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LO MÁS PRECIADO
Dearest-chan
Capitulo 18: "El reencuentro de dos Almas"
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Resumen:
.-Yo te amo de verdad… te amo…-. Susurró perdido en su placer mientras se empujaba hasta el fondo de aquella húmeda cavidad que parecía estrujarlo hasta enloquecer y cuando sintió que traspasaba una barrera y el cuerpo de Kagome tensarse con dolor, creyó que moría…
Perdón… oh… perdón…-. Susurró inquieto y quiso retirarse, pero Kagome sin palabras lo rodeó con sus piernas en una prisión de la que no se vería capaz de escapar. Se hundió de nuevo en ella apreciando la exquisita estrechez de ella que lo envolvía como un guante de seda y ya no fue conciente de nada… No supo cuantas veces la embistió, tampoco midió su fuerza, y sabía que no estaba teniendo piedad ni mucho menos estaba siendo cuidadoso. Su boca solo pronunciaba su nombre una y otra vez al instante en que la besaba con torpeza y pasión desbordada. Pronto culminaría, su instinto más bajo se lo decía, y fue este quien lo guió a enterrar sus colmillos en la hendidura de su cuello al instante que una esencia terriblemente caliente mojaba su sexo palpitante hasta hacerlo explotar y gemir con brutalidad. Sentía los espasmos de Kagome apresar a su miembro exquisitamente y extraer toda su semilla en la sensación más desbordante, agónica y maravillosa que había sentido en toda su vida…
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Continuación:
No hubieron palabras de por medio, no fueron necesarias; Eso es lo que Kagome quería cree. Pero, ahora, que poco a poco sus respiraciones se acompasaban y el latir desbocado de ambos corazones retomaba su galope elegante, ahora, venían las dudas, las preguntas, las palabras y todo su cerebro parecía convulsionar en inquietud y sufrimiento… Lo sintió rodear su espalda en ese abrazo tan férreo que jamás distendió y ante el tacto de su palma cálida se tensó por completo. InuYasha notó su reacción y casi por temor a que ella volviera a escapar la abrazó aún más fuerte, casi de sobremanera.
.-Inu… Yasha…-. Susurró despacio y por alguna razón no se atrevió a corresponder a su abrazo. Estaba tan confundida que temía hacer algo que la hundiera de nuevo en la soledad… no quería sufrir más.
.-Yo te amo… no sé porque no quieres entender… que quieres que haga para compensar el daño que te he hecho… haré cualquier cosa, solo tienes que pedirlo…-. Murmuró desesperado mientras se erguía sobre ella y la miraba a los ojos con muda súplica, intentando transmitirle todo ese amor que sentía. Arrugó el ceño al ver que ella se negaba a mirarlo y no correspondía a su abrazo… hasta cuando seguiría con aquella frialdad… por Kami! Si acababa de poseerla, pensaba que las cosas se habían arreglado, a pesar de que ella jamás correspondió sus palabras y ese "te amo" quedaba flotando en el aire, él pensó… ¡Maldición!... -¡Mírame, maldita sea!-. Masculló enojado mientras sus garras aferraron su mentón hasta girarlo y encontrarse con sus ojos… y entonces la vio… Se estaba mordiendo el labio, y sus orbes castaños eran dos pozos de agua, tenía las mejillas sonrosadas, la frente sudorosa, la respiración agitada y el cabello revuelto, pero para él era la visión más hermosa que había visto en toda su vida… y esa visión, esa mujer, era suya, lo decían aquellas dos incisiones que poco a poco cicatrizaban en su cuello…
.-Baka… Baka… Baka…-. Repitió ella mientras se revolvía en su abrazo e esquivaba la mano acusadora que sostenía su barbilla. Lo golpeaba con sus puños en su pecho, claro que sabía que no le estaba haciendo el más mínimo daño, pero sentía más rabia consigo misma, porque le creía, era tan tonta, que le creía y lo amaba; y verlo así, suplicándole era más de lo que su alma quebrantada podría soportar pues en el fondo de su corazón había comprendido que él la amaba y ella estaba dispuesta a perdonarle todo… -Te amo…-. Le dijo en tanto rompía a llorar y se aferraba a él hundiendo su rostro en el cabello plateado. –Te amo, baka…-. Le repitió y el la aferró tan fuerte que pareció robarle el aire…
.-No llores… Por favor, Kagome… sabes que no soporto verte llorar… te amo…-.Concluyó y es que no sabía más que decir y esa palabra parecía encerrarlo todo.
