Ir a C desde A pasando por B. Caminando

Está bien claro que no tiene los recursos que poseía Ron como auror, y amigo de Harry Potter, jefe de aurores, pero eso no quería decir que anduviera manco al respecto. Si quería encontrar a alguien lo podía encontrar sin muchas dificultades, si se trata de un desconocido por lo que, ¿Hermione Granger?, casi era como si la tuviera en su propia casa de lo sencillo que resultaba encontrarla. Aunque una suerte que no era el caso de que estuviera en su casa porque, de haber sido así, Ron la habría encontrado y, lo que resultaba mucho peor, habría tenido bastante más razón de la que tenía en realidad.

Y eso sí que resultaba algo malo.

Malfoy no pudo evitar una escueta carcajada al sentirse algo nervioso antes de llamar a la puerta golpeando ligeramente con los nudillos. Los timbres le parecían del todo impersonales ya que se sabía mucho de la gente por la manera en que llamaban a la puerta por sí mismos. Claro que había que ser bien diestro en esos temas para lograrlo.

Cuando la puerta se abrió hubo unos segundos en los que Malfoy creyó haber sido arrastrado a un futuro cercano puesto que Hermione parecía mucho mayor de lo que lo había parecido ayer. Claro que cuando escuchó su voz su mente dejó de jugarle una mala pasada y se dio cuenta de su error. No era Hermione.

―¿Sí, qué es lo que quieres?― no se trataba de un tono muy amigable pero, por lo menos, no le había cruzado la cara de un puñetazo, ¿verdad? Iban mejorando con el paso de sus encuentros que, por muy escasos que fueran, resultaban de lo más didácticos en muchos aspectos.

―Buenos días, Doctora Granger― su nombre de pila completamente vedado para Malfoy―. Necesito hablar un momento con su hija si no es mucha molestia, por supuesto.

Con la amabilidad por delante pues siempre se atrapan más moscas con miel que con vinagre.

―Lo es. Adiós.

Claro que se atrapan muchas más con estiércol…

―Discúlpeme, Jean― será mejor que lo logres a la primera o no habrá una segunda para ti―. Sé que su hija acudió en un estado, digámoslo sinceramente, lamentable pero puedo ayudarla si me lo permite.

―¿Cómo sabes eso, Malfoy?― sospechoso habitual―. ¿Has sido tú quien la ha dejado así? Porque, te lo juro, en esta ocasión no habrá magia suficiente en este mundo para reparar tu mandíbula.

Malfoy alzó las manos defensivamente, y preparado para desaparecerse de allí a la primera que vea retraerse un puño.

―No, casualidades de la vida, no he tenido nada que ver― directamente―, con lo que le ha sucedido pero sí que puedo ayudarla.

Si no fuera porque no le gustaba ver en ese estado a Hermione… esto también cuenta como uno de esos sacrificios que deben hacer las madres, ¿verdad? Dejar entrar, voluntariamente, a Draco Malfoy en el dormitorio de tu propia hija. Por lo menos sabía que ella podía tratar con Malfoy incluso mucho mejor que ella con su directo a la mandíbula.

―Te lo advierto, Malfoy. Si la molestas aunque sea un poco…

―Entendido. No habrá ningún problema― por su parte pero había que esperar para comprobar la reacción de Hermione a su presencia―. Muchas gracias. Eh, ¿por dónde?

Claro, como si Draco Malfoy pudiera saber la localización del dormitorio de Hermione Granger.

―Sube las escaleras y al final del pasillo, la puerta de la derecha. Llama antes de entrar― le advirtió aunque no hiciera falta y no se trataba solamente de buenos modales si no pura supervivencia.

―¿Alguna manera en especial?― tuvo que hacer un gran esfuerzo para que no hiciera acto de aparición su media sonrisa de marca registrada Draco Malfoy.

―Llama con tres toques ligeramente― Malfoy asintió agradecido y empezó a subir las escaleras dejando a la madre de Hermione de lo más confusa―. Bueno, había dicho que me gustaría ver de todo y esto ya me llena el cupo.

