Prompt: Tabla smut. #49 Corazón. [smut96_es]
Personajes/parejas: Jellal/Erza.
Extensión: 580 palabras.
Notas: Tercer capítulo. La verdad, es primera vez que escribo de esta pareja y de leerla con los dedos de una mano, me parece, así que no sé qué tal. Igual, espero te guste Luciel-San.
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Corazón.
Jellal&Erza.
Y es que, aunque Jellal se empeñase en poner barreras entre ellos, Erza estaba empeñada en romperlas; porque —independiente de la diferencia de edad que ahora presentaban— sentía por alguna extraña razón tener las cosas más claras que él. Por eso, muy seguramente, había sido la que inició el contacto. Un beso —suave, corto— que había quebrantado los esquemas; esos construidos en torno al eterno «no te merezco» que la sacaba, levemente, de quicio. Y quizás por eso, por esa estúpida frase pendiendo de los labios de él, el segundo beso había sido más apasionado.
Dicen que la tercera es la vencida, y de seguro por eso para el tercer beso finalmente Jellal había demostrado intelecto y le había devuelto el gesto.
Por supuesto, entre eso y lo de ahora había un trecho, y muy factiblemente ese era el motivo por el que la descolocada ahora era ella.
¡¿Exactamente cómo habían llegado a eso?!
No es que la molestara —en lo absoluto, por supuesto que no era eso— pero si le daba algo de vergüenza. Porque era una mujer apasionada, indudablemente, pero en los temas íntimos no era la más experta, menos cuando gran parte de su vida había rehuido abrirse a los demás. Curiosamente, a pesar de eso y su creciente decoro, estaba tranquila; de seguro porque de ser aquello siempre deseó que fuera con él.
No es que la reina de las hadas crea en cuentos de hadas, no —porque la historia de ellos se aleja un tanto de esos tópicos— pero sí lo compara un poco, el momento, con el «vivieron felices para siempre» que implica felicidad máxima en dichos cuentos. Y es que, en esos momentos, no puede estar más feliz.
Y en tanto deja unos momentos la coraza de mujer inalcanzable, la que no puede ser herida —en tanto se deja vulnerable ante él porque no teme ser herida, ya no— siente que esas susodichas barreras se esfuman como siempre soñó que fuera.
Así, juntos, sin impedimentos de por medio. Mordiéndole el labio y bajando sus manos por sus pectorales, porque aunque aún se muera un poco de vergüenza nada cambiara que en esos instantes no desea nada más en el mundo.
Un pastel de fresa no le vendría mal, pero puede ignorar el detalle.
Así que lo desnuda, a la vez que nota unas manos en su espalda y se plantea unos momentos qué necesidad tiene Jellal de ser tan delicado —no le parece ser el tipo de chica delicada— pero no dice nada porque ella también lo está siendo; un poco. Enrollando sus piernas en torno a su cadera, acercándolo a ella, besándolo con ansias. Sí, muy delicada, casi le induce culpa la risa nerviosa de él. Porque Erza Scarlet no se va con rodeos, ese día menos que nunca.
Y quiere; ahí, ahora.
—Erza —otra risa nerviosa, y un poco avergonzada—, esto es un callejón.
Hombres.
—¿Y?
Que venga alguien a intentar arrestarla por conducta publica inapropiada, a ver si se atreve.
Porque en esos momentos Erza tiene claro lo que quiere, y lo que quiere es hacerlo ahí mismo con el hombre que ama independiente del pudor que pueda sentir —que dada la situación, tampoco ha de ser mucho—. Porque en esos momentos solo quiere que disfruten del otro, sin barreras ni ataduras de por medio.
Porque solo quiere ser feliz, aunque sea un instante.
Y es que, aunque él se empeñase en alejarla, Erza sabía que su felicidad estaba ahí.
No sé qué tal quedo; ojala te guste igualmente, Luciel-San.
Nos leemos.
