Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer me pertenece, es propiedad de Stephenie Meyer. Escribo fis sin ánimos de lucro.


Nuevo capítulo :) Este prácticamente se ha escrito solo y aclara varias cosas. Espero que os guste.


2

Explicaciones

Presente.

Sólo el sonido de las gotas de lluvia repiqueteando contra los cristales rompía el silencio. Al principio, haber dejado a cinco vampiros totalmente mudos había sido como una victoria personal para Bella, pero ahora empezaba a desesperarse. ¿No pensaban reaccionar nunca? Se suponía que los vampiros tenían una gran capacidad para responder a su entorno con rapidez, pensaban más rápido que un humano, por decirlo de alguna manera, pero estos seguían mirándola como si se les hubiera aparecido un fantasma. En cierto modo, así era, ya que oficialmente Isabella Swan llevaba muerta seis años, pero había esperado mucho más de los Cullen, la verdad.

Incómoda, carraspeó y cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro. Esto pareció llamar la atención de Edward, que se acercó un paso. Bella se retiró un poco al mismo tiempo que el vampiro se movía, alerta. Carlisle, a pesar de seguir un poco conmocionado, había seguido su movimiento con los ojos y Bella sabía que debía de estar tomando nota de sus gestos. Mantuvo los brazos a los lados y el cuerpo en tensión, aunque cualquier persona que pasara por allí habría asegurado que su cuerpo estaba relajado. Estaba preparada para saltar hacia atrás si Edward daba un paso más, pero se obligó, una vez más, a actuar con diplomacia.

─¿Puedo entrar? ─preguntó con cortesía señalando hacia el interior. Una parte de ella rechazaba la estúpida idea de entrar en una casa infestada de vampiros posiblemente hostiles, pero no le hizo caso. Tenía una misión que cumplir ─. Hace frío aquí fuera y estoy empapada.

Carlisle parpadeó una sola vez y entonces se apartó para dejar que pasara. Bella obligó a sus músculos a moverse y caminar entre los dos vampiros, que no la perdían de vista. Una timidez que creía haber dejado atrás hacía muchos años volvió a hacerse presa de ella. Se sentía incómoda con tantos ojos sobre ella. Para enmascarar su vergüenza, se sacó el pelo del interior de la chaqueta y dejó que su melena cayera en cascada por su espalda. Se desabrochó la cremallera y la colgó de un gancho que había junto a la puerta, demasiado cerca de Edward para resultarle agradable, pero se esforzó en aparentar normalidad. Debía admitir que estar tan cerca de él la trastocaba y no pudo evitar cruzar sus ojos con los dorados de Edward. Si no hubiera trabajado tantísimo sobre su autocontrol, se habría quedado mirándole hasta el amanecer. Estaban muy cerca, tanto que sólo tenía que alargar una mano para acunar su rostro. El momento duró sólo un segundo, lo justo para que Bella tomara las riendas de sus emociones y se apartara de él.

Miró a su alrededor, cada vez más tranquila, aunque sin bajar la guardia del todo. Por ahora nadie la había atacado y quiso pensar que eso era una buena señal. La casa era muy luminosa. Había decenas de luces encendidas por todas partes, iluminando las paredes color crema y la madera clara del suelo. La entrada daba paso a un salón amplio, cuyos muebles eran de los colores que Bella había aprendido a asociar con los Cullen: dorado, beige, marrón… Cálidos y brillantes. No había una pared que separara la cocina del salón y ambas estancias se integraban con naturalidad. Las encimeras brillaban. No había un solo surco o mancha que delatara su uso. Probablemente los Cullen no le habían dedicado ni dos segundos a una cocina que sería el sueño húmedo de un cocinero profesional. Las puertas que daban al patio estaban cerradas y tapadas con pesadas cortinas doradas de apariencia suave. El piano de Edward descansaba sobre una tarima al fondo de la habitación. Lo último en lo que Bella se fijó fue en las escaleras, un tramo subía hacia el piso de las habitaciones, como ella ya sabía por los planos que le habían facilitado, y otro bajaba hasta el sótano.

