Capítulo 2

Hogsmeade: Casualidad o destino

Diciembre 1989

Estaba muy oscura la casa aquella mañana. Las nubes grises en lo alto del cielo se encargaban impedir que el sol se filtrase completamente por ellas. La gruesa cortina color vino delante de la ventana del cuarto de Pansy Parkinson se encontraba medio corrida. La niña se había sentado delante de la misma a observar hacia afuera, un escalofrío le recorrió el cuerpo y ella abrazó sus rodillas y reclinó su cabeza sobre las mismas.

La lluvia aún no caía. Hacía frío, hacía mucho frío en el cuarto: la pequeña de nueve años sabía que el frío se debía al tiempo, pero también sabía que habia un frío que no venía de afuera sino de adentro. Los delgados brazos se aferraron a las rodillas de la niña con más fuerza. Escuchó ruidos a lo lejos, pisadas que se alejaban o se acercaban: ella no estaba segura. Sus ojos verdes estaban fijos en la puerta. Pansy no sabía que estaba esperando, pero una presión en su pecho le obligaba a contener la respiración.

Su cuerpo temblaba, o por el frío o por el miedo. Siempre había tenido miedo: pero no tenía claro a qué temía en realidad. A veces temía a quedarse sola para siempre, a veces el silencio le gastaba bromas y escuchaba voces aún estando sola. En ocasiones veía sombras que se movían en el patio de la casa; casa que en su cabeza era demasiado extensa solo para dos personas. Poco a poco la puerta se abrió, el sonido llegó a sus oídos luego de que sus ojos se percatasen del movimiento.

Por algunos segundos nadie asomó, pero ella podía escuchar la respiración tras la puerta. Poco tiempo pasó antes de que Tom Riddle asomase del otro lado. Los ojos verdes de ella se encontraron con los rojos del mago. Hace una semana ella había regresado de su primer año estudiando en un colegio en Rusia. No había hablado con Voldemort desde su regreso. El mago entró al cuarto y cerró tras él la puerta. Pansy siguió el movimiento de sus pisadas hasta que él se detuvo justo a dos pasos de ella.

-Hablé con la directora...regresarás mañana mismo al colegio.- habló él. Párkinson asintió y cambió el rostro. Sus ojos completamente fijos en las gotas de agua que ya comenzaban a caer y que golpeaban casi con rudeza la ventana.

A su espalda Riddle se movió. Sus ojos rojos cargados de odio hacía la pequeña que se abrazaba así misma. Los dedos del mago hormigueaban en su deseo por extender su mano y girar a la pelinegra. Cerrar su mano alrededor del cuello frágil y apretar hasta que ella perdiese por completo la capacidad de respirar. Podía imaginar el cuerpo pequeño en el suelo: m inerte. Pero no debía hacerlo, él sabía que no debía hacerlo...no por el momento...tenía un sexto sentido que le impulsaba a mantener con vida a la morena.

Pansy escuchó los pasos alejarse, el sonido de la puerta abrirse y justo cuando volvió a sentirse sola miró hacia atrás. Escuchó una voz a lo lejos en sus recuerdos, quizás era un grito...pero ella no podía asegurarlo. Voldemort le habia dicho que seguramente esos gritos que estaban gravados en su subconsciente eran producto de aquel fatídico incidente donde el Sr. Párkinson había intentado asesinarla a ella y había terminado asesinando a su madre. Entonces los gritos, aunque no tenían rostro, la morena sabía que pertenecían a su madre.

Marzo 2005

Pansy despertó de su pesadilla con un grito ahogado. Su cuerpo estaba rígido y completamente bañado en sudor, podía sentir las gotas bajar por su frente y espalda. Con la respiración acelerada llevó su mano derecha a su cuello. Su cabello, que ahora golpeaba un poco por debajo de sus hombros, no le impidió tocar su cicatriz. Apartó sus dedos de inmediato, estaba ardiendo. La morena giró sobre su cuerpo y estiró la mano para sujetar su varita.

-Parkinson...- una voz le hizo detenerse inmediatamente, se giró hacia la puerta y se encontró con Lord Voldemort reclinado de la misma con un aire casual. Su túnica negra impecable como siempre y sus ojos rojos tan fijos en ella que un nerviosismo recorrió a la chica de pies a cabeza.

