Esta es la historia de amor de dos personas muy diferentes: Peeta es un irresponsable y rebelde, heredero de una cadena de hoteles, que cruzará caminos con Katniss, una chica alegre y trabajadora. Su relación comenzará con un Peeta tóxico, y para enseñarle una lección, su padre le obligará trabajar en la aldea de Katniss. Y esto, sólo es el principio de una gran historia de amor...

¿Podrá este amor durar... PARA SIEMPRE JAMÁS?

PARA SIEMPRE JAMÁS

CAPÍTULO 2

"Las consecuencias de tus actos"

KATNISS POV

-¿Y ahora qué vamos a hacer? –le pregunto a mi padre, irritada y preocupada.

-Vamos a hablarlo todos juntos… -suspira igual de preocupado. –Lo primero es lo primero.

Todos nuestros amigos comienzan a salir de sus casas cuando divisan la camioneta. Presentan rostros y expresiones curiosas y confusas, ahora deberíamos estar en la ciudad vendiendo los cultivos, sin embargo, estamos aquí con otro problemón más para nuestra lista. Lo que nos faltaba.

-¿Qué pasa? –pregunta Mags cuando bajamos mi padre y yo de la camioneta.

-¿Qué es eso? –apunta Rue, una de las chicas de nuestra comunidad.

-¿Estáis bien? –también pregunta Effie examinándome.

Beetee, otro de los mayores de la comunidad, se sube a la camioneta para investigar lo que envuelve la gran tela roja. Effie me mira con la ceja alzada y yo me encojo de hombros. Cuando Beetee saca la tela roja todos ahogan sus respiraciones al ver a un chico profundamente desmayado.

-¡Un muerto! –exclama Prim, la melliza de Rue.

Todos nos miran preocupados y mi padre se rasca la cabeza sin saber qué hacer.

-¿Por qué traéis a un muerto aquí? –pregunta Effie.

-No es un muerto. –murmura mi padre. –Cayó del cielo.

Todos nos miran como si estuviéramos locos y mi padre y yo suspiramos.

-Literalmente. –murmuro yo.

Creo que eso les confunde más y al final solo observamos a Beetee examinando al individuo durmiente.

-No está muerto. –afirma para la calma de todos.

-Pero… explicadnos cómo es que ha caído del cielo… -sigue Effie.

-Ahí está tu bolsa de oro. –le digo yo con ironía.

-Dije bolsa de oro, no una persona en una tela roja. –responde.

-Ya. –finaliza Mags. –Beetee… ¿cómo lo despertamos?

-Respiración boca a boca… -murmura Beetee.

-¡Me presento voluntaria! –exclama Prim.

Todos le miran con los ojos entrecerrados y hace un puchero cuando Rue le dedica un golpe en la cabeza.

-¿Qué? –exclama. –Es guapo. –se encoge de hombros.

Mags agita la cabeza y mira a Beetee.

-Hazlo tú mismo, Beetee. –le dice.

Observamos con atención cómo Beetee se inclina y acerca sus labios hacia el chico. Creo que todos contenemos nuestras respiraciones cuando se acerca más…. y más… un poco más.

-¡AHHHHHHHHHHH! –de repente grita el chico y agita sus brazos para alejar a Beetee.

-Creo que lo has despertado con tu mal aliento... -bromea Boggs.

Todos nos quedamos mirándolo fijamente al chico al igual que hace con nosotros. Poco a poco su expresión de susto se va convirtiendo en confusión y más tarde… en un fruncido de sus cejas.

-¿Quiénes sois? –pregunta.

Nos miramos entre todos y mi padre se acerca a él.

-Soy Plutarch. –se presenta. –Te hemos encontrado en el camino del valle saliendo hacia la carretera… bueno, más bien has caído en nuestra camioneta.

-¿Dónde estoy? –sigue preguntando preocupado.

Todos se miran confusos y asustados.

-Tiene amnesia. –murmura Beetee.

-¿Amnesia? –pregunta Prim. -¡Yo, yo soy tu novia! –exclama.

Y se gana otro golpe de su hermana.

-No tengo amnesia… estoy bien. –dice el chico.

-Perfecto. –suelto y todos me miran. –Ahora… páganos.

-¿Pagar qué? –me dice.

