Marinette volvió a sentarse antes de continuar con la conversación, porque el plan no había terminado aún. Es más, prácticamente no había comenzado.

—¿Crees que nos metamos en muchos problemas con esta idea? —preguntó Marinette algo preocupada.

Adrien no pudo evitar reír ante esa pregunta.

—¿Acaso no somos Marinette Dupain-Cheng y Adrien Agreste? —preguntó con una sonrisa traviesa en el rostro —. ¡Los problemas nos persiguen!

Eso logró que el rostro de Marinette hiciera una mueca, acto que alertó un poco a Adrien.

—¿Por qué hoy te notó tan distinta? Normalmente te ríes de mí, me golpeas o argumentas sobre lo terribles que son mis ideas. Pero hoy no. ¿Tanto te afecta lo de Sabine?

Adrien se sentó al lado de su mejor amiga. La miraba con preocupación, sentía el deseo de abrazarla, pero se contuvo debido a que si la abrazaba probablemente empezaría a llorar y no le diría lo que realmente sucede.

—He estado pensando que en tres años más terminaremos el colegio, después de eso vendrá la Universidad y realmente me gustaría tener la imagen de una chica correcta, no de una traviesa —explicó —. Mi abuela siempre decía eso, que una dama debe ser una señorita.

—Yo veo a una niña realmente hermosa. Tus mejillas rojitas, tú bella sonrisa, ése color de cabello tan único y tus ojos, tan bellos y expresivos que podría ver el universo ahí.

Marinette se sonrojo. Adrien notó como los ojos de su amiga comenzaban a brillar. Los corazones de ambos se aceleraron en ese momento, ambos sentían algo distinto.

—Pero... no porque tengas una que otra anotación t algunas visitas con el director significa que no puedas entrar en una buena Universidad —le aseguró Adrien —. Además, hemos estado juntos desde pequeños. ¿Acaso crees que te dejaré sola en la Universidad?

Marinette se levantó de un saltó debido la sorpresa.

—¿Iras a la misma Universidad que yo?

—Por supuesto —respondió con una sonrisa. Aunque se transformó rápidamente en una mueca —. Por cierto, ¿a cuál iremos?

—No lo sé, nunca he investigado tanto al respecto.

—¡Yo menos!

Ambos rieron y se dieron un breve abrazo, aunque al mismo tiempo fue tierno. Adrien acarició de modo brusco el cabello de su amiga, consiguiendo despeinarla por completo.

Él rubio vio la hora y sus ojos se abrieron de par en par.

—¡Me estoy perdiendo Pato Aventuras por culpa de esto! Para que veas lo mucho que te quiero.

—¿Ves esa serie?

—¡Claro es muy divertida! Además, la pata Rosita es linda —la azabache estaba conteniendo su risa, pero esto la superaba —. Y la canción es pegajosa.

Muchas aventuras hay en Patolandia

Con los chicos malos y también los buenos.

Adrien había comenzado a cantar y bailar de un modo bastante divertido. Marinette no rió, ella también bailaba mientras aplaudía.

—Nada mal, solo que te faltó:

Habrá misterios,

Historias de aves...

¡Grandes aventuras con los patos!

¡PATOS!

Adrien aplaudió.

—¡Eres una buena cantante! Pero como bailarina apestas, ¡quiero ver más pato en tú baile!

—¡Si quieres pato, pato tendrás!

Y de ese modo comenzaron a bailar como patos, moviendo las alas, picoteando el suelo e intentando volar. Mientras graznaban e intentaban no reír.

—Los patos caminan mostrando su trasero, te falta levantarlo así —Adrien caminaba de puntitas y con su trasero muy alzado.

—No. Los patos caminan con las piernas muy abiertas y se balancean —explicaba Marinette haciendo precisamente eso —. Para ti será más fácil, supongo que me entiendes.

Adrien rió del pésimo chiste, aunque pensó en uno mejor.

—Parece que estuvieras dando a luz —Marinette se detuvo un poco avergonzada por el comentario —. ¡Pon un huevo!

—¡Claro que no!

—¡Qué cobarde! Mira, se hace así.

