Cap re-editado :)
Let it go!
— ¿Granger? …
Hermione se volvió, estaba pálida, tenía los ojos rojos de tanto llorar y, en definitiva, se veía patética. Pansy —porque sí, era Pansy—, quien la había encontrado tirada en los pasillos de la torre, pero ¿quién lo duda? La morena tenía una misión. Y eso, sumado a que se aburría enormemente en su habitación rosa después de haber echado de allí a Greengrass, la había llevado a cotillear los alrededores de la torre. Para su sorpresa, se encontró con que debería empezar su misión un poco antes de lo planeado.
— ¡Joder Granger! ¿Qué mierda estás haciendo? —Pansy no le dio tiempo a la pobre muchacha ni a reaccionar siquiera, la agarró del brazo, la levantó ¡sin saber ninguna de las dos cómo lo había hecho! y la metió en la primera habitación que encontró. ¡Coincidencia! Era la habitación que ahora compartía con la menor de los Greengrass. Por suerte, ella no había vuelto aún a la habitación.
Pansy se volvió hacia Hermione hecha un basilisco. ¿Por qué demonios tenía ese maldito aspecto? ¿Qué narices había hecho el idiota de Draco para dejarla así? ¡Por Merlín! ¡Ni siquiera había pasado media hora y ya tenía que estar cubriéndole las espaldas! Eso pensaba nuestra querida Pansy, ¿o quizás debería añadir la sarta de maldiciones que pensaba lanzarle cariñosamente a su rubio amigo en cuanto tuviera la mínima oportunidad? Mejor no, mejor no añadirlas.
— ¿Qué ha hecho ese idiota esta vez? —preguntó Pansy, más para sí misma que para la leona. Hermione estaba perpleja, la morena, la Slytherin, ¡la novia de Malfoy!, la había encontrado en medio de los pasillos, llorando. ¿Y sólo la había arrastrado hasta allí para preguntarle qué le había hecho el mentado muchacho? Ni burlas, ni insultos, ni humillaciones, ¿sólo le preguntaba qué le había hecho Malfoy? ¡Tenía que estar alucinando! —. Granger —Pansy paseó su mano por la cara perpleja de la Gryffindor. Al final esta pareció reaccionar—, ¿Qué te ha hecho Draco? —preguntó de nuevo, esta vez con más tacto.
—No te entiendo. ¿Por qué me preguntas que ha hecho Malfoy? ¿Por qué te preocupa lo que haya podido hacerme? ¿Por qué insultas a tu novio? ¿Por…? —lluvia de preguntas por parte de la castaña. Hermione estaba a un paso de la histeria. Pansy la paró.
—A ver, Granger… Punto 1, Draco no es mi novio, somos amigos. Punto 2, te pregunto qué ha hecho ese idiota porque es seguro que algo ha hecho. Punto 3, te pregunto qué TE ha hecho porque sería un milagro que no te hubiera hecho nada. Punto 4, lo insulto porque, aunque le tenga mucho cariño, ambas sabemos que a veces se comporta como un autentico imbécil.
— ¿A veces? Yo diría que ES imbécil. Siempre… De todas maneras, no sé qué tienes que ver TÚ en cómo me trata el hurón, mucho menos entiendo por qué te preocupa tanto. —replicó Hermione. Ella no lo diría nunca, pero estaba tremendamente agradecida por la distracción que suponía Parkinson en ese preciso momento. A pesar de que esa conversación podía ser calificada de todo menos de lógica, al menos la distraía.
—Bueno… —titubeó Parkinson, quién de repente parecía ¿nerviosa? Imposible. ¿La serpiente nerviosa? ¿Había visto alguna vez a esa serpiente en concreto nerviosa? Hermione pensó. No, jamás había visto a Pansy Parkinson, reina de Slytherin, nerviosa.
— ¿Qué sucede Parkinson? —inquirió, la curiosidad reinaba en la leona y estaba a punto de estallar. Estar en un nido de serpientes estaba empezando a alterar a Hermione. De ninguna manera se había alterado por el encuentro que había compartido con Draco, ¿verdad? No, no, ¡Hermione nada de delirar de nuevo!
—Verás… es que… yo… bueno… me preocupo por ti porque… ambas somos… ¿mujeres? ¡Sí, eso! ¡Las dos somos mujeres! —Parkinson sonrió triunfante, eso la Gryffindor no se lo esperaría jamás. Y acertó, la boca de la castaña casi llegaba al piso.
— ¿Y acabas de descubrir que las dos somos mujeres? —preguntó, escéptica, cuando se hubo recuperado.
—Bueno, no. Pero, es que… ahora tenemos que hacer este trabajo y… y yo… pensaba que… quizás tú… puede que… —Hermione se estaba empezando a exasperar por las incoherencias de la Slytherin, ¡bastante tenía con las propias! Pansy lo notó, ¡pero se lo estaba pasando tan bien! —, bueno, verás, yo pensaba que como tenemos que convivir durante todo el año y estamos sin magia, pues… quizás querrías alguna amiga o algún aliado aparte de ese inútil de Longbotom.
— ¡Neville no es un inútil!
—Ya, ya —respondió Pansy condescendiente. ¡¿Es que sólo se había enterado de lo de Longbotom?! —, pero ahora estáis rodeados de serpientes, y por lo que sé no eres muy cercana a McLaggen. ¿O debería decir que sois demasiado cercanos? —preguntó inocente. Hermione gruñó en respuesta—. Bueno, ambas somos mujeres, y ahora tendremos que vivir juntas. Pensé que serías inteligente y no querrías problemas con todo el mundo, Granger. —terminó mordaz.
—Mira Parkinson, no quiero problemas. Quiero todo menos problemas, ¿entendido? —Hermione tomó aire—. Pero no me fío de las serpie…
— ¿Te he hecho algo alguna vez para que me odies incondicionalmente? —la interrumpió la Slytherin con peligrosas notas de inocencia en su voz—. Yo creo que no. Jamás cruzamos una palabra entre nosotras, Granger, siempre era Draco el que te molestaba. No yo.
