DISCLOSURE

······ARTHUR······

Arthur estuvo con Gwen y el bebé durante diez minutos exactos después que Gaius completara el examen de Gwen y la niña, y antes de dejar al par descansar.

Después de que Gaius se fuera, en seguida fue bastante evidente que Gwen no tenía nada que decirle –y no estaba nada dispuesta a apartar a la niña, eligiendo descansar con esa preciosidad en sus brazos.

Gwen cayó dormida casi inmediatamente, y Arthur quería quedarse… pero el instinto le decía que tenía una misión; necesitaba llegar al fondo de esto. Leah le prometió que se quedaría y vigilaría a Gwen, y le confió el cuidar de ambas.

Fue directo a los aposentos de Gaius, y no le sorprendió encontrarlo con Merlin en la mesa, no hablando. Esperando por él.

Merlin levantó la cabeza de sus brazos y miró a Arthur mientras entraba. Había estado llorando, y Arthur supuso que sus propios ojos no estarían menos rojos. Merlin le ofreció una débil mueca la cual suponía quería ser una sonrisa, Arthur no estaba seguro. Estaba tan cansado.

"No ha querido hablar hasta que llegaras," dijo Merlin, indicando a Gaius, y Arthur oyó lo exhausto que estaba también en su voz. Arthur simplemente asintió, jalando una silla y sentándose junto a Merlin, de cara a Gaius. Su pierna tocaba la de Merlin, pero ninguno se apartó. No parecía importante, justo ahora, y ambos podrían usarlo como confort.

Gaius, mientras tanto, observaba simplemente a los dos hombres frente a él con una ceja levantada. Pero no lucía enfadado. Arthur se dio cuenta en ese momento que Gaius probablemente se había estado preparando para este momento, figurándose la verdad mucho antes que ellos.

"El bebé no es de Gwen," manifestó Arthur, sintiendo la necesidad de acabar con el prolongado silencio, pues parecía que Gaius no iba a hacerlo.

Nadie objetó ante ello, ni parecieron sorprendidos. Y lo más extraño era que Arthur no estaba seguro de haberse sorprendido tampoco. Sí, cuando el bebé emergió, rosa y rubio y chillando, Arthur se había quedado shockeado… pero no sorprendido.

Y estaba bastante seguro que fuera lo que fuera lo que dijera Gaius ahora no lo sorprendería realmente, tampoco.

"No, Sire, no es de ella," dijo Gaius.

"¿Pero es mio?" preguntó Arthur, aunque ya lo sabía. Sintió a Merlin inquieto a su lado, y resistió la urgencia de tomar su mano.

"Lo es, Sire."

Arthur tomó aire profundamente. Tenía otra pregunta, pero mirando a Merlin, no podía preguntar. No lo haría.

Para su sorpresa, Merlin habló en su lugar. "Todo esto es mi culpa."

La mirada de Gaius se suavizó y miró a su antiguo aprendiz, quien estaba perdido en la taza de frío té que tenía en las manos. "Bueno, sí, Merlin, de alguna forma lo es," dijo Gaius, el borde de su boca tembló. Merlin hizo una mueca de dolor. "Pero no mereces la culpa de esto. El ritual funcionó como se esperaba que lo hiciera. No hiciste nada mal."

Merlin abrió los ojos con sorpresa, y un perplejo Arthur también. "¿Qué quieres decir?"

Gaius suspiró. "Las antiguas palabras del ritual hablan del más verdadero de los amores, de ese tipo que une a las almas en carne viva para toda la eternidad," dijo, sonando como si tuviera el gran dolor de ser paciente con ellos. Por una esquina de su ojo Arthur vio a Merlin asentir; ellos ya sabían esto. "Puede, como has experimentado, ser usado para crear vida donde de otra forma no podría existir. Pero como sabes, Merlin, sólo ha sido usado un puñado de veces a lo largo de la historia. ¿Por qué crees que es esto?"

Arthur giró la cabeza, honestamente curioso por la respuesta de Merlin. Pareciendo darse cuenta de que él era de repente el centro de la conversación, las mejillas de Merlin enrojecieron. "Porque la magia sólo funcionaría en la presencia de un amor demasiado fuerte, tan completo entre dos personas, que incluso trascendería los límites de la vida mortal. Y ese tipo de amor es raro, obviamente, pero yo pensé…" se fue apagando, sus ojos parpadeando hacia Arthur pero no lo suficiente como para encontrar su mirada.

Gaius asintió alentándolo, y su voz fue desprovista de amabilidad cuando dijo, "Tú, por supuesto, creías que el amor entre tu rey y su reina sería lo suficientemente fuerte para este hechizo. Pero por mucho que Arthur y Guinevere se quieran, yo ya sabía que la naturaleza de su amor no sería lo suficientemente fuerte para este tipo de magia. Y podría habértelo dicho, si me lo hubieras consultado antes de realizar el ritual." Le reprochó Gaius con las cejas directamente hacia ellos.

Arthur abrió la boca, sintiendo que debería protestar ante las dudas de Gaius por su afecto a Guinevere, pero sabía que el viejo doctor no había terminado todavía.

"Pero el hechizo funcionó," susurró Merlin a su lado, sonando tan roto y confuso como Arthur se sentía.

Gaius asintió. "De hecho lo hizo. La evidencia vive y respira en los brazos de la reina en este mismo momento. Pero como vosotros podéis plenamente ver," dirigió la siguiente parte a Arthur, "esta niña no fue creada con el amor que compartís vos y Guinevere, Sire."

A la izquierda de Arthur, Merlin dejo ir un pequeño jadeo cuando finalmente la verdad se expuso totalmente desnuda ante él inevitablemente.

"No lo entiendo," dijo Arthur sin expresión, aunque estaba bastante seguro de hacerlo.

Gaius suspiró otra vez, pareciendo consciente del inicio de la comprensión de Arthur pero eligiendo satisfacer a su rey. "El hechizo necesitaba de un vínculo puro y completamente consumiente entre dos personas que se amaban mutuamente para crear al bebé, y un capaz y dispuesto cuerpo femenino para mantenerlo. Y aparentemente, esos dos elementos no tenían que estar directamente conectados." Se encogió de hombros. "Yo no podría haber predicho esa parte, por supuesto; dudo que ningún mago hubiera estado en posición de descubrir esto antes."

Arthur tosió, deseando realmente que Gaius dejara de mirarle con tanta intensidad. Y estaba bastante seguro que Merlin se sentía igual, como si sus secretos construidos cuidadosamente estuvieran siendo mostrados meticulosamente.

Ignorando su obvia incomodidad, Gaius continuó. "Guinevere quería un hijo, tu hijo, y la magia reconoció su deseo y se lo concedió. Pero el amor que creó la vida en su interior no era su propio amor, sino más bien… el amor que tú compartes con Merlin." El tono del médico era pesado, sin nada de burla o sorpresa; claramente él lo había visto antes que ellos, ciegos como habían estado con el sentimiento de poder e invencibilidad produciendo un niño de la forma en que lo hicieron.

Arthur sólo miraba hacia delante, no viendo más a Gaius, ni reconociendo la presencia de Merlin a su lado hasta que sintió la propia confusión y conflicto radiar de él.

El amor de Merlin y él había creado un niño. Quizás hubo una vez, en que esa noción habría hecho a Arthur manar su incredulidad, con una risa burlona –y quizás se habría dado cuenta de repente de que era realmente lo que estaba sintiendo, incluso entonces –pero ahora, Arthur no sentía nada más de la profunda certeza de por supuesto. Por supuesto.

