Aquí está el capítulo 3, espero que os guste :D
Disclaimer: Billy Kaplan y Teddy Altman pertenecen a Marvel-Disney, yo solamente doy un enfoque más yaoiero a su relación ya yaoiera de por sí xD
- ¡Billy, levanta de una vez!
Mamá entró a la habitación como una furia, pero debió verme con tal cara de decepción, que se le evaporó el enfado y se sentó en un lado de la cama, mirándome preocupada.
- Hijo, ¿estás bien?
Sacudí la cabeza. Prometo que podría echarme a llorar en aquel preciso instante.
- ¿Hoy es viernes? – Murmuré.
- Por todo el día.- Me revolvió cariñosamente el pelo.- ¿Qué ocurre? De tan dormido que estabas, te has saltado un día y creías que hoy ya era sábado, ¿no?
Hice un movimiento ambiguo con la cabeza para no tener que decirle sí o no. Precisamente no me había saltado un día, sino que en su lugar había vivido dos de más. Sí, vivido. Una cosa era poder soñar un día, pero dos veces ya era materialmente impensable. Mamá pareció satisfecha con mi críptico movimiento, porque sonrió y me dio un pequeño abrazo.
- ¡Mamá!
- Va, que el viernes se te pasará pronto y ya verás que llega el sábado.- Se levantó de la cama.- Ahora a la ducha, que el desayuno está casi listo.
Y salió de la habitación tarareando algo. Yo me quedé en la misma postura durante unos segundos más, para lentamente levantarme de la cama y comenzar a desvestirme. Me saqué la camiseta y miré el reloj digital en mi muñeca izquierda. Marcaba claramente "Vie" al lado de la hora. ¿Otra vez viernes? ¿Qué le estaba pasando a mi vida?
Me metí en la ducha dándole vueltas a la cabeza. Dado que no habían sido sueños, acababa de vivir dos viernes seguidos. Y a juzgar por cómo había comenzado ese día, iba camino de tres. O alguien de fuera estaba quedándose conmigo -¿quién podría aburrirse tanto como para ver tres viernes seguidos de alguien como yo?- o esto era cosa mía. Tenía que ser alguna gamberrada de mi magia. ¿Viajes en el tiempo mientras dormía? No tenía ni idea, pero debía acabar con esto si no quería vivir permanentemente en un viernes cíclico.
¿Y quién era el que más sabía de viajes en el tiempo y que yo conociese? ¡Nathaniel, claro! Le preguntaría esta tarde en el entrenamiento para ver si tenía alguna idea de lo que me estaba pasando.
Más animado que hacía unos minutos, salí de la ducha y comencé a secarme con la toalla. Sí, hablar con Nate era la solución perfecta. Barajé durante unos segundos la opción de saltarme el instituto esta mañana –total, ya sabía lo que íbamos a hacer, porque llevaba dando lo mismo dos días- para ir a verle, pero finalmente lo descarté. Mamá me comería el alma como llegase a enterarse.
Bajé a desayunar con el pelo todavía algo húmedo. Mamá me sonrió cuando me vio atacar los cereales con fruición.
- A alguien le ha sentado bien despejarse con la ducha.- Comentó.
- No me ha ido mal.- Reconocí con la boca llena. Y me irá mejor todavía esta tarde, pensé para mis adentros.
- Acuérdate de que tu padre y yo nos marchamos de fin de semana antes de este mediodía.- Asentí.- Cuando vuelvas a comer ya no estaremos.
- No te preocupes, seguro que hay espaguetis o algo similar en la nevera.
- Pues sí.- Pareció sorprendida de que lo supiese.- Y no volveremos…
- Hasta el domingo de tarde-noche.- La interrumpí terminando su frase. Ella asintió.- Lo sé, mamá, llevas días dándome la tabarra.- Bromeé.
- Ya verás cómo te preguntas "¿y mamá?" cuando vuelvas a casa este mediodía y no me veas.- Me replicó con seguridad.
