Todos los personajes son de Rumiko-Sensei… como todos aquí, escribo solo por diversión y sin pedir dinero por ello. Ok? ¡Perfecto! Entonces… adelante….
Capítulo 3
Amor de alquiler que no me reprochas que tarde he llegado…
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Cuando Kagome vio a Bankotsu acercarse a ella con una actitud altanera y socarrona, había quedado completamente petrificada, su peor pesadilla había vuelto nuevamente y al parecer estaba dispuesto a torturarla y a disfrutarlo. Con solo ver la mirada del hombre de larga trenza y cuerpo fornido Kagome sintió como si sus piernas estuvieran volviéndose de gelatina, no podía moverse y le parecía que en cualquier momento se iba a ir directo al suelo.
'Dios mío no puede ser cierto'. Pensaba una y otra vez incapaz de concentrarse en otra cosa, las imágenes de lo que ese hombre le había hecho vivir y sentir eran demasiado para su mente. Toda su valentía y sus planes de escapar de ese desagradable lugar se habían esfumado.
Cuando finalmente el moreno se abrió paso entre la muchedumbre, tomó a Kagome del brazo apretándola con más fuerza de la necesaria y con ese agarre estaba diciéndole silenciosamente que no intentara nada estúpido porque lo lamentaría. Ella, sin poder siquiera pensar en contradecirlo asintió con la cabeza gacha, no quería provocarlo y que las cosas se pusieran peor de lo que ya estaban.
Bankotsu sonrió con malicia y placer, la mujer que estaba a su lado le haría pasar una excelente noche, como esa de hacía ya más de un mes. Lo único que estaba molestándole era que Kagome en ningún momento se había opuesto a su presencia. Sabía que le temía y sabía que estaba tratando de no provocarlo para que no la golpeara o algo mucho peor, pero él era una persona que le gustaba el desafío y si la chica no hacía nada para detenerlo se aburriría.
-¿Cómo estás preciosa, me extrañaste? Yo sé que sí—Preguntó y afirmó burlándose en su oído al ver como todo el cuerpo de la muchacha se tensaba ante su presencia.
Kagome intentó ignorarlo pero Bankotsu tomó su barbilla con brusquedad y la obligó a que le respondiera mirándolo a los ojos. –Suéltame por favor...- Dijo casi inaudible, pero el moreno comprendió.
-Estás demasiado tranquila chiquilla, pero ¿sabes? Quiero que eso cambie, planeo pasar un momento tan agradable como el de la otra noche ¿recuerdas? Creo que nunca la había pasado tan bien con una mujerzuela, deberías sentirte alagada de que el gran Bankotsu haya regresado solo por ti-.
Kagome mordió su mejilla tratando de controlarse, esas palabras tan crueles tan llenas de burla y malicia habían logrado enfurecerla, pero debía tranquilizarse ese no era el momento adecuado para armar un escándalo, sabía que era una de las personas más vigiladas del lugar y si llegaba a llamar la atención de cualquier otra manera que no fuera con su cuerpo sería severamente castigada. Así que muy a su pesar sintiendo el gusto a metal de su propia sangre calló y miró hacia otro lado.
-¡No me ignores maldita perra! ¿Acaso quieres que me ponga violento?—
-No…-. Dijo casi al borde del llanto.
-Bien, vámonos de aquí… aunque si quieres podemos divertirnos aquí mismo…-. Sin esperar a que Kagome respondiera apoyó su mano en su espalda y la obligó a avanzar.
Pero justo cuando Kagome pensaba que todo estaba volviéndose más oscuro para ella, la voz que la había estado persiguiendo en sueños durante todos esos días la hizo girarse aun en contra de su voluntad. Esa voz era la voz de…
-Inuyasha-. Murmuró sin darse cuenta que lo había hecho, estaba desconcertada ¿Qué hacía de nuevo ahí? Ya se había hecho a la idea de que jamás volvería a verlo.
Ver el rostro de ese hombre le hizo sentir una especie de alivio ya que había visto incrédula como Bankotsu se tensaba al darse vuelta y ver a Inuyasha delante de él.
Pero la situación se hacía cada vez más confusa, primero lo había escuchado decir su nombre con cierta frialdad y algo de rencor y ahora toda la atención de Inuyasha se dirigía a Bankotsu.