Por mucho que una parte de él esperaba que hubiese sido diferente, ¿él no lo había sabido de algún modo durante todo este tiempo, desde el mismo momento que sintió la vida entrar en su esposa, esa noche sosteniendo las manos de Merlin y Gwen? Sintió la nueva vida formarse, vio los hilos rojos y dorados empezar a entretejerse ante sus ojos, y lo habían llenado con tales consumientes y arrolladores sentimientos de hogar y siempre que él nunca, nunca había asociado con Gwen.

Era demasiado. Sin otra palabra, Arthur se levantó de la silla, girando sobre sus talones y se fue como una tormenta de la habitación, incapaz de soportar el poder de sus propias emociones en ese momento. Necesitaba ir a practicar con la espada y un muñeco de paja jodidamente ya.

······GUINEVERE······

Gwen estaba tarareando una vieja nana que su padre solía cantarle cuando era una niña.

Estaba inclinada sobre la cuna, observando a su hija de tres días, que dormía plácidamente bajo la miríada de estrellas y planetas que giraban sobre ella en un tranquilo círculo.

Los tapices estabas tranquilos, en escenas nocturnas. Un búho ululaba suavemente y movía un poco las alas, situado en una rama frente al árbol más cercano, ojos amarillos brillando solemnemente en la oscuridad mientras las luces del lejano castillo brillaban constantemente contra el centelleo de las estrellas.

Una pequeña parte de Gwen quería llorar. Los tapices, los planetas flotantes, las malditas cortinas amarillas. Quería coger a su niña, sacarla de la dorada cuna y las caras telas, y alejarla de ese desgraciado reino todo lo posible.

No lo haría, por supuesto. Primero, porque ella nunca conseguiría salir del castillo. Y aunque pudiera, sería demasiado mezquino llevarse a la niña lejos de sus verdaderos padres.

Por los últimos nueve meses, Guinevere había llevado en su vientre un niño que no era de ella. Creado por un hechizo, su cuerpo había sido invadido por un elemento extraño, y ella había cuidado a esta niña en ese tiempo pensando que era suya. La impactante realidad de todo esto era paralizante.

Y aun pese a todo esto… mirando a la niñita, cogiéndola en brazos, alimentándola, Gwen no podía sentir nada más que amor. Ella quería un hijo, y ahora lo tenía. Estaba dichosamente feliz, perdida en la gloriosa sensación de que ella era madre y esa personita había crecido en su interior.

Jamás podría odiar a esta niña, que claramente no tenía nada de malo. Sin importar las circunstancias, la niña era inocente en todo esto. Suspiró Gwen.

Una pequeña tos la alertó de la presencia de Arthur. Le había escuchado entrar, pero lo había ignorado, incapaz de alejar la mirada de la durmiente niña. Ella aún no se giraba.

"Guinevere," dijo Arthur. Callado, modesto. Ella escuchó dolor real en su voz, y eso fue casi suficiente para que girara la cabeza. Hubo una vez, no hace mucho tiempo, que ella no habría dudado ni un segundo antes de ir a él. Pero ahora, por primera vez en su vida, Gwen deseaba tener algo de magia –la suficiente para enviar a Arthur lejos, donde ella no tuviera que hacer esto.

"Guinevere." La voz sonó más cercana ahora, y Gwen se tensó involuntariamente. El completo silencio detrás de ella le hizo pensar por un momento que su deseo realmente se había cumplido, que Arthur se había ido; pero desgraciadamente ese tipo de milagros no parecía próximo. Mantuvo sus ojos entretenidos en la niña, tratando de recordarse que no necesitaba más milagros. A menos que…

"No la puedes alejar de mí." Gwen no había tenido intención de hablar. En las pocas veces que se había permitido imaginar este momento, cuando Arthur intentaría explicarse, ella se había imaginado orgullosa y callada, un pilar de privilegios reales –lo que ella siempre había aspirado a encarnar. Por Arthur. Por Camelot. Pero ya no podía ser esa persona, no ahora que había algo en su vida mucho más importante.

Un pequeño movimiento tras ella le hizo prepararse para el toque tranquilizador, recordándose no menospreciarlo –pero no llegó. En su lugar vio a Arthur fuera de su visión periférica yendo hasta el principio de la cuna, mirando a su hija dormida. Ella supo entonces que él había estado llorando –bien, pensó bruscamente. No lo pensaba realmente. Dios, estaba tan cansada.

"No lo haré," llegó la ronca réplica, y Gwen fue incapaz de parar el suspiro de alivio que se le escapó. Arthur no era nada más que un hombre de este mundo. Bueno, al menos en este aspecto, él esperaba que ella aún lo conociera lo suficiente para confiar en él en eso.

El silencio se extendió entre ellos. Gwen sentía como si tuviera cientos de preguntas, pero realmente no sabía si quería conocer la respuesta de alguna de ellas. Y entonces se encontró con que no tenía nada que decirle, después de esto.

Pero Arthur claramente sí. O quizás él sólo quería romper lo que le parecía un terrible e incómodo silencio. Gwen se encontró con que no podía exhibir ninguna emoción real sobre su presencia.

"No sabía que esto pasaría." Sonó tan perdido, tan roto. Gwen casi se sintió mal por él –casi. "Lo siento."

Gwen suspiró. Echó la culpa a la madre en ella por estirar la mano y coger la de Arthur. No se sorprendió de encontrárselo tembloroso. "Lo sé," dijo. "Te creo." Porque lo hacía.

En las mantas, el bebé se estiró y dejo salir un gracioso bostezo. Gwen sonrió profundamente.

"¿Cómo deberíamos llamarla?"

Gwen parpadeó, y miró realmente a Arthur entonces, sorprendida por su propia y punzante indiferencia. "¿Nosotros? Pero yo pensé-"

Arthur sonrió. "Tú eres su madre, Gwen. Tú deberías decirlo."

Y en ese momento, Gwen supo que ella nunca podría odiar de verdad a Arthur –incluso si no lo amara como antes, sabiendo que su amor nunca fue realmente de ella.

Sus ojos fueron perdidos de vuelta al precioso bulto, y se preguntó si sería capaz de mirar más allá por mucho tiempo.

"Bueno," dijo especulativamente, "Podríamos llamarla con el nombre de alguna de nuestras madres. Ygraine. Lionesse." Un pinchazo, pero ¿cuál era el punto en fingir? "Hunith," añadió, notando la aguda exhalación de Arthur pero sin importarle. "Oh vamos, Arthur, hablemos francamente por una vez en nuestras vidas," dijo Gwen cansadamente.

Cuando había visto al bebé por primera vez, Gwen había estado perdida en una neblina de dolor y emoción, pero en ese momento supo dos cosas con certeza: una, que no era su hija, y dos, que amaría a la niña de cualquier modo; ya la había amado por los pasados nueve meses. Entonces la exhaustación le hizo dormirse, y cuando despertó estaba sola con Leah y el lloroso bebé en sus brazos.

Entonces, mientras alimentaba al bebé por primera vez, maravillándose por lo increíble de ello, Gwen tuvo tiempo para pensar. Sobre el shock de los rizos rubios, los brillantes ojos azules, las ligeramente salientes orejas. Sobre la forma en la que la niña, incluso desde su barriga, había añorado no sólo a Arthur, sino también a Merlin. Sobre la naturaleza del hechizo, de usar una amor tan fuerte y verdadero que era casi sobrenatural para crear una nueva vida en un útero.

