Presenciar algo que lentamente iba destruyendo a la persona que más amaba en el mundo era una tortura insufrible para Natsuhiko, sobre todo porque no podía hacer mucho más que esperar. Yukihiko había perdido toda esperanza de salir de allí pronto, por lo que andaba con una mirada ida, en actitud derrotada. Además, Kou Kobayakawa, la médica, le había prohibido levantarse de la cama luego de un confuso y triste episodio ocurrido la mañana siguiente de que se enteró de su diagnóstico.

Al parecer, mientras Natsuhiko dormía en un sofá ahí en su habitación, Yukihiko se había levantado y tratado de ir al baño solo, pero se le había nublado la vista y se había caído, perdiendo el conocimiento. Luego de eso descubrieron que el Gen Miroku había sufrido una alteración y ya no lo protegía de la cintura para abajo, por lo cual no tenía fuerzas para caminar. El peliverde se maldijo a sí mismo, ¿para qué estaba con Yuki todo el día si cuando precisaba su ayuda dormía lo más tranquilo?

-No es tu culpa- dijo el moreno, abatido- soy yo que estoy dejando de funcionar.

-No repitas eso ni en broma- lo amonestó el mayor- dentro de poco vas a salir de aquí lo más tranquilo del mundo y vas a hacer tu vida de siempre. Debes confiar en que así sucederá.

Yukihiko lo miró con ternura. ¿Qué mas quisiera él que curarse y poder correr a los brazos de su hermano? Su boca recordaba a la perfección los besos de Natsuhiko, su aliento cálido y dulce, y deseaba muchísimo más de eso, solo que no podían, no al estar siempre rodeados de enfermeras y médicos.

-Trataré de confiar, Natsu-chan- le dijo- solo prométeme algo.

-Lo que quieras, corazón.

-Que si salgo entero de aquí tú y yo viviremos juntos como una pareja- habló con mucha decisión- soy muy consciente de los problemas que nos puede traer, pero entiéndeme… te amo y no quiero compartirte con nadie, no quiero que nos separemos, mucho menos verte con otra persona…

-Tonto, ¿de donde sacaste que yo quiero estar con otra persona? Si es a ti a quien quiero.

-Sí, pero te conozco. Aunque me amas y serías capaz de protegerme con tu vida, sientes culpa de desearme y pensar en mí como hombre. A la larga, o mejor dicho en poco tiempo, tendrás miedo que la gente se entere que practicamos incesto, y podrías tomar una novia o un novio para que no nos señalen por la calle o algo peor. Quiero que aquí y ahora me prometas que eso no sucederá jamás.

Natsuhiko suspiró y le besó la mano que estaba sosteniendo.- Te juro por Dios que cuando salgas de aquí serás mi novio, pase lo que pase, moleste a quien le moleste, y que nunca te cambiaré por otra persona, aunque nos crucifiquen o nos odien. Te amo y te amaré siempre, hermanito.

Yukihiko sonrió, más tranquilo, y no protestó demasiado cuando la enfermera entró diciendo que el horario de visitas ya había terminado. Natsuhiko, en cambio, hubiera deseado quedarse un poco más a su lado, no tener que quedarse a solas para pensar en lo que acababa de prometer.

(…)

Seo-Lin y Narutaru eran dos activas trabajadoras, miembros de un Servicio de Intercepción que operaba en Shinjuku. La primera era conocida como la Dama del Viento Norte y la segunda como la Señorita Dragón; cada una poseía técnicas tan poderosas como antiguas, y juntas eran invencibles. Sin embargo, uno de sus muchos enemigos les había tendido una trampa, y la vida de Seo-Lin pendía de un hilo muy fino. Había perdido mucha sangre debido a numerosas heridas de una katana mágica y su pronóstico no era alentador. Narutaru no se separaba de su lecho, triste y furiosa, deseando cobrar venganza de inmediato en nombre de su amiga.

-Está bien, Naru- le dijo la moribunda chica peliazul- ambas sabíamos que este día llegaría.

