Nota de la autora:

Muchos saludos y besos a todos los que se dignan seguir este intento de ff... especialmente de aquellas lindas personitas que me dejaron un review. A partir de este cap voy a agradecerles personalmente enviándoles un mensajea su casilla si son usuarios de este foro o en su defecto a su e-mail, si no lo son. Por lo tanto, si eres anónimo y vas a verte guapo o guapa escribiéndome un review... dame tu e-mail para podertelo agradecer. ¿ok? Esto debido a queno se permite contestar los reviews en el capítulo.

Muchas gracias a S.Lily Potter, Mary, Sakura Shidou, Aiosami, Jim (que por cierto, tienes tu e-mail saturado y me regresó el mail que te envié, lo siento...pero muchas gracias por tu review!), Valentina, Pily, Skuld (para la otra déjame tu e-mail, y muchas, muchas gracias por tu amable review!), Hikari Katsuragi, Leodyn, Motita Witch, Arashi, Zahra, Karen y Roxy'Pamevellsz... Un millón ochocientas cuatro gracias a todos ustedes y besos también!

Les dejo con este nuevo cap... espero que no lo encuentren aburrido y que les emocione la guerra desatada entre nuestros protagonistas. Y es sólo el comienzo.

Capítulo 3

El cobarde y la perversa

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"¡Oh amor, envenenado por el odio!

¡Oh odio mezclado de ternura!"

Esa noche, él estaba con ella por primera vez. Fue realmente sensual y perturbador, como con ninguna otra mujer. Conoció su cuerpo, recorrió su piel. Le besó hasta el alma y se metió en su ser. Su mano le estrujaba el cabello con fuerza, sintiendo sus hebras sedosas enredarse entre sus dedos, mientras se movía con violencia sobre ella… Con desesperación. Era alucinante, creyó prever el pronto el final… Gimió con furia.

De repente, escuchó un sonido surgido de la nada… Un golpeteo que empezó tenue pero que fue tomando potencia, y se sobresaltó.

Dejó la visión del cuerpo de ella por un momento para mirar a su alrededor. Era oscuridad total… Empezó a sentir su cuerpo muy pesado y la sensación de estar dentro de ella comenzó a desvanecerse con rapidez. Y fue cuando se percató que estaba soñando.

Quiso aferrarse al sueño, apretó los ojos con desesperación… No quiero despertar. ¡Maldita sea, todavía no!

Pero al final despertó… Decepcionado y sin abrir los ojos, sintió su cuerpo volver a la realidad de su cama… dejó de percibir el calor de ella y se reencontró con el frío de su habitación de Hogwarts, la cual estaba ya claramente iluminada. Su cabeza estaba reposada en una almohada, y su mano derecha descansaba debajo de ésta… precisamente era la mano que soñó envuelta entre sus cabellos. Movió los dedos y se dio cuenta lo que en verdad éstos tocaban… era la tela suave y ligera de la mantilla de la Weasley.

La jaló con delicadeza, sacándola del escondite de debajo de su almohada.

Aún con los ojos cerrados, sumergió su rostro en el tejido perfumado… Estaba impregnado del aroma de ella, leve pero persistente aún después de quince días. Olor a jazmín, a durazno… a canela. Era raro, Draco no lo podía definir. Pero le agradaba sobremanera. Y le recordaba la noche de hacía dos semanas, cuando pudo haberla hecho suya y la dejó escapar. Ella había huido dejando su mantilla tirada, y aunque él miró la prenda con desprecio y se dio la media vuelta para encaminarse a su sala común…

No había avanzado ni un par de metros cuando retrocedió sus pasos para rescatar la tela del suelo… a la luz de la antorcha la recogió y la admiró con algo que él quiso fuera repugnancia y asco. Tejido de punto… seguramente hecho en casa… Una baratija. Claro, no se puede esperar menos de una muerta de hambre como ella…

Pero a pesar de su negación y contrario a lo que deseaba, ese pedazo de prenda lo obsesionó. Era ligero y fino, de color negro brillante. Apretó su puño con ansiedad mientras retenía la mantilla en él y, volteando a todos lados para asegurarse que nadie lo mirara, procedió a acercar la tela perfumada hasta su cara…

La cual le regaló el olor de la que acababa de besar con pasión. Draco no supo si fue un obsequio o una maldición, pero de cualquier modo la ocultó en su túnica para llevársela consigo y, posteriormente, en su habitación, la escondió bajo su almohada, perdiéndose en ella cada noche desde entonces… abrazándola contra su pecho como un niño pequeño a su oso de felpa; imaginando con ella lo que pudo haber sido y no fue; o como en ese sueño… creyendo que al tocarla era el suave cabello de Ginny lo que acariciaba.

