Traducción de la fic de nombre homónimo Falsos Heróis escrita por la autora brasilera Scila. Es una trilogía y esta es la primera parte.
Es una fic viejita (2005) y el spoiler es del 5 libro.
Espero que les guste…
Capitulo 3- El amargo sabor de la cuerda.
………………………………………………………………………………………
-¡No puedo creerlo! ¡Te dije que tenía todo bajo control! ¿Será que no me puedes dejar en paz una sola vez?
-¿Todo bajo control? El estaba huyendo, Gin.
- Lo iba a detener en el mismo minuto en que pusiste un pie en el bar, ¡Gui!
-Entonces no hay ningún problema. El esta preso, ¿no? Relájate.
-¡Que me relaje! ¡Como voy hacer eso en este calor infernal y con un hermano sobre protector detrás mío!
Las voces estaban molestandolo. Estaban interrumpiendo la alegría de estar inconsciente. Estar así significaba que las cosas mortales como el hambre, el desaseo y Azkaban no le preocupaban.
Y esas voces irritantes discutiendo le estaban robando eso.
Malditos.
-¿Será que se pueden callar?- se escucho mascullar.
En ese momento no sabía donde estaba ni quien discutía y eso era
genial, porque tenía la leve impresión de que no le gustaría saber. Prefería continuar confundido e ignorante, pero feliz, antes de dejar que su mente recordar lo que había pasado para que estuviera inconsciente.
Continúo con los ojos cerrados solo para molestarlos. Ya se había despertado para la infelicidad de todos.
-¿Ves? Se desperto. ¡Ahora vamos a tener que aguantarlo! Y todo porque tenías que entrometerte en mi misión.
-Ei, la que grito fuiste tu, hermanita. Fue tu voz la que lo despertó.
Alguien gruño y Draco escucho pasos acercándose.
Su agudizado instinto de supervivencia (no de cobardía, claro) le dijo que se levantara (solo ahora notaba que estaba sentado) y corriera para el primer escondite que encontrará hasta que el enemigo estuviera de espalda y listo para ser sorprendido de manera segura.
Con lo que su instinto no contaba es que estuviera amarrado firmemente. Las cuerdas le impedían moverse.
Obvio. Era prisionero de esa gentuza. En ese momento recordó su situación y el intento frustrado de huir del bar.
El rojo a cada segundo se volvía el color que más odiaba. Había demasiadas razones para hacerlo.
Viendo que fingir que dormía no serviría de nada, abrió los ojos. Estaba sentando en el suelo por lo que lo primero que vio fueron un par de largas piernas (y bonitas, pero el no lo admitiría) frente suyo.
-Tiene suerte, Malfoy. Quería conjurar cuerdas con espinas, pero mi hermano no dejo, infelizmente existen leyes contra el mal trato a los prisioneros.
-Que pena que no existan leyes contra imbeciles que se vuelven aurores.- le contesto levantando el rostro y mirándola desafiadoramente.
- Para alguien que esta amarrado y tirado en el suelo con una sentencia perpetúa para Azkaban, habla demasiado.- era el otro idiota pelirrojo acercándose.
El era más alto que la chica y Draco rodó los ojos al ver las ropa de cuero de dragón, cabello largo y el arete ridículo de marfil. Optimo, era solo lo que le faltaba, un idiota con delirios de baterista de las Esquisitonas.
-No sabía que los aurores ahora necesitaban niñeras. ¿El nivel bajo tanto desde que matamos a el viejo idiota?
La pelirroja le dio un golpe en el rostro, ofendida por sus palabras.
El golpe dolió, pero la satisfacción de saber que había atingido un punto débil hizo que valiera la pena. La pelirroja estaba furiosa, sus mejillas feas llenas de pecas y las orejas increíblemente grandes estaban rojas de la rabia. Finalmente, después de meses de decadencia, Draco Malfoy volvía a la activa. Sería un sueño hecho realidad si no fuera por que sabia que iría para Azkaban en breve, si no lograba escapárseles a esos dos.
-¡Cállese, idiota!