Y sobre cómo, por mucho que Gwen amara a Arthur y aun estando segura del amor de él por ella, siempre había sabido en su corazón que si ella había sentido ese amor tan cercano a ser etéreo y consumiente como el hechizo describía, no había sido por su marido, sino más bien por otro hombre noble que había perdido hacía mucho tiempo.

Y, después de todo, Gwen siempre había sabido que Arthur quería a Merlin. A veces había sospechado que el amor que sentía por su amigo (incluso si ella había imaginado que era muy diferente al que parecía ser el caso) era más fuerte y fiero que el que sentía por ella. Sí, Arthur quería a Gwen, y la necesitaba a su lado. Pero él ansiaba a Merlin. Él no sería capaz de continuar sin Merlin en su vida, y era obvio para cualquiera que se molestara en mirar a Merlin, que él se sentía del mismo modo. El vínculo entre ellos se formó en el momento en que se conocieron, Y Gwen sólo lo ha visto crecer más fuerte desde entonces.

Y todos esos pensamientos habían encajado entre ellos en su cabeza como las piezas familiares de un desgastado puzzle que ella había completado cientos de veces cuando era niña, Gwen finalmente vio la verdad de esto. En ese momento, ella aceptó que nunca sería de otra manera; si ese hechizo había funcionado, siempre tendría que haber sido por cómo se sentían Merlin y Arthur sobre el otro. Y que esa niña en sus brazos no existiría de no ser por ese amor.

Ni Gwen ni Arthur habían tenido madre en sus vidas; quizás fue por eso que ella no entendió hasta ahora lo horriblemente insignificante que sería después de que el bebé naciera: a quien Arthur realmente amaba, a quien Merlin amaba, a quien Gwen amaba, quien había sido perdido, y quien dejado atrás. Nada de eso le importaba realmente ahora, no de verdad; era como un vago zumbido de tristeza en el otro lado del firme centro de fiera protección y fuerza.

Gwen sabía que Arthur estaba mirando a la niña ahora, no a ella. Sabía que debía sentir algo similar a lo que ella estaba sintiendo, y ella sólo podía enfatizarse con su dolor y su confusión. Sabía que, como ella, él quiso a esta niña desde el momento en que se manifestó en su vientre, y lo que fuera que pasara, él tenía los mejores intereses de corazón por su hija.

Aunque Gwen sabía que si miraba a Arthur ahora, él miraría inmediatamente a otro lado lejos de la niña, avergonzado y aplastado por las promesas rotas.

En ese momento tomó una decisión. Gwen no podía dejar a su hija crecer con un padre que se avergonzaba de ella. Ella no sería capaz de perdonarse que eso pasara.

Su mano seguía sobre la de Arthur, se dio cuenta de repente. La apretó y la dejo ir. Él no se movió para seguirla cuando ella se puso de pie frente a la cuna; ella estaba contenta, porque ya se sentía como si tratara de resistir la gravedad en sí sólo.

"¿Por qué no te quedas con ella?" dijo Gwen, manteniendo su voz firme. "Yo debería…" ella realmente necesitaba acostarse. Pero ella no podía hacerlo ahí, si quería estar segura de lo que se había prometido hacer. "Debería ir a descansar a nuestro aposento compartido, pero no espero que te unas a mi. Moveré el resto de mis cosas aquí en la mañana."

Cuando Arthur iba a empezar a protestar, ella levantó la mano para silenciarlo. Ella ni siquiera se encontró con sus ojos e insistió, "No, Arthur, de verdad. Haré que Leah envíe a Gaius para que me atienda. Y entonces lo mandaré aquí, por la niña. Volveré en unas horas, cuando sea la hora de alimentarla."

Tomó su silencio como consentimiento. Y se marchó, escuchó su voz tras ella, tan vacilante y cuidadosa como antes. "No me has dicho su nombre."

Gwen suspiró, determinada a seguir caminando mientras tuviera la fuerza. Le tomó toda su gracia y paciencia mantener su voz neutra cuando dijo, a un palmo de la puerta, "¿Por qué no le preguntas a Merlin qué es lo que piensa?" y con eso, se escabulló de la sala, no atreviéndose a mirar atrás en el caso de que se encontrara incapaz de dejar el lado de su hija.

Ella nunca dejaría crecer a su hija con un padre que se avergonzaba de ella. Ninguno de sus padres.

No fue hasta que estuvo en el pasillo, fuera de la vista de su hija y del hombre que sabía había perdido por otro (o que quizás nunca había estado realmente con ella) que dejo las lágrimas salir de sus ojos, nublando su visión por un momento antes de caer, silenciosamente, por sus mejillas.

A la suma de cinco, se permitió correr libremente. Entonces Guinevere respiró profundamente, limpiando sus mejillas con sus mangas, y alzó la cabeza, con cada parte de la reina que se prometió a sí misma que sería. Y Guinevere nunca rompía sus promesas.

······ARTHUR······

Arthur no envío a buscar a Merlin. Se sintió terrible por ello, porque sabía exactamente como debía estar sintiéndose. Exactamente, como Arthur se sentía, hasta que había sido incapaz físicamente de mantenerse alejado por más tiempo. Se preguntaba cómo se las había manejado Merlin para estar lejos tanto tiempo.

Durante tres días, Arthur se había mantenido a un lado, dejándole tiempo a Gwen y dándole la oportunidad de permitirle acercarse a su hija cuando estuviera lista. Durante tres días no había dormido, y difícilmente había comido, mientras pensaba en la niña creada por su cuerpo, traída al mundo por la mujer que quería, y que estaba en algún lugar del castillo donde él no podía mantenerla a salvo.

Necesitaba ver a su hija.

No podía pensar sobre el resto. No se lo permitía. Los entrenamientos, la estrategia y los planes de batalla de Arthur le habían hecho ser pragmático –tratar con la tarea más urgente a mano y alejar a todo lo demás de su mente había sido muchas veces la diferencia entre la vida y la muerte para sí mismo y para sus hombres, y sentía que la situación era básicamente la misma.

Arthur sabía que necesitaba hablar con Merlin, sobre… todo. Pero la idea le dejaba confundido, y enfadado, y triste y asustado y todo a la vez, y era distractor. La expulsó.

Por supuesto, necesitaba hablar también con sus consejeros y sus caballeros. ¿Qué les diría? ¿Qué le diría a la gente de Camelot? Era demasiado, y no tenía respuestas. Lo expulsó también.

Entonces estaba Gwen. La dulce, hermosa y fuerte Gwen, quien nunca podría preguntar o entender o aceptar nada de esto, y cuyas heridas nunca serían capaces de curarse completamente. No sabía que decirle, no sabía si quiera como mejorarlo. Le estaba desgarrando, así que también lo despachó.

Lo que necesitaba hacer, lo más importante en ese momento, era ir con su hija.

El primer día, Arthur fue con Gaius. Merlin, gracias a dios, estaba fuera –ellos no habían hablado desde que Arthur salió furioso antes. Gaius le contó, en términos no inseguros, que Guinevere y la niña necesitaban descansar, y que "bajo las presentes circunstancias, Sire, debo insistir en que les deis tiempo."

Así que les había dado tiempo. Pero Arthur nunca había sido conocido por su paciencia, y cuando el sol del segundo día apareció, fue por Leah.