Instintivamente las manos de la morena sujetaron con más fuerza las sábanas negras alrededor de su cuerpo. Su cuello ardía, pero ella permaneció completamente inmóvil en su posición. Sus ojos verdes fijos en los rojos del recién llegado. Sus dedos cerrados en puños en un intento de contenerse y no agarrar su varita. Si lo hacía demostraría miedo, Voldemort lo percibiría y entonces comenzaría el interrogatorio.

-No había tenido la oportunidad de venir...- explicó Riddle caminando hacia ella.

En muy poco tiempo el mago tenebroso se estaba sentando a su lado. Pansy instintivamente se alejó hasta el extremo contrario. Voldemort estiró la mano hasta sujetar el antebrazo de la morena, apretando firmemente sobre la marca tenebrosa.

-Entiendo que este ocupado.- explicó Pansy. Sus puños se cerraron con más fuerza, su cicatriz ardía aún más y el agarre que el mago tenía sobre su antebrazo era tan fuerte que ella sintió que le enterraba las uñas.

-No te alejes...llevas mucho tiempo lejos.- murmuró con fingido cariño el mago. Sus ojos rojos trazando la silueta de Párkinson que las negras telas finísimas enmarcaban.

En un inicio Voldemort no la había asesinado porque sentía que le convenía mantenerla con vida: al final había sido de utilidad. Luego, al pasar de los años, Parkinson ya no era la niña pequeña y escuálida que caminaba por la casa e intentaba acercarse a él preguntándole porque escuchaba gritos y voces. No...ella había crecido para ser una mujer que tenía los ojos de su madre y el cabello de su padre. Una chica de facciones que el tiempo habia cincelaso de delicadeza y una piel de porcelana que Tom Riddle no podía dejar de tocar siempre que tenía la oportunidad.

-Lo siento...- susurró Párkinson bajando la mirada.

Ya no podía observar esos ojos rojos. Su cuerpo estaba temblando y su cuello ardía cada vez más. Lord Voldemort se inclinó hacia ella y olió su cabello. Olía a flores...a pansies. El mago sintió la resistencia en el cuerpo de la chica. Siempre había sido así, pero la resistencia cesó en el momento que el dolor que recorría el cuerpo de Pansy fue demasiado y ella cayó inconsciente.

Riddle la soltó de inmediato, la chica estaba completamente inmóvil. El mago movió su mano al cuello de ella. Se quemó al intentar tocar la cicatriz en forma de rayo que descansaba exactamente al lado derecho del cuello, cerca de la mandíbula de la morena. Harry Potter había pensado que todos los horrocruxes habían sido destruidos: Voldemort solo podía sonreír recordando la expresión del niño que vivió cuando no logró asesinarle.

Los ojos rojos del mago bajaron desde la cicatriz hacia los hombros pálidos. Parkinson vestía una pequeña bata de ceda negra: no tan suave como la piel que cubría. Sus hombros estaban completamente desnudos al igual que sus piernas. La mano de Voldemort, pálida y desfigurada por el odio, se colocó sobre el muslo de ella. La piel era suave, como porcelana, los dedos crearon una marca roja al presionar sobre el muslo de la morena, pero él no le dió importancia.

-No...-susurró la chica.

Tom volvió a mirar el rostro de ella solo para comprobar que hablaba entre sueños...mejor dicho pesadillas. El mago subió su mano por el cuerpo de la joven, hasta dejarla sobre el abdomen que subía con cada respiración alterada. Él tenía que asesinar a la morena, debía haberlo hecho hace mucho tiempo...pero debía crear algunos horrocruxes antes.

-Hasta en tu muerte serás mía.- comentó Riddle subiendo al pecho de Parkinson. La chica se removió en medio de su pesadilla, lágrimas bajaban por sus pálidas mejillas y Voldemort sonrió ante la imagen de ella sufriendo.

Pasaron minutos en silencio. Minutos en los cuales la mano derecha del que no debe ser nombrado bajaba del abdomen de Parkinson a sus piernas y luego volvía a subir. Sus dedos quedaron marcados alrededor de una de las rodillas de Pansy, pero poco podía importarle menos. La chica se movió y luego abrió los ojos encontrándose con los ojos rojos que esperaban recibirle de su inconsciencia.

-Sigue aquí.- susurró ella, Voldemort sonrió: la maldad era palpable en su gesto.

