––Tengo que ir al establo… no puedo estar…

Pero al instante, se vio interrumpida por un par de golpes en la puerta y al ver a Draco supo que su expresión no denotaba nada agradable.

––Rápido–– susurró Draco tomándola del brazo y caminando hasta uno de los grandes armarios de la oficina donde la obligó a entrar para ocultarla. Hermione podía ver desde la ranura a quien había entrado en la habitación y a pesar de que portaba una máscara plateada que le impedía verlo con claridad, sus ojos tenían una triste expresión lúgubre.

––El señor Tenebroso te necesita.

Los músculos de más joven se tensaron al igual que la expresión de su rostro y su mandíbula, pero asintió con seriedad.

––Iré en un segundo.

El sujeto de la máscara asintió y se marchó. Draco miró hacia el armario pero no avanzó.

––No salgas aún, cuando lo hagas ve directo a tu habitación y asegúrate de que nadie te vea y cerrar bien la puerta–– Hermione asintió aunque él no la pudiese ver y pensó que igualmente cerrar la puerta no sería obstáculo para alguien con una varita––Y no salgas de ahí hasta mañana.

Entonces, como si nada, se giró y se marchó.

Hermione suspiró apoyándose en el armario.

––Por Merlín, ¿en qué me he metido?

Contó diez minutos antes de salir del armario y abrir ––con dificultad–– la pesada puerta de madera de la oficina.

Todo parecía calmado.

Se apresuró a correr a su habitación antes de que alguien pudiese verla y cuando al fin pudo estar dentro de la habitación se recostó en la dura cama y se tapó de pies a cabeza bajo las sábanas

––Dios, dios, dios–– se tapó la cara con las manos.

Cerró los ojos y recordó el beso.

Los besos. Los labios de él recorrían los suyos, las manos de él delineando su cuerpo.

Cada pequeño gesto, los pocos gemidos, la cercanía, el calor en el aire, la notable excitación del rubio.

No supo cuanto tiempo estuvo pensando en la voz ronca del rubio, o imaginando como sería dormir una noche aferrada únicamente a su cuerpo cálido pero cuando apartó la sábana de su rostro el cielo estaba negro y su habitación en una penumbra absoluta miró el reloj confirmando lo tarde que era.

Sin embargo, el silencio fue interrumpido por un chirrido de la puerta, Hermione se alarmó y por instinto cerró los ojos y fingió estar dormida bajo las sábanas rogando que el intruso no notara su temblor. La puerta volvió a cerrarse, pero la presencia se quedó. Caminó tres pasos lentos y calmados.

El olor a menta entró por su nariz y de inmediato reconoció el sujeto que en ese momento se sentaba en la cama, sin embargo decidió seguir fingiendo que dormía, esta vez por vergüenza. Sintió un calor intenso en su cuerpo, sobre todo en las mejillas cuando lo sintió subirse sobre ella, aplastándola agradablemente con su cuerpo.

El rostro de él descendió hasta el suyo y empezó a oler su oreja de un modo maravilloso que le erizó la piel de su cuello y su corazón dio tres vuelcos.

Era tan maravilloso, esplendido, sensual.

Él mordió el lóbulo de su oreja y a ella casi se le escapa un gemido de placer.

––Finges muy mal, Sangresucia…–– el joven siguió besándole la mandíbula, provocando en ella un maravilloso cosquilleo. Ella abrió los ojos sabiéndose descubierta e interrumpió sus besos al girar la cabeza para mirarlo.

–– ¿Por qué estás aquí?

Draco la miró con los ojos grises claros como el agua y luego miró sus labios. Hermione lo veía acercarse en un movimiento lento, casi depravado y las mariposas en su estómago se activaron como si se tratara de un encantamiento. Pero de pronto, de un solo golpe Malfoy estampó dulcemente los labios contra los de ella tomando con fuerza sus hombros para aumentar el calor de sus cuerpos.

Draco se dejó caer en la incómoda cama, ella sobre él, atrayéndola más, si es que eso era posible.

Sin preguntar, Draco bajó sus manos hasta la espada de ella y bajó más, tocó sus piernas y ella, ansiosa y excitada las enredó en su torso. Para Draco fue el momento perfecto para enterrar sus manos bajo su vestido y volearla para que ella quedase bajo él. Hermione gimió asustada al sentir una parte de él demasiado caliente.

––Sólo…–– susurró Malfoy–– sólo un poco…–– Hermione no lo pensó, su mente no pensaba, no escuchó, sólo oyó el sabor de sus besos y saboreó los sonidos de sus labios.