Lo dudaba mucho, pero le dije "puede ser" para que se quedase contenta, y después de un chaparrón de besos me dejó salir de casa para ir al instituto.
Las clases fueron un puñetero tedio. Cuando llevas tres días seguidos dando exactamente la misma materia con las mismas palabras, ya cansa. Así que evadí la mente pensando en cómo se lo iba a explicar a Nate; y así pareció que el reloj no corría tan lento.
Por fin terminó el horario escolar y me fui para casa como un rayo. Cuando llegué, abrí la nevera y me encontré con el famoso plato de espaguetis. Lo saqué, los calenté en el microondas, les eché tomate y me los comí un poco a desgana. Me gustaban los espaguetis, pero tres días seguidos acababan hartándote.
Me fui para el lugar del entrenamiento sin recoger nada de la habitación para no perder tiempo. Esperaba que hubiese llegado Nathaniel ya, aunque fuese un poco más temprano de la hora a la que solíamos quedar todos. Entré y respiré tranquilo al ver que ya estaba allí.
- ¡Hola, Nate! – Le saludé mientras casi corría para llegar a su lado.
- ¿Billy? – Me miró con extrañeza.- Llegas pronto.
- Sí, quería hablar contigo de algo.
- De lo que quieras, soy todo oídos.- Dejó la máquina que estaba calibrando y me miró un poco preocupado.- ¿Ha pasado algo malo?
- ¿Qué? No. Bueno, sí. O sea, no.- Ya estaba tartamudeando y ni siquiera había comenzado con las explicaciones. Empezábamos bien.- Mejor vamos a sentarnos.- Estiré de él hasta el sofá. Le hice sentarse y luego me senté yo. Tampoco era plan que tuviese que recoger a mi amigo del suelo porque se había caído de la impresión.
- Billy, me estás preocupando…
- A ver, es… un tema un poco… Complicado de explicar.- Empecé a retorcer el cordón de la capucha con nerviosismo.- Todavía no me lo explico ni yo, pero… Bueno… Vas a pensar que estoy loco o algo cuando te lo cuente, pero…
Sorprendentemente y contra todo pronóstico, al escuchar aquello Nate suspiró con alivio y comenzó a sonreír. Me puso la mano en el brazo y apretó amistosamente.
- Hey, Billy, tranquilo. No pasa nada porque seas gay. Yo te sigo apreciando exactamente igual que antes.
- ¿¡QUÉ! – Fui yo el que por poco se va al suelo de la impresión. Le miré abriendo los ojos como platos. Él cada vez parecía sonreír más.
- Sí, valoro muchísimo que confíes en mí lo suficiente como para contármelo, pero se ve a leguas que estás coladito por Teddy ^^ - Abrí y cerré la boca como un pez fuera del agua hasta que logré recuperar la voz.
- ¡No era eso lo que quería decirte! - ¿Y tan evidente soy? Nate me miró, dejando de sonreír gradualmente.
- ¿Entonces?
- Nate, hoy es viernes, ¿no? – Asintió. Yo tomé aire profundamente.- Pues ayer ya viví un viernes casi idéntico a este, y antes de ayer también.
No se escuchó más que silencio durante unos segundos.
- ¿Me estás diciendo que has soñado dos veces con el día de hoy? – Me preguntó por fin.
- No. Al principio yo también pensé que habían sido sueños. Pero cuando es el tercer día que vives casi lo mismo, comienzas a sospechar.- Expliqué sin casi pararme a respirar.- Creo que debo viajar en el tiempo mientras estoy durmiendo, porque siempre me despierta mi madre diciendo que es viernes, me recuerda que se van de fin de semana, desayuno lo mismo, llevo los tres días dando la misma materia en clase, en el entrenamiento descubrimos que hago explotar cojines y que puedo levitar, Teddy y yo vamos juntos hasta mitad de camino, luego me voy para casa, ceno y me acuesto. Cuando me levanto, vuelve a ser viernes y se repite todo.
