(Nota de autor) ¡Feliz año nuevo!

Esa noche con respecto a las anteriores hacía mucho más frío. Y como las otras veces habían acampado al aire libre. La pequeña fogata a esas horas de la noche todavía resistía el frío y el aire congelado. Aquel fuego se agradecía mucho, pero Billa todavía estaba helada.

A pesar de tener puesta su camisa, el chaleco y su abrigo, y si le añades una manta bastante gruesa no eliminaba el frío que tenía. Debía ser que el mismo había entrado en sus huesos y se negaba a salir.

La hobbit echó un vistazo a sus compañeros enanos, los cuales estaban durmiendo a pierna suelta. Por desgracia el mago se había marchado hace unos días y no había vuelto, tal vez si él estuviese ahora podría hacer crecer el fuego o que diese más calor.

Billa sintió como alguien echaba parte de una manta sobre ella. Hasta ahora no se había dado cuenta que estaba tiritando. Giró la cabeza y el cuerpo levemente. Vio al enano, porque no creía que fuese un elfo y mucho menos un orco quien le echase una manta por encima; dicho enano tenía una larga mata de pelo negro con algunas canas. Thorin. El futuro rey bajo la montaña, le había echado parte de su manta sobre ella y le estaba dando la espalda.

El hobbit sintió como un calor, que se iniciaba desde su pecho, se expendía por todo su cuerpo, hasta las puntas de los pies. Ella volvió a su postura anterior. Tenía una sonrisa tímida y feliz en la boca. Se echó un poco hacia atrás. Tocando espalda contra espalda. No quería que el enano se pusiera enfermo por ayudarla a ella. Era lo mínimo que podía hacer.