.-Repítelo…-. Musitó acongojada.
.- ¿Él qué?...-.
.-Lo último…-. Susurró sin atreverse a mirarlo aún.
.-Sabes que no sopor…-.
.- ¡No!, eso no… me refiero a lo…-. Le dijo abrumada y caprichosa, pero el no la dejo terminar...
.-Te amo…-. Dijo sonriendo ya que le había estado tomando el pelo hace rato. Sentía el alma apaciguada en un descanso demasiado añorado… -"esto es la felicidad"… se dijo feliz.
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.- ¿Quieres la perla…?-. Dijo una voz escalofriante y resonante dentro de aquella húmeda cueva… -¿Deseas a la miko que la posee…?
La respuesta no se dejó esperar y el hombre inmóvil por las quemaduras en la mayor parte de su cuerpo se retorció entre la mezcla de excitación y regocijo al imaginar a Kikyô entre sus brazos y la perla que tanto ansiaba teñida de maldad…
.-Sí…-. Susurró maquiavélico intentando por su único ojo encontrar al dueño de aquella voz que hablaba de su sueño tan añorado…
.-Entonces… únete a mí… y obtendrás lo que siempre has deseado…-.
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.- ¿Qué haremos ahora… InuYasha?-. Musitó ella con voz queda abstrayéndolo de sus pensamientos de dicha y felicidad. Él la miro sin comprender no muy concentrado en sus palabras más bien sus ojos y su mente ahora estaban acaparando la mayor parte del cuerpo de Kagome que se dejaba entrever, sintiendo como poco a poco su sexo despertaba de nuevo…
.-¿A qué te refieres?-. Preguntó ronco y apasionado. Removiéndose inquieto en lo que ellos habían adoptado como "lecho". Su vista dorada descendió descarada por el vientre plano y suave, y luego al húmedo refugio entre sus piernas, el aroma a sexo, almizcle y flores se hizo tan intenso en su nariz que tuvo que ahogar un gemido, la quería de nuevo, ansiaba otra unión, pero ella, al parecer no había notado su excitación, más bien, estaba bastante atenta a la espera de algo, una respuesta que no la había dejado muy conforme ya que su ceño estaba arrugado, sin embargo, él hace rato había perdido el hilo de la conversación.
.-Quiero hacerte el amor…-. Le dijo jadeante mientras se posicionaba sobre ella quien lo miraba pasmada y aturdida, sabiendo de antemano que la afirmación estaba tan fuera de lugar como lo estaba el mismo, se sentía un tanto avergonzado…¿qué pensaría ella?... estas actitudes le hacían recordar a Miroku y sentirse pervertido…
.-Espera…-. Le susurró sonrojada mientras se removía inquieta por sus besos y en su ingenuidad se rozó contra él provocando un leve estremecimiento que terminó con el gruñido mal ocultado por parte del hanyou. -¿A-ahora…?-. Musitó dudosa mirando los ojos de el que eran lava ardiente…
.-Feh!… ¿no quieres?...-. Masculló molesto. Esto era bastante incómodo a decir verdad, su carne ardía en su entrepierna hasta dolerle y es como si el calor húmedo del refugio femenino fuera demasiado tentador para su hombría que parecía atraída como un imán, el orgullo era lo único que le impedía rogarle… -Vamos…-. Susurró en su oreja, mordisqueándola de paso, no es que le interesara mucho su respuesta, de todas formas la poseería, pero esperaba su aprobación, saber si ella lo deseaba tanto como él a ella. Le metió la mano entre las piernas sintiéndose demasiado extasiado para pensar con claridad y la acarició en su zona sensible al paso en que su otra mano le abría los muslos y el se colaba entre medio, simulando una embestida al borde de perder el control nuevamente…
.-Inu…Yasha…-. Susurró perdida por aquella íntima caricia y de nuevo toda sus réplicas se perdieron en el mar profundo de su pasión encendida. No hubieron más palabras de por medio, no de nuevo, no por el momento, se dijo a sí misma, porque a pesar de todo, sólo una duda había sido aclarada y eso era la única constancia que necesitaba para aceptarlo, para que su corazón corrompido le brindara la oportunidad que él tanto añoraba… Se entregó a él esta vez con toda la paz que su alma reflejaba, como siempre, como la Kagome del futuro, con ese amor sin reservas, sin desconfianzas y entonces cuando se hundió en ella lo escuchó suspirar con una nueva emoción que ella había reconocido como amor, su amor por ella, sólo ella…
.-Te amo…-. Le susurró en una de sus orejas aterciopeladas y las arremetidas de él se detuvieron de golpe, lo sintió aspirar profundo pero el aire jamás fue liberado y después, cayó pesado sobre ella aún si haber completado lo que hacían, abrazándola casi dolorosamente. Él tiritaba, pero no de frío. Lo sintió ahogar un sollozo y antes de siquiera suponer cualquier cosa el liquido caliente que se derramaba por el medio de sus pechos le confirmó la verdad. InuYasha lloraba… ¿por ella?... ¿por lo que había dicho?...