—Está bien —aceptó Hermione a regañadientes—, pero me resulta extraño que de repente quieras que seamos amigas —la Gryffindor miró a la Slytherin, desconfiada y expectante. ¡Hurra! ¡Se había enterado! Pansy se revolvió en el sitio, ¿de nuevo nerviosa? —. ¿Qué escondes, Parkinson? Si esto es algún estúpido plan para burlarte de mí con ese desgra…
— ¡NO!... ¡No es eso!... ¡En serio! Es que… —Parkinson suspiró derrotada—, verás… escuché a Draco hablar con Blaise y Theo y… pues… ellos… estabanhaciendounaapuestasobrequienseríaunbuenretoparaDraco —Lo soltó de golpe, sin aviso ni anestesia, sin siquiera respirar. Que Blaise y Theo la perdonaran… ¡pero lo hacía por un bien mayor!
—Parkinson, vocaliza.
—BlaiseyTheoretaronaDracoaseducirte, dijeronqueélnopodríaconquistarte.
—Parkinson, respira, tranquila... Así, muy bien... Ahora repítelo, más despacio, y no te olvides de vocalizar. —Pansy, suspiró como haciendo mucho esfuerzo. Realmente se estaba divirtiendo, ¿quién iba a pensar que ayudar a Draco con la sangre sucia sería tan entretenido?
—Verás… Blaise, Theo y Draco estaban haciendo apuestas. Y… Blaise dijo que tú eras perfecta para que Draco intentara seducirte... Porque eres una sangresucia y Draco jamás querría tocarte. A mí eso me molestó, así que, ¡y no me preguntes por qué lo hice!, salí en tu defensa, y les dije que eras inalcanzable para Draco porque jamás dejarías que te tocara —explicó más lentamente. A Hermione se le cayó el alma a los pies—, nunca caerías en sus redes… Y, bueno… terminé apostando contra Draco por ti… Así qué he decidido que si no quiero perder la apuesta tendré que ayudarte a seducir a Draco, ¡así él no te seducirá!.. Y habré con… ejem ¡Habremos ganado!
A Hermione se le salían los ojos de sus orbitas, ¿Malfoy había apostado que conseguiría seducirla? ¡Y ahora seguro que pensaba que lo había conseguido! ¿Qué haría? Empezó a boquear como pez fuera del agua. ¿Qué haría? ¿Qué haría? ¿Qué haría? Su cerebro volvió a entrar en un bucle… ¿Qué haría?... Las palabras de Parkinson emergieron de golpe como un barco salvador. "Si no quiero perder la apuesta tendrás que seducir a Draco" ¡¿Seducir a Malfoy?! ¡Estaba loca! Espera… si actuaba con una actitud fría frente a Malfoy, como si nada hubiera pasado… No, eso sería imposible... Además, quería repetirlo. Bueno, no quería repetirlo pero quería repetirlo... ¡No lo empezaría!, pero si Malfoy empezaba… no estaba segura de poder parar. Pero si lo intentaba seducir… ¿¡Qué estás pensando Hermione!? ¡Tú no sabes seducir ni a una mosca! "Tendré que ayudarte a seducir a Draco". Las palabras de Parkinson de nuevo… ¿podría confiar en la Slytherin?... Parecía que había apostado por ella y no quería perder...
Hermione estaba en una tremenda encrucijada, primero Malfoy la había besado por una apuesta y no sabía por qué pero eso le dolía. Luego, Parkinson había apostado que la leona no caería en el juego del rubio, y Hermione se sentía como si la hubiera fallado, ¡argh!… Después, una buena manera de salir no tan mal parada sería fingir que ella también estaba jugando a seducir, cosa imposible para ella… Para terminar, ¿podría confiar en Parkinson? No le quedaba otra si quería seducir al Slytherin. Pero, ¡espera! … seducir... no conllevaba solo besos ¿verdad? ¿Qué haría si la cosa iba más allá?… Pánico. ¡Pero no podía dejarse pisotear el orgullo por un par de serpientes! Sí, ella le pondría una correa a Malfoy. Conseguiría que Malfoy babeara a su paso, no sabía cómo, pero lo conseguiría. Además, lo que había sentido por él era simple atracción sexual, nada de amor. ¡Eso! Jamás podría enamorarse del ególatra, arrogante y egocéntrico chico que tanto daño les había provocado a ella y a sus amigos. Jamás se enamoraría de Malfoy. Pero bien, disfrutar de sus atributos masculinos… Eso era otro cantar.
Por otro lado, Pansy estaba a punto, ¡le faltaba el pelo de un calvo!, para acabar en el suelo de la risa que le provocaba ver a la castaña. Era obvio que la chica se veía envuelta en un debate interno muy intenso. Primero, la cara de la castaña era de puro asombro, luego sorpresa, para un segundo más tarde pasar al enojo y luego de inmediato al pánico. Cuando Hermione empezó a boquear como un pez, Pansy ya se había acostumbrado a sus cómicos gestos y le dolía el estomago de aguantar la risa.
¡Pero es que no acabo ahí! Granger pronto empezó a temblar, estaba claro que asustada, ¿por qué? ¡A saber!... Luego empezó a poner cara de concentración, mordiéndose el labio sin darse cuenta. La morena pensó que ese gesto era muy sensual, ¡seguro que a Draco lo volvería loco! Tendría que conseguir que la castaña lo hiciera más a menudo y a conciencia... Después del breve momento de concentración, volvió a asustarse y ¿parecía dolida?… Al momento siguiente estaba tranquila, ¡y luego como si hubiera decepcionado a McGonagall por algún trabajo!... Pero luego puso cara de duda, muy pensativa, ¡eso seguro! Estaba pensando en alguna opción extraña, supuso la morena, y tan pronto parecía desecharla como aferrarse a ella como si fuera un clavo ardiente. Pansy se lo estaba pasando en grande.
Después de unos dos minutos de deliberación, la Gryffindor mostró su última cara de pánico, que en seguida fue reemplazada por una de pura determinación. Parecía que había tomado una decisión.
—Muy bien, Parkinson… Seduciré a Malfoy —respondió Hermione. Y le daré donde más le duela, pensó la Gryffindor para sí. La morena no cabía en sí de gozo, ¡su plan estaba funcionando a la perfección!
