¡Hola! ¿Qué tal han estado? Espero que bien. Aquí les traigo un capítulo de este divertido pero extraño fic, más largo que los demás.
Este capítulo es un poco fuerte, aviso.
Respuestas a los no registrados: ¡Hola Triple K! Bienvenido a este extraño fic. Te agradezco que te hayas tomado unos minutos de tu tiempo en leerlo. Lo voy a continuar, aunque no me lea nadie jaja. Un beso, y sigue leyendo.
El dolor que no te mata, te hace más fuerte.
El sol comenzó a salir para empezar otro día. Otro día de aventuras piratas en el pueblo Orange Town.
El capitán Buggy se levantó con un irremediable dolor de cabeza. ¿Qué había hecho anoche, por qué no se fue a dormir a una de las habitaciones?
Cruzó las piernas y bostezó sobre su asiento. Los pájaros cantaban, las olas se escuchaban como un suave murmullo y…
— ¡DESPERTAD, PANDA DE GANDULES, HAY MUCHO QUE HACER EN EL DÍA COMO PARA ESTAR DURMIENDO! — Graznó a grito pelado, con la voz rasgada todavía por el sueño. Por suerte todo el mundo escuchó ese gritido al estar en un profundo sueño y se alarmaron, levantándose de inmediato.
— ¡Buenos días, capitán! — Saludaron todos al unísono. Buggy sonrió socarronamente.
— Eso es.
Los hombres comenzaron a recoger los restos de la noche pasada (que no eran pocos) mientras se sujetaban la cabeza. Ellos también tenían resaca, pero tenían que obedecer a su capitán igualmente.
Buggy le pateó el trasero a uno que seguía durmiendo en el suelo, quien se levantó enseguida sobándose el culo.
— ¡Venga, vago, a recoger!
— ¡Sí, capitán Buggy!
Empezaron a recoger con más ansia, mientras que Buggy se asomaba desde la azotea bostezando como nunca. ¿Cuánto tiempo hacía que estaban ahí? Ya ni se acordaba. Además deberían de subir al barco y surcar el mar: tenían el mapa tan ansiado y habían aterrorizado a todo el pueblo.
El narizón fijó la vista hacia el suelo. El alcalde de la ciudad pasaba por allí sigilosamente con su cutre armadura y una bolsa en la mano. Parecía nervioso, y la verdad, tendría que estarlo. Soltó una risita.
¿Hasta cuándo estaría trayéndole comida a ese estúpido y viejo perro?
Se apartó, con la resaca comenzaba a ver borroso y empezaba a marearse.
— Chicos, me voy a duchar, y no molesten así que…
Calló abruptamente. Los nombrados lo miraron extrañados hasta que una sonrisa macabra surcó la cara del capitán; despegó su mano de su cuerpo haciendo que entrara en el edificio y sacara varios mechones de pelo negro por la puerta.
Sacó a Alexa de detrás de la puerta. Su mano jalaba de su larga melena, haciendo que soltara gemidos dolorosos. La arrastró hasta él y aprisionó su cuello con la otra mano, asfixiándola.
— ¿Capitán, qué hace? — Preguntaron algunos, asustados por ver cómo la agarraba. Buggy ladeó la cabeza hacia un lado.
— ¿¡De qué habláis, imbéciles!? ¿Acaso la defendéis?
Todos se miraron, incrédulos. Al final, Mohji salió del barullo e intentó apaciguar al narizón.
— C-capitán… la admitió ayer en nuestra banda, ¿Se acuerda…?
Buggy la miró mejor. Su cara estaba roja y sus ojos llenos de pena y lágrimas, y lo que más le impresionó fue que no hacía ningún esfuerzo por querer soltarse de él. Suspiró pesadamente.
— Quizás no lo recuerda, por el alcohol, a mí me pasa…— se escuchó murmurar entre los compañeros. Al final se hartó de las palabrerías y soltó a la muchacha bruscamente en el suelo.