-Vine a...darte la bienvenida...- explicó él, un escalofrío recorrió a Pansy. Los ojos verdes bajaron a la mano que apretaba su muslo derecho. La mirada de la morena permaneció ahí un rato intentando convencerse de que todo terminaría tarde o temprano.

-Me alegra que te preocupes por mí.- comentó la morena, el sarcasmo y el desprecio evidentes en su voz. Aunque su rostro no permitía el análisis de sus emociones. Asco y odio.

-No es...- comenzó a decir el mago, pero se quedó en silencio un rato antes de levantarse de golpe de la cama y sin decir nada abandonar el lugar.

El corazón de Pansy latía desbocado dentro de su pecho. Llevó sus rodillas a su pecho y las abrazó con fuerza. Esperó. Esperó que él volviera, pero los minutos pasaban y el silencio en su casa le aseguraba que estaba sola. Entonces corrió a la puerta, la abrió de golpe y observó el pasillo que conectaba con la sala antes de escuchar ruido a su espalda. Su elfo apareció tras ella en el momento que miró hacia atrás.

-El señor no me dejó avisarle de su visita.- explicó Ruby con cierta verguenza. Pansy movió la mano restando importancia y se encaminó al baño sin decir nada.

Luego de cerrar la puerta abrió la ducha con las manos temblorosas. Después de desvestirse observó su reflejo en el espejo de cuerpo. La marca roja alrededor de su rodilla derecha le recordaba el contacto de la mano de Riddle sobre su piel y eso despertaba un profundo sentimiento de asco en la boca de su estómago. Cerró sus ojos antes de correr la puerta de la ducha, entrar a la misma y colocarse bajó el agua caliente.

No va a regresar. Intentó convencerse mientras sentía como el calor agradable del agua arrancaba las sensaciones desagradables de sobre su piel. Durante algunos segundos quería arrancar con sus propias manos los recuerdos de su cabeza. Las manos que se movían por su cuerpo aún en contra de su voluntad. "Podría ser peor" repetía una voz en su cabeza y ella asentía sin darse cuenta.

Podría ser peor fue su último pensamiento antes de salir de la ducha y envolverse en una toalla. La tela suave sobre su piel era agradable y casi podía olvidar lo horrible que había sido despertar observando aquellos ojos rojos. Podía olvidar que nunca había sentido una caricia verdadera. Los recuerdos de sus años en el colegio le hicieron sonreír. Solo un amorío secreto en tantos años. Voldemort la mataría si se enteraba...él le había prohibido que alguien la tocase. Siempre decía que todos eran demasiado sucios para tenerla.

-¿La señorita tomará café?- le preguntó su elfo cuando ella salió de la habitación vistiendo unos jeans de un azul gastado y una blusa blanca. La morena asintió mientras se sentaba en su sala y tomaba el periódico para leer alguna de las noticias.

Ronald Weasley es encontrado y encerrado en Azkaban nuevamente. La morena levantó su ceja al comtemplar la foto del chico. Estaba en el suelo, peleando para soltarse del agarre de un mortífago que lo tenía completamente inmóvil. El elfo de la joven colocó un café en la mesa y ella lo agarró automáticamente mientras sus ojos seguían moviéndose por la página principal del periódico. Redoblan el récord de asesinatos leía más abajo en letras bold. Sangre sucia muerto en el callejón Diagon. Parkinson cerró el periódico de golpe y lo echó a un lado poniendo su atención en el líquido caliente que le hizo cerrar los ojos y suspirar.

-Coloca un hechizo que me despierte cuando el señor que vino vuelva.- comentó Pansy abriendo sus ojos, su elfo le miraba de pie delante de ella.

-Sí, señorita.- respondió él. Párkinson dio apenas dos sorbos a su café antes de levantarse, tomar polvos floo de la mesa junto a la chimenea y sin detenerse a decir algo más simplemente desapareció.

Hogsmeade. La morena había venido en una sola ocasión hace cuatro años. Malfoy, Nott y Zabinni le habían invitado a salir y ella no encontró motivos para negarse. Aunque al regresar a la que era su casa le recibió la furiosa mirada de Lord Voldemort. Sus ojos rojos fue lo primero que vió al entrar a su habitación y lo último antes de quedar inconsciente. No recordaba nada de lo que había pasado...y prefería que fuese así. No estaba segura de poder seguir almacenando recuerdos en su cabeza.