─Bella, ¿de verdad eres tú?

La voz de Esme sacó a Bella de sus pensamientos. Sus ojos la miraban con incredulidad y algo muy parecido a la esperanza. La miraba como si fuera la primera vez que la veía de verdad. Casi parecía incapaz de asimilar el hecho de que efectivamente estaba ahí, respirando, hablando, caminando. Esme se acercó con cautela y Bella escuchó movimiento tras ella al mismo tiempo. No se movió a pesar de lo que un instinto desarrollado durante los últimos años le gritaba que hiciera algo más que quedarse ahí parada. La vampira alargó una mano y le acarició la mejilla con suavidad. Una sonrisa tierna le adornaba los labios y Bella no pudo evitar sentirse conmovida. Edward la había abandonado aquel día, sí, pero no sólo le había privado de su amor sino también del de toda su familia.

─Gracias a Dios ─murmuró la mujer, con lágrimas en los ojos que jamás podría derramar.

Un apretado nudo le constriñó el pecho, pero no se dejó llevar por sus sentimientos. No estaba ahí para eso. Le regaló una sonrisa a Esme y le tomó la mano para alejarla de su rostro. Su piel era fría como la lluvia que seguía azotando la noche, pero suave como el pétalo de una flor. Era difícil apartarse de su maternal cariño. Se giró hacia los demás vampiros para evitar la mirada decepcionada de Esme encontrándose inmediatamente con cuatro pares de ojos que la miraban sin perder detalle. Reconocía las emociones que cruzaban por el rostro de todos ellos: incredulidad, desconfianza, esperanza, incluso algo parecido al alivio y al amor. Se aclaró la garganta dispuesta a hablar.

─Carlisle, ¿hay algún sitio donde podamos hablar todos tranquilamente? ─Bella sabía perfectamente que había una sala de conferencias en el piso de arriba, pero no quería que ellos supieran lo informada que estaba.

Carlisle tardó un segundo más de lo normal en contestar, pero ya empezaba a mirarla con más curiosidad que asombro, lo cual resultaba un cambio agradable.

─Por supuesto ─dijo finalmente, extendiendo una mano hacia las escaleras─. Sígueme.

Bella asintió y dejó que él pasara primero. Le dio la espalda al resto de vampiros, pero mantuvo el oído atento ante cualquier movimiento fuera de lo normal. Al resto de los Cullen les costó un poco seguirles, excepto a Esme, que se colocó al lado de Bella en menos de un segundo. Empezaba a notar las miradas de hostilidad clavadas en su espalda. Casi podía ver a Rosalie rumiando su desconfianza y enfado. Antaño, la ira de la mujer habría hecho estremecer a Bella, pero a esas alturas de su vida una vampira tan joven e inexperta en batalla no le inspiraba siquiera respeto. Aunque eso Rosalie no lo sabía, por supuesto.

Las escaleras terminaban de cara a una amplia ventana, igual que las del resto de la casa. El pasillo se fundía con una sala amplia que hacía las veces de distribuidor y que habían amueblado con más sillones y estanterías llenas de libros. Dos ventanas más dejaban ver el patio trasero. Bella cruzó una de las cinco puertas tras Carlisle.

Había visto en los planos que en realidad esa sala estaba pensada como una habitación y el comedor correspondía a una sala junto a la cocina, en el piso de abajo, pero los Cullen, que no sentían la necesidad de comer, habían convertido el comedor en una sala de juegos y la habitación del piso de arriba la habían amueblado de tal manera que se parecía más a una sala de conferencias que a un comedor. Una mesa de cristal dominaba el espacio rodeada de sillas rotatorias blancas y de aspecto cómodo, muy parecidas a las que Bella se imaginaba que habría en la sala de reuniones de una gran empresa. En la pared a su derecha se alineaban tres grandes ventanas que en ese momento permanecían detrás de pesadas cortinas similares a las del salón. No había más mobiliario.

─Siéntate.

