Capítulo III: A la mañana siguiente me levanté temprano, hice el desayuno y me vestí. Desayuné junto a mi hermana menor, mi primo y mi padre, y al finalizar cada uno hizo lo suyo, por mi parte me dirigí a regar las flores unos minutos, al terminar me dispuse a leer en el patio trasero de mi casa. Luego de la pijamada party, la cual consistió en toda una velada llena de películas de toda clases, conversaciones y hasta sesión de maquillaje. Al día siguiente, que en realidad esto fue alrededor del medio día, cada una regresó a su casa. Ino y Sakura me hicieron asegurar que hoy llamara a Naruto para ponernos de acuerdo, en mis adentros corría desesperadamente un pequeño temor, el miedo a que mi primo Neji supiera de aquél plan secreto. Mi vestuario de ropa era de invierno, entre ellas se encontraban las blusas color violeta y algunas que otras poleras rosadas. Sin dudas aquélla ropa podría verse muy bien en mí, pero por esta vez opté por algo más simple. Una chaqueta de jeans abrigada, y debajo de estas varias poleras blancas y una camiseta de color violeta clarito. Hacia mucho frío y se notaba que la noche buena estaba cerca. Al parecer mañana seria el día más frío de la semana, tenía que estar preparada para que la salida no me sea complicada y muchos menos termine enferma antes de tiempo. * * * * Estaba cómoda, de eso estaba segura. No quise alejarme de esa sensación tan preciosa. Me sentía cobijada y calentita. Sentí algo posar por mi rostro algo pálido, y al abrir los ojos lo primero que noté fueron los ojos celestes fugaces de Naruto. El estaba muy cerca de mí, abrazándome tiernamente. ¿Qué pasó? Me pregunté, la respuesta estaría a la vuelta de la esquina. Al cabo de unos quince minutos la puerta de la entrada principal de la casa Uzumaki avisó al rubio que sus padres estaban en el hogar. Naruto me hizo esperar en la sala de estar, donde mis ansias me mataban. Luego de escuchar la conversación amistosa entre ellos, sus voces se hicieron más potentes, y pude escucharlas más cerca. Mucho más tarde la hora se hizo amiga del tiempo, era momento de que volviera a casa, estaba oscureciendo. Naruto me acompañó hasta la entrada, y antes de despedirme algo me sorprendió. Continuará…..
Finalmente se fue haciendo la hora de la pijamada party, me vestí adecuadamente, armé un pequeño bolso y partí hacia la casa de Sakura. Al llegar me recibió su madre, la cual me hizo pasar al cuarto de ella que se encontraba subiendo unas escaleras de madera, en la segunda habitación a la izquierda. Golpeé la puerta y de inmediato se abrió, era Sakura. Me sonrió y me hizo pasar.
-Adelante Hinata.
-Gracias.
Al pasar ya se encontraba Ino y Tenten, sólo faltaba yo. Estaban comiendo papas fritas y tenían un vaso de gaseosa cada una, Sakura me sirvió por igual a mí, y me incorporé con ellas. Estábamos sentadas sobre una alfombra rosada, y a su alrededor se encontraban muchos puff y algunos que otros almohadones.
-Oye Ino, creo que la navidad es el momento donde los sentimientos deberían florecer. ¿No?
-S-Sakura! –Atajó sonrojada. –S-Shikamaru no me ve como más que eso, no es como a ti, Sasuke si te quiere.
-No seas tonta! Shikamaru, está perdidamente enamorado de ti, solo que no te das cuenta.
-G-Gracias.
-Ustedes tienen suerte. –Confesó Tenten segundos después, algo sonrojada. –A Lee no le importa otra cosa más que las artes marciales.
-¡Ah! –Comencé yo. –Pero, según Neji, Lee siente algo por ti Tenten.
-¿Eh? –Se sorprendió, se sonrojó y luego añadió. –Pero…Hinata, tú no quedas muy atrás tampoco. ¿Qué hay de Naruto?
-Y-Yo….Eh…-Intenté defenderme.
-Ya sé. ¿Por qué no lo invitas a algún lugar antes de Navidad?
A penas llegué a casa tuve la fortuna de que ni mi padre ni mi primo estuvieran, la única que se encontraba era mi hermanita pequeña de trece años, la cual se encontraba con su compañero de curso, Konohamaru. Siempre pensé que entre ellos dos había más que compañeros, pero jamás me atreví a preguntarle a Hanabi nada de eso, ya que nuestra relación no era tan unida como debería ser, a lo mejor la diferencia de edades era su respuesta.
Atravesé el living y luego salí de la sala, para dirigirme hacia los pasillos que me conducían directamente hacia mi habitación. Enfilando por el piso de tatami llegaría hacía las escaleras también de maderas, que al subir por ellas, dos habitaciones más me encontraría con mi cuarto. Abrí la puerta y la cerré a mis espaldas, una vez adentro busqué dentro de mi bolso de color negro mi celular, el cual era de color blanco. Deslicé la tapa y de inmediato tanteé para buscar el número de Naruto. Al encontrarlo, mis manos comenzaron a temblar notablemente.
