A medida que los días fueron pasando todo fue volviendo a la normalidad. Todo, a excepción de mi amistad con Bella, pero sorprendentemente no me había afectado mucho. Vale, era cierto que extrañaba sus crisis por cosas tan simples como el no saber qué ponerse o elegir un color para pintarse las uñas, sus ideas alocadas, nuestras quedadas de chicas… Pero en fin, yo no había hecho nada (excepto llamarla zorra, pero era la pura verdad y no me arrepentía de mis palabras) y no iba a ir detrás de ella como un perrito faldero para que volviese a hablarme. Si ella quería, hablaríamos cuando se le bajasen los humos.
Poco a poco el tema que había dado tanto que hablar se iba escuchando menos, y las burlas hacia Jake también fueron disminuyendo. Por otro lado, lo que sí aumentó fue el número de chicas que, tras ver que Jacob estaba disponible, se le acercaban en cualquier sitio y en cualquier momento para intentar coquetear con él; incluso cuando yo estaba delante, haciéndome sentir como si yo fuese un hierbajo o algo así. Eso me ponía de los nervios. Sorprendentemente, él a penas hacía caso a todas esas chicas, prácticamente las rechazaba sin rodeos (sin llegar a ser maleducado, eso sí), haciendo que se fueran enfadadas y decepcionadas. Supuse que después de lo que había pasado con Bella no quería saber nada de tías durante un tiempo. Claro que yo era una excepción ya que él no me veía como una mujer, sino como una amiga… y estaba empezando a preguntarme si debía considerar eso como bueno o malo.
Ultimamente estaba experimentando sentimientos que creía olvidados y que salían a la luz en momentos como, por ejemplo, cuando Jake me sonreía cuando iba a verle a los entrenamientos de fútbol, cuando se metía conmigo cariñosamente, o como cuando me dio un beso en la mejilla por haber estado toda una tarde con él para ayudarle con su próximo examen de francés. Era consciente que todos aquellos gestos tenían para él un significado distinto que para mí, pero no podía evitar que mi corazón latiera desbocado en esos momentos. La verdad era que me sentía muy confusa, ¿por qué habían vuelto todos esos sentimientos justo ahora? Pensaba que todo eso había quedado en el olvido hacía años, porque sí, en un pasado bastante lejano yo estaba enamorada de Jacob (si así podía llamarlo, ya que en esos tiempos la palabra amor me quedaba muy grande) e incluso él parecía sentir algo por mí… pero los dos éramos unos críos. Me sentía… frustrada. Quería estrujar todo eso que sentía hasta convertirlo en algo diminuto y guardarlo en lo más profundo de mí, como lo hice tiempo atrás. Pero no podía, por más que lo intentara. Lo que sentía había ido creciendo hasta que me había estallado en la cara y ahora no podía ignorarlo.
—Esto es una enorme mierda —me dije a mí misma.
Era viernes, estaba sentada en el escalón de la puerta de entrada al instituto, esperando a que Charlie viniera a recogerme en el coche para irnos a pasar la tarde en Port Angeles, ya que era su cumpleaños (sí, parece que todo el mundo se había puesto de acuerdo para nacer en las mismas fechas). El único inconveniente era que estaba lloviendo y el viento hacía que el agua llegase hasta donde yo estaba, así que el pequeño pórtico que había delante de la puerta servía de poco.
—¿Qué es una enorme mierda?
La voz de Jacob se sorprendió, sacándome de mis pensamientos. Pensaba que ya se había ido todo el mundo.
—Pues que me estoy poniendo perdida de agua —mentí a medias—. ¿Y tú qué haces aquí todavía?
—A todo el equipo nos han puesto a correr bajo la lluvia —cambió su voz para imitar la de su entrenador—. "Para que se fortalezcan vuestros cuerpos y mentes debiluchas".
—Lo que seguro que se fortalece este fin de semana va a ser una gran pulmonía —dije riéndome.
—¿No has traido paraguas? Podemos compartir el mío.