Carlisle le señaló la silla de la cabecera y Bella obedeció, dejando la mochila a sus pies. Era tan cómoda como se había imaginado. Los Cullen se fueron sentando con cierta reticencia. Carlisle a su derecha y Edward a su izquierda. Al lado de este último estaba Alice, que miraba la superficie de la mesa con una expresión entre la contrariedad y la confusión. Bella dedujo que debía de estar rompiéndose la cabeza preguntándose cómo había sido incapaz de ver algo así. Jasper, al lado de su compañera, la miraba evaluadoramente, al igual que Rosalie, aunque él con mucha menos hostilidad. Emmet miraba de Carlisle a Bella, esperando que cualquiera de los dos comenzara a pedir o a dar explicaciones. Esme se limitaba a mirarla con adoración, aunque la curiosidad brillaba en sus ojos por debajo de la alegría.

El silencio se extendió más de lo que a Bella le habría gustado, pero es que a pesar de haber tenido tres semanas completas para preparar lo que tenía que decir, en ese momento no conseguía que nada saliera de su boca. Toda la situación se parecía más a un sueño que a la realidad. Habían pasado once años desde la última vez que los había visto a todos y estaba resultando demasiado para digerir.

─¿Cómo es posible? ¿Cómo puedes estar viva? ─ Al contrario de lo que Bella se esperaba, no fue Carlisle quien rompió el silencio incómodo, sino Alice. Todas las miradas se centraron en ella por un segundo antes de volver a Bella─. Vi cómo llorabas por Jacob. Te vi en la universidad, buscando información sobre los vampiros. Te vi cada día durante los cuatro años que estuviste en Alaska. Vi la noche en que decidiste tomarte esas pastillas y meterte en la bañera. Supe que habías muerto porque todo se volvió negro y jamás pude volver a verte. Así que explícame ─La voz de Alice, siempre dulce, estaba teñida de indignación y dolor. Los ojos le brillaban─ cómo es posible que estés aquí.

─Estoy aquí porque mi muerte no fue más que un montaje ─Bella vio que más de uno estaba dispuesto a interrumpir así que levantó la mano para acallarlos─. Os lo explicaré todo, pero no quiero interrupciones hasta que haya terminado. Por favor ─añadió, dispuesta ser lo más diplomática posible─. Si tenéis dudas podréis preguntarme lo que queráis en cuanto acabe.

Bella se inclinó para abrir la mochila. Sentía los ojos de los vampiros clavados en ella, pero estaba decidida a no dejar que le afectaran. Ese estúpido miedo escénico ya no formaba parte de ella. Sacó todo lo que tenía dentro, desde los informes sobre los Cullen hasta el material que había decidido que era seguro enseñarles sobre su propia organización. También la pistola y las balas. Tenía ganas de ver qué cara se les quedaba cuando les enseñara cómo funcionaba.

─¿Una pistola? ─inquirió Emmet con una sonrisa socarrona. Bella se la devolvió, pero no hizo comentarios al respecto.

Lo primero que dejó sobre la mesa fue todo lo referente a su trabajo e información sobre sí misma.

─En estas dos carpetas tenéis todo lo que hay que saber sobre mí y sobre la organización para la que trabajo. En esta ─señaló la que estaba a la derecha, la más cercana a Carlisle─ están desde mis notas en la universidad hasta mis capacidades físicas y mentales, así como todas las mutaciones a las que me he sometido.

─¿Mutaciones? ─preguntó Esme, alargando la mano hacia la carpeta.

Bella asintió.

─Cuando estaba en la universidad me dedicaba en mis ratos libres a investigar sobre vuestra raza ─Hubo alguna que otra ceja levantada ante la palabra que Bella había elegido, pero nadie intervino─, pero no encontré nada que no supiera o que no fuera una recopilación de mitos literarios que, por cierto, no os hacen justicia ─Se tomó un segundo para decidir por dónde seguir y ordenar sus pensamientos. Sentía que había pasado una eternidad desde aquellos días─. Entonces, contactó conmigo una mujer: Daga ─Una sonrisa afectuosa cruzó su rostro─. Ella fue la primera persona que me habló del Círculo de Jera.

