Encrucijada

Cap 3


TIEMPO REAL

La repulsión que le causó sentir a Voldemort tan cerca de ella fue infinita, el hedor emanando del cuerpo de ese monstruo le parecía repelente. Su propio cuerpo mojado por la lluvia se sentía más pesado que nunca.

Un mareo la asaltó de pronto y sintió una sensación de ahogo que fue retenida en su garganta. Pero él no debía sospechar nada, o estaría perdida, se recordó.

-Mi señor- dijo con voz firme, pero sin verlo directamente a los ojos.

-Hoy conocerás por fin a tu aliado dentro de Hogwarts, dijo Voldemort con una voz sombría y recalcando la palabra aliado en un tono peligroso. Ella estaba preparada para todo, posiblemente sería otro más de esos miserables Slytherin sin voluntad propia que terminaban siendo arrastrados a ese mundo.

-Hijo- siseó una voz por demás desagradable para ella.

Se había concentrado tanto en sus otras cavilaciones, que al oír esa voz le dio más importancia a su procedencia que a lo que expresaba. Pero segundos después al comprender la magnitud de aquella simple palabra, el alma se le fue a los pies, e interiormente sintió una opresión en el pecho y un horrendo pensamiento la asaltó, ella sabía que sucedería pero no podía dar crédito a ello.

Frente a sus ojos una figura igualmente vestida se acercaba con paso seguro. En el instante mismo en que se retiró su máscara, ella creyó que el piso se abría debajo de ella y se sintió succionada al infierno, ese pues sería su calvario, el vil recordatorio del destino que le confirmaba que ella no podría escaparse del pasado.

-No puede ser él- pensó con desespero, como intentando convencer a su mente que sus ojos la engañaban, -no puede haber regresado justo en ese momento, cuando me creía a salvo- siguió diciéndose presa del pánico. Hasta que un chispazo cruzó por su desenfrenada mente haciéndola esbozar una media sonrisa con aire malicioso mientras miraba fijamente al muchacho frente a ella.

-Draco- llamó Lucius mirándolo sin emociones, para luego mirarla a ella con suficiencia.

Draco avanzó hasta situarse a la altura de Lucius y completar su análisis de ella. Desde el instante en que vio de reojo como una figura extraña se acercaba supo que algo sucedería, cuando ella dejó ver su rostro en un principio sintió admiración por esa belleza frígida, pero al oír su nombre no pudo evitar sonreír sádicamente, ella era la víctima que estaba esperando, sería interesante ver esa estatua de orgullo retorcerse a sus pies, había pensado con descaro.

-Draco, Vanessa Stendrak desde hoy se unirá a nosotros oficialmente. Ahora regresa al castillo y mañana seguirás con la labor. Tienes un mes, recuérdalo, sabes lo que te sucederá si no lo logras- siseó Voldemort con un tono de voz que aseguraba que de no cumplir tal objetivo realmente sufriría lo indecible en sus garras.

Draco simplemente asintió con la cabeza, se colocó nuevamente la máscara y desapareció en la espesura del bosque.

-Todos los demás ¡largo!- ordenó Voldemort con voz autoritaria.

La reacción de la concurrencia mortífaga fue inmediata. Nadie, ni siquiera el mismo Lucius Malfoy esperó que se repitiera la orden, era fácil darse cuenta que no era el mejor momento para contradecir al Señor Oscuro, y no sería ella quien comenzara, se dijo a sí misma mientras se daba media vuelta con el fin de terminar con ese martirio.

Pero la voz de ultratumba que empleó el Lord en esa ocasión la paralizó en el mismo punto en el que se había quedado.

-Vanessa- había susurrado con un aire misteriosamente peligroso que revelaba su naturaleza oscura.

-Mi señor- dijo ella intentando sonar tranquila.

-En un mes quiero la llave, y si aprecias tu vida evita que cualquier Malfoy la descubra o seguirás su mismo destino- dijo con una voz que corto su respiración para luego desaparecer en la profundidad del bosque, como si nunca hubiera estado ahí.

