Capítulo 2: Una Invitación Inesperada
—No puedo creer que me hayas convencido de hacer este viaje, Jack, es una completa pérdida de tiempo —se quejó el doctor Maturin mientras examinaba meticulosamente el mapa con una lupa—. Éste papelucho no vale nada y sigo afirmando que te tomaron el pelo otra vez.
—Vamos, Stephen; ¿en dónde está tu espíritu de aventura? ¿Acaso le diste una buena dosis de láudano? —se quejó el aludido, quien se encontraba sentado en una de las sillas del comedor, tomando una apetitosa copa de vino mientras observaba a su amigo examinar el mapa sobre la mesa.
El doctor lo fulminó con la mirada al escuchar semejante réplica, así que, muy ofendido, abandonó el mapa y la lupa sobre la mesa y se dirigió directamente hacia la puerta.
—Realmente no te soporto cuando te pones así; no tienes derecho a meterte en lo que no te importa, ¿sabes?
Jack resopló como un toro, y sin darle tiempo a su amigo de tomar el picaporte de la puerta, se levantó como un bólido de la silla y a las grandes zancadas lo alcanzó atrapándolo por los hombros. En un segundo lo dio media vuelta y lo arrinconó de espaldas contra la puerta.
—¿Crees que me gusta ver cómo te envenenas con esa porquería? —se quejó, agachándose para mirarlo fijamente a los ojos—. ¡Por los mil demonios, doctor Stephen Maturin! ¡Si esa maldita cosa no fuera necesaria para sedar a mis hombres cuando están heridos, juro por Dios que la lanzaría por la borda sin pensarlo dos veces antes de dejarte usarla!
—Jack… —susurró Stephen, impresionado por su enérgica protesta e intimidado por su fortaleza. Pero cuando logró poner en orden sus pensamientos, quiso liberarse de aquellas poderosas garras lo más rápido posible, pero no lo consiguió; su amigo siempre había sido mucho más fuerte que él—. ¡Jack, ya basta! ¡Suéltame! ¡Me lastimas!
—No tanto como el láudano te lastima a ti, amigo… —murmuró sobre su rostro, cubriéndolo con su aliento sabor a vino.
—… Jack, no tenía idea de lo mucho que te preocupabas por mí… Yo siempre pensé que la armada y tu deber estaban primeros… —susurró, embriagado por aquel dulce aroma, entrecerrando los ojos, dejándose atrapar por la arrolladora personalidad de su amigo.
—Vamos, Stephen, ¿cómo puedes pensar eso de mí? —le sonrió pícaramente.
—Recuerdo que en varias ocasiones me has dado motivos para pensar así —lo acusó mirándolo de refilón, una débil semi sonrisa iluminó su pálido rostro.
—¡Ja, ja, ja! ¿Es que no recuerdas las veces que me obligaste a detener la marcha con tus continuas y variadas caídas accidentales al mar?
—No es necesario que se mofes de eso, Jack —se puso rojo como un tomate, avergonzado e indignado. No le gustaba que le recuerden lo torpe y descuidado que era a veces.
El aludido sonrió, la malicia y el mal humor brillaron en sus ojos tan claros como el cielo; inclinándose aún más sobre su amigo, con su rostro casi pegado al de él, le dijo:
—Esas graciosas interrupciones no me molestarían tanto sin no fuera porque a veces el causante de alguna de ellas es por culpa del maldito láudano, Stephen…
Sin comprender la razón por la que su corazón había comenzado a latir a una velocidad impresionante, sin encontrarle ningún fundamente científico que lo respaldara, el doctor Maturin comenzó a sentirse muy nervioso e incómodo al tener a su amigo tan cerca de él, por lo que se sacudió de hombros, logrando liberarse de sus fuertes manos.
—Te-tengo que irme… —dijo, volviéndose hacia la puerta con la intención de huir porque tenía miedo de lo que había comenzado a sentir.
El capitán quiso detenerlo, pero en ese preciso momento el vigía del Surprise dio la voz de alarma:
—¡¡¡Un buque español a estribor!!!
Rápido y violento como un rayo, Jack apartó sin ningún cuidado al sorprendido Stephen de su camino y corrió hacia la cubierta principal para conocer mejor la situación y disponer rápidamente a sus hombres para una posible batalla.