-Pero parece que el nivel de insultos continua el mismo, que lastima.- abrió una débil sonrisa burlona, su boca podía tener un poco de sangre pero no le importaba. La recompensa era demasiado genial para que eso le incomodara.- ¿Y que paso con lo de la ley de malos tratos? No quiero su compañía en Azkaban, niñita. Ni el preso más solitario del mundo iría aguantar a una niña peleona como usted.
Sintió ser levantado por el cuello de la camisa y forzado a encarar el rostro narizón del hermano de la pelirroja.
-Le aconsejo que hable menos, Malfoy. No estamos jugando. El Ministerio esta loquito por encontrar un motivo que justifique un beso de dementador. Entonces es mejor que pare de jugar si no quiere un encuentro romántico con uno.
Draco continuo con la sonrisa burlón y con la mirada segura, pero en realidad había sentido escalofríos al escuchar la palabra 'dementador'.
Cuando era más joven no admitía ni para si mismo que le temía a esas criaturas. Sin embargo el miedo que les tenía en esa época era tan vacío como la mente de Longbottom. Sus recuerdos tristes se resumían a algunas peleas, castigos, y uno o dos momentos de humillación. Era el hijo de una familia rica, al fin y al cabo y tenía todo lo que quería a los pies.
Pero ahora la cosa era bien diferente. Habían muchos más recuerdos. Malos momentos que no tenía ni las ganas ni la prisa de recordar.
Los dementadores tendrían el placer en retirarle el poquito de orgullo que le quedaba.
Aun después de la guerra eran usados y por esa razón Azkaban seguía siendo la prisión perfecta. No hay una mejor manera de encerrar a alguien que hacerlo prisionero de su propia mente.
-Creí que los buenos no usaban criaturas del 'mal' para hacer el trabajo sucio. ¿Al final están contra la magia oscura o no?- fingió inocencia, incapaz de hacer otra cosa aun bajo el control de las manos gigantes del pelirrojo y de la cuerda que lo aseguraba.
Al fin el hombre lo soltó y prefirió no gastar más comentarios con Draco, lo que para el era optimo. Prefería a la chica; ella era una presa fácil, demasiado fosforito para ser indiferente a sus insultos.
Había algo que siempre escapaba de la atención de San Potter y sus amiguitos, no que fuera una sorpresa, Draco sabía que eran brutos: nunca habían entendido que en cuanto más reaccionaran, más el se divertía.
-¡la niñera la abandono! ¿Ahora, quien la va a salvar del malvado Malfoy?
La pelirroja parecía haber recobrado la calma y solo se agacho, el rostro quedando al mismo nivel que el suyo.
Ella lo miro de una forma asustadora. Los ojos verdes fijos directamente en sus ojos azules grisáceos.
Nadie nunca lo había mirado de esa manera.
El lucho por continuar con la misma desafiadora expresión. Quería desviar la mirada, pero era demasiado orgulloso para hacerlo.
Sabia que ella quería que admitiese derrota que parará de fingir que tenia la situación en sus manos.
Draco Malfoy no admitía la derrota, ni cuando le era estregada en la cara, como en ese momento. El nunca perdía. Solo a veces y muy raramente, no ganaba. Era diferente.
Entonces continuo con la misma expresión. Decidido. No retiraría sus ojos de los de ella.
Su esfuerzo fue recompensado, ella desvió la mirada.
El soltó una risa triunfal y abrió la boca para hacer algún comentario malicioso cuando ella le apunto con la varita, murmurando un hechizo.
Cerro los ojos, esperando lo peor. Cuando no sintió ningún tipo de dolor, humillación o sueño volvió a abrirlos.
La chica continuaba allí, pero ahora sonreía.
Draco iba a cerrar la boca, que continuaba abierta en el intento de celebrar su victoria con un insulto, cuando sintió un sabor raro. Ella había conjurado una cuerda que ahora mordía y que le impedía hablar.
- Listo, mucho mejor.- sonrió.- ¿Le gusta? Creo que combina con su rostro. Y quien sabe se muerde la lengua y muere. Me ahorraría mucho tiempo.
Intento responder con un 'Váyase al infierno, idiota' pero los sonidos que salieron de su boca no pasaron el mensaje correcto.
Y para empeorar se mordió la lengua.
En esas horas deseaba estar inconsciente.
