"Veo que estás interesado en Wendy", dijo meses atrás el señor Corduroy, "Pero no creo que seas lo suficientemente hombre. Así que si tú quieres andar con mí hija primero te enseñare a ser uno. Pasaremos el fin de semana en el bosque", sentenció.

Me presenté el día y la hora ordenada, muy temprano por la mañana. Todavía tenía sueño. El señor Corduroy ya me esperaba en su camioneta.

"¿Te irás vestido así?", preguntó inquisitivamente al verme.

"Si", conteste con decidía.

A él no le pareció.

"Y tu tienda de campaña?", preguntó al ver que sólo cargaba con una cómoda mochila.

Abrí la boca sin saber que contestar.

"Sólo sube al auto", dijo.

Al llegar, y después de instalar el campamento el señor Corduroy me llevó al aserradero donde trabajaba.

"Te enseñare a derribar un árbol", dijo, "Es muy fácil". Y comenzó a dar hachazos a un árbol. Con sólo tres golpes logró derribarlo. "¿Viste como lo hice?", me preguntó,

Asentí con indiferencia.

"Ahora te toca a ti", dijo e indicando con palmaditas en el tronco caído, donde quería que cortara.

Tomé el hacha con dificultad en mis manos e, intentando imitar al señor Corduroy, di un hachazo contra el árbol caído. ¿El resultado? Sólo logré plasmar un ligero rasguño en el tronco. Volví a dar un golpe esta vez con más fuerza pero aun así no vi cambio alguno. Me quité mi sudadera para estar más cómodo, me di cuenta de la reacción del señor Corduroy al ver mi ropa.

"Tal vez también deberías quitarte esos pantalones de chica", sugirió burlonamente el padre de Wendy.

"Así estoy bien", dije. No me iba a quedar en calzoncillos por mucho que el señor Corduroy tuviera razón con la incomodidad de mis pantalones.

Volví a dar otro golpe y otro, y otro más. Pasé horas en aquel aserradero dando golpes al tronco hasta lograr cortarlo por completo. Al terminar fuimos a la laguna a bañarnos. No era algo que me entusiasmara pero estaba tan sudado que resultaba necesario.

El señor Corduroy no tuvo problema para comenzar a desnudarse. Se quitó sus botas. Yo quité mi sudadera. El sus guantes y su gorra. Yo mis tenis y mis calcetas. Entonces se quitó la playera y mis ojos se quedaron impactados por el increíble cuerpo que quedó al descubierto. Masculino, amplio, fuerte, peludo y muy marcado. Todo un deleite. Continuó quitando su pantalón y por ultimo su ropa interior. Y, aunque no pude verlo de frente, su derrière era increíble. Una vez desudo, se sumergió tranquilamente en la laguna. Yo solo me quité mi pantalón, necesitaba algo que cubriera mi erección y me dirigí a la laguna.

Más tarde llegamos al campamento, poco después de que los últimos rayos de sol cayeran.

"Bueno", dijo el señor Corduroy, quitándose sus botas, "Hora de dormir. Lástima que no hayas traído tienda". Luego se quitó su playera y se metió dentro de la tienda.

Yo me quede afuera sin saber qué hacer.

"Oh vamos, entra, no te dejaré ahí toda la noche".

Dudé por un segundo pero me di cuenta que no tenía otra opción.

"¿Vas a dormir así?", preguntó el padre de Wendy justo cuando estaba por entrar a la tienda, impidiéndome el paso. Me quité mi sudadera y mis tenis, e intenté meterme.

"Creo que aun así tendrás calor", dijo impidiéndome entrar.

Entonces me quité el pantalón. Voltee a verlo esperando que fuera suficiente para entrar pero Dan seguía inmóvil. Tomé mi playera y me la quité.

"Tienes cuerpo de chica", dijo, haciéndose a un lado y dejándome pasar.

Ambos nos acostamos, él bocarriba, yo, dándole la espalda. Me sentía muy incómodo. La tienda era muy pequeña y él muy grande.

"¿Quieres que acabe de enseñarte a ser hombre?", dijo, mientras uno de sus dedos se deslizó a lo largo de mi espalda desnuda.

Mi cuerpo se estremeció. Me puse nervioso y no supe que contestar.

"¿Qué dices?", preguntó, casi rogando, el señor Corduroy ante mi silencio.

Reí para mis adentros creo que el señor Corduroy había visto Secreto en la montaña.

"Está bien", dije girándome para verlo de frente.

Él sonrió por un momento y luego acercó su rostro al mío para besarme. Era el primer beso que recibía de otro hombre y la experiencia me estaba gustando. Su tupida barba raspaba mi piel con los movimientos de su mandíbula.

Su mano inmensa fue a mi abdomen y comenzó a acariciarlo.

"Me gusta tu cuerpo de mujercita", dijo el padre de Wendy, haciendo una pausa de sus besos.

Yo coloqué mi mano en su fuerte brazo y comencé a acariciar sus duros músculos.

"Siéntelos, siente el cuerpo de un hombre verdadero", dijo susurrando en mi boca.

La mano del señor Corduroy bajó al bulto que se dibujaba en mis negros bóxers, estrujando y masajeando mi erección por encima de la tela. Al poco tiempo metió su mano dentro de mis bóxers y comenzó a bombear mi miembro.

"Es tan pequeña", dijo. Y efectivamente, mi erección se veía particularmente pequeña en las enormes manos del padre de Wendy.

Continuó así por varios minutos hasta que de pronto, detuvo el movimiento y abandonó mi miembro para desabrochar su pantalón, revelando sus enormes y musculosas piernas. Luego quitó su trusa blanca, quedando libre su descomunal miembro. Se recostó bocarriba y tomó mi nuca, para, con delicadeza, acercar mi rostro a su miembro. Cerré los ojos y abrí mucho mi boca para recibir aquel pedazo de carne. Comencé moviendo mis labios, besando el bulbo rozado del señor Corduroy.

