Capítulo tercero: Una amistad
—¡Me muero de hambre! —exclamó Peter desde su cama, frotándose violentamente la barriga. Acto seguido se levantó de la misma con lentitud y se vistió, medio dormido.
Yo estaba sentado sobre mi cama, leyendo un poco mientras los demás se alistaban para bajar a desayunar. James se bañaba y Sirius continuaba dormido, por lo que aún tuvieron que pasar varios minutos antes de que saliéramos de la habitación y, posteriormente, de la Sala Común para llegar al Gran Comedor. Era sábado, así que las clases no nos preocupaban, además de que los profesores parecían haberse puesto de acuerdo para no dejar demasiados deberes.
Al llegar al Gran Comedor recordé de súbito qué día era aquel. Halloween. Me lo gritaron las cuatro paredes y también el techo del comedor. Todo estaba decorado acorde a la ocasión, con tonalidades anaranjadas y negras. El desayuno también fue alusivo a la celebración, pues había una amplia variedad de alimentos basados en la calabaza por cada una de las cinco mesas. Peter manifestó su desagrado al respecto, ya que, como me enteré en aquel mismo momento, odiaba la calabaza.
Tomé asiento junto a James y poco después de que comenzáramos a comer, Lily llegó a sentarse a mi lado.
—Hola, Remus —me saludó con una sonrisa—. ¿Dormiste bien anoche? —yo asentí en silencio con la cabeza— Me alegro. Yo no lograba conciliar el sueño, creo que terminé durmiéndome hasta las dos de la madrugada. ¿No se me nota en las ojeras?
—Tú ni tienes —le respondí, sonriendo discretamente.
—Bueno, no llego a tenerlas tan grandes como las tuyas, pero cuando ocurre como esta noche son inevitables —yo no pude evitar reír de su sinceridad.
—Casi no se notan. Además, eso no es tan importante como que estarás todo el día cansada y con sueño.
—Eso sí que es una lástima. ¿Sabías que hoy va a haber una cena especial por ser Halloween? Escuché a un joven de tercero comentarlo con sus amigos.
—No, no sabía —respondí, sin prestar atención al asunto.
—¡Claro que sabías, Remus¿Qué no recuerdas que ayer te lo dije unas mil veces? —interrumpió James, dándome un golpe en la espalda que casi me llevaba a estamparme contra el plato. Lily disimuló su risa y luego se levantó de la mesa, a pesar de que casi no había probado bocado.
—Nos vemos luego. Tal vez más tarde vaya a pasar un rato por el lago, por si me necesitan —y salió sonriente del Gran Comedor.
Seguimos desayunando y Peter siguió quejándose de los alimentos. Nick Casi Decapitado estuvo hablando largo rato con unos alumnos de sexto que estaban sentados muy cerca de nosotros y yo seguía atentamente el curso de la conversación.
—Hoy es mi Aniversario de Muerte número 479. ¡Ah! Todavía recuerdo aquella tarde de 1492, en la que casi me decapitaron. ¿Cómo fue¡Ah, toda una tortura! El torpe verdugo atinó a quitarme la vida después de cuarenta y cinco golpes de su fiera hacha en contra de mi sufrido cuello. ¡Sí, jóvenes: cuarenta y cinco veces cayó el hacha sobre mí! Y ni aun así fui totalmente decapitado, como todos ustedes bien saben por mi conocido sobrenombre. No sé si ustedes sepan, pero mi verdadero nombre es (más bien fue) Sir Nicholas de Mimsy Porpington. Quizás les interese saber que yo cuando era un mozo…
Entonces me levanté de la mesa y me dispuse a abandonar el Gran Comedor hasta la hora de la cena, preguntándome cuál habría sido el grave error cometido por Nick Casi Decapitado para que éste mereciera la pena que le dejó sin vida y casi sin cabeza. James y Sirius iban conmigo. Peter se había quedado, no sé si a escuchar a Nick o a buscar comida "decente"; no lo volvimos a ver hasta la cena.
Pasé todo el día con Lily cerca del lago conversando, bromeando y jugando.
—Ayer me llegó una carta de casa —fue lo primero que dijo Lily al iniciar la conversación—. Los extraño mucho. Antes de esto nunca me había separado de ellos, ni siquiera por una semana o dos.
—Entonces debió ser difícil para ti decidir venir a Hogwarts.
