Resumen: El Nuevo Mundo abre sus puertas a cualquier pirata que desee destacar y, por consecuente, tenga el poder y el valor necesario para ello. Nami sabía que aquel océano estaba plagado de peligros y, efectivamente, no hacía mal en desconfiar de aquella extraña y variopinta alianza. Porque no sólo 6 supernovas y sus respectivas tripulaciones se habían aliado con el fin de derrotar a un Yonkou, sino que muchos más peligros iban a acecharles en el proceso. Jugando tan seguido con el fuego negro de la muerte, Nami sabía que no era extraño ver sus fauces hambrientas y deseosas de víctimas a cada esquina. Ella tan solo debía ser lo suficientemente fuerte e inteligente para evitarlas… sólo que lo de fuerte le quedaba un poco lejos. Un Dios va a escuchar sus pensamientos y va a asegurarse de que ella salga viva de la que podría ser la última aventura de su vida.
N/A: Tal como anteriormente había dicho que lo mío era la narración, en este capítulo intenté meter algo de diálogo. Espero que os gusten los juegos peligrosos y las "amistosas" charlas que mantienen Law y Nami. Intenté no sacar de carácter a Law, pero se me hizo algo complicado no cometer Ooc. Si alguien lo nota no os olvidéis de mencionármelo, que intentaré entonces no volver a caer en el famoso "Out of carácter" :3 En el próximo capítulo ya habrá intervención directa de Kid y ya podréis ir esperando sorpresas, jé… Como podrán notar este es un capítulo de transición, tan solo para no dejar en el aire lo que pasa después de PH e ir introduciéndoos ya en la complicada relación que mantienen Law y Nami.
Sin más dilaciones ni palabrería os dejo con el prólogo de este Long-fic, espero que lo disfrutéis y que, aunque sabéis que soy de las que tarda, esperéis actualización. Como creo que ya me conocen no sé si hará falta decir que realmente se aprecian los comentarios elaborados y con opiniones expresas, algo más allá del "Está muy buena, continúala". Follows, favs y views serán bien recibidos de igual manera.
©One Piece y sus respectivos personajes pertenecen a Eiichiro Oda.
©Playing With Fire – Brandon Flowers.
One Piece.
—Capítulo Segundo—
Playing with fire.
No tardaron mucho en llegar a la siguiente isla. O eso le pareció a ella. Después del incidente de la enfermería, Nami prefirió no dejarse caer por allí por lo menos hasta que Luffy estuviera despierto. No había vuelto a ver a Law y eso, aunque no lo admitiría nunca, le alegraba.
Él la había visto llorar y, lágrimas aparte, aquel hombre no le daba buena espina. Como mujer inteligente que se consideraba, Nami siempre tendía a sospechar de los demás, analizándolos casi milimétricamente; pero había algo en el doctor que no le gustaba.
No estaba segura de lo que era, pues aunque no tenía motivos para desconfiar de él, Law tampoco le había dado razones para hacerlo. Su capitán que siempre había sido un imprudente, demasiado impulsivo para poder tomar decisiones con la cabeza fría, había decidido hacer una alianza pirata con aquel Shichibukai por lo que aunque lo quisiera, conociendo a Luffy no podría hacerlo cambiar de opinión.
Si bien Trafalgar lo había salvado durante la guerra de Marineford —cosa que le agradecía mucho, pues de no ser por él Luffy habría muerto— y después los había ayudado con todos los acontecimientos de Punk Hazard, había algo que no le terminaba de cerrar del todo. ¿No se supone que era él, uno de los más crueles piratas conocidos? Estaba segura de que su apodo "El cirujano de la muerte" no era por nada.
Nami había podido comprobar en carne propia la astucia y soberana inteligencia de aquel hombre, por lo que la escusa de "Fue un instinto" no la engañaba. Era muy sospechoso que alguien calculador y frío asesino como lo era él actuara como lo estaba haciendo. ¿Qué tendría en mente?
Ella esperaba poder averiguarlo pronto.
—Por lo menos aún no ha tratado de matar a Luffy…—Nami se dijo mentalmente que aquel no era su estilo, pero siendo quien era y estando en la situación en la que estaban no sabía que esperarse de alguien como él.
