Disclaimer:Los personajes de esta historia pertenecen a J.K. Rowling, realizo esto con fines de entretenimiento y sin ánimos de lucro.

Advertencias: Muerte de un personaje.

A/N: ¡Hola a todos! Muchas gracias a todas las personas que han dejado reviews, agregado a favoritos y aquellos que siguen la historia. Menciones especiales a Sayukira y yumeatelier, mil gracias por sus reviews, no tienen idea de lo mucho que me animan a continuar. Aprovecho para anunciar que las actualizaciones serán los días viernes, si logro hacerme de otro espacio durante la semana, tengan por seguro que me verán por aquí.

El capítulo de hoy se centra en Draco.

Cursiva: Sueños
Normal: Narración en el presente

Capitulo tres: Pesadillas

El sonido de las alarmas interrumpe tu sueño, no es que haya sido un sueño particularmente agradable, pero es más de lo que has podido conseguir últimamente, entre las pesadillas, el dolor y el frio del cuarto esterilizado, dormitar un poco es algo que has aprendido a apreciar demasiado bien.

La electricidad falla y te quedas totalmente a oscuras, sabes que es algo que no debería pasar, no puedes precisar porque lo sabes o como sabes siquiera lo que está causando que las luces se hayan apagado pero eso no importa, porque en lo único que puedes pensar es en que si la luz se fue, tal vez la vigilancia también se haya ido.

Con dedos torpes y entumecidos te arrancas la manguerilla del suero, sabes que te castigaran en cuanto se den cuenta de lo que hiciste pero es preferible eso a sentirte medio muerto por el sedante. Además, sabes que por mucho mal que hicieras jamás te matarían, lo sabes por los constantes "Fascinante" que susurran cada vez que te suben a la mesa de exploración.

De repente escuchas un ruido extraño detrás del espejo, sabes que algunas veces te observan por el cristal que se encuentra detrás, pero jamás habías escuchado algo como eso aquí.

Aun así suena terriblemente familiar. Sabes el lugar donde lo has oído antes.
Ha sido en tus pesadillas, las pesadillas de la batalla de Hogwarts. A pesar del horror de la batalla, los cadáveres y el hecho de que casi siempre terminan viendo a tu madre recibir un avada en tu lugar, son las pesadillas que más te gusta tener, tal vez porque sabes que al final si hubo un final feliz, tal vez no para ti ni para tu familia, pero sabes que al final pudiste escapar de Voldemort y si escapaste de los mortífagos y atravesaste una guerra, tal vez aún exista la remota posibilidad de huir de este horrible lugar.

El sonido se hace más insistente, son gruñidos parecidos a los de un hombre lobo. Mareado, te reprochas a ti mismo por la comparación tan estúpida. Es obvio que no hay hombres lobo en este lugar. Cuando el cristal cede con estrepito, llenando el suelo de vidrio pulverizado y cegándote por la repentina luz, por él se asoma la confirmación de que no era una comparación tan estúpida después de todo.

No puedes perder nada más que tu miseria y lo sabes, pero eso no impide que te levantes torpemente de la mesa y retrocedas trastabillando, unos cuantos pasos, tal vez haya días en los que solo deseas cerrar los ojos y no abrirlos más, pero por cobarde que suene no piensas tomar esta oportunidad si eso implica unos colmillos de al menos un par de pulgadas.

Un gruñido espeluznante resuena por todo tu cuarto obligándote a mirar con fijeza a la criatura y por más idiota que te parezca solo deseas sentarte y llorar. Reconoces esos ojos color marrón, incluso reconoces el oscuro tono del pelaje enmarañado frente a ti. Alargas la mano como si quisieras tocar el pelaje de la criatura mientras susurras su nombre, sabes que probablemente no entienda ni un ápice de lo que digas pero eso solo te anima a susurrarlo con más fuerza; deseas transmitirle todo el dolor que sientes al verlo en ese estado, pero lo único que logras articular es un ronco y escueto "lo siento" que incluso para ti suena vacio.

El sonido de algo metálico estrellándose contra el suelo te hace desviar la mirada hacia la oscuridad del cuarto de observación, tu visión es horriblemente borrosa y tienes unas inmensas nauseas por todo el medicamento que has tenido en tu sistema, pero aun así apuestas tu vida (No es como si te quedara algo más de todos modos) a que hay alguien entre la penumbra, lo ves hurgar entre los cajones a toda prisa y sacar algo de uno de los estantes, sabes que en ese lugar guardan los instrumentos de operación, jamás te han operado pero no es como si el maldito científico a cargo no te amenazara con hacerte una vivisección un par de veces a la semana. No tienes ni idea de que es eso, pero por la oscura sonrisa que te lanza al decirlo sabes que lo mejor seria jamás tener que averiguarlo. El lobo frente a ti deja de tener importancia cuando, bizqueando en la oscuridad, puedes contemplar con pasmoso horror unos dientes que dejan en la vergüenza a los caninos de tu lobuno amigo. "Lo han hecho ellos" piensas con rabia, "los…"