Las calles no le eran del todo desconocidas y en poco tiempo se movió por el lugar. Identificó el letrero que Draco le había dicho y en una esquina, a la derecha de un viejo bar, estaba una tienda con apariciencia medieval. La morena se detuvo delante de la misma. Sus ojos verdes recorrieron el escaparate medio vacío. Su mano derecha se levantó para cerrarse alrededor de la cerradura, pero la puerta se abrió cuando su mano estaba a pocos centímetros de la misma. El movimiento insonoro de la puerta le parecía algo normal, pero dentro había algo que le llamaba: magia oscura.

La chica entró en silencio. Sus pasos superficiales sobre el suelo de madera. De frente estaba el largo mostrador de madera. Este iba de un extremo de la tienda al otro, terminando algunos pies antes de alcanzar el extremo izquierdo para permitir el pase. A la derecha y a la izquierda, en las paredes, habían varias tablillas con diferentes artefactos desconocidos para la morena. Pansy fijó sus ojos en los diferentes artilugios sobre el mostrador y en las columnas a la parte de atrás.

-Buenos días.- una voz rasposa y gastada le sacó de sus pensamientos. Sus ojos verdes se encontraron con unos ojos marones que le miraban fijamente desde otro lado del mostrador. Era un hombre de cabello gris con bastantes arrugas. La parte de su cuerpo que quedaba a la vista estaba cubierta por una camisa negra y un viejo chaleco de cuero marrón.

-Buenos días.- respondió ella el saludo, pero su mirada estaba perdida observando todo. Había algo peligroso; algo oscuro contenido en la tienda. Algo que le llamaba la atención y que no le dejaba concentrarse.

-¿Busca algo en específico?- preguntó el hombre levantando una de sus cejas casi desaparecidas por la edad. Pansy sacó sus ojos de los artefactos en la pared derecha y volvió a encontrarse con los ojos de él antes de asentir y dar un paso hacia el hombre. Pero él se quedó como muerto en su posición...mirándole directamente a los ojos.

-Estoy buscando...- comenzó a explicar ella. La mirada cargada de temor en los ojos del anciano silencio sus palabras.

-Sal de mi tienda...- habló él sorprendiéndola. La morena frunció el ceño, no sabía que estaba ocurriendo.

-Mire, yo vine a...- insistió Párkinson en hablar, pero sus palabras murieron en su garganta al ver que el mago le apuntaba con su varita. Inconscientemente ella levantó sus manos en señal de paz. Había miedo en los ojos del hombre, pero ella no comprendía que podía estar viendo en ella que le aterrase tanto.

-Sal...- repitió él. Ella no dijo nada sino que giró sobre sus pies, su mano sujetando su varita con fuerza, consciente de que podría ser atacada al girarse.

El ataque no llegó y Pansy se encontró a si misma de pie afuera de la tienda. Sus ojos verdes observando con interes la puerta, su ceño fruncido mientras ella intentaba comprender la actitud de aquel anciano. Jamás nadie le había mirado con tanto miedo. Ella estaba acostumbrada a las miradas cargadas de envidia, odio, deseo, entre muchas otras...pero no de miedo. La morena estaba a punto de comenzar a buscar otra tienda que tuviese una apariencia similar a la del anciano cuando escuchó el ruido de un rayo al chocar contra algo...metal seguramente.

El cuerpo de la morena se tensó inmediatamente, se movió con rapidez. Una tienda después de la del viejo había un callejón. El ruido de una pelea se hacía más evidente. El sol estaba muy débil a esa hora del día, y Hogsmeade estaba bastante vacío. La chica asomó al callejón disimuladamente, no dejándose ver por completo. Dos hombres estaban atacando a una mujer. Los ojos verdes de Parkinson repararon en la castaña que se encontraba medio escondida tras un contenedor de metal. Tres marcas en el contenedor daban a entender que los hechizos habían golpeado allí.

Pansy no solía pelear guerras que no eran suyas. Fácilmente podría haber girado sobre sus talones y dejado a la chica defenderse así misma. A ella nadie le defendía cuando lo necesitaba. Aun pensando así, la mano de Pansy se apretó sobre su varita. La imagen de la marca de Voldemort sobre su rodilla pasó por sus ojos, el agarre en su antebrazo. Ella sabía lo que era sentirse en desventaja, lo que era poner todas tus fuerzas en defenderte aun cuando no se tenía la mas mínima oportunidad en contra de tu oponente.