-¡No digas estupideces, Seo-Lin! No te vas a morir.

-Sí… no me arrepiento de nada de lo que hice, de nada…- le sonrió a la pelinegra, tres años menor que ella- lo único que lamento es que mi clan morirá conmigo, soy la última de la familia…

Narutaru se acercó más a ella, llorando.- Dime entonces que hago por ti. Lo que sea, tiene que haber algo…

-El Viento del Norte está en mi corazón… ¿podrías… hacer que le llegue a otra persona?- cerró los ojos, cansada.- ¿Podrías encontrar a un sucesor de mi clan? Naru-san, encuéntralo…

-Te lo juro- afirmó la menor con ojos rojos- pero quisiera que no tuvieras que… Seo-Lin…

Narutaru se inclinó un poco y le dio un suave beso en los labios, a modo de despedida. Un rato después, Seo-Lin, tras sonreírle, se durmió en un coma profundo del que ya no despertó.

(…)

Esa escena había ocurrido dos días después de que a Yukihiko le diagnosticaran Reacción Cristal, apenas horas después de que Natsuhiko le prometiera que serían novios cuando salieran del hospital. El peliverde bajó a la cafetería del primer piso, a tratar de despejarse un poco, pero solo logró llenarse más la mente de su hermanito. Lo veía frágil y delicado, vulnerable ante las injusticias del destino, y eso lo hacía sentir muy insignificante. El doctor Kurumi no le había hecho llegar aún la aprobación del comité para la operación de Yukihiko, pues era necesario y urgente ponerlo primero en la lista de pacientes graves, y eso lo enfurecía. Esos viejos congestionados no sabían nada de nada y si se atrevían a decir que no, iría i armaría un escándalo de órdago, eso si no los liquidaba a todos antes.

Una chica se sentó en la mesa junto a la suya, llorando y con aspecto de furia, y la contempló un instante. Ella también sufría, todos sufrían. Al parecer el mundo estaba hecho para eso.

-¿Necesitas un pañuelo?- preguntó Miroku cortésmente. La chica le devolvió la mirada.

-No… lo que necesito es matar a un miserable, al desgraciado que le hizo esto a Seo-Lin…

-¿Perdón?

-Ah, lo siento- se restregó los ojos, y luego lo miró.- ¿Si alguien matara a la persona que más amas en todo el mundo, no desearías vengarte? ¿O acaso estoy muy errada?

-No, no lo estás- dijo Natsuhiko, serio- ¿por eso estás así, alguien mató a tu novio o a alguien de tu familia?

Narutaru no supo porque podía confiar en él pero lo hizo, y arrimó la silla a su mesa, queriendo desahogarse, soltar toda su frustración y todo su dolor.

-No se trata de mi novio sino de… mi amiga. Seo-Lin es mi compañera de trabajo y de la vida, que no ha muerto aún pero no le falta mucho, ¡todo por culpa de un maldito! ¡Cuánto lo odio!

-Entiendo; lo siento mucho. Es terrible perder a un ser querido. Pero…- miró al tercer piso, donde estaba su hermano- es mucho peor ver a alguien que amas sufrir y agonizar. Lo sé.

-¿Tu novia está enferma? Lo siento…- murmuró ella con la nariz colorada de llorar.

-No mi novia. Mi…- iba a decir "hermano", pero recordó la promesa. Al fin y al cabo, esa mujer no los conocía.- Mi novio Yukihiko. Necesita un trasplante de corazón.- Sin darse cuenta él también empezó a llorar, silenciosamente, tan angustiado como la pelinegra, quizá más.- Solo nos tenemos el uno al otro, si a él le pasara algo… además no saben si podrán operarlo porque tiene la enfermedad muy avanzada. Son unos cerdos, podrían dejarlo morir solo porque está muy enfermo, ¿Qué diablos es eso? No tienen ni idea de lo que estamos sufriendo por esto.

Los dos se miraron y esbozaron sonrisas, intuyendo que podían confiar el uno en el otro.