Fue un truco barato, lo sabía, pero estaba desesperado. La arrinconó en las cocinas cuando había ido a buscar el desayuno de Gwen, y sólo se sintió un poco mal cuando la pobre chica se sorprendió tanto que estuvo cerca de dejar caer su bandeja.

Arthur se ofreció educadamente a llevarle la comida a Gwen, pero para su sorpresa, Leah tranquilamente manifestó que aunque no fuera ni de la realeza ni tuviera magia, ella haría todo lo que estuviera en su limitado poder para mantener a Arthur fuera de esa habitación. "Mi señora necesita descansar, Sire, y eso es lo que es," dijo, manteniéndose firme y mirándole impávidamente.

Oh demonios, pensó con un pesaroso suspiro mientras la dejaba pasar. No me sorprende que Gwen la aprecie tanto.

Al tercer día, Arthur había acabado de esperar. Había estado ignorando sus obligaciones, esquivando a sus consejeros, refugiándose en su habitación (evitando cuidadosamente mirar la puerta dirigida a la habitación de Merlin, aunque no oyó al hombre allí ni una vez) y planeando su próximo movimiento –y había estado embarazosamente cerca de ir a trepar el muro del castillo, cuando simplemente tuvo suficiente.

Arthur era el rey de Camelot, e iba a ir a ver a su hija.

Al final, había sido una terrible victoria agridulce, cuando había superado finalmente los nervios para acercarse a la cámara, los guardias ni siquiera habían intentado detenerlo, y se encontró con la puerta destrancada cuando probó.

Aunque fuera cual fuera el tipo de victoria que había sido, meditó Arthur mientras miraba dormir a su hija ahora, el trofeo había sido más que merecedor de ello.

No podía creer lo hermosa que era. Su piel era pálida y fina, y ya podía ver que sus rasgos serían delicados cuando fuera mayor. Ella lucía…Arthur dibujo en un afilado suspiró cuando lo notó. "Eres igual a Merlin," susurró, estirando un dedo para tocar su diminuta mano, que apretaba su manta al dormir.

"Creo que tiene tú ceño desaprobatorio," dijo una voz tras él trayéndolo de vuelta, girando alarmado para encontrarse a –Merlin. Parecía cansado también –Arthur se preguntó si él tampoco habría sido capaz de dormir.

Tenía miles de preguntas para el otro hombre, pero al final salió con un, "¿De dónde coño has salido?"

Merlin se encogió de hombros, y por un momento pareció un pájaro crujiendo sus alas. "La he estado custodiando, claro."

Arthur abrió sus ojos. "¿Cómo?"

Merlin pareció un poco avergonzado, sus ojos moviéndose en la dirección del tapiz.

"Merlin," siseó Arthur, dando un paso hacia él y manteniendo su voz muy baja, "Tú encantaste el… ¿Cómo es eso seguro?¿Qué si alguien-"

Merlin le sonrió, con una extraña mezcla de cariño y arrepentimiento. "Obviamente es seguro, Arthur. De otra forma, jamás lo hubiese hecho."

Eso fue lo que dijiste la última vez, casi dijo Arthur, pero no era justo. El ritual había sido perfectamente seguro, después de todo, incluso aunque no saliera como ellos esperaban.

Los ojos de Merlin se desviaron de Arthur, y Arthur observó, encantado, como una expresión muy diferente aparecía en el rostro de Merlin.

"No puedo creer que sea real," exclamó, y dio un paso pasando a Arthur, sus mangas se rozaron en el proceso. Arthur tuvo que cerrar los ojos por un segundo antes de girarse e ir a pararse junto a Merlin; cerca pero sin tocarle, mirando a la niña que ellos habían creado.

"Lo sé," dijo, simplemente.

El silencio cayó sobre ellos, pero aunque aun había mucho por decir, se sentía mucho más sociable del que Arthur había sentido con Gwen.

Después de un rato mirando al bebé respirar ininterrumpidamente y retorcerse ocasionalmente, Arthur sintió a Merlin desplazarse minuciosamente más cerca de él, y tuvo que cerrar los ojos y respirar hondo mientras sus manos se rozaban. Merlin no hizo nada más, pero tampoco alejó su mano. Arthur suspiró, y después de un momento de vacile dejó a su propia mano cubrir la de Merlin, entrelazando sus dedos.

"Quiero decirte que siento todo esto," susurró Merlin. "De verdad que lo hago, Arthur, pero…" sonaba algo torpe pero continuó hablando, y Arthur se encontró haciendo perezosos y reconfortantes círculos en la mano de Merlin con su pulgar sin darse realmente cuenta de que lo estaba haciendo. "Nosotros hicimos esto," dijo Merlin ahora, su voz completamente sobrecogida, "Quiero decir, no lo planeé así, sabes que no lo hice, pero… pasó, y aquí está ella. Ella es perfecta. Nunca podré arrepentirme por eso."

En ese momento, Arthur sabía que allí fuera había un reino esperando por él y una reina con el corazón roto por sus acciones, y que su vida entera estaba al borde de unos cambios enormes. Pero estando ahí, su mano entrelazada con Merlin mientras miraban a la niña que milagrosa e imposiblemente habían creado juntos, se dejo ir a la deriva a todo, sólo por un momento. Cada cosa a su tiempo. Así que se permitió sonreír y decir, "Lo sé," y sonrió cuando la cabeza de Merlin se dejó caer en su hombro un momento después.

Y entonces se sintió tan natural girar y presionar un ligero beso en el suave y oscuro pelo de Merlin. Y cuando Merlin alzó la cabeza ligeramente con una incrédula y tentativa mirada en sus ojos, tuvo completo sentido para Arthur estirar su mano libre y levantar la barbilla de Merlin, y capturar su boca con la suya, presionando sus labios juntos por un momento antes de deslizar su lengua lentamente a través del labio inferior de Merlin.

Merlin suspiró suavemente, aliviado, y abrió la boca para Arthur. Sus lenguas se enredaron perezosamente, y Arthur sintió el calor del abrazo llenándolo completamente. Reflexionó vagamente que este no tenía nada que ver con el frenético, desesperado y culpable beso que compartieron hacía tres días en sus aposentos –este era abierto, y honesto, y se sentía como si estuviera creciendo más liviano por segundos. La culpa aún estaba ahí, y la desarmante impotencia de no hacer nada sino dar… pero nada de eso importaba entonces, con Merlin en sus brazos y su hija finalmente a su alcance.

Arthur deslizó su mano en el pelo de Merlin y lo acercó aún más, y Merlin llevó sus entrelazados dedos a descansar entre ellos, su otra mano descansando en el cuello de Arthur, acariciándole suavemente. Se besaron suave y largamente, y por primera vez qué la sentía como desde siempre, Arthur empezó a sentir el estrés de todo fundiéndose lejos. ¿Por qué esto se sentía tan correcto?

Fue entonces cuando el bebé soltó un largo suspiro, anunciando que se estaba despertando, y ambos miraron. Pero no se apartaron, y Arthur sintió la sonrisa de Merlin contra sus labios antes de que quitara su mano de su cuello y desenlazara sus dedos. Arthur aun estaba ligeramente deslumbrado mientras Merlin se doblaba para coger a la inquieta infanta, que ahora soltaba pequeños sonidos de angustia.

Miró fascinado como Merlin canturreaba, balanceando a la niña arriba y abajo en sus brazos, besando su frente con los labios que hace un momento habían estado sobre los suyos. Arthur aclaró su garganta, sacudiendo su cabeza ligeramente. Merlin le miró y le sonrió suavemente, con el bebé descansando contra su pecho –y la imagen que mostraban era tan hermosa, tan perfecta, que Arthur sintió su corazón romperse un poco.