-Voy a dejarlo solo. Vuelvo luego.- ella le informo, levantándose y saliendo.
Una puerta vieja que el acabara de notar se cerró y escucho el sonido de una llave girando en la chapa oxidada. Estaba encerrado, pero no es que hubiera mucha diferencia ya que no podía ni mover un dedito del pie.
Sin tener que hacer miro a su alrededor. Era un sótano viejo y empolvado, con cajas y sacos organizados en pilas.
El tejado del edificio (o lo que fuera) era bajo, recordó que el pelirrojo en cuero con delirio de baterista tuvo que inclinarse para entrar. Si lograba soltar las cuerdas talvez podría romper alguna teja y escapar por allí. Pero sería un milagro si lograba cortarlas o encontrar algo con que hacer eso. Milagros eran cosas de chicos buenos. Solo le pasaban a los héroes de los libros románticos que la vieja y aburridora de Pince leía en la madrugada. Y hasta un idiota de Humplepuff podía ver que el no era un héroe.
El calor había sido sustituido por un aire húmedo y con olor a moho. Se sentía sofocado, principalmente por la maldita cuerda en su boca que le dejaba un sabor amargo en la lengua.
El sabor amargo de la derrota.
Entonces sería de esa manera que terminarían sus días de libertad. En un sótano húmedo, al lado de una ratonera vieja y cajas de varitas falsas...
¿Varitas falsas?
Draco leyó de nuevo lo que estaba grabado en una de las cajas más próximas, y confirmo su lectura inicial.
Había una muy cerca, lo suficiente como para golpearla con su pierna derecha. Haciendo eso el previó que la mercancía caería y se regaría por todo el piso.
Talvez eso serviría de algo.
Probablemente no. De la manera como la Dama de la Suerte le había dado la espalda, nada parecía ser bueno. Aun que fuera una liebre contra una tortuga no tendría ventaja.
Pudo escuchar el sonido de pasos acercándose y agudizo su audición. Comenzó a escuchar una voz que venía del otro lado del sótano.
-No, Gui, puedes irte. ¡Puedo cuidar de el muy bien, sola, que cosa! Vas a volver al banco, ¿Si o no?- una pausa, el pelirrojo más viejo debía estar diciendo algo.- ¡No me importa lo que Harry haya dicho! ¡Merlín, ustedes hacen que Malfoy parezca una amenaza! ¡No pasa de un idiota! ¡No lograría hacer un Incendio sin quemarse el propio pie!
¡Aquel comentario era demasiado! ¿Ya era suficiente estar amarrado y esperando ir a Azkaban, ahora ni siquiera era una amenaza?
Si el no era una amenaza, entonces, por Merlín y por todos los otros viejos y barbudos brujos, que lo dejen en paz.
Su orgullo estaba herido como una cobra pisoteada y arrojada a la basura repetidamente. Y lo peor el no tenía como vengarse de esa maldita pelirroja.
La perilla giró. Ella iba a entrar.
Solo para no sentirse tan impotente aproximo su pierna derecha a la caja.
Abriendo la puerta, la chica apareció con una bandeja en las manos.
Draco levanto una ceja, definitivamente no era lo que esperaba. Al menos que en la bandeja hubieran objetos de tortura, no comprendía lo que estaba haciendo con eso.
-Comida, Malfoy. No necesita mirar así, aparentemente alimentar a un prisionero también esta incluido en la ley contra los malos tratos. Para mi infinito disgusto.
Ella se agacho, colocando la bandeja en el piso. Parecía considerar si era sabio quitarle la cuerda de la boca. Después de un segundo, suspirando, se la quito.
Cogiendo una cuchara y el plato de sopa ella murmuro algo que el descifro como "... solo lo que me faltaba, darle comida en la boca..."
Draco se contuvo para no reírse de la situación de la chica. No lo hizo por dos razones: la primera porque se estaba muriendo de hambre y la segunda porque también se sentía ridículo.
Deprimente.
Ella levantó el plato cerca de si para meter la cuchara en la sopa de apariencia y olor nada agradables.
Draco había pasado los últimos meses aprendiendo una difícil lección: reacciones rápidas.
