¡Gracias por sus reviews! Paso de rápido a actualizar ya que voy de salida, y como apenas he podido postear... Como sea, hoy conoceremos un poco más de un amigo. Espero lo disfruten porque estamos arrancando esta historia y hay muchos planes para ella. Saludos y portense mal :P
Capítulo Tres: Lo que es ser un Malfoy
Draco Malfoy era inmensamente rico. Su familia era una de las más adineradas del país. Probablemente de haber vivido en Inglaterra, como su madre deseaba, serían invitados a los banquetes reales en el palacio de la reina. Pero Lucius Malfoy se había opuesto, negándose a invertir sus millones en aquel país que décadas atrás les cerrara las puertas a sus ancestros.
Así que el dinero no era una de las preocupaciones de Draco.
Cuando su madre decidió inscribirlo en el renombrado colegio Sunny Hills; poco se imaginó la elegante señora que los ojos de su hijo se abrirían de forma diferente ante el mundo. Para cuando lo quiso enviar a estudiar la High School al extranjero, ya era demasiado tarde: Draco se negó rotundamente. Él iría a Hogwarts quisiera su madre o no.
-Déjalo, Narcissa. Contra la voluntad de un Malfoy nadie se opone –Fueron las palabras indiferentes de su padre mientras observaba las acciones de su compañía en su modernísima computadora.
La única condición que puso la señora Malfoy fue que tomara cuanta clase particular ella deseara.
Gracias a ese acuerdo, Draco sabía hablar seis idiomas; incluyendo su lengua madre que era el inglés, y español, italiano, alemán, francés y japonés. Rechazó aprender chino, alegando que siempre tendría el suficiente dinero para pagar un traductor cuando viajara por negocios al país rojo. Así mismo, tocaba el piano con destreza asombrosa y era realmente bueno con los números.
Su sueño secreto, como Hermione lo llamaba, era ser director de cine.
Pero su futuro era tomar el mando de las empresas Malfoy.
Esta imposibilidad de poder dedicarse a lo que le viniera en gana, había sacado un adecuado toque de rebeldía que se apreciaba en su actitud ante sus profesores; pero tenía un don tal al hablar, que era fácilmente dispensado para liberarse de los castigos.
Para su deleite era algo que Ron odiaba.
Usualmente evitaba a toda costa visitar a Hermione en su casa, porque este lugar le recordaba todo lo que él no podría poseer nunca: una vida familiar normal.
Claro que si le daban a escoger entre una familia unida o su dinero; la respuesta estaba fuera de toda cuestión. Pero no por eso las visitas a la sencilla, pero llena de buen gusto, casa de los Granger eran más fáciles de afrontar.
-Hermione baja en un minuto, Draco. Sabes que te quedas en tu casa –dijo Jane Granger acariciando suavemente el hombro del amigo de su hija con cariño fraternal. Ella entendía bastante al muchacho, porque provenía de una familia francesa muy rica, pero que se opuso a su matrimonio con su actual esposo, por lo que terminaron fugándose a América.
-Gracias, madame. –Agradeció con elegancia, así como le había enseñado su última y sensual maestra de francés.
Cuando la señora Granger se fue, se dedicó a curiosear las paredes. Seguían colgadas exactamente las mismas fotografías de hacía años. Ahí estaba la primera foto que les tomaron en Sunny Hills. De hecho recordaba con claridad esa ocasión, porque fue la primera en que salió con otros niños; ya que usualmente solo era retratado en cuadros familiares exageradamente costosos, con ropa demasiado elegante y con únicamente sus padres al fondo.
Tal vez por eso amaba vestir como ahora lo hacía. Prefería los jeans negros que usaban las estrellas de rock (música que escuchaba cuando su madre no estaba ya que ella insistía en que escuchara a Schubert, Tchaikovsky y a Purcell) y las camisetas. Lo más costoso de su ropa solían ser sus zapatos italianos de piel, su chaqueta de cuero y por supuesto, su fino reloj de muñeca.
-¿Te diviertes? –preguntó Hermione apareciendo repentinamente a su lado.
