CAPITULO 3. Atardecer.
Simba siguió a su padre, ambos atravesaron las dos piedras; usando la lógica, era de suponer que nada cambiaría, la sábana africana continuaría siendo como siempre, y Simba se llevaría una desilusión por que su padre le habría engañado con respecto a los mughucks…
Pero como ustedes y yo sabemos, el rey Mufasa nunca le ha mentido a su hijo. Las tierras de África están llenas de magia y una puerta siempre da a algún lado.
Yo no veo nada- se quejo Simba arrugando su nariz.
De pronto guardo silencio, la luz del sol empezaba a volverse más clara, la tarde llegaba, y frente a su padre que se había detenido ya no estaban los pastizales, ahora todo era de un verde esmeralda, ¿cómo puedo darles una idea del color? ¡Ya sé!, como cuando Simba canta "quiero ya ser un rey", los árboles eran de raros colores, y el aroma era delicioso, ya no era solo hierba y tierra; ahora era un aroma muy interesante que recordaba los olores de los dulces, los caramelos y las frutas.
Simba no cabía en su asombro, el rey Mufasa le sonreía abiertamente; parecía como si la hierba hubiera sido pintada, las rocas eran de colores tan variados como los tiene el arco iris, los árboles habían aumentado en número en consideración con los que había antes de cruzar las dos piedras.
Simba continuaba con su boquita abierta, mientras el rey Mufasa, camino con paso majestuoso hacia un tronco de madera de color morado que descansaba entre dos piedras de color rosa encendido.
Ven Simba, es tu turno de llamar a los mughucks- le dijo el rey a su hijo invitándolo a acercarse junto a él.
Simba no espero a que le invitasen dos veces, en dos saltitos estuvo junto a su padre con una mirada atenta a lo que pudiera pasar, ¿Cómo llegarían los mughucks? Ya sabía que no nadaban y no volaban; pero, la pregunta seguía llenándolo de curiosidad.
Simba- le dijo su padre al ver los ojos muy abiertos de su cachorro- primero debes soplar por este cuerno- le dijo mientras lo subía con su pata derecha a una piedra rosa para que alcanzara la parte superior del tronco; una vez que su cachorro estuvo arriba continuo- ahora debes soplar muy fuerte, con todo el aire que tengas, para que te escuchen. Ellos son muy tímidos hijo mío, y si no ganas su confianza desde este momento no vendrá nunca hacia ti.
Simba se sintió muy importante en esos momentos, era una prueba que superar para que su padre estuviera orgulloso –eso, y que realmente quería ver de una vez por todas que eran los mughucks; como imagino ustedes también lo esperan- no había tiempo que perder, reunió todo el aire que tenía, a la cuenta de tres soplaría, uno…-¿Cómo serían?...dos…-¿y si no les agradaba?...tres…-ya no había vuelta atrás.
Simba solto el aire, haciendo que el tronco retumbara con un extraño sonido; un sonido como un "plouggggggggggggg" demasiado largo, tan largo que sus oídos se taparon por el sonido.
Mufasa sonreía muy contento, su hijo estaba muy emocionado, al parecer no se había equivocado en que esto sería muy interesante para su pequeño cachorro. Simba bajo de la piedra rosa, mientras el color del cielo estaba en unas tonalidades naranjas y rosadas.
¿lo hice bien, papá?- le pregunto Simba a su padre meneando su cola, buscando su aprobación.
Por supuesto hijo, nadie lo hubiera hecho mejor que tú- le dijo el rey, alborotando el pelaje de la cabeza de su hijo- ahora solamente debemos esperar un poco, y en unos momentos llegarán.
Espero no tarden…- dijo Simba sentándose al lado de su padre.
De pronto se escucharon ligeros ruidos en la hierba, al igual que en algunos de los árboles que estaban a su alrededor, Simba estaba muy emocionado ¿Qué serían los mughucks? La pregunta que rondaba su cabeza desde hacia muchas horas, sería contestada por fin, de pronto sintió que estaba sentado encima de "algo" ¡Miau! Grito el pobre muy sorprendido, algo había agarrado su cola. ¿agarrado su cola? ¿Cómo podía ser, si él no había visto a nadie?
