Los personajes no me pertenecen, son de Stephenie Meyer. La historia si es de mi autoría.
Summary: Isabella Swan es secuestrada por Edward Cullen, el mayor mafioso de Estados Unidos. Este solo la lleva por unos días para disfrutar del bonito cuerpo que posee la castaña, pero lo que no sabe es que Bella no es una "chica fácil". El la secuestro y ahora va a tener que lidiar con ella, ya que no piensa rendirse hasta conseguir tenerla en su cama por voluntad propia. ¿Lo conseguirá?
Mafiosa atracción
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By: The princess of the winds
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"Si vas a romper la ley, que por lo menos el crimen sea interesante"
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Capitulo 3: El secuestro.
Bella POV
Era de noche y me encontraba en una ciudad que no conocía. Las calles se veían desiertas y no se oía nada que no fuera el latir desenfrenado de mi corazón.
Estaba corriendo sin saber a donde ir. Maldición. Estaba perdida.
Sentía pura desesperación recorrer mi cuerpo. Algo me seguía y presentía que estaba a punto de atraparme.
"¡Por favor, que alguien me ayude!" Quise gritar pero mis labios no se movían, parecían sellados. La desesperación crecía a cada instante más y más, y no podía controlarme.
De repente tropecé y me prepare para un golpe que nunca llego, en cambio, lo que sentí fue un par de brazos atraparme por detrás.
—Te advertí que no podías huir de mí —. Susurro una voz aterciopelada antes de besarme furiosamente.
Me desperté respirando agitadamente. Eso había sido muy vivido y extraño, nunca tuve un sueño así.
Me fije la hora en el reloj, y este marcaba las cuatro de la madrugada. Suspire. Ya no iba a poder dormirme nuevamente.
Me levante con cansancio y fui directamente al cuarto de baño.
Entre en la ducha, y deje que el agua caliente se llevara mi extraño sueño.
Para cuando salí del baño, ya eran pasadas la cinco de la mañana.
Me puse un short de tela negro y una remera blanca básica de tirantes. Camine tranquilamente hasta la cocina y me fije si en el refrigerados se encontraba algo que me apeteciera, como no halle nada que me interesara solo me serví un jugo de naranja.
Hoy al ser sábado, no tenía que ir a la universidad y tampoco al trabajo, así que tome mi viejo ejemplar de "Cumbres borrascosas" y lo comencé a leer desde el principio.
Cuando lo termine, mire la sala y decidí que no le vendría mal una limpieza. Comencé allí, pero termine limpiando todo mi departamento.
Mientras terminaba lo ultimo en la cocina, sonó el teléfono.
—Hola. —Conteste un poco agitada por culpa de la mini carrera que hice para alcanzarlo.
—¡Hola, Bella! ¿Estas bien? Tu voz suena rara. —Dijo la voz que asocie a mi amiga Ángela.
—Si, estoy bien, es solo que tuve que apurarme para atenderte. No es que me moleste, pero ¿No te parece un poco temprano para llamar, Ang?
—Bells, son las cuatro de la tarde.
A mi mejor amiga se le escapo una pequeña risa.
—¿De verdad? —Pregunte de manera estúpida, aunque estaba viendo el reloj de la pared.
—¿Te quedaste perdida en lo libros o en la limpieza?
Suspire. Ella me conocía demasiado bien.
—En ambas. —Admití. —Bueno... cambiando de tema... ¿Para que llamaste, Ang? ¿Sucedió algo?
—No, no paso nada, solo quería saber si podes ir conmigo al centro comercial.
Lo pensé unos segundos.
—No tengo nada que hacer y no me molestaría acompañarte... pero tenes que prometerme que no me vas a tener tres horas viendo ropa. —Mi tono de voz fue bromista, pero ella sabia que se lo decía en serio.
—Perfecto, Bella. Te doy mi palabra que no te voy a tener tres horas viendo ropa.
Realmente esperaba que esta vez cumpliera su promesa.
—Bueno, entonces nos vemos a las cinco allá ¿Te parece? —Le pregunte.
—Si, me parece bien. Nos vemos.
—Hasta luego.
Corte la llamada y me desperece.
Me agradaba juntarme con Ángela, era una buena persona y no se metía en chismes ni problemas. Ella es la única persona con la que puedo ser yo misma, ya que mi madre vive en Arizona y mi padre murió cuando era pequeña.
La había conocido en la universidad y desde el primer momento nos llevamos bien.
Aunque ella estudiaba Periodismo y yo Literatura, teníamos horarios parecidos y accesibles, lo cual nos permitía trabajar juntas cómodamente en el bar "Eclipse".
Me fui a dar otro baño y a cambiar, ya que si Ángela me veía así, me iba a dar otra de sus clases de moda que tan histérica me ponían.
Luego de una rápida ducha, me empecé a cambiar. Me puse un vestido azul claro que me llegaba por encima de las rodillas y unos zapatos de tacón color negro. Suspire. Si seguía obligándome a usar estas trampas mortales, era muy probable que no llegara a mi cumpleaños numero diecinueve.
Me maquille muy levemente y me observe en el espejo. Me veía aceptable, mi extremadamente pálida piel contrastaba con mi cabello y ojos castaños, y además la sutil sombra de ojos lograba acentuarlos un poco más.
Tome una pequeña cartera negra y mi abrigo a juego, y salí a la calle.
Camine un poco por las calles de Seattle, pero aunque el centro comercial no quedaba muy lejos de donde vivía, odiaba moverme con los tacones y además me estaba congelando. No imaginé que la temperatura fuera tan baja.