-¡Mis cultivos! –apunto las cestas destrozadas. –Los aplastaste, pisaste y destrozaste… así que nos tienes que pagar.

-No pienso pagar nada. –dice el muy chulo.

-¡Pero es tu culpa! –exclamo.

-¿Yo? –se apunta a sí mismo.

-No, yo. –digo con ironía.

-Es culpa del aire. –murmura.

-¿Acaso puede pagarme el aire? –exclamo.

-Eso ya no es mi problema. Yo no tengo la culpa.

Todos comienzan a exclamar y yo le fulmino con la mirada. Increíble, simplemente increíble. Encima de que él es el que cae desde a saber dónde, abolla nuestra camioneta, aplasta nuestras verduras y pisotea mis fresas, ¿él es quién tiene la cara de decirme de que es culpa del aire? ¿Acaso el golpe ha terminado de dañarle completamente el cerebro? Claro, ya tendría que tener un daño ahí arriba como para saltar desde donde haya saltado.

-Esperad…. Esperad. –Mags pone la calma. -¿Qué es exactamente lo que ha pasado?

Mi padre suspira y se rasca la cabeza.

-Íbamos conduciendo en el camino del valle para salir hacia la carretera, cuando de repente sentimos un golpe detrás de la camioneta. Frené, y corremos a ver lo que ha pasado y ahí estaba el chico encima de todas las cestas de verduras. Le intentamos ayudar pero él se levantó solo, terminó de tirar todas las verduras y frutas en el suelo y los pisoteó. –cuenta mi padre.

-Está bien, calma todos. –suspira Mags. –Antes de pelearnos todos, lo primero es lo primero. Hay que ver si el chico está bien… vamos ahí dentro y lo hablamos con más calma.

Todo esto pasa sin que yo le quite la fulminante mirada. Estoy indignada, es decir, él nos destroza todas las ganancias y todavía somos nosotros los que nos tenemos preocupar por si el pobre chico está bien.

Prim corre en su ayuda y todos caminamos detrás de él. Puedo ver cómo mi padre murmura con los demás trabajadores, quizás para contarles más cosas. Mags me agarra del brazo para frenarme y me mira.

-Te conozco Katniss. –me advierte. –Déjame las cosas a mí…

Asiento con desgana y nos metemos en su pequeña cabaña. Rue se sitúa al lado mío mientras mira a su hermana coqueteando con el desconocido. Esperamos a que estén todos mientras Mags examina el físico del chico.

-El niño parece estar bien, puede caminar, no tiene ningún chichón ni huesos rotos. –informa. -¿Cómo te llamas, hijo?

-Peeta. –murmura.

-¿Apellido? –pregunta Boggs, el papá de las mellizas.

-Mel… Melricks. –responde.

Agarro un papel y lápiz de la mesa y comienzo a apuntar y hacer cálculos de todos sus daños. Rue me mira y se encoge de hombros. Cualquier información nos puede servir.

-Bien, Peeta Melricks. –todos me miran cuando hablo. –Has tirado dos cestas lleno de repollos, esos son diez kilos cada uno, también has tirado dos cestas de zanahorias, judías, berenjenas y calabacines, calabaza... Ahh… y cinco cestas de fresas. –apunto. –En total hacen…. Cinco mil cuatrocientos ochenta dólares.

-¡¿Cinco mil cuatrocientos ochenta dólares?! –exclama. –Pero… yo no tengo dinero.

Frunzo el ceño y todos comienzan a murmurar. Miro a mi padre y después miro al chico desconfiada.

-Vale… está bien. –murmura mi padre. –Dime el nombre… o mejor aún… el teléfono de tus padres para que pueda hablar con ellos.

-Ahhh… es que ellos… no están aquí… -responde el chico. –Están en… Kentucky…

Todos nos miramos y otra vez comienzan a murmurar.

-Espera… vienes volando… ¿desde Kentucky? –todos miramos a Beetee. –Mola.

-Es Superman... -suspira Prim de admiración.

-Prim... -regaña Bogss. -Pero… alguien nos tiene que pagar. Tenemos facturas que pagar… vivimos de lo que has destrozado.

-Pues… lo siento, pero no tengo dinero.

-¿Y familiares? ¿Amigos? –sigue mi padre.

-Bueno, soy de Kentucky… lo más probable es que también estén allí.