—Indíqueme cuál es la situación, señor Pullings —le pidió a su oficial favorito, deteniéndose a su lado y sacando el catalejo del bolcillo para observar mejor al navío entrometido.
—Es un barco mercante español, capitán —comenzó a explicarle el muchacho castaño, sagaz y muy comprometido con su profesión. Tenía el cabello largo sujeto con coleta y una fea cicatriz en la mejilla derecha, producto de una de las tantas batallas en el mar que habían librado con el enemigo—. Lleva enarbolada una bandera blanca, por lo que creo que sus intenciones no son hostiles.
—Eso lo veremos… Ordene a los hombres que se mantengan listos para la batalla, mientras, yo averiguaré qué es lo que quieren —y guardó el catalejo, frunciendo el entrecejo, siempre desconfiado.
Saliendo del camarote en donde había estado con Jack, Stephen se acercó a un rubio jovencito uniformado a quien le faltaba el brazo derecho.
—¿Qué es lo que está pasando, señor Blakeney?
—Parece ser que nos sigue un barco mercante, señor, uno español.
—¿Español? —murmuró intrigado, pues parte de él era de ese origen.
—¡Ah! ¡Aquí está, doctor! ¡Justo el hombre que andaba buscando! —exclamó el siempre impetuoso Jack Aubrey en cuanto lo vio, comenzando a hacerle señas con la mano—. ¡Venga, venga doctor! ¡Necesito que me ayude como traductor de esta gente!
Stephen obedeció más por curiosidad que por acatamiento y, ya al lado de su amigo, éste le pidió que preguntara qué era lo que deseaban, puesto que era un misterio, ya que el barco español tampoco llevaba alguna otra bandera en señal de enfermedad o cuarentena.
La respuesta no se hizo de esperar desde la cubierta española, en donde los marineros seguían afanados en sus labores marítimas.
—¡¡LES PRESENTAMOS NUESTROS RESPETOS, CAPITÁN JACK AUBREY!! ¡¡NUESTRO COMANDANTE DESEA TENER UNA HAMABLE CONVERSACIÓN CON USTED!! —gritó uno de los hombres que parecía ser el contramaestre.
Rápidamente Stephen le tradujo aquel pedido en perfecto inglés a su amigo.
—Mmm… ¿Qué querrán? Esto me parece algo sospechoso… —habló en voz baja, luego se volvió nuevamente hacia el doctor—. Pregúntele el nombre de su comandante, doctor; tal vez lo conozca.
Maturin hizo lo que le pidió, y otra vez le respondieron con celeridad:
—¡¡NUESTRO COMANDANTE ES EL CABALLERO CARLOS SEGUNDO ÁLVAREZ, CAPITÁN!! ¡¡UN HOMBRE DIGNO DE CONFIANZA!!
Stephen se quedó blanco como un fantasma, aquel nombre lo conocía demasiado bien y no estaba seguro de querer volver a ver a su dueño. Jack, un tanto extrañado por la expresión de sorpresa de su amigo, intentó llamarle la atención tomándolo del brazo.
—¿Y bien, doctor? ¿Qué fue lo que dijo ese tipo?
El aludido hizo un esfuerzo supremo para volver a tener dominio sobre sí mismo, no quería preocupar a su amigo por nada.
—Su comandante es el caballero Carlos Segundo Álvarez. Lo conozco, es un hombre verdaderamente confiable.
—¿Lo conoce? ¿Y cómo es que lo conoce, doctor Maturin? ¿En alguna de sus aventuras, quizá? —lo interrogó, sonriéndole maliciosamente.
Con las mejillas arreboladas, Stephen volteó hacia otro lado, no se atrevía a cruzar mirada con su amigo, pues temía que éste descubriera la verdad.
—Debería usted concentrarse en su deber y atender al pedido en vez de burlarse de mí, ¿sabe?
Jack sonrió con picardía.
—Como usted desee, doctor. Dígales que estoy dispuesto a entrevistarme con su capitán.
Dando un bufido de fastidio, Stephen hizo lo que le pedía.
El momento del encuentro había sido fijado para dentro de una hora a bordo del camarote del comandante de la nave española, por lo que ambos barcos se vieron obligados a fachear, manteniendo la misma velocidad, uno al lado del otro. Jack había ordenado a sus hombres que le preparan un bote para abordar el navío español.