Ella permaneció en esa postura por varios minutos, completamente tensa, no tenía ninguna forma de interpretar esas revelaciones, pero estaba convencida que había algo macabro detrás de esos secretos, lo importante entonces era ganarle la partida a Voldemort y tal vez algún día verle implorando perdón, pero antes que nada debía averiguar que había sucedido con Harry y qué extraña relación tenía con los planes de Voldemort. Y sí, para eso haría lo que fuese, cualquier cosa.

Un olor a podrido inundo sus fosas nasales repentinamente, y antes de poder meditar en algo más se sintió desfallecer. Un corte en negro fue lo que puso fin a su conciencia…

A una relativamente gran distancia de allí, Draco Malfoy ingresaba nuevamente a Hogwarts escabulléndose por una puerta oculta, con una facilidad que hubiera aterrorizado a los jóvenes magos que dormían plácidamente, sin sospechar siquiera que el mal rondaba sus pasillos.

-Aún no puedo creer que esa sea Stendrak- susurró para sí Draco mientras subía agazapado entre las sombras rumbo a la torre de premios anuales. Aún tenía fija en su mente la imagen del aura misteriosa de la joven que había levantado sus sospechas. No sabía cómo ni porqué, pero el último vistazo que le dio le confirmó que esa mujer sería la causante de algo muy grande y peligroso.


HORAS MÁS TARDE (3:28 a.m.)

Un leve escozor en la espalda y piernas empezó a ser percibido por sus adormilados sentidos, parecía que el suelo tuviese pequeñas piedrecillas incrustándose profundamente en sus extremidades. Ella aún se encontraba debatiéndose entre la inconciencia y la realidad, cuando recordó con una calma desconcertante y sin un atisbo de sentimiento todo lo que había ocurrido.

La espiral embriagadora de la conciencia se apoderó de ella, quien luchaba por abrir los ojos y moverse, ambas cosas imposibles en ese momento.

-¿Qué había sucedido exactamente luego de la desaparición de Voldemort?- Se preguntaba mentalmente.

El recordatorio de su paradero fue un rugido animal no muy lejos de ahí. El frío viento rozándole las mejillas trayendo consigo un olor a tierra y musgo fue lo que provocó que se levantara de manera abrupta.

Tal como lo había supuesto, había perdido la conciencia en medio del bosque prohibido. Su precario sentido de la orientación, sumado a las constantes punzadas que sentía en sus sienes fue lo que la acabó alertando.

Se fijó bien en los alrededores y detectó rastros de la reunión mortífaga hace mucho acabada, recordó el rostro de Malfoy al quitarse la máscara y su expresión extraña, volvió a sentir los vellos de su nuca erizarse por la voz de Voldemort y trató de contener las arcadas que esos recuerdos le produjeron.

Faltaba poco para que terminara de amanecer y no era bueno que no estuviera en su torre para entonces. El juego de la muerte tenía que empezar y no lo demoraría más.

Con pisadas firmes, su esbelta figura fue tragada por la inmensidad del bosque…


ESA MAÑANA… (7:03 a.m.)

Su cuerpo aún cubierto por las tibias sábanas se removió desganado para luego sentarse sobre la cama con cuidado.

La joven de cabellos negros sonreía aún sin abrir los ojos, atrapada aún en el mundo de los sueños, mientras que una mano viajó hasta posarse en su cuello con el fin de destensarse, grave error.

La fantasía se rompió en cuanto sus dedos tocaron la fría cadena de metal que portaba en su cuello, situación que hizo abrir sus ojos y borrar inmediatamente su hasta ese entonces inocente gesto. Tal vez había sido un error usar la llave en el cuello, pero era más seguro.

-No era un sueño- se dijo a si misma levantándose de la cama para luego verse al espejo.

-Idénticas- se dijo acariciando sus cabellos negros mientras se acomodaba el camisón de seda verde y se colocaba una bata que yacía hasta hace algunos segundos sobre una silla.