-Bankotsu… aléjate de ella infeliz-. La voz del chico de ojos dorados se escuchaba ronca, mucho más ronca que la última vez que lo había visto y se preocupó, Kagome se había dado cuenta algo tarde que Inuyasha estaba ebrio, muy alcoholizado pero al parecer era muy fuerte porque al terminar de exigirle a Bankotsu que se alejara de ella le dio un fuerte golpe que lo aventó al suelo haciéndolo quedar en ridículo frente a Kagome y a otros clientes.
Humillado y realmente furioso se puso rápidamente de pie para darle una lección a ese maldito borracho que había osado a golpear su atractivo rostro. Levanto rápidamente el puño para darle una golpiza pero la mano de su hermano en su hombro lo hizo detenerse abruptamente.
- Bankotsu hermano, Inuyasha acaba de triplicar tu oferta… y las órdenes del jefe son claras….-Recordó el muchacho afeminado ganándose una mirada de fastidio y rencor por parte de su hermano. Luego de eso Bankotsu no tuvo más que retirarse del lugar muy a su pesar y rabia.
En tanto Jakotsu estaba muy resentido con Inuyasha por la forma que lo había tratado y al no poder decirle nada juró vengarse de Kagome en cuanto tuviera la oportunidad, la odiaba por ser tan hermosa y porque despertaba pasiones en todos los hombres que frecuentaban el bar.
-Tú sabes lo que tienes que hacer o de lo contrario sabes lo que te pasará. Sígueme-.
Entonces Kagome lo siguió resignada…
°-°-°-°-°-°-°-°-°-°-° Fin Flash Back -°-°-°-°-°-°-°-°-°-°
Y ahí se encontraba Kagome, a punto de ser vendida a Inuyasha por segunda vez. No comprendía como un hombre como él, capaz de conseguir a la mujer que quisiera estaba en ese cuartucho con una persona como ella. Realmente le parecía increíble y comenzaba a asustarla y a desesperarse le parecía que Inuyasha era un buen hombre y solo con mezclarse con esa gente del bar ya lo ponía en peligro y eso no quería que sucediera.
Delante de ella, Kagome veía un hombre en estado deplorable, de mal genio y de mirada ámbar atemorizante pero que a su vez no podía dejar de observar, sus ojos eran los más hermosos e hipnotizantes que había visto en su vida.
-¡Oye! ¿Tú que me ves?—Cuestionó irritado, el haberla visto a punto de acostarse con Bankotsu le había hecho hervir la sangre. Si ese maldito se hubiese salido con la suya…
-Nada…es solo que no… no creo que te sientas del todo bien-. No quería decir su nombre, no quería que supiera que se acordaba de él.
-¡Tú que demonios sabes!—
-Lo siento—
Ambos se quedaron en silencio por unos instantes pero la mente de Inuyasha seguía repitiendo todo lo que le había sucedido desde que encontró a Kikyo con su amante en el departamento, su descarada visita esa misma noche y por último el ver a Kagome a punto de ir a esa habitación con Bankotsu.
-Quítate la ropa-. Ordenó mirándola fijamente logrando paralizarla.
La orden que Inuyasha le había dado la tomó por sorpresa e hizo que sus músculos se tensaran. El tono de voz que Inuyasha había empleado había sido muy frío y hasta le pareció que se lo decía con bronca y molestia.
Al ver que la mujer no respondía Inuyasha frunció el ceño y tomándola de los codos la llevó a la cama y repitió la orden nuevamente. –Dije que te desvistieras perra-. Y como Kagome seguía petrificada intentó desvestirla el mismo.
-¡No! ¡Detente, detente! Eres igual a él… ¡Déjame!—Terminó de decir llorando.
Al ver que la muchacha había entrado en un estado de pánico y llanto Inuyasha se dio cuenta de su error y se lamentó de lo que había estado a punto de hacer. A pesar de estar ebrio pudo darse cuenta de que algo le había sucedido a la joven que estaba todavía hipando debajo de él.
-Detente, yo… yo… escucha, esto no está bien— Trató de tranquilizar su temperamento y los latidos de su corazón que habían aumentado considerablemente.-¿Qué es lo que sucede contigo?—
Kagome todavía no se había tranquilizado y seguía llorando amargamente, con ese comportamiento, Inuyasha le recordó todo lo que le había tocado vivir hacía más de un mes y no podía soportarlo.
-Tu… yo… lo siento —. Kagome siguió sin responder aunque sus lágrimas estaban disminuyendo.