Alexa se sujetaba el cuello mientras tosía secamente.
— Pero niña, ¿¡Por qué no me lo habías recordado!? — Rió sonoramente Buggy, poniendo sus manos en jarra y mirando hacia el cielo— ¿¡Quién soy, eh, quién soy!?
— ¡E-el capitán Buggy, señor!
— ¡Bueno, pues quiero esto recogido antes de que venga!
Salió por la puerta agitando su capa y dando un azotón. Todos menos Alexa suspiraron aliviados y se acercaron un poco a ella.
— ¿Estás bien? — Preguntó Cabaji, acomodándose la bufanda y cruzando los brazos— al final, el karma siempre te la devuelve— dijo, refiriéndose al incidente con los ratones, pero Alexa no hizo caso.
— M-me ha tocado…— Murmuró rozando su cuello suavemente con las manos. Los demás se apartaron de la impresión, mirándola con sorpresa.
— Esta niña está mal— dijo otro compañero. Otra vez se pusieron a cuchichear pero decidieron recoger pronto por si llegaba el capitán.
Mohji, que no había hecho caso a las palabras de sus compañeros y de Buggy (hasta tal vez a las de la propia Alexa), prefirió acompañar a la pelinegra a un sitio un poco más apartado para que le diese un poco el aire.
— Ese capitán es idiota— bufó, molesto— hacerle eso a una chica tan preciosa… toma, hice un poco de café, te sentará bien— dijo meloso, sentándose muy cerca de ella y ofreciéndole la taza.
— Muchas gracias Mohji— le sonrió. Desde abajo se escuchó un furioso rugido que desconcertó a Alexa, pero no a Mohji.
— ¡No te asustes! Es Richie, es un león y mi compañero. — Afirmó, rascándose la nuca. Ella miró hacia abajo, viendo un león bastante grande rugiendo, quizás quería llamar la atención de su amo.
— Creo que está celoso. — Rió ella. Mohji se sonrojó.
— N-no creo— dijo agitando la mano de un lado para otro delante de su cara.
Entonces Richie se subió con unos magistrales saltos a la azotea, para el asombro de ella. Puso cara amigable y alzó la pata a modo de saludo.
— Hola Richie— Alexa se acercó, dejando la taza a medio tomar en el suelo y acarició la pata del león. Este se sonrojó y puso cara de pervertido.
Mohji gruñó por el comportamiento de Richie, pero tuvo que dejar pronto ese enfurruñamiento porque los demás les llamaron la atención y se aligeraron en ayudar un poco. Hasta Alexa había ordenado a sus pequeños ratones que apartaran vasos y recogieran platos.
— ¡Venga chicos que ya falta poco! — Exclamó algún nakama. Alexa sonrió por el entusiasmo y la dedicación que ponía cada uno a su tarea, así que ella también decidió hacer lo mismo.
Escucharon los unos pasos apresuraros y todos comenzaron a ponerse en posición para recibir a su capitán. Hasta Richie obedecía.
Alexa vio un poco de comida en el suelo y la apartó con el pie haciendo una risita nerviosa.
El capitán entró con energía y se dirigió a su asiento como un verdadero rey. Bueno, él opinaba que lo era.
— Veo que habéis obedecido mis órdenes. Bien hecho.
Todos soltaron un suspiro de satisfacción ante la aprobación de Buggy, y sin que lo dijera nadie comenzaron a repartir comida para el desayuno.
La tripulación se sentó en las mesas alargadas y empezaron a comer.
— Todo tiene muy buena pinta— halagó Alexa tomando una tostada.
— ¡Come lo que quieras! — Dijo el cocinero, palmeando la espalda de la chiquilla— me ha costado mucho hacer tal desayuno. No quiero nada de comida, ¿¡Queda claro!?