-Olvidé presentarme, soy Natsuhiko Miroku, encantado.

-Y yo soy Narutaru Akaya. Parece que estamos en las mismas…- se sonó la nariz.- Seo-Lin quedó en coma, y los doctores quieren desconectarla, pero yo lo prohibí.

-¿Te cuesta dejarla ir?

-Claro. Pero yo le hice una promesa y debo cump…

No terminó la frase, pues acababa de asociar dos cosas. Seo-Lin le había pedido que diera su corazón, fuente de su poder, a un sucesor digno del Viento Norte, ¿y no había dicho ese muchacho que su nombre era Miroku? Conocía tal apellido; y el enfermo se llamaba Yukihiko… sí, debían ser…

-Tú acabas de mentirme- acusó en voz baja- ¡Sí, mentiste, son ustedes!

-¿Qué?- preguntó Natsuhiko sin entender.

-¡El que está internado no es tu novio sino tu hermano Yukihiko! ¡Ustedes son del Servicio de Protección Miroku!

Hay pocas cosas tan vergonzosas como que te descubran mintiendo. Natsuhiko enrojeció ligeramente y se preguntó en que hoyo lo suficientemente profundo de la Tierra iba a esconderse ahora.

-Escucha, Narutaru, lo siento, pero… Yukihiko me hizo jurar… (¿Por qué le confesaba eso a una perfecta extraña?) que si salía bien de aquí él y yo… bien… seríamos más que amigos…

-Ahhh… ¿estás enamorado de tu hermano?- preguntó ella en un susurro.

-Sí… ¡Por el amor de Dios, no se lo digas a nadie!- exclamó Natsuhiko nervioso.- No puedo permitir que nada altere a Yukihiko hasta que no se haya curado, y lo último que necesita es que todos a su alrededor lo miren feo o hablen mal de él. Debo protegerlo de ese tipo de cosas, ¿entiendes?

Narutaru hizo una larga pausa.- Sí. Es tu vida y no voy a decirte como debes vivirla, si crees que así vas a ser feliz está bien.- Otra larga pausa.- ¿Su pronóstico es bueno?

-No- dijo con amargura.- Quiero salvarlo, no imaginas como quiero…

-Escucha, Natsuhiko, tal vez… tal vez yo pueda ayudarlos.

-¿Cómo?

-Seo-Lin me pidió algo antes de perder la conciencia y entrar en coma, que creo entenderás.

Ella es conocida como la Dama del Viento Norte; tiene la habilidad especial de generar ráfagas y tornados. Es el último miembro del clan Sunekaei, tal vez lo hayas oído mencionar.

-Desde luego. Es una familia muy antigua y poderosa de Japón.

-Si Seo-Lin muere, el poder ancestral de los Sunekaei desaparecerá para siempre, y yo no puedo dejar que eso pase. Ella me pidió que encontrara a alguien digno de llevar su corazón, la fuente de su poder, y que hasta entonces no la dejara morir. Es por eso que no he autorizado que la desconecten.

-¿Y quieres que Yukihiko sea el sucesor del Viento Norte?

-¿Por qué no?- hizo un gesto de impaciencia con la mano.- Yukihiko no es un cualquiera, lo sé. Es tan noble como poderoso, y con el corazón de mi Seo-Lin lo será aún más. Nadie podría vencerlo.

Natsuhiko sentía como el alma le volvía al cuerpo, al tiempo que su mente se llenaba de imágenes de un Yukihiko sano y lleno de vitalidad, riendo, jugando, divirtiéndose. ¿Sería un sueño?

-¿Tú estarías dispuesta a semejante generosidad?

-Seo-Lin así lo quiere. No soy quien para negarme a sus deseos.

Él le tomó las manos.- Narutaru, si le salvas la vida a Yukihiko… yo haré por ti lo que sea, lo juro.

-Buena cuestión. Porque necesitaré ayuda para vengarme del cerdo que hizo esto a Seo-Lin.- Puso una expresión muy fría.- Quisiera que tú y tu hermano, más él incluso, prueben que merecen este regalo, por así decirlo. Y no hay mejor manera de probarlo que usando el poder del Viento Norte para vengar a Seo-Lin.