—Muy bien… Primero empecemos por hacerte parecer humana… —se frotó las manos con malicia, Hermione Granger no sabía en lo que se había metido, ¡ese año iba a ser el mejor de la vida de Pansy Parkinson! Y todo gracias a que su rubio amigo era un completo idiota con la chica que le gustaba.
En el mismo bosque, en un claro similar con una torre casi idéntica, se encontraba el príncipe Theodore Nott, escondiéndose tras unos matorrales de sus nuevos compañeros de casa. No tenía bastante el viejo Dumbledore con hacer esa tontería de la convivencia. ¡No! ¡Además tenía que haberlo puesto a él como único Slytherin de su grupo! Exactamente lo que más temía el moreno. Verse solo frente a una horda de estudiantes, ¡y para colmo! ¡Sin varita! Vale que pudiera tener cierto poder dentro de su grupo por eso de los roles. Pero, francamente, ¡le hacía tanta gracia dormir en la misma habitación que Zacharias Smith como besar a un basilisco! Más aun después de que el Hufflepuff se hubiera aliado con los otros para hacer de Theo su saco de boxeo particular, o algo peor.
Theo pensaba interiormente, en cómo había acabado en esa situación. Ah, sí. Su maldito padre había decidido que era una idea genial unirse en una guerra suicida del lado de un maldito mestizo para ¡véase la ironía! salvar al mundo de sangre sucias y muggles… Luego, ¡cómo no! había tenido que aguantar un sinfín de torturas y humillaciones por parte de los otros mortífagos por ser débil. Había tenido que soportar la Marca Tenebrosa en su nívea piel, y nada que hubiera intentado podía borrarla, mucho menos hacerla desaparecer… Más tarde, ¡por supuesto! se vio perdiendo una guerra que no era suya y ante una vista judicial que lo encontró casi culpable.
¡Menos mal que no lo habían encarcelado! Se salvó de Azkaban gracias a alguien, Theo ignoraba quién, que lo había defendido en el juicio, y sólo tuvo que cumplir una pequeña condena, y asistir al último año de Hogwarts… Y por último, ¡para variar! su queridísimo director, ¡al que antiguamente había respetado!, decidió que debían fomentar la unión de las casas, creando grupos aleatorios y disparejos de todas las casas.
¡Aleatorios mis cojones! pensó Theo al recordar cómo le había tocado a él, misántropo de Slytherin, joven tímido, reservado y más bien callado, ser el conejillo de indias del primer grupo. Al moreno le importaba más bien poco ser el príncipe de su grupo. Estaba seguro que lo matarían. Por eso había decidido esconderse en el primer sitio que divisó seguro. ¡Unos arbustos!
—Hola Theodore Nott —una voz cantarina y soñadora apareció detrás del chico dándole el susto de su vida—, ¿Estás jugando al escondite?
—No exactamente. —respondió el Slytherin tras haber repuesto el habla y pensando en la mejor manera posible de convencer a la rubia princesa para que no lo delatara—. ¿Cómo me has encontrado Lovegood?
—Me pareció ver una tortuga de fuego explosiva en la cocina, y salí para avisarte. ¿Quieres venir a verla? Son unos animalitos muy extraños e imprevisibles… —respondió la Ravenclaw, con una soñadora sonrisa, que hizo vibrar el corazón del joven sin comprender éste el por qué. Tal vez porque Luna, a pesar de sufrir tanto gracias a sus compañeros de casa, o a los compañeros del resto de casas, o a la guerra seguía siendo inocente, podía dormir tranquila. Tal vez por eso vibraba el corazón de Theodore, porque él quería sentir la misma tranquilidad, quería tener la misma inocencia que poseía la Ravenclaw.
Sin esperar a la respuesta del moreno, le cogió la mano y lo llevó hacia la torre. Entraron en la cocina, de última generación, para encontrarse a Cho Chang devorando los labios de su ¿novio? Michael Corner. Quizás eran novios, quizás amantes, quizás sólo se aburrían. O, simplemente, buscaban algo que comer, como Zacharias Smith y Padma Patil que estaban investigando todo el lugar, buscando algo comestible.
— ¡Luna! ¿Qué haces con ese mortífago? —gritó histérica Cho, a punto de darle un ataque de nervios al ver como la loca de su casa iba de la mano del misántropo Slytherin.
— ¿Te refieres a Theodore Nott? —preguntó inocente Luna. La otra Ravenclaw asintió—. No es un mortífago. —un pequeño escalofrío, de algo que no consiguió identificar, recorrió la espina dorsal del nombrado. Luna llevó al muchacho hasta una máquina extraña, con muchos botones y una pantalla transparente en la puerta del cacharro. Señalando dicha maquina dijo, con la misma tranquilidad que se comenta el tiempo—. Esto es una tortuga de fuego explosiva, Theodore Nott.
El moreno a punto estuvo de estallar en carcajadas. No entendía a esa mujer. Aún menos alcanzaba a comprender los sentimientos encontrados y contradictorios que empezaba a sentir —como si de un flechazo se tratara, una revelación divina— por la chica. No comprendía cómo lo había encontrado escondido bajo los matorrales, mucho menos cómo lo había cogido de la mano y arrastrado hasta allí, para decirles a casi todos los miembros de su grupo que no era un mortífago y enseñarle después una extraña máquina muggle. Intentó no reírse, lo intentó con todas sus fuerzas. Pero no pudo contener una pequeña sonrisa ladeada. La situación era realmente cómica, y ver las caras alucinadas de sus otros compañeros no ayudaba a su intento por no reír.
—Lovegood —intervino Smith, intentando sonar sereno. Pero al Slytherin no lo engañaba, estaba más que incómodo con la situación—, eso de ahí es un microondas, sirve para calentar la comida.
—Hablando de comida… —apareció George Weasley, o al menos el Slytherin creía que era George Weasley, ya que el otro gemelo había muerto en la Batalla de Hogwarts, ¿no? —, ¿Qué hay de comer? —El horror no se hizo esperar entre sus compañeros— ¡¿Nadie sabe cocinar?!