Siguiendo las indicaciones que le dieron Malfoy no tardó mucho en encontrar la puerta del dormitorio de Hermione y no le extrañó nada el que fuera imposible escucharla al otro lado porque, tratándose de la bruja más inteligente de nuestros tiempos, estaba claro que era muy capaz de proteger la intimidad de su antiguo cuarto en la casa de sus padres. No le quedaba otro remedio que llamar a la puerta.

Toc, toc… toc

Dos toques y una espera apenas perceptible antes del tercero. No exactamente lo que le había dicho la madre de Hermione pero, sin haberlo pretendido, sí lo que pudo ver en su memoria por mucho que hubiera tratado de no mantener fija la mirada con él. Estaba claro que Hermione les había dado una buena clase de DCAO a sus padres pero él era alguien a tener en cuenta incluso por encima de cualquier defensa conocida. Una verdadera, y peligrosa, sierpe.

El pestillo de la puerta se abrió con un ligero clic.

El cuarto se encontraba bien iluminado y no necesitaba el que hubieran fotografías de Hermione por todas partes, con su familia o amigos, para saber de quién era la habitación porque la ingente cantidad de libros lo dejaba bien claro. Eso y la figura que se encontraba boca abajo en la cama dándole la espalda a Malfoy. Bueno, un error puede tenerlo todo el mundo, ¿verdad?

―Lástima― ante el sonido de aquella voz, que para nada se asemejaba ni a la de su madre, que sabía se encontraba en casa, ni a la de su padre, que estaba fuera, Hermione se volvió sobre la cama para encararlo sin poder evitar la sorpresa ante su presencia. Sorpresa que mudaría a indignación―. Podrías no haber estado visible.

―¡Malfoy!― ¿y le había dicho que le habría gustado encontrarla…? El nervio de este hombre―. ¿Puede saberse qué estás haciendo en… la casa de mis padres?

Para sorpresa de Hermione, que seguía arrodillada sobre la cama, Malfoy se sentó a su lado sin perder ese deje de sonrisa que tanto atraía como irritaba a partes iguales.

―Puede saberse. Por supuesto que se puede― así era como llegaba a divertirse Malfoy―. Te estaba buscando, Granger.

Aquello logró confundirla y, por tanto, apartar a un lado ese conato de enfado que le había empezado a provocar la inesperada visita de Draco Malfoy en la casa, muggle, de sus padres, muggles, por supuesto.

―¿Buscándome? ¿Tú a mí?― ciertamente resultaba difícil de digerir, ¿verdad?―. ¿Por qué me podrías estar buscando tú a mí, Malfoy? ¿Y, ya que estamos con el tema, cómo me has encontrado?

Cuatro preguntas al mismo tiempo. Imposible hacerse pasar por Hermione Granger de una manera tan fiel.

―Empezaré por la última. Te he encontrado porque me pregunté adónde irías enfadada e, imaginándote toda indignada con los carrillos hinchados se me hizo una imagen tan infantil que la casa de tus padres me pareció una idea factible. De lo contrario habría tenido que comprobar cada una de las bibliotecas de la ciudad o, peor aún, de sus librerías.

La sorpresa de que, por alguna desconocida razón ya que no se lo ha explicado aún, Malfoy la estuviera buscando no pudo hacer frente a escucharle que se la imaginó con los carrillos hinchados en actitud de enfado infantil. Ahora mismo sus carrillos se encontraban ligeramente ruborizados por su culpa. Era un experto en lograrlo, tanto por vergüenza como de irritación, pero siempre con sus mejillas ruborizadas como consecuencia final.

―Eso es, es… ridículo.

Pero Hermione no podía hablar mirándole a la cara porque entonces su rostro entraría en erupción. Y eso sin recordar que se encontraban sobre su propia cama, ¡a solas! No que fuera a ocurrir algo pero…

―Sí, pero ridículamente cierto― apuntilló con su media sonrisa que no tardó mucho en desaparecer de su rostro aunque Hermione pudo verla, de reojo, antes de que se esfumase―. Y el por qué te estaba buscando, se debe, en parte, a nuestro encuentro previo en la calle.

¿Su encuentro? ¿Por qué dicho encuentro lo incitó a buscarla? Pero Hermione negó para sí misma puesto que, la presencia de Malfoy en su cama junto a ella la debía estar atontando más de lo que debería puesto que no podía haber sido por ese encuentro, él le había dicho que se preguntó adónde iría enfadada y durante ese encuentro no estaba enfadada. El enfado vino luego de que se hubiera marchada y, por tanto, no podría haber sabido nada de ello. Entonces, ¿cuál era el motivo real de haber salido en su busca y por qué?