.-Inu…
No pudo terminar y lo que era su nombre terminó en un gemido angustiado presa del placer. Él se movió fuerte, por no decir, de forma salvaje. Kagome supuso que él se había recuperado y que ciertamente, no era el momento de hablar, pero el la sorprendió de nuevo mientras arremetía de nuevo en busca de la culminación de su clímax…
.-Comenzaremos de nuevo… prometo que te haré feliz…-. Le dijo mientras se empujaba por última vez y con tanta profundidad que Kagome juró que se partiría en dos. El orgasmo les llegó a ambos por igual. Mientras que los sollozos femeninos se confundían con los gruñidos bestiales del hanyou, quien liberaba toda su esencia en el campo fértil de su, ahora, mujer. Presionando sus nalgas para abrirla y hundirse más en ella, luchando por llegar más adentro, si es que eso era posible… Kagome se atrevió a observarlo justo en el instante en que lo vio llegar al clímax; ver sus ojos dorados cegados por el placer, sus músculos endurecidos al máximo, la boca apretada y las uñas afiladas rasgando las pieles mientras liberaba entre espasmos toda su esencia. Recorrió con su mirada castaña, llena de adoración las mejillas y las lágrimas secas, lagrimas que él había derramado por ella… Sin dudarlo sus pequeñas manos se alzaron por su rostro y limpio la ligera humedad que quedaba en él. Le sonrió con la misma ternura que él había añorado…
.- Yo también… quiero hacerte feliz…-. Le susurró mientras lo acercaba y lo besaba con dulzura e InuYasha comprendió que aquello era el perdón, la redención. Cerró sus ojos y se dejo besar. Dejando que esta vez los labios de ella lo embriagaran de la quietud y el aroma que apaciguaba sus sentidos… al fin, había encontrado la paz… el amor verdadero… su Kagome…
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.-Pero que ha pasado aquí…-. Susurró la mujer presa de la sorpresa. Un asqueroso olor a carne descompuesta y quemada procedía de la cueva. A Kikyô no le quedó duda de lo que había sucedido... Onigumo había muerto quemado, no sabía como, pero el olor pestilente de la muerte era algo indudable, así como también eran los residuos asfixiantes de la energía maligna que permanecía en el lugar. Miró el recipiente que traía en sus manos, era la comida que ese día le llevaría al hombre que había yacido en esa cueva. No podía evitar sentir su corazón alterando en lo que ella asimilaba como un mal presentimiento…
.-Esto me da mala espina…-. Musitó mordiéndose el labio, olvidando por segundos a la mujer que la acompañaba…
.- ¿Qué sucede Miko-sama?...-. Preguntó la aldeana ligeramente preocupada e intentando prestar un poco de ayuda. La sacerdotisa sólo negó de forma pacifica.
.-No es nada… vamos… atenderé a tu hija…-.
