DISCLAIMER: Los personajes de Mentes Criminales y el hilo conductor de esta historia no me pertenecen, son propiedad de CBS.
N/A: Este capítulo se me quedó algo corto, pero lo compensaré con otros bastante más largos que ya tengo listos. Disfrutadlo.
Capítulo 3. Algo pasa en Las Vegas
Emily se acercó al hombre. Decía llamarse Brendan. El tal Brendan le invitó a una copa. Estaba en Las Vegas por trabajo: era productor musical y por lo visto estaba buscando talentos. Emily no le creyó. Si estaba buscando talentos, lo lógico era que estuviera en uno de los cien mil sitios de Las Vegas donde se podía encontrar a gente con talento. Además era la hora idónea. Quizás solo se había cambiado o estaba descansando, pero se tensaba cuando Emily le preguntaba sobre el tema y desviaba ligeramente la mirada. Parecía tener unas frases preparadas y en cuanto las soltaba cambiaba de tema. Se tomaron una copa y cuando terminaron, él se acercó y le preguntó si le apetecía otra copa en su habitación. Quizás si no le hubiera mentido, Emily hubiera aceptado la invitación, pero decidió declinar la oferta amablemente.
Brendan pagó las copas y cuando estaba a punto de entrar al ascensor se ofreció a acompañarla a su habitación. Eso no le hizo demasiada gracia a Emily. Había sido demasiado insistente y empezaba a agobiarla. Él se acercó demasiado y acarició su brazo, pero ella se apartó con delicadeza. Sin embargo, volvió a atraerla para sí, esta vez tan bruscamente que no le dio tiempo a reaccionar antes de reconocer una voz familiar.
-¿Te está molestando este hombre? – Ante el tono intimidante de la pregunta, Brendan aflojó su agarre y ella lo aprovechó para zafarse de él. Hotch se encontraba a un par de metros con un semblante más serio de lo habitual.
-Tranquilo Hotch. Brendan ya se iba, ¿verdad? – El hombre la miró y pareció dudar. Hotch se adelantó para encararle, poniéndose de forma protectora entre su compañera y el sujeto. Le aguantó la mirada.
-Claro… -Al fin se fue por la puerta que daba a la calle mientras sacaba un cigarrillo y lo encendía. Los dos se quedaron viendo cómo se iba.
-Deberías tener más cuidado con los hombres con los que quedas. – El rostro de Hotch permanecía serio. Prentiss se percató de que no llevaba la americana.
-Lo tenía controlado. – Dijo intentando restarle importancia.
-Tengo suficiente con ver decenas de casos de mujeres agredidas sexualmente cada semana como para que tu foto aparezca en una de esas listas. – Esas palabras eran duras; Sin embargo, no fue lo que dijo, sino el tono que utilizó lo que molestó a Emily. Ni siquiera la miró.
-Creo que estás exagerando. Hay cámaras y testigos. Y soy una agente del FBI perfectamente cualificada para defenderme de un agresor – Se dirigió molesta al bar dejando a su jefe detrás. Éste la siguió con la mirada y luego se acercó a ella.
- ¿Qué haces? – Preguntó con seriedad sin dejar de mirarla.
-Pedir una copa ¿Quieres una? – Él no respondió. Emily podía sentir su mirada escudriñándola. Era como si la estuviese analizando. – Dos Whiskeys, por favor. –Hotch se limitó a acercar una banqueta y sentarse al lado suya en la barra mientras la miraba impasible. Permanecieron en silencio hasta que les sirvieron las bebidas.
-¿No estabas durmiendo? – Preguntó Emily mirándole a los ojos. Hotch se mantuvo en silencio. - ¿Por qué bajaste?
-No podía dormir. –Contestó serio. Se hizo una tensa pausa por un momento. –Emily… No eres la única que se preocupa por los demás. – Dijo finalmente, suavizando de una vez su expresión.
Una sonrisa suave se dibujó en el rostro de la agente. Juraría que era la primera vez que se refería a ella directamente por su nombre de pila... Al menos de forma tan personal. Eso le produjo un hormigueo en los dedos. Aunque seguía estando molesta.