"¿Te gustaría cogerla?" le preguntó Merlin tímidamente. Y Oh, Arthur quería.

Merlin se acercó a él nuevamente, y Arthur estiró sus brazos con temor. Él ya había cogido un bebé antes, por supuesto, pero nunca como esto… se dio cuenta de que nunca se había sentido tan aterrorizado antes. ¿Qué si a ella no le gustaba él? ¿Qué si se le caía?

Merlin debió ver la punzada de pánico en sus ojos, porque dejó descansar el bebé entre ellos como en un sándwich y presionó su boca contra la de Arthur suavemente, susurrando contra sus labios, "Sólo confía en mí."

Y por supuesto, Arthur lo hizo. Sintió el peso de la niña (tan imposiblemente ligera en sus brazos, se maravilló) mientras Merlin le transfería el bulto, y mientras balanceaba a su hija por primera vez, empezó a calmarse lentamente, viendo como lo miraba con esos ojos azules tan brillantes, y pensó que podría llorar de lo maravilloso y perfecto que era todo. Por la aspiración evidente de Merlin, pensó que no era el único en sentirlo.

"Así que, ¿cómo deberíamos llamarla?" se encontró Arthur preguntando, dejándose perder en esta perfección, alargando un poco más este surrealista momento doméstico.

Miró a Merlin para encontrarlo mirándole con una vacilante y preocupada mirada. "Pienso que debería ser Gwen," dijo cuidadosamente, y Arthur trató de no hacer una mueca de dolor, "pero estaba pensando que, quizás… Ygranna?" Arthur frunció el ceño confuso y Merlin se sonrojó pero continuó dudoso, "Es sólo, bueno, podría ser Ygraine, ¿cierto? Pero no exactamente, porque obviamente ella no es… la misma. Pero todavía se acerca. Y podríamos llamarla Anna, entonces, creo. Quizás. Si te gusta."

Arthur miró a la pequeña, que le estaba mirando intensamente con la mano en la boca, haciendo suaves gorjeos. Una sonrisa apareció en su cara. "Ygranna. Anna. Me gusta. ¿Te gusta?" el bebé dio un gorjeo satisfecho y babeó sus manos. Él lo tomó como un sí.

Cuando miró arriba, Arthur no se sorprendió de ver a Merlin aun mirando al bebé, sus ojos brillando con afecto.

"Ayudé a un dragón a salir del cascarón, una vez," dijo de repente Merlin, y Arthur parpadeó en confusión.

"Nunca me lo habías contado."

Merlin se encogió de hombros aun sonriendo. "No había tenido una razón para mencionarlo antes de ahora."

Arthur sintió un familiar arrebato de amor por Merlin entonces, y se maravilló de lo imposiblemente correcto que se sentía el ser capaz finalmente de reconocer ese sentimiento. Como seguía manteniendo a Ygranna con ambos brazos, simplemente se inclinó hasta que su frente se presionó contra la de Merlin, tratando de expresar todo lo que no podía decir en voz alta con ese gesto.

"Me gustaría que me lo hubieras dicho antes." Ambos sabían que no estaba hablando sobre el dragón.

Para su sorpresa, Merlin resopló. "Esto es un completo lío, ¿verdad?"

Arthur sonrió. "Merlin, yo estoy-"

"Shh," le interrumpió Merlin, inclinándose más hacia él. "No lo digas. Lo sé."

"Quiero estar justo como ahora, siempre," admitió Arthur, finalmente permitiéndose a sí mismo la verdad de esas palabras, aunque sólo fuera aquí, dentro de su burbuja dolorosamente temporal. "Desearía poder prometerte que será así, pero-"

"Pero tú eres el rey," dijo Merlin, y Arthur no quería nada más que Merlin congelara el tiempo en ese instante, como cuando él pensó sobre eso antes, así no tendría que escuchar el resto de esa frase. Pero el tiempo no se congeló y Merlin continuó. "Tienes responsabilidades. Tienes una reina. Una esposa. Tienes una hija."

"Nosotros tenemos una hija," modificó Arthur.

Merlin le sonrió tristemente. "Tenemos una niña," accedió. "Pero el resto de… esto…" los ojos de Merlin se dirigieron a los labios de Arthur, y se lamió los suyos.

Esto, ellos no podían tenerlo. Arthur tragó. Él sabía esto. Sus vidas nunca iban a ser así de simples.

"Lo siento," dijo simplemente Arthur, y es lo que quería decir.

Merlin se inclinó y besó los labios de Arthur una vez más, y Arthur le devolvió el beso, una suave promesa de todo lo que ellos no podían tener pero sabían que ambos querían.

"Te quiero," exhaló Merlin contra sus labios.

Y antes de que a Arthur le diera tiempo a responder, Merlin se alejó, y su forma brilló antes de que pareciera combinarse con el tapiz, por un momento pareció como una elaborada figura humana en el tejido de la tela antes de transformarse en un gran y marrón oscuro búho que aleteó sus alas y ululó tristemente antes de desaparecer en el bosque.

Arthur se sintió solo en la habitación abrazando a su hija, que parpadeaba con inocente curiosidad. Y la miró tristemente, esperando que ella nunca tuviera que sufrir tal pena en su corazón.

···········

"Sire, esto es una locura."

La cabeza de Arthur se alzó y miró a Sir Ector, el insensato hombre que se había atrevido a oponerse contra su decisión. En un tono glacial le preguntó al hombre, "¿Le gustaría explicarse?"

Para darle crédito, Sir Ector no se encogió, aunque parecía un poco pálido bajo su espesa barba gris. "Sólo digo, Sire. No importa la estancia de la magia en el reino, aclamar a esa niña como heredera, cuando con el tiempo es más y más aparente que no puede ser nacida naturalmente de su esposa-"

"Pero Ygranna es nacida natural de mi esposa," dijo Arthur plenamente. "¿Te atreves a negarlo?"

El color volvió a las mejillas de Ector, en la forma de avergonzado sonrojo. "Sólo digo, Sire. nadie más que usted mismo y la reina, Gaius y el –y su-" tropezó con sus palabras y sus ojos volaron hasta Merlin, quien había abandonado su usual plaza junto a Arthur para estar de pie junto a la pared como solía hacer, mirando todo el mundo como si pretendiera combinarse contra la pared tras él (lo cual, meditó Arthur vagamente, ya había decidido hacer), "su mago, realmente vieron en nacimiento de la niña," finalmente discutió Ector. "¿Cómo va a intentar combatir los rumores que indudablemente se alzarán sobre la verdadera engendración de esta niña? Las posibles pegas de que quizás esta niña es meramente un remplazo de su verdadera, natimuerta heredera, que vos habéis puesto bajo nuestros ojos para asegurar la sucesión-"

"Leah estaba ahí," dijo Gwen de repente, hablando por primera vez desde que se habían sentado para esta farsa de reunión. "Mi doncella podrá responder por la verdad."

Ector bufó. "¿Una sirvienta? ¿Quién iba a aceptar su palabra como factor?"

"Me pregunto, " dijo Arthur, su tono aun tan frio como antes, "¿Si Sir Ector aquí está expresando meramente su preocupación sobre las posibles formas de que nuestros enemigos puedan mancillar nuestro nombre, o si él es el único mancillándolo?"