— ¡Sí! — Gritaron todos, comiendo más rápido. Al cabo de unos minutos arrasaron con todo, y sin embargo Alexa seguía con su tostada.
Aunque fuera increíble, todos se quedaron dormidos sobre las mesas o en la sombra, ese día el sol pegaba demasiado.
Un graznido de un pájaro se escuchó a lo lejos, despertando a algunos camaradas de su sueño. Poco a poco se fue acercando hacia la azotea donde ellos se encontraban y se posó en la barandilla, graznando de nuevo.
— Ah, yo no voy esta vez— dijo un compañero volviendo a cerrar los ojos.
— Pues yo sí que no voy a ir, no tengo ganas— otro compañero que estaba más lejos le contestó— ¡que vaya otro!
— ¡Seréis vagos! — Gritó Buggy desde su asiento— ¡Que uno se levante a recoger el periódico!
— Ya voy yo— Dijo Alexa levantándose de su asiento, con la tostada casi terminada.
— Espera, toma el dinero— Mohji, que estaba sentado a su lado, le dio un par de monedas. La pelinegra fue hasta el pájaro y metió las monedas que le había dado el domador en una bolsita que tenía el pájaro atada en su pata. Recogió el periódico de su pico.
Alexa le dio los restos de su tostada y el pájaro graznó en agradecimiento para emprender el vuelo de nuevo.
— Aquí tiene, mi capitán— Le dijo, acercándose a Buggy y entregándole el periódico.
— Gracias, eh… esto… um…
— Alexa.
— Eso. Vete.
Se fue a sentar en su sitio, pero antes de hacerlo se asomó por la azotea. Una chica pelirroja andaba pegada a la pared con un pergamino en la mano, aparentemente nerviosa.
Alexa abrió los ojos.
— ¡Capitán Buggy, capitán…!— Un hombre entró de sopetón en la azotea, azotando las puertas— ¡El mapa, el mapa ha…!
Buggy se levantó bruscamente de su asiento, con una mirada aterradora mientras se acercaba más a su grumete.
— Qué… le ha pasado… al mapa…— Dijo, respirando pausadamente. Eso puso más nerviosos a la tripulación.
— No ira a…— Musitó un compañero.
— Probablemente… ese tipo ya está muerto.
Alexa veía las caras de sus compañeros. ¿Es que le haría algo malo, tan importante era ese mapa, y qué ha pasado con él?
—¡…ha sido robado!
Se oyó un ruido bastante fuerte y seco. Buggy había golpeado la mejilla del tipo, tirándolo al suelo.
— ¿Cómo lo han podido robar tan fácilmente, estúpido?
— Ha… ha sido muy raro, señor… la llave que estaba en el cofre que contenía el mapa… es muy extraño…
— ¿Qué dijis…te? — Preguntó, sombrío.
— Que es muy extraño…
Buggy, con el poder de su akuma no mi destrozó sillas y mesas, lanzándolas por la azotea. Todos se apartaron a una esquina temblando, realmente le tenían miedo al capitán.
— ¿¡Quién dices que tiene una nariz rara!?
— ¿¡EEEH!?
Alexa sintió miedo y se fue al lado de Mohji y Cabaji, que estaban de pie, al lado de la silla de Buggy.
— Pero si él no dijo nada de su nariz…— Murmuró.
— Sí, pero… cada vez que dicen "extraño, raro, rojo, grande, redondo…" entiende que se burlan de su nariz— le informó Cabaji, cruzado de brazos.
Ambos volvieron a prestar atención.
— ¿Quién fue, eh?
— U… una chica.
"Espera… ¿una chica?" Pensó la pelinegra sorprendida. Fue corriendo a asomarse al bordillo, y vio que la pelirroja estaba todavía a la vista, pero algo más lejos.
Sin dudarlo, soltó su bolsa y con total maestría saltó al vacío, apoyándose primero en los balcones como una Ninja.
— ¡Miren… Alexa saltó de la azotea!