―En parte pero no es todo el motivo de que me buscases― por mucho que Malfoy no ya no fuera ese pequeño y déspota ególatra del colegio seguía siendo complicado entenderle a él o a sus acciones, o decisiones―. ¿Por qué más me estabas buscando, Malfoy?

―Todo se puede resumir en una palabra: Weasel― y la manera de decirla con tanto desagrado, por primera vez, no le molestó en absoluto a Hermione.

¿Qué tenía que ver Ron con todo este asunto de Malfoy?

―No lo entiendo.

Nunca antes se pudieron escuchar palabras más inapropiadas viniendo de parte de Hermione Granger.

―Sí que lo haces, Granger. Lo que sucede en realidad es que no lo asumes y yo creo que ya es hora de que lo hagas.

Y como si pretendiera darle un tiempo para que lo hiciera, Malfoy se quedó en silencio mientras echaba un vistazo al dormitorio de Hermione que, a diferencia de la inmensa mayoría, y no solamente de las chicas, no tenía esa urgencia por tratar de guardar cosas que no quisiera que alguien extraño, a esas cosas puesto que Malfoy de extraño para ella no tenía nada con la excepción de ser un misterio envuelto en un enigma con un secreto como lazo. Pero cuando la mirada del slytherin alcanzó su portátil sintió como si se le helase la sangre. Dichosa computadora.

―Si no piensas hablar claro ya sabes dónde está la puerta, Malfoy― le dijo alzando ligeramente la voz, algo que no pudo evitar aunque sí el soltarlo en forma de alarido por su parte. Tenía que apartar su atención del portátil―. No tengo tiempo para tus juegos.

Si era así como lo quería pues así lo iba a obtener.

―Esta mañana tuve una desagradable visita en una de mis casas― una manera nada sutil de presumir de su opulencia―, en realidad se trataba de un apartamento…

―Al grano, Malfoy― le interrumpió Hermione esperando terminar con esto antes de que le diera alguna importancia a la presencia de Malfoy ya que tenía que seguir tratando con el fin de su relación con Ron.

―Ciertamente, Granger. Un grano asqueroso y… pelirrojo― con esto logró confundir a Hermione, aún más si cabe―. Weasley irrumpió como la bestia que es…

Hermione negó con la cabeza apesadumbrada porque lo veía venir. Una vez más, como siempre que sucedía cuando Ron se enfadaba y cortaba con ella, iba en su busca para solicitar su perdón, el cual hasta el día de hoy había conseguido, pero no en esta ocasión porque, a pesar de las veces que se lo había negado, Ron fue a buscarla a casa de Draco Malfoy y solamente podía haber un motivo para hacerlo.

―No,… no…

Seguía con su certeza de que ella tenía algo con Malfoy y que le había engañado con el slytherin. Sin confianza no hay futuro.

―Sí, te llamaba a gritos y con un lenguaje soez de lo más inapropiado para usar cuando se está llamando por una persona a la que se supone que quieres, por no decir que amas. Tuvo suerte de que arrastró consigo a Potter y de que mis defensas son, eso mismo, defensivas porque de lo contrario habría salido mal parado luego de su actuación. Por suerte el que peor lo llevó fue Blaise que tuvo que apaciguarla― añadió con una sonrisa que, una vez más, no le duró mucho al recordar la manera de hablar de Ron con respecto a Hermione―. Sé que estabas enfadada e indignada porque sería lo mínimo que estarías si has recibido incluso la mitad de lo que dijo Weasel sobre ti en mi casa.

―¿Y a ti qué te importa?― le replicó con muchísima más dureza de la necesaria por su parte. Supo que así era y por ello ocultó su rostro entre las piernas agarrándose a ellas como si pudiera desaparecer de esta manera.

A Malfoy no pareció molestarle su tono porque siguió tratándola igual que antes del exabrupto de Hermione.