Busco consuelo en su padre, pero para aumentar su sorpresa, este le sonreía complácido.
Felicidades hijo mío- le dijo levantándose- te has ganado su confianza… Simba como mi hijo y futuro rey, saluda a los mughucks…
Simba no podía creer lo que veía, su padre estaba de pie, la hierba cubría muy sus patas, pero en esa pequeña altura de hierba había muchos ojitos brillantes observándolo con curiosidad entre la hierba provocando que se moviera constantemente.
Los ojitos eran de colores muy brillantes, amarillos, verdes, azules, Simba creyó ver hasta unos pares de ojos rosas y morados, como las flores que salían en primavera. Se acercó olfateando la hierba unos sonidos como de risitas de niños se escucharon, de pronto Simba sintió que algo le tocaba la nariz, no pudo reprimir un ligero gritito de miedo, pero al estar ahí su padre entendió que no había peligro.
La cosita que había tocado la nariz de Simba asomo una pequeña manita peluda de cuatro dedos, como las de los changos o monos que Simba escuchaba entre los árboles cerca del manantial; pero, al contrario de esas, estas eran muy pequeñas, tanto que Simba pensó que se necesitarían unas dos para tocar toda su nariz.
El mughuck, pues se trataba de uno alzo la manita peluda una vez más, Simba se acerco y dejo que esta acariciara su nariz, el tacto era muy suave, como frotar la nariz con una flor que parece que sus pétalos están hechos de terciopelo. Era muy calientita, como cuando Sarabi lo abrazaba entre sus patas para que no pasara frío en las noches de la época de lluvias.
El mughuck se dio cuenta de que no había peligro con ese invitado, ya que solo sus invitados conocían de su existencia y del tronco para llamarlos. Una vez decidido asomo su cabeza. ¡Y que cabeza! Era muy pequeña, toda peluda de un color café capuchino, tenía unas orejas puntiagudas como las de los gatitos pero eran de color blanco, y su interior de color rosa de la cual salían unos cuantos pelos del color del pelaje de la cabeza del mughuck; sus ojos eran muy brillantes como algunos escarabajos que Simba había visto con Nala, su nariz era pequeña y parecía estar húmeda, parecía la nariz bulbosa de un osito.
Simba estaba muy interesado en tan extraña criatura, al principio pensó que era un monito bebé o alguna cría de otro tipo de monos que no conocía, pero, los mughucks no estan emparentados con los monos, porque tienen una cola peluga larga, que tiene decorados como anillos; como los lémures, pero no son lémures porque ellos no saltan de lado, como ellos. Además de que en comparación a su tamaño la cola mide el tamaño de dos mughucks; su cuerpecito es rechoncho y sus patas son cortitas al igual que sus brazos, en las patas también tienen cuatro dedos y no tienen garras.
¿Qué opinas de los mughucks, hijo?- le pregunto el rey Mufasa a Simba, mientras muchos más mughuck salían de entre la hierba mostrando diferentes colores en el pelaje, y diferentes diseños en las colas.
Son geniales papá- dijo Simba mientras unos dos o tres mughucks lo señalaban como si miraran a un dios (porque por el tamaño y presencia y eso que Simba era un cachorro; eso les parecía)- ¿no hablan?
Se comunican por gruñidos y sonidos; pero todos parecen risas o sonidos de bebé- le contesto el rey Mufasa mientras levantaba a dos mughucks con su pata derecha- yo creo que son tiernos; además cuando los encontré cuando era niño y en ese momento me sentía triste, pensé que eran una gran compañía, aun vengo en ocasiones, o venía antes de que tu nacieras a visitarlos- continuaba contando el rey Mufasa mientras los mughucks bailaban a su alrededor- ¡Casi lo olvido!, Simba ruge para ellos.