Me recosté sobre mi cama, mirando el techo, y cada tanto mi celular, el cual estaba en mi mano derecha, esta abierta. Sin dudas la timidez me aferró una vez más. Era muy difícil para mí hacer una llamada telefónica al chico más extrovertido de la escuela, ya que una vez que él atendiera el aparato, su voz se escucharía detrás de éste y mis sentidos perderían control de todo. La torpeza dominaría sobre mí, los nervios serían signo de timidez, y la voz no saldría de mi boca por nada del mundo. Y sin contar mis mejillas, que con solo sentir la respiración de él, se tornarían totalmente rojas.
Sin embargo, tenía que hacerlo. Era momento que mis miedos quedaran atrás, al fin saldría con él, sin que nadie se entere. No era la situación exacta para que mi cobardía me dejara llevar. Nuevamente tomé el celular, lo encerré en mi mano y segundos después lo acerque a mi oído derecho, el teléfono ya estaba llamando. El sonido del aparato al hacer "pip" cada segundo consecutivo me ponía más nerviosa de lo que imaginaba, y por eso estoy segura que los conté a todos, hasta que este dejó de sonar y de inmediato escuché una voz muy pero muy familiar, casi me dieron ganas de arrojar el celular por los aires, me había asustado. A pesar de todo, esa voz no era la que yo pensé ya que sonaba femenina. ¿Me había equivocado de número?
-¿Sí? –Respondió desde el otro lado la voz femenina. –¿Quién es?
-A-Ah.. –Tartamudeé. Segundos después otra voz se escuchó por lo fondo, esta no era femenina sino que masculina. Y además era imposible confundirla.
-¡Madre! ¿Quién es en el celular?
-Pues no lo sé, Naruto-Kun. –Replicó la voz femenina.
-No atiendas si no sabes. –Discutió y luego dijo. -¿Hinata?
-N-Naruto…-Comencé nerviosa. –Yo…Lo siento por la hora. Yo…
-No te preocupes. –Calmó. -¿Qué necesitas?
-Este…El 23 ¿estas libre?
-¿23? –El silencio permaneció segundos. –No. ¿Por qué?
-Es que…-De repente fui interrumpida.
-¡AH!. Hinata, ahora que lo pienso mis padres no están el 23, es que tienen trabajo. ¿Quieres venir a casa? –Sugirió. Aunque la propuesta no estaba mal, pensé que me pondría más nerviosa aún, pero no quería desperdiciar nada.
-E-Está bien.
Salí de casa luego de que el reloj marcara las dos y media de la tarde, la casa de Naruto quedaba un poco lejos de la mía, sin embargo una caminata no me venía mal.
Aceleré un poco el paso cuando noté que el reloj analógico me alarmó que eran las 14:55, y la hora de encuentro era a las 15:00 hs. Me gustaba ser puntual. Al llegar me llevé una sorpresa, antes de que mi mano golpeara la puerta, ésta se abrió bruscamente. Me sorprendí y aguardé unos centímetros atrás.
-¡Hinata! Bienvenida. –Alarmó Naruto, el cual abrió el paso para que entrara. –Adelante.
-Gracias. –Repliqué nerviosa.
Mientras que por su parte quedó inmóvil, no supe el por qué, sin embargo entré. Me hizo atravesar un pequeño pasillo que nos conducía hasta el living. Me senté sobre el sofá más cercano y luego, Naruto con las manos dentro del bolsillo y mostrando nerviosismo propuso.
-¿Deseas tomar algo, Hinata-Chan? –No parecía estar actuando normal como siempre, sino todo lo contrario, lo noté muy nervioso. ¿Por qué sería eso?
-S-Sí, un té si no es mucha molestía.¿Quieres qué te ayude, Naruto-kun?
-No. –Atajó. –Yo lo haré, no te preocupes. Tú espérame aquí.
-E-está bien.
Dio media vuelta y caminó en dirección contraria dirigiéndose a la cocina. Yo me quedé sola en la sala, no quise hacer eso, pero fue inevitable no observar la casa. En un modular que se encontraba detrás de los sofás, este tenía estanterías de vidrios y ventanas del mismo material, se encontraban diversas portas retrato. Entre ella pude notar a un bebé, el cual imaginé que era Naruto, a su lado se encontraban sus dos padres, su madre era pelirroja y su padre rubio. Ambos esbozaban una dulce sonrisa, muy encantadora, idéntica a la de Naruto, llena de confianza y honestidad.