Cada cabeza de la sala se volvió hacia Ector, que parecía dudar entre golpear a Arthur en la cara y mantener la respiración. Arthur severamente esperaba que él intentará de opción anterior.

Antes de que se decidiera, sin embargo, una tos lleno el silencio y Arthur le dio a Ector una última amenaza con el ceño fruncido antes de girarse al origen del sonido. "¿Sí, Gwaine?"

Los ojos de Gwaine corrieron entre Arthur y Gwen, "Er, bueno, con el riesgo de mancillarme a mí mismo," paró y miró como si quisiera sonreír, pero afortunadamente se contuvo, "Sir Ector podría tener un punto –tan pobremente presentado como lo ha hecho. Sólo digo," Gwaine lanzó una incisiva pero conocedora mirada hacia la dirección de Merlin, "Esta niña puede lucir como vos, Arthur, y justo ahora podríais hacerla pasar por Gwen si no se la mirara de muy cerca… pero si ella crece tan rubia y de ojos azules como es ahora, no seréis capaces de detener a la gente de hablar."

Arthur sintió a Gwen tensarse a su lado; casi alcanzó su mano, pero se recordó en el último momento. Él no sabía si ella apreciaría el gesto. "Mira," dijo en su lugar, mirando a sus caballeros y consejeros, tratando de recordar que esos hombres eran sus amigos (o al menos la mayoría de ellos), y que ellos estaban intentando resolver un imposible problema. "Soy consciente de que hay mucho que preguntar. Pero soy el rey de Camelot, y Guinevere es la reina, y eso hace nuestro deber dejar un heredero a Camelot. El cual, como sabéis ahora, nunca hubiese podido llegar por nuestro propio poder. Pero con la ayuda de Merlin, os hemos provisto de uno después de todo. No salió completamente como se planeó," reconoció con una sonrisa y una silenciosa disculpa a su hija, "pero eso es lo de menos, Camelot tiene un heredero. Ygranna es mi hija, mi sangre. Puede que no tenga la sangre de Gwen, pero Gwen es su madre. Sé que os estoy pidiendo que deis un salto de fe, pero os encontrareis con que está niña es toda una Pendragon. No os decepcionaréis."

Vio la determinante y leal mirada en los ojos de sus caballeros, y la resignada mirada de algunos de los viejos miembros del consejo que habían servido para su padre también. Sabía que iba a ser difícil, lo que les estaba pidiendo, pero si podía convencer a esos hombres, podría convencer al reino. Debía hacerlo.

Arthur atrapó los ojos de Gwain, y el solemne asentimiento que recibió fue respuesta suficiente. Ellos estarían detrás de él. Ignoró la punzada de culpa que sintió al no contarles toda la historia, pero sabía que nada bueno saldría de ello. Por otro lado, juzgando por las especulativas miradas que Gwaine y otros caballeros le echaban a Merlin, quizás alguno de ellos se lo imaginaria demasiado pronto por su cuenta. Arthur sólo esperaba que mantuvieran su particular pedazo de conocimiento para sí mismos.

Mientras la reunión de la mesa redonda se aplazaba y él se levantaba para irse, Arthur aplicadamente evitó mirar a Merlin, extendiendo un brazo a Gwen y dejando salir un pequeño suspiro de alivio cuando sintió que lo aceptaba. Era importante que se presentaran como un frente unido.

A su derecha, Gaius dio unos pasos y Arthur se alegró de ver que pese a su reserva lucía aprobador.

Ellos habían ganado esta pequeña victoria. Su consejo había aceptado a Ygranna como su legítima princesa, y aunque tendrían que hacer frente a un montón de problemas, Arthur sabía que podrían pasarlos juntos.

Pero no podía permitirse estar feliz, incluso entonces.

Después de aquel pequeño momento con Merlin en el cuarto del bebé, donde fingieron ser realmente los únicos tres en el mundo, Arthur había pensado que podría empujar todo lo que sentía y tratar con la situación en el determinado e indiferente modo que su padre solía usar a favor cuando manejaba asuntos personales. Arthur era el rey, no podía permitirse una debilidad como esta. Se dejó ir completamente, con todo lo que sentía, en un momento con Merlin, y pensaba que eso le ayudaría a purgarse de todas esas emociones indeseadas. Pero en su lugar parecía que había ocurrido lo contrario.

En la semana que había pasado desde esa noche, Arthur no había hablado a solas con Merlin, no queriendo tentar a ninguno de los dos a hacer o decir algo que no serían capaces de retirar. Pero no podía dejar de pensar en él. Cada vez que miraba a Ygranna, veía los ojos de Merlin, la sonrisa de Merlin, los pómulos de Merlin. Cada vez que echaba una ojeada al mago en los pasillos del castillo o en eventos como este, sentía el profundo y retorcido deseo en su pecho, el dolor tan insistente que casi no podía resistirlo.

Pero tenía que hacerlo. Debía –por el reino, por su hija, y por su esposa. Su adorada y maravillosa esposa, que no había hecho nada para merecerse esto, pero que no había sido nada más que fuerte y comprensiva con todo esto.

Cuando Arthur finalmente habló con Gwen sobre como harían funcionar esta imposible situación, ella había sido muy clara al respecto de que lo que había pasado no sería fácil de olvidar, pero estuvo de acuerdo en que cualquier cosa que pensaran o sintieran no debería peligrar el futuro de Ygranna de ningún modo. Y además de algunos ajustes en la historia, le dirían al consejo lo necesario.

Primero que nada, el rol de Merlin en la concepción de la niña tendría que minimizarse significativamente –un factor que Gwen mostró como necesario, y por mucho que Arthur lo odiara, ella tenía razón. Mientras que los más cercanos a la familia real probablemente serían capaces de adivinar el verdadero linaje de Ygranna, por ahora era suficiente para ellos saber que la niña sólo se creó a partir de Arthur, y no de Gwen.

Arthur, cobarde como era, había dejado a Gaius el trabajo de transmitirle esto a Merlin. No oyó nada de vuelta, lo que dejó a Arthur con un terrible sentimiento de culpa, pero justo antes que la reunión del consejo empezara, Arthur había visto a Gaius y Merlin confiriendo acaloradamente mientras caminaban hacia el gran salón, y entonces Gaius había tomado su lugar junto a Arthur, informándole en entrecortados tonos que Merlin entendía la necesidad de estas precauciones, y además transmitió un mensaje de Merlin de que quizás sería mejor para todos los involucrados si se mantenía alejado de las reuniones del consejo un tiempo, manteniendo la distancia en los asuntos de estado.

Eso era lo correcto, Arthur lo sabía. Pero nada de esto se sentía nada bien.

Mientras que el nacimiento de Ygranna parecía haber acabado con el extraño vínculo mágico de Merlin y Arthur, eso no significaba que Arthur se sintiera menos atraído por el otro hombre. Encontraba difícil concentrarse en cualquier cosa, constantemente rememorando la sensación de los labios de Merlin sobre los suyos, y aunque ya no tenía forma de saberlo, Arthur sospechaba que Merlin sentía lo mismo. Su amor había creado una niña, después de todo.

Deseaba saber qué hacer con eso. Arthur siempre había deseado, incluso amado a Merlin, se dio cuenta hace algún tiempo –pero esos sentimientos nunca los llevarían a ningún lado; ellos no podían. Así que Arthur decidió alejarlos, al final de su mente, y nunca actuar sobre ellos. Y ciertamente nunca quiso hacer a su esposa participe hasta hace nueve meses cuando se mostraron sus más íntimos y nada apropiados pensamientos por su mejor y verdadero amigo.

