"Nadie logra mentir, nadie logra ocultar nada cuando mira directo a los ojos"
Paulo Coelho
POV Ronald Weasley
Desde pequeño siempre me sentí ligeramente opacado por mis mejores amigos, Harry era...bueno...el niño que vivió, y Hermione era la estudiante más ingeniosa e inteligente de Hogwarts. Y después estaba yo: Ronald Bilius Weasley, también llamado, comadreja, traidor de la sangre e incluso denominado, por mí mismo, inútil. A pesar de la inexistencia de mis virtudes, celebraba cada una de las victorias y logros de mis amigos. Todavía recuerdo la primera vez que nombraron a Hermione prefecta, aquella chica de cabello alborotado no podía haberse sentido más orgullosa. ¡Y yo me sentía orgulloso de ella! ¡Se había esforzado para eso!
Aun cuando iba creciendo, rodeado de dos figuras tan impresionantes, yo parecía ser la oveja negra entre ellos; torpe, sin talento y propenso a ser el culpable de todas las fallas que ocurrían en el grupo. A pesar de esos detalles, mis amigos me amaban, y entonces comprendí que no podía ser tan genial como Harry ni tan listo como Hermione, pero ellos tampoco podían ser como yo, así que me sirvió de impulso para buscar en que era bueno. ¡Y descubrí mi talento en el ajedrez y en el Quiddich! Fue desde que me volví famoso, por decirlo de alguna manera, que inicié a tener una novia cada cierto tiempo. No que quisiera, sino que solía enamorarme con facilidad. Hermione y Harry no lo comprenden, creen que exagero cuando digo estar enamorad; desde mi punto de vista no lo hago en lo absoluto. Tampoco es que me he enamorado de tantas chicas, tengo la lista en alguna de mis maletas, por eso de tener mi vida un poco organizada.
Lo que mi amiga castaña no sabe es que esa lista la encabeza ella, si, Mione fue mi primer "crush", cuando aún mi nombre no circulaba entre los más cotizados. Quede flechado de mi mejor amiga por la especial atención que me ponía, admito que jamás nadie me había tratado como lo hacía ella. Además, era una de las chicas Griffindors más bonitas, para que negarlo, aun cuando tenía ese cabello desgreñado lo había sido. Claro, mi flechazo temporal duro muy poco tiempo; fue en ese tiempo cuando fui consciente del motivo por el cual Hermione ni siquiera se había percatado de que era mi "crush".
Ella estaba flechada por alguien más. Alguien con emblema de serpiente, cabello rubio, mal semblante y eterna sonrisa de burla. Draco Malfoy. El día que me di cuenta tarde algunos minutos, quizás algunas horas en digerirlo. Estábamos en la clase de Pociones, bastante aburridos para que negarlo, cuando mi amiga castaña se había quedado en silencio un tiempo considerable. Esta actitud en ella no era normal, así que me gire a mirarle con la plena intención de preguntarle porqué estaba en silencio y la halle con la mirada perdida...seguí la misma hasta percatarme de que observaba a Malfoy.
¡Y los ojos le brillaban como nunca le habían brillado! Desde ese momento supe que esa leona tenía una serpiente bien insertada en el corazón, y difícilmente podría sacarla de ahí. No le dije nada en un inicio, porque estaba algo desilusionado, pero pasado mi enamoramiento, cuando dejé de tener sentimientos por Mione, producto de mis nuevos sentimientos hacia Greengrass, fue cuando comencé a gastarle bromas respecto al rubio. En un inicio, ella no era consciente de mis comentarios de doble ánimo, ni de mi sarcasmo, hasta que abiertamente le dije que sabía sobre sus sentimientos. Me lleve una sorpresa cuando me percaté de que ella, a esas alturas, aun no sabía cuánto le gustaba Malfoy; probablemente jamás lo hubiese reconocido si no fuese por mí.