Pare un taxi, y le dije la dirección a donde deseaba ir.
Llegue a un minuto después de las cinco, y Ángela ya me estaba esperando en la puerta.
Le pague al taxista lo que correspondía y fui hacia donde se encontraba mi amiga.
—Hola, Bella. —Ella me abrazo y vio mi ropa. —Te ves bien, te voy a dar clases de moda mas seguido.
—No, gracias. Ya tuve suficientes clases de moda para toda mi vida.
Eso era verdad. No pensaba volver a escucharla por cinco horas decirme que si el rojo es de temporada, que si el verde ya paso de temporada, que si los moños esto y aquello... no, creo que no podría aguantar otra de esas clases.
—Eso dices ahora, pero en algún momento vas a ver que te van a ayudar.
Si, claro. Eso no iba a sucede.
Ella debió notar mi escepticismo ante su afirmación, ya que me saco infantilmente la lengua.
La mire y rodé los ojos.
—Mira, Ang, me alegro de que te guste como me vestí, pero sinceramente me estoy helando.
Ella me volvió a mirar, y parecía como si en ese instante se hubiese dado cuenta de que solo tenia puesto un vestido y una chaqueta.
—Entremos a comprar antes que te conviertas en una estatua helada. —Dijo, mientras me tomaba del brazo y cruzábamos las puertas hacia el calor de la calefacción del establecimiento.
Antes de que dice un paso mas la hice frenar.
—Recuerda tu promesa, Ángela. No quiero que te vicies con las compras.
—Palabra de niña exploradora.
Un quejido silencioso salio de mis labios... ella nunca fue niña exploradora.
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Luego de tres horas y media de caminar por todo el maldito lugar, yo estaba muerta de cansancio, harta de ver ropa y ya no sentía mis pies.
Parecía que Ángela no se iba a alejar de la ropa en un futuro muy cercano, yo queria ir a ver un par de libros antes de que cerraran.
Con temor, me moví del rincón en donde me había escondido, y me acerque a mi mejor amiga que parecía poseída por el fantasma de las compras.
—Ángela. —La llame, pero no me presto atención. En sus manos se encontraba una blusa de un rosa chicle... creo.
—Ángela. —Volví a llamarla, pero esta vez le toque el hombro.
Al fin reacciono y noto mi presencia.
—¿Que pasa, Bella?
—¿Te importaría si voy a ver los libros mientras tú sigues con las "pequeñas compras"?
Ella se percato de mi sarcasmo y sonrió inocentemente.
—Ve, yo ya termino y te alcanzo.
—Ya termina, si claro... —Murmure mientras me iba.
—¡Te escuche!
Rápidamente salí de ahí, no vaya a ser que se arrepienta y me obligue a quedarme con ella.
La librería del centro comercial no tenía nada interesante y yo realmente necesitaba un libro nuevo.
Pensé un poco y recordé que a dos cuadras de aquí hay otra.
Mi abrigo se lo había dejado a Ángela, pero ni loca volvía con ella. En este momento debía estar con unas veinte bolsas e iba a necesitar que alguien la ayude a cargar, ella era mi amiga pero ese trabajo ya lo hice muchas veces, así que mejor que la ayude otro.
Ignorando el frió y a mis adoloridos pies, me encamine hacia afuera.
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Llegue a la librería y me dispuse a buscar algo de mi agrado.
Fue una desilusión no encontrar nada nuevo, además de que la dependienta estaba enojada conmigo por revisar todo y no comprar nada.
Para cuando salí de ahí todo estaba oscuro. ¿Tanto había tardado? Ángela iba a matarme. Maldije al celular que se rompió hacia dos días y por eso no podía llamarla.
Empecé a caminar rápido, pero al ser tan tonta como soy, tome la calle equivocada y me perdí.
Estaba nerviosa, en esa calle no había nadie, y solo un auto negro con vidrios tintados se encontraba estacionado en una estación de servicio vacía. Las unicas personas que podi ver era dos hombres, uno cargando nafta y otro apoyado contra el auto. Tal vez ellos me puedan guiar.
Trague saliva y aumente mi ritmo de caminata olvidándome de los tacones. Me sentía observada y eso no me gustaba ni un ápice.
Pare de caminar.
Un instinto en mi me dijo que diera media vuelta y me fuera. Por primera vez no discutí una orden y obedecí.
Escuche un ruido detrás de mió y cuando me gire vi al hombre que estaba con el automóvil venir hacia donde estaba.
Comencé a corres como si me llevara el diablo.
Había logrado alejarme tres cuadras, cuando mi torpeza ayudada por los tacones, me hicieron caer.
Caí de rodillas y antes de poder levantarme, fui tomada del brazo por una gran mano blanca. Sin permitirme hablar o girarme, un pañuelo con extraño olor se puso en mi boca y nariz, obligándome a respirar solo esa esencia.
Comencé a ver todo negro y mis párpados a pesar.
Sentí que era levantada y posteriormente ingresada a un lugar calentito y cómodo.
Lo ultimo que recuerdo antes de entrar completamente a la inconciencia, fue una voz aterciopelada diciéndome que todo estaría bien.
Bien, aquí dejo el capitulo y espero que les guste. Quiero agradecer a todos los que leen esta historia, y en especial a: zonihviolet, marieisahale, Andrea 16 de Cullen, Suiza19, LuluuPattinson, soledadcullen, michelle de cullen y a yyamile.
Un saludo.