-Me daré un baño, y comenzaré con esto- pensó despertándose por completo y saliendo hacia la sala común.

Mientras que en la habitación contigua a la suya…

Draco Malfoy, con la postura arrogante de siempre contemplaba la máscara mortífaga dejada hace varias horas sobre una cómoda.

Aún resonaba en su cabeza la última frase dicha por Voldemort, él creía que dentro de muy poco alcanzaría su tan ansiado poder, sin imaginar los planes que él se había formulado, tanto su padre como Voldemort y los mortífagos quedarían relegados, el sería el victorioso en esa historia, después de todo era mucho más inteligente y astuto que el resto de escorias que pertenecían a ese mundo, meditó formando una sonrisa frívola.


GRAN COMEDOR (8:09)

Solo unos pocos alumnos se encontraban desayunando a esa hora, después de todo era Domingo.

Cuando ella atravesó esas sólidas puertas de madera pudo fijarse en lo decadente del mundo que la rodeaba. Hermione Granger no tenía ni una semana de haber muerto y parecía que todos volvían a sumergirse en sus propios problemas sin guardar ni una pizca de respeto.

-Pobres ineptos- pensó, todo rastro de la pequeña Hermione había muerto en su ser, ahora era una Vanessa mucho más cruel que la original.

–Cuando se den cuenta de su grave error y se retuerzan pidiendo clemencia, no gastaré ni uno solo de mis movimientos en ayudarles- terminó de pensar con una satisfacción maquiavélica mientras se sentaba por primera vez en la mesa Slytherin.

Un par de miradas se fijaron en ella y regresaron a sus asuntos con rapidez.

Hermione bebió un vaso de jugo con paciencia, saboreándolo. El apetito era algo que había perdido desde hace algún tiempo, para ser más exactos desde que ella "murió". Era extraño sentirse de esa forma, adoptar una conducta que no le pertenecía, poder ser otra por una vez, aunque más que placer le producía un sufrimiento lento acompañado del desgaste paulatino de sus emociones.

Como si el tiempo se hubiese detenido, ella se sintió arrastrada a un mundo irreal, una especie de agitación profunda e inexplicable la comenzó a acosar, como si algo la asechara y ella lo hubiera percibido inconscientemente.

Sabía que no debía darse vuelta, lo sabía, pero igual giró con elegancia la cabeza al tiempo que se ponía de pie para irse de ese asfixiante lugar.

Por unos instantes sus ojos chocaron con un brillo ardiente que sintió familiar, pero luego examinando la procedencia de este pudo percatarse que era tan solo Malfoy mirándola de manera extraña desde la puerta del Gran Comedor. Seguía poseyendo esa frialdad característica, aunque por un segundo pudo haber jurado que había algo de cálido en él.

Luego de haberlo pensado, su cerebro despertó por completo y se horrorizó de sus propios pensamientos, qué de positivo tendría un insecto como ese… ninguno, claro estaba, tendría que aprender a moderar su imaginación y canalizar ese talento a descubrir los siguientes pasos de Voldemort, se reclamó.

Sin darle más tregua a sus sentidos caminó a paso firme hasta la puerta ondeando su capa negra de acuerdo a su caminar, sin volver a dirigirle mirada alguna a ese ser repugnante a sus ojos y su conciencia.

Inevitablemente tuvo que pasar junto a él y no pudo contener su sorpresa cuando sintió un brazo firme impedirle el paso. El rostro de ambos no reflejó nada en absoluto.

El gran Comedor seguía sumido en las conversaciones habituales, el murmullo denso, los pequeños sonidos cortantes; tanto que nadie se percató de ese pequeño encuentro.

-Hoy en mi habitación a media noche- susurró cerca de ella con una voz gélida, para luego apartarse y continuar su camino rumbo a la mesa de Slytherin donde momentos antes ella estuvo sentada.

Sin poder evitar el mal sabor que le produjo ese encuentro, Hermione sonrió de lado cubierta a la perfección por esa máscara imaginaria de mortífaga que convino extremadamente a sus actuales planes.

