INTERFERENCIAS EN EL MÁS ALLÁ
-R: ¡Kate! ¿Ves algo ahí arriba?
-K: No tengo visión de rayos-X. Así que imagínate.
A cada paso de Beckett se oía un crujido. El techo de Castle y suelo de Beckett era una estructura de madera y argamasa que a cada paso se desprendía polvo y pequeños fragmentos de techo.
-R: Te equivocas, con rayos-X sólo consigues medio distinguir los objetos sólidos, sólo atraviesas los objetos blandos. Como mucho, puedes ves cosas ocultas detrás de otras. Por ejemplo, verías mis irresistibles huesos que tanto te gusta morder aquí abajo a través del suelo, es como lo que hace Superman. Para ver bien en la oscuridad necesitas la visión nocturna de Callisto. Con rayos-X sólo conseguirías encontrar una bola de cristal dentro de un baúl.
-K: También puedo encontrar el arma del crimen.
-R: Sí, eso también. Una marmita para hacer pociones.
Castle seguía fácilmente los pasos de Beckett en el piso inferior mirando el techo porque los desprendimientos le indicaba la trayectoria que seguía ella arriba.
- K: ¿Y cómo murió la víctima? ¿La golpearon con el cucharón? No espera, esto te gustará más… Se tomó la poción pero como no la había preparado bien tuvo consecuencias y se descalabró porque no podía controlar sus poderes y se fue golpeando la cabeza por todas partes hasta que murió.
- R: No, Lanie ya habría encontrado algo y nos lo habría dicho. Y todo druida sabe hacer bien sus pociones
- K: Hmmm, deberías aplicarte el cuento.
- R: ¿Por qué dices eso?
- K: Je, Porque el druida que me ha preparado la cena esta noche me ha dejado con un ardor de estómago como hace tiempo que no tenía.
- R: Te quieres hacer la graciosa… o la ofendida pero sé que te ha encantado. Tú no podrías igualarme.
- K: En eso te doy toda la razón.
- R: No tienes mi… sensación, mi toque especial, mi… energía.
- K: ¿Energía? Supongo que te refieres a la de la cocina eléctrica.
- R: Kate, cielo. Me encantaría que creyeses un poco más en la mística. Los druidas existen, te sanan, ven espíritus, se proyectan al pasado y al futuro, rituales mágicos. Eso es un tipo de energía maravillosa que me gustaría que creyeras.
- K: Tampoco es que me importe, es más. Prefiero estar así.
- R: Ese tipo de energía es la que explica los fenómenos paranormales, los viajes astrales, la telepatía, los viajes interdimensionales.
- K: Ya, y… ¿Podrías explicarme cómo ocurren estos sucesos paranormales?
- R: Porque existen puntos de energía. Por ejemplo, este edificio podría encontrarse en un punto donde la energía fluye con más fuerza. Es por eso que en sitios como éste aparecen los fantasmas y sucesos paranormales con más facilidad y… ¿por qué no? Ir a una realidad alternativa.
- K: Rick, por favor…. Creo que a partir de ahora no te voy a dejar ver la TV hasta tan tarde.
- R: ¿Por qué no? La realidad alternativa no es más que otro mundo paralelo al nuestro ¿Quién te dice que no hay otro Rick y otra Kate paseando por este edificio?
- K: Ehhh. Porque estamos solos. Sólo oigo mis pasos y tus pamplinas.
- R: Eso no funciona así. La realidad alternativa es como… sería como… las frecuencias de la televisión. Todos los canales están emitiendo sus programas a la vez. Sin embargo nosotros sólo oímos una, la que sintonizamos en el mando. Así nosotros estamos viviendo en una frecuencia y puede haber infinitas frecuencias en las que otros Rick's y otras Kate's están en este mismo edificio.
-K: ¿Y en una de esas realidades alternativas habrá un Rick sensato que no crea en estas cosas?
-R: Sí, pero lo más seguro es que en esa realidad la Kate sí creerá en esto.
-K: Hmmm. Eso sería interesante… Si te cambias a esa realidad podrías enviarme al Rick racional y tú te quedas con la Kate idiota.
-R: No funcionaría. Tú estás enamorada de mí, te aburrirías con ese Rick.