Para sorpresa de todos, incluida Bella, Carlisle jadeó con reconocimiento y sorpresa.

─¿Perteneces al Círculo? ─inquirió, dominado por una avidez de información como jamás había visto. Bella asintió con la cabeza─. ¿Y por qué estás aquí?

Le vio echarse para atrás en la silla, con cautela. Su expresión había cambiado de la curiosidad a la preocupación.

─No es lo que piensas ─Bella se apresuró a contestar. No quería que malinterpretara sus intenciones, era lo último que necesitaba en ese momento─. No he venido a mataros.

La risa de Rosalie cortó el incómodo silencio. Parecía realmente divertida ante la idea de que Bella pudiera hacerles daño.

─Por favor, ¿en serio? ─Una sonrisa entre la diversión y la amenaza cruzó el hermoso rostro de la vampira─. Sólo eres una humana.

Bella iba a contestar, pero Carlisle se le adelantó:

─No, no lo es. Es una cazadora.

Esta vez, Jasper fue el que reaccionó con reconocimiento y sorpresa. En menos de un segundo se había colocado entre Bella y Alice, en cuclillas sobre la mesa. Lo que hubiera sido una postura ridícula en un humano, en Jasper resultaba amenazador. Era como un animal, pero con el brillo en sus ojos de una inteligencia que iba mucho más allá que la humana. Era el depredador perfecto, pero Bella ya no le temía. Sus músculos reaccionaron en respuesta al movimiento de Jasper. En menos de un segundo había pasado de una postura relajada a la más absoluta tensión, alerta ante cualquier ataque. Podía reducirlos a todos, eso lo sabía, pero no debía subestimar a Jasper. Podría herirla de gravedad si no tenía cuidado.

Se miraron a los ojos durante unos eternos segundos, esperando.

─Jasper ─dijo finalmente la mujer, con tono conciliador─, no he venido a haceros daño.

─Esto es ridículo ─resopló Rosalie al fondo de la sala. Bella la ignoró.

─No voy a hacerle daño a Alice. Ni a nadie.

Dijo cada palabra lentamente, atenta a cualquier signo de ataque. Jasper no se relajó ni un poco, pero tampoco se movía. Eso era buena señal. Bella se permitió el lujo de desviar la mirada a Carlisle, buscando apoyo. Pero sólo se encontró con la indecisión del vampiro, que obviamente no sabía qué pensar. Resultaba desconcertante ver a Carlisle en ese estado.

Entonces, la ayuda vino desde donde menos se lo había imaginado.

─Jasper, baja.

Edward se puso al lado de Bella con rapidez, dispuesto a protegerla. En otro momento a esta le habría hecho gracia, pero ahora agradecía la intervención. Teniendo a Edward entre ellos se sentía un poco más segura.

─Jasper, déjame explicarme, por favor. Me lo debes.

Bella hubiera preferido no usar un truco tan rastrero, pero no le quedaban muchas opciones. Echarle en cara a Jasper lo que había pasado en su dieciocho cumpleaños no era lo que quería, sin embargo, funcionó. El hombre se relajó un poco con la culpa adueñándose de su rostro. Miró de Edward a Bella y pareció decidirse. Seguía con el cuerpo tenso, preparado para luchar, al igual que Bella, pero se bajó de la mesa y volvió a su lugar. Edward también se sentó, pero no sin antes dedicarle una mirada llena de preguntas. La mayoría los miraba con confusión.

─Bien ─dijo Bella finalmente, tomando una bocanada de aire para tranquilizarse─. Sólo por si acaso, lo voy a decir una vez más: no he venido a haceros daño.

─Explícate entonces ─replicó Jasper─. He conocido a otras como tú. Lo único que traéis es muerte.

─Se suponía que ibas a dejar que me explicara.

Se miraron desafiantes hasta que Esme intervino:

─¿Qué es el Círculo de Jera?

Bella la miró con una suave sonrisa.