Suspiró mientras terminaba de dejar los brazos de Morfeo y volvía a la realidad, y entonces se dio cuenta de los golpes persistentes en la puerta del dormitorio de los chicos Slytherin de sexto. Eso fue lo que lo había despertado… Gruñó malhumorado mientras escondía de nuevo la mantilla de su adoración, preguntándose quién sería el que estaba tocando y que había interrumpido su excitante sueño…

Quien quiera que fuera, aparentemente se cansó de esperar que alguien le abriera y entró… Draco oyó pasos suaves y apresurados que llegaban ante su cama, y luego una empalagosa voz femenina que decía:

-¡Qué imbécil eres, Vincent! –escuchó que Pansy le gritaba a Crabbe. -¿Porqué no me abrías la puerta?. ¡Tengo media hora golpeando!... ¿Sabes qué?. ¡Lárgate!... Necesito hablar con Draco.

Draco escuchó la cama de Crabbe rechinar cuándo éste dejó de aplastarla con su tremendo peso, y luego lo oyó salir del cuarto arrastrando los pies como era su hábito. El rubio volvió a suspirar, pero ahora de fastidio… Creyó saber a qué venía su trigueña amiga y eso lo molestó.

-Draquito… ¿duermes aún? –le preguntó ella a escasos centímetros de su rostro. Draco pudo oler su perfume, que aunque no era desagradable, en ese momento le provocó nauseas y ganas de enfermarse.

-¿Qué diablos quieres, Pansy? –le preguntó con voz ronca, abriendo apenas un poco los ojos. Miró cómo ella le sonreía coquetamente, tenía sus mejillas sonrosadas seguramente por el frío. Era obvio que acababa de llegar de casa después de estar las vacaciones con su familia, y no había podido dejar pasar la oportunidad de pillar a Draco a solas en su cama.

-Mi dragoncito refunfuñón –dijo ella melosamente y Draco puso los ojos en blanco, hastiado. Ella agachó su rostro hacia el de él, en un intento por alcanzar su boca con los labios.

Pero Draco desvió su cara con brusquedad hacia otro lado, deseando que Pansy se molestara y se largara de ahí dejándolo tranquilo. Pero la chica era persistente, de hecho, llevaba más de un año tratando de seducir al muchacho. Así que él sabía que no se daría por vencida con facilidad. Draco la miró de nuevo con gesto adusto, pero ella sólo se limitó a levantar sus labios en un mohín de niña consentida, guardándose la indignación que probablemente sintió.

-Veo que no estás de buen humor… ¿qué te pasa?. ¿Pasaste malas fiestas?... Debí haberme quedado contigo a acompañarte. ¿verdad? Te pude haber ayudado con esa misión que el señor Oscuro te ha encomendado… claro, siempre y cuando tú tuvieras la confianza para contármelo… ¿eh, Draco?

-Cállate mujer… hablas demasiado –le susurró Draco. –Haces que me duela la cabeza.

-Pues si quieres que hable menos, tendrás que mantenerme ocupada. ¿No crees? –dijo la chica sonriendo y acto seguido, tomó el cobertor con que Draco se cobijaba y descubrió al chico por completo, dejándolo a la vista de ella con todo y la todavía eminente erección provocada por su sueño interrumpido, notoria aún bajo los pijamas de Draco.

Pansy abrió la boca y se quedó muda un momento al ver a Draco tan estimulado; y entonces él, ya totalmente despabilado por la rabia que sentía, se levantó de la cama y le arrebató con rudeza la manta, para podérsela enredar sobre las caderas. Tomó bruscamente a la chica de uno de sus brazos, y la dirigió con hostilidad y decisión hacia la puerta del dormitorio.