—Smith, tú has vivido con muggles, ¿Sabes para que sirven estas cosas? —preguntó Theo seguro de sí mismo, tras unos minutos de incómodo silencio. No lo hizo para burlarse, no lo dijo como un insulto. Simplemente, comentó un hecho. No es que fuera muy bueno, pero sí que sabía cocinar alguna cosa. Quizás si conquistaba los estómagos de sus nuevos compañeros, estos olvidarían que querían hacerle pedazos.
—He vivido con muggles, sí. Pero no sé cocinar Nott. —respondió molesto el Hufflepuff.
—No te he preguntado si sabes cocinar. —mueca de sonrisa—. ¿Sabes que hace cada cosa o no? —el chico asintió.
Y así fue como comenzaron las tres horas más extrañas de la vida de Theodore Nott. Con un Zacharias Smith, que ahora sería su escudero por todo el año, explicándole cómo se llamaba cada instrumento y su funcionamiento básico. Con una Luna Lovegood que sonreía distraída, dándole nuevos nombres de criaturas inventadas a las distintas máquinas. Con un George Weasley que hacia bromas sin parar y ordenaba al resto que prepararan la mesa para poder comer, alegando que si Nott se convertía en cocinero, el resto tendría que ayudar con la limpieza, ya que la comida es lo más importante en el hogar, ¿o acaso lo dudaba alguien? Si alguno del singular grupo lo dudaba, dejó de hacerlo en cuanto probaron la deliciosa comida que el Slytherin había preparado. Nadie, Gryffindor, Ravenclaw o Hufflepuff podía esperar que un Slytherin, sangre pura, de una noble casa, niño mimado, o similares, supiera cocinar. ¡Mucho menos que lo hiciera tan bien!
Por su parte, Theo sonreía. Había conseguido conquistar sus estómagos, al menos un poco, y ahora ninguno en ese variopinto grupo se atrevería a amenazarlo si quiera. Porque corrían el riesgo de morir de inanición. Cuando hubieron terminado con la cena, Chang y Patil se encargaron de recoger la cocina y limpiar los platos. Por su parte, Theo se fue a su habitación de príncipe, que compartiría con Smith, a idear un plan para no verse en una incómoda posición. Porque si quería salir vivo de esa situación en la que les había metido Dumbledore, tendría que hacer algo más aparte de cocinar decentemente…
Weasley y Patil desaparecieron en la habitación de los caballeros, curioso que ambos fueran gemelos de sus respectivos hermanos, y curioso que compartieran, ambos gemelos, habitación. Mientras, Lovegood se dirigía a dormir en su principesca cama, que compartiría con su no tan amiga asiática Chang.
Cuando Theo y Smith llegaron a la habitación, el tejón estaba a un parpadeo de comenzar un discurso ¡o algo peor! donde se negaría, en rotundo, a dormir en esa especie de colchón extraño en el suelo. Pero Theo lo paró al levantar una mano.
—Marco. —el elfo asignado a su grupo apareció al instante con un fuerte ¡Plop! —, Marco, ¿podrías dividir la cama en dos diferentes, por favor? —preguntó el Slytherin con voz melosa, suave y perfectamente controlada para conseguir lo que quería.
— ¡Marco desearía poder hacerlo, señor! ¡Pero a Marco le ordenaron que no podía hacer nada, señor!
— Comprendo Marco, y agradezco que seas tan profesional. Yo mismo separaría las camas si tuviera mi varita. Créeme que lo último que deseo es incomodarte. Pero… como ves, no podemos dormir juntos. Ambos somos hombres… —dijo Theodore señalando al otro muchacho y a sí mismo—. Dormir con un hombre sería un deshonor para mí y para mi familia y también para la del señor Smith, a pesar de que no pudiéramos hace nada para impedirlo. Y tampoco deseo que el señor Smith duerma en el suelo como una rata. Por eso, si pudieras dividir la cama… o darme mi varita para hacerlo yo…
— ¡Marco lo entiende, señor! ¡Marco hará lo que desee ahora mismo, señor! ¡Marco dividirá la cama en dos por usted, señor! ¡Marco lo entiende perfectamente, señor! —y sin más, la pequeña criatura chascó los dedos y la enorme cama se contorsionó hasta convertirse en dos camas de matrimonio.
—Muchas gracias Marco. —sonrió el Slytherin al elfo, que desapareció con una reverencia.
—Vaya, estoy impresionado Nott. Nunca pensé que podrías hacer algo así.
—No te ofendas, pero no sabes nada de mí, Smith. —respondió en tono calmado Theo. Se volvió hacia su baúl, sacando algunas de sus pertenencias para desaparecer en el amplio baño. El Hufflepuff se encogió de hombros, esa serpiente era muy extraña, pero les había dado de comer, ¡sin envenenarles!, y había conseguido dos camas para que no tuviera que dormir en el suelo, ¡ni con él! El tejón estaba agradecido, aunque jamás se lo diría a la serpiente. Cogió también sus cosas del baúl, se puso su pijama de asteroides y astronautas y se metió en una de las camas, dejándose caer en el mundo de Morfeo.
Por su parte, en la habitación del príncipe del tercer grupo había cierto pelirrojo que se encontraba en una pequeña, pequeñísima, encrucijada. Dejar que cierta serpiente rubia de hipnotizantes ojos azules durmiera con él en la enorme cama. O echarla sobre dicha cama y hacerle… bueno, hacerle lo que cualquier adolescente hiper hormonado como él le haría.