—No pretendo asesinar a tu capitán, Nami-ya.
Aquella voz a su espalda hizo que se le erizasen todos los cabellos del cuerpo, poniéndola al instante en alerta. Apretó sus manos contra el barandal del submarino, meditando si sería buena idea o no ignorarlo.
No, si lo hiciera estaría cavando su propia tumba.
Como cualquier capitán pirata que se precie, Trafalgar Law odiaba que le dieran órdenes y, cómo no, que le ignorasen.
Nami se giró lentamente, apoyándose finalmente con los codos sobre la barandilla aparentando una postura casual y despreocupada al estar frente a él. Lo escrutó con la mirada durante algunos segundos, buscando algo que diera pie a sus sospechas sobre Trafalgar.
—¿Realmente encuentras necesario darme una explicación, Law?— Realmente Nami sabía cómo pinchar en el punto correcto. Su sonrisa maliciosa intentaba expresar victoria y casualidad, porque en realidad ella se encontraba intentando reprimir la risa que luchaba por salir de su garganta.
Touché.
Aunque el capitán pirata calculara sus palabras al dedillo, había cosas que aún se le escapaban. El mismo Law sabía que estaba metiéndose en un juego peligroso siendo su "oponente" la famosa Gata Ladrona Nami.
No solo su hermosura era de conocimiento común, sino que su astucia y su brillante inteligencia la hacían destacar como un diamante en bruto. Solo le hacía falta ser más fuerte, se dijo Law, para darle una buena pelea.
Se situó a su lado, dejando caer todo su peso sobre sus brazos, ahora apoyados sobre el barandal de su navío. El silencio fue corto y conciso, indicándole a Nami que ella también corría peligro si seguía por ese camino, independientemente de si podía ganarle a Law en una discusión "pacífica" o no.
— ¿No necesitas estar tranquila, Nami-ya? Porque aquella vez en la enfermería te veías de lo más alterada, ¿no es así?—su sonrisa socarrona no pasó desapercibida por la navegante, que percibió en seguida el doble sentido de la frase.
El infierno, aquel hombre era inteligente.
No iba, de ninguna manera, a revelar todas sus cartas en aquel momento, por lo que la mujer decidió dar por terminada la charla por el momento.
—La tranquilidad es algo muy relativo, ¿no crees? Depende de tantos factores que una persona esté serena en este o aquel momento… —mientras hablaba, con evidente burla disfrazada de inocencia en la voz, la navegante se acercaba poco a poco a Trafalgar Law, sin importarle arriesgarse en aquel momento. Las cosas se estaban volviendo aburridas y ella, como buena pirata que era, no iba a perderse de disfrutar una fuente de diversión como aquella. No paró en ningún momento, sino que siguió avanzando hasta que, triunfalmente, se encontraba tan cerca de él que podía sentir los acelerados latidos del corazón del cirujano. — ¿Estás tranquilo, Law?
No esperó su respuesta, pues sabía que se estaba metiendo de lleno en la boca del lobo, y se marchó a paso rápido en dirección a la seguridad de su barco, donde pensaría mejor lo que acababa de pasar y, si su cabezonería se lo permitía, las consecuencias de sus actos.
Mientras tanto, el capitán de los piratas de Heart contemplaba el lugar por donde la navegante de los Mugiwara acababa de marcharse, con una sonrisa que rayaba lo macabro. No sólo acababan de reírse en su cara, sino que él lo había permitido.
Se lo pasaría por ahora, temporalmente se lo atribuiría a los nervios de viajar con una tripulación desconocida con su capitán y la mayoría de su tripulación fuera de juego. Pero Law nunca olvidaba, aunque él hiciera creer a los demás que por su mente había cosas más importantes en las que pensar.
No es que fuera rencoroso, pero no le gustaba perder.
—No deberías jugar tan seguido con fuego, Nami-ya… porque podrías quemarte. —Aunque sabía que ella ya no podía oírla, Law no pudo evitar decir aquello, apuntando mentalmente haberla advertido ya sobre aquello.
Por lo menos ya no tendría que preocuparse por mantener su papel. Nami iba a seguir observándole, pero mientras ella no descubriera sus verdaderos planes, todo saldría perfecto.