-Nunca… -le decía Draco enfurecido. –Vuelvas a… entrar así.

Ella agitó con tosquedad su brazo para liberarse del puño del rubio, y mirándolo divertida le dijo:

-Pero. ¿por qué estás así, Draquito? -señaló con un dedo la parte baja del chico. -¿Acaso estabas soñando conmigo?

Draco rió de buena gana y le respondió entre carcajadas: -El día que tenga pesadillas contigo, te juro que escucharás mis gritos de terror hasta tu habitación, Pansy.

La sonrisa de la muchacha se desvaneció y su rostro se puso más rojo de lo que estaba por el frío.

-¿Pensabas… en otra chica, verdad?

Draco no le respondió nada, sólo suspiró sin quitarle la vista de encima. La verdad de las cosas, es que antes de lo sucedido con Ginny no se había acostado con Pansy no porque no tuviera ganas, sino por temor a que el padre de ella (que tenía fama de ser un mago con grandes influencias y pocos escrúpulos) se enterara y los obligara a casarse al terminar la escuela… Así que, inteligentemente y con esfuerzo, se había tenido que aguantar los coqueteos de la chica sin caer en sus garras.

Pero ahora las cosas eran diferentes. Tener sexo con Pansy ya no se le antojaba en lo absoluto. Su presencia ya no despertaba en él ningún deseo… ¿Y cómo, si todo el maldito tiempo sólo pensaba en la pobretona pelirroja?

Pansy pareció darse por vencida por el momento y salió por la puerta con aires de desdeñada… no sin antes decirle al muchacho:

-Algún día, Draco… me he jurado que mi primera vez será contigo, y lo he de cumplir a cómo de lugar. Ya lo verás.

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Ese mismo día, después de desayunar, Draco se dirigió a paso resuelto al séptimo piso, con rumbo a la Sala de los Menesteres, dispuesto a quedarse todo el día encerrado ahí… No soportaba la ansiedad que le provocaba saber que la Weasley podría llegar al castillo en cualquier momento y el temor de podérsela encontrar a la vuelta de alguna esquina lo estaba consumiendo.

Iba caminado a prisa, y al pasar por fuera del aula de Defensa contra las Artes Oscuras cuya puerta estaba abierta, una voz profunda lo llamó:

-Draco… Qué sorpresa.

Draco miró a Snape dentro del aula, y deseó salir corriendo de ahí pues sabía lo que el profesor le diría. Pero antes de que pudiera huir, Snape le hizo una seña con la mano para que se acercara, y no teniendo otra alternativa, Draco obedeció.

Entró al lugar y caminó a grandes zancadas hasta el escritorio del profesor, que en ese momento se encontraba ocupado vaciando, con ayuda de su varita, una poción muy líquida y transparente desde un caldero hasta una botellita.

-¿Está preocupado por la pureza del agua de Hogwarts, señor? –preguntó Draco en son de burla, con una amplia sonrisa. -¿Es por eso que la hierve y la embotella para su uso personal?

Snape lo miró con desagrado, y le explicó, sin dejar de aplicarse a su labor:

-Esto, querido Draco, no es agua, como tu ignorante cerebro cree… es una poción tan rara como difícil de elaborar, llamada "Purificadora de Sentimientos"…

Draco no pudo reprimir un resoplido al escuchar semejante nombre de poción…

-¿Qué ridiculez es esa, profesor? Francamente, espero que no sea para usted, porque sino, en ese caso, lo veríamos con sus sentimientos tan puros que hasta es capaz de sentir amor por Potter y los sangre sucia, señor… -ironizó Draco bastante divertido.

-Qué curioso que menciones a nuestro querido amigo "El elegido", Draco… -murmuró Snape sin inmutarse por las bromas del rubio. –Porque, precisamente, esta poción es para él… encargo especial de la profesora McGonagall para su estimado ñoño… quiero decir, niño-que-vivió. Y presumo que te encantaría saber para qué es la pócima. ¿Verdad, Draco?