Pero papá- dijo Simba un poco apenado- mi rugidito-(como lo llamaba el tío Scar)- no les va a gustar, suena feo.
Vamos Simba, ya verás lo que pasa cuando rujas- le dijo su padre dándole ánimos.
Oh, esta bien- dijo un apenado Simba, que reuniendo aire soltó un rugido parecido a un "Murgiauh! Ó algo intermedio entre un ronroneo y cuando te atragantas al tomar agua.
Los mughucks no lo vieron como algo tonto, apenas Simba dio su rugidito, los mughucks comenzaron a bailar más ánimados ahora a su alrededor, era como si el rey Mufasa ya no les interesara, Simba era la estrella que ahora todos los mughucks querían ver.
Simba no entendía que era lo que estaba pasando pero disfruto que los mughucks se emocionarán tanto con algo tan simple.
Eso mismo paso, la primera vez que vine- le dijo el rey Mufasa abriéndose camino entre los mughucks con cuidado para no pisarlos- les rugí como tú lo hiciste para que se alejarán, ya que me habían rodeado pero en lugar de eso comenzaron a tratarme como su rey.
Y tenía razón el rey Mufasa, ya que los mughucks sin saber Simba de donde, les estaban ofreciendo mucha fruta, nueces, moras, y demás que pudiera comer un mughuck hasta insectos les ofrecieron; en ese momento Simba los rechazo (con el pasar del tiempo, claro que los aceptaría con gusto)
A los mughucks les asustan las leonas, lo he comprobado, una vez les intente hacer entender por señas que si podía traer a tu madre conmigo para que los viera, ya que al ser peludos, supongo que las leonas se sentirán felices de verlos; pero, ellos se negaron diciéndome por señas (o eso creo que entendí) que ellas no, porque su rugido es muy fuerte- dijo el rey negando con la cabeza cuando un mughuck le ofreció una toronja.
Papá, pero las leonas no rugen tan fuerte como los leones- dijo el pequeño Simba confundido.
Lo sé, pero yo nunca he rugido, desde que me creció la melena frente a ellos- dijo el rey guiñándole un ojo a su hijo- no quiero que se asusten y no vuelva a verlos, en ocasiones Simba, uno deja un poco de largo sus obligaciones como rey, y se da pequeños respiros, yo prefiero después de un largo día de "Me reporto majestad, con el informe matutino" de Zazu, venir y verlos; los mughucks son tan sencillos y armoniosos que me hacen distraerme al menos por unos momentos de tanta presión.
Pero, papá yo nunca he visto que no estés al pendiente de los asuntos del reino- dijo Simba mientras los mughucks señalaban sus orejas y las del príncipe.
Porque lo hago en ciertas noches, cuando tu ya estas dormido- le dijo el rey mientras los mughucks estaban muy entretenidos entre la melena del rey.
Los colores de la tarde se fueron apagando, Simba pensó que ahora que ya era de noche su padre en cualquier momento le diría que regresaran, pero para su felicidad, cuando todo se puso oscuro, los mughucks empezaron a traer atrapadas entre sus manos una enorme cantidad de luciérnagas que al ser liberadas llenaron todo el lugar con su luz.
¿Por qué no había visto este lugar, cuando juego con Nala?- le pregunto el cachorro a su padre.
Porque Nala y tú, no habían sido invitados hijo- le dijo su padre- ahora yo te invite, y los mughucks dejaran que los visites cuando tu quieras.
¿Y si invito a Nala y le digo que no ruja?- le pregunto Simba mientras los mughucks seguían bailando a su alrededor y entonando lo que parecía una canción.
Bueno, inténtalo si quieres, pero me gustaría que esto quedara como algo entre tú y yo- le dijo el rey.
¡Guau, un secreto padre e hijo!- dijo muy emocionado Simba- ¡Sí!, este será nuestro secreto, me voy a portar muy bien todos los días, y cuando Zazú no este, tú y yo vamos a venir a jugar, iremos a comer con Jwahir, y todo el día será nuestro.