Nami se había dirigido directamente a la enfermería, donde seguramente Zoro y Sanji ya habrían despertado. Como Chopper aún estaba muy herido, ella junto con la ayuda de los piratas de Heart —buenos médicos, a su opinión— habían curado a sus nakama.
Siendo su enfermería demasiado pequeña y estando en la del submarino los dos más graves, los demás tripulantes de Sombrero de Paja habían sido enviados a sus respectivas habitaciones a descansar y reponerse porque aún heridos, no estaban tan mal para seguir inconscientes.
Ella no se equivocó y pudo encontrar a Sanji y a Zoro discutiendo como era de costumbre, por cualquier tontería. Ambos estaban vendados de arriba abajo y como precaución hacia esos dos idiotas que eran sus amigos, Nami pidió que la ayudaran a atarlos a las camas. Curarlos una segunda vez porque sus heridas se habían abierto nuevamente sería una completa pérdida de tiempo.
—Dejad de moveros, ¡bakas!— Aún atados a las camas, ambos tenían un margen de movimiento… del que ya se estaban pasando. Por suerte las katanas de Zoro estaban lo suficientemente lejos de él para que no consiguiera cogerlas.
Sanji, por su parte y a diferencia del espadachín, comenzó a moverse como un calamar y a cantar "mellorine" en el momento en que Nami entró a la enfermería. Zoro la escrutó con la mirada, habiendo algo diferente en su nakama que no le gustaba del todo.
Prefirió callarse lo que estaba pensando, porque tener al cocinero de cuarta presente durante aquella conversación no haría sino más que empeorar las cosas. Sin embargo, no se molestó en evitar hacerle saber a Nami que no estaba de acuerdo con el olor que desprendía. Como buen cazador que era, el peliverde se había dado cuenta al instante de aquello.
A Nami no debería sorprenderle, pero al fin y al cabo ella tampoco estaba contenta con que se le hubiera pegado el aroma del médico. Le devolvió la mirada al espadachín, no contenta con su escrutinio. "Ya hablaremos luego" fue el pensamiento que compartieron al unísono.
—Nami-swaaaaan~~, te ves tan bella como siempre, mi pelirroja.
Ignorando al rubio y a los corazones que le acompañaban, la mujer decidió desatar a sus dos amigos, así sería más fácil cambiar sus vendas.
Y cómo se equivocaba.
Por lo menos Sanji se estaba quieto y respondía dócilmente a cada uno de sus comandos, pero no paraba de emocionarse por estar tan cerca de ella. Fue peor con el espadachín, pues el ambiente se había vuelto muy tenso y la mujer no pudo evitar golpearle varias veces por no prestarse un poco más voluntario ante sus mandatos.
—La próxima vez se lo pediré a Penguin—. Dijo Nami, secándose con la mano el sudor inexistente de su frente.
Salió de la habitación antes de que comenzasen los reclamos y las amenazas hacia el pobre tripulante de los piratas de Heart, porque entre Law y ellos habían logrado ponerla de mal humor. Si bien estaba contenta porque al fin sus nakamas estaban medianamente recuperados, sabía que no tardarían en volver a hacer el alboroto de siempre.
Se dirigió al camarote de Robin, hablar con ella siempre la relajaba. Quién sabe, incluso quizás podría olvidarse durante un rato del infierno que habían vivido. Si bien Nami, aún siendo de las más heridas, su mente estaba peor que su cuerpo, así que no había nada mejor que una relajante charla con su mejor amiga.
Tal y como esperaba, ella estaba allí, despierta y leyendo un libro. Cuando entró después de cerrar suavemente la puerta, la morena le dirigió una sonrisa contenta por su visita.
—Veo que ya te encuentras mejor, Robin. Me alegra que te hayas recuperado. —Nami le dio un cálido abrazo a su nakama, procurando no tocar ninguna herida. Al igual que ella, la de ojos azules fue cuidadosa pues sabía que la navegante portaba heridas que ella misma le había provocado.
—Tú también te ves recuperada, Nami. ¿Cómo te sientes? —Rápida y concisa, así era como Nami recordaba a su amiga. Le gustaba que ella no se andara con rodeos, porque además de todo, ella siempre sabía escoger las palabras adecuadas para no dañarla ni hacerla sentir incómoda.