El muchacho se quedo callado, sopesando la pregunta y tratando de adivinar las intenciones reales de Snape. Draco sabía, porque conocía a su ex profesor de Pociones y por las referencias otorgadas por su tía Bella, que el desagradable hombre no era de fiar… que realmente no se sabía si estaba del lado del Señor Oscuro o sólo fingía para servir de espía de Dumbledore… por lo tanto, Draco no podía ni debía confiar en él. Y creyó ver en su elocuente charla sobre esa poción una manera de hacer sentir seguro a Draco para que a éste se le soltara la lengua también…

Pero jamás le diría sobre sus misiones… Draco no era estúpido, no se vendería por un chisme barato sobre Potter.

Aunque, por otra parte… resultaba sumamente tentador saber qué había llevado al cara partida a necesitar semejante pócima de nombre tan cursi y ridículo.

Cuidándose de no pensar en sus misiones mientras miraba al Snape a los ojos, Draco le cuestionó:

-¿En qué estúpido lío se ha metido Potter para ocupar tomar eso, señor?

Snape sonrió por primera vez, de un modo enigmático… quizá creyendo que se había echado a Draco al bolsillo de nuevo, como antaño.

-Habrás sabido que el nuevo… o mejor dicho, el viejo profesor de Pociones, Horace Slughorn… -Snape hizo una mueca de desprecio. –Envió a Potter y a Granger a una cacería de cuernos de unicornios, con el claro propósito de obtener material extra para su uso personal –miró a Draco y éste asintió… realmente sí recordaba eso, había sucedido unas semanas antes de salir de vacaciones. Snape continuó: -Pues bien, al parecer los torpes hicieron algo mal, lo cual no me sorprende en lo más mínimo; y una… curiosa maldición cayó sobre nuestro muy querido amigo. Lo que ahora lo hace necesitar de mis dotes de grandioso elaborador de pociones curativas.

Draco creyó poder tener al alcance algún motivo extra para burlarse de su odiado enemigo, así que no pudiendo resistir la tentación, le preguntó a Snape:

-¿Maldición? Y. ¿qué le provoca exactamente señor?. ¿Va a morir?. ¿No lo puede dejar así como está?

-Ojala pudiera, Draco… sería muy divertido en realidad. Pero todo el profesorado se ha enterado y exigen su cura inmediata, por desgracia. Y lo que le provoca la maldición es perseguir como un maniático sexual a nuestra bocona sangre sucia Granger…

Draco hizo un desagradable ruido con su boca, como si aparentara querer enfermarse, y exclamó haciendo cara de asco: -¿Granger? Por Merlín, sabía que Potter tenía malos ratos, pero no malos gustos… ¿no pudo elegir otra mejor?

De repente, Ginny Weasley se le vino a la mente como posible candidata, y entonces agradeció que fuera la Granger el objeto de la obsesión de Potter y no la pelirroja, porque sino, Draco sería capaz de descuartizarlo con sus propias manos… Ni siquiera se preguntó porqué, sólo sabía que eso haría…

Y como si un bat lo golpeara con fuerza en la cabeza, recordó una de sus misiones… sintió que la sangre se le bajaba a los talones y el aire le faltaba… con voz trémula, preguntó:

-Usted quiere decir, señor… que Potter está enamorado… de…

-¿Enamorado? No, no… yo no lo llamaría amor. Es sólo efecto de la maldición… Aunque, ahora que lo pienso, no sería extraño que el perdedor de Potter terminara enamorándose de una sangre sucia al igual que… -Snape apretó los labios con rencor antes de decir: -su padre, aquel idiota arrogante… Y eso no es todo, Draco… -prosiguió Snape con la sonrisa más curvada y sarcástica que nunca, -Aunque ciertamente esta poción curará a Potter y ambos podrán volver a sus patéticas vidas de nuevo… Podría ocurrir algo que provocaría que ahora fuera Granger la afectada por la maldición y le hiciera la vida de bellos y perfectos cuadritos al "Elegido". Qué divertido sería ver eso… Despreciado por la sangre sucia de sus sueños.

