Capítulo 3: Advertencia

-¡Sigue así Kankuro!- lo alentó Baki-sama observando cómo su discípulo comenzaba a darle un poco más de movilidad a su marioneta que era dos veces el largo de su cuerpo.

El niño sonrió radiante por el aliento que le daba su maestro mientras hacía que Karasu girara y se desplazara de acá para allá por la terraza. Temari, a la cual su abanico también la superaba en altura, lo había clavado en el suelo arenoso y se sostenía de él para observar el espectáculo de su hermano menor.

-Bien, bien, ahora regresa con tu amo, Karasu...- susurró Kankuro atrayendo la marioneta hacia si mismo.

Temari comenzó a reír con ganas cuando, un segundo después, Kankuro se encontraba en el suelo luchando contra Karasu y sus propios hilos de Chakra que se habían enredado en su cuerpo. Baki-Sensei se alejó de su lado disimuladamente con expresión de desagrado.

-¡Hinata-Chan! ¿Viste eso? ¡De eso te hablábamos hoy cua...!

Temari volteó hacia el lugar donde se encontraba la pequeña Hyuga, aunque en esos momentos se encontraba vacío. Su corazón latió violentamente imaginándose que podría haberle pasado... Sus ojos se dirigieron instantáneamente a su hermano que aun no se había caído al suelo al enredarse las piernas.

Otouto-San!- exclamó Temari a Kankuro.- ¡Hinata no está!

-¿Cómo que no está- preguntó mirando el lugar en que, como se esperaba, no había nadie.- Dijo que no se movería de ahí...

-¡Pues allí no está, Baka!- le gritó, luego corrió hacia la entrada.-¡Voy a buscarla!

Temari tropezó con alguien más pequeño en la entrada y casi cae junto con ella, bajó los ojos negros al recuperar el equilibrio y se topó con una cabellera entre negra y azulada y unos ojos blancos y brillantes que la miraban preocupados.

-¡Hinata!- no pudo evitar que una sonrisa de alivio cruzara su rostro.- Creí que... bueno... ¿Dónde te metiste?

-Etto... emm... –la niña Hyuga agachó la mirada.- Fui a... al b-baño... l-lamento haberte p-preocupado, Temari-Chan.

Temari suspiró y, sonriente, le despeinó la coronilla.

-Tranquila, Hinata... Pero la próxima vez, avísanos si vas a salir.

La niña asintió formulando una leve sonrisa tímida. Luego observó a Kankuro quien seguía luchando con su marioneta y su sonrisa se borró.

-¿P-pero qué l-le ha pasado a K-Kankuro-Kun?- preguntó llevando una mano a sus labios, preocupada.

Kankuro sonrió con amargura mientras tomaba una extraña posición al quedar enredado de pies y manos cual res recién cazada.

-Solo... un pequeño problema...

-Umm... d-déjame ayudarte...

Se acercó a él, dispuesta a ayudarlo, aunque Baki-Sensei la detuvo con su autoritaria voz.

-No toques esos hilos. Quedarás enredada tú también y será doble el trabajo, deja que Kankuro se las arregle solo.

La niña miró al aludido con pena cuando este le hizo una fea mueca a su maestro, aunque al dirigir los ojos a quien había querido ayudarlo, le sonrió levemente y esta se ruborizó.

-Arigato de todas formas, Hinata-Chan.

-Amm... etto... p-por n-nada... -Hinata bajó la mirada hasta sus sandalias y no se atrevió a despegarla de allí.

-Será mejor que bajemos a almorzar... –propuso Temari.- ¿Vamos, Hinata?

Esta asintió y despegó sus ojos lastimeros de Kankuro. Temari salió detrás de ella aunque volvió poco después para recoger su abanico el cual había dejado olvidado.

-¿Vas a irte sin mí, Anee-San?- refunfuñó Kankuro.

-Si te esperamos tardaremos horas... –le espetó posando su abanico sobre su hombro.

-Hinata se quedaría... – murmuró el niño de mala gana.- Esa niña me cae bien…

-Deja de soñar despierto y apúrate, Baka.- lo regañó su hermana mientras desaparecía por la salida de la terraza.


-T-temari-Chan…

-¿Hum?

Temari levantó la vista de la mezcla que ella misma estaba preparando y observó a Hinata con curiosidad.

-Mmm… ¿D-Después de co-comer podría i-ir a conocer el l-lugar?- preguntó Hinata sin quitar sus ojos de las rodajas de pan que estaba cortando para ayudar a su interlocutora.