Pasado mi enamoramiento con Greengrass, y naciendo mi nueva etapa, denominada por mi como la "Era Weasley", comencé a volverme popular entre las chicas. Ya no era la inservible comadreja, sino que las chicas se esforzaban por hablar o comer conmigo; Mione y Harry siempre me obligaban a mantener los pies sobre la tierra y a no dejarme impresionar por ninguna de las chicas de cara bonita y cerebro vacío. Normalmente era Mione la que me mantenía anclado a la realidad, Harry solía apoyarme cuando aparecía una chica bonita en extremo. Pero ni Mione ni Harry pudieron evitar mi noviazgo con Lavender Brown, y ahora desearía haberles escuchado.
¡Es la peor decisión que he tomado! Y para mi lamento es la única decisión que no sé cómo reparar. En eso estaba pensando cuando cruce hacía el campo de Quiddich con mi Nimbus 2000, tenía planeado volar un rato antes de la clase de Astronomía, además, no deseaba ir a la torre porque era muy probable que mí no querida novia estuviese allí. El campo solía estar abarrotado de gente, pero hoy era uno de esos días en los cuales estaba desierto. Además de mí, solo había una persona volando a lo lejos; eleve el vuelo sin fijarme mucho en mi acompañante, todavía pensando en cómo dejar a Lavender sin causarle daño.
- ¿Practicando para tu próxima victoria? - aquella voz, tan...tan estresante, me saco de mis pensamientos. Gire en mi escoba para encontrarme a Parkinson a pocos metros de distancia, no me había percatado de que era ella la persona que estaba sobre volando el campo. Estaba desconcertado, por lo cual casi pierdo el balance; luego, estaba tan incrédulo, que tuve que girarme a mirar hacia los lados por si había alguien más que yo hubiese pasado por alto.
-Te hablo a ti, comadreja. - me dijo mirándome fija e intensamente, de esas miradas que conseguían ponerme los pelos de punta.
-¿Qué quieres, Parkinson?- cuestione, ella no solía hablarme, así que si lo estaba haciendo debía ser con el propósito de molestarme o de burlarse.
-Estamos dialogando, Weasley. ¿Por qué quería algo de ti? - me pregunto
-No lo sé, nunca dialogamos, así que debo intuir que deseas algo. - le respondí siguiendo con mi mirada sus movimientos en el aire.
-Dialogamos esta mañana.- me dijo dejando salir una corta risa, era suave, apenas perceptible, no como la de Hermione que era alegre y contagiosa. Parkinson era un enigma, podría atreverme a decir que era la única chica en todo Hogwarts que no podía comprender, ella era indescifrable e impredecible. Siempre tenía una buena respuesta y cuando no, simplemente no respondía.
-Discutimos esta mañana.- le corregí.
-Tú entendiste, comadreja.- me dijo volviendo a reír.
-Si viniste a molestar, lárgate.- exclame algo enojado, no sabía si se reía de mi o solo se reía.
-Estas un poco tenso, comadreja, relájate.- se burló Parkinson rodeándome con su escoba.
-Es mi estado natural.- sentencie sarcásticamente.
-Que aburrido eres, Weasley.- comentó Parkinson, y me dedico aquella misma mirada que me había dedicado en el tren. La mirada que me ponía nervioso sin saber el motivo, antes me enojaba que me mirase de aquella forma, porque creía que era una mirada despectiva. Pero últimamente no me molesta, solo producía en mi un sudor repentino y una sensación de nerviosismo, que no solía experimentar.
-No te he pedido que te aburras conmigo.- le dije cuando hube recuperado el habla, tras unos segundos cuestionándome porqué me ponía nervioso ante aquella mirada azulada.
-Eres muy cabeza hueca para entender.- sentencio Parkinson y sin dejarme replicar salió volando en picada hacía la grama. La vi aterrizar con gracia, reduciendo la velocidad en el momento justo y descendiendo de su escoba con una sutileza y una destreza que solo había presenciado en una persona: Draco Malfoy. El rubio desteñido era un insoportable, engreído, niño de papi, pero no podría negar nunca su destreza cuando subía sobre su hermosa y perfecta Nimbus 3000; era un espectáculo digno de ver.