Pero ahora era tangible, una prueba innegable de amor de Arthur por Merlin. Un niño había sido creado por ello –y aunque Gwen afortunadamente favorecía y trataba a Ygranna como suya, el conocimiento de que no era su hija debía ser un gran peso en su mente. Y a Arthur le desgarraba lo que había sido incluso cuando Gwen estaba embarazada –a veces se encontraba derrotado por la culpa de haber producido una niña con otro, pero demasiado a menudo, Arthur se encontraba con una sensación innegable de felicidad y alegría sobrecogiéndole. No sólo porque la pequeña Ygranna existía después de todo, sino porque era mitad él y mitad Merlin. Debería ser imposible, y Arthur no podía evitar pensar en su existencia como en un milagro. Pensamientos que, le giraban, a sentirse sólo un poco más culpable sobre la situación de Guinevere.

Y ahora toda la corte tenía que estar involucrada también. Eventualmente, se anticipaba a que la mayoría de sus caballeros y sirvientes supieran, o al menos tuvieran fuertes suposiciones, de que Ygranna era también hija de Merlin. Y ellos murmurarían, las palabras se extenderían, y ¿dónde les dejaría todo eso?

Arthur se frotó la sien, resignándose a un permanente dolor de cabeza. Seguramente tendría que decirle a Gaius que lo abasteciera de pociones.

······MERLIN······

"Merlin, estoy preocupado por ti," le dijo Gaius una noche, mientras compartían la cena en el estudio del viejo médico.

Merlin había estado pasando mucho tiempo ahí, cuando no estaba por las tierras o merodeando por la biblioteca del castillo, ignorando las desagradables miradas que Geoffrey le ofrecía cada vez que tocaba uno de sus libros.

Evitaba sus propios aposentos adjuntos a los de Arthur todo lo que podía.

Hasta ahora. Merlin sabía que Gaius lo estaba echando, claramente apreciando la seriedad de la situación y no deseando un intruso innecesario. Pero si sólo hubiera sido un problema de tiempo, y Merlin intentaba recordarse que su viejo mentor solo quería lo mejor para ellos. Y si era honesto consigo mismo, eso era lo que le preocupaba a Merlin. Ya no sabía más que era lo mejor para nadie.

"Estoy bien, Gaius," suspiró, sabiendo que Gaius podía oír la mentira pero no teniendo energía de intentar sonar más convincente.

"Seguro que lo estás," dijo Gaius secamente. " y yo soy el largamente perdido hermano de Kilgarrah."

"No me sorprendería," refunfuñó Merlin, contento de ver una pequeña sonrisa en la cara del médico.

Tomando ventaja del temporal y luminoso humor, Gaius inmediatamente saltó (y Merlin no habría esperado menos de su antiguo mentor). "Hace semanas que no ves a la niña."

Así que ellos estaban ahí entonces. Merlin soltó un pequeño suspiro. "No lo he hecho," reconoció, y sólo fue media mentira.

Merlin ciertamente no se había acercado al cuarto de la niña, demasiado cobarde para arriesgarse a encontrarse con Gwen o Arthur, y tampoco había usado el tapiz, no desde…aquella noche.

Bien. Él no solía usar el tapiz para entrar en la habitación, de todos modos. Pero casi cada noche, Merlin se transformaba en un búho, y veía a su hija dormir desde la rama del árbol en la periferia del bosque cercano a Camelot, el escenario que representaba el tapiz. Él simplemente no podía mantenerse lejos, por mucho que lo intentara.

Pero Gaius no necesitaba saber eso ahora. Ni necesitaba saber lo doloroso que era ver a Ygranna desde lejos, sabiendo como de poco grato era realmente en su vida.

Quizás, si las cosas fueran diferentes… pero, Merlin forzadamente se recordó por centésima vez, que no lo eran. Era inútil imaginar algo que nunca podría ser. Sabía donde recaían las responsabilidades de Arthur –con su esposa y su reino –y cualquier emoción que el rey pudiera tener o no por él, Merlin estaba seguro que el amor de Arthur por Gwen (y ahora por su hija) sería suficiente para ponerlo a un lado.

Merlin, por otro lado, no tenía ningún otro amor para distraerle de su dolor. Y estando separado de su hija, bueno, ese era otro nivel de dolor que no pensaba poder soportar nunca.

Lo estaba matando lentamente. Miró a Gaius, que le miraba con una desenmascarada preocupación. Su mentor estaba en lo correcto al preocuparse por él.

Esto, más que nada, sellaba la decisión de Merlin que no se había dado cuenta que había estado tomando hasta ese momento.

"He decidido dejar Camelot," dijo Merlin. Por un momento, Merlin se sorprendió que su voz realmente pronunciara las palabras, pero tan pronto como lo dijo en voz alta supo que era lo correcto –la única cosa –que debía hacer. Merlin no se permitió pensar sobre las consecuencias de esas palabras mientras continuaba hablando, e hizo su mejor intento para evitar la expresión chocada y decepcionada de Gaius. "Voy a ir con los druidas. He pensado sobre esto por mucho tiempo, Gaius, y sé que hay algo a lo que le debo mi magia. A mi rey." Su voz se atragantó en la última palabra, pero tragó y continuó. "Necesito aprender todo lo que pueda sobre mí mismo y mis poderes. De lo que soy realmente capaz de hacer. Antes de poder entender verdaderamente todo, tengo que convertirme en, necesito saber sobre –sobre Emrys. Y los druidas tienen las respuestas que busco, sabes esto tan bien como yo."

El intento de Gaius por dar una respuesta neutral fue pobre, pero Merlin fingió no notarlo. "¿Y tú crees que ahora es el momento apropiado para irte, Merlin?"

Merlin asintió. "Ahora es el momento perfecto para irme."

Y pese a las dudas que le molestaban, y al profundo dolor de la idea de dejar a Ygranna atrás, Merlin sabía en su corazón que era verdad. Gwen merecía disfrutar ser madre, sin tener que preocuparse por los sentimientos de Merlin hacia su hija o marido, él le debía eso. Si ella tenía algunas persistentes dudas sobre el afecto de Arthur hacía ella, él le debía dispersárselas. Y le debía a Arthur poder relajarse en el rol de marido, o padre, sin ninguna… distracción.

Y se lo debía a Ygranna, crecer con una madre y un padre que se suponían debían ser los suyos. No necesitaba a Merlin en su vida, y Merlin haría su mejor esfuerzo para estar seguro de no necesitarla tampoco.

Su padre dejo a Merlin y su madre por su seguridad, incluso si le rompió el corazón hacerlo. Ahora, Merlin finalmente entendía por lo que Balinor había pasado realmente. Y él podía hacer lo mismo ahora, por su hija. Él era lo suficientemente fuerte. Tenía que serlo.

Por supuesto, Gaius intentaría hablar con él. Gaius entendía mucho más sobre la situación desde el inicio que el resto de ellos, y Merlin debería haberle escuchado desde el principio. Pero no lo hizo, y esto era el lío de Merlin para limpiar. ¿Cómo podría él entenderlo? Pensó Merlin cruelmente, alejando cualquier sentimiento de culpa. Gaius nunca había tenido un hijo.