Las luces parpadean y el mundo se disuelve confuso por un par de segundos. (¿Qué son los silentificos? ¿Qué cosía el… lo-que-sea que haya sido, en la oscuridad?) Hace un momento podrías haber escrito un libro sobre ellos y ahora no tienes más que la vaga idea de que son blancos y despiadados, te tallas los ojos tratando de aclarar tu vista y lo único que consigues es mirar por un segundo el color verde olivo del dosel de tu cama, tallas una vez mas y el mundo recobra sus vividos colores, la escena ha cambiado, pero eso no tiene la más mínima importancia, no es como si pudieras notarlo.

Corres entre los arboles sin importar que las ramas te golpeen, las lagrimas nublan tu vista y las nauseas aun no han desaparecido, te sientes terrible, pero no es por los mareos ni las pequeñas heridas que tienes por todo el cuerpo. Es por lo que dejas atrás, sabes que se quedo allí por ustedes y no pudiste hacer nada por ayudarlo. Jamás pudiste ayudarlo. El sonido de un aullido moribundo te hace sufrir más que todas las agujas que han usado en ti, pero sabes que ni siquiera eso se compara al dolor que la chica frente a ti debe estar sintiendo.

No ha parado de llorar desde que la encontraron y el aullido la ha hecho lanzar un gemido tan angustioso que sabes que jamás lograras olvidar ese sonido mientras vivas. La sombra que los guía se detiene al verla doblarse de dolor. "Theo" susurras como una súplica al darte cuenta de que no tienes las fuerzas para levantarla. Él es el más fuerte de los tres, es quien los saco a todos de sus jaulas, lo sabes, pero no puedes evitar sentir un escalofrió de miedo cada vez que lo miras.

Trae un cubre bocas cubierto de sangre que le da un aspecto aterrador y no ha hablado para nada en todo el trayecto, solo gruñe y señala el camino. Arrastra a una muy embarazada Pansy. No entiendes como puede estar en un estado tan avanzado si sabes de primera mano que no llevan más de tres meses en este horrendo lugar, tu "silentifico" te lo ha dicho esta mañana. Ella tampoco ha hablado en lo absoluto pero la escuchas jadear de vez en cuando mientras se sujeta el vientre.

La memoria de las agujas en tu piel duelen muchísimo, sin el sedante corriendo por tus venas y con el frio recorriendo tu malnutrido cuerpo logras dimensionar el dolor de una nueva manera; cada vez que inhalas el aire frio, se siente como cuchillas en tu garganta, deseas regresar en el tiempo y no haber gritado tanto durante el "tratamiento" de esta mañana.

Molesto contigo mismo por la estupidez del pensamiento volteas a mirarlos y te avergüenzas por los pequeños gemidos de dolor y el pensar en que conoces el significado de este, si hubieras estado en su posición crees que habrías muerto la primera semana. Llegas hasta los límites de las instalaciones y te atrincheras en el centro de control con ellos. Por un breve momento sientes la necesidad de reír maniáticamente, es obvio que están atrapados, pero no puedes evitar sentirte aliviado. No deseabas morir solo y ahora que están aquí, juntos, crees de forma ingenua que la muerte será menos aterradora y no sentirás al miedo asfixiarte. El horrible sonido de la loza haciéndose trizas te devuelve a la realidad, es "Theo" (¿Conoces a alguien llamado así?) que ha arrancado de un simple manotazo el inodoro.

Petrificado, lo observas abrirse paso ante el concreto con nada más que las manos provistas de largas y ensangrentadas garras. Desde el momento en que los viste en la penumbra de la sala de operación intuiste que ninguno de tus dos amigos seguía siendo humano pero hasta este momento no habías comprendido todas las ramificaciones que esto implicaba. Ahora que lo vez utilizar esos inmensos cuchillos que él llama uñas puedes, por primera vez, sentir su desesperación como algo más que un silencio opresivo, sabes que le has perdido desde antes de que entrara a tu celda. Niegas con la cabeza mucho antes de que comience a hablar con ese roto sonido que sale de su garganta. -No podre llevar a Pansy yo solo- murmuras a modo de disculpa mientras le suplicas con la mirada que vaya con ustedes, no importa si no es humano, no importa si te aterroriza verlo a la cara, no importa si estas seguro de que morirán acorralados como animales. No quieres dejarlo alli. No deseas escucharlo morir tal y como paso con Blaise.