―Me importa, Granger. Nadie tiene por qué sufrir de la manera en que una relación abusiva actúa sobre uno y no es necesaria la violencia física para que sea así porque, como suele decirse, "piedras y palos romperán mis huesos pero las palabras nunca podrán herirme"― la sonrisa que se dibujó en los labios de Malfoy estaba cargada de una tristeza profunda y atrayente que Hermione no llegó a contemplar encogida sobre sí misma―. Mentira.

Ambos se quedaron en silencio durante un tiempo indeterminado pero que, por difícil que pudiera parecer debido a quienes eran ellos dos, y lo que significaban el uno para el otro, no resultó nada incómodo o extraño. Lo que ya de por sí resultaba extraño.

―Lo siento mucho, Malfoy.

Malfoy no pudo evitar soltar un suspiro. Y eso también resultaba extraño viniendo de él y por estar en presencia de Hermione.

―No tienes por qué disculparte, Granger. Son este tipo de cosas, de acciones o reacciones, por tu parte las que logran irritarme porque es como si quisieras cargar sobre tus hombros el peso de las culpas de los demás cuando esa no es la manera― finalmente Hermione alzó la vista pero Malfoy no la dejó interrumpirle―. Sé que es lo que no hace por los amigos, lo sé, pero hay límites para ello porque uno tiene que ser responsable de sus acciones. Puede tener el apoyo de otros pero no por ello debería eximirse de sus responsabilidades. Ese es uno de tus problemas más serios, Granger. Eres inteligente, preciosa y con carácter pero te pierden las formas de hacer lo correcto o lo que podría llamarse correcto para ciertas personas. Por fortuna una de esas personas eres tú misma y por eso no te pierdes como nos sucede a la mayoría de nosotros.

Hermione sabía que Malfoy no era el mismo de su pasado, y lo había visto en varios momentos para comprobarlo, pero nunca desde tan cerca. Si no hubiera sido por la manera en que le habían criado… este Malfoy sí que…

¡Céntrate, Hermione!, se acusó agitando la cabeza. Pero, a pesar de ello, es que Malfoy le había dicho preciosa, además de otras cualidades, pero le dijo preciosa. Tenía que hacer algo al respecto antes de perderse al final y de la peor manera posible.

―Vale, lo entiendo, pero haz el favor de dejarlo aquí antes de que conviertas este momento en un cliché aún mayor del que ya resulta serlo, Malfoy.

Por la manera, tan sugestiva, en la que Malfoy enarcaba su ceja derecha estaba bien claro que no comprendía a lo que se estaba refiriendo Hermione quien ya había estirado su cuerpo, apoyándose con ambas manos sobre el colchón mientras sus pies se extendían hasta el límite por el suelo.

―¿Cliché?

Ahora fue el turno de Hermione para soltar un suspiro cansado.

―Sí, Malfoy. Cliché― le dijo mientras hacía girar su mano derecha de manera desinteresada―. Ron y yo nos peleamos, discutimos y me abandona furioso para aplacar su enfado con… bueno, es obvio con quién, ¿verdad? Y luego llegas tú todo comprensivo y halagador siendo capaz de acercarte más de lo normal entre nosotros para acabar… en la cama…― Malfoy ni trató de evitar la risa que le dieron las palabras de Hermione―, ¿qué es tan gracioso si puede saberse?

―Pues, si eres capaz de dirigir tu perspicacia atención lejos de mí― ligero rubor en las mejillas intensificándose―, te percatarás de que ya hemos acabado en la cama.

Rubor incendiario.

―¡No me refería a eso si no a…!― siendo tan inteligente debería pensar las cosas antes de abrir la boca y dejarlas salir, ¿verdad?―. Nada, no me refería a nada.

Para sorpresa de Hermione, Malfoy lo dejó pasar. Lo cual solo podía significar que le tenía algo más para usar contra ella y divertirse a su costa a pesar de que se suponía que había venido para, bueno, ¿para qué había venido Malfoy?

―Por tus palabras yo diría que estás muy puesta en clichés, Granger― lo intentó pero Hermione fue incapaz de controlar sus músculos faciales que mostraron la sorpresa teñida de temor por toda su cara. El rubor ya resultaba un añadido habitual en ella―. Y recordando lo que estabais discutiendo el Weasel y tú cuando os encontré yo diría que, por increíble que pudiera parecer, lees esas historias de ficción muggles sobre nuestras vidas basadas en esos insulsos libros.