-¡Pues llámalos! –exclama Effie de repente y nos sorprendemos.

El chico suspira y rebusca en sus bolsillos… pero por su expresión… parece que otra vez son malas noticias.

-Mierda… -nos mira. –Se me ha caído el móvil.

Bufo y saco mi móvil.

-Toma, mándales un mensaje.

Él me mira y yo arqueo la ceja.

-¿Crees que… me sé de memoria sus números? –ahora bufa él.

Otra vez nos miramos impacientes hasta que Boggs y mi padre se levantan y dirigimos la mirada hacia ellos.

-Entonces vamos a buscarlo. –dice Boggs.

-¿Queréis ir hasta Kentucky? –exclama Beetee.

-No, idiota. –suspira Boggs. –Vamos a buscar su teléfono.

No me puedo creer que tengamos que pasar por esto. Quiero decir, ¿por qué tomarnos tantas molestias por este individuo que no ha hecho más que traernos problemas? Ahhh espera… que nos tiene que pagar.

Boggs, Beetee, el individuo, mi padre y yo nos subimos en la camioneta para ir en busca del maldito teléfono. Solo espero que esté allí donde ha caído… por nuestro bien y por su bien… porque sinceramente, no sé qué puedo llegar a hacerle.

Llegamos en el sitio en unos quince minutos. El silencio de mi padre me inquieta, sabe perfectamente que si el individuo no nos paga, no seremos capaces de saldar la deuda a la vieja bruja, y si eso pasa, tendremos que ir empaquetando nuestras cosas.

Me resigno en tener que irnos, muchos de la comunidad no tienen adonde ir… Beetee, no tiene familia solo nos tiene a nosotros… y Mags, ella solo conoce este sitio, este es su hogar… Para todos, la Veta es nuestro hogar… no puedo permitir que un individuo con tan poco corazón nos arrebate nuestro hogar.

Bajamos de la camioneta y les muestro exactamente donde ha caído. Ver todas las fresas aplastadas en el suelo y otras verduras me hierve la sangre.

-Aquí es donde ha caído. –les digo. –Boggs, ayúdame a recoger algunas fresas que sigan bien… a lo mejor nos puede servir para hacer mermelada…

Mi padre busca en los alrededores y Beetee va a vigilar al individuo.

-¡Tú! –exclama de repente Beetee y giro la cabeza. -¿Qué tienes ahí?

Me sonrojo y aparto la mirada cuando la dirijo hacia donde tiene la mano el chico. En sus… bueno, partes bajas.

-Me pica… -murmura de repente el chico.

-Pues ráscatelas en donde te vea… -responde Beetee.

Suspiro pesadamente. ¿En qué momento tuvimos que tener tan mala suerte? Yo creo que el sueño de Effie, por muy buena intención que tenía, al final en vez de un saco lleno de oro, se nos ha caído un saco lleno de desgracias. Sé muy bien cómo leer a las personas, y más a personas como este individuo. Algo oculta, eso lo puedo ver perfectamente… y me resigno en creer que no tiene dinero, por favor, sólo hay que verlo vestido… y el paracaidismo no es precisamente un deporte barato.

-Aquí no hay nada… -murmura mi padre y Boggs con lamento.

-A lo mejor… se me cayó cuando aún estaba en el aire… podría haber caído en cualquier parte… -cuando habla giro mi mirada llena de furia hacia él. Se me encoge de hombros.

Me levanto y le encaro. Mi padre y Boggs se ponen a mis espaldas.

-¿Y qué pretendes que hagamos ahora? –le digo al individuo.

-Pues yo… tenía pensado irme… -me responde.

Le dedico una sonrisa irónica y le agarrro del cuello de su chaqueta. Boggs y Plutarch me sujetan y Beetee le intenta alejar de mí.

-¿Y olvidar todo lo que has causado aquí? Todo eso que destrozaste era algo muy importante para nosotros… nosotros vivimos de lo que tú has pisoteado… así que no vas a ir en ninguna parte sin pagarnos. –le advierto.

-Ya te he dicho que NO TENGO DINERO. –discute. -¿Con qué quieres que pague?

Y entonces hace un gesto muy raro en la cara. No sé qué es lo que pretende con esa mirada y esa sonrisa de lado… lo que sí estoy segura es que no se va a ir en ninguna parte sin habernos pagado.