Estaba segura que Malfoy planeaba algo, posiblemente intimidarla, lo que no sabía era el giro que tomaría esa historia en poco tiempo, sus planes se definirían en ese encuentro y así tuviera que tragarse su orgullo y enorme repugnancia terminaría lo que había jurado prometer…

Ciertamente no había nadie capaz de prever lo que se llevaría a cabo, pero de lo que podrían estar seguros… es que no sería nada bueno…

-No hay tiempo que perder- se repitió exasperada, mientras acomodaba su capa. Había pasado la mayor parte del día sin prestar atención a las clases, después de todo Vanessa Stendrak no era reconocida por el cuidado de sus deberes, sino por su inteligencia extrema, que la llevaba a sobresalir a pesar de sus frecuentes inasistencias o su desidia para con las materias.

Aún se encontraba frente al lago, bajo el mismo árbol donde antes se sentaba con su "querida hermana", no estaba completamente segura de los motivos que la impulsaron a ir ahí, pero definitivamente guardaban relación con la enorme confusión que su mente pugnaba por aclarar.

En tan solo unos días la rebelión de sus creencias había destruido la solidez relativa que tenía en su vida, y si por una parte se sentía completamente sola y aturdida ante el nuevo rol que tenía que representar y el contacto cercano con sus peores enemigos, era el regocijo malicioso que se gestaba en su alma al saber que muy pronto podría saborear la delicia de la venganza, la cual no solo incluiría a Voldemort.

Ella dirigió la última mirada al lago, y regresó al castillo, con una idea clara, Malfoy iba a saber a qué atenerse, no más agresiones, no más humillación, ahora sería ella quien vería al presumido Slytherin clamar por el perdón de sus culpas ante la imagen que conocería de ella. Esta vez podía empezar de nuevo, mostrando ese ser que había permanecido debajo del recato y la conciencia durante tantos años.

Incrementó el paso, había pensado que era mejor comenzar una inspección a las cosas de Vanessa, estaba segura que los motivos y mitos acerca de esa llave y el dichoso sello, se encontrarían en algún lugar referente al pasado de su alguna vez amiga.


En un lugar algo apartado…

-Dime… ¡qué ves! – siseó una voz con una profundidad amenazante.

Silencio… sólo el sonido de un goteo constante, el tintineo del metal rozándose y el olor a moho, era lo que destacaba en ese lugar, demasiado oscuro desde este ángulo para saber quien se encontraba ahí.

-Habla- susurraba la misma voz con un aire de rencor y desesperación alarmantes.

-Ella- se oyó a otra voz decir, pronunciándolo con un ahogamiento y una voz atormentada, que era más un quejido.

-¿Quién?- dijo la primera voz interesada.

-Ella… ella…-susurró para luego gritar con una voz agonizante cuyo sonido doloroso producía escalofríos, los cuales se acrecentaban por los intensos golpes metálicos que ahora se oían -el diario… Nooooo Nooooo es muy tarde nooooooo¡ellos lo sabían¡No lo digas¡Huye!-

-Cállate- dijo la primera voz completamente frígida y dejando escapar una maldición entre dientes.

El respirar agitado de un cuerpo, se perdió en el silencio…

-Hablarás mañana, y si intentas resistirte, sabrás lo que pasará- masculló para luego dejar de emitir sonidos.

Nuevamente solo en la oscuridad.


Vanessa Stendrak subía a la torre de premios anuales, cosa normal en los últimos meses, lamentablemente los propósitos que la impulsaban habían cambiado. Ese día iba a buscar respuestas.

Cuando al fin ingresó, pudo ver el ambiente completamente ordenado, le causó una gracia morbosa el recordar la escena del asalto mortífago, ahora completamente insensible a ese suceso.

Le costó unos segundos solamente, darse cuenta de la ausencia de Malfoy en la torre, cosa que le convino enormemente.

Dentro de la habitación de Vanessa, por primera vez desde que la conoció se sintió una intrusa, pero eso no disminuyó sus intenciones de buscar lo que deseaba.