¡Mierda!

―Tengo un trabajo serio y asuntos importantes a tratar para perder mi tiempo con…

―Entonces no te importará que yo…

La interrupción de Malfoy fue a su vez interrumpida por Hermione al ver como el slytherin hizo ademán de cogerle el portátil. En realidad hizo algo más que un ademán porque lo intentó coger y si no fuera porque ella se lanzó primero con todas sus fuerzas para impedírselo lo único que habría bastado para hacerla tragar sus palabras era el abrir la dichosa computadora y ver la página de una de las historias en pantalla.

―¡NO!― Hermione se sintió atrapada contra el respaldo de la cama y la media sonrisa de Malfoy ante ella. La había pillado―. Vale, lo admito. De vez en cuando intento desconectar y leo algo más que libros informativos… también leo fics…

―¡Lees dramiones! Por la manera en que hablaste está claro que lees ese tipo de historias, Granger― a este paso el rostro de Hermione, en primer lugar, iniciaría su combustión espontanea―. ¿Por qué lees ese tipo de historias en particular?

Una muy buena pregunta.

―Tampoco es para tanto― farfulló con cierta vergüenza de haber sido descubierta, o de haberse descubierto a sí misma―. Además solamente leo aquellos en los que te doy tu merecido. No veas lo bien que sienta el ir más allá de una simple bofetada por mi parte.

Hermione esperaba que el recordarle ese humillante momento de sus vidas le contuviera aunque, conociéndole como lo hacía, era esperar demasiado.

―No sabía que te gustaba jugar duro, Granger. Si querías castigar mi cuerpo podrías habérmelo dicho antes― la manera en que su mirada se clavó en Hermione la hizo quedarse sin aliento. Sobre todo por lo que le estaba implicando con sus palabras.

Esto sí que era demasiado.

―¡No me refería a eso, Malfoy!― le bufó sin atreverse a mantener contacto visual entre ellos―. Eres un completo cerdo.

―No hace falta que me halagues, Granger. Y ya sabes que estoy aquí para lo que necesites― y por el tono estaba claro que se estaba divirtiendo y, si así era como lo tenía planeado, distrayéndola de sus dramas con respecto a Ron y su ruptura―, aunque, irónicamente, ahora mismo tengo que irme.

¿Irse ahora mismo?

―¿Irte ahora mismo?― preguntó Hermione sin poder evitar un tono doliente del que se percató cuando vio crecer la media sonrisa de Malfoy en una completa.

―No hace falta que te pongas triste, Granger. Si quieres puedes escribir esta escena a tu gusto― le dijo guiñándole un ojo.

―¡Yo no escribo dramiones!― fue su exagerada reacción―. Ni de otro tipo. Yo no escribo.

―Una lástima porque… bueno, ya te he dicho que sabes dónde encontrarme y hay cosas que uno debe hacer por su propia cuenta pero sin olvidar que tienes a alguien a tu lado si le necesitas.

Hermione no entendía muy bien a lo que se estaba refiriendo aunque agradecida por dejar atrás los dramiones.

―¿Podrías hablar claro por una vez en tu vida, Malfoy?

Hoy parecía ser que no era ese día.

―¿Me abres tu casa para que pueda desaparecerme, Granger?

Una confusa Hermione cogió su varita, o más bien esta hizo aparición en su mano, y la giró en el aire trazando los movimientos para bajar la protección de su casa y permitir que Malfoy pudiera aparecerse desde ahí.

―¿Por qué aparecerse, Malfoy? Me parece a mí que no usaste ese método para venir a mi casa, ¿verdad?

―No, no lo usé y, el por qué, es para no añadirte más contratiempos a lo que estás a punto de encarar― Hermione entrecerró los ojos―. Tienes a tu madre en casa y yo estoy a un llamado de distancia, si es que puedes caer tan bajo como para necesitar de mi ayuda― añadió burlón.

―En tus sueños, Malfoy.

Mala elección de palabras.

―No quieras saber lo que pasa en mis sueños, Granger. Aún no tienes edad para ello― le dijo mirando de reojo hacia la puerta del dormitorio.