Adrien hizo todo el protocolo de poner un huevo, como ha visto en miles de reportajes. Y terminó sentado en el suelo con una almohada en el trasero.

—¿Cómo es que hiciste eso? —preguntó entre risas Marinette, todo eso había sido un espectáculo muy divertido.

—Tú me viste hacerlo, no debería sorprenderte. En algunos meses serás tía.

Ambos se rieron a carcajadas. Juntos siempre hacían tonterías, las risas nunca faltaban. Aunque se detuvieron cuando la puerta fue abierta de par en par.

Nathalie entró. Y no se veía feliz.

—Si se supone que están haciendo un trabajo escolar, quiero que me respondan ahora mismo: ¿por qué hacen tanto ruido? Los he escuchado cantar, saltar y... —su mirada se dirigió a Adrien y su rostro fue aún más serio: —, ¿por qué Adrien está sentado así sobre esa almohada?

Adrien se levantó de inmediato, con el rostro rojo de la vergüenza.

—Es que así trabajamos nosotros —fue único que se le ocurrió decir —. Digo... ¿quién dice que uno no puede hace una tarea y divertirse al mismo tiempo?

—Todo el mundo. Para tener una buena nota deben ser serios y responsables. Si se distraen, harán de todo menos el trabajo —regañó Nathalie —. ¿De qué es el supuesto trabajo?

Adrien notaba que Nathalie no le creía lo del proyecto, se sintió expuesto en ese momento.

—Sobre patos —respondió Marinette.

¿Patos?

—¿En serio los hicieron investigar a los patos? —Nathalie parecía incrédula.

—Sí. Sucede que estamos viendo distintos animales en clase, y sus ecosistemas. Vemos como les afecta el cambio climático, y como ellos pueden ayudar al mundo.

Marinette es una buena mentirosa cuando quiere.

—Además, ¡los patos son geniales! Ellos pueden poner huevos, pueden volar y si se enojan te picotean y listo —agregó Adrien. Marinette lo miró con mala cara —. ¡Los patos mandan! ¿quién quiere a las gallinas?

—Bien... —fue lo único que respondió Nathalie —, Marinette te pido que vigiles bien a Adrien. Te doy autorización de estar a cargo del proyecto, porque con Adrien reprobaran, eso seguro.

—Puedes confiar en mí, Nathalie.

—Lo sé, linda —palmeó su hombro y se dirigió a Adrien: —. Haz caso a Marinette en todo lo que te diga, pon los pies en la tierra un día que sea. Y otra cosa.

Nathalie levantó a Adrien y tomó la almohada en su mano.

—Me llevaré esta almohada, la lavaré y te traeré otra.

—¡Pero es mi bebé! ¡no lo empollé en vano!

—Adiós —y la puerta se cerró.

Ambos se miraron, y asintieron entre ellos.

—Contemos hasta diez —dijo Adrien y Marinette asintió.

Ambos sabían que Nathalie no se iba de inmediato, ella se quedaba un rato detrás de la puerta para espiarlos.

Una vez que llegaron al diez, estallaron en carcajadas.

—¡Estuvo genial! —aplaudía Adrien.

—¿Sí? A mí me gustó eso de que las gallinas apestan.

—Era eso o decir que las gallinas son unas envidiosas. ¡Los patos vuelan, ellas no!

Y las risas continuaron, hasta que ambos cayeron en la cama del rubio, aún riendo un poco.

—Me alegra ver que te estás comportando como antes —dijo Adrien.

—Y a mí me alegra que tú puedas ser tú mismo estando conmigo, me encanta estar con él verdadero Adrien.

Un silencio se hizo presente en la habitación. Ambos se miraban fijamente, ambos corazones latían con gran rapidez. Estaban algo tensos, sin saber porque.

Adrien se acercó, pero ella no lo hizo. Suspiró pesadamente y se sentó. Sintió un poco de decepción, pero no dijo nada. Marinette también se sentó.

—Basta de juegos, será mejor empezar con el plan —dijo incorporándose —. Aunque si te soy sincero, me dieron ganas de tener un pato real.

Marinette rió en respuesta mientras negaba con la cabeza y también se levantaba de la cama.