Se fijó en detalles de los que antes no se había percatado, la pulcra cama con doseles tallados elegantemente acompañado de dos mesas de noche. Las tonalidades moradas y negras presentes en cada rincón, ciertamente delatando un rasgo característico de Vanessa.

Su amplio armario monocromático, con piezas elegantes y sobrias, algunas cajas envueltas en un papel negro en la parte superior y un cofre algo más pequeño, de metal.

La cómoda de un extremo se veía poco utilizada.

Del lado opuesto de la habitación se encontraba el espejo y la silla antigua. Un cuadro de un ángel mirando a la luna era lo que completaba esa parte de la escena.

No había muchas señales de calidez en ese lugar definitivamente. Como era una tradición ya cada vez que pisaba ese recinto luego de esa noche, se acercó al espejo a constatar si realmente seguía siendo ella.

-Hermione- se llamó a sí misma como para recordarse quien era, debajo de toda esa capa de oscuridad y odio.

La respuesta distorsionada que el espejo le devolvió fue satisfactoria ante su compleja mente, que no albergaba rastro para la duda.

El primer lugar en el que buscó fue debajo de la cama. Pero como sabía, ahí solo estaba el cofre de madera. La mesita de noche tenía un libro de un autor poco conocido y en letras doradas decía "El canto de la muerte". Si no hubiese sido tan sombrío probablemente le hubiera prestado una mayor atención pero simplemente lo colocó sobre la cama. En el mismo lugar estaba un pergamino con algunos apuntes de una clase pasada que probablemente había sido olvidado hace mucho. Por lo demás estaba vacío.

Cuando revisó el armario, tuvo el suficiente cuidado de inspeccionar prenda por prenda y fijarse que no hubiera nada importante. Aparentemente no, en las cajas tan solo objetos sin importancia, y la cajita de metal… cerrada. Trató de abrirla, pero no pudo, estaba especialmente diseñada para guardar algo con extrema seguridad.

-Aquí hay algo- se dijo con calma, analizando con cuidado esa pieza, al darle la vuelta pudo observar una palabra en bajorrelieve que confirmó su importancia… "Stendrak".

Definitivamente, era de una connotación familiar, pero debía averiguar exactamente quien fue Vanessa para poder descubrir lo que deseaba. Colocó la cajita junto al libro y prosiguió con su inspección. Pero no encontró nada más, golpe bajo para un alma que guardaba aún la convicción de hallar las respuestas en esa escueta búsqueda.

La mirada rabiosa de Hermione recorrió el lugar, -me queda poco tiempo…- susurró sin rastro de temor, por el contrario una firme seguridad estaba impregnada en sus palabras.

Se hacía algo tarde para cenar, y como era casi un hábito, esa noche tampoco bajaría al Gran Comedor, sería mejor prepararse, y dejar el análisis de la cajita para otra ocasión. Tomó con toda delicadeza la pieza y sin saber porqué, colocó el libro encima de esta para luego introducirlas a un cajón de la mesita de noche, antes vacío.

Estaba segura que Malfoy no regresaría a la torre hasta la media noche y eso le daba tiempo para investigar en el propio dormitorio del Slytherin.

-Arriesgado- se dijo con una sonrisa mientras salía de su dormitorio rumbo al del chico.

–Pero interesante-

Pensó encontrar más resistencia por parte de la puerta, pero la abrió con una facilidad inusual que alertó por completo sus sentidos. Era lo suficientemente inteligente como para saber que Draco Malfoy aplicaría una mayor seguridad a su puerta.

La luz se filtraba por entre las cortinas cerradas, estaba ligeramente iluminado pero no había rastro de él. No le costó mucho sentir en su espalda un calor electrizante, fue ahí cuando supo que no estaba sola, y que la propuesta de reunirse a media noche había sido solo una invitación para presentarse antes. Se reclamó mentalmente su estupidez, pero rápidamente pensó en formas de tomar el control.

-Bien Malfoy, aquí me tienes- dijo con voz seca.

