Hola! antes que nada quisiera disculparme por la demora en escribir este capitulo, y es que tenia muchas ideas para darle forma, a parte de encontrarme con los últimos exámenes de la universidad. Feliz Año! aunque ya sea una semana después =D, les deseo que cada día superen sus propias expectativas...

Con respecto a los comentarios que recibí me gustaría darles una aclaración:

1. No es un Draco y Harry - nunca me gusto mucho esta unión o.o

2. El cuentista es alguien un poco "diferente" pero no es un mago!

bueno con estas dudas aclaradas mejor a continuar con el fic


La última batalla entre los mortifagos y los aurores no se llevo como muchos pensaron en los exteriores de Hogwarts, la verdadera batalla se libraba en su interior donde un gran caos se libraba los estudiantes de sexto y séptimo año se unieron peleando codo a codo con sus profesores, creando al menos mayor resistencia de la que los mortifagos esperaban. Sin embargo ellos eran magos más experimentados y sin miedo a matar a diestra y siniestra, una clara desventaja ante aquellos jóvenes quienes nunca hubieran deseado quitarle la vida a cualquiera ser.

La guerra aun continuaba en su mente, a pesar de haber transcurrido ya muchos años desde la última batalla que tuvo como sede a Hogwarts. Lo recordaba todo claramente aquella noche donde todo cambio de rumbo más de lo que hubiese imaginado alguna vez sus creencias, sus ideales, incluso aquellos pensamientos que constantemente lo acompañaban se esfumaron en cuestión de segundos al encontrarse en el mismo lugar donde la guerra desarrollaba su más grande batalla y la que sería la definitiva.

Y en punto de quiebre, fue cuando vio morir a uno de sus amigos en la sala de menesteres. Las dudas desaparecieron y cuanta razón tenían todos al decir que Voldemort no debía de continuar con sus planes pero aquel orgullo y aquellos años de enseñanza para servirlo habían logrado su cometió y era cegarlo ante el "honor" de convertirse en un mortífago.

Aferro su mano fuertemente a su varita, hasta que sus nudillos se volvieran blancos. Era su culpa que los mortifagos hubieran ingresado pues entonces trataría de redimir su error, aunque ya nadie confiara en sus intenciones eso no importaba, era lo que él creía.

Las luces de las varitas iluminaban la oscuridad de la noche, la última barrera cayo y los mortifagos ingresaban rápidamente por los alrededores del castillo. Muchos de sus compañeros de Slytherin se unían a la lucha desarmando a los estudiantes, sin embargo al ver como su líder aprovechaba su cercanía a los mortifagos para desmayarlos y dejarlos fuera de combate. Motivo a aquellos que se encontraban con dudas de tomar una decisión definitiva, pues todos a pesar de haber recibido la enseñanza de continuar con la ideología de sus padres en su interior guardaban grandes dudas, y el valor que mostraban muchos de los estudiantes logró vaciar sus dudas y luchar por aquello que realmente creían.

La lucha era fiera y encarnizada, observo como ambos bandos caían presas de diferentes maldiciones o hechizos, su valor aumentaba pero sabía y estaba casi seguro que si se encontraba con sus padres no podría continuar, no podría luchar contra ellos.

Conforme avanzo la pelea ya muchos de sus compañeros aceptaban la ayuda de una gran parte de los Slytherin, incluso aquella enemistad que caracterizaba a la casa se desvanecía por completo. No era una simple batalla por quien obtendría el poder, era una pelea entre las creencias que poseían cada mago y bruja.

Cuando bajo al gran salón, se encontró con uno de los mortifagos quien ya sabía de su traición pues había presenciado cómo minutos antes había salvado a Granger, sin palabras que precedieran a la ira que llevaba aquellos ojos que lo observaban, tuvo que agacharse rápidamente para evitar un desmaius, estaba concentrado esquivando pues aquel mortífago era muy rápido y no dejaba algún instante para contraatacar. Entonces lo vio, allí frente a él su padre acaba de llegar sus ojos se encontraron durante apenas unos instantes los cuales fueron suficientes para que gritara de dolor, uno de los hechizos le había dado ene l brazo y este sangraba a cantidad.

Su padre levanto la varita y sin dudarlo asesino a aquel mortífago, ambos padre e hijo sonrieron no necesitaban palabras pues habían tomado la misma decisión sin necesitar encontrarse. Se acerco rápidamente curando la herida de su brazo o al menos esta dejo de sangrar, se levanto dispuesto a continuar. Y más tarde observo como su madre también se unía a la lucha esta vez en el bando contrario de Voldemort.

