.
O eso creyó.
Quizá fue ver al Yorozuya llevando a otra mujer que aceptó la invitación. Primero tenía que responder la carta con la misma formalidad que lo hizo Hinowa, después pensaría en el día de su siguiente visita. Teniendo esto en mente, se dirigió a comprar un arreglo florar y enviarlo a Tsukuyo principalmente.
Nunca había enviado flores a una mujer, algunas veces cuando iba a su pueblo a visitar las tumbas de su familia pero no era lo mismo. Fue complicado elegir el arreglo porque el tendero le explicaba que cada adorno, flor, y detalle significaba algo. ¿Qué es exactamente lo que quiere decir en su arreglo floral? Preguntó. Él seguía observando los colores y aromas de las flores fuera de la tienda. Para Hijikata todas las flores eran iguales, aunque las orquídeas le quedaban mejor a la Hyakka. Sin pensarlo más, pidió un adorno con ellas. La florería se encargaría de enviarlas al destinatario por un cargo extra. Anotó en una tarjeta que le dio el vendedor para que anotara su nombre para que el destinatario supiera su origen.
Al terminar de escribir su nombre y el de Tsukuyo, observó los caracteres en la tarjeta. Imaginó la sonrisa fría de la rubia y sus ojos congelados por la admiración. Su mente divagó unos minutos hasta que alguien llamó por su nombre.
Unos ojos de pez muerto y la mirada soñolienta lo observaban curiosos. Yorozuya estaba solo. Se miraron por un cortó tiempo. Luego el hombre interrumpió con la peor de las preguntas.
― Disculpe, señor, ¿Cuándo quiere que llegue arreglo a Yoshiwara? Tenemos salidas diariamente, usted sabe…
Hijikata se aclaró la garganta. Fue como tener diez espadas a su alrededor. Gintoki lo miró confuso, despareció su mirada cansada.
― Mañana― respondió Hijikata con seguridad.
El vendedor desapareció en la tienda mientras gritaba "Otro envió para mañana a Yoshiwara"
― ¿A quién le mandas flores?― preguntó directo el peliblanco.
― No son mías, fue un encargo de un miembro del Bakufu― mintió, fue lo primero que llegó a su mente, sin embargo, la tensión que manaba del cuerpo de Yorozuya no era normal― ¿qué haces aquí? ¿Vas a comprar flores a tu novia?
― Yo sólo caminaba por aquí y te vi. Estabas muy concentrado en elegir las flores― respondió con seriedad. Parecía molesto o inquieto.
― Bueno, deberías aprovechar y comprar a tu novia algunas flores
― No tengo novia― su tono de voz era severo, casi como fastidiado.
El vice-comandante se encogió de hombros, paso a lado del samurái y se despidió. Por alguna razón quería correr tan rápido. Se sintió como el amante de una mujer casada quien sorpresivamente se encuentra con el marido. Aunque el marido tiene una amante.
― Oye, veo que estas de descanso― llamó antes que pudiera acelerar el paso y escapar― quieres beber algo, tengo un poco de dinero y no quiero beber sólo… tú pagas.
Una risa burlona escapó de Hijikata. Antes de negarse, ya era arrastrado por Gintoki por la calle directo al bar.
Era la primera vez que no tenía ganas de beber, mucho menos con él. Aunque las anteriores veces que llegaban a encontrarse, resultaba divertido. Yorozuya era un buen tipo, elocuente y espontaneo. Le gustaba escuchar sus conversaciones llenas de estupidez como él. Sentarse a su lado fue como si estuviera dentro de un confesionario. Temía que mientras bebieran salieran secretos, aunque nunca ha pasado. Generalmente quien más bebé es Yorozuya, Hijikata es más centrado y soporta más el alcohol.
Entraron a un local tranquilo, donde la mayoría de sus clientes eran hombres mayores. Sentados alrededor de mesas redondas. Conversaban tranquilamente. El ambiente era un poco sombrío y nostálgico, probablemente por las edades de aquellos hombres. Gintoki pasó de largo y buscó una mesa, él lo siguió. Pidieron cerveza que iba acompañada de botana.
― ¿Así que los políticos no pierden el tiempo? Mandan flores a las prostitutas de Yoshiwara con nuestros impuestos― soltó antes de beber una cerveza.
― Cada quien hace lo que quiere con su dinero― fue la respuesta del vice-comandante.