-Puedo entender tu preocupación. Agradezco que intervinieras. Pero creo que tu reacción ha sido exagerada. – El tono de molestia se agravó en la voz de la morena. – Soy una agente del FBI y sabes que estoy plenamente capacitada para defenderme de un supuesto agresor. – A Hotch le costaba confiar en las mujeres pero nunca ponía en duda sus habilidades o las infravaloraba por el hecho de ser mujeres.
Prentiss le aguantó la mirada. Eso era algo que le costaba un gran esfuerzo. Él siempre la había intimidado. Había tratado con docenas de psicópatas y asesinos sin pestañear. Años atrás había mentido y se había acostado con un terrorista para detenerle. Todo ello lo había hecho sin apenas titubear. Pero si era Aaron Hotchner quien le hablaba, era siempre ella quien apartaba la mirada o la bajaba con cierta incomodidad. Era algo que no podía evitar.
-Tienes razón. – Confesó en tono comprensivo. –Si cuestioné tus habilidades, te pido disculpas. –La expresión de Emily se suavizó y de nuevo perdió la batalla contra su mirada.
-Además – Continuó la morena mientras jugaba con su copa. – Si puedo poner el culo de Morgan a patadas en La Comarca, ese tipo habría salido todavía peor parado. – Añadió como si fuese lo más obvio del mundo, provocando una risa silenciosa en el rostro de Hotchner. -¿Sabes? Deberías sonreír más a menudo. – Le dijo cuando se percató de que una vez más había reído. Hotch simplemente se la quedó mirando, pensando que era normal que sus compañeros creyeran que apenas reía, dado que el 95% del tiempo que pasaba con su equipo era trabajando en casos siniestros y terribles.
-Creo que Dave tiene razón en cuanto a eso de que me estoy haciendo viejo. –Prentiss le miró con curiosidad.
-¿Rossi te dijo eso?
-Mientras mencionaba los "arreglos" que quería hacerse para rejuvenecer. –Recordó.
-Ya… Bueno, no le sentó precisamente bien que antes un empleado del hotel le confundiera con mi padre… Creo que hirió su orgullo más de lo que pensaba. – Hotch la miró divertido. –Tendré que hablar con él sobre el encanto de los hombres experimentados. –Dijo lanzándole una mirada coqueta.
-Deberías hacerlo. –Sugirió ignorando su mirada. –Y menciónale el encanto de su perilla. Casi está más orgullosa de ella que de sus libros. –Prentiss se atragantó con su bebida al oír esas palabras. Le había hecho demasiada gracia imaginarse a Hotch diciéndole a Rossi lo encantadora que era su perilla. Le dio un último trago a su copa y se planteó pedir otra. Hotch apenas había probado la suya. Esta vez la miró preocupado adivinando su intención. –Creo que has bebido suficiente por hoy. –Emily le interrogó con la mirada.
-Si te preocupa que me dé al alcoholismo, puedes estar tranquilo. –En ese momento cayó en la cuenta de que Hotch se había percatado de su estado de embriaguez cuando había estado con Brendan. Entre el vino de la cena, las copas en el local y lo que había tomado con el desconocido, había bebido más de la cuenta. Entonces lo entendió. No había puesto en duda su capacidad para defenderse, sino su capacidad en esas condiciones. Por suerte, fue lo suficientemente elegante como para no mencionar nada en ese momento. Y a ella no se le ocurrió otra cosa mejor que pedir otra copa… Es más, aun habiendo metido la pata en ese momento, en lugar de una reprimenda, lo que Hotch le dio fue una disculpa. Se sintió realmente avergonzada. –Pero tienes razón, he tomado demasiado. –Dejó el dinero suficiente para costear las bebidas en la barra y se levantó con torpeza. Hotch la sujetó del brazo para que no perdiera el equilibrio.
