Quien te puso en mi camino, quien te dijo que aún estaba vivo, quien tuvo la brillante idea, y me dijo que también estaba sola y abrí mis brazos y así le entregue mi vida.
CAPITULO N° 3
UNA NOCHE INNOLVIDABLE
Por: Tatita Andrew
No podía, no debía pensaba Albert aquella mujer estaba cansada, y de seguro que había sufrido una especie de decepción muy fuerte por la forma en que la encontró llorando en medio del torrencial aguacero.
Eso ero lo que le dictaba la razón, no debía aprovecharse de la situación ella no pensaba con claridad y por mucho que la deseara como hace tiempo no había deseado a una mujer tenía que protegerla.
-Estas dolida Candy, piénsalo bien. Aunque no te conozco sé que deseas más, un hombre que pueda darte mucho más, que unas cuantas horas de placer. Yo no puedo darte más que algo físico.
Y Albert pensó para sí mismo que hace muchos años había renunciado al compromiso emocional.
-Y si lo único que deseo esta noche, son unas cuantas horas. Después de esta noche ya no busco nada más en la vida.
El deseo en su entrepierna se acrecentaba con cada palabra de ella, era muy difícil poder resistirse a tremenda tentación, apretó los puños para controlarse lo que más deseaba era empujarla contra la pared y enterrarse dentro de ella, siempre había sido un hombre muy sexual pero lo que sentía en esos momentos sabía que sería algo mucho más profundo que sexo y no quería arriesgarse para averiguar que sería.
-No, no puedo las palabras de su boca salieron con mucho esfuerzo.
-Lo entiendo dijo Candy casi en un susurro.
Albert dejo escapar un gran suspiro de alivio. Sabía que había hecho lo correcto, y ella tenía que estar agradecida que se comportara como todo un caballero.
Pero cuando se mordió el labio y la vio agachar la cabeza mientras se levantaba del sofá dándole la espalda. Lo único que se sentía era como un miserable.
-Te agradezco que me hayas ayudado esta noche. Me disculpo por haberte abochornado… por la manera tan… en fin imagino que esto te pasa todo el tiempo, las mujeres insinuándose cada vez que te ven.
-¿Por qué me das una disculpa? No me debes ninguna
Dijo Albert caminando hacia ella mientras seguía de espaldas con el cuerpo rígido, rogaba porque hubiera un bendito premio por la fortaleza que estaba demostrando en hacer lo correcto. Su olor lo volvía loco quería probar el sabor de su piel y recorrer sus curvas por todas partes.
Pero ella se volvió a apartar de él.
-Lo entiendo… está bien… Creo que ya debería marcharme.
Esa mujer provocaba un caos en sus buenas intenciones. Incluso ahora sin maquillaje, en ropa interior y temblando había despertado en él un deseo incontrolable.
Y tuvo que reconocer que ya no podía seguir erigiendo una muralla, un beso… se dijo solo un beso le voy a dar así se calmara mis ganas, y le hare notar que ella es la mujer más deseable que he tenido delante de mí.
Camino hacia ella la hizo girar y vio asombro en su rostro.
-Candy susurro muy cerca de su boca.
Sintió que los labios de ella temblaban mientras él la acercaba a su cuerpo para que pudiera notar cuanto la deseaba bajo su boca hasta rozar sus labios y se apodero de ellos con una necesidad salvaje, ella abrió los labios invitándolo a entrar y metió su lengua para hacer el beso más profundo. El contacto de sus labios y los suaves gemido que salían de su boca resultaron perfectos, la apretó más contra sí era como si aquel cuerpo hubiera sido creado para él.
Un minuto más pensaba Albert mientras se dejaba llevar.
Candy no sabía cómo había terminado en sus brazos, y se sujetó de sus hombros para aferrarse a algo sólido
Sintió deseo, escalofríos y como los pezones se le ponían duro, jadeó sin querer cuando el intensifico el beso.
Sus corazones palpitaban como uno solo, llevo sus manos hasta la nuca de él, quería acercarlo aún más, y todavía sentía que no era suficiente.
Por ese momento, solo por esa noche lo que ansiaba era no pensar en las consecuencias, y compartir aquella pasión.