-Ya se nos ocurrirá algo. –murmuro y me giro para mirar a mi padre con suplica.

-Mi hija tiene razón, Peeta. –le dice mi padre. –Es mejor que vengas con nosotros hasta resolver todo este asunto…

Beetee le empuja nuevamente hasta la parte trasera de la camioneta y se sube con él para vigilarle. Boggs y yo nos subimos con mi padre y sin haber resuelto nada volvemos hasta la aldea.

Cuando llegamos todos están reunidos fuera de sus casas al lado de la cocina al aire libre. Nuestras cabañas son bastante pequeñas y muy pocos de nosotros tenemos una cocina cada uno, así que mi padre decidió hacer otra pequeña cabaña para poder cocinar afuera, claro está, es una cocina al estilo leña y fuego. Es bastante útil porque tenemos un poco más de sitio, y es perfecto para mí cuando cocino las mermeladas de las frutas que tenemos. Nada más divisarnos nos miran esperanzados pero nada más ver nuestras expresiones ya saben la respuesta.

-Quédate aquí. –le dice mi padre al individuo.

-Yo le vigilo. –el hijo de Effie, Darius, fulmina con la mirada al chico.

-Effie, he traído algo de las fresas que aún seguían con buena pinta… a lo mejor nos sirve para hacer mermelada. –corro con la pequeña cesta hacia la cocina y ella me sonríe.

-Llegas a tiempo, estaba preparando las fresas para tu mermelada. –sonríe pero apagada. –Voy a ir cortándolos en trozos.

Asiento y se pone manos a la obra. Prim y Rue se unen con ella para hacer la tarea más rápido. Rue me empieza a contar algo que ha ocurrido en el gallinero con Prim mientras ésta se defiende de su hermana. La discusión de las hermanas pasa en un segundo plano cuando pongo toda la atención a la discusión de los mayores.

-¿Qué vamos a hacer con el chico? –suspira mi padre pesadamente. –Hagamos lo hagamos, no creo que le vayamos a sacar nada a ese pendejo.

-Os lo he dicho, era casi imposible recaudar los veinticinco mil que pedía la vieja bruja… -murmura Castor. –Es mejor que vayamos empacando.

-Ni lo digas en broma, Castor. –exclama Effie. –Creo que de todas estas fresas aún podemos sacar unas veinte botellas… no es mucho pero sigue siendo algo.

-¿Y las zanahorias y patatas? –pregunta mi padre. -¿Cuántas cestas podemos sacar?

-No… esas todavía son para el mes que viene… -responde Effie.

-¿Y las fresas? –exclama Rue.

-Las que sacó Katniss eran las últimas… como mucho podemos sacar otras diez botellas de mermelada más… -responde Cressida. –Si alguien todavía tiene algún ahorro por ahí… o podemos vender algunas de nuestras cosas… ¿cuánto nos falta para los veinticinco mil?

-Creo que sólo tenemos unos trece o catorce mil… con algunos céntimos más… -murmura Effie.

-Bien, creo que todavía tengo algo de ropa que podemos vender… Castor, tu radio… nos pueden dar algo más… -dice mi padre.

-Está bien. –responde Castor.

-Tengo algo de ahorros… contad con eso también. –comenta Beetee

-Yo tengo todavía cosas para poder vender… -murmura Effie.

-A lo mejor podemos vender mi camioneta… con eso seguro que podremos saldar la deuda… -murmura mi padre.

-No… eso no, nos hará la vida más difícil… -murmuran todos.

Sigo escuchando con rabia como cada uno de la comunidad son capaces de vender casi todas sus cosas, entregar todos sus ahorros con tal de poder llegar a la deuda. Miro al chico tan tranquilo y sentado… ¿acaso no tiene corazón? Él puede estar escuchándonos perfectamente y sigue ahí como si no fuera nada… Me hierve la sangre e intento contener mis lágrimas. Me llena de impotencia no poder hacer nada… no puedo ver cómo todos pierden sus cosas más valiosas sólo porque este individuo dice que no tiene dinero.

Dejo las fresas y salgo caminando hacia el chico. Oigo cómo todos se callan y sé que dirigen su mirada hacia mí.

-¡Oye, qué haces! –exclama el chico.