Inuyasha comenzó a acariciar a Kagome para tranquilizarla y también encender su pasión, después de todo ya había pagado y aunque le atrajera mucho, Kagome no era la mujer indicada para él, más después de lo que acababa de suceder.
Kagome comenzaba a responder a las caricias del hombre de ojos dorados que la había asustado considerablemente. A decir verdad, no quería que la tocara, no soportaba recordar todo lo que había sucedido con Bankotsu, pero… esa mirada, cuando se disculpó por la forma violenta que estaba actuando se dio cuenta que estaba siendo sincero. Por eso y con todavía algunas lágrimas en sus azules ojos se dejó hacer. Sus caricias eran cada vez más osadas y más excitantes y nuevamente para su vergüenza lo estaba disfrutando, se sentía sucia por dejar que Inuyasha la poseyera nuevamente a cambio de dinero,sin embargo ese hombre la estaba volviendo loca y eso no era para nada bueno.
Una vez consumado el acto sexual, Inuyasha cayó dormido, la borrachera que tenía le había ganado esta vez y Kagome pensó que tal vez (y con ayuda de todos los dioses habidos y por haber) podría intentar huir de esa habitación y dejar para siempre ese espantoso lugar. Así que aprovechando que estaba en una de esas habitaciones temáticas con disfraces para satisfacer las diferentes fantasías de los hombres, decidió tentar su suerte e intentar una hazaña.
Tomó con cuidado y cautela una peluca pelirroja larga y comenzó a camuflarse, coloreó sus ojos con maquillaje bien llamativo para despistar su verdadera apariencia, utilizó un labial rojo pasión y dibujó un lunar arriba de su labio y luego de haberse retocado bien el peinado hurgó en las diferentes gavetas tratando de encontrar ropa. Estaba en las últimas consecuencias, después de todo lo que había sucedido con ella estaba harta y vestirse de lo que la habían obligado a ser no sería mucho problema. Encontró un pantalón de cuero acordonado bien ajustado; un top rojo con detalles negros y unas botas altas de taco aguja muy sugestivas. Al verse en los espejos de la habitación apenas podía reconocerse; estaba satisfecha de haber logrado un cambio tan radical en unos diez minutos. Ahora su corazón comenzaba a agitarse, debía verificar que Inuyasha siguiera dormido y dirigirse hacia la planta baja del lugar.
Una vez que confirmó que Inuyasha continuaba dormido salió sigilosamente de la habitación, caminó lentamente pero a paso seguro siguiendo la música y el murmullo de la gente. En su camino, estuvo a punto de ser descubierta por Jakotsu pero justo cuando ella pasaba y sudaba por el temor de ser descubierta y castigada, el afeminado estaba en compañía de un apuesto joven, así que la atractiva pelirroja y que nunca había visto en ese lugar pasó a segundo plano. Luego Kagome tuvo que persuadir a un hombre de mediana edad que la dejara pasar porque el jefe la estaba esperando y poniendo al jefe en contexto el hombre tornandose algo nervioso la dejó pasar sin mayor demora.
Finalmente, había llegado y su primera intención había sido salir directamente de allí pero no esperaba ver a Bankotsu al lado de los guardias con el ceño fruncido, enfadado y dándoles órdenes que no llegó a escuchar. Asustada y sin deseos de abandonar su sueño de libertad giró sobre sus talones y acudió a la barra en busca de Sango.
Agitada y al borde de un ataque de nervios, Kagome se acercó a Sango en busca de ayuda y al parecer su disfraz también la había engañado ya que la linda barwoman no la había reconocido.
-¿Qué se te ofrece?- Preguntó algo disgustada.
-Sango... Necesito que me ayudes una vez más por favor-. Dijo con una mirada y voz que Sango reconoció de inmediato.
-¡No puede ser cierto Kami-sama! Esto es estupendo, no te preocupes linda, ven conmigo, pasa por debajo-. Después de contener la respiración más de lo necesario, Kagome dejó salir el aire acumulado de sus pulmones aliviada y con renovadas esperanzas. Tal vez tendría aunque sea una oportunidad después de todo.
Sango comprendía a la perfección la situación en la que se encontraba su amiga; sí a pesar del poco tiempo que la conocía, Kagome se había convertido en su amiga, le conmovía mucho la historia de la chica y no soportaba las injusticias que se habían cometido contra la dulce muchacha de ojos azules.
