Secreto de mamodo: Vocaloid

-Perdóname Folgore...perdóname.

El pobrecito Kanchome lloriqueaba como un desconsolado mientras insertaba en el DVD el disco que le habían grabado hace apenas una hora. Aunque evidentemente a escondidas de su compañero y haciéndole prometer al hombre que se lo grabó y que formaba parte del elenco de técnicos que arreglaban todo el cotarro artístico del cantante y actor, que guardaría silencio. Enchufó el televisor y esperó a que el disquete se cargase. Ahora que Folgore estaba ensayando tenía tiempo.

Una vez estuvo cargado, el niño pato dio al play y sonó una alegre musiquilla. En la pantalla empezó a verse lo que era un videoclip. A Kanchome le brillaron los ojos y subió el volumen.

Era un secreto, bueno no era inconfesable, pero dado el grado de adoración en el que Kanchome tenía puesto a Folgore prefirió no hacerlo público, pues el niño estaba seguro de que el hombre rubio se sentiría traicionado. Pero dejando a un lado eso ahora...

-BAKA BAKA BAKA

naniga kokomade anata wo ugokasu no?

michi naru sekai e tobi tatsu kibou nose

Kanchome cantaba y bailaba por toda la sala , que en realidad era el camerino de Folgore, acompañando la alegre música de su vicio secreto: Vocaloid. O para ser más exactos, las adorables chicas Vocaloid, como la preciosa Miku, la adorable Rin, o incluso Teto, etc... Y es que desde que descubrió a todo el elenco de cantantes que componían esta singular producción, Kanchome no pudo parar de escuchar sus canciones. Ya se sabía prácticamente todas y si no fuera porque quería llevarlo con disimulo probablemente ya tendría figuras, pósters, cojines, etc...

Los pocos que sabían de su afición en muchas ocasiones ya le habían dicho que Folgore no se pondría celoso ni se sentiría defraudado pues, a fin de cuentas, los Vocaloid no eran más que programas sintetizadores de voz para los que creaban un personaje.

-¡No hables así de ellas! ¡Algo tan bonito tiene que ser real!—terminaba siempre por protestar y lloriquear.

Pero eso ahora no importaba, todo lo que importaba era disfrutar al máximo del valioso tiempo que, sin saberlo, Folgore le concedía yéndose a hacer su trabajo. Aunque ya de un tiempo a esta parte el italiano estaba bastante extrañado con la actitud de su bambino de no querer ir a verle ensayar como hacía siempre.

-Bambino mio, ¿seguro que no quieres venir a verme?

-Naa Folgore, ve tú tranquilo. Es que...es que...—medita, pensando qué excusa poner—¡es que Zatch me dijo que para ser fuerte hay que meditar mucho para darle fuerza a tus conjuros! ¡y claro para meditar tengo que estar solo!

-Oh ¿Zatch?, está bien. D'acordo caro bambino, ve a meditar para que nos hagamos más fuertes.—exclamó jovial el hombre levantando un pulgar.

-¡Sí señor!

La explicación hubo sido un tanto rebuscada y al niño pato no le agradaba mentirle a su compañero, pero por sus adorables chicas lo que fuera. Una canción dio paso a una y luego otra y otra más, y mientras Folgore ya había terminado con su sesión de hoy.

-Me pregunto que estará haciendo mi bambino, iré a buscarlo tanta meditazione no harán bien a su pobre pico de patito.

Y dicho esto se encaminó a su camerino. El DVD terminó de reproducirse y Kanchome puso otro, y justo cuando la primera canción empezaba a sonar...

Tap...tap...tap...

Pasos. Las finas orejas del mamodo captaron el ruido de unos pasos aproximándose cada vez más al camerino. Poniendo cara de horror ante la cercanía, se lanzó corriendo a apagar la prueba de su "crimen".

Todo aconteció en cámara lenta. Folgore llegó a la puerta. Kanchome pulsaba botones como un loco. Folgore agarró el tirador. Kanchome se desesperaba pues el disco no salía. Folgore tiró hacia abajo del tirador. A Kanchome se le saltaron las lágrimas. Folgore empezó a abrir la puerta. Y Kanchome tiró por la ventana el DVD arrastrando consigo el televisor.

Crash. El estruendo hizo que el italiano diese un brinco.

Bambino mio! ¡¿Qué es todo ese jaleo? ¡¿Que pasó aquí?

El mamodo respiraba con ansiedad y miraba por la ventana rota.

-Na..nada Folgore. ¡Que funciona! ¡La meditación funciona y en un arrebato me he descontrolado y...y he tenido que tirar la tele!

-¿Arrebato? ¿La tele?

-¡Sí! ¡P-p-porque interfería con mis ondas mentales!—terminó de decir, y cuando Folgore fue a asomarse por lo que quedaba de ventana él dio una ligera patada a la caratula vacía que había en el suelo, escondiéndola debajo del tocador.

-Ay bambino, no me des estos sustos. Que últimamente estás de un strano que no veas. Bueno, alguien vendrá a limpiar y reparar esto. ¿Te apetece salir a comer?

-¡Sí! ¡Y a comprar dulces!

El italiano sonrió y salió junto al mamodo del edificio, algo camuflado para evitar a sus numerosas fans, cosa que al final no consiguió.

-¡Tranquilas piccolas mías! ¡que hay Folgore de sobra para todas!

Kanchome sonrió mientras lamía su helado de turrón ¿cómo no iba a guardar en secreto que adoraba a alguien más que a Folgore? Con todo lo que él hacía por los dos. Era un secreto inocente, pero secreto a fin de cuentas.

Lo que sí tendría que ver era el modo de que algún técnico le grabase un nuevo disquete y que Folgore le dejase volver a "meditar" en el camerino.