-Yo tampoco iré Draco- Sorpresivamente para ti, es la voz angustiada y trabajosa de ella la que resuena primero en el caos que es la habitación. Se ve terrible. Nada queda de su otrora bonita apariencia, su piel luce pálida y enfermiza, y su cabello es un estropajo rebelde cortado casi al ras pero sus ojos brillan producto no solo de las lágrimas sino de algo más. No necesitas ser un Ravenclaw para darte cuenta de que es lo que exhibe su mirada. Es el brillo firme y determinado de aquellos que saben que no tienen escapatoria alguna, la misma actitud de estúpida valentía que lograste ver en los rostros de aquellos que tenían el valor para encarar a Voldemort a la cara y aceptar su fin con los brazos abiertos. Es la mirada de alguien que se ha resignado a morir.

Abres la boca dispuesto a convencerla, negociar, suplicar, lo que sea, con tal de que no te deje ir solo. No tienes adonde ir y, eres lo suficientemente cobarde, como para no querer vivir solo.

–No, no puede hacerlo- gruñe la voz de la criatura que sigue abriendo el concreto con las manos. –Lo que tiene…-hace una pausa y observas sorprendido como tiembla como una hoja, tu cerebro te hace notar la ironía de que una criatura tan aterradora como él, todavía pueda sentir miedo.-…lo que lleva encima.- su gutural voz tiembla, puedes sentir el dolor y la pena tras ella.- es mío…-susurra con voz rota antes de desplomarse de rodillas y sollozar contra el boquete. –Y-yo soy el trescientos nueve, él s-será el tres-trescientos di-diez…-

Los sonidos que emite pueden helarte la sangre, pero eso no parece amedrentar a tu amiga. Ella sonríe cansinamente y coloca una mano sobre el hombro de él, instándolo a detenerse.- Lo sé, Nott. Está bien, todo está bien.- Arrulla con compasión al tironear un poco de su bata para indicarle que se arrime, dejándote apreciar la obra de sus esfuerzos. El boquete es lo suficientemente amplio como para permitirte el paso. –Vete, dragón.- Ordena con voz firme al girarse y encararte. Niegas con la cabeza, enfermo por la sola idea de huir solo.

-Largo, Malfoy.- Completa la gutural voz de tu amigo, desde las sombras.- Te cubriré mientras dure la noche, una vez que el sol llegue, estarás por tu cuenta. No dejes que esos hijos de puta vuelvan a ponerte las manos encima.- Ordena con decisión, al tomarte por la nuca y empujarte hacia el boquete, tirándote bruscamente a través de la abertura y comenzando a apilar los escombros para ocultar el agujero.- Sigue la cañería, las barreras anti-aparición terminan un par de metros adelante.-

-Draco.- La voz de tu amiga es lo único que se filtra a través de los escombros- No nos olvides.- Segundos después, escuchas el aullar de las sirenas, los gritos por el alto parlante y el ladrar de los perros de caza.

-Nunca.- Gimoteas con las voz anegada en lagrimas, trastabillando drenaje arriba. Ha sido muy listo de su parte, no moverías ni un dedo para salvarte, para vivir, pero te abrirías las venas en canal antes que dejar que sus muertes hayan sido en vano. Antes que dejar a los terrenales, ponerte las garras encima nuevamente. Lagrimas bañan tu rostro, apenas y puedes ver por donde caminas pero la oscuridad no te impide escuchar los sonidos que dejas atrás. El primer grito de rabia te anuncia que ella está muerta, el segundo, seguido de una ráfaga de disparos, te hace saber que él no tardara en seguirla. Giras en uno de los mugrientos túneles y te topas de frente con alguien, aterrorizado por haberles fallado tan pronto, manoteas con todas tus fuerzas, luchando por soltarte del desconocido que sostiene tus muñecas. -¡Con un demonio Malfoy, deja de pegar!- Gruñe una voz arriba de tu cabeza, a pesar de que tiene el rostro cruzado por una rosada cicatriz, reconocerías ese color de cabello donde fuera.- Comadreja.- Susurras con voz débil al dejar de luchar y mirar a ambos lados, sorprendiéndote por encontrar frente a ti a lo que queda del E. D.

¿Qué es el E.D? Te preguntas en silencio al abrir los ojos y darte cuenta, poco a poco, de que todo ha sido un sueño. Las cosas que has visto y los sentimientos que todavía atenazan tu garganta se extinguen conforme la luz del día se manifiesta sobre tu cama con dosel y recuerdas que no eres un famélico adulto aterrorizado, sino un niño rubio de ocho años, igual de aterrorizado.

-¿Draco?- Llama tu madre desde detrás de la puerta, tocando rítmicamente con los nudillos.- Levántate, hoy tenemos la cita con el sanador Davis.- Explica con tono cordial y escuchas el repiquetear de sus tacones al darse la media vuelta y dejarte. No hay un "buenos días" ni dulces palabras de afecto hacia ti y a pesar de que ya deberías estar acostumbrado. Nunca ha dejado de doler.