De pronto el silencio se hizo presente, los mortifagos cesaron su ataque y pedían que Potter saliera al bosque prohibido para encontrarse con Voldemort, no podía ser cierto nadie sería tan idiota para ir a una muerte directa era claro que lo estaba invitando para asesinarlo. Sin embargo sus pensamientos se interrumpieron al observar una protesta de un grupo de alumnos, cuando lo vio.

Allí se encontraba Potter caminando en dirección al bosque sin escuchar las protestas de sus compañeros y sus amigos, sus ojos se cruzaron por un instante. Quería gritar, quería correr y detenerlo decirle que estaba completamente loco y que dejara de lado sus intentos suicidas pues esta vez no tendría aquella suerte que siempre pregonaba. Sin embargo sus pies no se despegaron del suelo, le tenía respeto.

El tiempo pareció transcurrir lentamente, observo como los estudiantes se dedicaban a curar a los heridos y no pudo evitar reunirse con su padre y madre quienes se encontraban en una de las esquinas sin mirar a nadie, ambos tomados de la mano y mostrando aun esa mirada de superioridad que los caracterizaba. Apenas dio unos pasos cuando se percato que se encontraba herido y sus piernas tambaleaban para caminar en paso recto.

De pronto lo vio, a través de una de las ventanas del castillo un potente rayo de luz verde inundo el bosque. La ansiedad recorrió sus venas, que era aquello… que es lo que significaba. Sin esperar decidió que iría a ver, no podría detenerse sin embargo no era el único que había tomado esa decisión muchos aurores, profesores y estudiantes corrían en esa dirección, incluso sus padres cuando les faltaba muy poco para llegar aquella luz desapareció y extrañamente todo ruido desapareció y un silencio estremecedor se hizo presente nuevamente, sin embargo este mostraba un aire diferente era aun mas difícil de describir de lo que podría imaginar era desesperante, intimidante, posesivo, y hasta fulminante.

Era cierto habían pasado más de 10 años y sin embargo ver aquellas paredes levantadas nuevamente tras casi su total destrucción, le recordaban lo que sucedió. Se encontraba en Hogwarts caminando entre aquellos pasillos que ya conocía muy bien, atravesando las escaleras y retratos que lograron salvarse de entre el fuego.

Todos su recuerdos se encontraban intactos, todos tan claros como si tan solo hubiera transcurrido una semana. Se detuvo durante unos instantes en una de las ventanas, donde el gran lago se veía perfectamente incluso creyó ver algún tentáculo del calamar gigante. La paz y la tranquilidad que ahora rodeaban el castillo era un claro contraste lo que vivió, incluso entre los alumnos las batallas libradas se contaban una y otra vez.

El nombre de Harry Potter ahora formaba parte de esas historias, siendo la casa de Gryffindor la favorita entre los estudiantes porque era en esa casa donde el héroe que derroto al señor tenebroso había pasado sus épocas de estudiante.

- Sr. Malfoy – dijo una voz a sus espaldas, obligándolo a girarse para observar a su frente a Hermione Granger , quien mostraba una mirada seria y llevaba su cabello en una larga trenza de lado.

- Profesora Granger – contesto Draco mientras mostraba una leve reverencia – es un placer volver a verla nuevamente.

- La directora lo está esperando en su despacho, por favor sígame.

Tan pronto termino de hablar se giro para dirigirse al que una vez fue el despacho del más grande director de Hogwarts "Albus Dumbledore". Draco sonrió de lado, al observar como "la sabelotodo" no había cambiado en lo absoluto aun después de la guerra, aun se mantenía muy atenta a respetar las reglas y esa mirada que solía dirigirle era severa y a la vez amable.

La relación de ambos se limitaba a tratarse de manera social, a pesar de haber sido compañeros de aulas en muchas ocasiones, sin embargo no esperaba nada más. Pues quien si no él mismo, se había encargado de sembrar todo el reproche que sentía la castaña ahora, incluso podría adivinar que lo hubiera preferido muerto antes que a su adorado Potter.

Caminaron en silencio absoluto a través de los pasillos, siendo el único ruido sus pasos. Pronto llegaron a la gárgola que sellaba la entrada.

- Crema de cerezas – dijo Hermione, y la enorme estatua se movió dejando de lado las escaleras que lo llevarían al despacho de la directora Mcgonagall.

- Gracias profesora Granger – gesticulo educadamente Draco, y subió a través de aquella escalera sin voltear la mirada.

Se detestaban, sin embargo no se rebajaría a mostrarse insolente o maleducado era un Malfoy y como tal tenía que levantar el apellido que alguna vez se vio marcado tras la guerra. Al llegar a las puertas levanto la mano dando un par que toques, antes de entrar.