Daphne Greengrass se consideraba una mujer inteligente, de gustos extraños. Adoraba leer, el ajedrez y los debates amenos y originales. Pero también amaba verse bonita y sexy, ir de compras y conquistar chicos. Cuando se vio sola, como única representante de su casa en ese grupo, decidió que pondría el listón bien alto. Jamás permitiría que algún Slytherin, pasado, presente o futuro, se avergonzara por su comportamiento, ¡mucho menos por el resultado que obtendría! Así que, aún viéndose en minoría — ¡y puede que precisamente por verse en minoría! —, antes de haber llegado al claro con sus nuevos compañeros, la serpiente ya tenía un plan bien trazado. Compartiría la habitación con Weasley, al principio a la rubia le produjo algo de asco… Pero viéndolo de cerca, el chico era alto, más alto que Draco o Theo, y no estaba nada mal. El rojo le quedaba sexy, viéndolo acompañado de esos increíbles ojos azules y la tez tostada. Además, las pecas no le quedaban nada mal, y se podía apreciar que eso de practicar quidditch y correr de aquí para allá contra Lord Voldemort le había favorecido. Le había favorecido, y mucho, pensó la mayor de los Greengrass.
Pero que el joven Weasley fuera un escasamente y recién descubierto atractivo Adonis no hacía salvo facilitar su plan. Pues, si conseguía hacerse con el favor del Gryffindor nadie pretendería hacerle absolutamente nada. El Gryffindor era un héroe de guerra, después de todo. Tenía el favor de cualquier estudiante que no fuera Slytherin. Lo único que debía hacer la astuta muchacha era ponerle una correa al león durante un año, más tiempo del que había estado con ningún otro pero… ya le enseñaría al pelirrojo a satisfacer a una dama lo suficiente para impedir que esta se aburriera.
—Entonces… —dijo Daphne, mientras su mano avanzaba, sutil y lentamente por el pecho del pelirrojo, desabrochándole los botones de la camisa y acariciando la tostada piel—, ¿Compartirás la cama conmigo, Ronald? —ronroneó.
—G-Greengrass —consiguió decir, tragando grueso. El nerviosismo notorio en sus azules ojos—. Yo… —pero pronto dejó de hilar palabras y pensamientos. La rubia empezó a besarlo, lenta, sensual, cautelosamente. Incitándolo. ¿Qué había dicho Dumbledore sobre la unión de las casas? ¿Intimar con los Slytherin? Bueno, si Dumbledore lo había dicho… él lo haría. Se encargaría de intimar con esa serpiente en especial.
Ron se perdió en el infinito de esos ojos azules, que lo capturaban, volviéndolo manso y dócil, salvaje y fiero. Se perdió en el infinito de esos rizos rubios, que tanto se parecían a los de su amada Hermione. Se perdió en el infinito de ese cuerpo, tan condenadamente bien proporcionado. Se perdió en las infinitas curvas de la serpiente que lo provocaba e incitaba. Se perdió con ella en las sedosas sabanas de su nueva cama. Se perdió en el sudoroso cuerpo de su amante nocturna. Se perdió en el vaivén de caderas. Se perdió en el placer que deja paso a la deliciosa inconsciencia.
¿Intimar con las serpientes? El antiguo director podía dar por hecho que Ronald Weasley intimaría con ellas, al menos con esa serpiente. Porque nadie sabe mejor que una serpiente sobre el arte de seducir…
— ¡ZABINI! —un ruidoso y airado Harry Potter entró en la habitación del príncipe del último grupo, haciendo que los ocupantes de ésta saltaran de su sitio—. ¡SUELTA A GINNY AHORA MISMO! ¡ELLA NO ES UNA DE TUS PUTAS!
—Harry Potter. —siseó la pelirroja, mirándolo amenazadora, el ojiverde se encogió en su sitio—. ¿Qué haces irrumpiendo en MI habitación?
—Ginny… —el moreno la miró como viéndola por primera vez— Bueno... pensé que... ¡No puedes dormir en la misma habitación que Zabini! ¿Por qué no te mudas con Romilda a la habitación de la princesa?
Blaise soltó una carcajada.
— ¿El niño que vivió no quiere ser una princesa? Lamentablemente, Potter, es lo que te toca. Eres la princesa, así que vete a tu habitación de princesa, y déjame a mí con la pecosa… que yo me encargo de cuidarla. —soltó provocador el Slytherin. Y risueño, rodeó la cintura de la muchacha con su brazo para poner al Gryffindor nervioso y, tal vez, también celoso.
—Cierra el pico, Zabini. —dijo la chica molesta, pero sin apartarlo de ella—. Harry, ya has oído… Yo soy el príncipe, y Zabini mi escudero. Tenemos que dormir juntos, en la misma habitación. Dumbledore dejó bien claro ese punto. Y tú eres la princesa, y Romilda es tu doncella, y tenéis que dormir juntos, en la misma habitación… No veo cuál es el problema.
—Pero Ginny... ¡Si me quedo con esa mujer, me violará! Además, tú eres mujer ¡No puedes ser un príncipe! Y Zabini es un pervertido y un acosador y…
—Potter… —advirtió Blaise, cerrando los puños. La pelirroja le puso una mano en el pecho, intentando calmarlo. El Slytherin se calló, sin decir nada. Al parecer se tomaba muy en serio eso de los roles.
—Harry, pueda o no, creo que es obvio que tengo el rol del príncipe. Dumbledore ya lo dijo, que serían elegidos al azar. Así que no me toques las narices, ¡porque creo que soy perfectamente capaz de protegerme yo solita! Y tú eres un hombre. Por una vez en tu vida actúa como tal, Harry Potter. —la pequeña Weasley no quería, pero no podía evitar sentir cierto resentimiento contra el mejor amigo de su hermano por todo lo que le había hecho sufrir. Primero, la ignoro durante años, y cuando por fin consiguió llamar la atención del muchacho ¡ni siquiera estuvo con él por un año! ¡No! El niñito tenía que ir a salvar el mundo y no podía hacerlo con ella. ¡No! El señorito tenia complejo de héroe y se pensaba que tenía que ir a rescatar a Ginevra Weasley, ¡como si no supiera defenderse!... Lo dicho, Ginny intentaba con todas sus fuerzas no guardar resentimiento hacia el moreno. ¡Lo intentaba, pero joder si era difícil!
— ¡POTER! —Gregory Goyle irrumpió en la habitación, iracundo, tal como antes lo había hecho el Gryffindor—. ¡TÚ! —Exclamó señalando a Harry—. ¡Tú sabes cocinar! ¡Tú has vivido como un sangre sucia! ¡Seguro que sabes usar esas cosas del demonio!