-No me preocupa. No de momento. – Hotch la miró todavía sujetándola del brazo. Ella evitó su mirada y se deshizo del contacto. Hotch miró como se alejaba y se bebió el contenido de su vaso de un trago, para luego ir tras ella y acompañarla.
Ya se había percatado de que Prentiss le bajaba la mirada a menudo. De hecho, era el único miembro del equipo que lo hacía tan a menudo. A veces le había pasado con JJ, pero ella reconoció que le molestaba lo intimidante que era su jefe. Él lo sabía. A veces podía ser un defecto y otras una virtud. Era algo que controlaba, aunque no siempre. Emily permaneció ausente todo el tiempo hasta que llegaron a su habitación. Sabía lo que le había pasado por la cabeza y que se sentía avergonzada, pero no quería decir nada para no incomodarla más.
-Buenas noches. –Dijo ella mientras buscaba su llave. Hotch le devolvió las buenas noches pero sintió que debía decir algo más. Ella abrió la puerta y se fijó en que permanecía quieto mirándola. –¿Ocurre algo? –Preguntó en un susurro.
-Si algo de lo que he dicho…
-Hotch – Le dijo cortante. Se acercó a él. –Has sido encantador, mientras que yo no me he portado debidamente. Has sido un amigo y no un jefe. –Su voz estaba quebrada, pero en su rostro se dibujaba una sonrisa tímida. –Gracias por ser tan comprensivo. –Esta vez no rehuyó su mirada. Él dudó qué hacer. No sabía que contestar a eso porque no esperaba algo tan profundo y sincero por parte de su subordinada. Nunca habían tenido un momento tan personal. Y se dio cuenta de que estaban muy cerca. Se sintió atraído, como una brújula cuando señala al polo norte. No podía dejar de mirarla. No se dio cuenta de cómo sus rostros se habían acercado tanto. Era algo magnético. Y entonces sus labios se juntaron.
Ahí, en medio del pasillo, donde les podía ver cualquiera de los miembros de su equipo, Aaron Hotchner y Emily Prentiss se estaban besando. Al principio fue un beso dulce, sutil e inseguro. Pero poco después se prolongó y se volvió mucho más intenso. Él se permitió poner su mano izquierda en su cintura para atraerla más hacia sí. Sus lenguas chocaron, al principio con torpeza, luego con deseo. Emily le agarró de la camisa y le condujo hacia su habitación. Al entrar, Hotch la arrinconó contra la pared y cerró la puerta. La tenía tan cerca que podía sentir latir su corazón a una velocidad desbordante. Ella tiró de su corbata y le atrajo de nuevo hacia sus labios. El beso fue tan apasionado que no tardaron mucho en separarse para coger aire.
Entonces, en ese ínfimo instante, se dio cuenta de lo que estaban haciendo. Fue como recibir un cubo de agua helada.
-Esto no está bien… - Se separó de ella con dificultad.
-¿Por qué? –Su pregunta era demasiado fácil de responder. Ella misma sabía la respuesta. Se acercó anhelante de nuevo, pero él la detuvo con suavidad.
-No es una buena idea. –Hotch pudo ver la decepción en su rostro seguida de una pausa tensa.
-Odio que siempre tengas razón. –Emily dio un paso hacia atrás. – Señor… Será mejor que se vaya antes de que hagamos una tontería. –Dijo mientras abría la puerta. Su tono esta vez era neutro. Hotch volvió a mirarla. Una máscara de frialdad cubría ahora su rostro. Decidió que era mejor irse sin decir nada.
Tras él, Emily cerró la puerta y esperó un par de minutos apoyada en ella. En parte pensando en lo que había pasado y en parte deseando que volviera. Pero no fue así. Hotch fue a su cuarto e intentó dormir. Emily abrió el minibar y acabó con la botellita de vodka en un par de tragos. Al menos eso le hacía olvidar.
N/A: Aunque lo merezca, no me odiéis por dejarlo así. A partir de ahora todos los capítulos llevan el nombre de una película, en este caso de Algo pasa en Las Vegas de 2008, una comedia romántica flojita pero cuyo título le viene perfecto a este capítulo.
Saludos.