-No entiendo, señor…

-Lo que sé,es que por haber caído ambos en desgracia con ese unicornio, la maldición los ha envuelto en una espiral de sufrimiento, a no ser que también ella tomara la poción como precaución. Pero como la gente ordinaria no suele prever y parece que a nadie se le ocurrió que puede ocurrir… sólo me han solicitado que elabore una porción para él. Y lo encantador del asunto sería que si éstos dos estúpidos se enamoraran y mantuvieran relaciones… interesantes… la chica caerá en poder de la maldición y tendrá como único objetivo en su vida, maltratar a Potter una y otra vez. Literalmente, romperle el corazón…

-Es la maldición más absurda y chusca de la que he escuchado hablar, con todo respeto, señor –dijo Draco, creyendo que era la primera vez que oía mencionar que una maldición hiciera efecto a partir de tener sexo con alguien.

-Entiendo tu punto de vista, Draco… -siseó Snape con crueldad. -Pero mientras haga sufrir a quien se lo merece, creo que nos puede parecer entretenida. ¿no crees? Yo por lo menos he adquirido un repentino cariño por los unicornios.

-Pues sí, señor… pero yo… -Draco se detuvo en seco cuando se percató que estaba a punto de contarle a Snape que él tenía como misión evitar a toda costa que Potter se enamorara de alguien. O que ese alguien le correspondiera… miró al profesor, quien astutamente lo atravesaba con sus negros ojos. Pero Draco había aprendido a poner barreras en sus pensamientos, así que, por más que lo intentara no conseguiría sacarle ninguna información que Draco no quisiera darle.

Y creyendo que había tenido suficiente con las náuseas que todo el cuento de Potter le había ocasionado, salió de ahí alegando que tenía tareas de Defensa contra las Artes Oscuras pendientes por realizar… Snape lo dejó marchar a todas leguas decepcionado por no haber obtenido ni una palabra del rubio hacia él.

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Ese domingo, a media tarde, Ginny llegó a Hogwarts por medio de la red flu, de igual manera que casi todos los alumnos del colegio. Arribó acompañada de Ron y Harry, de quien se tuvieron que separar porque a él lo mandaron por su poción a la enfermería… Ginny se quedó pensando que ahora que Harry se viera libre de la enfermiza obsesión por Hermione, ella podría replantearse la posibilidad de empezar algo con el ojiverde… no sabía qué, pero necesitaba con extrema urgencia algo, lo que fuera, que la alejara del recuerdo de la noche donde casi hizo con Draco aquello… tenía que buscar un chico con quien llevar una relación que la hiciera sentir apasionada para poder olvidar, y eso, definitivamente con Dean no lo iba a lograr.

En eso estaba pensando cuando atravesaron el agujero del retrato y se encontraron de cara con Hermione, quien lucía bastante preocupada por algo… El rostro de Ron se iluminó al ver a la chica de cabello castaño, pero ésta lo ignoró por completo. La que no dejó oportunidad para saludar con efusividad a su hermano fue Lavender, quien atrapó al pelirrojo en un empalagoso abrazo. Mientras Ron luchaba por respirar, Hermione se acercó a Ginny y le preguntó:

-Ginny. ¿Harry… dónde está? –su voz era un murmullo tembloroso.

-McGonagall lo mandó a la enfermería por su poción… creí que lo sabías –Ginny la miró interrogante, pues tanto interés la hacía extrañarse. –Ya sabes, para curarse de la maldición…

-¡Sí, lo sabía! Pero… sólo quería asegurarme –respondió Hermione muy nerviosa. Sin decir más, salió de la sala común hacia la habitación de las chicas, dejando a la pelirroja con un mar de dudas. ¿Sería posible que Hermione sintiera por Harry algo más que amistad?. ¿O quizá sólo quería cerciorarse que no estuviera cerca de ella mientras tuviera aún la maldición encima? Seguramente sería lo último, pensó Ginny decidida… En eso, escuchó una conocida voz a sus espaldas:

-¡Ginny!. ¡Hola! –la saludó Dean emocionado.

Ginny sintió una punzada de remordimiento al recordar la manera en que lo había engañado hacía un par de semanas; además de un gran hastío por que estaba segura de no sentir nada ya por el muchacho… y es que él nunca había despertado en ella ningún tipo de pasión durante todos los meses de su noviazgo; contrariamente a Draco, quien la había hecho perder la razón en tan sólo unos minutos; y casi había logrado que ella estuviera dispuesta a entregarse a él… en aquel oscuro corredor.