Seguí con mi mirada a Parkinson hasta que se hubo perdido de mi vista. Ella era, un completo misterio, me odiaba, eso lo tenía más claro que el agua, pero parecía disfrutar molestándome, parecía disfrutar burlándose de mí, e incluso de momento parecía disfrutar mi presencia. Jamás he conseguido explicarme cómo es novia de Malfoy y jamás se les ha visto si quiera intercambiar un beso, si yo fuese Malfoy, no dejaría de presumir a alguien como Parkinson. No por fea es la princesa de Slytherin, aunque por supuesto, si yo fuese Malfoy no saldría con Parkinson por el simple hecho de que es...Parkinson. Tras mis tontas divagaciones sobre si fuese o no Draco Malfoy decidí que mejor bajaba de mi escoba, no podía volar con la cabeza en otro lado.
Decidí irme temprano a la clase de Astronomía, me encontraba algo turbado por mi extraña conversación con la Slytherin, y aún más al percatarme de que era la primera vez que lográbamos comunicarnos durante dos minutos sin intentar matarnos, aunque tampoco nos habíamos tratado de la mejor manera. Mis pasos me llevaron rápidamente hasta el aula, deje salir una sonrisa cuando vi a Hermione sentada en una de las mesas delanteras, era bueno tener una amiga que siempre llegase temprano. Normalmente, ella llega a las clases con veinte minutos de adelanto, desde que tengo uso de memoria ella decía que era mejor llegar temprano y esperar, que tarde y recibir un castigo. Yo no compartía su pensar, solía llegar tarde a la mayoría de las clases, y Mione solía regañarme por eso, pero luego de un tiempo, me acostumbre a llegar diez minutos antes del inicio de las secciones.
Para mi mala suerte, cuando atravesé la puerta del aula fui consciente de que no solo Mione estaba temprano en clase. Lavender se arrojó sobre mí en el minuto exacto que la suela de mi zapato piso el aula. Además de un opresivo abraso, comenzó a llenarme las mejillas de muchos besos, los cuales intente evadir de una forma u otra. Al no encontrar la manera de evitar sus besos, tuve que recurrir a abrazar fuertemente a la chica de castaños ojos para inmovilizarla. Hermione se estaba riendo desde su asiento, ella me había advertido que no debía hacerme novio de Lavender, pero no le hice caso, y ahora pago las consecuencias.
-Lav, me das un minuto, tengo que hablar con Mione.- le dije a mi novia sin soltarla.
-Pero...ayer dijiste lo mismo y no te volví a ver en toda la noche. - me dijo alejándose.
-Es algo importante.- susurre evadiendo su mirada.
-¡Vale! ¡Pero eres mío en la noche!- sentenció antes de darme un beso en los labios, la aleje rápidamente y ella se fue con las gemelas Parvati.
Rodé los ojos mientras arrastraba los pies hasta Hermione, me deje caer en la silla ante la atenta mirada de mi mejor amiga. Estaba esperando a que comenzara a reírse o comentara algo, probablemente tenía un "speech" completo sobre lo que acababa de presenciar. Para mi sorpresa ella me miro en silencio, dejo salir una pequeña risa, la cual intento ocultar y volvió su mirada hacia sus pergaminos. Lance otro suspiro para llamar su atención y con la mirada me indico que hablara, tome una bocanada de aire listo para soltar todo lo que tenía atravesado en el pecho. ¡Necesitaba soltarlo!
-Necesito que me ayudes.- declare, me sentí libre al pronunciar esas palabras.
-¿Con?- cuestionó Hermione, ella sabe de qué estoy hablando.
-Necesito encontrar la manera de deshacerme de Lavender.- sentencie completamente desesperado, pero en voz baja, porque sabía que Lav Lav debía estar al pendiente de mi conversación con Mione.