-Claro.- repuso ella encogiéndose de hombros.- De igual manera no hay mucho para ver aquí más que un montón de arena… Dime ¿Qué tal es Konoha…?

-Ho… bueno, es… muy verde.- repuso ella sonrojándose, "Claro que es verde… es la aldea oculta entre las hojas, Baka" se dijo su propia mente.- Hay m-muchos árboles y animales, no hace tanto calor y hay unos cuantos arroyos d-donde bañarse en el verano…

-Sugoi… -murmuró Temari con tristeza.- Aquí solo tenemos arena, sol y sequía… debe ser agradable vivir allí…

-P-Podrías visitarnos algún día.- sugirió Hinata sonriente.- Tú y tus hermanos serán bienvenidos en Konoha.

Temari no dijo nada, sino que suspiró y siguió revolviendo su mezcla que iba tomando un color caoba. A lo mejor, si llegaban a convertirse en ninjas, podrían tener una misión hacia Konoha algún día… pero… ¿Qué Había de Gaara… sería igual de bienvenido por los rumores que circulaban de él…?

Una vez terminado de preparar el almuerzo, Kankuro llegó de la azotea con aspecto cansado y se dejó caer en la mesa a comer junto a las niñas. Después de disfrutar en silencio el extraño platillo de Temari, ella y Hinata se pusieron de pié y se encaminaron hacia la salida.

-No tarden tanto… - pidió el niño que había vuelto a dejarse caer en su sillón.

-¿No vienes, Kankuro?- preguntó su hermana.

-iie… -el niño bostezó.- Debo dormir todo lo que no pude anoche…

Su hermana asintió y ella y Hinata salieron del departamento. En cuanto traspasaron las puertas de salida de la mansión Kazekague, el viento les arremolinó el cabello. Temari tomó la mano de Hinata y ambas caminaron por las arenosas calles de Suna.

-Tienes que conocer la plaza.- le comentaba mientras pasaban entre la gente.- Allí hay más niños que siempre están jugando…

En efecto, después de caminar unas cuantas calles atestadas de casas del color de la arena misma, llegaron a un espacio bastante amplio donde montones de niños se reunían a jugar, había decenas de ellos reunidos en cada rincón haciendo diferentes juegos por grupos.

-¡Temari-San!- Saludó un niño alzando su mano.- ¿Ogenki deska?

-Daijoubu- Respondió Temari con una sonrisa.

-¿Quieres jugar?- preguntó otra niña, acercándose con una pelota en las manos.

-iie. Tengo unos encargos para esta noche… - repuso.- Verán… mi tonto hermano se ha comido todo lo que quedaba y ya no tenemos comida… pero pueden jugar con ella mientras yo hago las compras.

Todos miraron a Hinata como si no la hubieran registrado antes, ella aferró más fuertemente la mano de Temari y se encogió en su lugar sintiéndose insignificante aplastada por tantas miradas curiosas y recelosas.

-OK, Ja ne- Bye!

Temari soltó la mano de la niña y la alzó para despedirse de todos y se perdió al doblar una esquina.

-¿Cómo te llamas?- preguntó uno de los niños, recelosos.

-H-H-Hinata…

-Mmm… Hinata… ¿Sabes jugar?- preguntó otro dándole la pelota.

Ella asintió levemente con la cabeza mientras la atrapaba en el aire.

-Bien, si nos demuestras que eres buena, te puedes quedar.

Hinata suspiró y los siguió hasta llegar al territorio que ocupaban. Dejó la pelota en el suelo y comenzó a patearla en torno los demás intentaban sacársela. En Konoha no solía jugar mucho con otros niños, aunque cuando Kiba-Kun la convencía, todos los demás debían admitir que ella no jugaba tan mal después de todo.

Después de varios minutos de juego, la pequeña Hyuga estaba bastante agotada, el agobiante sol se había hecho más fuerte hasta volverse insoportable y luego había comenzado a bajar hasta comenzar a despedir rayos anaranjados entre los edificios; Todo indicaba que ya atardecía…

¿¡YA ATARDECÍA!

"-Entonces, hoy al atardecer quiero a mi hijo menor muerto por tus manos ¿Entendido? Eres uno de los mejores ninjas de la aldea, no creo que puedas perder una misión con un niño de 6 años…"

El corazón de Hinata comenzó a acelerarse "¡Lo he olvidado por completo…! No… no puede ser…" se dijo a sí misma. Había estado toda la tarde dando vueltas con Temari y jugando con esos niños que se había olvidado cual había sido su principal motivo por haber querido ir a dar un paseo por Suna… Sus piernas comenzaron a temblarle, "No… soy la única que lo sabe… ¿Y si a ese niño le pasa algo por mi culpa…?"

