Una lágrima le resbaló por la mejilla. Sus oraciones habían terminado y con ellas, el dolor de ciertos recuerdos. A pesar de que no podía llegar con exactitud a esos momentos, su corazón tenía la cruel certeza de que habian ocurrido.

Se enderezo con gracia luego de estar tanto tiempo arrodillada. Los músculos aún se le entumecían por el tiempo que habían permanecido sin utilizarse. El estar en la posición religiosa era una costumbre para ella. Sin embargo, el mover las piernas se había vuelto complicado.

-Esta no era mi idea de descanso-Ante esa voz a sus espalda, sonrió con resignación.

Hace más de una semana que no lo había visto. De vez en cuándo podía escuchar las ordenes que recibia la enferma a su cargo por teléfono. Ella no pareció tener inconvenientes cuando la vio salir. Tampoco pensó que lo tendría él, pero no su presencia demostraba lo contrario.

-Ren Tao-Giró en su dirección con lentitud-No es necesario que se preocupe tanto. Solo buscaba estar en contacto con Dios, nuevamente-Dirigió la mirada hacia el Cristo cruzificado.

Se notaba que el joven tenía un carácter bastante extricto, pero no podía aceptar la reglas de alguien más si esas interferían con las del Señor.

-Tonterías-Resoplo Ren. El cielo y el infierno no eran más que cuentos de hadas para él. Era absurdo que siguiera rezandole a alguien que había muerto hace miles de años.

-Estamos en casa de Dios, señor Tao-Lo observó con ligero disgusto-Mi casa-

El chino cruzó una mirada con ella que no le demostrar nada. El contacto duró un par de segundos, hasta que ese atisbo de enojo en los ojos de Jeanne se desvaneció. No consideraba gracioso hacer enojar a una mujer -nadie debería hacerlo después de conocer a Anna Kyoyama- pero ver una reacción así en la fracesa, era tan poco común e intrigante...

-¿Sucede algo?-Preguntó con la voz suave, la común.

-¿Qué podría ocurrir?-Ren se sonrojó y volteo el rostro hacia un lado. Maldita sea, necesitaba dejar de hacer eso-Si tan bien te sientes para escapar de mis cuidados, deberías regresar a tu casa-

-No estaba escapando, pero tampoco se me ocurrió que era una prisionera-Le sonrió apenada.

-No lo eres-Ren regresó a verla fijamente-Pero tu país representa un peligro constante en los últimos tiempos-

-Sí, lo sé.-Jeanne empezó a caminar-Lo he estado leyendo en el periódico-Ren enarco una ceja cuando pasó a su lado.

-¿Periodico?-

-Así es. Leer me ayuda a pasar las horas.-El chino empezó a caminar a su lado-Agradezco todas las molestias que se ha tomado joven Tao, pero el tiempo es... Algo aburrido para mi, supongo-Se detuvo a verlo-Más aún cuando no tengo su compañía-

Ren se detuvo en seco. ¿Qué estaba tratando de decirle esa mujer? Intentaba ignorar al máximo las reacciones que la adolescente le provocaba, no estaba acostumbrado a ellas. Había dejado que los días pasaran para que el incidente entre ellos se borrará, pero aún seguía presente para él, más si ella decía cosas como esas.

-Es decir-Trató de explicarse Jeanne al ver los ojos de él-Hablar también sería util, si tuviera con quien-

-Tienes a tu espíritu. Y a Bason le gusta visitarte-Ren se recompuso después de unos segundos-Quizás necesitas conocer algo más que esto-Con su mano hizo una referencia del lugar.

-Quizás-Aceptó Jeanne con una sonrisa-¿Cómo es China?-Le preguntó curiosa y ambos empezaron a caminar. Ren agradeció el cambió de tema internamente.

-Impresionante-Le respondió con una sonrisa de suficiencia-Tradicional, importante. Somos la potencia mundial. Hay demasiada gente, por desgracia. Pero es natural, un país como el nuestro no puede pasar desapercibido para la humanidad. Si no fuera mi tierra natal, seguro me gustaría vivir ahí-

-¿En serio?-Jeanne sonrió ante su "imparcial" percepción del país oriental.

-Por supuesto. Este lugar es un parque de diversiones comparado con su imponensia-Resaltó.

-Me gustaría verlo algún día-Juntó las manos en su regaso-Solo he tenido la ocasión de conocer Norte América y brevemente Japón. Aunque no debería quejarme, ambos son hermosos países y de seguro hay muchas personas que deserian haber estado en ellos.

Ren la observó por el rabillo del ojo. Sabía lo abnegada que podía ser la Doncella de Hierro desde el torneo, pero a pesar de eso no puedo evitar que su humildad lo atrapara por un momento.

-Es un mundo bastante grande-Metió las manos en sus bolsillos-Tenía dos años menos que tú cuando deje mi hogar-Sonrió con sarcasmo. Hogar no era la palabra adecuada para lo que su familia tenía en ese entonces-Podrías hacer lo mismo-

-¿Pero tu hermana estaba contigo, no?-Ella se llevó a un dedo al mentón, pensativa-Tengo algunos recuerdos del inició del torneo, la señorita Jun está en ellos. Y apuesto también que en el de varios chicos-Sonrió sin notar la cara de disgusto de su acompañante-Es muy bonita-

-Naturalmente-El orgullo se dejó colar por su voz, aflojando la tensión de sus musculos.