-No hables así, ella no es un objeto.- me dijo Mione algo enojada.
-Lo siento, no quería decirlo así, es que estoy...ella me tiene acorralado.- le dije pasando mis manos por mi cabello.
-Debes hablar con ella, Ron, asume las consecuencias de tus actos.- me dijo Hermione, sabía que diría algo así, ni siquiera sé porque me esfuerzo en preguntarle.
-Ella no me escucha Mione, cree que soy un muñeco de besos.- le dije bajando aún más la voz.
-Y eso también es tu culpa.- me dijo mi amiga dándome un golpe en la cabeza.
-Sí, lo acepto, soy culpable...pero necesito arreglarlo.- sentencie
-Habla con ella, y pronto.- me dijo Hermione, pero tan pronto sus palabras salieron de su boca su mirada corrió un camino hacia la puerta del aula. La seguí rápidamente, encontrando allí a Malfoy y a Parkinson. Era de esperarse, había una sola persona en todo Hogwarts capaz de llamar la atención de Hermione de aquella manera.
El rubio solo llevaba en su mano un libro y su pluma, al contrario de Parkinson que venía sujetando varias cosas. Llegaron en silencio, se ubicaron en la mesa más cercana a la puerta, yo diría que estaban más afuera que adentro y comenzaron a hablar entre ellos. Mire a Hermione percatándome que seguía inmersa en su mundo de ojos plateados y cabello rubio; mi amiga dejo salir un largo suspiro, los ojos le brillaban, como cada vez que veía a Malfoy. Si ese rubio supiese cuanto daría Hermione por él, incluso arriesgar su título de mejor estudiante de Hogwarts...no.…creo que eso no, pero definitivamente haría cualquier otra cosa por el unigénito de los Malfoy.
-La baba.- le dije a Mione en forma de broma, colocando mi mano en su barbilla haciendo de babero.
-Un día de estos te voy a golpear.- me dijo Mione volviendo a mirarme.
-No hace más que aparecer Mr. Hurón y te pierdo.- le dije sin poder evitar sonreír, ella lucía realmente enamorada...eso me hacía replantearme si alguna vez me había enamorado realmente. Incluso me hacía cuestionarme ¿Qué es el amor?
-No me pierdes, tonto.- me dijo Hermione, iba a responder, pero el profesor llego y comenzó a hablar sin previo aviso, así que decidimos guardar silencio.
Harry llego al salón minutos más tarde, cuando el profesor ya había iniciado su lectura y nos había dejado a nosotros leyendo las primeras páginas de uno de los tomos. Claramente, mi amigo pelinegro se llevó un buen regaño al llegar con quince minutos de retraso. El profesor parecía no estar teniendo un buen día, así que tras quitarnos veinte puntos a los Griffindor ordeno a Harry que tomase asiento. Mi amigo lucía ausente, incluso pensé que se sentía mal, o que había ocurrido algo malo con la Orden cuando lo vi sentarse a mi lado sin decir nada, sin saludar si quiera.
Gire mi rostro para mirar a Mione, quien me miraba confundida y señalaba con la barbilla a Harry. Me encogí de hombros al no tener conocimiento alguno sobre que ocurría con mi amigo. Después de todo, yo sabía exactamente lo mismo que amiga castaña: nada. ¡Y Harry no parecía con la intención de decirnos nada! ¡Apenas era consciente de nuestra presencia junto a él! No hizo más que llegar, sacar su libro, sus pergaminos, su pluma y comenzar a leer; lucia despeinado, con la ropa mal acomodada y más pensativo que nunca.