-K: Podría hacer el esfuerzo… ¿cómo se cambia de realidad? Porque todos los que han dicho eso están en el psiquiátrico de Bellevue.
-R: Ya te he dicho que es como las frecuencias de la televisión. Habría que encontrar un punto o un objeto especial que provoque interferencias, donde se mezclen las dos realidades, sólo así se puede hacer el cambio. Sólo así puedes transitar de una realidad a otra, cuando las dos estén en la misma sintonía y se cree un camino entre ellas.
-K: Je, creo que el próximo libro de ciencia ficción me lo voy a ahorrar y me lo cuentas tú.
-R: Cuentos de cama… mi especialidad… - tras un segundo reprochó - y no me mires así que estoy pensando en los cuentos que le contaba a Alexis.
- K: Estoy empezando a creer que tienes visión de rayos-X.
- R: No. Sólo eres muy previsible. Pero puedo hacer el esfuerzo de contártelos entre sábanas, no fuera de ellas.
-K: ¿Sabes? Creo que acabo de encontrar algo.
-R: ¿El qué?
-K: Unas piedras.
-R: ¿Runas?
-K: No, piedras.
-R: Eh… ¿Tienen algo especial para que te hallan llamado la atención? ¿Alguna inscripción? ¿Forma? ¿Color?
- K: Son piedras simplemente. Una negra y otra blanca, o gris. Están manchadas y creo que es de sangre.
- R: ¿Piedras mágicas? ¿Como la de los druidas? ¿Son especiales?
- Tal vez.
- R: ¿Lo dices en serio?
- K: Si te sacas las piedras de la manga por arte de magia y descalabras a la víctima con esto, entonces sí. Son mágicas y especiales. Me vuelvo, Rick.
- R: Hum. Todas las culturas y religiones utilizan el símbolo de las piedras desde la antigüedad, usadas por druidas, chamanes para todo tipo de ceremonias y manifestar efectos paranormales.
- K: Pues las heridas de la víctima no tenían pinta de ser muy paranormales. Ahhhhrrrr, el suelo está que se resquebraja.
- R: Te sigo… A dos metros hay una zona del techo donde se ve el armazón del techo, ten cuidado cielo.
- K: Ya Rick. No quiera caeeeeeeeee…
Beckett pisó en falso y se abrió un boquete bajo sus pies precipitándose con parte del suelo al piso inferior.
Castle vio que el techo producía más ruidos de los normales y esperaba que no ocurriese lo que estaba pensando. Cuando unos pequeños trozos de yeso cayeron unos centímetros antes de la zona que le había dicho a Beckett. Oyó crujir la madera, caer unos cascotes más grandes y lo inevitable ocurrió encima de su cabeza. Lo que a continuación recordó fue más como si una estantería de madera se hubiese caído encima de su cabeza. Lo único que en lugar de caer el jarrón de lo alto se le cayó encima otro cuerpo mucho más pesado.
El edificio estaba oscuro, pero aunque hubiese podido ver, Castle tenía la misma sensación de oscuridad en su cabeza. Olía a polvo, escayola, madera húmeda y podrida. Sentía que su cara la cubría una suave película de polvo como si una telaraña le tapase su cara. Se dio cuenta que le estaban quitando unos pesos de encima y poco a poco volvía en sí, una voz lejana se acercaba a cada segundo que pasaba llamándolo: "Castle", "Castle, responde". Ahora empezaron a manosearle la cara para quitarle esa película suave y dio una bocanada grande de aire. En cuanto empezó a inspirar tosió porque una cantidad de polvo le entró a los pulmones. Reconoció esa voz, era la de Beckett. Entendió que era ella la que le estaba quitando esos pesos de encima y le estaba quitando el polvo que llevaba encima.
- K: Castle, ¿estás bien?
- R: Coff, coff, cooooofff.
- K: Castle. Contéstame. ¿Estás bien?
- R: Podrías ser más amable. Cooffff.
- K: ¿Amable? ¿Estás bien? – Castle notaba que le estaba manoseando la cabeza, el cuerpo y los brazos, estaba inspeccionando que no estaba herido. Enseguida notó que seguía quitándole el polvo de la cara enérgicamente.