-¡Oh! Y también recuerdo a un joven muy apuesto que la acompañaba-El enojo del Ren volvió-Parecían bastante cercanos, ¿estaban comprometidos?-

-No, era su espíritu acompañante-Mascullo entre dientes.

-Pero se veía bastante humano-

-Eso es porque ella domina la nigromancia-

-Entonces eran amigos-

-Así es-

-Que vergüenza. Yo insinuando algo más entre ellos. ¿Está casada?-

-Debería-

-Ya veo, es una lástima. Ambos se veían tan bien juntos-Con cada palabra de la joven parecía aumentar su furia. Sobretodo porque no sabía que tan acertadas eran sus frases...-¿Y usted señor Tao?-Ren se desvío de sus pensamientos-¿Encontró a la mujer de su vida?-

Ambos detuvieron su caminar y se miraron a los ojos en silencio. Estaban en medio de un puente, con la inglesa de otro lado como vista. No habían más personas a su alrededor, solo ellos dos. Jeanne esperaba su respuesta, pero nada en la expresión de él parecía delatar algo.

-Si estuviera casado, ¿por qué tendría que ser con la mujer de mi vida?-Los ojos de él estaban fijos en los dulces de ella.

-¿De que otra manera podría ser?-Jeanne le brindó una sonrisa y rompió el contacto antes de darle la espalda. Ambos observaron el horizonte en silencio. Uno a lado del otro. Los segundos pasaron mientras el viento soplaba haciendo mecer sus cabellos.

Ren soltó un suspiro, era inevitable, aunque ella no se movió ni un milímetro. Se retiró la chaqueta y caminó detrás de ella colcandola sobre sus hombros. Sus pulgares los masajearon por un instante, como lo habían hecho una de las noches cuando ella dormía, pero a Jeanne no pareció molestarle. En su lugar, ella lo encontraba reconfortante.

-¿Estás pensando en tus ángeles?-Preguntó por lo bajó.

-No-Su rostro se adorno de confusión-¿Por qué lo supone?-

-Quizás yo estaba pensando en uno...-

Ren tomó su mano invitandola a caminar nuevamente. Ninguno dijo algo más por el contacto, ni se mostró incomodo con él. Mientras el Tao miraba hacia el frente, Jeanne le echó un vistazo a sus dedos entrelazdos. Su mano era pequeña y delicada en comparación con la de Ren, algo aspera y con cicatrices. Sin embargo, ambas parecían encajar perfectamente. La de él rodeaba la suya protegiendola del frío, y la de ella mantenía a la de él calida.

No se soltaron hasta que llegaron a la puerta del apartamento y ella se aparto con delicadeza para mirarlo a los ojos.

-Mañana regresaré a mi casa. Gracias por lo que hiciste-Una sonrisa sincera se dibujo en su rostro. Ren no pudo evitar que algo parecido apareciera en el suyo.

-Ahora soy "tú" pero antes me llamabas "usted". Haces muchos cambios-El ser más alto le permitía apreciarla mejor.

-Creo que depende de lo que diga-Se encogió de hombros-A veces pareces más joven y otras veces, me haces sentir muy pequeña...-Terminó en tono más bajo, con las mejillas rojas. Luego se aclaró la garganta-Eres muy amable. Gracias por acompañarme-

-Vendre mañana. Necesitaras llevar algunas cosas a tu casa-

-¿Crees que sea necesario?-Jeanne se mostraba apenada,

-Precaución-Concluyó Ren.

-Está bien. Entonces, que tenga una buena noche-Estaba a punto de entrar cuando el la detuvo.

-Espera-Él hizo que regresara a verlo-¿No vas a despedirte?-

Las mejillas de Jeanne se encendieron al escuchar la misma pregunta que ella le hizo la última vez que vieron. No estaba segura que era lo que él le estaba pidiendo. Ahora que lo pensaba, debió hacerlo sentir bastante incómodo en ese momento, tal como ella se sentía ahora.

-Llamame Ren-La orden se escapó de sus labios. Ella no podía hacer nada más cuando el la miraba de esa forma.

-Buenas noches, Ren...-Con algo de timidez, pronunció su nombre. Le dio la espalda y él estiro atrás de ella la mano para abrir la puerta. Jeanne entró con la cabeza ligeramente inclinada hacia el piso, pero antes de cerrarla levanto los ojos para brindarle una sonrisa incomoda.

Cuando la puerta los separó de nuevo, Ren acarició con el pulgar la llemas de sus dedos. La misma mano que había utilazado para sostener la suya todo el camino de regreso.


Notas: Holaaaa! He regresado con un capítulo más. Gracias a todos por sus comentarios en esta historia, por darle follow y añadirla a sus favoritos. Hacen mi corazón sea feliz *-*

Y una reverencia para aquellos que me añaden a autor favorito. No saben lo increíble que son T.T

Si les gustó, lo odiaron, si creen que debo mejorar algo, si tienen alguna duda, ¡no duden en decirmelo! Recibo todo tipos de comentarios, jejeje ^^

Hasta pronto!