"¡Que ricos labios!", exclamó el padre de Wendy.

Poco a poco me fui acostumbrando al tamaño y me atreví a ir bajando mi boca en el miembro del señor Corduroy. Cuando sentí que no podía caber más dentro de mi boca, comencé a mover mi cabeza, bombeando el miembro del señor Corduroy. Creo que estaba haciendo un buen trabajo pues el padre de Wendy comenzó a lanzar sonidos de satisfacción y placer. Eso me motivó y realicé con mi boca todo tipo de movimientos de los que fui capaz concebir en el duro miembro del padre de Wendy.

"Lo haces tan bien que podría dejar que siguieras así todo el día", dijo el señor Corduroy, después de muchos minutos y cuando, tanto mi mandíbula y como mi cuello ya me dolían, "Pero hoy no. Vamos, desnúdate".

Obedecí, me quité mis calzoncillos. Entonces él me tomó mi nuca, mientras besaba mi cuello, y su mano se adentró entre mis piernas. Tanteando llegó a mi orificio y comenzó a jugar con él. Suave y delicado se fue adentrando en mí, poco a poco. Pero pesé a sus cuidados el enorme tamaño de su dedo resultó invasivo. Pronto continuó introduciendo un segundo dedo en mí. Pesé a la incomodidad de la intromisión, disfruté él calor de sus dedos dentro de mí. Luego sus dedos comenzaron a abrirse en un movimiento de tijera, haciendo espacio para lo que estaba por venir. Logró que me abriera de una forma en la que pensé que era imposible.

"Estás listó", sentenció, "¿Sigo adelante?".

Dudé por un momento. No porque no quisiera sino porque no sabía si podría soportar la experiencia a la que me llevaría una respuesta afirmativa.

"Si no quieres no", dijo él, con cara de decepción.

"No. Sí quiero", apresuré a decir, "Es sólo que tengo miedo".

"¡Oh! ¿Nunca has estado con un hombre?", dijo sorprendido el señor Corduroy.

Yo negué, apenado, moviendo de un lado a otro mi cabeza.

"Jamás lo hubiera imaginado", dijo sorprendido. "Tendré cuidado", argumentó ansioso el señor Corduroy.

La actitud de niño ansioso, en aquel rudo montañista me llenó de ternura. ¿Cómo podría decirle qué no?

"Está bien", dije. Su rostro se iluminó de felicidad.

"No te arrepentirás", dijo.

Entonces me hizo colocarme en cuatro patas y se colocó tras de mí. Por más dilatación que hizo el señor Corduroy en mí, nada me preparó para lo que estaba por ocurrir. Sentí como fue ejerciendo presión en mi entrada con su duro miembro. Su promesa de tener cuidado se esfumó rápidamente. Intentó una y otra vez sin descanso alguno pero por más intentos que hacía mis entrañas parecían no ceder. Él dolor que sentí no tenía comparación con ningún otro dolor que hubiera sentido en mi vida. Sentía que me estaba desgarrando, que me estaba partiendo por la mitad. Pero pesé a todo el dolor que estaba sintiendo, no quería que parara, ni siquiera que fuera más delicado. Aquélla brutalidad me estaba gustando y no sé si él lo sabía o no, pero el continuó abriéndose camino a la fuerza. Empujó y empujó hasta que de repente algo en mi se aflojó y su miembro pudo entrar de un solo movimiento hasta el fondo. Di un grito muy fuerte. Comencé a llorar. Él empezó a dar embestidas fuertes y sin delicadeza, embestidas de las que me costaba trabajo mantenerme de pie. Me aferré con manos y pies lo más posible para no sucumbir ante las fuertes oleadas de su pelvis. Y por más intensidad que aplicó en sus movimientos él no se cansó, tan fácil, continuó atacando mi interior por lo que, yo sentí una eternidad.

Después me enteraría que habían pasado años desde la última noche en la que el señor Corduroy había tenido intimidad, ante la ausencia de la madre de Wandy, con una excepción años atrás en la que dejó que Tyler Cutebiker le hiciera un trabajo oral en el baño de un bar, de ahí la obsesión de Tyler con el señor Corduroy.

Yo me vine, solo, sin intervención alguna, sin que él me tocara. Él por su parte continuó mucho tiempo más, una eternidad, hasta qué finalmente llegó dentro de mí. Tensando su fibroso cuerpo y lanzando un fuerte gruñido que, creo, se escuchó por todo el bosque.

Quedamos abrazados, yo sobre él, aferrado a su fuerte cuerpo, él abrigándome con sus anchos brazos. Aquel hombre tosco que me había tratado sin piedad alguna ahora se había vuelto cariñoso y tierno. Nuestros labios se acariciaron suavemente entre sí hasta que el sueño se adueño de nosotros. El día siguiente no pudimos separar nuestros cuerpos, haciéndolo en todos los lados en los que era posible, antes de regresar a la cotidianidad de Gravity Falls.

Así es como tuve la idea de darle una sorpresa y venir hoy al aserradero, en la hora de descanso del señor Corduroy. ¿Cómo no se me ocurrió antes? Es el momento en que podemos estar juntos.

Él sale con el resto de sus compañeros. Apenas me ve y en su rostro se ilumina con una sonrisa. Algo les dice a sus compañeros y se separa de ellos para venir a mí.

"¿Qué haces aquí?", pregunta.

Sospechó que ya lo sabe.

"Vine a que me siga enseñando a ser un hombre", le digo.

Creó que nos divertiremos mucho.