Eliminé este capítulo y lo edité (se me pasaron algunos dedazos en el proceso). Lo siento mucho para quienes lo habían leído con anterioridad la verdad es que no tengo excusa para haber sido tan idiota y que se me pasaran tantas faltas ortográficas. Espero que ahora esté mejor y les pido una disculpa uwú ahora así, gracias por los comentarios, follows y favoritos me hace muy feliz que les guste este mini fanfics.
El nudo que se formó en la garganta de Pansy luego del obliviate, se extendió durante varios meses... Dieciocho específicamente.
Los primeros meses fueron los más difíciles de soportar ya que, ella solo consumía alguno que otro bocado solo cuando se encontraba en público, haciéndola cada vez más delgada y débil. Debajo de sus ojos se instaló la huella permanente del poco descanso que Pansy mantenía desde la puesta de sol que cambió su vida. Otro cambio físico y visible fue la semejanza de su quebradiza piel con la áspera de los reptiles, y sus labios eran el más claro signo de la pérdida de nutrientes que aquellos meses habían producido en Pansy Parkinson
Draco comenzó a preocuparse cuando la morena se desmayó en plena clase y fue llevada de inmediato a la enfermería.
— ¿Desde cuándo no duermes? — interrogó Draco cuando ella despertó al tercer día.
—No lo sé. Quizás desde que... La abandoné.
Él la miró en silencio. Y luego realizó un sonido ahogado con su lengua.
—Han pasado cuatro meses— Espetó frunciendo el entrecejo.
—Ya.
—Pansy... Te estás haciendo daño
—Ya.
—A ella no le gustará
—Ella solo me recuerda como la maldita que ha hecho su estadía en Hogwarts insoportable.
—Tarde o temprano tendrás que deshacer el hechizo
—Pero ese día no será pronto, Draco.
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La segunda recaída a enfermería la tubo al décimo mes de realizado el hechizo.
Hermione había visto de cerca el cambio físico de la serpiente y no era que a ella le importara, en absoluto. Era que le parecía curioso que aquella que siempre se esforzó en hacerla sentir inferior y que parecía que era en lo único que se desenvolvía de manera esplendorosa desviase su atención a quién-sabe-qué, pasando de ella como si no existiera.
Se encontraba en el gran comedor lideando con un distraído Harry Potter y un Ron Weasley hipertinético, cuando sucedió... se había prometido que cualquier cambio físico de la fémina -refiérase a Pansy- no sería, en absoluto, asunto suyo. Y falló estrepitosamente cuando ella se desmayó en el comedor y Malfoy junto a Zabini la llevó a enfermería.
Ella no supo porque, pero algo dentro suyo se removió inquieto cuando la vio en cámara lenta, estrellarse contra el piso.
Fue aún más curioso cuando aquella noche algo en su mente maquinó algunas tantas imágenes... inadecuadas.
El aula en la que se encontraba dejaba apenas espacio para que los rayos anaranjados del sol dibujasen bellos contrastes en la piel blanca de la mujer que se encontraba junto a ella, Hermione la observó y poco a poco una leve sonrisa depredadora se dibujó en el rostro de ella.
Sus labios en pocos segundos se vieron atrapados en los de ella y sin permiso una mano se movió a su corto cabello atrayéndola hacia sí. Deborándola. La traviesa mano de la morena se deslizó por su pecho y atrapó su pesón... masajéandolo.
Gimió. Aún dentro de la boca contraria. Ella bajó sus labios por la piel de la fémina, dejó suaves besos en la piel llana de su cuello.
—Uhm — murmuró en el momento exacto que una traviesa lengua se deslizó por su pecho izquierdo —Así. Sigue así.
Hermione se rio. Y su otra mano se dirigió a otra zona erógena de su cuerpo.
La morena chilló cuando aquellos dedos se movieron con delicadeza por sus bajos labios.
—Mione — Jadeó. Sus ojos se encontraban cerrados fuertemente y su boca formaba una perfecta "O". Aquella era la muestra más fiel del placer que sufría el femenino cuerpo contrario.
Su espalda se arqueó cuando uno de los dedos que anteriormente se meneaban por su puente se deslizase con fiereza hasta su entrada y sin previo aviso este entró.
—Joder. Oh, joder Mione— espetó cuando el mismo dígito salió de su cavidad y con aún más rudeza se volvió a acoplar en su interior
Pasaron unos segundo para que un segundos dedo ensalivado se uniese a la danza que el su anterior compañero mantenía en el interior de la morena.
—Fóllame más duro, Mione. Quiero sentirte hasta el fondo.
Y Hermione lo hizo.