-Yo lo haré- afirmó el peliverde de inmediato- estoy dispuesto a cambiar mi servicio de protección por uno de eliminación para pagarles a ti y a la señorita Sunekaei esta oportunidad que dan a Yukihiko.

-Como se nota que lo quieres- dijo la chica- te brillan los ojos cuando dices su nombre. Pero tranquilo, no te pido más nada que me ayuden a matar a un asesino. Es lo justo.

-Ya está muerto- prometió Natsuhiko con solemnidad. Entonces, por impulso, se levantó de su silla y abrazó a Narutaru.- Eres una gran mujer, Naru, una salvadora. Dios te bendiga.

Naru se sonrojó un poco, y dejó caer unas lágrimas. No se consideraba una salvadora; si lo fuera habría defendido a su amiga del ataque de Rai y su inmunda katana. Ah, pero si todo salía bien lo pagaría, y con intereses. Y una vez que el miserable estuviera muerto y Yukihiko a salvo con su protector hermano, habría cumplido con la voluntad de Seo-Lin y estaría lista para reunirse con ella en el Más Allá. Ansiaba ese momento.

(…)

Natsuhiko y Narutaru se reunieron con el doctor Kurumi y el doctor Shiba, que había atendido a Seo-Lin, para confirmar por ambas partes que era viable trasplantar el corazón de ésta última a Yukihiko Miroku, portador de la Reacción Cristal. Por suerte para el moreno (y para la integridad física de los miembros del comité), se había aprobado la operación, por tratarse de personas excepcionales con características físicas sin igual en el mundo.

Sin embargo, antes de nada debían hablar con el propio Yukihiko. Su hermano mayor lo llevó a presentar a Narutaru al día siguiente a la tarde, luego de la reunión con Kurumi y Shiba. Yukihiko, en vez de alegrarse, primero se condolió con la interceptora por la suerte de Seo-Lin.

-No es correcto alegrarse cuando para salvar tu vida alguien más debe morir- expuso. Naru lo miró fijo.

-Es el pensamiento más noble que he oído jamás… sabes, ella ya no despertará, pero sé que le habrías gustado y habría aprobado mi decisión.

Yukihiko se puso a lagrimear con esas palabras, por lo que Natsuhiko (que como siempre estaba sentado en el borde de su cama) le pasó un brazo por los hombros y con el otro le agarró la mano, acariciando despacio para que se calmara.- No llores, Yuki-san, debes ser fuerte…

-Ya sé que sí, pero tengo miedo- lo dijo con mucha calma, aunque temblaba- si mi lindo ni-san no estuviera aquí conmigo, yo no… ah…

Su respiración se hizo sibilante y su tez cambió peligrosamente de color, provocando que Natsuhiko llamara a gritos a las enfermeras. Junto con ellas llegó la doctora Kobayakawa, que tardó dos segundos en darse cuenta que el paciente había tenido un paro cardíaco; con suma rapidez y eficiencia lo trajo de vuelta, desfibrilador mediante, pero el susto de Natsuhiko ya no se fue. Narutaru lo sacó de allí.

-¿Cómo puede tranquilizarse Yukihiko si te ve así? ¿Eh?- le recriminó.- Ya autorizaron el trasplante, así que todo ha salido bien. ¡No llores, baka!

Natsuhiko caminaba nerviosamente en círculos, a punto de explotar de los nervios. Ya no aguantaba más esa situación, quería de una vez por todas ver a Yukihiko de pie, como antes, para ser libre de poder amarlo en todas las formas en que un hombre puede ser amado. Sí, ahora le valía un cuerno que fuera su hermano y que estuviera condenando su alma al Infierno para la eternidad; amaba a Yukihiko desde lo más profundo y eso nada lo cambiaría. "Vive, mi amor, vive para que yo pueda hacerte feliz", pensó.