Sonreí al ver aquélla foto, yo tenía una similar, sólo que no me encontraba con mis padres únicamente, sino que mi hermanita estaba en brazos de mi madre y yo a la par de mi padre. Al recorrer las demás fotos, estas dibujaban a Naruto, donde se veía claramente como iba creciendo. Hasta llegar a una última, donde en ésta pasó a ser una foto de él junto a su mejor amigo, Sasuke-kun. Al finalizar la mirada rápida de la galería de fotos, Naruto hizo su presencia otra vez. Con él llevaba la bandeja de plata, y sobre ésta las dos tazas de té negro. Apoyó la bandeja y colocó las tazas adecuadamente.
-¿Azúcar? –Consultó.
-Sí por favor. –Al servirme lo miré de reojo, sonrojada. Era la primera vez que estaba en su casa.
-Tengo algo de pasta flora en la cocina, lo traigo de inmediato. –El rubio volvió a salir rápidamente de la sala y volvió segundos después, la tarta de menbrillo se veía exquisita. –La cocinó mi madre, ella se enteró que venías así que te la preparó para ti. Si gustas puedes servirte.
-Gracias.
Por unos minutos pensé que los temas jamás vendrían a mí, y la desesperación por no poder decir algo me estaba poniendo aún peor. Mi boca se mantuvo ocupada por varios minutos que parecieron largos, ya que la taza de té estaba caliente y no podía terminarla rápido. Así que por no decir otra cosa, fue bastante excusa para quedarnos callados los dos.
-Hinata…-Empezó él. -¿Mañana qué harás por lo de fiesta navideña? ¿Le has comprado un regalo a Sasuke?
-Ah…Pues no sabía que regalarle. ¿Alguna sugerencia? –Dije avergonzada. En verdad me había olvidado de ése regalo.
-Pues, le gustan los tomates. Pero eso no es algo que pueda servir de mucho. Jejeje. –Propuso, aunque luego se rió de eso. –Creo que no le gustan mucho los regalos.
-Entiendo. –Corté.
Pareció que los temas de conversación habían muerto allí. Las palabras no querían salir de mi boca, estaba nerviosa y no paraba de pensar, que desde que llegué nunca quitó su vista de mí. ¿Acaso tenía algo raro?
-Hinata..¿Puedo decirte algo? –Sus ojos celestes se clavaron en los míos.
-¿S-sí?
-Te ves muy hermosa. –No pude verme, pero el calor me hacia notar que mi rostro se había puesto como un tomate. Eso fue demasiado repentino, y vergonzoso.
-N-Naruto-kun…
-¿Hinata?¿Estás bien?¡Hinata! –Mis ojos se cerraron bruscamente y me sentí debilitada instantáneamente, caí rendida. Todo se nubló.
-Hinata-Chan, al fin despiertas. Hace un rato te desmayaste, no sabes el susto que me pegaste. ¿Te encuentras mejor? ¿Verdad?
-Naruto! –Me sobresalté enseguida, estaba sobre su regazo. Otra vez me sonrojé fuertemente. -¡Lo siento!
-No te preocupes.
-Lo siento. ¿Qué hora es?
-Las cuatro y media de la tarde. Mis padres llegaran en minutos. Pero puedes quedarte. –Noté en su rostro un pequeño sonrojo, luego añadió. –Quiero presentártelos.
Mi corazón se aceleró.
-Madre. Te dije que vendría, ¿Recuerdas? Hinata.
-Casi me olvidaba, ¡qué tonta! –Al llegar a la sala de estar me petrifiqué del nerviosismo, ella era sin duda la mujer más hermosa que vi en mi vida. -¡Oh! Si es Hinata. Qué linda chica, Naruto…-A continuación susurró a Naruto algo que no pude deducir, él se sobresaltó.
-¡Madre! Hinata, ella es mi madre. Kushina Uzumaki, y el mi padre Minato Namikaze.
-U-Un placer. Hinata Hyuuga. –Hice una reverencia exagerada, y ellos rieron al unísono, eran muy simpáticos y agradables, por un momento sentí que ya era parte de la familia.
-¡Espera Hinata! –Volteé. –Ponte esta bufanda, hace mucho frío hoy. Además te queda muy bien. –Sin esperar respuesta ni negación mía, se acercó a unos centímetros de mí y me besó la frente, mis mejillas se enrojecieron.
-Naruto.
-Mañana quisiera verte otra vez. Pero por las dudas, Feliz navidad, Hinata.
-Gracias, feliz navidad para ti también Naruto.
Me despedí de él con una sonrisa, y me volteé para retomar mi camino, al hacer esto escuché la voz de su madre decir.
-Seria un placer tenerte como una más de la familia, Hinata. –Cortó y luego regañó a Naruto en forma de orden. –Y tú…Más te vale que no desperdicies a una chica tan gentil como es Hinata-Chan. Tontito.
-Mamá….-Se quejó por lo bajo. –No sigas, por favor. Harás que Hinata se desmaye otra vez….
Por suerte eso no pasó. Estaba contenta, jamás me arrepentí de ese encuentro. Gracias chicas.