Era un arte complicada, notar una oportunidad buena en cuestión de minutos.
Nunca había necesitado dominarla porque siempre tenía lacayos. Simios sin cerebro eran útiles porque en caso de que el plan no resultara bien, estarían allí para romperle la cara a alguien o entonces servirían de escudos.
Sin el apoyo gigantesco de los puños de Crabbe y Goyle, le toco empezar a descubrir trucos por si solos.
Adaptarse a la situación, como su madre siempre le decía. Nunca la había escuchado, creyendo que nunca tendría que cambiar. Era el ambiente que debía adaptarse a el y no al contrario.
Eso era lo que pensaba. Ahora, sabia que así no funcionaban las cosas.
En fin, después de una carrera como fugitivo aprendió a identificar una buena oportunidad cuando se le presentaba.
Notando, por el humo que salía del plato, que el liquido estaba muy caliente y que la cercanía de la pelirroja era perfecta, se preparo para tomar la iniciativa decisiva.
Era ahora o nunca.
Le dio una rodilla al plato que se volteo derramando la sopa hirviendo sobre la chica.
Ella grito sorpresa por el dolor repentino y comenzó a buscar en los bolsillos la varita. Draco aprovecho ese momento para patearla en la barriga.
La pelirroja se fue de espalda y el vio cuando la varita se le caía del bolsillo.
Bien, ese era un día de coincidencias. Empujo la caja de varitas falsas más cercana, haciéndolas caer al suelo.
Estaba feliz con el resultado. La chica no lograba distinguir su varita.
-¡Idiota!- lo insulto, buscando su varita en el piso.- ¡Estúpido!
-Nada creativa con los insultos.- el sonrió.
Al contrario de ella, Draco había estado pendiente de la varita real y sabia cual era. Si pudiera recogerla porque sus manos seguían presas.
En la falta de dedos... dientes. Se metió en el mar de varitas y la tomo. Con dificultad se levanto de la caída y volteo el arma para que apuntase hacia las cuerdas.
No necesitaba pronunciar ninguna palabra mágica para un hechizo tan sencillo, basto concentrarse un poco en las cuerdas para que se soltaran, liberándolo.
Con su mano, ahora libre, sostuvo la varita.
La chica lo miro como si fuera un bicho loco pero (para su triunfo) extremadamente peligroso.
-¿No soy una amenaza? ¿No se lanzar un Incendio sin quemarme el pie? ¿Qué opinas de esto, hein, pelirroja?
El vio que ella intentaba recuperarse del susto.
-S-suerte.- ella gagueo y después con el rostro serio, reafirmo.- Fue suerte.
-En realidad fue incompetencia de su parte, idiota.- el se rió.- ¿Nunca te enseñaron a no subestimar al enemigo, querida?
Ella estaba exactamente donde quería. En la palma de su mano.
Draco soltó una carcajada como no lo hacia a meses. Sintiendo el dulce sabor de la venganza. Su sangre sintiendo de nuevo correr la vieja y enviciadora sensación de poder.
Apunto con la varita hacia el corazón de su nueva victima. Sus ojos brillando con una felicidad loca al ver el miedo formándose en el rostro de la chica.
Meses en cañerías, humillado. Días sucios y sudado. Horas cansado y oliendo mal... todo acumulándose. Ahora estaba listo para hacerlos pagar por todo y con creces.
El iba a lanzarle su hechizo favorito.
Iba hacerla sentir el dolor por su débil cuerpo y carcajear cuando cayese a sus pies, de donde jamás debió levantarse.
Draco Malfoy era una amenaza y lo iba a demostrar con el hechizo más bello que conocía... aquel que aprendió a apreciar en toda su oscura belleza.
El movimiento de la boca fue automático, tan familiar como respirar. Era como si nada hubiera cambiado y volviera al pasado no tan distante, cuando el control parecía ser suyo.
-Crucio.
Un frágil gemido de dolor, casi inaudible.
-No, Draco. Así no esta bien. Dame la varita, niño.
El obedeció, la voz de su padre no podía ser ignorada.