—No es eso. Estoy esperando a que Charlie me recoja para ir a Port Angeles.
—En ese caso, te haré compañía hasta que venga —dijo mientras se sentaba a mi lado.
Me estuvo contando cosas sobre el equipo, al parecer este año les estaban dando caña porque el entrenador se jubilaba y quería ganar la copa del campeonato de fútbol que se organizaba todos los años entre todos los institutos de los pueblos de alrededor. La cosa estaba complicada pero hasta ahora habían ganado un buen número de partidos clasificatorios así que no iban por mal camino, pero debían seguir mejorando si querían llegar hasta las últimas fases del campeonato. También me contó que él tenía prácticamente todas las papeletas para llevarse la beca deportiva que cada año concedía el instituto a un alumno. Me alegré mucho por él ya que una ayuda económica no le vendría nada mal para pagarse los estudios de la universidad, ese tema le había estado preocupando ya que él no trabajaba y la pobre paga que le daban a Billy les servía para llegar a fin de mes con dificultades.
—¿Sabes? Hoy tú has sido uno de los temas de conversación durante el entrenamiento.
—Ah, ¿sí? —exclamé sin esforzarme en mostrar interés—. ¿Por qué se estaban mofando de mí esta vez?
Me miró como si no pudiese creer lo que había dicho. ¿De qué se sorprendía? Como si no supiera de sobra que yo era el blanco de burla de muchísimas personas…
—¿Qué te hace pensar que te estaban insultando? —preguntó un poco molesto. Yo simplemente me encogí de hombros.
—Porque, o me estaban insultando, o entonces te has confundido y estaban hablando de otra persona.
—Pues que yo sepa, tú eres la única persona en Forks que se llama Renesmee, y me atrevo a decir que la única de todo el mundo —vale, en eso tenía razón—. Además, les hubiese mandado a todos al hospital con un brazo roto si te hubiesen insultado delante de mí —rodé los ojos ante su ocurrencia.
—Bueno, entonces, ilumíname. ¿A qué se debe que estuviesen hablando de mí y no para burlarse?
—Quil dijo que fuiste muy guapa al cumpleaños de Bella, y todos le dieron la razón.
Le miré con una ceja levantada en señal de incredulidad, sabía que esas palabras precisamente no habían podido salir de la boca de Quil. Él levantó las manos en señal de rendición al ver mi expresión.
—Está bien, lo que en realidad dijo fue: "¿Os habéis fijado en lo buena que está Renesmee? No me había dado cuenta hasta que la vi en la fiesta de Bella. Jacob, ¿sabes si sale con alguien? Porque si está libre creo que me voy a lanzar, es un pecado que una tía así esté sola; y si ya tiene algo con alguien da igual, seguro que después de un buen polvo ya no podrá resistirse a mí". Lo que pasa es que yo lo había suavizado un poco.
Viniendo de Quil no me sorprendió nada, siempre lo soltaba todo sin ningún tipo de tapujos. Lo que si me dejó a cuadros fue que dijera eso precisamente de mí, ¿en qué momento yo había despertado ese intererés en los tíos? Y la verdad, me sentía alagada en cierto modo.
—¿Y… qué le respondiste tú?
—Que no salías con nadie, que yo supiera.
Asentí con la cabeza.
Nos quedamos en silencio, mirando cómo caía la lluvia y cómo se formaban charcos cada vez más grandes en el suelo.
¿Por qué estaba tardando tanto Charlie en llegar?
—Ness…
Le miré. Se estaba pasando una mano por el pelo de forma un poco nerviosa.
—Bueno, es que al preguntarme eso Quil me he dado cuenta de que no tengo ni idea de si tienes algo con alguien o si le tienes el ojo echado a algún tío —le seguí mirando sin decir nada—. Lo que quiero decir es que nunca me has hablado de ti en ese sentido.
Bien. Calma. Que no cunda el pánico… ¿¡Y qué coño se supone que tengo que decirle ahora! Mierda.