—¿Cree que sea prudente, capitán? —le preguntó un muy preocupado teniente Pullings—. Tal vez podría ser una trampa…
—Recuerde que los españoles también están resistiéndose a la invasión napoleónica, señor Pullings; además, no creo que un barco mercante represente algún peligro para nuestra preciosa Surprise.
—Pero unos cuantos marineros mercantes bien armados sí podrían representar algún peligro para usted, señor —insistió.
—¿Cree usted, señor Pullings, que exista alguien que pueda derrotar al "Afortunado Jack"? —rió con ganas, dándole palmaditas en la espalda—. Pero como veo que estás sinceramente preocupado por mí, no si razón, claro, usted también irá con nosotros.
Tom lo miró sorprendido.
—¿Nosotros, capitán? ¿Quién más irá con usted?
—El señor Bonden, el señor Calamy, Lord Blakeney y, por supuesto, el doctor Maturin. Por lo que el teniente Mowett estará a cargo del mando del Surprise durante mi ausencia.
Stephen, que se encontraba cerca de allí, casi se cae de espaldas al escuchar que Jack lo había nombrado para abordar junto con él el barco español. ¡Ni por todos los descubrimientos naturalistas del mundo quería poner el pie en aquella cubierta! No deseaba volver ver a ese hombre…, siempre lograba ponerlo muy nervioso…, sobre todo cuando recordaba lo que había pasado entre ellos hacía ya muchos años atrás.
Debía hacer algo de inmediato.
—Lo siento, pero no puedo ir con usted esta vez —intervino, Jack lo miró bastante sorprendido y hasta podría decirse algo molesto.
—¿Y por qué no, doctor? Es a usted a quien más necesito puesto que ninguno de nosotros en este barco sabe entender y hablar el español tan bien como usted. ¡Es imprescindible que venga con nosotros para ser nuestro intérprete!
—Lo sé, pero es que… no me he sentido muy bien últimamente y… y quisiera irme a descansar lo más posible.
Jack frunció el entrecejo, sabía que su amigo le estaba mintiendo, pues nunca había podido hacerlo con propiedad. ¿Cuál era la razón por la que él no quería acompañarlo? ¿Acaso había alguien a quien Stephen no deseaba ver? El único nombre que habían escuchado era la de ese caballero, y la reacción de su amigo no se había hecho de esperar. No había forma de que Stephen supiera el nombre de otra persona a bordo de ese navío mercante… O tal vez sí… Terco como una mula, decidió que debía averiguar el motivo por el que él se negaba a subir a aquel barco, así que, tomándolo fuertemente del brazo, se lo llevó a parte para que nadie escuchara la conversación.
—¿Qué crees que estás haciendo, Stephen? ¡No puedes negarte a hacer lo que te pido frente a mis hombres! ¡Eso sería desacato y reduciría mi autoridad frente a ellos!
—Yo no estoy bajo tus órdenes, Jack, y no puedes obligarme a hacer lo que no quiero —replicó, a la defensiva.
—¡Ah! ¿Así que realmente no estás enfermo, eh? Simplemente es que no quieres asistir a ese encuentro, ¿verdad? ¡Dime por qué! ¿Es que conoces a alguien allí a quien no quieres volver a ver?
Stephen abrió los ojos como platos, atónito, una vez más había caído como un tonto en el juego de palabras de su amigo. Ahora sólo le cabía dar una buena explicación, una que no lo comprometiera demasiado. Desviando la mirada, contestó de mala gana:
—Sí, Jack; hay cierta persona que no quiero volver a ver…
—¿Acaso representa algún peligro para nosotros?
El doctor volvió a mirarlo a los ojos, había una especie de furia en ellos, una furia que lo intrigó.
—No lo creo, Jack; simplemente es alguien que no me trae buenos recuerdos.
Aubrey sonrió comprensivamente, colocando sus enormes manos en los esbeltos hombros de su amigo, quien, con la mirada, le rogaba que no lo obligara a acompañarlo.