- R: Coff, au! Kate, no me maltrates. Coooff!
- K: ¿Estás bien, Castle? Idiota ¿Para qué te pones debajo? ¿Llamo a una ambulancia?
- R: Wow, wow, wow. Encima que no quiero que te pase nada ¿Me insultas? Deberías tratar mejor a tu chico.
- K: ¿Mi chico? – Instintivamente Beckett giró la cabeza en redondo para ver si había alguien más en la habitación, comprobando que seguían solos – Creo que el golpe ha sido más fuerte de lo que pensaba, Castle. ¿Llamo a una ambulancia?
- R: Estoy bien – dijo secamente - Creía que eso ya lo teníamos superado. Creía que sólo Castle en comisaría ¿Dónde ha quedado el Rick? Un poco más de consideración después de salvarte la vida ¿no? Y… precisamente pesas un poco.
Beckett arrodillada a su lado encendió la linterna y le alumbró a la cara. No entendía nada pues hasta ese momento ella siempre lo había llamado Castle, no había ningún acuerdo de "Rick" y… ¿decirle que pesaba? Era descarado, pero esas confianzas todavía no las tenía con ella.
- K: Dime si tienes sangre en la cabeza. Me estás preocupando, Castle.
- R: Y a mí me estás preocupando tú. No sabía que un golpe de estos te volvía tan arisca. Si me rompo una pierna ya sé a quien no llamar. ¿Kate, realmente estás bien? – Se incorporó y se acercó a ella - ¿Te has hecho daño? ¿Te has golpeado la cabeza? No sé a que viene este cambio de actitud.
- K: No me la he golpeado, tú me has amortiguado el golpe y… gracias. No tenías por qué hacerlo.
- R: Claro que sí tenía. Ya sabes que yo no permitiría que te pasase nada, para eso somos…
- K: Compañeros.
- R: ¿Compañeros?... ¿Kate? – Alargó la mano para cogerla por la nuca y la acercó a él - ¿Estás bien? ¿No eres tú la que necesita la ambulancia?
- K: Yo no necesito ninguna ambulancia, Castle – dijo elevando el tono - ¿De qué hablas?
- R: A veces podrías mostrarme un poco más de respeto. No, consideración. Me duele bastante la herida por recogerte para que te estés burlando de mí de esta manera.
- K: ¿Qué herida? ¿Realmente te has hecho daño?
- R: Kate, por favor. "LA" herida – remarcando las palabras – la herida del funeral.
- K: Ahí te has pasado, Castle – volvió a alumbrarle la cara y con una voz medio enfadada y dolida añadió – no tienes ni idea de lo que duele… ya no sólo en lo físico… yo… te puedo decir que sí me duele bastante por la caída, has acertado. Pero… jamás pensé que se te ocurriría decirme eso… ¿Qué tú? – sacando la rabia que se le había acumulado - ¿Cómo te atreves?
Beckett hizo ademán de marcharse.
- R: ¿Qué, cómo? Cariño, realmente necesitas que te vea un médico ¿cómo vas a ser tú la que tiene la cicatriz?
- K: ¿Me acabas de llamar…? – se giró en redondo, estaba más que dolida porque le hubiese recordado el dolor de la herida. La acababa de llamar cariño y para colmo estaba diciéndole que la herida la tenía él.
Quería abofetearlo, le permitía muchas cosas pero en esta se había pasado. No entendía su comportamiento y notaba que le empezaba a hervir la sangre. Al acercarse a él para cumplir su deseo pudo mirarle a los ojos y le pareció ver que tenía esa mirada de convicción, parecía que le estaba diciendo la verdad. Eso la hizo dudar mínimamente, desechó la idea de abofetearlo pero siguió en su interrogatorio.
- K: ¿Quieres decirme que tú tienes la cicatriz?
- R: Exacto.
- K: Y… ¿yo recibí algún impacto?
- R: De bala, no… ¿A que viene esto ahora, Kate?
- K: ¿Cómo se supone que recibiste el disparo?
- R: Pero…
- K: ¡Contesta!
