El viaje en tren duro 6 largas horas en las que Milo durmió la mayor parte del camino y Camus continuo pensado en lo mismo desde que decidió venir a París una y otra vez, el ¿Cómo conseguiría un trabajo sin un papel que demostrara sus conocimientos?, ¿Cómo haría para proveer lo necesario para que ambos pudieran al menos sobrevivir?, ¿Cómo vivirían en un studette tan pequeño?, ¿Que haría cuando no tuvieran para comer?, ¿Cómo pagarías las cuentas del lugar donde vivirían, la ropa, el calzado, los medicamentos cuando enfermaran, la comida mientras no tuviera trabajo?, pero aquella idea que llego a su mente en una especie de flash lo descoloco por completo y acrecentó aún más sus temores, ¿Qué pasaría si en su situación actual encargaban familia por accidente?
El sonido de las puertas del tren al abrirse lo saco de sus cavilaciones, sacudió ligeramente a Milo para despertarlo – Cariño, despierta ya hemos llegado – Dijo con marcada ternura en su voz entrecortada, el ex caballero de escorpio se removió un poco y des pues desperezarse tomo su equipaje y dirigirse a la salida; porfin habían llegado a su destino, Ambos estaban parados en el umbral de puerta tomados de las manos y con su equipaje al lado, el sol vespertino chocaba directamente con sus caras anaranjadas y dejando la vista a los presentes de sus oscuras siluetas en un mar de luz naranja digno de una típica escena de amor o de una portada sacada de un libro de romance color rosa. Dudaron algunos segundos al salir del vagón pues sabían que al hacerlo no habría marcha atrás, era como si al avanzar despertaran de aquel hermoso sueño que fue su vida en el santuario, apretaron un poco más sus manos entrelazadas y respiraron hondo antes de dirigirse a la estación.
Ambos jóvenes miraban el tren alejarse hasta desaparecer en las vías, era como si hubieran dejado en él un trozo de su corazón y de sus vidas, Camus fue el primero en dirigirse fuera del andén y Milo sin mediar alguna palabra con su pareja decidió seguirlo pues sabía lo difícil que era para el galo esta nueva etapa de sus vidas y aunque también lo era para él debía darle su espacio al francés para asimilar las cosas y tal vez en el proceso el también lo haría.
- Tomaremos un autobús que nos dejara a 15 minutos caminando del studette, cuando bajemos de él iremos a comprar algo de comida para cenar asi que por favor no te separes de mi porque podrías perderte y no conoces el idioma ni la ciudad – Dijo Camus con un tono ausente.
A las afueras de la estación el autobús que los llevaría a su destino, el griego estaba entusiasmado y sorprendido con los paisajes que veía por la ventana mientras el francés contestaba a cada pregunta de su amado. Los jóvenes bajaron del transporte público y Camus volvió a reiterar sus advertencias además de añadir algunas nuevas:
- Milo no te separes de mi porque podrías perderte, no le hagas confianza a los desconocidos, además no conoces el idioma, si por algún motivo te pierdes no te muevas del lugar en donde estés y si es en la calle ve al edificio más viejo y más grande que encuentres – Menciono el francés algo preocupado.
- ¡Ok no me pierdo, no platico y no me muevo! – Dijo el griego muy sonriente y en un tono muy divertido que hizo a su amado sonreír abiertamente.
Antes de emprender la marcha el peli añil tomo la mano de Camus quien movió su mirada a su mano, después a los ojos de Milo y otra vez a sus manos para después volver a observar la faz del griego - ¡¿Y eso?! – Dijo extrañado y con un toque de ironía, - ¡Precaución! – Menciono el ex caballero de escorpión antes de emprender la marcha a la avenida con el galo a rastras.
Algunos minutos más tarde ambos jóvenes se abrían paso a través de ríos y ríos de gente que iba y venia en la avenida faltaban 25 minutos para las siete de la noche y las familias al igual que los enamorados ya comenzaban a salir a pasear. Después de mucho caminar llegaron a una pequeña tienda a 5 minutos de su casa atendida por dos amables viejecitos y Camus se dispuso a comprar lo necesario para una humilde cena.
- ¡Buenas noches jóvenes! – Saludo la viejecita en francés muy animosa
-¡Buenas noches madame! – Saludo el ex caballero de acuario en tono respetuoso.
- ¡Buenas noches, ¿En qué podemos ayudarlos?! – Dijo el anciano que salía de la trastienda con una charola de baguette recién horneados.
- Buenas noches señor, necesito un baguette, un poco de queso y algo de leche por favor – Dijo Camus mirando a la anciana.
- Claro niño enseguida te los doy – Menciono la seño mientras tomaba una bolsa de papel y depositando uno de los panes que recién habían salido del horno.
Milo soltó la mano del peli turquesa y se puso a curiosear la tienda, pues al no entender el idioma en el que su pareja y los viejecitos hablaban decidió entretenerse con otra cosa. La tienda en verdad era muy bonita con sus escaparates antiguos llenos de panquecitos, galletas, quesos y vinos además de otros enceres para el hogar.
- Tu amigo no es de aquí ¿Verdad? – Inquirió el anciano
- De hecho, venimos de Grecia – Dijo Camus observando los quesos del mostrador.
- Pero tú eres francés. Bueno, díganme ¿Que los trae a Paris?– Pregunto el anciano mirándolo con su ojos llenos de añoranza.
- Bueno recién llegamos hoy, han pasado muchas cosas y estamos aquí para comenzar una nueva vida juntos – Dijo el peli turquesa algo sonrojado pero sin despegar la vista del escaparate.