—Goyle, ¡Imbécil! —Interrumpió cabreado Blaise—. ¡Muestra más respeto a tu princesa! —intentó sonar serio, pero ante las dos últimas palabras, una pequeña sonrisa ladeada adornó su rostro. Harry lo miró ceñudo.
—Ginny, ¿quieres que te haga algo también? —preguntó esperanzado el moreno mirándola de soslayo, con la culpa en sus ojos verdes. El león no quería enfadarse con su antigua novia. Pensó que al estar en el mismo grupo podrían volver a empezar, que ella le daría otra oportunidad. Pero no parecía el caso.
—No tengo hambre. —respondió ella sin mirarle apenas. No es hambre de comida lo que yo tengo ahora precisamente… pensó la pelirroja mientras se comía a su escudero con los ojos. Harry salió de la habitación, cabizbajo. Con él, el grandullón Slytherin le explicaba todo un enorme y elaborado menú.
—Bueno, pecosa, por mucho que me guste estar postrado a tus pies... —fue entonces cuando la pelirroja se dio cuenta de que no había quedado tan sola como esperaba. Se volvió hacia la voz malditamente sexy que poseía un cuerpo aún más malditamente sexy—. Pero no voy a dormir literalmente bajo tus pies, o en el suelo. Así que… ¿qué lado de la cama te gusta más? —terminó de decir el Slytherin con una blanca sonrisa que contrastaba con su piel azabache.
A Ginny se le secó la garganta. Pensó en que tendría que compartir esa habitación con la serpiente por todo un año. Pensó en que compartirían cama, ¡y baño! Las múltiples oportunidades que tendría el chico de verla desnuda. O mejor, ¡las oportunidades que tendría ella para ver el cuerpo del azabache! Salió de su ensoñación al encontrarse con unos brillantes ojos verde oliva, demasiado cerca de su rostro. Ginny se sonrojó al darse cuenta que llevaría quién sabe cuánto tiempo comiéndoselo con la mirada. ¡Rogaba a Merlín que no se le hubiera caído la baba! ¡Ni tuviera la boca abierta!
—Pecosa, ¿estás bien? —preguntó, más curiosidad viperina que preocupación en la masculina voz. Ginny asintió, tragando grueso. Desde su privilegiada posición era capaz de ver el cuello, y la clavícula del joven Slytherin, toda una invitación—. No lo pareces. —sonrisa ladeada marca Slytherin. ¡Esas sonrisas deberían estar prohibidas! pensó la Gryffindor.
—Dormiré aquí. —cambió de tema Ginny, acercándose al lado derecho de la adoselada cama, obviando la observación del moreno—. Y te lo advierto Zabini, no me toques a menos que quieras perder a toda tu posible descendencia. —amenazó, en una mezcla perfecta entre Minerva McGonagall y Molly Weasley.
—No te haré nada que tú no quieras que te haga, pecosa... —sonrió la serpiente dirigiéndose al otro lado de la cama, dispuesto a dormir. Ginny volvió a devorarlo con los ojos. Nada que yo no quiera, ¿eh?
Lo que la Gryffindor no sabía es que Blaise Zabini no era capaz de mantenerse quieto sin molestar, sonrojar o perturbar a alguna chica. Que no podía estar fuera de los brazos de una mujer por más de una semana, que ya llevaba seis días de abstinencia. Y la joven Weasley era toda una tentación. El moreno sólo era capaz de vislumbrar a la leona con la melena al viento, vestida de cuero. ¡Con su carácter le iría de perlas! Hmm, perlas… Deliberó unos segundos. Sí, un collar de perlas o algo similar le quedaría de maravilla. El joven ya tenía algo en mente, algo que sería sin duda de proporciones bíblicas, y ver el careto que pondría Potter sólo le incrementaba las ganas de hacerlo.
—Oye, pecosa… —comenzó. La chica lo miró, invitándolo a continuar—. Tú no te llevas muy bien con Potter ahora, ¿verdad? —notó como su interlocutora se tensaba. Genial—, ¿Qué te parecería vengarte un poquito de él? Cosas simples y sencillas, claro. —añadió antes de que dijera no sin siquiera pensar en su propuesta. Su orgullo y bendición no lo soportaría.
La pecosa lo miró pensativa, barajando las posibilidades de hacer sufrir un poco al Elegido, sin hacer un pacto con el diablo en el proceso. La curiosidad ganó la batalla.
— ¿Qué propones? Suponiendo, claro, que quiera vengarme de Harry por algo. —inquirió, disimulando fallidamente la curiosidad.
—Hazle creer que ya no te importa. —Blaise sonreía, inevitable a su manera de ver.
—Ya no me importa. —respondió automáticamente Ginny, sin un ápice de duda en su voz.
— ¡Le has pillado el truco rápido!, muy bien pecosa. Ahora piensa en algo que puedas hacer y que le reventaría las tripas a Potter... Por ejemplo, si estuvieras con un Slytherin…
El rostro Ginny pronto adquirió el color de su pelo, para deleite de Zabini, al comprender a lo que se refería el azabache. Era muy, muy, mala idea. Pero ver la cara de Harry… sería todo un poema. Y disfrutar de uno de los chicos más deseados de todo Hogwarts… eso sería mucho mejor.
—Acepto, Zabini, pero no te pases. —advirtió. Blaise estaba a punto de ponerse a bailar de dicha.
En otro lugar del bosque prohibido... Un ruido como de explosión sobresaltó a una castaña y a una morena en la habitación de esta última. ¿Adivináis quiénes son? ¡Efectivamente! Pansy estaba sobre Hermione, que llevaba un ligero vestido de doncella azul marino prestado por la Slytherin. La castaña estaba incómoda, no por el hecho de que Pansy Parkinson, enemiga casi jurada, estuviera utilizando su cara de lienzo, que también. Sino porque no estaba acostumbrada a utilizar vestidos, no le gustaban. Ese vestido, en concreto, no le parecía para nada medieval. A su parecer tenía demasiado escote, y era demasiado ajustado. Argumentos que no le impidieron a su nueva amiga ponérselo baja amenaza de no ayudarla con la venganza al rubio. ¡Y vengarse, para la leona, era sagrado! ¡Era personal!