Cuando sintió que se apoderaba de uno de sus pezones, jadeó nuevamente contra su boca, fue como una descarga eléctrica que recorría todo su cuerpo y mucho más abajo mientras él seguía apretando su pezón entre sus dedos.
-Por favor alcanzo a susurrar, sin saber que quería que parara o siguiera con aquella tortura.
Albert la tocaba libremente por debajo del batín, continuó masajeando su otro pezón mientras paraba el beso para mirarla, mientras los dos respiraban agitadamente. Candy tenía miedo de que se apartara porque sentía que no la deseaba y sin vergüenza alguna le dijo.
-Por favor Albert no pares… quería que le enseñara todo y quería mucho más.
Notaba que había duda en él, como si se debatiera entre hacerle el amor o no, ella ya había perdido toda la dignidad rogándole que la tomara y aun así él estaba indeciso, sabía que no era una belleza monumental pero al sentirse rechazada lo que tenía que hacer era cubrirse para intentar salvar su orgullo herido.
Y antes de que se diera cuenta Albert la tomo en brazos, y caminaba con ella hasta la habitación.
-¿Estas segura que quieres esto?
Ella asintió con la cabeza demasiado aturdida para poder hablar.
Y perdió la noción del tiempo segundos después estaba en una cama enorme siendo depositada por sus fuertes brazos en unas sábanas blancas.
-Entonces que así sea. Dijo Albert antes de volar todos los botones de su camisa con desesperación y al momento siguiente quitarse los pantalones.
Magnifico y hermoso estaba desnudo delante de ella, sus piernas eran largas fuerte un hombre tan potente en simple palabras perfecto.
Sintió miedo al ver su erección tan grande, se preguntó si debía decirle que era virgen, pero él ya le había confesado que solo se acostaba con mujeres experimentadas, y esa noche no quería decepcionarlo, quería vivir el momento.
-Querida llevas demasiada ropa sonrió Albert mientras se acostaba encima de ella sobre la cama, le desabrochaba el nudo de la bata que abrió despacio hasta dejarla completamente desnuda.
Luego ya no pensó más porque él la tocaba por todos lados con manos expertas, por donde la tocaba dejaba ardiendo su piel como si la quemaran sentía su erección contra su muslo mientras bajaba la cabeza y se apoderaba de uno de sus pezones, ella grito extasiada. Susurrando su nombre primero con suavidad luego con mucha fuerza mientras con la otra mano se apoderaba de su otro pezón.
Palpito un líquido que fue a derramarse entre sus piernas, lo deseaba urgentemente en ese momento y empezó a retorcerse para que él la hiciera suya.
-Shhh, paciencia pequeña susurro mientras la besaba tiernamente en la boca.
Se tomó su tiempo para acariciarla por todos lado besarla, y excitarla, suspiro mientras iba descendiendo de sus pechos hasta sus caderas, su ombligo, su cintura sus muslos. No supo cuánto tiempo paso en aquella tortura mientras su lengua la recorría por todas partes.
-Albert….
Luego bajo una de sus manos para acariciarla entre las piernas. Deslizo los dedos entre sus pliegues húmedos ese contacto le provocó un incendio su cuerpo temblaba mientras el incrementaba las caricias.
Pensó que hacía lo correcto eres aquel hombre el que su cuerpo había estado esperando todo ese tiempo.
Y sin previo aviso se colocó encima de ella y la empezó a penetrar.
Por un momento el dolor era insoportable y pensó que se estaba partiendo por dentro y grito.
-Por favor para…
Albert levantó la cabeza y alzo las cejas asombrado mientras los ojos le brillaban de placer.
-Eres increíble susurro mientras con una mano le acarició la mejilla con mucha ternura y ella capto un breve temblor en su mano.
Bajo la cabeza nuevamente besándola con delicadeza mientras centímetro a centímetro se adentraba empujaba hacia su interior rompiendo todas las barreras al principio sintió incomodidad pero luego el paró un poco y ella se llenó de plenitud, de calor no pudo creer la sensación de unión que experimento.