-¿Aquí? Nunca –dijo con superioridad cruzándose de brazos. – ¿Piensas salir así? –reparó en la vieja sudadera de la chica.
-Claro, es lo único que tengo de este color –dijo ella quitándole importancia.
-Te va mejor el suéter carmín que te regalé en navidad.
-No voy a llevar una prenda de cien dólares…
-Trecientos.
-…trecientos dólares al partido. Y menos si es del color del equipo contrario. Harry se sentiría traicionado.
-De acuerdo –dijo fastidiado de que hasta en estos momentos, Potter arruinara su buen humor.
-Vamos entonces. Y ni se te ocurra pasar por el almacén en el camino.
-Me has leído la mente –dijo el joven sacudiendo las llaves de su lujoso automóvil de dos plazas –primero las damas –dijo abriéndole la puerta del copiloto.
-Está muy limpio –comentó ella sin impresionarse.
-Dos capas de cera lo avalan.
-Me hubiera bastado con una.
Draco rió. Definitivamente Hermione era la única mujer que le hablaba así. Ni siquiera la que fue su primer amante tuvo los cojones de hacerlo.
Así era. A sus jóvenes diecisiete años, Draco ya contaba con más experiencia en el plano sexual que cualquier otro joven a su edad. Todas habían sido mujeres mayores que él, incluyendo su asesora de italiano y la francesa que le enseñó, además de la correcta pronunciación de las palabras, los múltiples usos que podía hacer con su lengua.
Esos eran sus sucios secretillos, que simplemente no colindaban bien con lo que mantenía con Hermione Granger, por eso ella no estaba al tanto de esa 'etapa' de su vida. Él pensaba que era demasiado buena como para saberlo. Y como lo único bueno de su vida, temía que eso la alejara.
Razón válida para nunca hacérselo saber.
Encendió el motor y arrancó con velocidad rumbo al otro lado de la ciudad.
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-¡Ha estado increíble! –dijo riendo Hermione un par de horas después.
Estaba comenzando a oscurecer cuando abandonaron los cinemas. En las calles había mucha gente aun y todavía tenían algo más de media hora para llegar al comienzo del segundo tiempo del partido.
-Lo hubieras disfrutado más si no hubieras estado revisando tu teléfono a cada rato.
-Ginny ha estado pasándome los datos del juego, así no estaré tan perdida cuando los muchachos me hagan preguntas sobre ello. ¡Harry ha anotado la mitad de los tantos!
-Entonces estas más emocionada por eso que por la película –dijo sin poder ocultar su mal humor. Le molestaba no ser el centro de atención.
Y su amiga lo notó –no eres el centro del universo, Draco.
-Tal vez lo sea, pero has estado demasiado ocupada pensando en la actuación de Potter como para darte cuenta.
-¿Qué tienes, Draco? –Lo enfrentó – ¿Ha sido por la llamada que recibiste?
El joven había salido a la mitad de la función para contestarle a su madre –algo así. Parece ser que le marcó la profesora Sprout para darle nota de mi bajo rendimiento en biología. Y ya sabes cómo se pone.
Lo sabía, claro que sí. Los señores Malfoy no podían concebir que su hijo no fuera el mejor en todo –Draco…
-¿Qué tal estamos de tiempo para pasar por una pizza? –le dio la vuelta al tema. No quiso decirle que su madre le había recordado que en julio viajarían a Europa para visitar exclusivas universidades de renombre.
-Si quieres ir por las de Alfredo's no nos da tiempo.
-No pienso comer esas cosas que la comadreja disfruta tanto –rechazó la idea de ir por las pizzas donde Ronald solía comer. El pelirrojo siempre explicaba que era porque por menos dinero podía obtener porciones más grandes y sabían geniales.
-Entonces te conformarás con palomitas en el gimnasio.
Draco bufó con la intención de que la joven escuchara su queja –Pero saliendo vamos a cenar a Alfredo's.
Hermione estuvo de acuerdo.