Pero vamos a lo importante, ambas muchachas brincaron en su sitio ante el explosivo ruido que provenía de uno de los pisos inferiores, ¿qué había pasado? Se levantaron de un salto, alertas, y salieron de la habitación a la carrera. En el trayecto Hermione tropezó con el maldito vestido y lo rasgó, quedando bien visible parte de su muslo izquierdo. Maldijo de nuevo la pobre e inocente prenda y corrió hasta llegar al origen de la explosión. La cocina. Lo que encontraron las dejó perplejas.
En medio de un fuerte humo que Dobby se encargó de hacer desaparecer por medio de un ¡Plop! Se encontraban Vincent Crabbe y Neville Longbotom. El primero, con cara de furia iracunda, y el segundo, con el mismo aspecto que si le hubiera pasado una manada de hipogrifos por encima. Neville tenía una ceja y el labio partidos, uno de sus ojos comenzaba a adquirir el tono violáceo característico de los hematomas y todavía se podían apreciar unas leves marcas rojas en su cuello, como si alguien le hubiera intentado estrangular.
— ¡Neville! —gritó Hermione, corriendo hacia el muchacho herido, preocupada por su estado— ¡Por Dios, Neville! ¿Qué te ha pasado?
— ¡GRANGER! —vociferó el grandullón de Slytherin, quién la sujetó por los brazos, alejándola de su amigo y haciéndole daño gratuitamente—. ¡Tú eres una sangresucia! Sabes cocinar, ¿¡verdad!? No, ¡tú seguro que sabes cocinar! ¡Cocíname algo!
Hermione lo miró a los ojos, con el semblante tranquilo pero en su mirada se podía apreciar la furia y una leve chispa de amenaza
—Vincent —susurró melosa—, ¿puedo llamarte Vincent? —pestañeo convincente de niña buena. Leve asentimiento por parte de la anonadada serpiente—. Bien —sonrisa ladeada—, ¿Quieres comer, verdad? —Asentimiento—, ¿Tienes hambre, verdad? —Asentimiento de nuevo—. Bueno, pues como vuelvas a llamarme sangresucia ¡no comerás por dos semanas! Si vuelves a amenazarme a mi o a Neville, o intentas golpearlo de nuevo. ¡No comerás por tres meses! — ¡cara de pánico del chico con complejo de armario! Con cada nueva palabra, con cada nueva silaba, con cada nueva letra, Hermione alzaba un poco más su voz, hasta llegar al mismo nivel que la Dama Gorda que guardaba la entrada a la torre de Gryffindor. Los tímpanos del pobre Vicent resonaban de dolor. ¡Esta mujer es una banshee!, pensaba.
Pero la serpiente, con más apariencia de un ropero que de un hombre, comprendió que la única persona que podría alimentarlo durante ese año sería Hermione Granger. Comprendió que si molestaba, insultaba, o cabreaba a la leona de alguna manera, aunque fuera mínima, ¡no podría volver a comer! Pero eso era inadmisible para nuestro querido Vincent Crabbe. Por eso, y de manera milagrosa, en menos de cinco segundos comprendió que él, Vincent Crabbe, protegería y defendería a Hermione Granger ¡aún a riesgo de su propia vida! Porque nada es más importante que la comida. ¡Nada vale más que un buen alimento bien cocinado! Y si no lo hizo en ese momento, lo haría después de probar las exquisitas croquetas que le ofrecería la castaña.
Pero ese momento aún no ha llegado, no. Lo que ahora se podía ver en medio de la cocina era a una mujer menuda con el cabello correctamente arreglado que había terminado completamente desordenado por las sacudidas del Slytherin, levemente maquillada pero con el maquillaje un poco corrido por la humedad que había en el ambiente, y con un hermoso vestido de época, sin hombros azul marino que llevaba un lateral completamente rajado, dejando ver una de las piernas de Granger.
No, lo que vio Vincent en ese momento no fue a Hermione Granger. Lo que Vincent vio fue a una leona enfurecida e iracunda que protege a sus pequeños cachorros del peligro. Una leona menuda pero con un rugido ensordecedor. La serpiente se encogió en su sitio. Quien ahora parecía medir dos metros era Granger y no el chico.
—Lo siento. —susurró el arrepentido slytherin, cabizbajo—. No volverá a pasar. No volveré a pegar a Longbotom, no te haré daño. No haré daño a nadie. ¡Lo juro! Pero por favor… hazme algo de comer. —esto último lo dijo con unos ojitos de cachorrito hambriento que Hermione no pudo resistir. La castaña volvió a la normalidad, sonrió a la serpiente, maternal, y se dispuso a hacer la cena de los siete con la leve ayuda de ambos caballeros.
Pansy estaba boquiabierta. Astoria estaba asustada. Cormac pensaba que su chica agradecería que él le pidiera salir, de nuevo. ¿Y Draco? Draco maldijo. Draco necesitó de todo su autocontrol y raciocinio para no abalanzarse sobre la castaña y besarla. Besarla delante de todos. Besarla desesperado y hambriento, de ella. Draco necesitó de todo su autocontrol y raciocinio para no cargarla sobre sus hombros hasta llevarla a su habitación. Necesitó de todo su autocontrol y raciocinio para no desnudarla y hacerla gemir el nombre de su enemigo declarado hasta el agotamiento y la inconsciencia. Draco necesitó recordar que todos estaban presentes, necesitó recordar que él la odiaba y que ella a él también.
Pero era difícil, era difícil verla y no tomarla. Era difícil verla en ese vestido tan jodidamente ajustado. Era difícil ver cómo se mordía el labio, pensando en lo que cocinaría. Era difícil ver sus mejillas arreboladas, o cómo su cabello caía salvaje, cubriendo los hombros desnudos. Era difícil ver la raja abierta en el vestido. Era difícil ver esa larga, esbelta y torneada pierna. Era jodidamente difícil ver a la leona, entera, y no echarse sobre ella para devorarla cual animal salvaje, sediento y hambriento. ¡Era jodidamente difícil! ¡Maldición!
