Su respiración pareció cortarse. ¿Cómo era posible lo que veía? Soportar tan terrible sufrimiento. La voluntad del hombre era inaudita, ¿Había sido obligado o lo había decidido por convicción propia? ¿Cuál era su razón para continuar con semejante travesía? ¿Sufrir una muerte lenta y dolorosa? No, no tenía sentido alguno para ella.

Cerró los ojos, debía calmarse. Se dejó caer en la arena y metió el rostro entre las rodillas para pensar.

El estaba muerto, ahora estaba sola, no tenía idea de dónde diablos estaba, no sabía qué dirección tomar para salir de aquel desierto, no veía refugio alguno que la pudiera resguardar de la tormenta ¿Qué caso tenía moverse? Daba lo mismo.

Volvió a mirar al hombre.

- Qué lugar para morir… - Dijo con resignación -. Sepultado en el olvido, donde nadie sea capaz de encontrarte… es muy triste.

Un repentino parpadeo de luz, llamó la atención de Hitomi de vuelta al dañado cuerpo. Se acercó y observó con detenimiento uno de los puños ensangrentados de donde provenía el destello, curiosamente cerrado a diferencia del otro.

Lo tomó con cuidado entre sus manos y lo abrió para revelar lo que ocultaba. Era una piedra carmesí que brillaba incandescente.

- ¡No puede ser! - Exclamó -. ¿Existían más de estas piezas? ¡Pero si es idéntica a mi péndu…! - Se había llevado la mano al pecho, olvidando que lo que buscaba ya no estaba ahí.

- Que tonta - Se mofó -. Ahora le pertenece a alguien más…

El no tener en su cuello el colgante que le dio su abuela, era otra de las pruebas de su separación con Van. No deseaba admitirlo, pero el recordarlo le producía dolor.

- Van...

Obstruida por sus pensamientos, no se dio cuenta del continuo desprendimiento de luz en la joya, hasta que esta, desató un brillo tan intenso que la segó por completo regresándola a la "realidad".

Todo sucedió tan rápido que ni siquiera le dio tiempo para reaccionar. En el mismo instante que fue bombardeada por la luz, el suelo desapareció junto con la tormenta y la arena. No sintió más el viento azotándola ni el sofocante calor del desierto abrasándola. Había sido trasportada.

Cuando logró al fin abrir los ojos, pensó que se había quedado siega, no veía nada en lo absoluto, todo estaba en tinieblas. No sabía si esta vez estaba encerada en un pequeño cuarto oscuro o si era una gran extensión de pura negrura.

Se abrazó a sí misma como refugio ante el abismo. El miedo se estaba apoderando de ella y no solo eso, algo la oprimía en su pecho, una sensación extraña de dolor, como si alguien estuviera ejerciendo una fuerza sobre ella.

Al momento, comenzaron alzarse silenciosos gemidos, llantos de sufrimiento.

- ¿Quién está ahí? - Preguntó Hitomi, tratando de penetrar la oscuridad con la mirada.

Nadie le respondió.

Los lamentos eran apenas audibles al principio pero para su horror, se unieron más individuos y poco a poco fueron tomando premura hasta convertirse en gritos desgarradores.

Ese cambio también produjo un trastorno en ella, inesperadamente comenzó a doblarse del dolor, era como si cada llanto se coordinara con pequeñas cuchillas invisibles que la atravesaba por doquier.

- ¿Por qué estoy sintiendo esto? - Gimió -. ¡Basta! ¡Basta por favor!

- ¿Qué paremos?

Una voz grave se apartó de las demás para hablar.

- No, no podemos…

- ¿Quiénes son? ¿Por qué están provocando esto? - Gritó Hitomi, más por el dolor que para ser oída.

- ¡¿Provocar?!- Explotó la agonizante voz.

- ¡Tú eres la culpable de todo! - Respondió esta vez alguien distinto detrás de ella.

Hitomi se giró, pero no halló a nadie.

- ¡Tú eres la causa! - Anunció otra voz con rabia a su derecha.

- ¿Causante de qué? ¿Qué he hecho?