Todos sus nakamas exclamaron "¡Oooooh!" Y se asomaron sorprendidos, mientras que seguían con la mirada a la chica que cada vez se perdía más por el camino.
Buggy metió al tipo en un cañón, pero al ver que nadie le prestaba atención paró y se dirigió hacia el borde.
— ¿¡Qué ocurre!? — Preguntó alarmado.
— ¡Mire capitán, fue a perseguir a la ladrona!
El narizón se asomó más y abrió la boca sorprendido mientras se ajustaba el sombrero. Estaba a punto de alcanzarla.
— ¡Que tres vayan a ayudarla, rápido! — Bramó, enfurecido. Tres de sus hombres fueron corriendo por las escaleras, mientras que él se acercaba al cañón con el tipo metido dentro.
— ¡Yo no hice nada malo, por favor, ayudadme! — gritaba, desesperado por intentar escapar, pero Buggy lo aguantó por la garganta con su mano.
— ¡VOLADLO!
Unos grumetes encendieron la mecha y volaron al tipo. Mohji y Cabaji miraban, impasibles.
— ¡SAQUEAD LA CIUDAD!
— ¡Sí, capitán Buggy…!
La pelirroja comenzó a correr, notando que alguien venía detrás de ella para atraparla.
"Nunca me cogerán, soy la mejor ladrona" Pensaba, agitada. Miró hacia atrás y se sorprendió de que solo fuese una niña… pero la niña tenía cara de mala leche.
— ¡Vete a tu casa, niña! — Le gritó, parando un poco.
— ¡Lo haré si me devuelves el mapa!
— ¡No es tuyo!
— ¡Ni tuyo tampoco, devuélvemelo, pertenece a mi capitán!
La muchacha se alertó; resultaba que era de la banda de Buggy. Empezó a correr de nuevo más deprisa, pero Alexa ya la tenía por los talones.
"Me tengo que librar de esta tipa… pero… ¿Cómo?"
De pronto, la pelirroja vio una botella de cristal vacía a un par de pasos de ella. Sonrió ladinamente y la tomó.
"¿Qué querrá hacer con esa botella?" Se preguntó la pelinegra, ya al borde del colapso por correr tanto.
— ¡Toma, un regalo! — Gritó la pelirroja, arrojando la botella detrás de ella y haciendo que se partiera en mil pedazos.
Alexa lo vio venir demasiado tarde. Sin poder hacer nada tropezó malamente, sujetándose la cara con las manos antes de caer.
Un grito desgarrador llegó a los oídos de la pelirroja, obligando a que se diera la vuelta.
Abrió los ojos, horrorizada.
No… ella no quería que le pasase eso a la niña… no tenía intención de hacerle tanto daño…
Se acercó asustada y se agachó ante tal charco de sangre.
— Oh… no…— Se lamentó— yo no quería… perdona…
Pero Alexa solo estaba concentrada en su propio dolor. Sintió que los pedazos de cristal se hincaban más y más en su piel desgarrándola completamente.
La pelirroja observó horrorizada el cuerpo de la chica; su vestido estaba roto y manchado de sangre, los trozos de cristal estaban perfectamente clavados y los dolorosos gemidos de Alexa hacían que en su interior creciera un sentimiento de culpabilidad.
Levantó la vista al escuchar pasos acelerados. Tres hombres venían corriendo hacia donde estaban ellas.
No tuvo más remedio que levantarse y salir corriendo de nuevo.
— ¡Miren! ¿Esa no es…?
— ¿Qué te ha pasado?
Alexa notó como unas manos se apoyaban en su hombro, y gritó.
— ¡Vayan a por ella!
Sus tres nakamas la miraron preocupados, pero volvió a gritar.
— ¡Vayan, sino mi esfuerzo habrá sido en vano!
Aunque fuera increíble la obedecieron, no por nada; es que tenía razón. Y además, no querían que el capitán los mandase a volar con su famoso cañón.