-¡Hinata-Chan, ven a seguir jugando, lo hacer muy bien!- exclamó una niña de cabello alborotado.

Ella no contestó y cerró las manos en puño. Tenía que concentrarse y pensar… pensar… ¿Dónde encontraría a ese niño…? ¿Estaría en la mansión del Kazekague como lo había visto el primer día…? No, era un día muy lindo como para que alguien se quedara encerrado en una casa…

Cerró los ojos e intentó relajarse para poder pensar con certeza.

Pero al relajarse sintió otra presencia allí, una que no pertenecía a los niños de la plaza aquella, una presencia que estaba pendiente de ella, que clavaba sus fieros y punzantes ojos en ella quien sabe desde hacía cuanto tiempo…

Volteó con total rapidez y fijó sus blancos ojos hacia una terraza de una casa que estaba no muy lejos de donde ella se encontraba. Un niño solitario, de cabello color sangre se encontraba allí sentado, mirándola fijamente como si estuviera examinándola en cada minucioso detalle.

Un escalofrío volvió a recorrer su columna entera, aunque trató de retenerlo. Centró los ojos en el niño que ahora había agudizado su mirada al cruzarse con la de ella, como si quisiera demostrarle cual de las dos era más mortífera; Hinata, ruborizándose avergonzada, desvió la mirada.

-Hinata-Chan… -la llamó otra vez la niña con voz cansada.- Te estábamos llamando, Baka… - Luego alzó los ojos donde Hinata había estado mirando y la desvió al instante, pasmada y atemorizada.- Es él… el Bakemono…

-¿He?- preguntó Hinata mirándola con duda.

-No te acerques a él.- le previno tomando un brazo y alejándola de él.- Es peligroso, todos le temen… puede matarte si te le acercas demasiado…

Hinata frunció el seño, ya había oído eso antes de Temari, pero…

"Todos le tienen demasiado miedo como para eso… Dicen que es unBakemono, incluso nuestro padre nos dice que nos cuidemos de él."

Ella, su hermana, lo decía con cierta tristeza a diferencia de esa niña que hablaba con repulsión… ¿Por qué? ¿Qué había hecho de malo ese niño para que todos lo despreciaran de esa manera… ?

La niña Hyuga se soltó de su mano de un tirón y corrió hacia donde había estado parada antes para cumplir con su cometido. Pero él no se encontraba ya ahí. Cerró las manos en puño, no se iba a permitir errores… Utilizó una de las técnicas ninja que su padre le había enseñado y saltó ágilmente hacia la terraza de la casa donde él se había encontrado segundos antes.

Desde aquel lugar pudo divisar una melena roja que se perdía detrás de dos casas más.

Siguió utilizando esa técnica, saltando de casa en cada, hasta poder divisarlo; El estaba usando la misma estrategia; Saltaba de una casa a otra con mucha facilidad y rapidez, aunque no pareció percatarse de Hinata puesto que en ningún momento había volteado a verla, aunque algo le indicaba que él lo sabía perfectamente.

-¡E-ESPERA!- le gritó cuando solo llevaba cinco metros cerca de él.

Pero este no volteó, sino que aceleró más su paso, dejándola cada vez más atrás.

-¡HEY, NECESITO DECIRTE A-ALGO IMPORTANTE!

Pareció funcionar puesto que el niño fue deteniéndose lentamente hasta posarse sobre una terraza extensa, de espaldas a ella. Hinata aterrizó unos cuantos metros junto a él y sujetó sus rodillas con sus palmas, respirando entrecortadamente.

-E-eres muy… r-rápido… d-de verdad yo… c-casi…-murmuró.

-Dime qué quieres.- la interrumpió de manera cortante.

Hinata se enderezó y lo observó un tanto preocupada.

-B-bueno yo vi-vine a… e-etto… - juntó ambos índices y comenzó a jugar con sus yemas cuando hacía siempre que estaba nerviosa. Se sonrojó y apartó la mirada de él.

-¡Habla ya!- la urgió, aún dándole la espalda.

-H-Hay una t-trampa… -explicó.- V-vine a advertirte… hay un par de personas que… que q-quieren m-m-matarte…

Hubo un leve silencio.