—Lo siento, Stephen; pero si no fuera porque eres el único aquí que habla el español, no te obligaría a venir conmigo. Ponerte en una situación incómoda sería lo último que haría, pero es algo inevitable; te necesito y tú lo sabes muy bien. Sería una completa descortesía y hasta peligroso declinar la invitación de los españoles estando en plena guerra contra Napoleón. Necesitamos la mayor cantidad de aliados posibles, ¿comprendes? No nos podemos dar el lujo de elegir con quién y cuándo: "El enemigo de mi enemigo es mi amigo".
Stephen se le quedó mirando, aún no sabía qué hacer; sabía que Jack tenía razón, pero también sabía que no quería volver a ver al caballero español.
—Vamos, Stephen; te prometo que, mientras estemos allí, no permitiré que te quedes a solas con él.
Aquello había sonado muy raro, por lo que el doctor se sintió bastante ofendido y avergonzado, pero al mismo tiempo se sintió tan apoyado como protegido.
—También hay mujeres pasajeras a bordo de un navío mercante, ¿qué te hace pensar que al que no quiero ver es un hombre? —se quejó.
—Porque el único nombre que escuchamos fue la de ese tal Álvarez.
Stephen palideció aún más, pero sus mejillas se colorearon intensamente; Jack le sonrió y le dio unas cariñosas palmaditas en el hombro.
—Debe estar listo a las cinco de la tarde, doctor Maturin, lo estaremos esperando.
Y se fue para seguir dando las instrucciones necesarias a la tripulación, dejando a su amigo bastante desconcertado y muy preocupado. ¿Por qué justo ahora, cuando todo marchaba tan bien, tenía que volver a aparecer aquella persona de su pasado? Sabía que Jack iba a cumplir su palabra, pero no sabía a ciencia cierta de lo que Álvarez era capaz de hacer con tal de quedarse a solas con él. ¿Cómo encontrar el valor y explicarle a Jack lo que había pasado entre ellos dos hacía ya tanto tiempo?
Notas de Una Autora Descuidada:
¡Hola! ¡Regresé! Como ya tengo todo el tiempo del mundo para escribir (terminaron mis clases de inglés), tengo un montón de capis para publicar ^_^ (Claro que antes tengo que escribirlos, je XD). ¿Qué pasó entre Stephen y Álvarez? ¿Stephen se está interesando en Jack? ¿Jack se pondrá celoso? ¿Qué sucederá en la reunión? ¡Muy pronto lo leerán!
Querida Aroa Nehring: espero que te hayas dado cuenta de que estoy continuando la historia ^_^ Y mientras haya alguien que me coloque aunque sea un pequeño review diciendo "sigue con el fic", yo lo terminaré sea como sea ^^ No creo que pueda acabar pronto con todos mis fics, pero confío en que pueda avanzar bastante antes de que comiencen de nuevo las clases ; )
Querida LUMMINAR: Gracias ^^ ¡Bienvenida a mi fic! Si querés slash y lemon, lo haré, sólo tengo que animarme, je XD Lamento haberme demorado tanto, pero espero que sepás perdonarme ^_^ Espero que no te haya desencantado… : (
Querida Ichiga: de nada ^_^ y prometo seguir escribiéndolo hasta el final, siempre y cuando haya alguien que lo lea XD Como verás, intento describir lo más posible la personalidad y el habla de los personajes ^^ `¡Es difícil! Pero no imposible : ) Será yaoi ; ) ¡Ah! Y soy una habitante del fin del mundo, ¡soy argentina! XD
Las pelis que he visto son Barbanegra, El Regalo Prometido, Diario de una Pasión (El Cuaderno de Noah), Molly: el Triunfo de una Niña, Capitán de Mar y Guerra, Gladiador, Tintín y el Toisón de Oro, Alien vs Depredador, Mi Pobre Angelito 2, etc. Por fin puedo volver a mi lectura de Vivir la Historia del Egipto de los Faraones. Sigo coleccionando la historieta de Mafalda y comencé con la del Manga de Dragon Ball. También sigo viendo la nueva serie musical Glee, Los Simpson, Futurama y Comisario Rex. ¡Y ahora estoy descargando los capis del anime Zenki! Y comencé a ver de nuevo Sailor Moon y Detective Conan.
¡Muchas gracias por leer!
¡Nos leemos la semana que viene!
Sayunara bye Bye!!!
Gabriella Yu