Salieron de allí, la pelirroja estaba bastante lejos y tenían que darse prisa. No se fueron sin dar un último vistazo a la niña.
No le pasaría nada malo, el pueblo estaba desierto.
La chiquilla se incorporó un poco y vio a sus nakamas correr detrás de la chica. "Bien" pensó.
Miró su cuerpo ensangrentado y giró la cara: era sensible a tanta sangre. Con lentitud dirigió su mano a la planta de sus pies y comenzó a quitar cristales, temblorosamente.
Le dolía más cuando se los quitaba que cuando se los clavó.
Siguió por su pierna y notó que tenía un cristal bastante grande en el muslo. Con los ojos cerrados se lo quitó; fue un gran error, la sangre comenzó a salir a borbotones.
Sintió que se mareaba, que se iba a morir si se quitaba un cristal más.
"Ojalá… ojalá alguien venga"
Pero sus deseos no fueron cumplidos. Siguió quitándose cristales hasta llegar al último, que estaba alojado al cuello.
— No… este no puedo… ya no más…— Murmuró derrotada.
Se levantó y notó como sus piernas bailaban y punzaban ante el dolor. Apretó los dientes con rudeza y fue andando hasta el edificio donde se encontraba su tripulación.
El capitán Buggy no podía dejar de pasearse por toda la azotea, nervioso. ¡Maldita sea! Ahora que había conseguido el mapa para llegar a Grand Line… todo se fue a la porra por culpa de una niñata y de un tío que no sabía guardar ni siquiera una llave.
Apretó los puños, frustrado y furioso.
Esperaba que esa niña y los otros nakamas atraparan rápidamente a la ladrona.
— Capitán… será mejor que se siente, le puede dar algo malo— le aconsejó Cabaji— ¿No quiere que le traiga un té para calmarlo? — Preguntó con su mejor tono de peloteo.
Buggy suspiró, mirando al cielo.
— Está bien, pero, ¡Rápido!
Cabaji fue rápido a preparárselo.
Acabó por sentarse en su sitio, pasearse por ahí bajo el sol no iba a arreglar nada. Miró como su tripulación comía y bebía; no entendían como podían estar tan jodidamente tranquilos.
Parecía que el sueño de conseguir fama y tesoros sólo le interesaban a él.
— ¿¡Todavía no vinieron esos cuatro!? — Preguntó, fastidiado.
— ¡No, capitán! — Exclamaron en respuesta. Buggy bufó.
Cabaji le trajo el té y se lo bebió de un trago. Lo que no tenía en cuenta es que estaba demasiado caliente.
— ¡Arg, quema, quema!
Una gota de sudor corrió por la sien del espadachín "Qué lelo" Pensó, mordiéndose la lengua para no reír.
Mohji, de mientras estaba sentado en la sombra, y había cogido el bolso de Alexa.
"¿Qué tendrá aquí?" Pensó, torciendo la boca. No estaba bien lo que hacía pero… bah, qué demonios, era un pirata.
Sacó un libró y lo ojeó. Se sorprendió al verlo, todas las páginas eran carteles de recompensa.
Miró a ver si la marina había decidido ponerle una recompensa… pero no. Lloró a cascaditas al no encontrar su cartel.
Metió la mano y rebuscó un poco más. Se asustó al ver que los ratones estaban ahí, como en un doble fondo que tenía el bolso. Se extrañó por algo.
"¿No tiene ropa?"
Dentro del bolso había una cremallera y la abrió. Con total solemnidad metió la mano y sacó… unas panties.
Un hilito de sangre salió de su nariz.
"Oh Dios mío, oh Dios mío…"
Devolvió la prenda a su bolsillo con un esfuerzo enorme. No quería ser un pervertido acosador desalmado…
— ¿¡Ya estás haciendo lo que no debes, Mohji!?