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La brisa matutina mecía con suavidad los árboles, los ruiseñores cantabas sus gorgores y los cálidos rayos del sol del alba se colaban por la esterilla jugando con los contrastes de los seres en el interior de la cabaña. La piel trigueña, las cejas gruesas, los colmillos sobresalientes, y su rostro, ahora pacífico eran un regalo añorado en su juventud futura. Se mordió el labio llegando a su mente los recuerdos de un futuro, que ahora era un pasado recién descubierto. Que bizarro sonaba todo. Recordar las anécdotas que habían vivido quinientos años en el futuro era bastante alocado. Y más estremecedor era sentir la tela del ahora sobre su piel desnuda y el dolor suave que aquejaba su intimidad le recordaba lo que habían estado haciendo toda la noche… Ese InuYasha, el que la había poseído, distaba bastante del que conoció en el futuro, este era más salvaje, más posesivo… más bestial… Sus mejillas adquirieron un matiz carmín al recordar la forma ruda en que la había poseído, los besos osados, las uñas que presionaban sus nalgas buscando entrar más en ella, las arremetidas profundas… Enrojeció más al sentir como él se revolvía abrazándola medio dormido y entonces, como si jamás hubiera estado durmiendo, sus ojos dorados se abrieron, intensos, profundos y angustiados…
.- ¿Inu… Yasha?-. Susurró sin comprender hasta que sus poderes espirituales despertaron de golpe, la energía demoníaca del demonio que más temía se volvió maligna e intensa… -Naraku…-. Murmuró con voz asustada mientras un estremecimiento en su corazón le hizo aferrar la sábana a su pecho…
.-Maldición…-.
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¡¡Ataquen!!...-. Susurró un ser maquiavélico cubierto con una extraña piel de babuino. La horda de demonio no se hizo esperar al igual que la sacerdotisa que ya los esperaba con su arco sagrado tensado esperando el momento justo para disparar. La miko sonrió con frialdad cuando soltó la cuerda y las saetas salieron disparadas rompiendo el silencio en el ambiente. Las flechas se incrustaron con fatal precisión en varios de los yôkai, desintegrándolos en polvo y trozos de carne chamuscada.
Mientras su arco se tensaba preparado para un nuevo ataque, la miko notó con pavor que los demonios sólo eran una distracción. Comprendió todo cuando una sombra ágil paso rauda por su lado, casi como una corriente fría. No la vio, pero el aura negra de su maldad la hizo estremecerse por completo, miró a los aldeanos que lo luchaban con precarias armas intentando defenderse, incluso su hermana pequeña les estaba ayudando. Dirigió su vista estas ves a la pagoda donde la perla era custodiada por una barrera invisible de poder espiritual. No podía esperar mucho, estaba casi segura de que la barrera que había creado no sería capas de contenerlo, y como si el destino se burlara de ella, notó, angustiada y presa del pánico, que la barrera desaparecía en una explosión de gran magnitud que desintegró a los yôkai que segundos atrás atacaban la aldea. El viento de la explosión se detuvo al instante en que el humo dejaba entrever a un ser desconocido con piel de babuino y el brillo negro de la perla entre sus manos…
.-Libérame… Deseas poder… entonces libérame…-. Susurró una voz escalofriante que al parecer provenía de la perla, ahora, ennegrecida.
.-¡¡No!!-. Gritó la poderosa sacerdotisa y el viento se volvió caliente, lleno de voces, como ecos lejanos de un pasado y una luz cegadora se apoderó del lugar…
Continuará…
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N/A: Olis amigas!! Gomen por este largo periodo de ausencia pero el tiempo se me está volviendo escaso. Lamento lo corto de este capi, me gustaría escribir mucho más, pero por el momento creo que aquello es imposible. Lamento de verdad que este fic se haya retrasado tanto. Y es que tengo un montón de ideas en la mente. TT, bueno, en fin, solo espero que lo sigan y de antemano agradezco su eterno apoyo. Volviendo al capi quiero decirles que aún faltan muchas cosas por aclarar entre Inu y Kagome, a pesar de que se hayan unido, eso no significa que todo este dicho y eso lo aclararé en el próximo capi. Ahora solo quedan tres y es el fin, aunque estoy dudando con respecto a un epilogo…. Creo que haré uno XD! Bueno, en el camino se arregla la carga, así que hay se verá.
Muchas gracias por leer a todas, y muchas gracias a los review de:
Lis-Sama
La AviA
Kariko-12
Y todas las que se han hido agregando XD.
Besos y cuídense un mucho XD!
Atte Dearest-chan