En el rostro de su padre surgió una sonrisa, que dejaba su cara casi asustadora. Paso la mano lentamente por el cabo de la varita, como si se preparase para hacer algo muy divertido. Draco estaba aliviado por saber que no le apuntaría a el. Sabia que su padre era muy bueno en su hobby favorito: torturar.
-Crucio- la voz era suave y con un tono de conformidad de alguien que ya sabe que el resultado va a ser bueno.
Un grito de dolor alto y una suplica.
Por favor... no más... por favor...
La voz era masculina pero sonaba tan aguda que parecía la de un niño pequeño. Sus suplicas fueron ignoradas por los dos.
Draco observo el cuerpo delgado del hombre preso a la pared. Era esquelético y la ropa estaba sucia y gastada.
Los gemidos y gritos lo incomodaban. No porque sintiera pena. Eran demasiado agudos para sus oídos y quería volver a casa. Había una deliciosa cena esperándolo.
-¿Qué siente cuando ves esta criatura, Draco?
El se giro para mirar a su padre.
Nada.
-¿Nada? ¿Ni odio, ni asco o placer?
Draco miro nuevamente al hombre.
-Por favor... ayúdame...- la frágil voz susurro, sabiendo que sus súplicas eran inútiles.
-¿Placer? ¿Por qué sentiría placer en escuchar a esa cosa patética gemir?
Su padre sonrió y le devolvió la varita.
-Este infeliz no tiene nombre. No tiene causa. Es un sangre sucia asqueroso que capture en la calle. ¿Qué nos importa esta cubierta? Nada. Eso es lo bello. Somos infinitamente superiores a el. Su vida esta en nuestras manos, hijo. El es nuestro. Nos pertenece. Tenemos el poder de decidir si muere... o vive para sufrir unas horas más.
El coloco su mano por encima de la de Draco y lo hizo apuntar hacia el hombre.
- Poder, Draco. En tus manos. Inténtalo de nuevo, y ten eso presente.
Draco miro al prisionero, admitiendo que era interesante la idea de tener su vida bajo control.
-Crucio.
Cuando un gemido anuncio el éxito del hechizo, Draco sintió una sonrisa formarse en su rostro.
Era una sensación extraña... saber que tenía a ese hombre. El poder que eso significaba era placentero y un poco asustador.
-Muy bien, Draco. Muy bien. Quien sabe serás útil, al final.
El orgullo se le subió a la cabeza y sonrió más aun. Su papá estaba satisfecho con el. Un elogio era suficiente para que su ego se inflara más.
-Hazlo de nuevo. Quiero oírlo gritar.- su padre se rió disfrutando la tortura.
Draco obedeció, ansioso por mejorar y agradar a su padre.
- Crucio.
Esta vez el grito fue de completo dolor. Seguido por una carcajda de su padre.
¡MUY BIEN!
No espero una nueva orden. Le gustaba demasiado para esperar que su padre le dijera que lo repitiera.
-crucio- un grito.- ¡CRUCIO!
Los gritos eran cada vez más intensos y las carcajadas de su padre más altas. Draco sonreía de oreja a oreja.
El tenía el control, el tenía el poder. NO había nada mejor que eso.
-¡Crucio!
No hubo más gritos, su padre solto una carcajada.
-Esto te gusta demasiado, Draco. Y vas con mucha sed al rio.- Lucio le quito la varita.- Luego aprenderas que la tortura es como tomar un buen vino, se degusta con calma para aprovecharlo mejor.
Draco miro el cuerpo flojo del prisionero, sostenido únicamente por las cadenas.
-¿Murio?
-¿Importa?
Draco no necesito pensar mucho en la respuesta.
-No- contesto, levantando los hombros.
Su padre sonrio.
-Vamos a cenar.- le dijo, subiendo las escalas de la mazmorra, Draco lo siguio.- Existen varias formas de hacer que la tortura se prolonge. Debes lanzar el hechizo controlando la intensidad de manera que no se desmaye y maximizando el dolor. En breve te ensañare como apuntar directo al corazón, hijo. La sensación es maravillosa... es como tenerlo en la palma de la mano y aplastarlo.
La risa de su padre ecoo por la mazmora pero Draco pudo oír un murmurio frágil detrás de ellos.
-Por favor... matenme... acabenlo...