- R: ¡Qué! ¡Está bien! ¡Si quieres que lo repita, lo haré!... Te iban a disparar a ti. Ví el reflejo del cristal de la mirilla del francotirador y sin dudarlo un segundo me tiré a por ti. Habían intentado matarte en el hangar, eras la única que podía recibir ese disparo. Te… plaqué como al quarterback de fútbol y recibí el disparo.
- K: Eso es imposible.
- R: ¿Por qué?
- K: Porque… porque no llegaste a tiempo. Porque… - con la angustia del momento se lo aclaró - me agujerearon el pecho y… casi me muero… sobre el césped.
- R: No Kate. Esa bala iba para tí y me puse en medio. Y me pondría en medio tantas veces fuera necesario. Si no me pongo en medio, te matan. – Beckett incrédula de lo que oía negaba con la cabeza.
- K: No, Castle… fui yo.
- R: No me gusta discutir contigo. Te lo demostraré y así te quedas tranquila.
Castle no entendía porqué ella le estaba diciendo eso. Parecía que le decía la verdad pues la voz de ella, con esa angustia… lo hizo dudar por un momento. Se lo demostraría a ella y a él. Pues él era el que recibió la bala.
Se arrodilló en el suelo y se quitó la chaqueta. Beckett lo miraba extrañada pero atenta a todos sus movimientos. Empezó a desabrocharse la camisa y no paró hasta llegar al último botón sacándose la camisa del pantalón, un pequeño tirón en las mangas y se deshizo por completo de ella. Se giró unos grados sobre sus rodillas y levantó el brazo para que Beckett viese sin problemas la línea rosada que cruzaba su costado.
Ella asombrada por descubrir la marca que tenía el escritor sintió que las fuerzas la abandonaban. El, él… tenía la misma cicatriz que tenía ella en su costado. Y eso era… imposible. Se quitó un guante y lentamente dirigió su mano hacia la cicatriz de él. Quería tocarla pero no se atrevía… tenía el mismo aspecto que la suya. Cicatrizada pero con un color rosado de frescura. La recorrió de abajo arriba con apenas una distancia de unos milímetros sobre su piel. Al llegar arriba desvió la mirada a su pecho. Ahí estaba, la marca de entrada de una bala. El círculo rosado con estrías a su alrededor del tamaño de 5 céntimos. Alargó la mano al círculo y finalmente lo tocó. La fuerte inspiración de Castle hizo que el contacto con la marca fuera completo. No había duda esa marca era real… tan real como la suya. Pero si eso era cierto, entonces ese Rick Castle que se encontraba delante de ella no era el Rick que ella conocía, eso era demasiado… extraordinario.
-K: ¿Quién eres tú? – Preguntó Beckett mirándole su costado.
-R: Richard Castle. ¿Y tú?
-K: Kate Beckett. Pero… tú no eres tú – Castle asintió.
-R: Creo que tú tampoco eres la Kate que conozco.
-K: ¿Cómo lo sabes?... Castle, ¿cómo puedes estar seguro?
-R: Has dejado de llamarme Castle. Excepto en comisaría y esta cicatriz es sólo mía. Tú no tienes ninguna.
-K: Eso me pasó a mí… Hace tan sólo unas semanas que me he reincorporado al cuerpo.
-R: Soy yo el que estuvo en el hospital. Jamás habría dejado que te pasara esto. ¿Tú tienes cicatriz?
-K: Sí – Se levantó el lateral del jersey donde estaba la cicatriz del bisturí y se la enseñó alumbrándola con la linterna.
Castle negaba mientras volvía a abrocharse la camisa y a ponerse la chaqueta. Miraba de reojo a Beckett y vio que ella hacía lo mismo.
-K: Castle, ¿sabes qué nos puede haber pasado?
-R: No sé… Yo estaba contigo… con la Kate que conozco, estabas arriba buscando las evidencias y encontraste unas piedras… una blanca y
-K: Y otra negra, con rastros de sangre. Llevaba las piedras en la mano y cedió el suelo, luego… ya estaba encima de ti.
-R: Eso es lo mismo que recuerdo. Ehhh… Yo estaba hablando con Kate sobre la posibilidad de que hay lugares y objetos con cualidades…
-K: ¿Especiales?