- ¡¿No lo sabes?! - Rugió otro

- ¡Maldita! ¡Tú estas maldita!

- ¿Qué?

- ¡No debió haber existido razón alguna para que nacieras! Tú sola presencia nos quema y hunde más a nuestro tormento, ¡Mira por ti misma lo que has provocado!

Y como si fuera una orden, las imágenes se dispararon en su cabeza; vio distintos lugares, tierras lejanas, bosques, valles, montañas como las que había visto en Gaea. Visualizó no solo ciudades como la gran Asturia, si no también Tokio y distintos lugares de su país y el mundo. Todo en destrucción.

- ¿Que… que es esto? Las imágenes siguieron llegando cada vez más rápido. Muerte, sufrimiento, agonía veía. Las personas morían frente a ella.

- No, Basta… - Suplicó Hitomi por que se detuvieran las visiones.

- ¡Tú lo provocaste!

- No, No es verdad…

Bestias, Seres extraños destruían todo a su paso devorando a la gente, todos huían despavoridos.

- ¡Tú lo iniciaste!

- ¡No!

El suelo se partía, el viento arrasaba con lo que tocaba, toda la naturaleza colapsaba, todo se destruía.

- ¡Eres tú la culpable

- ¡Basta! ¡Basta por favor! - Lloró Hitomi

- ¿Ahora lo ves? ¿Ves lo que has provocado? ¡Tú eres la que debe pararlo! ¡Debes terminarlo, debes desaparecer! ¡No debes existir!

Hitomi se cubrió los oídos y cerro con fuerza los ojos. Se negaba a seguir escuchándolos.

- Despierta, despierta, despierta… - no podía ser real lo que veía.

- ¡Tú eres un demonio! ¡Demonio!

- No pertenezco aquí, esto no es real, no lo es… - Sollozó Hitomi, sintiendo cada vez más las finas navajas atravesarla sin piedad.

- ¡Desaparece! - Rugieron varias voces esta vez _. Tú eres la causante, tú eres la intrusa y el motivo de todo, ¡tú…! ¡Tú eres la bestia! ¡Lárgate!¡Vete!

- Despierta, ¡Despierta Hitomi!

La luz se catalizó de nuevo bajo su mano. Abrió los ojos inundados de lágrimas y vio que sobre su palma aún sostenía la piedra roja, caliente. Comenzó a expandir su luz aclarando la negrura que la rodeaba, lo suficiente para darse cuenta en el terrible lugar en que estaba.

Era un mar sin superficie y solo fondo compuesto únicamente de cadáveres. Cientos y cientos la circundaban flotando por doquier. A su lado ya yacía como colección el hombre que acababa de morir frente a ella.

Hitomi se quedó inmóvil. Descubrió que no podía gritar, ni correr para huir, estaba paralizada y en shock, su cuerpo no le respondía. El aire abandono sus pulmones y empezó ahogarse, no podía respirar, no existía ya aire en ese lugar.

Fue entonces que la negrura se rompió y se abrió ante ella un bosque apenas iluminado por las dos lunas.

Hitomi recupero el aliento al ver que las navajas y los gritos ya no estaban. Con esfuerzo, aun presionándose el pecho abrió los ojos para presenciar lo que la destrozaría por completo

- ¿Van…?

Los ojos de Hitomi se clavaron a lo lejos, donde la silueta de Van se imponía con su claros reflejos en el agua, en la noche sólo iluminada por las dos lunas. Denotaba un aspecto más viril y maduro por los años….más fiero y atractivo…¿Estaría viendo al Van presente?

Pero su mirada rojiza estaba perdida en un punto fijo de la laguna, cerca de la cascada. Observando en silencio a un ser alado, una Riuji. Hitomi, se sorprendió por el hallazgo, pero se sorprendió más por la manera tan ferviente que Van la miraba. El agua que caía del cauce, se restregaba por el cuerpo desnudo de esa joven que extendía sus blancas alas al roce de la laguna. Acariciando cada parte de su piel y exponiendo ante él su belleza.