Tras algunos minutos de silencio, Hermione me señalo con su pluma a Harry para que le preguntase que le ocurría. Negué con la cabeza ante esta encomienda, Harry no parecía querer hablar con nosotros y el profesor, que no estaba de buen ánimo, nos había advertido que no quería escuchar a nadie hablando. Hermione siguió insistiendo, justo en ese instante supe que sentarme entre medio de ellos era lo peor que había hecho. Rodé los ojos ante la insistencia de mi amiga y volví a negar con la cabeza, pero me dio un codazo. La mire con los ojos a medio salir y ella me devolvió la mirada antes de que enterase mis ojos en mi lectura.
-Ron.- me llamo Mione
-¿Si?- pregunte levantando la mirada.
-Pregúntale.- me dijo en voz casi inaudible volviendo a señalar a Harry.
-Pero...Mione.- comencé a replicar.
-Solo te tomara un segundo.- insistió
-Shhh.- susurro el profesor, mire a Hermione algo temeroso y luego me incline hacia Harry.
-Harry.- le llame en voz muy baja.
-¿Si?- cuestiono sin prestarme mucha atención, tome una bocanada de aire deseando que el profesor no se percatase de que estábamos hablando.
-¿Estás bien?- interrogue inclinándome más cerca de mi amigo.
-Eh, si, bien.- susurro sin mirarme, con la vista fija en su lectura, me giré a mirar a Hermione y con la mirada le hice saber que no había conseguido ningún avance, ella me volvió a señalarme a mi Harry, sabía que me estaba enviando a insistir.
-No quiere hablar.- le susurre inclinándome hacia ella.
-Insiste, te va a decir.- me dijo Mione.
-Pero...- comencé a decir.
-Solo insiste.- repitió Hermione.
-Señorita Granger, silencio.- dijo el profesor sin levantar la mirada del libro, parecía enojado.
-Sí, profesor.- susurro Mione antes de hacerme un movimiento de cabeza para que le preguntara nuevamente a Harry. Tome una gran bocanada de aire y me gire hacía mi amigo, me incline dispuesto a volver a preguntar, aun cuando estaba casi seguro de que no recibiría ninguna respuesta.
-Harry.- volví a llamarlo.
-¿Aja?- pregunto el pelinegro, sus ojos fijos en la lectura, parecía ser que no tenía pensado mirarme y mucho menos abandonar aquellos pergaminos para prestarme algo de atención.
-Es que...- comencé a decir.
-Shhh.- murmuro nuevamente el profesor.
-Hermione y yo. Estamos preocupados.- le dije en voz muy baja.
-¿Por?- cuestiono el moreno evasivamente, seguía con los ojos fijos en sus pergaminos.
-Por ti. ¿Estás seguro que estas bien?- me atreví a cuestionar nuevamente, esperando que esta vez sí diese algún resultado positivo.
-¡Joven Weasley, podría hacer silencio!- exclamó el profesor levantando los ojos del libro para depositar su mirada en mí. Abrí los ojos enormemente, algo temeroso de ser expulsado del salón o de que le restaran más puntos a Griffindor por causa mía.
-Sí, profesor.- susurre volviendo a mirar mis pergaminos, ni siquiera recordaba en que parte de la lectura me había quedado. Astronomía...astronomía...detestaba esta clase con todo mi corazón.
-Ron.- me llamo Harry, levante los ojos del libro ante la voz del pelinegro.
-¿Si?- cuestione en un susurro.
-No estoy bien.- me dijo Harry seguido de un suspiro; eso ya lo sabía, lo que quería saber era el motivo de su repentino desanimo.
-¿Qué ocurre?- cuestione inclinándome hacia él.
-Es Cho.- me dijo pasando una mano por su cabello.
-¿Qué ocurre con ella?- interrogue bajando la voz aún más que en un inicio.
-Nos besamos...- me dijo Harry
- ¿De verdad? Eso...es... ¿bueno? ¿Cómo fue? - cuestione algo sorprendido, no encontraba eso un motivo de tristeza u desanimo.
-¡Joven...- ya veía venir el grito del profesor, incluso arrugue el gesto en espera de una reprimenda.
