Título de la Obra: Episodios, memorias de Britania

Título del Capítulo: Hombres de verdad

Personajes del Capítulo: Arturo y Lancelot. Mención de caballero imaginario, es decir, un OCC o como le llamen.

Notas de la Autora y Advertencias: Han recibido esta historia extraordinariamente bien. No esperaba que hubiera tanta gente en esta sección. Lamento haberme tardado tanto en actualizar... de hecho, no tenía pensado escribir esto hoy, así que agradézcanle a Tristana porque su presión ha sido efectiva. Hablando de eso, creo que sería justo que conteste los bellos reviews que me han dejado:

Arancha: muchas gracias por ser la primera en dejarme reviews en todas mis historias de KA... así que hice este capítulo sobre Lancelot, tal como me pediste, espero que te guste.

Agus y Moony: pues, supongo que ustedes también disfrutarán de un capi con Lancelot... gracias por el review .

Tristana: realmente te agradezco muchísimo, porque fue tu dulzura conmigo lo que me impulsó a escribir este capi. Me alegra mucho que también te guste Tristán . Mi compu estuvo empapelada con imágenes suyas durante un buen tiempo... En fin, tengo un capi preparado en que aparecen Tristán y Gawain (de hecho fue el primero que escribí), pero va mucho más adelante, porque ahí ya son adultos. Así que no sé de qué irá el siguiente capi... espero hacer algo bueno .

Nokki-chan: pues, entonces, es un honor recibir un review de tu parte. Espero que este capi te guste aunque no aparezca Tristán... Tus palabras me halagan mucho, muchas gracias!

Bueno, en este capi van a ver a un Lancelot muy aniñado... pero piénsenlo como un chico de unos trece años que aún no ha matado a nadie. Eso es un dato.

Ahora, sin más, pueden ir directo al capi.

OoOoOoOoO

El niño estaba solo, arrodillado, escondido. El niño lloraba porque había algo dentro suyo que no podía contener.

-Yo... no... no pude...

Las lágrimas caían desprolijamente sobre el heno. Había corrido a esconderse a los establos, aún no sabía porqué, pero había corrido directo hacia allí y, adivinaba, no sería la última vez.

Dio un puñetazo al suelo. Hacer eso era una chiquilinada. Y lo peor era que él lo sabía. Lo sabía muy bien.

No oyó los pasos. Había tanto, tanto dando vueltas en su cabeza contra su voluntad, que no pudo darse cuenta, no pudo oír los pasos.

No obstante, sí sintió la mano en su hombro. Y se volteó en seguida, asustado. No, no le daba miedo que lo descubrieran en su patética fuga. No, lo que él temía era, todavía, al enemigo, al gran enemigo y sus lanzas y espadas y armas extrañas, al gran enemigo que era adulto y que había descuartizado a un compañero frente a sus ojos. Sí, lo que verdaderamente le daba miedo era el enemigo.

-No tengas miedo, Lancelot...

-Yo... ¡Yo no estoy llorando!

El hombre, el caballero que amablemente le sonreía, era Arturo. Sonreía, sonreía pensando en que él no había dicho que estuviese llorando. Él no le había recriminado nada en lo absoluto, pero Lancelot entrecerraba los ojos con fuerza, defendiéndose de un ataque mortal.

-Lancelot, un hombre no es tal por llorar o no llorar. Un hombre que no tiene miedos es un simple insensato. –Lancelot iba a protestar, pero Arturo, agachándose, lo abrazó suavemente y le pidió silencio. –No, no, escuchame un momento. Un hombre es hombre cuando no se avergüenza de sí mismo.

-Pero yo... yo sí estoy avergonzado.

-Bien. Entonces ya sabes que no tendrías que estar haciendo.

Ocurrió un silencio y ambos se quedaron quietos dentro del abrazo, dirigiendo sus miradas a distintas direcciones.

-¿Arturo?

-¿Sí?

-¿Tú también sientes que... hay algo que no tendrías que estar haciendo?

Arturo bajó la cabeza para poder verle a los ojos.

-Acaba de morir un caballero, Lancelot. Murió porque no fui capaz de salvarlo.

-Eso no es cierto, no fue tu...

El capitán hizo una seña con el dedo para que hiciera silencio.

-Tampoco fue la tuya. No es tu culpa estar aquí. No es tu culpa haber visto cosas que ningún hombre debería ver jamás. Y sin embargo, te encuentro llorando, solo. ¿Piensas que somos tan diferentes?

-Yo...

-Ni siquiera los años nos distancian, querido Lancelot. Quiero que pienses en todo eso. Piensa en que no somos culpables de nada. Pero cada acción que tomamos, cada uno de nuestros sentimientos, están bajo nuestra responsabilidad. Y reconocer eso... eso es lo que nos hace hombres.

Arturo se puso de pie, deshaciendo el gesto paternal. Antes de irse, lo miró una vez más, diciendo:

-Y, creéme, haya sido el miedo o cualquier otra cosa lo que te impidió matar hoy... algún día desearás seguir teniéndolo. –Hizo una pausa. Luego prosiguió. -Si quieres llorar la muerte de nuestro compañero... puedes venir conmigo y los demás caballeros. Verás que no eres el único hombre que llora.

Lancelot permaneció unos instantes solo. Luego se paró. Se sacudió las ropas. Los establos quedaron atrás, ocultos por la lluvia.

OoOoOoOoO

:: Lila Negra ::

Miércoles, 01 de Diciembre de 2004