Él empezó a frotarla, Merlín y todas, todas las deidades, estaba tan húmeda, tan roja. Sus ojos estaban nublados de placer, su mente vagaba por el cosmos guiado por dos orbitas cafés.

Y ella gimió abrazándolo, Draco se hundió en su cuello sintiendo un escalofrío por su cuerpo y la besó.

Hermione se sintió en una atmósfera irrompible, hasta que él, arruinándolo, se levantó de repente.

Hermione lo miró con los ojos abiertos, aterrorizada. Él sonrió.

––Debo irme ya, Sangresucia–– le dolió de una forma inimaginable que lo dijera, la forma en que lo dijo, sobretodo, después de o recién ocurrido. Y sin más, se largó.

….

Hermione no había pegado un ojo en toda la noche. La garganta le dolía de todos los gemidos que ahogó, le dolía el alma, la dignidad. Sentía el cuerpo agarrotado por el frío y el no haber dormido. El frío quemaba cada hueso.

Un rato después decidió darse una ducha caliente antes de salir. Procuró mantener la mente en blanco mientras terminaba con su trenza hasta que finalmente se decidió encaminarse hacia la oficina de Malfoy. Ya era bien tarde.

Tocó varias veces, pero no hubo ni un sonido, ni de la puerta ni siquiera del roce de una pluma contra un pergamino. La frente de la muchacha se arrugó por su extrañez. Con delicadeza abrió la puerta, tratando de no hacer ningún ruido y no se sorprendió al encontrar el despacho vacío. Estaba pulcro como siempre, brillante también. Pero algo llamó su atención; cerca de un armario, una fina y plateada capa descansaba en una bola arrugada en el suelo como si algo violento la hubiera aventado. La recogió con cuidado, el aroma del perfume masculino la embriagó. Esa capa pertenece a Draco Malfoy.

Pero…

Estaba demasiado magullada. Tenía raspaduras y esa mancha roja parece ser sangre seca.

Hermione se levantó mirando a su alrededor y encontró sobre la pulida mesa de roble grueso y tallado a mano una pequeña nota con letra fina y estilizada.

No, Sangresucia. No deberías husmear los asuntos de los demás. Pero no te afanes, de todas maneras es para informarte que creo que hay suficiente hierbas mágicas en el establo para Rain y para Mika, me he encargado de los machos, no te acerques a ellos. Son agresivos. D.M.

Hermione suspiró con la capa aún en sus manos, se acomodó el uniforme, y justo cuando estaba a punto de salir, unas bailarinas de una tela muy suave estaban junto a la puerta que daba hacia el establo. Eran de un tono rosa muy pálido y parecía estar hecha de mota. Otra nota, pero esta vez posada en una de las bailarinas; Seguro que éstas no te lastimarán. Hermione las tomó notando lo livianas que eran, y cuando introdujo una de sus manos se fijó en la suavidad y calidez que le proporcionaban. Adentró, entonces, uno de sus pies malheridos y suspiró sintiendo como si las heridas hubieran sanado en un segundo. Cuando dio un paso parecía estar caminando entre nubes. Hermione sonrió pensando en que más tarde tendría que darle las gracias.

Caminó hacia el establo y al entrar, lo primero que vio fueron dos pilas enormes de heno para criaturas mágicas y los animales esperando por él. Hermione sonrió.

Está bien. Draco había dejado demasiado. Alcanzaba y sobraba. Soltó una de las cuerdas que sujetaba el heno con cuidado, estas amenazaron caer.

––Demonios–– susurró–– ¿cómo voy a soltar esto ahora?

La pila de heno se desestabilizó y cayó sobre ella, llevándola también al suelo.

–– ¡No juegues!–– exclamó ella enredada entre todo aquello, escuchando los berrinches que hacían los animales. Se arrastró con dificultad hasta salir de las pilas desparramadas de heno.

Entonces notó que de hecho, los machos tenías bastante comida para por lo menos tres días, eran unas extrañas hierbas de colores. Las hembras se habían asustado con la caída, por suerte no era algo pesado, no habría sabido que hacer. Ahora parecía un arbolito de navidad, se limpió los brazos pero era casi imposible quitar los restos de pasto de su cabello y de su vestido, así que prosiguió con llevar un cubo de heno (los que permanecieron a salvo) a la unicornio, que debía de estar hambrienta. Rain la reconoció cuando dejó el cubo en su corral, agitó la cola tal como un cachorrito y se acercó para comer un poco de lo que la joven había traído.