-R: ¿Tú también estabas hablando de eso, antes que ocurriese?
-K: Sí. Lo definiste como… las frecuencias de la radio.
-R: Yo dije las frecuencias de la televisión.
-K: Parece ser que hay algunos detalles que cambian en nuestras vidas.
-R: Aunque en lo esencial parece que todo es lo mismo.
-K: Creo que no.
-R: ¿No?
-K: Dices que yo… que mi otro yo te llama Rick… o cariño
-R: ¿No estáis juntos después de lo del funeral?
-K: No – desviando la mirada.
Castle, veía la angustia de ella. Reconocía perfectamente ese gesto. Ella aún estaba tras ese muro. Conocía la etapa que estaba atravesando y volvió a sentir el pesar de hacía unos meses.
- R: Lo siento Kate. Creo que en lo esencial todo es igual – alargó la mano para cogerle la barbilla y hacer que lo mirase y dándole una sonrisa añadió – Todos los muros acaban cayendo. Detrás de ese muro está la felicidad. Créeme, lo he vivido.
- K: ¿Qué pasó? ¿Cómo cayo?
- R: Fácil… Dejaste crecer los sentimientos que hay dentro de ti. No los ahogaste. Tus ganas de vivir, de seguir adelante, tus ganas de luchar y de hacer que me quedara a tu lado cuando creí que me moría. Tu amor Kate, no sólo hacia mí… tu amor en tí es tan grande que lo puedes derribar como si fuera un muro de papel… antes de cerrar los ojos me diste la ilusión de seguir… de luchar… de querer despertar de esa oscuridad… me diste esa ilusión porque ví
- K: Porque viste que un sueño podía hacerse realidad.
- R: Es exactamente lo que iba a decir. ¿Cómo lo sabes?
- K: Es lo que sentí contigo… No me dejaste marchar.
- R: ¿Y no estáis juntos después de eso?
- K: No… Castle, yo… por favor…realmente necesito resolver el asesinato de mi madre. Hasta que no resuelva eso no podré resolver el resto, no puedo zanjar nada si está manchado por el caso de mi madre.
- R: Espera… ¿han matado a tu madre?
- K: Claro, ¿Por quién si no iba a estar así?
- R: Por tu padre. Tus problemas vienen desde que murió tu padre hace ya 12 años en un operativo de protección de testigos.
- K: No te equivocas. Hace 12 años mi madre murió porque defendió a un policía corrupto de los que se quedaban las extorsiones de los mafiosos.
- R: En mi mundo tu madre está viva… El resto es casi igual.
- K: ¿Mamá está viva?
- R: Mira – Castle toquetea el móvil y le enseña la única foto que tenía de Johanna y Kate juntas, se la tomó un día en un encuentro fugaz en el juzgado – Llevas el anillo de tu madre al cuello por la vida que salvaste y el reloj de tu padre porque lo perdiste.
-K: ¡Oh, Dios mío! – Dijo emocionada tapándose la boca – Tiene… arrugas y todo y… está viva. Se la ve tan bien… Yo… también llevo el anillo y el reloj, pero es al revés. Salvé a mi padre pero… perdí a mi madre. Quise resolver su muerte y me metí en el cuerpo – Sostiene el móvil de Castle unos minutos para memorizar su imagen – Seguro que hace buenas migas con Martha.
-R:¿Martha? ¿Quién es?
-K: ¿Quieres decir que ella no está en tu mundo? ¿Ni Alexis?
-R: No. Yo… espera, Alexis es mi hija pero no sé quien es esta Martha.
-K: En parte es lógico… en mi mundo tú no conoces a tu padre, te criaste con tu madre.
-R: ¿Quieres decir que Martha es…? ¿Tienes una foto de ella?
-K: No. Lo siento… te puedo decir que… no conozco a tu padre pero creo que tu faceta más creativa la has heredado de ella.
-R: Mi padre es Alexander… Y dices que se llama Martha…
-K: Sí. Martha Rodgers. ¿Tu padre nunca te ha hablado de ella?
-R: No. Mi padre, Alexander – Beckett hizo un gesto indicando que no lo conocía, así que Casle buscó una foto donde se le distinguía completo – no quiso decírmelo y luego ya no hizo falta.