—Sabes que no tengo nada con nadie. Si fuera así lo sabrías.
—¿Y te gusta alguien?
¡Joder! ¿Qué se supone que iba a decirle? "Sí, me he dado cuenta de que sigo enamorada hasta las trancas de ti como cuando era pequeña, pero me lo callo porque sé que jamás conseguiría tener una oportunidad contigo ya que tienes a todas las tías del pueblo a tus pies y elegirás a cualquiera de ellas antes que a mí". No, definitivamente no iba a decirle eso.
Me estaba poniendo realmente nerviosa y mi tiempo para pensar una respuesta ya se estaba agotando. Encima, Jake no dejaba de mirarme con curiosidad. Gracias a Dios, en ese momento apareció Charlie por la carretera y paró el coche frente a nosotros.
—¡Hola Jacob! No te veía desde hace tiempo. ¿Cómo te va? —mi padre saludó a mi amigo tras haber bajado la ventanilla del coche.
—Todo bien, jefe Swan.
—¡Por favor, llámame Charlie! Somos casi de la familia y no quiero formalidades. ¿Y qué tal está Billy? Creo que pronto le haré una visita.
Mientras ellos conversaban, aproveché para levantarme y colocarme la mochila a mi espalda. Después, me giré hacia Jacob para despedirme.
—Gracias por haberte quedado conmigo mientras llegaba Charlie. Nos vemos el lunes, ¿vale?
—Claro. Hasta el lunes.
No sabía si era producto de mi imaginación, pero me pareció ver una expresión de decepción en su rostro cuando me monté en el coche y le miré a través del cristal de la ventanilla.
—¿Te preocupa algo? Hoy no estás muy habladora.
Estábamos cenando en un restaurante bastante acogedor al que solíamos ir cuando visitabamos Port Angeles. Me sentí mal cuando Charlie dijo eso, ya que era su cumpleaños y yo estaba resultando ser una compañía realmente pésima. Llevaba un rato removiendo mis espaguetis en el plato, la verdad era que no tenía mucho apetito.
No había dejado de llover en todo el día. Por la tarde había conseguido arrastrar a regañadientes a mi padre al centro comercial para regalarle unas cuantas camisas ya que él no era muy dado a ir de compras. Más tarde fuimos a una librería, donde él se compró un manual de pesca y yo dos novelas que elegí leyendo la sinopsis de la tapa trasera.
Siempre me había gustado la compañía de Charlie. No era de ese tipo de padres que atosigan a sus hijos constantemente con preguntas o sacando temas de conversación forzados, sino que hablaba lo justo en los momentos precisos y lo mejor era que siempre sabía qué decir.
—No sé, llevo todo el día con la cabeza en otra parte.
—Ya sabes que puedes contarme lo que quieras, si te apetece.
Lo consideré. Para ser sincera, había muy pocas personas a las que les hablaba de mis cosas personales y normalmente solía guardarmelo todo para mí. Sabía que eso no era bueno y había que desahogarse de vez en cuando, pero ¿con quién iba a hacerlo? Antes de que Bella se enfadara conmigo ni siquiera confiaba lo suficiente en ella como para contarle mis cosas con pelos y señales, tan solo le decía lo justo y necesario (además, aunque entre nosotras las cosas siguieran igual que siempre, ni de coña iba a decirle que me gustaba su ex); en Jake siempre había confiado, pero obviamente no iba a hablar con él de él; Claire y Ángela eran buenas chicas pero no podía asegurar que no se fuesen a ir de la lengua. Así pues, ¿quién me quedaba?
—De acuerdo. Pero que conste que quiero que esto sea una conversación amigo-amiga y no padre-hija.
—Me parece bien. Pero dime, ¿ha pasado algo?
Le resumí de forma rápida los últimos acontecimientos. No se sorprendió para nada cuando le dije que Bella y Jake lo habían dejado, y me pareció ver un matiz de alegría en su rostro cuando se enteró de que Bella y yo ya ni siquiera nos dirigíamos la palabra (a Charlie nunca le había hecho gracia que yo fuese amiga de ella). Después le conté todo lo referente a Jacob y a lo que yo estaba sintiendo por él. Cuando acabé de hablar, se tomó un rato para procesar toda la información.