—Eso fue increíble, Granger.
—Hace unos segundos era "Mione"— comentó alegremente con una sonrisa.
—Lo eras.
— ¿Entonces? — cuestionó sin borrar su sonrisa.
—Fuera de estas paredes eres Granger. Recuérdalo. — Ella asintió. Obviamente lo sabía. —Pero... — siguió hablando —Sabes que aún cuando trás esa puerta seamos lo que ellos esperan, yo te seguiré amando. Te amaré hasta el día que el sol se apague, Mione.
Y ella se sintió amada. Pero, amada de verdad porque sabía que si algún día el sol dejase de existir e inevitablemente se apague, ella ya estaría muerta para entonces, y ella seguiría amándola aún cuando su cara estuviese arrugada y sus labios apenas pudiesen maquinar un par de sílabas coherentes.
Aún así el amor infinito y sofocante que la otra le profesó durante tanto tiempo pudo evitar aquella separación.
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Cuando ella despertó a la mañana siguiente su rostro mantenía un fuerte sonrojo y cuando Harry le preguntó que le pasaba un atropellado "Nada. Nada" surgió de sus pálidos labios.
El frunció el ceño. Sin embargo, no la interrogó.
Cuando cruzaron la puerta del gran comedor, la mirada indiscreta de la castaña se posó sobre la mesa de los Slytherins y para su, desgracia o fortuna, Pansy sí se hallaba ahí y junto a ella Malfoy.
— ¿Que hace Malfoy tan cerca de Pan...Parkinson? — murmuró bajito.
Harry, quién había sido el único que la oyó, le sonrió. Él ya tenía las sospechas de la fortuita relación que mantenía su amiga con la slytherin y cuando, quiso indagar aún más al respecto ella, le había borrado la memoria y en medio de su "investigación" se enteró también de la razón por la cual Draco había dado por finalizado lo que ambos tenían.
—Solo la ayuda a comer. Además... ¿En qué te afecta a ti?
La castaña, nuevamente, se sonrojó y murmuró "En nada" y se sentó.
Para sorpresa de Harry -y secretamente- la de Draco también -el que había estado pendiente de la escena entre su "ex" y la ex de su amiga- ella tomó uno de los asientos vacíos que daba directo a Pansy.
Secretamente en su fuero interno se juró que ella también cuidaría que Parkinson. No, Pansy. Tuviese una buena salud.
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Rápidamente transcurrieron ocho meses más. Y en un abrir y cerrar de ojos la guerra estaba por llegar a su fin.
Ella, junto a Ron, habían acompañado a Harry en su búsqueda de los preciados objetos que le facilitaría la victoria al bando de la luz. Extrañamente cuando Ronald los abandonó a ella no le afectó tanto como creía que lo haría.
La búsqueda de aquellos objetos no fue fácil ni menos accidentada. Fueron prisioneros y fugitivos también. Y para ella salir con vida de la Mansión Malfoy, fue algo sorprendente.
Sin embargo, un hecho aún más sorprendente que aquel, fue su aventura en el lomo de un dragón albino. Y su sorpresa continuó cuando llegaron a Hogwarts y sus ojos intentaron encontrarse con los de Pansy por una razón aún desconocida para su curioso cerebro.
Durante la noche el trío se vio en la obligación de separarse, ella fue junto a Ronald. Cuando finalizó aquella larga misión él la miró con un brillo peculiar en sus ojos azules. Y antes de que Hermione pudiese retroceder, él la besó con ambrosía.
A ella no le gustó su beso. Sus labios eran demasiado ásperos y rudos y ella, ciertamente, prefería unos labios suaves y delicados.
Fue en un abrir y cerrar de ojos que la guerra finalmente llegó a su fin.
Harry les sonrió. Y Hermione supo que los tiempos que venían eran mejores.
Ron nuevamente la besó y para ella aquel segundo beso no fue mejor que el anterior. Hermione odió ambos besos por igual. Y aun así, contrario a lo que su corazón le dictó ella se lanzó como posesa a los ásperos labios del pelirrojo.
Lo que Hermione no sabía era que un par de ojos observaban la escena con dolor. La dueña de aquellos ojos sintió un amigable apretón en su hombro y volteó lentamente encontrándose con unos irises verdes que la observaban compasivos.
—Ella no sabe lo que hace, Parkinson. Suele realizar con frecuencia lo que le dicta su cerebro y no su corazón. Tienes que tenerle paciencia.
—Lo sé. Pero, se ve feliz.
— ¿La amas?
—Hasta el día que el sol se apague.
—Entonces ve y recupérala, Parkinson.
Y ella se prometió a si misma que lo haría.