En lugar de lo que deseaba hacer con todas sus fuerzas, simplemente dijo:
—Crabbe, estarás de broma ¿no? ¿Vas a confiar en la sangre sucia? ¿Vas a cuidar de ella?
La respuesta del fornido muchacho no se hizo esperar.
—Draco, eres mi amigo y lo sabes. Pero la comida es más importante que cualquier cosa. Tenemos que convivir como muggles, haciendo cosas de muggles, sin magia. —tomó a Draco de la camisa, inspirado en su discurso—. No importa lo inteligente que seas. Si no sabes cocinar, no sirves para nada. Ella —dijo señalando a Granger— ha vivido con muggles, sabe hacer las cosas. Hermione Granger ahora mismo es mucho más útil que cualquiera de nosotros. Si debo elegir a quien contentar, te aseguro que la contentaré a ella.
Fue el discurso más largo y extenso que alguna vez le había escuchado decir nadie a Vincent Crabbe. Con eso, terminaron las dudas sobre lo que sería la convivencia. Vivirían allí, solos. Estaban al cuidado de un elfo doméstico, sí. Pero éste no haría nada por ellos, a menos que se tratara de vida o muerte. No podrían rehuir el trabajo, no podrían huir al Bosque Prohibido buscando la seguridad del colegio. No, tendrían que sobrevivir como buenamente pudieran en esa torre. Los siete juntos. No había manera de escapar. Y la única persona que comprendía las cosas muggles y conocía las ventajas y desventajas de una vida sin magia era Granger. Hermione Granger.
Iba a ser un año muy largo.
Finite!
terminé! que tal¿? como estuvo¿? que les pareció¿?
acepto criticas, alabanzas, sugerencias... ya saben un review y yo las escucho ;)
un pequeño resumen de los roles (que sabemos) en los grupos!
Grupo 1- Príncipe, Theodore Nott... Princesa, Luna Lovegood... Escudero, Zacharias Smith... Doncella, Cho Chang... Caballeros, Padma Patil y George Weasley... Ama de llaves, Michael Corner.
Grupo 2- Príncipe, Draco Malfoy... Princesa, Pansy Parkinson... Escudero, Hermione Granger... Doncella, Astoria Greengrass... Caballeros, Neville Longbottom y Vincent Crabbe... Ama de llaves, Cormac McLaggen.
Grupo 3- Príncipe, Ronald Weasley... Escudero, Daphne Greengrass.
Grupo 4- Príncipe, Ginevra Weasley... Princesa, Harry Potter... Escudero, Blaise Zabini... Doncella, Romilda Vane.
muchiiiiiisimas gracias a aquellos que siguen la historia y/o dejan reviews. en serio, es por vosotros que la historia marcha!
Silvya: muchas gracias x el review! jejejejejeje me sacas los colores (sonrojo) me alegro muxiiiisimo de q te guste, gracias! con la respuesta, acertaste! Pansy, x supuesto, me rei muxisimo mientras escribia esa parte (todo en realidad), era realmente divertida xD. Y efectivamente! Vicent es de lo mas revelador! resulta ser un inesperado aliado de Hermione. pero sq... la comida es lo que tiene jajajajaj. muchos besos^^
Salesia: jejjee, sip. lo de los roles creo q es genial. Sobretodo al ver el contraste entre los diferentes grupos y los roles que tiene cada uno xD. Intentare que en cada capitulo se vea un poco de lo que pasa en cada grupo, q sera un poco complicado xq con las pruebas tiene q pasar lo mismo xo de distinta manera! Cormac... mmmmm me diste una buena idea cn eso! Cormac estara muy guapo, eso seguro xDD Siiiii, lo mejor de todo es ver que hice casi por puro azar los grupos! xo no pudieron quedar mejor xDDD la conquista de Pansy, mmmmm... tendras q esperar x verla! jeje y estoy de acuerdo contigo, me gusta muxo lo de la mezcla de las casas y como se complementan las distintas parejas! sobretodo xq resulta muy divertido leerlo! y acertaste! fue pansy. Cormac la verdad es q ... le tengo un poquillo de mania al pobre asiq le hare sufrir un poco ^^ (creo) y Vicent... bueno, cn Vicent me lo pasare pipa! xDDD (creo q ya se nota lo mucho que nos vamos a reir con el, y con Neville tb jejejejjeje)
Ara: me expliqué¿? Perfecto! genial! ^^ gracias por tu review! me animó mucho n_n y tranquila! que estoy casi constantemente pensando en cómo seguirlo, ya tengo algunas pruebas y serán... uffff, de proporciones bíblicas jajaja! yyyyyy correcto! la encuentra pansy, aunque lo cierto es que todos salvo Neville y Cormac la llaman Granger, asique con eso podría haber sido cualquiera xD ...aunque Vincent estaba ocupado pegando a Neville, Astoria y Cormac quién sabe lo que harían, y Draco estaba muy entretenido maldiciéndose! asique... solo quedaba Pansy!
Black Dragon: jeje, aquí lo tienes! espero no haberte defraudado! muchas gracias por el review!
SolBlack: muchas gracias! =) jejejjee, me alegro que te guste! Muchos besos.
EscarlataHoz: Sol! holaaaaaa, muchas gracias mi Diosa de la Pluma! picante¿? bueeeeno, quizás un poquito xD. Pero no es mi culpa! me estoy asegurando de sólo escribirlo cuando me atacan las musas y que quede puramente como lo que harían los personajes, asique... no es mi culpa que hagan esas cosillas jajajajjajaja nono, ya estoy haciéndolo más largo. Y cada día se me ocurren cosas nuevas, a ver si cuando toque ponerlas aún me acuerdo de todo! muchas gracias de nuevo! espero con ansias el nuevo cap de Historia de un asesino! besos!
aRiElLa95: holaaa! espero que te haya gustado el cap! penée en que la encontrara Draco, pero me gustó más que se estuviera automaldiciendo por ser tan tontin^^ y como la encuentra Pansy, y su macabro plan para que Hermione quiera vengarse... jejejjejej me pareció perfecto! besos^^
Un beso,
Nasu.