Luego volvió a tomarle la boca en un beso sensual, se retiró por completo y luego volvió así una y otra vez en un ritmo que provoco que todo su interior echara chispas, lo abrazo con deseo y necesidad devolviéndole cada beso desesperadamente mientras ella pensaba que se iba a morir por falta de aire en los pulmones.
Fue entonces cuando todo dejo existir y el mundo exploto a su alrededor y luego él la acompaño había sido tan perfecto que quería que aquel momento se prolongará para siempre.
Y luego se durmió profundamente, al recobrar la conciencia todavía estaba oscuro y una sonrisa se dibujó en su rostro recordó cada uno de los detalles de la noche anterior sintió el calor del cuerpo de Albert a lado suyo.
Y luego recordó el poco orgullo que había tenido la noche anterior casi que le había rogado para que le hiciera el amor, había visto la resistencia de él en todo momento, claro que no la deseaba era solo una chica insignificante debe estar acostumbrado a mujeres mucho más elegantes y experimentadas que ella. Pero recordó como la traición de su ex novio había destruido la confianza en ella aquella noche, Albert solo trataba de brindarla apoyo, y compañía pero ella prácticamente se había lanzado a sus brazos debió haber sonado demasiado desesperada para que él se pudiera resistir a la lástima que le producía.
Sabía que era una mujer fuerte y aunque tuvo la tentación de quedarse en sus brazos no podía hacerlo, no podía enfrentarse a él, a la luz del día y diciéndole que todo había sido un terrible error.
A pesar de la noche maravillosa que había pasado tenía que retirarse con la poca dignidad que le quedaba.
Su olor inundaba sus sentidos, pero la fantasía había terminado aquella noche una experiencia única para ella. Seguro que se sentiría agradecido por despertar solo y no tener que enfrentarse a ella sin hacer ruido se levantó de la cama antes de mirar a ese hombre hermoso que dormía profundamente.
Albert despertó al amanecer el recuerdo de la noche increíble que había pasado provocaron su erección de inmediato, el sexo con Candy había sido perfecto, a pesar del fuerte orgasmo que había experimentado. La había deseado más quería hacerle el amor una y otra vez, solo la certeza de que había sido su primer amante lo habían contenido de saciarse una y otra vez con su cuerpo esbelto y sexy.
Su primer amante… eso despertó un orgullo primitivo y masculino de saber que no había existido ningún hombre antes que él, no era de aquellos que iba por allí acostándose con vírgenes, le gustaban las mujeres experimentadas que no querían nada de él, que sabían que ya no tenía un corazón para entregar, ni siquiera a las más experta de las amantes.
Después de la sorpresa que sintió cuando supo que era virgen, evaporo por completo sus reservas, y la culpa por haberla hecho suya, ya que ella le respondió de un modo que lo hacía temblar, entregándose sin reservas luego se había acurrucado junto a él como una gatita entre inocente y confiada. No no podía haber remordimientos y una vez iniciada él se encargaría de continuar con la relación, se consideraba un amante generoso y estaba seguro que ella no lo lamentaría buscaría la forma de viajar más a menudo para verla.
Ahora en ese mismo momento la deseaba con todas sus ganas y se dio la vuelta para abrazar a su nueva amante.
Pero la cama se hallaba vacía.
Las sabanas ya estaban frías. Se levantó bruscamente fue al baño y su ropa tampoco estaba.
La rabia se apodero de él, ¿lo había dejado sin decir una sola palabra? Acaso se avergonzaba de él, golpeo la cama con fuerza e intento calmarse y controlarse, pero la rabia y la indignación se apoderaban de él.
Nunca una mujer lo había dejado plantado sin una nota, sin una explicación. ¿Qué la habría impulsado a marcharse? Miedo, culpa, será que quería vender la historia en el periódico tanto se había equivocado con ella.
En eso lo llamaron a su celular, y tenía asuntos que resolver en su trabajo.
Miro la cama en ese momento no tenía tiempo para buscar a Candy White. Pero se dijo así mismo que la tendría delante de él, y tendría muchas cosas que explicarle.
CONTINUARÁ….
Chicas actualizando me da gusto leer cada uno de sus rewieds, gracias por su apoyo y a seguir intentado actualizar todas las historias.