- K: Sois dos gotas de agua, Castle.
Beckett le sonríe y le devuelve el móvil. Se quedaron mirándose sin decir palabra. Eran dos personas que sentían que se conocían hasta la médula pero que a la vez se encontraban a eones de distancia.
-K: Tenemos que arreglar esto.
-R: Sí. Tenemos que volver cada uno a su mundo.
-K: ¿Pero cómo hemos venido hasta aquí? ¿Por qué estamos aquí? Cada uno de un mundo distinto.
-R: Esto es… una interferencia.
-K: Castle… Por favor.
-R: ¿Todavía no te crees que existan interferencias?
-K: Ahora mismo no encuentro otra explicación… Pero… te la daré.
-R: ¿Qué fue lo último que hiciste?
Beckett pensando en los sucesos se levantó decidida para arreglar las cosas y volver a su mundo, mientras se ponía de espaldas a él le dijo.
- K: Castle, súbeme arriba, igual que lo has hecho antes.
- R: "Sus órdenes son deseos para mí" – Acercándose a ella con una sonrisa pícara en sus labios.
- K: ¿Eh? Parece que incluso en este mundo algunas frases hechas – Beckett miraba al techo concentrada, comprobando dónde podía agarrarse - son al revés.
- R: No tanto.
- K: Que quieres dec….. – Beckett no pudo continuar la frase. Se giró rápidamente, sorprendida de si lo que notaba en sus posaderas estaba pasando realmente.
Mientras ella le hablaba de espaldas, Castle se acercó a ella con el mismo deseo cortado que había pasado hacía un rato cuando la subió al piso de arriba. Entonces ella lo paró diciéndole que dejara eso para después. Así que si ella le había ordenado ahora que la subiera igual que antes, y el después ya había llegado, él no iba a hacer menos. Intentaría seguir con lo que se había quedado pendiente del encuentro anterior. Esa orden de ella le daba vía libre para repetir lo mismo.
Nunca se cansaba de verla, ni de frente ni de espaldas. Vestida o desnuda. Ahí estaba frente suyo, de espaldas, con el pantalón ciñéndose perfectamente a su forma. Terminó de acercarse, el último paso y alargó su mano hacia la cintura, puso su dedo corazón en la costura central de su pantalón. Sin esperar respuesta y con presteza siguió esa costura del pantalón hacia abajo mientras imaginaba seguir la otra línea que se dibujaba bajo el pantalón.
Beckett no se esperaba que deslizase su mano por la línea central de su trasero y al notar que llegaba rápidamente a una zona demasiado privada se giró para empujarlo y dejarlo fuera de su alcance.
Castle sabía que ella se giraría sin apartarse, si antes lo había hecho. Ahora también. Cuando notó el movimiento no la dejó que se girara del todo. Ayudándose ahora de sus cinco dedos volvió a sujetarla bajo el oscuro abismo que había ganado todos los privilegios y para que le dejase seguir unos segundos más se lanzó a su cuello. Conocía el punto débil de ella. Ese punto que la desarmaba por completo y dejaba hacerle cualquier cosa. Así, con el ángulo perfecto se lanzó al costado de su cuello cerca de su nuca y la mordió como había descubierto hacía un tiempo. Un bocado bastante grande y fuerte pero sin dejar marca y tirando de la piel hasta que poco a poco desaparecía entre sus dientes.
Lo que también la sorprendió es que al girarse la atacara directamente al cuello. Ella no pudo seguir con su movimiento para empujarlo y casi en el mismo instante que abría desorbitadamente los ojos por el mordisco que recibía, sintió que se le nublaba la vista por la dilatación de sus pupilas. Un espasmo, una corriente, un latigazo recorrió el cuerpo mientras la piel de su cuello se deslizaba entre los dientes de él ¿Cómo era posible que él conociera esa forma de excitarla en menos de un segundo?
Cuando se liberó del último pellizco de sus dientes resopló entrecortadamente y la claridad volvió a su mente. Lo miró asustada de haberse mostrado tan tolerante a sus intereses y dando un paso atrás tomó la distancia correcta para propinarle un bofetón que resonó hasta la puerta de la entrada del edificio.