Van se había acercado lentamente sin dejar de mirarla, que sin inmutarse por su presencia, la joven permitió que admirara su cuerpo. Van la bajó del pequeño pendiente y la arrastro hacia él, profundizando el contacto de sus cuerpos, abrazando su deseo por ella, que sin preámbulo comenzaron ambos a intensificar.

Hitomi, no podía hacer nada más que mirar, sintió como sus lágrimas le quemaban el rostro y no podía impedir que dejasen de correr. Deseaba en ese momento desaparecer...

Fue entonces que las cosas tomaron un cambio totalmente inesperado. La mirada de la joven, cambió de un momento a otro con oscuridad. Y ante el horror de Hitomi, aquella mirada asesina se clavó en ella, vislumbrando por primera vez su rostro. El rostro que le pertenecía a ella.

Sin poder comprender lo que sucedía, viendo incrédula y hasta cierto punto horrorizada su propia imagen junto a la de Van, una voz fría se alebresto en su mente.

"¿No te satisface ver, que es tuyo ahora?"

La "otra Hitomi" se reía frente a ella, sin dejar de acariciar a Van.

No soy yo quien está con él – respondió Hitomi, desviando la mirada de ella.

" Pero si yo, soy tú. Puedo trasmitírtelo ¿No quieres sentirlo..?"

Siseo la otra, apegando su cadera hacia Van rozando su ropas para exigir la necesidad de él.

Y como un fugaz cambio, Hitomi de pronto se refregó en la sensación del contacto de Van, acariciándola, besándola, ahora era ella quien estaba en ese cuerpo desnudo junto a él. Ahogándola esta vez, pero por tenerlo tan cerca. El cuerpo de Van era tan firme, que parecía amoldarse a su cálido torso, estaba perdida en el rose de sus manos y el ávido deseo de su boca. Nunca pudo sentirlo de tal manera tan cercana y ferviente, tan lleno de deseo y de amor que el contacto de su piel la contraía a querer jamás despegarse de él, deseándolo cada vez más… y dentro de ella.

Y como ser arrancado de un capullo, Hitomi despertó de nuevo en la misma posición en que estaba, con la mente confusa al borde de la laguna, lejos de Van…. El dolor en el pecho se intensifico, oprimiendo su agonía.

" ¿Ves? " – Se rió la voz " Es nuestro… un lastima el tener que matarlo"

A Hitomi pareció helársele el alma.

Sin dejar de besarlo para distraerlo, la otra Hitomi que estaba con Van, hizo aparecer de la profundidad del agua una daga.

¡No..! –Gritó Hitomi agonizante por el Dolor. - ¡No lo hagas! ¡Van! - insistió Hitomi, pero ningún sonido salió de su boca, las palabras se habían ahogado en su garganta, había perdido el habla.

"¡No...!"

Quiso correr hacia él, pero su cuerpo no se movió.

" ¡VAAAAAAAN! "

Pero ya era demasiado tarde. Hitomi vio con horror como la hoja de la daga se clavó justo en el corazón de Van.

"no..."

Van, miró incrédulo aquella Hitomi, sus ojos rojos se inyectaron de rabia. Vomitó sangre y sin poderse mantener en pie se dejó caer lívido al agua. Los repliegues de la laguna, trajeron consigo un hilo de sangre hacia la Hitomi inmóvil, en ese momento ella sintió como su alma había abandonado su cuerpo.

- ¿Deseas... que termine? ¿Que ya no sufra? - Habló la falsa Hitomi con una terrible voz seductora.

Hitomi voltió a verla, pero no encontró su mirada. A quién ella veía esta vez era a Van.

- La mejor fórmula es el olvido.

Van no le respondió, la sangre le borboteaba sin parar de su boca y pecho.

Ella desvaneció sus alas y se inclinó a él con burla, lamiendo su boca para saborear su sangre con malicia.

Un estruendo como rayo pareció atravesar a Hitomi, que se desplomó perdiendo toda fuerza en ella, arrastrándola de nuevo en la oscuridad.

" No….debo estar con él…"

Gimió Hitomi antes que el silencio llegara y todo con el desapareciera. Los lamentos ensordecedores, los cadáveres, las visiones, el dolor… excepto una sola cosa que no la abandono. El rostro sin vida de Van….