- ¡Ahh! ¿Recuerdas cariño? – Suspiro la mujer al escucha las palabras del menor.
- ¡Si mi amor claro que lo recuerdo! – Dijo el anciano con nostalgia.
- ¡Entonces en lugar de leche necesitan una buena botella de vino! – Dijo el mayor muy contento y dándose la vuelta para tomar una botella del viejo escaparate de madera a sus espaldas.
- Muchas gracias pero no podemos pagarlo – Dijo el francés contemplando al señor bajar la botella de vino tinto.
- ¡Tonterías pequeño, tómalo como un obsequio, además recién empiezan y de seguro no tienen muchas cosas asi que la leche se echara a perder sin una heladera! – Dijo la viejecita sonriendo.
- ¡No sé qué decir, muchas gracias! – Menciono el ex caballero de acuario con voz entre cortada pues el trato de aquella pareja y gesto que tuvieron con ellos le recordaba mucho a Shion y a Dokco.
- No te preocupes muchacho, pero si necesitan ayuda no suden en buscarnos, vivimos aquí después de todo… - Dijo el anciano ofreciéndole la bolsa con los víveres ya con el vino dentro.
- ¡Gracias, muchas gracias! – Dijo Camus al borde del llanto.
Cuando el galo dio la puerta para dirigirse a la salida después de pagar la comida su cuerpo se estremeció por completo mientas el terror se apoderaba de su corazón y su alma, Milo no estaba en la tienda ni en la acera de enfrente. Salió corriendo a todo lo que daban sus temblorosas piernas gritando el nombre de su amado y recorrió de arriba abajo la cuadra e incluso recorrió el primer tramo de aquella hermosa y grande plaza que estaba en frente pero no había rastros del griego por ninguna parte.
Faltaban quince minutos para dar las diez de la noche cuando Camus casi a rastras decidido buscar una vez más en esa enorme plaza, sus pies apenas y podían moverlo, estaba cansado, asustado, nervioso y preocupado pero el saberlo desaparecido y presa de cualquier peligro lo impulsaban a seguir; camino hasta el centro de la plaza por un largo camino adoquinado el cual estaba flanqueado por los frondosos árboles de las áreas verdes además de algunas flores y de cuando en cuando algunas bancas hasta llegar al centro de la plaza donde convergían todos los caminos que daban a un hermoso Kiosco.
Una hermosa y vieja melodía interpretada por unos músicos callejeros llegaba a sus oídos, la gente comenzaba a disiparse y las luces de la lámpara a apagarse; aquella melodía le traía viejos recuerdos, como si ya la huera escuchado antes o vivido en aquella época, él sabía que su prioridad era encontrar a Milo pero aquella sensación que lo incitaba a seguir los armoniosos compases de la melodía fue más fuerte.
Camino hasta llegar a un pequeño arroyito artificial sobre el cual se erguía imponente un pequeño puente de color beige y adornado con múltiples enredaderas y guirnaldas de flores, los músicos se encontraban cercanos a él sobre el verde follaje, una helada brisa rosaba su pálida piel bañada por la luz de la luna y al posar sus ojos nuevamente el puente con más calma fue que pudo observar al griego más hermoso que nunca contemplando el cielo nocturno de la ciudad luz.
Corrió desesperado hasta llegar donde se encontraba Milo, dejo sin mucho cuidado la bolsa y se lanzo a los brazos del ex caballero de escorpión - ¡¿Porque lo hiciste?, me tenias preocupado! – Dijo Camus llorando de manera desgarradora y aferrándose al peli añil como su vida dependiera de ello, - ¡Lo lamento Cami, solo quería dar un vistazo y termine perdiéndome en este parque! – Dijo Milo secando las lagrimas de su pareja con el dedo índice de su mano paras después posar sus labios sobre los de su amado
– ¡No lo vuelvo a hacer! – Dijo con una gran sonrisa mientras Camus rompía el abrazo.
- ¿Cómo supiste donde estaba? – Inquirió el griego.
- No lo sé – Dijo el francés mientras secaba los restos de lagrimas en sus mejillas – Yo solo seguí aquella canción, creo que eso me guio – Menciono el galo en tono muy serio.
- ¡El vals de los huesos viejos! –Dijo Milo con una gran sonrisa de oreja a oreja.
- ¡¿Cómo?! – Dijo Camus algo extrañado.
- La melodía suena similar los valses que escuchaba Shion y el ruido de aquel instrumento musical al plegarse antes de emitir la música suena como el crujir de los huesos de la caja de cáncer y la canción se nota que es muy vieja, ¡Es el vals de los huesos viejos! – Menciono el ex escorpión arrancando una carcajada del peli turquesa, misma que se apago de inmediato con las palabras del griego.
- Me concederías esta pieza… Camus – Dijo el peli añil tendiéndole la mano al aguador.
- ¡Milo! – Dijo el ex guardián del onceavo templo mientras en un susurro apenas audible que a Milo le pareció más un suspiro.
- ¡Tomare eso como un sí! – Menciono el bicho poniendo una de sus manos en la cintura del galo y con la otra tomando la delicada y pálida mano del francés, comenzando asi con aquella danza.
El acordeonista siguió tocando aquel viejo vals y los dos amantes bailaron abrazados en movimientos lentos, viéndose a los ojos y diciéndose todo sin palabras sobre aquel viejo puente, incluso después de que aquella hermosa plaza quedo desierta continuaron bailando con la música que se generaba en su corazones e inundaba sus sentidos y bajo el cobijo del manto estelar con la luna llena como único testigo de aquel gran amor "Bajo el Cielo de París".