—A ver si lo he entendido: lo que te preocupa es que piensas que él no siente lo mismo por ti porque crees que él te ve sólo como una amiga.
—Sí. En resumidas cuentas, es eso.
—¿Y por qué no te sinceras con él y así sales de dudas?
Le miré como si hubiese soltado el mayor disparate del mundo (y de hecho, así era).
—No pienso hacer eso. Sé que no le gusto y lo único que conseguiría sería alejarlo de mí, y no quiero que eso ocurra.
Mi padre sonrió cuando dije eso.
—Después de haber crecido juntos durante tantos años, ¿de verdad crees que se iba a alejar de ti por una cosa así? Jacob no haría eso, él te quiere.
—Sí… pero no de la forma que yo desearía —murmuré para mí misma, fijando la vista en el mantel que cubría la mesa.
Mi padre suspiró y se bebió de un trago lo que quedaba de cerveza en su vaso.
—¿Te acuerdas de aquella vez en la que tú te vestiste con una sábana blanca y Jacob con un traje de su padre que le quedaba enorme y nos pedisteis a Billy y a mí que os lleváramos a la iglesia para que os casaran?
—¿De verdad hicimos eso? —pregunté realmente sorprendida. Intenté hacer memoria, pero no lo recordaba.
—De verdad. Cada vez que lo pienso no puedo evitar reirme, fue uno de esos momentos que no se olvidan facilmente. Recuerdo que Billy y yo estallamos en carcajadas y Jacob se enfadó mucho, nos gritó algo así como: "¡No os riais! ¡Nessie y yo vamos a casarnos porque nos queremos mucho y vamos a estar siempre juntos!" —efectivamente, mi padre no podía parar de reirse. Al final me acabó contagiando a mí también la risa—. Lástima que no se me ocurriera en aquel momento haceros una foto. En fin, lo que quiero decir es que tú misma has comprobado que, a pesar de los años, los sentimientos no cambian tanto: cuando eras pequeña te gustaba Jake y ahora que eres casi una adulta te sigue gustando; si aplicamos esa misma regla, puede que a él también le haya pasado algo parecido.
La conclusión a la que había llegado mi padre tenía su lógica, pero, lamentablemente, sabía que no se le podía echar mucha mano a la lógica en los asuntos del corazón.
Un estornudo, dos estornudos, tres estornudos. Cogí un pañuelo de papel.
Al menos, cada vez estornudaba con menos frecuencia, no había vuelto a tener fiebre desde el sábado por la noche y la rojez de mi nariz parecía que había disminuido un poco. Las ojeras también seguían en mi rostro, pero no tan intensas. "Bueno, ahora tengo menos aspecto de cadáver" pensé cuando terminé de hacerme un reconocimiento frente al espejo.
No había sido muy buena idea ir el viernes a Port Angeles. La intensa lluvia, el viento y el frío que anunciaba la inminente llegada del invierno habían hecho mella en mí provocándome un resfriado en el fin de semana. Hoy, lunes, me había despertado mucho mejor pero Charlie se había negado a que fuese a clase por si empeoraba a lo largo de la mañana. Me había pasado todo el día tremendamente aburrida, arrastrándome a mí misma de la cama al sofá, del sofá a la nevera, de la nevera al cuarto de baño, y así sucesivamente.
Después de haberme pegado casi una hora metida en la bañera dándome un baño relajante, me puse un pijama limpio y bajé al salón por si se dignaban a emitir alguna serie decente o algo así en la televisión, porque ya me había cansado de tanto programa de cotilleo y telenovelas con tramas totalmente surrealistas; sino, me pondría a jugar a la PlayStation. Así pues, me tiré en el sofá y me apoderé del mando de la TV.