Se levanta de un salto cuando comienzo a palpar todo su cuerpo. Sé que tiene dinero, tiene que tener dinero. Un chico que no tenga nada no viste de esa manera ni practica deportes de las que practica. Solamente es un individuo sin corazón que no le importa más que él mismo, y si tiene dinero porque seguro que tiene yo se lo voy a sacar… aunque sea palpando y toqueteando.

-¡Oye! –exclama mientras palpo su abdomen y voy bajando. -¡OYE! –exclama más fuerte cuando bajo la mano.

-¡Katniss! –exclama mi padre y me agarra de los hombros apartándome de él.

Boggs también agarra al chico para alejarlo de mí. Cuando le dedico una mirada, él me dedica una sonrisa.

-Katniss… eres una chica… y él es un chico. –murmura mi padre. –No puedes ir palpando a un chico de esa manera… a saber qué es lo que llegas a tocar, hija, por dios. –me regaña.

-¡No es justo, Papáng! –exclamo con impotencia. -¡No es justo que todos pierdan las cosas que más les importa cuando hay otro culpable a quién se le puede reclamar! –me giro y le apunto. -¡Éste, éste es el que tiene que pagar!

-Que no tengo dinero… ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? –exclama y extiende sus brazos, yo arqueo la ceja. –Lo que estáis viendo ahora… es todo lo que tengo… y ya.

Todos le miramos y nos sorprendemos cuando Rue se acerca a él al igual que Prim. Al principio creí que otra vez estaría los ataques coquetos de la rubia pero no, agarra la mano del chico y señala el brillante reloj que rodea su muñeca.

Una sonrisa se expande por mi rostro y le miro directamente a los ojos.

-Vale. –asiento.

.

.

.

PEETA POV

Un chico alto y con cabello oscuro que tapa un gorro gris de lana me mira de arriba hacia abajo. La chica, creo que se llama Katniss, y su padre también observan con atención al chico.

-Hmmm… -murmura el chico mientras se rasca la barbilla. -Cincuenta pavos por la chaqueta… -dice.

-Esto me ha costado doscientos, tío. –exclamo.

-Veinte por el pantalón. –sigue el chico sin hacerme caso.

-Esto es comprado en Europa… -señalo mi pantalón.

-¿Los calcetines? –pregunta Katniss.

-Dos dólares. –responde el chico.

-¿Zapatos? –sigue preguntando la chica.

-Hmmm… cien.

-¡Estos me han valido seiscientos! –exclamo.

-¿Y el reloj? –murmura Katniss.

-Trescientos… -responde nuevamente el chico.

-Esto es original, mil doscientos dólares. –exclamo.

-Y esto es un segunda mano, tío. –por fin me habla. –Además, ya que vas a vender todo, el precio de la ropa que te voy a dar ahora para que te cambies, ya viene incluido. –me da un pantalón chándal. –A menos que… quieras salir de aquí desnudo.

-¿Puedes darnos mejor quinientos dólares por todo? –pregunta la chica. –Es una urgencia, Gale.

-Está bien, porque sois vosotros. –suspira el chico.

-Genial. –exclama la chica, me agarra del brazo y me empuja detrás de un perchero llena de ropa. –Vístete.

Me parece increíble que sólo valga quinientos dólares toda mi ropa, sí, es poco probable que salda la deuda con mi ropa pero podría haber valido más. Me adentro entre el montón de ropa y me asusto cuando veo un par de ojos grises mirándome fijamente.

-¿Qué haces? –la pregunto.

-Vigilo, por si te escapas. –me dice.

-¡Katniss! –exclama su padre. -¿Qué haces? Tú no puedes mirar ahí… -suspira. –Recuerda, eres una chica… no vayas a ver algo indebido por ahí…

-¿Y si se escapa? –exclama.

-No me voy a escapar.- murmuro y me voy quitando la ropa.

Me desabrocho el pantalón y me lo quito, entonces mi teléfono móvil se cae al suelo sonando un golpe seco. Me quedo paralizado… lo han escuchado.

-Además, ¿qué es lo indebido que puedo ver ahí? –pregunta la chica muy inocente haciéndome saber que no ha escuchado nada.

-Cállate. –regaña su padre.