-¿Es esto una amenaza?- preguntó con desconfianza y sequedad.

-¡N-no no, claro que no…!- exclamó Hinata asustada y nerviosa negando violentamente con la cabeza.- Q-quiero decir… qu-que es… una… una… advertencia… es algo qu-que oí… Es p-papa que t-tengas cu-cuidado c-con ellos…

-¿Eso es todo?- inquirió interrumpiéndola el niño girando un poco la cabeza.- Pues no me importa tus advertencias.

Dio unos cuantos pasos hacia el borde de la terraza, dispuesto a marcharse.

-¡Espera!- ella extendió una mano hacia él.- ¿Q-qué no… no vas a h-hacer algo?

-Solo dime.- repuso, hablando lentamente.- ¿Quién dijo eso?

-B-Bueno… etto… -frunció un poco el seño, preocupada… ¿Estaría bien decirle que… que…? Cerró los ojos con pena- E-el K-Kaze-K-kague- S-sama y un j-jounin…

Volvió a reinar el silencio, el niño no se movió de su sitio como había hecho antes, sino que Hinata podría jurar que se había congelado. El sol ya casi estaba oculto entre los edificios, solo despedía un leve destello entre naranja y rojizo dejando tras sí el nacimiento de las nuevas estrellas y la luna, que llaca un poco más allá, tomando cada vez más fuerza en su brillo a cada segundo que pasaba.

-Mmm… Daijobu ka…?- preguntó la niña, dando unos cuantos pasos hacia él, primero dudosa, luego, un poco más decidida.- Y-yo s-solo i-intentaba…

Sus pequeños dedos rozaron apenas el hombro del niño cuando este se volteó por completo hacia ella dejándole ver sus ojos verdes claro surcados de unas negras ojeras antes de que fuera envestida por su brazo con una gran fuerza y rapidez, haciéndola a un lado con tanta violencia que la tiró al suelo y produjo que unas gruesas lágrimas de dolor brotaran de sus ojos...

Hinata abrió más sus ojos blancos brillantes hacia su atacante quien no la miraba, sino que sus ojos claros estaban puestos en un punto entre la obscuridad. Ella recorrió su vista desde ese punto, hasta el niño y luego hacia un muro situado justo detrás de ella, donde había ahora clavado un Kunai. Sus labios se entreabrieron sorprendidos y su corazón se aceleró sobremanera.

-Eres rápido y astuto, todo lo que se espera de el hijo del Kazekague… ¿No es así, Sabaku no Gaara?

Una figura alta surgió entre las sobras, del punto donde los ojos de Gaara permanecían clavados. Hinata lo contempló asustada, no lo había visto seguirlos en ningún momento… ¿Cómo es que había aparecido de la nada? Bueno, después de todo, debía aceptar que se trataba de un ninja jounin.

-¿Qué pasa, Gaara?- preguntó Surabi.- ¿Es que dos intentos de ser asesinado en dos días es mucho para tu conciencia?

-Damaré… -gruñó el pelirrojo con desprecio.- ¿Qué quieres?

-Dime ¿Extrañas a Yashamaru…?-pregunto este, en cambio.- He oído que su cuerpo quedó pulverizado… pobre… ni siquiera pude recoger cenizas para dejarlas bajo tu almohada…

-¡HE DICHO QUE TE CAYARAS!- le gritó el niño tensionando ambas manos y llevándolas a su cabeza como si le doliera terriblemente, ahora era él quien temblaba de pies a cabeza.- ¡No te permito… NO TE PERMITO QUE ME HABLES DE ESA MANERA!

El jounin sonrió y se posicionó para luchar mientras sacaba un kunai de la funda de su pierna. La arena de Gaara comenzó a fluir torno a él en tanto los segundos pasaban, como si se tratara de un lince que rodeaba a su amo, esperando que este le diera la señal para atacar a su presa.

Surabi arrojó otro par de Kunais que quedaron atascados en la arena de Gaara cuando esta formó un escudo a su alrededor. Surabi tensionó su mirada y esta vez fue él quien se lanzó hacia él utilizando Taijutsu en cada movimiento aunque ninguna de sus patadas o puñetazos fueron mucho más rápidos que el arena que rodeaba a su amo.

-¿Pero… de qué está hecha esta arena…?- murmuró Surabi tras propinarle una buena cantidad de golpes que no resultaron.