Debía cambiar el tema, alejarlo de las flores, de Yoshiwara, de Tsukuyo. Llevarlo hacia otra parte donde no se sintiera amenazado, porque la sensación de ser el amante no desaparecía.
― A los hombres les gusta regalar flores para quedar bien― argumentó entonces― ¿nunca has regalado alguna? A puesto a que tu novia sí.
― De nuevo con eso de la novia. ¡No tengo novia! ¿O será que esas flores eran para alguna chica especial, vice-comandante caliente?― respondió hábilmente Gintoki.
― No es de caballeros negar a una mujer. Te he visto, la tomaste de la mano y corrieron en el parque― Hijikata sonrió triunfante al haber conseguido cambiar el tema y llevarlo a un rincón del que no va a ser fácil escapar.
― ¡Ah! Así que me viste― respondió con preocupación― eso no es algo que te incumba.
Con la victoria a su favor, se sirvió otra cerveza. Para ese entonces Gintoki no habló, se dedicó a beber y mirar de vez en cuando a los demás clientes. Hijikata había tocado algo que no parecía querer salir a la luz. Justo como su propio secreto.
― Hagamos un trato― propuso entonces el ex Jouishishi, hizo a un lado los tarros de cerveza ― tú no dirás que me viste con cierta ninja del Oniwabanshuu y yo no te vi mandando flores a Yoshiwara.
― ¿Por qué el misterio?― pregunté.
― ¿Por qué la mentira, vice-comandante ladrón de impuestos?
Ambos tenían algo que esconder y no estaban dispuestos a dar explicaciones. Hijikata no las necesitaba vio demasiado. Gintoki quizá tendría curiosidad de quien era la mujer a la que se le enviaron las flores. Con un apretón de mano y brindando con cerveza cerraron el trato.
― Mis motivos para mantener esto en secreto son demasiado personales― explicó Gintoki mirando fijamente a su acompañante― y supongo que tu reputación también está en juego. Sería un escándalo que supieran que mantienes una relación con una de esas mujeres.
― No me importa lo que me pase a mí.
― Tú no, la organización. Qué difícil es ser un perro del gobierno.
― Por lo menos yo tengo un motivo fuerte por el que no quiero que se enteren, ¿pero tú? Eres un ciudadano libre. ¿Por qué?
Desde que conoce a Yorozuya nunca había visto una mirada tan perdida, como si buscará algo. Desvió su atención a una de las frituras en el plato. Sonrió por algo que recordó. Después con seriedad miró a Hijikata.
― Porque sí… porque me da la gana― luego sonrió estúpidamente y se hecho a reír.
Bebieron hasta pasadas de media noche. Hijikata olvidó que al día siguiente tenía que laborar y hacer una guardia. Siempre que estaba con el Yorozuya bajaba la guardia, se relajaba más de lo debido. Dejaron de beber porque el bar tenía que cerrar, Gintoki quiso continuar, aunque ya no tenía dinero, quería seguir desperdiciando su hígado. Hijikata que no estaba tan ebrio, ayudó al peliblanco a caminar. Pensaba llevarlo hasta su casa, la responsabilidad de policía no iba a desaparecer por unas copas. Durante el trayecto, Gintoki decía incoherencias, sobre porque se llamaba pastel imposible si se lo comía con tres mordidas o porque los hombres sólo distinguían un color y las mujeres encontraban diferentes tonos. Hijikata sólo respondía monosílabos e intentaba que no cayera o lo vomitará.
Quedaba poco para llegar a su casa y aventarlo en la entrada de su casa. Estaba cansado y quería dormir un poco. Para la siguiente ocasión se plantearía el beber con él, siempre terminaban de la misma manera.
Pudo ser su paso lento y tambaleante que llamarón la atención de una patrulla que se paró a su lado. Ambos borrachos detuvieron el paso y esperaron. La ventana de la puerta del chofer se abrió. Sougo asomó su cabeza castaña y sonrió divertido. Esa noche le tocaba patrullar, recordó Hijikata. No creyó tener que cerrar su día de descanso con estos dos.
― Hijikata-san, te estaba buscando, pensé que te habías ido al putero de Yoshiwara o quizá ya regresaste.
Gintoki soltó una risotada fuerte que pensaron despertaría a los vecinos. Hijikata negó con la cabeza. Pidió a Sougo que subiera al Yorozuya para dejarlo en su casa, pero Sougo respondió que no, pues no quería que vomitara todos los asientos. Esa actitud además de ser la de siempre, escondía algo, pues Sougo salió del auto.