—Me siento bien ahora. Aunque esos idiotas han logrado ponerme de mal humor —. Levantó su puño con una venita palpitándole, siempre era lo mismo—. Pero por lo menos he arreglado las cosas.
—Me sorprende que Trafalgar-san y tú os llevéis tan bien, viendo que tenéis unas personalidades completamente diferentes…—Robin también era una experta de la deducción, se dijo Nami, a ella no podía esconderle nada. Y viendo que la mujer le había dado pie para que le contara lo que había pasado de nada valía seguir negándose a hablar.
—No nos llevamos bien, pero tenemos un mutuo acuerdo de soportarnos el uno al otro el tiempo que estemos juntos. —La pelinaranja suspiró, recordando como ella había puesto en peligro aquel "acuerdo" imaginario que parecía haber entre ellos. Sabía que Law nunca caería tan bajo como para aceptar entrar en su juego de las provocaciones, pero en cierta forma le divertía haberlo sacado aunque fuera, mínimamente, de sus casillas. Aún no le comentaría a Robin sobre sus preocupaciones, pues aún no había logrado sacar nada en claro de aquello ni disponía de nada con lo que acusar al capitán. — No sabes cómo espero que llegue la hora de la caída de Big Mum…
Aunque ninguno había dicho nada, Nami sabía perfectamente que ese era el objetivo. Luffy ya había tenido suficientes roces con la Yonkou como para querer enfrentarse a ella. Al fin y al cabo, así era su capitán impulsivo e imprudente, siempre actuando y preguntando después. Y luego les tocaba a ellos achantar con las consecuencias…
Nami continuó hablando con Robin sobre cosas triviales durante un rato. Ambas querían olvidar el mal rato que habían pasado en aquella isla, por lo que se entretuvieron hablando y riendo durante algunas horas.
Después de eso y de despedirse de su amiga con otro abrazo prometiendo volver a visitarla más tarde, Nami salió de la habitación a asegurarse de que todos estaban bien antes de salir a comprar lo necesario para despertar a Luffy.
Ella no se dio cuenta de la mirada que la arqueóloga le dirigió en aquel entonces. Ella estaba preocupada por su amiga que, siendo la que más daño había recibido, tanto físico como mental, era la que estaba ahora cuidando de todos ellos. Aún le sorprendía que pudiera tenerse en pie después de las heridas recibidas e, internamente rogaba que fuera la única en haberse fijado en aquel detalle sobre la navegante.
Era una cualidad innata que Nami poseía, ella era capaz de lograr que muchas personas peligrosas despertaran su curiosidad simplemente con sus acciones. Y, aunque no se diera cuenta, Robin estaba segura de que más de una persona se había fijado en Nami por la sencilla razón de levantarse minutos después de la paliza que Doflamingo y ellos le habían dado.
Dejando eso de lado, la mujer continuó con su lectura, aún preocupada por la seguridad de su amiga.
No esperó a Law para buscar las medicinas y la carne para Luffy. Shachi ya le había dicho lo que él necesitaba por lo que la compañía del médico se había vuelto innecesaria para ella. Igualmente, él tampoco había esperado a la navegante, por lo que ambos estaban igualados.
Ella no perdería los papeles con aquella provocación, era mejor jugadora de lo que el ex-Shichibukai creía. Tan sólo debía controlar su genio, pues sabía que aunque no debía fiarse de él, nada le impedía hacer sus sospechas ciertas, por lo que decidió mantenerse precavida al respecto.
Sin querer rayarse más cambió su dirección del bosque al pueblo, donde seguramente encontraría algo de serenidad. Siendo aquel lugar tan pequeño, no le sorprendería encontrarse con el médico a las dos calles recorridas, por lo que decidió postergar el momento un tiempo más.
Aquel bosque no tenía nada de particular en sí, era como otros en los que había estado, pero en cierto modo le recordaba a los bosques de la isla de Cocoyashi; tranquilos, confortables y solitarios.