A favor del pobre Nate, debo decir que no me llamó demente. Se quedó pensando durante varios minutos en lo que le había contado, haciendo comprobaciones de vez en cuando en su armadura.
- Bueno, Billy.- Suspiró.- Puedo decirte casi con un 100% de probabilidad que no estás viajando en el tiempo cada día.
- ¿Entonces qué es lo que pasa? Porque ya son tres viernes consecutivos y empiezo a estar harto…
- Pues… Creo que es más bien algo que haces inconscientemente, que hace tu magia, más bien. Y que nos debe afectar a todos los que nos encontramos a tu alrededor, porque yo no soy para nada consciente de que se repite el mismo día.
- Pero si es mi magia, ¿por qué lo hace? – Cogí un almohadón y comencé a manosearlo con nerviosismo.- ¿Y por qué yo no la controlo? ¡Soy el primero que quiere que llegue el sábado!
- Todavía no sabemos el alcance que tienen tus poderes, mucho menos saber por qué la magia hace las cosas que hace si no puedes controlarla.- Sacudió la cabeza.- Esa es una de las razones de los entrenamientos, comprobar las capacidades que tenemos todos.- Recordó algo.- ¿Dijiste que puedes levitar?
- Sí.- Me sonrojé un poco.- Sobre todo cuando Teddy está cerca…
- Ah, entiendo.- Se rió.- Las mariposas en tu estómago deben ser enormes, Billy.
- ¡Oye! – Le pegué un codazo con poca fuerza.- Ten cuidado, porque también puedo explotar cosas.
- Perdóneme la vida, señor Asgardiano.- Pidió entre risas.
Pero la broma duró poco, porque en seguida volvió a ponerse serio. Se notaba que quería resolver el problema, pero no sabía muy bien hacia dónde dirigirse para encontrar una solución.
- A ver, por ahora sabemos que los viernes se repiten casi iguales, ¿no? – Asentí. Él se rascó la barbilla.- ¿Qué razones podría tener tu magia para querer que repitas el mismo día una y otra vez?
- A mí no me preguntes.- Me encogí de hombros.- A veces se comporta como una niñata malcriada y hace lo que le sale de las narices.- Rectifiqué.- A veces no, generalmente casi siempre. Y más cuando está Teddy a la vista, por cierto.
- ¿Cuáles son las diferencias más notables entre los tres viernes?
- Pues…- Estrujé el cojín, poniéndome un poco rojo.- Lo más diferente es cómo acaba el día con Teddy.- Nate levantó una ceja.- El primer viernes no fui capaz de invitarle a casa después del entrenamiento, porque me daba vergüenza. Y el segundo viernes sí que llegué a decírselo, pero tenía que cenar con su madre, así que no pudo venir. ¿Qué tiene eso que ver?
Nathaniel se tensó de repente, como si le hubiese dado la corriente. Frunció el ceño; debía estar pensando a toda velocidad, y finalmente parpadeó con lentitud y me miró.
- Aún a riesgo de parecer un celestino, creo que el problema es que tu magia no está contenta con cómo se desarrollan las cosas con Teddy.- Debí poner cara de tonto. Él suspiró.- A ver, Billy. Dices que tus padres se marcharon todo el fin de semana, ¿no? – Asentí.- Bien. Pues ni se te ocurra darme detalles, ¿pero cómo planeabas pasar la noche del viernes?
- Euh… - Me puse rojo como la grana.- De ninguna de las maneras en las que terminaron los dos viernes, eso seguro.
- Lo imaginaba.- Suspiró.- Billy, creo que tu magia adolescente te está obligando a vivir en un bucle, del que me temo que no podrás salir, hasta que no esté satisfecha con tu relación con Teddy.
- ¿¡Qué! – No me desmayé porque algún ente superior no quiso, pero no por falta de razones. Miré a mi amigo con ojos desorbitados.- ¡¿Me estás diciendo que tengo que… que… con Teddy? Pe-pero… ¡No tengo ninguna posibilidad!