Para su sorpresa la habitación se encontraba vacía. Observo los retratos de los antiguos directores quienes lo observaron sin decir nada. Y allí noto el retrato de quien había sido su padrino y mejor amigo "Severus Snape" quien le sonrió de manera casi imperceptible, a lo que Draco contesto con una sonrisa abierta.

- Nadie creyó en tu lealtad hasta que tu vida te fue arrebatada Severus – murmuro Draco, observando el retrato – tu verdadera lealtad siempre estuvo en el bando de la chica que amaste.

Cerca al retrato algo llamo su atención, allí se encontraba la espada de gryffindor la cual lo había visto portar a Neville durante el ataque a Hogwarts, lo recordaba tan claramente como recordaba que fue partícipe de aquel ataque permitiéndole la entrada a los mortifagos.

Cerro sus puños con tal fuerza que sus nudillos perdieron el color, y sus cortas uñas lograban incrustarse en su piel. Su deuda no estaba aun saldada y él se encargaría de redimir sus faltas de eso estaba más que seguro. Pues indirectamente tenía que estarle agradecido… Potter había logrado salvarlo…

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Aquella tarde un fuerte viento corría a través de todo Hogsmeade, y con ello toda personas caminaba a prisa buscando algun refugio para cubrirse del frio. Todas las tiendas se encontraban abarrotadas, sin embargo habia un lugar que se encontraba casi vacio. Su letrero con una cabeza de cerdo que goteaba sangre se movía de lado a lado a causa del viento "El cabeza de Puerco".

La puerta se abrió provocando el chirrido , durante un instante aquel viento helado penetro sin tregua en el local para luego desaparecer al cerrar las puertas. Una figura encapuchada ingreso a la taberna,su traje se encontraba raído al igual que su capa la cual mostraba muchos agujeros algunos parecían haber sido provocados por el fuego, y aquella bufanda que escondía completamente su rostro mostrando apenas unos fríos ojos negros los cuales brillaban a la luz de las velas.

A pesar de la siniestras figura que mostraba, ninguno de los presentes parecía interesado en observarlo. Un hombre bajito mantenía al parecer una fuerte discusión con un hombre de figura delgada y rostro pálido ambos callaron durante unos segundos para luego volver a su discusión como si no hubiese habido interrupción alguna.

- Es que acaso no ha venido contigo tu séquito de enanos - gruño a modo del saludo el cantinero, un hombre de aparentemente 40 años, quien mostraba una sonrisa a través de una horrible cicatriz que deformaba su rostro producto de la guerra producida hace ya muchos años - es extraño verte tan temprano.

- Estas pidiéndome acaso que traiga a los niños a una taberna tan tenebrosa como esta, Luck - comento el anciano acercándose a la barra, y sentando en una de las sillas - prefiero venir y disfrutar de este encantador silencio por mi cuenta...

El cantinero lo observo, desapareciendo de la barra para reaparecer con un vaso de wisky de fuego, dandosela al anciano, quien cogio el vaso entre sus manos cubiertas de unos viejos guantes aterciopelados.

Cuando Abeforth se hacia cargo del cabeza de cerdo, después de la guerra el lugar resultaba muy concurrido en especial por muchos curiosos que deseaban ver aquel túnel que conectaba la vieja taberna con el salón de menesteres de Hogwarts. El viejo mago ya harto de recibir constantes visitas inoportunas, y deseoso de volver a su antiguo estilo de vida sello el túnel colocando en el grandes rocas a través de todo el camino.

Los fanáticos que aun lograban ir fueron espantados por ataques de furia del viejo mago, quien los espantaba a base de maldiciones. Con el paso del tiempo el lugar volvió a tener aquella esencia lúgubre que lo caracterizaba. A su muerte, uno de sus viejos protegidos despues de la guerra se hizo cargo del lugar, y el unico cambio notable fue la desaparicion del olor a cabras.

- Creo que necesitare otra copa - dijo el anciano colocando su vaso ya vacío delante del cantinero - no suelo soportar demasiado el frio sin ayuda de esto.

- Tal vez ir a casa te seria de ayuda, viejo - rio a carcajadas el cantinero - aunque aquel viejo hoyo donde vives es un desastre. Con tu forma de contar historias, podrías ganar dinero... y no recibir solo la compasión de las personas

- Yo estoy en el fondo del pozo Luck, he caído mas allá de lo que es capaz de caer cualquier hombre -bebió de un sorbo el nuevo vaso que le habían traído - y sabes... - guardo pausa durante un instante- me gusta estar donde estoy, no puedo caer mas. Así que solo me queda subir y mirar lo que quedo... vivo sin ya poder perder nada...