Los planes del pequeño Simba eran cada vez más imaginativos, hasta sugirió que trajeran un cocodrilo para que los mughucks lo conocieran; afortunadamente su padre no expreso mucho interés al respecto y el pequeño decidió no invitar al cocodrilo.
La noche brillaba con las luciérnagas y con las estrellas que despertaban en el cielo. Simba comenzó a sentir mucho sueño, estaba cansado, y los mughucks parecían no cansarse nunca, Mufasa noto que su pequeño cachorro ya quería dormirse, y pensó que Sarabi ya había estado mucho tiempo sola, aunque no lo quisiera el rey seguía pensando en sus obligaciones como monarca, pero no por eso había descuidado a su hijo en este mágico día para él, como su padre lo había hecho con un pequeño Mufasa hacía ya mucho tiempo.
Es momento de irnos Simba, despídete de los mughucks, es hora de regresar- dijo el rey mientras se ponía de pie.
Simba estaba ya muy adormilado, y solo alcanzaba a decir un "adios mughucks, mañana nos vemos para jugar" o frases semejantes. Un mughuck, el primero que había visto se acerco a él cuando estaban a punto de partir y le entrego una extraña piedra, era redonda como si estuviera formada por tres círculos a forma de cabeza de osito, Simba la acepto pero no sabía donde guardarla; el mughuck lo vio y la puso en la cabeza de Simba, el pequeño la acepto para no ser descortés pero se dio cuenta que al primer paso se le perdería.
Gracias, amiguito- le dijo Simba mientras lo abrazaba con su garra derecha- no sé tu nombre; pero, te pongo uno nuevo, ahora yo te llamaré Mucky.
El pequeño mughuck salto muy emocionado y Simba vio como los demás mughucks lo miraban con respeto, como si solo por ser abrazado por Simba ahora fuera más importante.
Listo Simba, es momento de partir- le dijo su padre.
Simba se despidió una vez más de sus nuevos amigos, mientras Mucky le decía adios con su pequeña mano peluda, cuando Simba cruzo una vez más por las dos rocas a manera de puerta y volteo hacia atrás, la sábana estaba como siempre, no había rastro de los mughucks, agito su cabeza para sentir la piedra que Mucky le había dado pero, como imagino la había perdido, no por eso el príncipe se sintió triste, estaba muy contento por todo lo que su padre le había enseñado, Mufasa lo coloco en su espalda y reanudaron su marcha de nuevo hacia la roca del rey, Simba se mecía en la espalda de su padre y sin darse cuenta se quedo profundamente dormido.
Ya estaba avanzada la noche cuando regresaron, Sarabi les esperaba afuera, al verlos llegar los recibió afectuosamente, ambos padres acostaron a Simba para después irse también ellos a descansar.
Una vez más el sol asomaba su faz en las tierras del reino de los leones, Simba no se había levantado temprano, de un salto Nala lo despertó para que fueran a jugar.
Oye, porque no estuviste ayer, te escapaste para no tomar tu baño- le pregunto la pequeña leoncita mientras Simba se desesperezaba.
Estaba con papá- dijo Simba- y es un secreto, no puedo contarte.
Eres muy malo- dijo Nala fingiendo enojarse- oye ¿qué es eso?
Nala señalo algo que estaba junto a Simba una piedra que nunca había visto, como una cabeza de osito. Simba sonrió para sí mismo, no había sido un sueño, si había visto a un mughuck.
Es de un amigo- dijo Simba- un amigo me lo dio.
¿Y como se llama tu amigo?- le pregunto Nala- ¿señor imaginario?
No, se llama Mucky- dijo Simba levantándose para ir al abrevadero a tomar agua.
Simba salió a jugar con Nala como siempre, el rey Mufasa observaba todo desde la cima de la roca del rey, contento de haber pasado un gran día con su hijo. Un día que Simba siempre recordaría como "un día con papá".
Fin.