-Creí que serías más astuta Stendrak- siseó una voz a espaldas suyas mientras oía como sellaba la habitación con un hechizo.

Una sonrisa cínica cubrió los labios de Hermione, porque sí, esta vez era Hermione Granger contra Draco Malfoy, solo que con la ventaja de portar esa brillante máscara de frialdad y sentirse por primera vez con el poder suficiente como para acabar con él.

-Veo que no te intimida en lo absoluto mi presencia- dijo Draco firme.

-En lo absoluto Malfoy- dijo ella segura sin voltearse aún.

-Tienes solo dos opciones Stendrak, darme aquello que te pediré o ser destruida- dijo él a la altura de su cuello.

Una sensación de repulsión y molestia la embargó, no soportaba la cercanía de Malfoy, ya que él era el vivo recordatorio de todo lo que vivió, despertaba los restos sensibles que habían quedado en las profundidades de su alma, porque después de todo, no sería humana si no conservara cierto grado de debilidad, aunque… por otra parte… la permanencia de ese rasgo en ella pendía de un hilo, estaba próxima a hundirse sin retorno en la más profunda oscuridad.

-Es muy vanidoso de tu parte considerarte capaz de destruirme- dijo ella con superioridad, dándose vuelta por primera vez, olvidando por un instante su asco.

Él simplemente deslizó su brazo hasta que su mano izquierda sujetó firmemente el cuello de ella.

Estaba helada…

Las palabras que siguieron a este acto fueron determinantes. –No necesito matarte para destruirte-

Hermione no intentó moverse ni sufrió ningún cambio en su postura, continuó con la mirada fija en él, y su respuesta fue aún más escalofriante que la de él.

Ella subió su brazo derecho, hasta que su mano, la cual sujetaba la varita de Vanessa se ubicó en el corazón de Draco.

-No tienes nada que destruir, yo sí- dijo con plena certeza esbozando la más fría sonrisa que hubiese visto Draco en su vida; ni Voldemort, ni su padre, ni él mismo; era tan vacía, que dudo por un instante que ese cuerpo frente a él tuviese alma, ni una chispa de odio, rencor, desprecio, tristeza o deseo de algo; era simplemente una sonrisa cadavérica, tan sin vida que su desconcierto se plasmo a través de su propia máscara.

Permanecieron en esa posición por un tiempo indefinido. Tan solo contemplando al rival. Ella pudo apreciar sus cambios de expresión pero no dijo nada, la primera vez que ella había visto esa sonrisa en el espejo había sentido algo mucho peor que lo que él había experimentado.

Repentinamente ella empujó con firmeza de hierro al Slytherin hasta hacerlo retroceder. Su proximidad ya no era tolerable, y el dolor agudo que tenía en la cabeza no la dejaba pensar.

-No obtendrás nada de mí- dijo antes de abrir la puerta con otro hechizo e irse sin mirar atrás.

¿No hubiera sido momento para atacarse? Hubiese preguntado cualquier novato en el arte de la venganza, no… es mejor ir descubriendo las cartas del enemigo y saborear la dulzura de la lenta destrucción, es mejor tomarse el tiempo necesario para que el impacto sea… mortal.

Luego de ese encuentro ninguno de los dos pudo dormir, tenían muy presente que ninguno cedería, y que la muerte de uno de ellos estaba cantada.

No hay forma de escapar de las pasiones, y en este caso su apasionado odio los llevaría a la más cruenta batalla… desde aquí la sinfonía que algún día la vida les hubiese compuesto, se distorsionaría con los gritos de sus víctimas…

Fin del cap


Hola!

Actualicé bastante rápido a comparación a lo que acostumbro hacer, pero no pude resistir la tentación.

Muchas gracias a todos aquellos que me leyeron, espero que este capítulo también haya sido de su agrado. No estoy muy segura de como les esta resultando la historia, pero no pierdo las esperanzas de saberlo.

Los próximos capítulos desarrollaran la trama de la historia que estoy segura logrará capturarles.

Sin más me despido.

Kate