─El Círculo de Jera es una organización con varios siglos de historia. Se dedican a reclutar personas, mujeres en su mayoría, y entrenarlas para cazar vampiros ─La escueta explicación hizo reír a Rosalie una vez más, aunque parecía menos convencida. Nadie dijo nada, invitándola a continuar─. Yo pertenezco al Círculo.

─¿Esa… organización fue la que te hizo desaparecer? ─preguntó Alice. Bella asintió con la cabeza─. ¿Pero por qué no puedo verte? Eso no explica nada.

─En sus inicios, el Círculo estaba formado por personas normales y corrientes, humanos que arriesgaban su vida cada vez que se enfrentaban a un vampiro. Morían por decenas. Pero vuestra raza no estaba tan escondida por aquel entonces, y con una buena táctica y varias personas, era posible reduciros a cenizas ─Los vampiros se estremecieron. Eran un buen público, Bella no podía negarlo─. La organización casi desaparece varias veces, especialmente desde que los Vulturis reafirmaron su poder. Hace cien años habrías sido perfectamente capaz de seguir mi pista, Alice. Sin embargo, en las últimas décadas se han desarrollado ciertas medidas de protección. Ahora somos más fuertes, más rápidas, y estamos mucho mejor organizadas. A medida que avanzamos en nuestro entrenamiento, también nos sometemos a mutaciones.

─¿A qué te refieres exactamente? ─insistió Alice, todavía sin entender.

─No conozco el proceso en el sentido técnico, en realidad, llamarlas mutaciones es algo que circula sólo entre las cazadoras ─admitió Bella─, pero intentaré explicártelo. Primero reforzamos nuestros cuerpos de manera tradicional: con entrenamiento físico y mental, parecido al que se da en ejércitos de élite. Si superas todo eso, de vez en cuando te sometes a una mutación. Lo único que sé es que se inyecta en la base del cráneo. No hay operaciones implicadas, pero te dejan sin conocimiento durante varios días. La primera a la que me sometí, me dio más rapidez ─Ilustró sus palabras moviéndose de un lado de la habitación al otro extremo y vuelta a su sitio en menos de dos segundos. Rosalie y Jasper tiraron sus sillas al suelo de lo rápido que se levantaron. Los demás, excepto Carlisle, dejaron escapar gritos ahogados─. La segunda, más fuerza ─Esta vez, se limitó a doblar el posabrazos de la silla hasta que formó un ángulo recto─. Y así sucesivamente. Aunque no hay que abusar de esto. Someterte a más de cinco o seis mutaciones es considerado un suicidio.

─Pero… no lo entiendo ─Alice la miraba con los ojos a punto de salirse de sus órbitas. Parecía que todavía no era capaz de relacionar lo que Bella les había contado con el hecho de que no pudiera verla.

─Es un hecho, Alice ─contestó lentamente, con algo de pena filtrándose en su voz─, ya no soy completamente humana. Estoy en un punto intermedio entre lo humano y algo más.

─¿El qué? ─dijo Edward, mirándola con intensidad.

Bella tardó un segundo de más en contestar.

─No lo sé ─respondió, con una sonrisa amarga.

Jasper y Rosalie no se habían sentado todavía y los demás la miraban con idénticas expresiones de incertidumbre. Ninguno estaba seguro de cómo proceder ahora, pero Bella no había terminado de explicarse. Necesitaba su atención un poco más. Levantó las manos mirando a los dos vampiros con obvias intenciones de atacarla ante cualquier provocación y se inclinó lentamente. Cogió los informes que tenía sobre la familia Cullen sin apartar los ojos de ellos. Los fue sacando lentamente, dejando que los vieran, antes de tirarlos sobre la mesa. Solo Jasper evitó mirarlos, siguiendo cada uno de sus movimientos.

─¿Qué es esto? ─preguntó Emmet, alargando una mano para tomar el primero de la pila. Bella no contestó, sino que dejó que él mismo lo descubriera─. ¡EH! Es Edward.

El susodicho le lanzó una mirada de sorpresa. Se colocó detrás de él con rapidez y se lo quitó de las manos. El retrato de su madre cayó al suelo y Edward se inclinó para recogerlo. Bella jamás le había visto tan sorprendido. Volvió a su lugar a velocidad sobrehumana y comenzó a ojear su informe, pero sin perder de vista el trozo de papel con su madre. Emmet recogió otro y los demás hicieron lo propio.