El mentado se asustó con tal grito, tirando el bolso al suelo por la impresión. Se enfadó al ver a Cabaji incordiando.
— ¿¡A qué viene ese grito, imbécil!?
— A que estabas tocando algo que no era tuyo— dijo señalando el bolso.
Mohji enmudeció y se cruzó de brazos, girando la cabeza.
Cabaji entornó sus ojos y se apoyó en la barandilla, cansado. Una oleada de viento hizo que su pelo se levantara, pero lo que encontró extraño fue que percibió un olor metalizado, como a sangre.
Rápidamente se giró y vio a una figura en el fondo con una estela de sangre detrás y, alarmado llamó a su capitán.
— ¡Capitán, Alexa ha regresado! — Gritó, llamando la atención de todos.
— ¿Quién es…? ¡Ah, la cría! ¿Trae el mapa? — Preguntó desde su asiento con una siniestra sonrisa.
Cabaji no sabía qué responder, solo la vio a ella cubierta de sangre.
Mohji se asomó y se quedó petrificado al ver toda la sangre que había por el camino.
— ¡Está herida! — gritó el domador— ¡Hay que ayudarla!
— ¡Está bien está bien! — apaciguó Buggy a Mohji— Que alguien vaya a por ella, ¡rápido!
Mohji fue el primero en salir de la azotea, seguido de algunos más. Rápidamente bajaron y vieron horrorizados lo destrozaba que estaba, apenas se podía mantener en pie.
— ¿Cómo seguirá viva? Tiene pinta de haber perdido mucha sangre. — Dijo un nakama, aparentemente preocupado.
Alexa que tenía la mirada gacha la alzó, mirando a sus nakamas.
— Por fin…— dijo con un fino hilo de voz— creí que no llegaría nunca…
Cayó bruscamente de rodillas. Mohji al verlo se dirigió a ella y la levantó en brazos.
— Tiene cristales clavados— informó a sus nakamas— y ha perdido bastante sangre… vamos al bar, tiene que atenderla un médico.
Mohji fue a paso ligero hacia la azotea seguido de los chicos, asustados por la sangre que seguía goteando de los pies de la chiquilla.
— Mohji…— Susurró ella. El nombrado la miró— me duele…
El domador se mordió el labio inferior con fuerza al notar que cada vez la vida de Alexa se desvanecía como un suspiro, más y más.
Subieron las escaleras hasta una de las habitaciones, pero la pelinegra objetó.
— Llévame con el capitán… por favor…
— ¿Qué? P-pero…
— Por favor…— Le pidió con los ojos llorosos. Mohji suspiró.
Los camaradas restantes subieron arriba para pedir un médico, pero se sorprendieron al ver a Mohji de nuevo con ella en brazos. Todos enmudecieron al ver el estado de esta.
Cabaji abrió los ojos, sorprendidos. La chica tenía aguante.
El capitán se alzó un poco de su asiento, mirándola. Abrió la boca asustado, tanta sangre no era normal; ¿y qué era eso brilloso que tenía clavado en su piel?
— Mi capitán…— Dijo Alexa bajando de los brazos de Mohji y acercándose a la carpa que cubría su asiento.
— ¿Y el mapa? — Preguntó, adivinando la respuesta.
Alexa se arrodilló, con los ojos fuertemente cerrados y mordiéndose los labios.
— ¡Perdóneme! — gritó— ¡Yo no he podido recuperarlo…!
Los demás sintieron pena por ella; nada más entrar y parecía que llevaban más tiempo que ella por la devoción que le dedicaba a Buggy.
El narizón se levantó, furioso. Se acercó a ella y quedó en frente.
Alexa alzó el rostro con solemnidad, esperando su castigo; y lo recibió.
Nadie dijo nada cuando vieron y escucharon el golpe; el capitán le había dado un golpe seco en la mejilla con su pie, haciendo que cayese al suelo y perdiera el conocimiento.