A Hermione le sorprendió mucho la unicornio; cuando ésta trago, su cabello brilló tornándose aún más plateado. Ella sonrió y la acarició, recuerda haber leído algo así en un libro de creaturas, sólo pasaría con ciertas hierbas mágicas, y frescas. La unicornio ronroneó placenteramente cuando Hermione le rascó las orejas.

Granger tendría que ir ahora al otro lado. No sabía, ni tenía la más mínima idea de cómo acercarse a la hipogrifo que miraba impaciente un racimo de hurones muertos junto al resto de cubos mágicos.

Hermione pensó en Buckbeak, esperaba que Mika fuera como él. Tomó el montón de hurones y tomó uno por la cola caminando hacia ella.

El animal sacudía sus patas con impaciencia, Hermione se acercó más y se inclinó en una reverencia demasiado temblorosa. La hipogrifo la miró confusa, pero regresó el gesto, inclinándose de vuelta, entonces Granger le lanzó el primer hurón, que devoró con paciencia, no tan rápido como lo hacía Buckbeak.

Le tiró el segundo y Mika pareció contenta. Hermione colocó cada uno de los hurones muertos en su corral y caminó hacia el lugar que había dejado hecho un desastre y tomó una escoba que había cerca de la puerta. Tardó casi una hora en arreglarlo, para cuando terminó, pensó que debería limpiar también la oficina del rubio.

Tal vez él ya estaba ahí.

Así podría agradecerle por las zapatillas. Quizá podría repetirse lo del día anterior.

Hermione se reprendió mentalmente. No podía estar pensando en eso todo el tiempo. Debería concentrarse en sus deberes. Ya cerca, apuró el paso y abrió la puerta trasera de su oficina. Entró en silencio y se fijó en el escritorio. Aún vacío.

Suspiró.

Tomó una pluma de sacudir del bolsillo de su delantal y empezó. Era aburrido, pero cuando empezó a sacudir el escritorio, vio las fotos que reposaban en su escritorio, había desde que él era pequeño.

En la primera estaba sentado en las piernas de su madre, podía tener unos dos años, con golosinas en las manos, mostraba sus pocos dientes con una carcajada y Narcissa lo hacía brincar en sus piernas mientras ella también sonreía mirándolo con adoración.

En la segunda estaban los tres, la madre abrazaba el brazo de su marido, con terrible ternura y entrega ye l hombre sostenía en su otro brazo con una sonrisa de lado casi imperceptible, de esas que Draco usaba de vez en cuando.

No tardó demasiado en limpiar la sala. El silencio siempre su manera de escaparse de los gritos de sus amos y de todo aquello que la perturbaba, pero esta vez era distinto.

Esta vez prefería un concierto de las brujas de Macbeth en su oído, que tener que aguantar con el sonido del silencio.

Que la dejaba sola. A ella y a sus pensamientos.

Y eso no era una buena manera. De hecho, era la peor idea del mundo.

Observó el sofá beige en el que había dormido la otra tarde. Con nerviosismo miró la puerta y la ventana varias veces como si alguien fuera a entrar y descubrir lo que estaba a punto de hacer.

Se sentó con el mayor cuidado posible. Temía romperlo con sólo tocarlo.

Luego se relajó.

Era como el cielo, hacia tanto que su cuerpo no se sentaba en una superficie tan suave. Ahora recuerda porque tardó tanto en levantarse aquella vez. Sus pensamientos ce centraron en admirar el lujo de la habitación, observando cada pequeño y pulido detalle.

Era majestuoso.

Se preguntó entonces ¿Qué sería de Harry?¿De Ron? Su Ron… cómo le gustaría verlos y abrazarlos. Los odiaba un poco. Siempre guardó la esperanza de que vinieran a rescatarla.

Y jamás lo hicieron, obviamente.

Pero pensaba que no podía ser tan egoísta. Había vidas mucho más importantes que la de ella.

Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la intromisión de alguien en el lugar.

Ella se levantó alarmada.

––Granger…––Era Draco–– ¿Sabes qué hora es?

¿Qué hora era? Él parecía confundido, ¿y ella qué coño iba a saber? Había estado pensando sólo en él y en sus amigos.

Su estómago gruñó y hasta ahora no había notado el hambre que tenía.