Agarro mi teléfono y lo escondo donde estaba escondido antes, está frío pero es el lugar más seguro, digo, son mis partes bajas… En teoría, no les mentí cuando les dije que había perdido el teléfono, lo encontré cuando fuimos a buscarlo en el sitio donde caí. Menos mal que todos se pusieron a buscar en el camino porque el bendito aparato estaba entre el montón de zanahorias en el camión. Enseguida lo escondí en mis partes bajas, fue ahí cuando el señor con las gafas y el que quería hacerme el boca a boca apareció… y para que no me pillara, le dije que me picaba aquí abajo.

En realidad, podría dejar de pasar por todo esto solamente con una llamada. Pero no pienso… más bien, no quiero hacer utilidad de esa opción porque prefiero mil veces que me secuestren unos desconocidos que volver suplicando a mi padre. No, no pienso hacerlo.

-¡Tus calzoncillos! –exclama de repente la chica. -¡Quítatelo que también lo vendemos!

Asomo mi cara en el espacio donde ella se había asomado antes y le miro.

-Ten piedad del Peeta junior. –le digo.

-¿Peeta junior? –pregunta muy inocente. Me río.

-No preguntes hija, no preguntes. –vuelve a regañarla su padre.

-Además, no le conozco, a saber de lo que puede tener ahí abajo. –murmura el chico.

Me aseguro de que mi móvil está a salvo y me termino de vestir. Solamente me han dejado mi camiseta blanca manchada de fresa y el chándal que me ha dado el chico. Salgo y le entrego toda mi ropa.

-Todavía nos debe cuatro mil novecientos ochenta dólares… -murmura la chica.

-¿Tenéis algo más de él? –pregunta el chico.

Ella mira a su padre y de repente se le iluminan los ojos.

-¡Si! –exclama. -¡Todavía hay algo! ¡Vamos!

No sé en qué demonios está pensando ahora esta chica. Si no fuera porque es terca y cabezota ahora mismo su comunidad ya me habría dejado libre. Sin embargo, encuentro muy graciosa su forma de actuar. Jamás había conocido a una chica que pudiera ignorar mis miradas. Es como si no tuviera efecto hacia ella. Quizás sea porque su rabia me impide pasar… es posible.

Cuando llegamos de nuevo en la aldea ella sale corriendo de la camioneta. El chico y yo nos bajamos de la parte trasera y la seguimos caminando. Poco a poco todos se van reuniendo donde estamos y observamos como Katniss vuelve con mis paracaídas… cómo se me había olvidado, con esto seguro saldo la deuda.

-Mira, Gale. –le enseña mi juguete el chico. -¿Cuánto nos puedes dar por esto?

Todos la ayudan para extender la gran tela roja para que Gale la inspeccione. Por su cara, deduzco que otra vez no sacaremos mucha pasta.

-Tiene un agujero… eso ya no se puede utilizar. –murmura. Lo sabía.

-Eso me ha costado quince mil. –informo y todos me miran.

-Sin agujero… ¿y con agujero? –me responde.

-¿Y… no puedes hacer nada…? La tela vale está rota, pero todavía tiene estos chismes colgando… y la bolsa… -suelta desesperada Katniss.

-Está bien. –suspira Gale. -Cien.

-Por dios, Gale. –exclama Effie. –Mira este niño, ha dicho quince mil y nos das cien… te vas a ganar una…

-Cinco mil. –exclamo.

-Mil. –me tapa Katniss.

-Ciento cincuenta. –suelta Gale.

-Cállate. –Katniss me da un golpe. -Ochocientos.

-Cuatro. –digo yo. –Cuatro mil.

-Doscientos. –murmura Gale.

-Setecientos. –suelta Katniss.

-Tres mil. –digo yo y Katniss me fulmina con la mirada.

-Está bien… -dice Gale y sonrío. –Trescientos.

-¡¿En serio?! –exclamo.

-Está bien. –el papá de Katniss nos interrumpe y se da por terminada la discusión. –Gracias Gale. –murmura.

Suspiro pesadamente mientras miro a Katniss derrotado. No sé qué más quiere que haga… si no tengo nada más.

-Ya está, ya lo habéis cogido todo… todas mis cosas… -le digo. -¿Ya me puedo ir?

Ella me fulmina con su mirada.

-No, hasta que nos pagues todo, te quedarás aquí.