Gaara sonrió con malicia y alzó una de sus manos con lentitud. La arena que lo rodeaba se extendió lentamente como una serpiente hacia los pies de Surabi quien lo contemplaba atónito aunque en el momento en el que esta comenzaba a trepar por sus piernas, se alejó de ella dando un salto, lejos de ella.

-Si lo examinas bien, no eres muy bueno, Gaara.- se burló con una risa sarcástica.- Eres lento aún con tus técnicas… deberías mejorar en la academia ninja, aunque… claro, nunca llegaré a verte entrar ahí… morirás antes.

Gaara lo observó neutralmente, como si las palabras no le importaran o como si no encontrara significado en ellas.

-Tal vez.- murmuró.- Pero no porque yo muerta… sino porque serás tú.

Surabi arqueó una ceja, aunque su expresión de indiferencia no duró demasiado. La arena de Gaara había recorrido todo el trayecto alrededor del edificio y se había enroscado en los pies de Surabi desde detrás sin que este lo viera. Aunque cuando se percató de eso, ya era demasiado tarde.

Gaara alzó su mano derecha abierta y la arena comenzó a enredarse por sus piernas con más rapidez hasta cubrirlo por completo mientras su víctima forcejeaba.

El niño entrecerró los ojos con odio…

… y cerró la mano en puño.

Hinata abrió más los ojos, horrorizada cuando la arena comenzó a estrangular cada centímetro del cuerpo de Surabi hasta que este explotó en un mar de sangre. Cayó de rodillas al suelo, casi sin poder moverse.

Gaara lo observó con repulsión y alzó uno de sus dedos hacia él.

-¡Shi ne…!

iya!- exclamó Hinata poniéndose de pié e interponiéndose entre Gaara y Surabi con los brazos extendidos.- ¡No le hagas daño! ¿¡No ves que no puede continuar!

Gaara fijó su vista en Hinata como si recién reparara en ella, aunque luego frunció el seño.

-Apártate.- gruñó.

-iie.- repuso moviendo la cabeza hacia los lados, decidida.- No puedes matarlo.

Una nube de humo tomó lugar detrás de Hinata, esta miró por sobre su hombro para descubrir que Surabi había desaparecido a través de una técnica ninja dejando tras sí un charco de sangre reciente.

Hinata suspiró y bajó los brazos, sonrió levemente sin dejar de observar el charco de sangre… había salvado una vida esa noche después de todo ¿No?

Algo se sujetó a sus piernas con una fuerza sobre-humana y la alzó al aire mientras comenzaba a aprisionar sus brazos y su torso. Quiso gritar pero su voz junto con los latidos de su corazón se habían encontrado perdidos en el suelo de donde la había levantado hacía poco menos de un segundo.

Gaara la observaba desde abajo, con una mirada de desprecio que la paralizó más de lo que ya se encontraba. Él estaba usando la misma técnica que había usado con Surabi minutos atrás… entonces… él iba a… cerrar su mano en puño y… ella no podría soportar tal ataque… su pequeño cuerpo quedaría hecho pedazos si…

-Tu… tu eres una entrometida… - murmuró entre dientes.

Hinata no replico, sino que entornó los ojos con dolor y pena… ¿Entonces así moriría… a manos de… un niño al cual había prevenido del peligro…? Pero… ese niño, Sabaku no Gaara… ahora lo entendía… él solo estaba… resentido…

Gaara respiró hondo y volvió a cerrar su mano en puño mientras exclamaba el nombre de su nueva técnica asesina.

-"SABAKU SOUSOU!"

Fin del Capítulo.


Tercer capitulo... wow... ya hace casi una semana que comence el fic, paso rapido el tiempo para mi... jaja bueno, lamento haberlo terminado ahí pero un poco de intriga no viene mal en la vida...

Bien, supongo que era de esperar este final para Hinata... podría decir que impidió que la presa de Gaara escapara... aunque al menos hay que destacar que él la salvo al sacarla de la trayectoria del Kunai de Surabi...

Glosario:

Otouto-San: Hermano (menor)

Arigato: Gracias

Sugoi: Impresionante

Ogenki deska?: Como estas?

Daijoubu: Bien

Ja ne-Bye: Adios (Informal)

Daijoubu ka: Estás bien?

Shi ne: Muere!

iya: NO (para detener una accion)

"Sabaku Sousou": Funeral del Decierto (La tecnica jutsu-ascesina de Gaara).

No quiero agregar mucho más... me despido y muchisimas gracias por sus reviews =)