Ginny suspiró con tristeza al pensar que eso le parecía tan lejano ya, que casi creía que había sido sólo su imaginación en verdad. Dean se acercó a ella y la besó muy sosamente en la mejilla, provocando que la chica echara de menos la exaltación que sólo Malfoy la hacía sentir con sus besos…

Pero el maldito y soberbio Slytherin la había llamado a ella "bruja resbalosa"… el muy estúpido. ¿Qué se había imaginado, que Ginny sería así con cualquiera? Si ni siquiera con su novio había alcanzado el nivel de intimidad logrado con Draco en un rato… ahora se daba cuenta que todo había sido un error. Desde haber permitido que él la besara y la acariciara como no lo había hecho nadie… sólo había logrado que él creyera que Ginny era una chica fácil…. Pensar en eso la enfureció. Y entonces maduró una idea que se le había ocurrido en La Madriguera… con Dean a su lado tendría el vehículo perfecto para una venganza.

Porque Ginny sabía, que a pesar que Draco se había alejado de ella y la había insultado y hasta amenazado con su varita… ella sabía que el rubio Slytherin estaba loco por ella. De no haber sido así, no se hubiera acercado… no la hubiera tocado ni besado… su deseo había sido tan intenso que le bajó el cierre de su vestido nada menos que con el simple pensamiento.

Así que, ni por un segundo le había creído la pose digna que había tomado al final de su encuentro… la payasadita esa de "ay, sí… bruja maldita y resbalosa, que asco te tengo…" no era más que una farsa para ocultar que por dentro se moría por ella.

Igual que ella por él… Dolorosamente, Ginny sabía que no tenía posibilidad alguna de realizar su loco sueño de estar con Draco, ni ahora ni nunca, pues eran demasiadas las cosas que a ambos los separaban. Pero de una cosa sí se encargaría ella: de que Draco lamentara sus palabras… que se odiara a él mismo por no haber aprovechado la oportunidad con ella.

Ginny sonrió satisfecha hacia Dean, quien ingenuamente pensó que el gesto era para él… y entonces, ella supo lo que tenía que hacer.

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Draco, quien había pasado todo el día anterior en la sala de los menesteres, no vio a Ginny sino hasta el lunes, cuando las clases se reiniciaron en medio del frío invierno de principios de Enero…

Muy temprano, el chico se dirigió a desayunar acompañado de su par habitual de gorilas, Crabbe y Goyle. La premura fue con el propósito de no encontrarse con la Weasley en el Comedor… no le quedaba claro porqué, pero tenía un terror inexplicable a volverla a ver. Era como si presintiera que ella lo odiaría y sabría que no podría soportar que ella lo mirara con sus bonitos ojos cargados de rencor en vez de con deseo.

Así trascurrió casi todo el día de Draco, evitando a capa y espada andar por los lugares y a las horas dónde él sabía se la podía encontrar. Pero como ni siquiera en Hogwarts puedes esconderte para siempre, el reencuentro tuvo lugar ya en la noche, justo después de la cena.

Draco había subido a cenar tarde… por la misma maldita razón: Para no verla. Porque aunque en el fondo se estuviese muriendo por mirarla de nuevo, el miedo era superior a eso.

Y Ginny, quien después de todo un día de no encontrar al rubio por ningún lado empezó a sospechar que la evitaba a propósito… ideó y le dio forma a su plan… Sonrió maquiavélicamente al salir del Comedor después de cenar, y entonces arrastró a Dean consigo hacia un oscuro corredor dónde ella sabía era lugar de paso para los Slytherins rumbo a su sala común desde el Gran Salón.

Dean se entusiasmó por la idea de Ginny de ir a charlar a un lugar solitario y lejano del bullicio, pues no era habitual que hicieran eso… se dejó llevar por ella a un pasillo que llevaba a las mazmorras y entonces se escondieron tras un viejo y mohoso tapiz que representaba un paisaje medieval…

Ella esperaba que el rubio pasara tarde o temprano por ahí… Tiene que cenar, por lo tanto… cuando camine por aquí, no sabe la sorpresita que se va a llevar.