─Tienes información de todos nosotros ─dijo Carlisle mientras leía el de Esme ─. Es impresionante.

─¿Por qué tienes esto? ¿Cómo lo has conseguido? ─Alice leía el suyo con avidez por tercera vez. No había gran cosa sobre ella, pero más de lo que la vampira había descubierto hasta ahora.

─Tenemos nuestras fuentes ─respondió Bella sin interés por revelar más cosas sobre el Círculo de las que debería─. Pero la razón por la que tengo todo eso es lo verdaderamente importante.

─¿Y cuál es esa razón? ─escupió Rosalie.

─Os necesitamos ─Todos, sin excepción, dejaron a un lado los informes para mirarla. Nunca había recibido miradas tan intensas como en ese momento─. Desde hace años hemos registrado misteriosas desapariciones, tanto de cazadoras como de vampiros. Siempre terminaban apareciendo sus cadáveres en alguna cuneta. Lo investigamos, por supuesto, pero no parecía algo alarmante hasta el último año, en el que han aparecido los cuerpos de más de mil personas sólo en Estados Unidos. La mayoría son vampiros, pero también hay cazadoras.

─¿Por qué una organización que caza vampiros se preocupa porque estemos muriendo? ─preguntó Jasper con el ceño fruncido─. Entiendo que investiguéis la muerte de vuestra gente, pero ¿por qué también de la nuestra?

─Siempre ha habido vampiros que renegaban de su naturaleza y de los suyos ─Bella evitó mirar a Edward, aunque sus pensamientos estaban puestos en él─. Hicimos alianzas con vosotros hace mucho tiempo. Muchos de los que han aparecido asesinados eran de los nuestros. Espías y apoyos. Vampiros vegetarianos también, como vosotros. Estoy aquí para protegeros y para que me ayudéis. Carlisle ─Le miró directamente a él intentando que la gravedad del problema quedara clara en su mirada─, tú conoces a muchos vampiros, algunos de ellos muy poderosos. Indaga por mí. Ayúdanos.

Carlisle bajó la mirada al informe de Esme, observando su fotografía con intensidad, pero pensativo. Bella esperó. Sabía que la opinión que de verdad pesaba en esa familia era la de Carlisle y poco importaba lo que hiciera si no tenía su apoyo. El hombre suspiró y volvió a mirarla.

─¿Qué es lo que los mata?

─No lo sé. Es lo que intento averiguar.

Carlisle frunció el ceño.

─No hay muchas cosas que puedan matar a un vampiro, Bella.

─Eso es lo que más me preocupa. Muchas de mis compañeras me tacharían de traidora sólo por estar aquí, sólo por revelaros que sigo viva. No arriesgaría mi vida si no creyera que esto es importante.

El silencio se volvió pesado. Todos estaban esperando la decisión de Carlisle. Como Bella, eran conscientes de que acatarían lo que él dijera.

─¿Qué es lo que necesitas?

Bella suspiró con alivio. No lo había dicho, pero podía ver en los ojos de Carlisle que se había decidido a ayudarla. Una sonrisa tiró de la comisura de sus labios. Estaba realmente aliviada.

─Sólo un lugar en el que quedarme y toda la información que puedas conseguirme. Cualquier movimiento irregular de un aquelarre, desapariciones misteriosas, lo que sea. Tu gente también debe de estar investigando esto. Hasta ahora sois los más perjudicados.

Hubo un gruñido al otro lado de la mesa.

─¿De verdad vas a dejar que se quede aquí? Es peligrosa ─Rosalie le lanzó una mirada asesina─. No es la primera vez que nos arriesgamos por ella. ¿No ha hecho suficiente daño a esta familia? Edward casi se mata por su culpa.

Bella conocía esa historia, aunque no lograba comprenderla del todo. Los dos vampiros se miraron entre sí.