No quería desviarse mucho del camino, por lo que simplemente se tumbó bajo un abeto de gran estatura, que sin duda le proporcionaría una buena sombra para su siesta. Hacía varias noches que no dormía, pues las pesadillas siempre la asaltaban en sueños, por lo que si en aquel momento lograba descansar aunque fuera mínimamente, podía darse por lograda. Esperaba que las pesadillas no regresaran en aquel momento.
Se despertó aturdida, con el pulso desorbitado y con el corazón latiéndole tan rápido que Nami creyó que saldría de su pecho. Estaba cubierta en sudor frío y aún veía todo doble; esperaba no haber gritado.
Al final, sintió que estaba equivocada, pues no había podido dormir ni siquiera en ese momento. Tendría que robarle algún tranquilizante fuerte a Law, se dijo, pues no podía permitirse no poder dormir ni siquiera una pequeña siesta.
Después de despejarse y tranquilizarse un poco, la navegante pudo por fin levantarse y, aunque algo mareada, comenzar a caminar. Salió del bosque tan rápido como su actual estado le permitió, deseando que no hubiera pasado mucho tiempo desde que se había marchado del barco.
Para su mala suerte, el sol ya descendía en el horizonte, dándole a entender que había estado atrapada en aquel suplicio durante bastantes horas. Se apresuró hacia la única tienda que vendía medicinas del pueblo, que pequeña y no muy llena contaba con los servicios mínimos.
Allí pudo obtener los medicamentos que su capitán necesitaba, por lo menos ya había terminado con eso. Ahora tan solo debía acudir al mercado a ver si aún quedaba algún vendedor que le vendiera carne.
Tuvo que regatear mucho y discutir haciendo uso de todas sus habilidades como manipuladora para obtener una gran cantidad de alimento por poco dinero. Por lo menos algo le había salido bien en aquel día de perros.
Lamentándose por no tener a alguien como Zoro o Sanji, incluso Luffy que pudiera cargar aquella pesada carreta, Nami comenzó su lento regreso al barco. No le hacía mucha gracia tener que llevar semejante peso ella sola, pero no le quedaba más remedio.
Sabía que su capitán necesitaría la carne para recuperarse, por lo que no podía dejarla simplemente allí para que alguien se la llevara. Además, la navegante había gastado su valioso dinero en el contenido de aquella carreta, por lo que nada ni nadie iba a separarla de ella.
Tardó una buena media hora, resoplidos, maldiciones y mucho cansancio el que Nami llegara por fin al Thousand Sunny Go. Se veía tan desierto como hacía cuatro días, nada había cambiado desde entonces. Podía ver alguna luz desde allí, pero nada comparado a lo de siempre.
Griterío, alboroto, risas… la pelinaranja había terminado por acostumbrarse e incluso disfrutar de ese buen ambiente. Le gustaba aquel lugar y el que todos estuvieran en el estado en el que se encontraban no le hacía ni pizca de gracia, pero pasado todo eso, Nami no podía hacer nada para cambiar lo sucedido.
Con la bolsa de medicinas en la mano se encaminó al submarino de Law, que curiosamente tenía la puerta abierta —agradecería después a Bepo por aquello— y se dirigió directamente a la enfermería. Sabía que Law estaría allí, por lo que se limitó a dejar el contenido del embalaje sobre la mesa de metal y comprobar que Luffy siguiera respirando, revisando aunque fuera innecesario el estado de sus heridas. Él ya debía de haberse encargado de eso.
No le dirigió la palabra ni cuando entró ni cuando salió, tan solo cruzó sus miradas en su breve camino hacia la salida.
—Él despertará mañana. —Fue lo único y lo último que oyó del médico antes de cerrar la puerta y regresar a su barco a por ayuda para subir las provisiones. Seguro que Sanji estaba encantado de ayudarla.
Solo quedaba una noche para que Nami volviese a sentirse mínimamente segura de nuevo. Aquello la ponía de buen humor, pues sabía que el despertar de su capitán traería de nuevo la felicidad y la seguridad a tanto a sus nakamas como a ella.
Cómo rogaba para que el tiempo pasase rápido. Aunque lo que no sabía es que a la mañana siguiente se encontraría deseando nunca haber pedido y rogado por aquello.
Las cosas solo estaban por comenzar a ponerse interesantes.