Hermione también escuchó como llamaron al timbre de la casa y cuando se volvió hacia Malfoy para preguntarle si sabía de quién se trataba no pudo evitar un suspiro de sorpresa al encontrárselo justo delante de ella. Tampoco tuvo mucho tiempo para preguntarse el motivo porque Malfoy se despidió con un beso… en la mejilla que rozó la comisura de sus labios.

―Bonita sonrisa, Granger.

Con un crack el slytherin desapareció a tiempo de que el portátil de Hermione se le escapase de las manos y cayera al suelo. Momento en el que alguien abrió la puerta del cuarto para encontrarla en un estado de shock de lo más confuso.

―¿Hermione?

La voz de Ron fue suficiente para que Hermione apartase la manera elegida por Malfoy para despedirse y que toda la pelea, centrándose sobre todo en los insultos y vejaciones que le dedicó el pelirrojo, regresase con fuerza a la mente de la muchacha.

―¡Ronald Bilius Weasley!― nunca es buena señal el que te llamen por el nombre completo―. ¿Es qué no te han enseñado modales? Y ni se te ocurra negarlo porque sé de muy buena tinta que sí te los han enseñado pero otra cosa bien diferente es el que tú hayas aprendido cómo y cuándo usarlos. Antes de entrar al dormitorio de alguien tienes que llamar primero y esperar a que te den permiso para hacerlo. ¡Tú ni has llamado, ni yo te he podido dar permiso para entrar! Permiso que te habría negado de haber llamado porque no hay nada de lo que tengamos que hablar entre nosotros luego de haber dejado bien clara cual era tu opinión acerca de nosotros dos.

Por muy poquito Ron no se dio la vuelta y se fue por donde vino, incluso dejando atrás a Harry que se había quedado con la madre de Hermione para dejarles un momento a solas a sus dos amigos para tratar sus asuntos en privado. Algo que con el volumen usado iba a resultar imposible.

―Yo, lo siento mucho, Hermione. Es que tenía muchas ganas de verte y poder disculparme por todo lo que te dije ayer. Por eso no me paré a llamar si no que al despertarme he venido directamente aquí en tu busca― esto no le cuadraba a Hermione con lo que le había dicho Malfoy y, por difícil que pudiera parecer, creía más en la palabra dicha por el slytherin que por lo que le pudiera decir Ron―. Sé que es una tontería hacer caso a lo que puedan escribir todos esos desconocidos pero es que la sola idea de que pudieras estar con otra persona, y sobre todo con Malfoy, me resulta irritante.

A Hermione aquel discurso no le movió ni uno de sus renovados bucles, por mucho que ahora luego de haber pasado tan mala noche, y sin cambiarse de ropa, su cabello parecía haber vuelto a ser el de su juventud.

―¿Y dónde has estado hasta ahora? Yo llevo aquí desde que ayer me gritaste e insultaste en plena calle para luego abandonarme tras acabar con nuestra relación.

Ron tragó en seco, al tiempo que su rostro iba encendiéndose, mientras se preguntaba cómo era posible que de pronto hiciera tanto calor allí dentro.

―Yo, yo… fui a tomar una… unas copas para tratar de… calmarme y pensar mejor en… en todo lo que sucedió. Creí que, bueno, que sería mejor esperar al día siguiente… y así tener tiempo para pensar y… bueno, que si me dices que no hubo nada entre Malfoy y tú entonces, entonces yo te creo, Hermione― ¿y ya estaba?―. ¿Y ahora me perdonas, Hermione?

Sí, parecía ser que con eso ya estaba todo dicho.

―Y ahora yo te pregunto si hubo algo con otras chicas, Ronald― y se hizo un silencio pesadísimo en la habitación. Hermione ni siquiera se acordaba de su portátil en el suelo a su lado. El silencio continuaba―. No hace falta que pienses mucho. Digamos durante las últimas doce horas. ¿Ha habido alguien durante las últimas doce horas, Ronald?

La mirada nerviosa y la exagerada sudoración por parte de Ron era un claro indicador de su estado de nerviosismo al que había que añadir su incapacidad para ofrecerle una respuesta a la pregunta formulada por Hermione.

―Hermione, yo… yo te quiero.

Por increíble que pueda parecer se trataba de la respuesta equivocada.