Ginny estaba tan eufórica por llevar su venganza a cabo, que sus mejillas estaban sonrosadas y su frente sudorosa… esto, sumado a la extrañeza de su comportamiento, hizo que el ingenuo Dean creyera que estaba enferma. Le preguntó si quería darse una vuelta con Madame Pomfrey para una revisión, a lo que ella le respondió que lo que en verdad necesitaba era tener una plática con él…

Aguzaba el oído, completamente segura que Malfoy pasaría de un momento a otro… intentó distraer a Dean charlando de trivialidades mientras llegaba el momento… y entonces, oyendo pasos por el corredor, Ginny dejó a su desconcertado novio y asomó un poco la cabeza por el tapiz.

Con el corazón en un doloroso vuelco, comprobó que el dueño de ese ruido de pasos era el mismísimo Malfoy… quien caminaba solitario y con la cabeza gacha rumbo al Gran Comedor. Parecía más delgado y pálido que hacía quince días.

Por un momento, Ginny se sintió conmovida y estuvo a punto de desechar su idea de revancha por una inusitada ternura provocada por la apariencia triste y enfermiza del muchacho… Pero…

Entonces, vino a su mente de nuevo la imagen de Draco frente a ella con su varita apuntándole directo a la cara… seguido de sus crueles palabras… No, no daría marcha atrás. Lo pagarás, engreído, se dijo con furia. Volvió a esconderse junto con Dean, que estaba totalmente desconcertado.

Y cuando ella calculó que Malfoy estaría justo al lado de su escondite, se arrojó a los brazos de su novio y le dijo, en una voz tan alta que seguramente cualquiera a diez metros escucharía con claridad:

-¡Sí, Dean! Yo te amo y te deseo… como a nadie, mi amor. ¡No hay nadie en todo Hogwarts tas guapo y apetecible como tú!. ¡Nadie me hace sentir la pasión que sólo a tu lado experimento, Dean! –gritó ella y Dean abrió la boca lívido de la sorpresa, pues ella no solía hablar así nunca con él… Ginny dejó de oír los pasos de Draco por el pasillo y estaba casi segura que el rubio se había detenido al escuchar su voz… sonrió para sus adentros con malignidad. Ahora, daría la estocada final.

-¿De qué hablas, Ginny? –le cuestionó el chico moreno a la pelirroja, anonadado por su atrevimiento. -¿Te has vuelto loca?

-Lo que quiero decir es, querido Dean… que estas vacaciones lejos de ti me han hecho reflexionar y llegar a una conclusión. ¡Yo, Ginny Weasley… me quiero entregar a ti!... ¡Quiero que me hagas el amor! Tener sexo contigo. ¿Sabes?. ¡Eres el único hombre que se merece tal honor!

Dean abrió la boca e hizo un sonido que sonó como "garsp"… pero Ginny no le prestaba atención a su reacción; ella ponía su oído a trabajar en busca de algún ruido que le indicara si Draco seguía justo atrás del tapiz escuchando su conversación o se habría largado ya… Y como no oyó pisadas que se alejaran, supuso que el muchacho continuaba ahí. Veremos ahora que tan arrogante te sientes, maldito hurón.

Y para completar la función, Ginny se abalanzó sobre Dean y lo empujó hacia fuera de su escondite y, entonces, ya al descubierto en el pasillo, se prendió de él y lo besó con la mayor pasión que pudo fingir.

Y mientras un azorado Dean la abrazaba con timidez, Ginny abrió los ojos para encontrarse con la mirada de asco e incredulidad de Draco… quien totalmente humillado y derrotado, miraba la escena apenas a un par de metros de ellos, completamente paralizado.

Ginny se separó de Dean, quien apenas en ese momento se percató que eran observados por el Slytherin. Y sin que ninguno de los tres dijera palabra, ella tomó de la mano a su novio y se alejaron de ahí rumbo a la Torre Gryffindor… pasando junto a Draco y ella brindándole la mejor mirada de duro triunfo que fue capaz.

-Vayámonos, Dean… tú y yo necesitamos privacidad, y aquí sobran los… -miró a Draco a los ojos y susurró con odio: -grandísimos cobardes… Así que, hasta nunca, Malfoy.