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El colegio Hogwarts era uno de los más grandes de la zona. Sus inmensas instalaciones tenían cabida para un gimnasio techado, un magnifico campo de fútbol americano y una de las albercas más grandes que una escuela pública podría ofrecer. El director estaba orgulloso de su colegio, por lo que siempre ofrecía su escuela para ser la sede de diversos eventos deportivos y culturales.
Esta no fue la excepción y el aparcamiento ya se encontraba lleno.
-Es una señal para irnos de inmediato –dijo Draco mientras giraba hacia la derecha para pasar frente al edificio.
-Es obvio que no encontrarás lugar si pretendes estacionarte cerca…
-¿Quieres apostar? –pregunto sonriendo con su perfecta dentadura blanca; y girando bruscamente para frenarse en el lugar reservado a los discapacitados.
-¡Draco! ¡No puedes estacionarte aquí! ¡Está prohibido! –Exclamó aun aferrándose a la manija plateada de su puerta.
-Claro que puedo –salió del auto – ¿vienes o te quedas? –La joven se mordió el labio inferior, Draco giró los ojos –pensé que era importante venir a ver a Potter.
-Y a Ron –agregó ella sin bajar del auto.
Draco rodeo rápidamente su vehículo y le abrió la puerta –no seas monja, Granger –le dijo con exasperación; pero sabía que su elección de palabras eran las acertadas para que Hermione lo tomara como un reto y lo siguiera.
-Eres una mala influencia –sacudió la cabeza con pesar, pero salió del auto. –Cuando te llegue la multa tendré el placer de decir que te lo dije.
-¿Y no siempre lo haces? –murmuró comenzando a andar a su lado.
Caminaron por el vestíbulo que olía a palomitas recién hechas – ¡Me encanta este aroma! –exclamó Hermione alzando la nariz y aspirando con fuerza.
-A mantequilla corriente –dijo Draco pero se dirigió a comprarle una bolsa. –Adelántate, ya te busco.
Hermione asintió y cruzó las puertas obedientemente. Sintió de inmediato la adrenalina y la emoción de la gente. Vio que ya estaba el juego corriendo y alcanzó a ver que Ron y Harry seguían en la cancha; en sus posiciones de ala-pivot y escolta respectivamente.
Caminó entre las filas buscando dos asientos. – ¡Hermione, por aquí! –gritó una pelirroja muy familiar. Era Ginny Weasley, la hermanita pequeña de Ron. Hermione se dirigió hacia ella, preguntándose cómo no había visto antes la zona de pelirrojos que abarcaban un buen espacio en las gradas.
La castaña rápidamente saludó a toda la familia de su amigo. Ginny la puso al tanto del juego y agregó –Ron me había dicho que llegarías al segundo tiempo; pero ya van a terminar el tercero.
-Había algo de tráfico –explicó Hermione mirando la cancha. Draco llegó con palomitas y una soda.
-¿En serio no encontraste mejor lugar?
Todos los pelirrojos que lo escucharon voltearon a verlo con el ceño fruncido, incluida Ginny que dijo a la defensiva –si no te gusta puedes esperar allá afuera.
-Siéntate, Draco –pidió Hermione conciliadoramente. El joven lo hizo pero se encargó de mantener un gesto de fastidio el resto del partido.
Hermione escuchaba el parloteo de Ginny recordándose que debía ser agradecida de que alguien le explicara de manera entendible lo que ocurría en la cancha; porque ese juego, como casi todos los deportes, le parecían absurdos y nunca se le grababan las reglas. De verdad que si había aprobado gimnasia, había sido gracias a Draco.
Mientras tanto el joven se cruzó de brazos y miraba atento el partido. Había descubierto una fisura en el equipo visitante y Harry acababa de verla también porque gracias a ello marcó un tanto.
Draco usualmente no respetaba a nadie y siempre se tenía en mayor estima que al resto, pero debía aceptar que Harry, o Potter como le llamaba, se había ganado su respeto.
¿Eran amigos?
Él consideraba que no, pero Hermione aseguraba que sí.
Como fuera, deseaba que el partido terminara para por fin tener una última cena decente con Hermione porque no la vería durante todo el verano.
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Próximo Capítulo: La vida de un pelirrojo