―No te he preguntado si me querías, Ron― susurró Hermione porque, aunque no se trataba de la respuesta que buscaba, sí que respondía de cierta forma a la pregunta que le había formulado―. Márchate ahora mismo. Lo dejaste claro ayer y ahora mismo lo has confirmado. Lo nuestro se ha terminado.

Y se maldijo por ser tan débil y no poder evitar el llorar delante de él. Ahogó el llanto cuando se vio atrapada entre los brazos de Ron que parecían querer fundirla contra su propio cuerpo en un abrazo suplicante.

―Por favor, Hermione. No hagas esto. Podemos arreglarlo si lo intentamos― Ron sintió las manos de Hermione aferrándose a su camisa y él la abrazó con más fuerza aunque, por fortuna, sin llegar a aplastarla―. Tú y yo, juntos. Como es y siempre será por mucho que a otros les pese.

Siempre hablaría de más pues debería aprender a morderse la lengua.

―¡LARGO DE AQUÍ!― le gritó Hermione empujándole con ambas palmas contra el cuerpo de Ron―. ¡TÚ NO SABES LO QUE ES AMAR A ALGUIEN, IDIOTA! ¡NO DEBE IMPORTAR LO QUE LOS DEMÁS PIENSEN SI NO LO QUE TÚ SIENTAS POR ALGUIEN, LO QUE SIENTA ESA PERSONA AMADA POR TI!

Por lo menos Ron fue consciente de cual había sido su error pero saberlo, cuando resultaba demasiado tarde para arreglar la situación, no era si no el principio del castigo por ser el culpable de una relación fallida.

―Hermione yo…

Pero incluso Ron sabía que cuando Hermione Granger te está apuntando con su varita mientras las lágrimas surcan angustiosas sus mejillas es mucho mejor el hacer lo que te dicen porque de lo contrario no sabrías a lo que atenerte.

―Largo.

¿Alguien había dicho que hacía calor aquí? Porque la frialdad en la voz de Hermione congeló el ambiente al instante. Ron bajó la cabeza y sus hombros se hundieron bajo un peso que se cargó él solito.

―Lo siento mucho. De verdad.

Dándose la vuelta salió del dormitorio de Hermione cerrando la puerta tras él. Una puerta que iba más allá de ser la del cuarto de Hermione ya que también representaba el fin de su relación por mucho que eso ya lo había dicho en varias ocasiones, ayer mismo para no ir tan lejos atrás en el tiempo.

―Yo también, Ron.

Hermione cayó de rodillas en el suelo y cubriéndose el rostro con ambas manos empezó a llorar hasta que no pudiera más de extenuación. Tan afectada se encontraba que no recordó en qué momento entró su madre en la habitación y arrodillándose junto a ella la envolvió en un abrazo maternal y, por tanto, protector. Hermione siguió llorando en el pecho de su madre como solía hacerlo de pequeña y, como estaba visto, siempre acabaría haciendo.

¿Cómo podía ser que, en un estado semejante, pudiera haber acudido a su mente la despedida de Malfoy? "Bonita sonrisa, Granger." Hacía unos años, en concreto antes de la graduación en Hogwarts, que Hermione hizo algo que la estaba reconcomiendo desde hacía tiempo atrás. Sin decírselo a nadie, ni a su familia, ni a sus amigos, ni a su novio… a nadie, Hermione arregló su dentadura recuperando el tamaño original de sus incisivos que, para su sorpresa, no resultaron ser tan gigantescos como se había temido que pudieran haber sido.

"Bonita sonrisa, Granger."

Y entre sus llantos los labios de Hermione trataron de dar forma a una sonrisa aunque, en estos momentos, el resultado fuera demasiado diferente a su intención original. Pero eso es lo que iba a tener que lograr. Superar esta tragedia y avanzar al frente… con una sonrisa en sus labios.

"Bonita sonrisa, Granger."

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Concluirá
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Disclaimer: Universo de Harry Potter totalmente le pertenece a J.K. Rowling. Desvaríos considerados argumentos originales pertenecen al que suscribe, y escribe, estas palabras porque, como se suele decir, uno debe tomar responsabilidad con lo que hace, o escribe en este caso. Mea culpa

Nos leemos.^^