—Renesmee, en la mesa de la cocina te he dejado dinero para que pidas una pizza o lo que te apetezca —dijo mi padre mientras salía de la cocina y se ponía la chaqueta de su uniforme de policía—. No dudes en llamarme si te vuelve la fiebre o si te encuentras peor, ¿vale?
—¿Ya te vas?
—Para ser más exactos hace quince minutos que me tenía que haber ido, pero he querido poner el lavavajillas antes de irme, y ambos sabemos que estas nuevas tecnologías se me resisten —al pobre se le pusieron las mejillas coloradas tras decir eso y tuve que reprimir la risa.
—Pues me lo hubieses dicho y lo ponía yo.
—De eso nada, estás enferma y es mejor que no hagas esfuerzos.
—Papá, estoy resfriada, no embarazada —dije rodando los ojos.
—Ya lo sé.
Me dio un beso en la frente, luego miró el reloj de su muñeca y se fue rápidamente hacia la puerta de la entrada.
—Recuerdas el número de la oficina, ¿verdad?
—¡Que sí! Vas a llegar tarde, ¡deja de entretenerte!
—Vale, vale. Nos vemos mañana.
Una brisa helada procedente del exterior entró cuando mi padre abrió la puerta, pero éste la cerró rápidamente. Oí el motor del coche hasta que el sonido se perdió por la carretera.
Estuve un buen rato haciendo zapping en la TV hasta que encontré un programa sobre fenómenos paranormales. Lo cierto es que no me tragaba ninguna de esas historias pero algunas resultaban curiosas, y si no, al menos me reiría con las chorradas que decían.
Estaban contando la típica historia de la casa encantada cuando llamaron al timbre. Me sobresalté un poco ya que no me lo esperaba (y también porque el dichoso programa estaba haciendo efecto en mi subconciente, pero eso nunca lo admitiría). Me levanté a regañadientes y abrí la puerta, viendo a un Jacob con una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Hola Jake! ¿Qué…
Pero no me dio tiempo a terminar la frase ya que se abalanzó sobre mí, abrazándome y levantándome por los aires.
—¿Se puede saber a qué viene este saludo tan efusivo? —pregunté completamente extrañada una vez que me dejó en tierra firme y pude cerrar la puerta después de que él entrara en casa.
—Pues a que he sacado un notable en el examen de Filosofia gracias a ti, ¿te parece poco? —explicó felizmente, con una expresión de autosuficiencia que no le cabía en el rostro. Cualquiera podría pensar perfectamente que le había tocado la lotería.
—Vaya, ¡enhorabuena! Aunque después de todo lo que estudiaste, no es para menos.
—Ya, pero si tú no me hubieses ayudado me temo que todas las horas de estudio no habrían servido para nada, así que te debo una bien grande. Por cierto, te han faltado veinticinco décimas para tener un diez en el examen, pero de todos modos has sido la nota más alta.
—¿En serio?
—Ajá. No esperaba menos de ti —al decir esto me revolvió el pelo cariñosamente—. Te iba a preguntar que por qué no has venido hoy a clase, pero viendo tu aspecto creo que no hace falta preguntar.
—¿Tan mal estoy?
Se encogió de hombros.
—Un poco, sí. Pero no te preocupes, tu palidez al más estilo zombie sigue igual que siempre —bromeó.
—Eres un idiota, ¿lo sabías? No todos tenemos la suerte de poseer esa piel morena tuya —intenté sonar enfadada, pero obviamente no lo conseguí ya que estaba sonriendo como una tonta—. En fin, olvidaré eso que has dicho y te voy a invitar a cenar. Charlie tiene turno de noche e iba a pedir una pizza, ¿te apetece?
No se lo pensó mucho antes de contestar.
—Claro, por qué no.
Aquí está el tercer capítulo. Tan sólo quedan dos más para el final, ya dije que esto iba a ser un fic muy cortito. Bueno, no me gusta adelantar las cosas pero aviso de que pronto habrá lemon. Un besito y espero que hayáis disfrutado del capítulo.