-Mierda...bitch- gritó uno de los hombres cayendo al suelo. Entonces la castaña salió de su escondite, ahora más confiada al ver a uno de los magos en el suelo revolcándose de dolor. Error pensó Pansy.

-Vas a aprender a respetar.- comentó el hombre que quedaba de pie. Pansy estaba por irse, quizás la castaña podía defenderse por si sola. Pero justo cuando estaba por girarse el hombre del suelo se había levantado cuando la chica estaba dándole la espalda y apuntando con su varita a su oponente.

La maldición que salió por los labios de la castaña casi parecía un grito o alarido. Pansy abrió los ojos desmesuradamente al ver que el mago le había enterado una daga por el costado derecho a la chica. La reacción de Pansy fue inmediata, dos movimiento de su varita consiguieron que los dos atacantes cayesen inconscientes al suelo. La castaña seguía de pie sujetando su costado. Pansy levantó la mirada de los tipos en el suelo y se encontró con los ojos color miel que le miraban con sorpresa.

Párkinson ladeó el rostro antes de dar un paso y dejarse ver por completo. Sus ojos verdes estaban estudiando a la chica delante de ella con rapidez. La castaña definitivamente le sacaba algunas pulgadas de altura, quizás dos o tres. Su cabello era todo lo contrario al de Pansy, el cual caía como cortina y jamás había conocido lo que eran los risos; el de la castaña parecía jamás haber conocido lo que era caer como cortina. Parkinson repasó su vestimenta, jeans, camisa negra y un chaleco mahón a juego con los jeans.

Los ojos verdes de la morena estuvieron repasando a la otra en silencio hasta que al volver a enfocarse se percató de que la chica le estaba apuntando con su varita. La pelinegra miró hacía atrás, pensando que podría haber alguna amenaza asechando. Rapidamente comprendió que la amenaza era ella misma. Bajó sus ojos a su antebrazo y observó la marca tenebrosa. Ser parte del escuadrón de Lord Voldemort no había sido una decisión propia, Riddle le había obligado hace tres años a colocarse la marca. Ella no podía decir que no. ¿Quién se atrevería?

-Tendrás que matarme para llevarme a Azkaban.- le advirtió la castaña, su voz tenía un timbre mandón y petulante que obligó a Pansy a levantar una de sus cejas mientras daba dos pasos para acercarse a la chica.

-No te sigas acercando...- le amenazó la castaña, una sonrisa se resbaló por la comisura de los labios de Parkinson. Había arrogancia mezclado con malicia en sus ojos y así mismo en su sonrisa. La morena no planeaba hacerle daño a la chica delante de ella, pero le resultaba divertido ser la amenaza y no la amenazada. No ocurre todos los días.

-¿Y si me acerco, qué harás?- cuestionó la morena sin borrar su sonrisa. La castaña estaba pasándola mal. Pansy podía decirlo al ver como el sudor se amontonaba en su frente y al observar como la chica presionaba su mano libre sobre su herida en un intento de, seguramente, minimizar la pérdida de sangre.

-Probablemente no estoy en condiciones para matarte, pero te puedo dar una buena pelea.- le aseguró la chica. Pansy rodó los ojos. Arrogante pensó la morena.

-¿Y si vengo en son en paz?- interrogó Párkinson con una sonrisa de fingida inocencia. La castaña abrió enormemente los ojos y bajó un poco la guardia, pero seguía lista para atacar si veía algún cambio en la chica que le estudiaba.

-¿Un mortífago que se me acerque sin la intención de matarme? Eso sería algo innovador.- se burló la chica de ojos miel. Pansy levantó una de sus cejas, sus ojos repararon en la marca que tenía la chica en su antebrazo: sangre sucia. Eso explica porqué la quieren matar.

-¿Por qué motivo te mataría? En el caso mas extremó...podría hacerte mi esclava...- comentó la morena con diversión.

Se decidió por molestar a la chica aun sabiendo que cada minuto que pasaba reducía la posibilidad de supervivencia de la otra. Pero la mujer delante de ella estaba en pose de ataque y no se dejaría ayudar a menos que dejase de ver a Párkinson como una amenaza.

-Me imagino que eso haría que Voldemort te dé algún premio. Mortífago del año por esclavizar a Hermione, sangre sucia, Granger.- escupió la castaña con desprecio.