- Vamos, Billy.- Nate rodó los ojos.- Se ve a millas que estás coladito por Teddy, y a él no parece disgustarle demasiado.
- Pero… ¿Y si sale mal? ¿Y si no es eso lo que quiere mi magia? – Estaba demasiado confuso como para pensar con algo de claridad.
- Pues si no es lo que quiere tu magia, mañana volverá a ser viernes y nada de esto habrá ocurrido.- Se encogió de hombros. Bien mirado, tenía toda la razón.
- Pero tiene que cenar con su madre, hoy tampoco podrá venir a casa.
- Con eso puedo cooperar yo.- Sonrió ampliamente.- Podemos terminar el entrenamiento antes de tiempo, y así va a tu casa aunque sea un rato, ¿qué te parece?
- ¡Nate, eres un cielo! – Solté el cojín y me lancé para abrazar a mi amigo.
Pero claro, cómo no. ¿Adivináis quién entró por la puerta justo en ese momento? ¡Bingo! Entró Teddy y me pilló achuchando a Nate. Frunció el ceño y pasó de normal a verde en décimas de segundo, pero luego pareció pensar en lo que estaba haciendo, y volvió a la forma humana. Por mi parte, me despegué rápidamente de Nate, haciendo explotar el cojín que había caído al suelo, de los nervios que tenía.
- Ya entiendo lo que decías de explotar las cosas…- Me susurró Nate, levantándose del sofá mientras entraba Eli por la puerta, casi topándose con la espalda de Teddy, que seguía parado mirándonos con el ceño fruncido.
Fue el entrenamiento más deprimente de toda mi vida. Después de aquel suceso, Teddy no se dignó a mirarme en todo el rato. Cada vez que tenía que cruzarse conmigo, apretaba los labios y miraba hacia otra parte. Nate y Eli tampoco abrieron demasiado la boca. Era todo tan frío, que no logré despegar los pies del suelo para demostrar que podía levitar.
Un par de horas antes de lo normal, Nate dijo que tenía que hacer algunos recados, y que si nos importaría que terminásemos el entrenamiento por hoy. No me dio casi ni tiempo a hacerle un gesto de agradecimiento, porque Teddy gruñó una despedida y se largó de la sala, y tuve que correr detrás de él para que no me dejase atrás.
El camino a casa lo hicimos en un silencio espeso. Yo trataba de sacar algunos temas, pero o me respondía con monosílabos, o directamente ni me hablaba. Cuando llegamos a la bifurcación, yo me detuve como de costumbre, pero él se metió las manos en los bolsillos y continuó en su sentido.
- ¡Teddy! – Le grité con miedo de que se marchase. Él se detuvo, pero no se giró para mirarme.- Esto… Ya que hemos salido temprano del entrenamiento, ¿quieres venir a casa a ver alguna peli?
- No.- Me respondió tajante. Giró un poco el rostro para mirarme de medio lado.- Pero se lo puedes pedir a Nathaniel.
Y se marchó sin más. Yo me quedé plantado en la esquina como un idiota, mirando cómo se alejaba entre la gente. Volví lentamente a casa arrastrando los pies y me tiré en la cama nada más llegar. Estupendo, la había cagado mucho con Teddy, pero él no quería ni oír mis explicaciones.
Me quedé dormitando encima de la colcha. Por primera vez en estos días, deseé que el bucle volviese a darme otra oportunidad de vivir el viernes.
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- ¡Billy! ¡Levanta o llegarás tarde, es viernes!
Me habría echado a llorar de felicidad en el momento en que escuché el grito de mamá.
Continuará.
¡Qué celosote se puso el bueno de Teddy, jejeje! Y a Billy le vuelve a tocar vivir otro viernes. El capítulo próximo ya es el último, no tardaré mucho en subirlo.
Es todo, gracias por leer ^^