─Rose ─murmuró Emmet, tomando su mano─, no. Estoy de acuerdo con Carlisle. Si no la ayudamos podemos ser los siguientes.

Rosalie apartó su mano bruscamente y le dirigió una mirada cargada de resentimiento a su marido. Se levantó de la mesa y Bella se preparó para un ataque. Pero la vampira se limitó a mirarla sin disimulado asco, pasó a su lado con la cabeza bien alta y desapareció. Emmet suspiró y la siguió, pidiéndole perdón a Bella cuando estuvo a su altura. La familia Cullen se miró entre sí, compartiendo un momento de complicidad, hablando sin palabras. Bella les dio un momento para recuperarse, pero estaba agotada. Lo único que deseaba era que esa noche se acabara de una vez.

─¿Carlisle?

El vampiro asintió.

─Puedes quedarte aquí. Tenemos una habitación en el sótano que no usamos para nada. Si nos das un poco de tiempo la haremos habitable.

Esme sonrió y asintió al tiempo que se levantaba, dispuesta a prepararlo todo para Bella. Se acercó a ella y la abrazó antes de que pudiera reaccionar. Bajar la guardia con Esme resultaba demasiado natural para su gusto. Olía a flores y su abrazo, aunque frío, era firme.

─Me alegro de que estés de vuelta ─susurró en su oído, aunque todos pudieron escucharlo perfectamente.

Bella no dijo nada, pero sonrió. Esme le devolvió la sonrisa y se fue a paso humano, seguida de cerca por Alice y Jasper, que abandonaron la habitación mientras murmuraban entre sí. Alice la miró, pero no sonreía. Algo en su expresión le dijo a Bella que iba a tener que dar muchas más explicaciones.

─Hablaré con algunos amigos esta noche y te lo diré si descubro algo ─dijo Carlisle antes de retirarse también ─. Buenas noches, Bella.

El silencio volvió a ser el protagonista. Edward la miraba mientras recogía los informes que habían quedado olvidados sobre la mesa de cristal. La primera luz del amanecer se coló por una rendija de las cortinas. Para su sorpresa, Bella estaba tranquila. Sabía que antes o después iba a tener que quedarse a solas con él y era mejor que pasara cuanto antes. Debía ser clara con él, tranquilizarle respecto a su estancia con ellos. No quería más tensiones de las necesarias.

Levantó la vista de su mochila tras haber guardado todo. Le buscó en el sitio que había ocupado durante toda la noche, pero no lo encontró ahí. Bella había estado tan perdida en sus pensamientos que ni siquiera había notado que el vampiro se movía a su alrededor. Se reprendió a sí misma por el despiste, pero no tuvo tiempo de pensar demasiado en ello antes de quedarse sin aliento. Edward estaba muy cerca de ella. Su olor le llenaba los pulmones. Era mejor de lo que recordaba, su memoria no le hacía justicia. Se miraron intensamente a los ojos. Bella había perdido la capacidad de hablar. Vio la mano de Edward elevándose como si fuera una simple espectadora y no se movió cuando sintió una ligera caricia en la mejilla. Su corazón latía desbocado.

Ninguno de los dos dijo nada. Sólo se quedaron así, mirándose a los ojos.

Entonces, Edward se inclinó un poco, lo justo para depositar un suave beso sobre su frente. Bella cerró los ojos. Sabía que en cuanto se alejara de él se iba a sentir estúpida, débil, mortificada por su comportamiento, por haber dejado que se acercara tanto a ella. Pero en ese momento sólo podía pensar en lo mucho que había deseado estar así con él. Sólo una vez. Sólo un segundo.

Edward se separó de ella y se dio la vuelta. Paradójicamente, un frío intenso reemplazó su toque. Bella le observó mientras se alejaba con la piel hormigueándole allí donde él la había tocado. Sin poder detenerla, una lágrima solitaria cayó por su mejilla al tiempo que Edward cerraba la puerta y la dejaba sola.


Muchas gracias por leer y a Andre22-twi, aliceforever85 y al anónimo que me han dejado un comentario.

Nos leemos pronto :)