––No–– miró por la ventana y se sorprendió. El cielo estaba oscuro allí afuera––Merlín… estuve mucho tiempo acá–– susurró para sí misma y él rió al escucharla.

––Parece que te he hecho falta ¿No?

Hermione se sonrojó y desvió la mirada.

––Yo… en realidad––Se agarró de las manos nerviosa––Quería agradecerte por las zapatillas–– susurró mirándose los pies cubiertos–– son muy cómodos.

Draco, que se encontraba cerca de su escritorio la miró mientras sacaba unos papeles de un cajón.

––Los he untado un murtlap que yo mismo hice… es bastante bueno––le dijo–– lo utilizo cuando tengo…––pero calló abruptamente, no hacía falta terminar la frase para que ella entendiese a qué se refería.

––Gracias–– le dijo ella tratando de sonar segura y haciendo lo posible por sonreírle sin sentir vergüenza.

Él se acercó a ella y le pidió que se quitara el zapato, Hermione lo miró extrañada y el bufó quitándoselos, ella ahogó un gemido al ver sus pies.

Las heridas ahora eran sólo líneas rosadas y sus pies ya no estaban amoratados.

––Pero… el murtlap no cura tan rápido…––susurró tocándose el pie––y ni siquiera lo he sentido.

––Ya te lo he dicho…––Le susurró–– lo he hecho yo mismo, alteré un poco la fórmula.

––No me irán a salir escamas en los pies, o algo sí ¿no?–– murmuró Hermione frotando la piel suave, Draco rió más fuerte.

––¿Ves que tenga algún tipo de escamas?

Ella se sonrojó avergonzada. Draco la miró repentinamente con el corazón acelerado.

––Lo siento yo…–– la joven había levantado la cabeza para disculparse pero fue interrumpida por los labios del joven sobre los suyos.

El besó la tomó por sorpresa, hundiéndola en el sofá. El rubio se había encaramado sobre ella, recostándola en el amplio mueble, atrapándola en medio.

El beso era suave, húmedo, delicioso.

Draco pegó su frente a la de ella, con la respiración agitada, Hermione no había notado que sus manos estaban agarradas a el cabello rubio de Malfoy, despeinándolo.

Ambos tenían las mejillas coloradas.

Draco volvió a besarla, pero más suave, dulce…Hermione soltó un suspiro con parte de su alma, escapándose en ese beso.

No quería que l momento se acabara. El chico bajó sus labios a su cuello, besándolo con ternura, acariciándolo con la nariz y con el mentón, causando una ligera cosquilla por la barba incipiente que crecía.

Hermione estaba aferrada a su espalda ancha y firme, abrazándolo.

Draco descendió a su pecho cubierto por el vestido, y ella tembló cuando lo mordió ligeramente y luego se sintió avergonzada cuando su estómago gruñó con fuerza.

Draco se confundió al principio y la miró con interrogante.

––lo siento, hace días no como…

––¿Hace días?––Draco abrió los ojos como plato–– ¿y cómo has estado trabajando sin comer?

––Cómo si no hubiera pasado antes…–– murmuró para sí misma, pero él la escuchó.

––Eso es inhumano, ¿cómo trabajabas sin un solo grano de arroz, en el estómago.

––Igual ustedes matan a inocentes–– murmuró enojada sin pensarlo.

Cerró la boca de golpe.

¿Por qué había dicho eso?

¡Oh, no! Malfoy puso cara de querer molerla a golpes.

––Yo… yo no debí…

Ahora entendía por qué los elfos se golpeaban tanto.

Es una estúpida.

Draco le dio la espalda.

––No te disculpes.

¿Era eso reproche? ¿Resentimiento?

––Malfoy… en verdad no quise…

––No lo digas. Sí quisiste––la miró y ella pudo fijarse en su falsa indiferencia–– después de todo eso es lo que hacemos… matar inocentes impuros.

Hermione no pensó que eso le dolería tanto. Los ojos estuvieron a punto de humedecerse, pero los cerró a tiempo para que no sucediera.

––Ve a la cocina y come.

No era una sugerencia, ni un favor. Era una orden, ella asintió y se giró con lentitud caminando hacia la puerta.

La abrió lento esperando a que él la detuviera. Que la abrazará quizá. Un beso tal vez.

Por no sucedió.

…..

Sí, no me maten :c. no diré excusas porque la verdad es que no le saqué el tiempo antes para hacer este capítulo, por qué? No sé… flojera? Y me demoré bastante hacerlo.

Un beso. Y porfa comeeeenten que esa es mi motivación!