Un escalofrío recorrió a Pansy, al escuchar a la mujer murmurar que Riddle le premiaría. El asco se formó de inmediato en la boca de su estómago. No se dio la vuelta para irse solo porque percibió el odio en el tono de la chica. La castaña odiaba suficientemente a Voldemort como para ser de utilidad.

-No sé si sería la mortífaga del año, pero me imagino lo buena esclava...- comenzó a decir la morena con una sonrisa cargada de malicia, pero se detuvo en secó cuando su cabeza terminó de interpretar las palabras de la chica. ¿Granger? ¿Acababa de decir que ella era Granger?

-¿Granger?- preguntó Pansy frunciendo el ceño. La mujer delante de ella parecía mareada, pero se las arreglaba para seguir en pie apuntándole.

-Sí. ¿No me digas que no te enviaron a atraparme?- habló la castaña intentando permanecer consciente. La herida del costado comenzaba a ser una gran molestia.

-¿Granger la amiga de Harry Potter?- preguntó Párkinson. No podía creer que su suerte comenzase a cambiar después de todo.

-¿Estas sorda o...- Comenzó a preguntar Hermione, pero su vista se nubló y sus rodillas flaquearon. Pansy reaccionó de inmediato sujetando a la chica. El peso era demasiado para una mujer como la morena así que casi terminan ambas en el suelo. Hermione se las arregló para no desconectarse completamente de la realidad.

La castaña se aferró al cuerpo menudo que ahora le brindaba soporte. Sus manos se envolvieron alrededor del cuello de la chica a la cual le sacaba un poco de altura. Aún con la visión borrosa Granger se sorprendió al ver de cerca aquellos ojos verdes. Harry pensó con cariño. Había algo familiar, pero extraño en la mirada cargada de indiferencia. Había algo oscuro, pero a la vez llamativo en aquella mirada que se parecía tanto a la de su mejor amigo, pero era tan diferente a la vez.

-¿Dónde vives? Hay que revisarte esa herida.- habló Pansy intentando percibir en los ojos de la otra si seguía consciente. La morena tenía sus manos alrededor de la cintura de la castaña esperando recibir una respuesta, podría dejarla caer al suelo, pero no era conveniente. Ella me ayudará se alentó a si misma Pansy.

-Si entras a mi casa no sales.- le advirtió Hermione, su vista estaba borrosa y sentía que pronto su cuerpo terminaría por ceder y caería al suelo. Aún así, pudo apreciar la diversión en los verdes que le estudiaban.

-¿Es una propusta indecente?- preguntó la morena sin poder evitarlo mientras una de sus cejas se levantaba. En su mente maldijo su forma de bromear con la gente del colegio, con Draco y con Theodore. Por más que su vida fuese carente de todo tipo de contacto físico consesual, no podía evitar las bromas. Ella jamás reflejaría lo que estaba en su interior.

-Era una amenaza.- replicó Hermione apoyándose más de la otra.

Sus cuerpos estaban completamente pegados para cuando ella se percató. Pansy ya comenzaba a incomodarse. Una cosa era ayudar a la chica a mantenerse de pie y otra era tenerla tan pegada a su cuerpo. El recuerdo de Voldemort paseando sus manos por sus piernas le dejó en silencio por un momento; hasta que sintió que la otra estaba cada vez más apoyada de su pecho.

-Tengo una propuesta que quizás te interese. Si luego de escucharme decides matarme no haré nada para impedirlo.- le aseguró Pansy. Sus palabras eran frías y calculadas. Hermione la escuchó como un eco a lo lejos: estaba demasiado cansada. En la cabeza de la ex-Gryffindor, ligeramente saturada de dolor y mareo, la respuesta de la morena le pareció suficiente para darle un voto de confianza momentáneamente.

-Está bien. Te mataré luego de escucharte.- le aseguró Granger antes de girar su varita y hacerles desaparecer a ambas. El sentimiento de mareo y vacío que le sobrevino a Párkinson era natural, pero el peso de la castaña que se vino por completo sobre ella cuando aparecieron en el otro sitio no lo era.

Continuará...

Roxanne Marquez: Hola! Que bueno que te guste la historia, espero te halla gustado la continuación. Besos!

Tonty77: jejeje si, es una trama diferente espero poder desarrollarla bien XD Harry está vivo, pero aparecerá más adelante. ¡Ya se conocieron Hermi y Pansy! XD ¿Pansy el último horrocrux? Maybe xD Gracias por comentar, besos!

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