Merlin se envolvió mucho en su dolor al recordar que Gaius sí sabía lo que era cuidar de alguien que consideraba tan bueno como su propio hijo al sufrir unas aparentes y sinfín secuencias de dolor y pérdida. Que él estaba viendo nuevamente a un hombre joven poner a un lado su propia felicidad por la gente que amaba, y eso hacía al corazón de Gaius romperse un poco más.

············

"¿Crees que puedes simplemente marcharte, sin que el rey de Camelot se entere?"

Merlin sonrío tristemente, sin girarse mientras continuaba doblando sus camisas y metiéndolas cuidadosamente en la bolsa –a mano, esta vez. Se sentía demasiado desconsolado para la magia doméstica mientras doblaba y empacaba, justo en ese momento. "No sería la primera vez, Sire."

Escuchó el suspiro de Arthur mientras el otro hombre entraba completamente en la habitación de Merlin, aunque la puerta adjunta se sentía como si no la hubieran usado en años. Cuando realmente, había sido sólo un mes.

Un mes había pasado desde el nacimiento de Ygranna. Un mes había pasado desde que Arthur y Merlin habían cruzado esa precaria línea en la que se habían balanceado todos esos años. Un mes había pasado desde que la vida de Merlin cayó destrozada, y él estaba empezando a recoger las piezas, por ambos.

"Sabes que no puedes hacer esto, Merlin."

"Sabe que no puede pararme, Sire."

"Deja de llamarme así," se quebró Arthur, sonando cansado. Estuvo toda la noche en pie con el bebé, por supuesto –Merlin lo sabía porque les había estado viendo, desde su rama en el árbol al borde del bosque. Y por las frecuentes miradas que Arthur echaba en su dirección, Merlin sabía que Arthur sabía que estaba allí, también. Oh, que juego tan complicado estaban jugando. "Y deja de empacar. No vas a ir a ningún lado."

Merlin tuvo que cerrar los ojos un momento para recobrarse. "Arthur…"

"Por favor." La voz vino justo de detrás suya. Los músculos de la espalda de Merlin se tensaron, anticipando el toque, pero este no llego. Merlin ansiaba girarse, pero no podía, no debía. Por Ygranna.

"Tengo que irme. Te lo dije. Tengo que visitar a los druidas." Silencio. Merlin sabía que ambos estaban rememorando el día en que Merlin le dijo justo eso, y cómo terminó la conversación. Sus manos apretaron la camisa que estaba agarrando tan fuertemente, y se preguntó ausentemente si se rasgaría. Era su favorita.

"Te necesito aquí."

"Para de decir cosas que no quieres decir, Arthur." Se suponía que debía sonar frío, indiferente. Sonó roto hasta para sus propios oídos.

Quizás eso fue lo que provocó que Arthur diera un paso más hacia él, su pecho juntándose con la espalda de Merlin. Ambos aspiraron bruscamente por el contacto.

La respiración de Arthur esbozó el cuello de Merlin. "Siempre te he necesitado." Y eso simplemente no era justo. Pero ¿desde cuándo Arthur había jugado limpio?

Sería tan fácil, pensó Merlin, alcanzarle. Presionarse hacia atrás. Tocarle. Tener todo lo que quería, todo lo que sabía que Arthur quería.

¿Pero entonces qué? Merlin sacudió la cabeza suavemente, tratando de aclararse, ignorar el querer enroscarse en su pecho y cómo la irregular respiración de Arthur chocaba contra él.

Arthur seguía casado con Gwen. Aún tenía una hija, que aun debía ser legitimada como heredera al trono. Aún tenía su honor, sus obligaciones, su gente. Él realmente no quería esto, esta…complicación. Y Merlin no podría ser quien arruinara todo lo que Arthur había construido tan cuidadosamente.

Merlin quería decirle todas estas cosas. Abrió su boca para hablar, pero entonces sintió las manos de Arthur tentativamente enroscándose en su cintura, y sus calientes labios por su cuello. Lo que salió fue un roto gemido. "Arthur…" exhaló, y Arthur respondió con un gemido retumbando a través de su propio pecho, mientras la lengua de Arthur hacía un recorrido hasta la oreja de Merlin. Merlin se había dejado caer hacia atrás, estremeciéndose y sintiendo como sus rodillas cedían. "Arthur, no podemos."

Arthur zumbó contra él, con sus dientes rozando la concha de su lóbulo, y los ojos de Merlin giraron en su cabeza.

Pero ellos no podían. No podían.

Esto ya no era sólo sobre ellos.

Merlin lo empujó, girándose y sintiendo la parte de atrás de sus rodillas golpear la cama. Los ojos de Arthur estaban oscuros por el deseo y bajaron a los labios de Merlin, y oh, cuanto quería Merlin simplemente alcanzarlo…

"¡NO!" dijo desesperadamente, y le empujó, no dándose cuenta de que lo estaba haciendo hasta que vio la espalda de Arthur colisionar con la pared al otro lado de la habitación.

Merlin jadeó, sus manos caídas a sus lados, mirando a Arthur con horror. Había usado magia.

Arthur le miró, aparentemente paralizado en shock. Al menos, Merlin espero que no lo hubiese paralizado realmente.

"Arthur, lo siento," empezó a decir, "Lo siento mucho, no era mi intenció-"

"Lo prometiste," dijo quedamente Arthur, y el dolor en su tono hizo que Merlin cerrara la boca. "Prometiste que nunca la usarías contra mí."

Cuando Merlin cerró los ojos de nuevo, fue por la culpa. No podía aguantar que Arthur lo mirara así. "Lo sé."

El silencio entre ellos se prolongó, cargado de algo muy diferente a lo de hace un momento, y Merlin no podía soportarlo –pero entonces, ¿no era eso lo que quería? Se obligó a abrir los ojos.

Acogiendo el dolor y la traición que veía en los ojos de Arthur, necesitándolos.

Arthur aun le miraba, pero su expresión era cerrada. No era la mirada que Merlin esperaba, pero sabía que había tocado un nervio. El hecho de que Merlin era lo suficientemente poderoso para tomar por completo el control de Arthur y del reino si quisiera (incluso si ambos sabían que eso nunca pasaría) era el único tópico sensitivo entre ellos, incluso después de todo este tiempo. En perspectiva, había sido la única cosa que Merlin pudo hacer para separarlos en ese momento, y quizás fue por eso que lo hizo instintivamente.

"Correcto," dijo quedamente Merlin, más para sí mismo que para Arthur, y se giró para poner el resto de sus cosas en el saco.

"Merlin," chilló indignantemente Arthur un segundo después, y el corazón de Merlin dolió ante el familiar sonido. "Pensé que te había dicho que no te irás. Te lo ordeno." Añadió, una nota de desesperación en su voz ahora.

Merlin sonrió tristemente. "Pero ahora sabes porque necesito hacerlo." Miró sobre su hombro, atrapando y manteniendo la mirada de Arthur por un breve y glorioso momento. Memorizando la sombra de sus ojos azules, la curva de sus labios, la forma en que la luz del sol que se colaba por la ventana hacía parecer su pelo rubio en llamas. "Tú tienes una familia ahora, Arthur, y yo no soy parte de ella. Quizás un tiempo separados te ayudará a recordar eso."

Y se giró, deseando que la mirada congelada por el inicio de la comprensión y el corazón roto no fueran lo último que viera en la cara del rey, pero sabiendo que así es como debía ser.

Después de un momento, escuchó el silencioso clic de la puerta, y supo que Arthur se había ido.

Y esa fue la última vez que Merlin y Arthur se vieron hasta mucho tiempo después.