― ¿Fuiste con el jefe?― preguntó Sougo refiriéndose a Gintoki― él tiene amigas ahí. Quizá te puede recomendar unas más entretenidas que con la que vas.
Su comentario llevaba cierta burla, pudo notarlo Hijikata no sólo en el tono de voz si no en su mirada inquisidora y perturbadora. Tenía que llevarse pronto a Gintoki antes que su lengua comenzará a lanzar veneno. Para su fortuna, Gintoki quiso vomitar y se alejó a un poste cercano. Tomó esa oportunidad para correr a Sougo.
― Sigue patrullando, yo llevaré a su casa a este ebrio― dijo antes de encender un cigarro.
― ¿Me estas corriendo?
― No, sólo te mando a hacer tu trabajo.
― Este es mi trabajo y lo más divertido es joderte la existencia. Tienes miedo que diga el nombre de la puta con la que vas, ¿cierto?― algo se rompió dentro de él en ese momento, sintió que sus pies eran de plomo y el cuerpo tampoco quiso reaccionar― Leí la carta antes de dártela… era obvio. Me sorprende que no supusieras― ¿sabes que esa perra es amiga del jefe? O quizá algo más. ¿Qué sucedería si se entera?
― ¿Cuál es el precio?― preguntó Hijikata resignado. Mientras Gintoki seguía devolviendo todo lo que comió, bebió y más de hace unas horas.
― Ninguno. Quiero ver como ardes.
Fue un balde de agua fría lo que sintió y lo dejo pálido, sin palabras y con las manos temblorosas. Miró al Yorozuya que se estaba recomponiendo. Sougo no dejaba de sonreír mientras se recargaba cómodamente en la patrulla.
― Esto es deshonroso para el Shinsengumi y para el nombre de mi hermana. La rechazaste para al final irte a meter con una puta y luego la puta de otro. Hijikata-san, cada día caes más bajo. Deberías morirte.
No tuvo oportunidad de responder o soltarle un golpe por insultar de esa forma a Tsukuyo pero tampoco tenía argumentos para defenderse. Sougo tenía razón. Se estaba fallando así mismo.
― No me sorprende que vayas con esa clase de mujeres, siendo que tu madre era igual. Todo tiene sentido.
No entendía porque no podía defenderse, excusarse o romperle la cara a ese mocoso malcriado que sobrepasaba los limites. Ahora estaba tocando fibras que creyó ya estaban sanadas, pero al recordarle se quebraba. El muchacho entró a la patrulla. Gintoki se acercó, dijo poder caminar el solo a casa. Dio las gracias a Hijikata.
― Espera, Jefe, siempre si te llevó a casa.
― ¡No! Vamos, te acompañaré― Hijikata tomó del brazo a Gintoki y anduvieron a casa.
― ¿Qué pasa? No era mejor ir en la patrulla… aún queda un poco de trayecto hasta mi casa― se quejó Gintoki.
La patrulla andaba tras de ellos, las luces alumbraban su camino. Sougo desde el asiento, insistía en llevarlos en la patrulla. Finalmente Gintoki se desesperó ante las negativas de Hijikata y subió.
Una vez en la patrulla, Gintoki se estaba quedando medio dormido en el hombro de Hijikata. Sougo los observaba por el espejo retrovisor.
― Haz lo que quieras― soltó Hijikata― no he hecho nada de lo que me arrepienta.
― ¡Jefe, ya llegamos a casa!― gritó Sougo para que se despertara el peliblanco, ignorando así a su vice-comandante.
Soñoliento y torpe, Gintoki salió de la patrulla. Hijikata lo vio caminar a tropezones a las escaleras.
― ¡Jefe, salude de mi parte y de Hijikata a Tsukuyo-dono! Espero poder visitarla pronto.
Gintoki se quedó de pie en las escaleras. No se podía ver bien sus facciones, Hijikata no supo si fue una sonrisa, una mueca o si sus colmillos brillaban, pero la mirada que le dedicó no supo cómo describirla pues, brillaba un poco por las luces del vecindario y también parecía vacia.
Thank you baby, thank you babe, darling
Don't explain, don't explain
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Si ya llegaron hasta aquí, espero no les haya parecido ni forado ni tedioso, pero necesitaba esta parte para meterle más emoción…
Muchas gracias por leer y por los comentarios que pueda recibir.
Saludos