-¡Malfoy, podría guardar silencio!- sentenció el profesor, deje salir un suspiro de alivio al ver que esta vez no se había percatado de mi conversación con Harry. Hasta cierto punto agradecía que el rubio Slytherin y su novia no pudiesen parar de hablar durante toda la sección.
-Claro.- murmuró Malfoy, pero siguió hablando de todas formas, lo gracioso es que ni siquiera lo disimulaba.
-Fue...húmedo...demasiado húmedo...- me dijo Harry con una cara indescifrable.
- ¿Y.…por qué estas tan desanimado?- interrogue, todavía no encontraba la parte mala de todo este rollo mental de mi amigo. Un beso jamás había sido motivo de tristeza, por lo menos no en mi caso...a excepción de Lavender...
-Es que me gusta Cho, pero...ese beso...- comenzó a decirme Harry.
-¿El beso qué?- pregunte confundido.
-No lo sé...no me gusto creo.- susurro mi amigo confundido.
-Shhhh.- volvió a murmurar el profesor, incluso imagine su rostro de irritación mientras murmuraba.
-¿No sabes si te gusto? ¿O no sabes si te gusta Chang?- insistí
-Ron.- me llamo Hermione, le hice un gesto con la mano para que me diese un momento. ¡Primero me envía a preguntar y luego quiere que guarde silencio!
-Me gusta Cho, pero... también me gusta alguien más.- termino de decirme Harry, dejando salir un suspiro tan pronto aquellas palabras hubieron salido de sus labios; abrí los ojos sorprendido ante aquella declaración.
-Así que...te gustan dos chicas. ¿Y eres capaz de decirme que no puedo enamorarme tan seguido?- cuestione de manera bromista, tratando de sacarle una sonrisa a mi amigo.
-No es lo mismo Ron, tú no te enamoras de ninguna.- me dijo Harry sujetando la pluma entre sus manos.
-Ron.- insistió Hermione, volví a realizar un gesto con mi mano derecha para que guardase silencio.
-Golpe bajo, Harry. Sabes que cuando me enamoro es muy enserio.- le recrimine a mi amigo
-Cuando dices que estas enamorado sé que es todo, menos algo serio.- me dijo Harry rodando los ojos.
-Sabes que lo de Abbott es enserio ¿Cierto?- cuestione
-Se que lo de Abbott es un mal chiste.- me dijo mi amigo.
-Ron...- volvió a murmurar Hermione, iba a volverle a hacer la seña con mi mano para que me dejase terminar mi conversación con Harry cuando un golpe sobre la mesa consiguió que me enderezase.
Me encontré de frente con el rostro enojado del profesor, parecía ser que estaba de muy mal humor, aun peor que al inicio de la sección. Escuche un "Nunca me escuchan" de Hermione y sabía que en este preciso momento estaba deseando golpearme. No me atreví a decir nada, ni siquiera a moverme, sabía que lo menos que podría hacer aquel hombre delante de mi seria expulsarme del salón o restarnos puntos a los Griffindors.
-Jóvenes Potter y Weasley, no se si no les quedo claro, pero hay un letrero, muy grande, en la puerta del salón que dice "SILENCIO", así que si desean permanecer en la clase les agradecería que honraran esas ocho letras o tendré que sacarlos del salón.- nos advirtió el profesor, asentimos rápidamente ante la enojada mirada de aquel ser horripilante delante nuestro.
Tras unos segundos, el profesor se dio la vuelta y volvió a su antigua posición, pluma en mano, espejuelos en el borde de su nariz y su mirada fija en el enorme libro que estaba depositado sobre la mesa. No volví a abrir mis labios en lo que quedaba de clase, después de todo, lo que menos deseaba era ser expulsado. Aun así, no leí nada más durante el resto del tiempo, estaba pensando en todo lo que Harry me había dicho; todavía había una interrogante que latía rápidamente en mi cabeza. ¿Quién era la otra chica?
…Continuara...
"Los amigos son como la sangre, cuando se está herido acuden sin que se los llame"