No sé por qué pero noto sus ojos como más aguados. Ella se va caminando y observo como entra en una pequeña cabaña y cierra de un portazo. Todos me miran con la mirada decepcionada… no es mi culpa que el Gale ese le de tan poco valor a todas mis cosas… si el precio de todos en realidad supera más que suficiente la deuda que tengo con ellos.

Noto como todos me miran con la mirada caída. Plutarch se acerca a mí con un ligero movimiento de negación con su cabeza. Suspiro, ¿de verdad no van a dejar que me vaya?

-Se está haciendo de noche… -murmura. –Es mejor que te quedes con nosotros por ahora…

-No podéis tenerme aquí atrapado… sería un secuestro. –le digo.

Por un momento me asusto con la mirada del hombre, sin embargo, enseguida se apaga. Nadie me había mirado de esa manera, bueno, mi padre, pero él es un caso aparte.

-Y tú tienes una deuda con nosotros… -responde con voz calmada. –Si tienes algo que decir… o algo para darnos… es mejor que lo digas. No te lo exigiríamos de esta manera si no fuera una necesidad muy importante.

Me quedo callado y aparto la mirada. ¿Me habrán reconocido? No creo, están demasiada alejada de la ciudad como para saber quién soy, además, si ya lo supieran irían directamente a buscar a mis padres. No… esto solo es un contratiempo, le demostraré a mi padre que puedo salir de mis propios problemas yo solo.

-Si tuviera algo, créame que ya se lo habría entregado. No paso por estas situaciones por gusto, señor. –respondo.

Él suspira pesadamente y se rasca la cabeza.

-Está bien, pero de momento te quedarás con nosotros.

Él me guía a una pequeña cabaña donde el hombre con gafas de antes está delante de lo que creo que es una estufa al estilo primitivo. ¿Cómo es posible que haya gente que sigue viviendo de esta manera?

-Beetee, el chico se queda de momento contigo. –murmura Plutarch.

-Está bien… -responde el hombre con gafas, ahora sé que se llama Beetee. –Más vale que te portes bien… no me gusta dormir acompañado.

El silencio es bastante… aterrador. Beetee no parece ser una persona muy habladora porque desde que Plutarch me dejó a su cargo no ha vuelto a pronunciar palabra. Se fue un momento en la cabaña donde entró Katniss que está justo a unos diez metros de donde estoy yo. Esperé unas horas a por mi cena pero no llegó nada. Creí que Beetee me lo iba a traer pero no fue así, entró en la casa, agarró una manta bastante gorda y se tumbó en lo creo que es una hamaca en la entrada de su cabaña.

Mis tripas comienzan a sonar de hambre. ¿En serio piensan torturarme de esta manera? Mentiría si dijera que no me lo merezco… pero, está en contra de los derechos humanos tratarme de esta manera.

Esperé hasta ver a Beetee completamente dormido para sacar mi teléfono. Rezo para que siga funcionando… y lo enciendo. ¡Já! ¡Se enciende! Marco el número de Finnick y le doy a llamar… hay muy poca cobertura así que solo espero que consiga entrar la llamada.

-¿Peeta? –responde un Finnick somnoliento. -¿Qué demonios haces llamándome a estas horas?

-¡Finn! –exclamo en un susurro. –Gracias a dios. –suspiro de alivio.

-¿Qué pasa? –bosteza. -Por cierto... tenemos..

-Necesito tu ayuda… estoy en problemas. –le interrumpo y susurro, vigilando que no venga nadie.

-Qué sorpresa. –murmura con ironía. -¿Esta vez qué es? Sorpréndeme, por favor.

Ruedo los ojos. Si tan solo supiera. Esto sí que es nuevo.

-No tengo tiempo para contarte. Tío, escúchame bien. –murmuro. –Necesito dinero. Unos… cinco mil dólares…

-¡Cinco mil de los grandes! –exclama. -¿Estás drogado o qué? ¡¿En qué problemas te has metido esta vez Peeta Mellark?!

-Ya te lo contaré… pero es urgente… por favor Finnick, no te lo pediría si no fuera importante. –le digo.

-Sabes que puedo hacer cualquier cosa por ti… pero no tengo ese dinero Peeta. –me dice. –Sé que es una bobada… pero… ¿por qué no llamas a tu padre?