—Mucho —confesó, guardando después un prolongado silencio—. ¿Sabes? Yo no quería venir, tenía mucho miedo. Además, el rechazo repentino de mi hermana Petunia hacia mí, hacía que sintiera que el nuevo descubrimiento fuera como una enfermedad muy grave y contagiosa, una maldición que me alejaría de las personas que más quiero —dijo y bajó la mirada para acariciar con ella tímidamente al césped sobre el cual estábamos sentados.
—Comprendo —dije, por responder algo.
—¿En serio¿Tú tampoco querías venir al Colegio? —me interrogó interesada, abriendo sus ojos como puertas, esperando ansiosa mis respuestas.
—Sí —respondí sin pensar, seguramente sonrojado—. No, perdón. No —corregí casi inmediatamente, encontrando en ella una reacción que dejaba al manifiesto la confusión que le provocaban mis contradicciones—. En mi caso es diferente. Yo quería venir a Hogwarts, tenía esa vaga esperanza desde que a mi casa llegó la carta… Pero mis padres dudaron mucho antes de permitirme estudiar aquí, incluso pasaban madrugadas en vela discutiendo razones para dejarme o no.
Lily no parecía entender lo que le contaba y así era mejor. No tenía la menor intención de entrar en detalles, de confesar aunque sea un pequeño dato que dejara en evidencia mi gran secreto.
De un tema pasábamos a otro, de la seriedad al juego y de temas escolares a familiares. No era la primera vez que dedicábamos algún tiempo a conocernos y todo indicaba el inicio de una buena y sincera amistad, que se basaba en las similitudes entre su carácter y el mío, en las coincidencias de intereses, en lo que decíamos y en lo que callábamos. Lily Evans y yo habíamos aceptado aceptarnos, ser amigos, conocernos y apoyarnos; aceptamos todo en silencio, sin decir una sola palabra ni mostrar un solo gesto… como si nuestra recién nacida amistad fuera lo más natural en el mundo sobrenatural en el que vivíamos.
Al atardecer regresamos al castillo y todavía tuvimos algo de tiempo antes de la cena; tiempo que yo aproveché para ducharme y terminar el libro con el que había empezado el día. Luego bajé al Gran Comedor y no tardé mucho en encontrar entre los alumnos de Gryffindor a James, Sirius y Peter, quienes al parecer no notaban mi ausencia y comían alegremente un poco de cada alimento que ofrecía el banquete.
Cuando la mayoría de los alumnos y profesores habíamos llenado nuestros estómagos con jugos, asados y postres, Dumbledore se levantó de su asiento y con una voz serena pidió silencio, obteniéndolo enseguida. A través de sus lentes de media luna se podía observar una alegría juguetona en su mirada, quizá producto de varios tarros de cerveza de mantequilla u otra bebida procedente de El Caldero Chorreante.
—Primero que nada¡Feliz Halloween a todos! —exclamó sonriente pero sereno—. En segundo lugar, por los que pasan por primera ocasión esta fecha en el Colegio, deseo que no pase desapercibido el Aniversario de Muerte de nuestro querido, apreciado y noble Sir Nicholas de Mimsy Porpington, mejor conocido como Nick Casi Decapitado o el fantasma de la honorable casa fundada por Godric Gryffindor. ¡Feliz aniversario a él! —concluyó, levantando una copa con un líquido ligeramente rojizo y varios profesores siguieron su ejemplo.
Antes de que el silencio se rompiera, Nick aprovechó para agradecer muy diplomáticamente a la felicitación que había dirigido el director. Unos segundos después de que terminara de hablar, la atención volvió a dispersarse, la mayoría de los alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff se fueron a su respetiva Casa Común y algunos nos quedamos por un rato más en el Gran Comedor.
Peter y Sirius decidieron irse a dormir, dejándonos solos a James, Lily y a mí, además de otros Gryffindors que seguían sus pláticas, la mayoría de ellos de cuarto grado. James hablaba hasta por los codos, yo sólo asentía o callaba, y Lily discutía brevemente algunas afirmaciones de James con las que no estaba de acuerdo. Todavía no lograban superar la primera mala impresión con la que se quedaron desde el Expreso.
¡Por las barbas de Merlín! Esto no puede ser posible¡más de un año sin actualizar! No, no. Un millón de disculpas no son nada, así que mejor callarme. Esta vez prometo actualizar pronto, lo juro por las mismísimas barbas de Merlín. Palabra.
Un agradecimiento especial a KarLii Weasley, que me recordó de la existencia de este fanfiction y me motivó a continuarlo. De igual forma agradezco a todo aquel que se toma la molestia de leer mi historia, que aunque no lo parezca me tiene muy entusiasmada.
Cosette Chi
"Srita-Lunática"