- K: ¡¿Pero que te crees que haces?
Castle aún bramando y retorcido de dolor no le salían las palabras.
- K: ¡¿Qué derecho tienes a…? ¿Cómo demonios has pensado que podrías…?
- R: ¡Tú me lo has pedido! – Aún con las dos manos frotándose la parte izquierda de la cara.
- K: ¿Qué?
- R: ¿No me has dicho que te subiera igual que antes? Aaaarrrggghhhhh Duele ¿sabes?
- K: ¿Qué?
- R: Que pegas muy fuerte, deberías contenerte un poco.
- K: Eso ¡No! ¿Dices que YO te he dicho que me hicieras un reconocimiento completo?
- R: Ehhhh. Con esas palabras no. Pero antes me has dicho que lo dejara para luego y como me has dicho que te subiera igual… pensé que en tu mundo también lo habíais hecho de esa forma.
Beckett no quería mirarlo, se giró de espaldas. Sentía que buena parte de su sangre se instalaba en su cara y se negaba a abandonarla, sentía vergüenza, pudor… desde luego ese Castle no era el que ella conocía… ¿o sí lo era pero con un permiso que ella no le había concedido?
Escuchó una risa suave… esa risa que conocía tan bien, pues era la misma que oía cuando él, al lado izquierdo de su escritorio, usaba cuando trasteaba con el móvil.
La risa se acercó y ella acabó girándose para enfrentarlo, no iba a salirse con la de él.
R: Preciosa – esa expresión cortó toda decisión – eres preciosa tanto si ríes como si te enfadas.
- K: Castle…
Castle le acarició suavemente el cuello y ella desvió la mirada. Aún seguía oyendo su risa.
- R: Kate, si él te quiere lo mismo que yo a Kate, esperará. Sabe que vale la pena… Tú sabes que vale la pena… Sólo tienes que encontrar el momento para derribar el muro… porque estoy seguro que ya tienes fuerzas para derribarlo.
Beckett levantó la vista y se encontró con su rostro junto a ella riéndose. No tenía claro si se estaba riendo de ella o de la situación anterior. Él, con sus manos, paseaba sobre los costados de ella y al ver que no se escabullía acortó la escasa distancia que los separaba y la besó suavemente. Ella dejó que le enseñara esa nueva faceta que aún desconocía y que podría llegar algún día. Involuntariamente le devolvió la caricia con toda la calma que le transmitía.
-K: Rick. Súbeme arriba. Esta vez, empújame sólo de las piernas.
-R: Ok.
Castle la aupó hasta arriba. Le dio las dos piedras y volvió a caminar debajo de sus pies.
-R: El boquete lo tienes a 10 pasos.
-K: Lo veo, ¿Sabes?
-R: Dime.
-K: No me gusta la idea de volver a caeeeeeeeee
Beckett volvió a romper el suelo bajo su peso antes de llegar al boquete y volvió a caer encima de Castle.
-R: Cooffff, cofff, coffffff.
-K: ¿Estás bien?
-R: Cofff, coff, cooooffffff.
-K: Contesta ¿Estás bien?
-R: Sí, cofff.
-K: Dime algo más, por favor.
-R: ¿Quién eres?
-K: Beckett.
-R: ¿Cómo me llamo?
-K: Rick.
-R: ¿Tienes una cicatriz en tu costado? Coofff, coff.
-K: No.
-R: ¿Entonces vuelves a ser tú?
-K: ¿Y tú?
-R: Sí. ¿Tú también has visto a…?
-K: Creo que sí. ¿Tu otro yo?
-R: Esto ha sido rarísimo.
-K: Ha sido espeluznante.
-R: Sugiero irnos de aquí.
-K: Es la mejor idea que has tenido en toda la noche. Levanta – Le coge de la mano y tira de él para levantarlo.
-R: ¿Tienes las piedras? ¿Las pruebas?
-K: Sí. – Pasa el brazo de Castle por encima de ella para que se apoye y se dirigen a las escaleras de salida.
-R: ¿Cómo piensas poner esto en el informe?
-K: Creo que pasaré directamente de la primera caída a la última. No sé ni cómo definirlo.
-R y K: Interferencias.