-Tú mismo lo has dicho, es una bobada. –escupo. -¿Y si le dices a los chicos?

-Cato está fuera del país… Marvel y yo podemos intentar poner algo… pero no creo que lleguemos a los cinco mil. –se disculpa.

-Está bien, déjalo Finn. –suspiro. –Ya veré qué hago, gracias de todas maneras.

-Pero… ¿es un problema muy grande? Si quieres hablo yo con el tío Hay…

-¡No! –le corto. –No pasa nada Finnick. Te dejo, no quiero quedarme sin batería.

-Peeta, antes tenemos que hablar... -me dice pero no tengo cabeza para escucharlo.

-Adiós. –me despido y cuelgo.

Es lo que me figuraba. Mis amigos no pertenecen exactamente a familias adineradas como la mía. Tengo que pensar en otra alternativa… vamos Peeta…

¡Paylor!

Marco el número de Paylor…

-¡Peeta! –exclama ella también. -¡¿Dónde estás?! ¡¿Estás bien?!

Entonces suena la batería baja de mi teléfono.

-Paylor, escúchame… atenta… -murmuro.

-¿Pero dónde estás? –exclama preocupada.

-Paylor, por favor…

-Peeta… vuelve… tienes que volver… aquí están pasando…

-Espera Paylor… no te oigo bien… -susurro.

-El… de… está aquí… -se corta la voz de Paylor.

-Paylor… necesito… ¿qué dices? Escúchame, necesito cinco mil dólares… en mi cuenta privada… -me tapo la otra oreja porque no oigo bien.

-¿Necesitas qué? Peeta no te oigo…

Y muere mi móvil.

-¡No! –exclamo en alto sin querer.

Me tapo la boca y asomo mi cabeza en la pequeña ventana… no hay nadie. Mierda, mierda, mierda… creo que ahora mismo soy la persona con menos suerte del mundo. No puedo creer que justo… mierda, debería haberla llamado a ella primero.

No hay otra solución. Puede ser la forma más cobarde y barata que puede actuar una persona pero no puedo hacer nada más. Me tengo que escapar.

Me levanto sigilosamente y asomo la cabeza en la puerta, en realidad no hay puerta pero bueno… Beetee está profundamente dormido. Miro en los alrededores y nada, las luces en las cabañas están todas apagadas. Bien, perfecto… esta es tu oportunidad Peeta.

Comienzo a caminar rápido pero de la manera más sigilosa que puedo. No paro de vigilar mis espaldas y mi alrededor por si acaso. Me paro justo en mitad de la aldea… no sé donde ir… y como no hay luz… pues que sea lo que dios quiera. Bajo por una pequeña pendiente y me tropiezo varias veces… como no tengo zapatos puedo sentir que estoy pisando hierba, es posible que esto no sea el camino hacia la carretera pero cuanto más me aleje de la aldea mejor. Sigo caminando hasta que distingo un rayo de luz. Sin darme cuenta, me encuentro corriendo por desesperación. Tropiezo pero sigo corriendo, cada vez estoy más cerca de la luz… eso suena raro… pero corro… corro…

-¡¿Adónde crees que vas?! –exclama una voz conocida.

Pego un salto del susto y tropiezo con algo blando y resbaladizo. Pierdo la estabilidad y caigo en lo que creo que es agua.

La luz que veía se agita y sube hasta que por fin veo la cara del portador de la maldita lámpara… era una maldita lámpara.

-Así que ahora… recurres a esto… -murmura con la mirada fría.

Katniss.

En serio, me estoy empezando a cansar de esta chica.

.

.

.

¡Hola! Bueno, aquí os traigo un nuevo capítulo y espero que os haya gustado.

La historia irá tomando forma mientras avanzamos de capítulo... todavía estamos en una especia de "introducción" de la relación Katniss-Peeta. ¿Qué os ha parecido este capítulo? Dejadme vuestros comentarios :)

Gracias a todos los que se toman un poco de su tiempo para leer mi historia... se agradece mucho. También quiero dar las gracias a los nuevos follows y/o favorites que he recibido :) ¡Espero seguir recibiendo más!

Sólo os tomará un momento dejarme un review... ¿por favor?

Bueno, gracias, gracias, gracias de nuevo. Nos vemos en el próximo capítulo.

Un saludo a todos.

-ForeverCreative31