Sabía que no tenían demasiado tiempo, si dejaba la barra por más de diez minutos se darían cuenta, la chica también estaba vigilada pero por diferentes razones. Su principal impedimento para salir de ese lugar por el momento era Bankotsu que estaba más que furioso con Kagome y con ese muchacho alcoholizado que se había atrevido a ponerlo en su lugar. Estaba segura de que el moreno de larga trenza se las ingeniaría para descubrirlas si no eran cuidadosas así que viendo nuevamente la apariencia de Kagome se arriesgaría a permanecer por lo menos veinte minutos más en la barra junto con la pelirroja. La chica estaba irreconocible, nadie le prestaría demasiada atención o al menos eso esperaba.
Le comentó de su plan a Kagome y la chica casi cae desmayada del espanto, no estaba preparada para tanta presión, en cualquier momento colapsaría. Sango intentó consolarla y le explicó que esa era la única opción que tenían en ese momento y que debían al menos intentarlo.
-Lo intentaré Sango-chan... lo haré-.
-¡Esa es la actitud que quería ver! Bien, escucha se que es difícil y realmente estresante todo esto, pero debes relajarte y pretender que todo está bien, si alguien se acerca sonrié y sé cortés pero no dejes en ningún momento que se propasen contigo-. Kagome asintió un poco más animada y Sango continuó indicándole que le pasara unas botellas.- ¿Estás lista?-
-Lo intentaré Sango. Pero... ¿que hay sobre Inuyasha? Estoy segura que en cualquier momento despertará y ahí terminará todo, a pesar de su borrachera estoy completamente segura que armará un escándalo porque no estoy allí-. Dijo ofreciéndole un vaso con alcohol a un cliente bastante ebrio.
-En este lugar es muy común que eso suceda, ya sabes que las chicas una vez terminado todo se retiran a seguir haciendo lo suyo-. Concluyó enojada por la inmundicia del lugar.
Kagome permaneció pensativa... atendia la barra y sonreía un poco más confiada aunque por dentro seguía ansiosa y alerta ante cualquier movimiento. Lo que más le preocupaba era que ya habían pasado los veinte minutos que Sango había prometido pero en ese tiempo no había visto salir a Inuyasha por ningún lado, así que supuso que estaría en ese cuarto durmiendo lo cual resultaba posible ya que por la cantidad de dinero que había pagado por ella era considerable y le daba ciertas libertades...
-¡Ésta es nuestra oportunidad! Jakotsu no está por ningún lado y Bankotsu subió a hablar con la mano derecha del jefe. ¡Mejor momento para intentarlo no habrá Kagome!- Alentó Sango que se había escabullido sin que ella se diera cuenta.
Kagome comenzó a sudar frio, no podía cometer ningún error si quería salir con vida de aquel lugar. Aspiró profundamente rogando nuevamente a todos los dioses y siguió a Sango obedientemente.
Para llegar a la puerta trasera de aquel lugar tuvo que esquivar varios obstáculos como por ejemplo los lujuriosos hombres que las atosigaban sin cansancio y de paso tuvieron que esquivar las miradas de envidia de las demás mujeres que 'trabajaban' en el lugar. Para eso tenían que actuar como si estuvieran de fiesta, bailaban entre ellas y con algún que otro sujeto desagradable dejándolos solos ni bien se daban vuelta. Sango estaba arriesgando mucho ayudándola.
Finalmente y para la emoción y llanto de Kagome habían llegado a la puerta trasera en donde no había guardias y podían respirar el frío y puro aire de la madrugada de Tokio, al fin, Kagome conseguiría su libertad.
-Ahora Kagome... debes darte prisa, huye, corre lo más rapido que puedas.- le aconsejó feliz de verla libre al fin.- Toma dinero, aléjate una cuantas calles de aquí y sube a un taxi... te sugiero que no te dirijas directamente a tu casa porque allí es donde te encontrarán primero. Ve a esta dirección y entra ahí... mi hermano Kohaku te ayudará si le dices que quién eres, él ya sabe de tí-.
-Sango, no puedo ir ahí...¿qué pasará si nos descubren? No soportaría que algo les sucediera por mi culpa-.
-Será solo por esta noche, en este lugar no saben que somos amigas y de ninguna manera pensarán que yo te ayudé a escapar...- dijo con esperanza, rogaba por el bien de esta locura que estaban cometiendo.
-Sango... muchísimas gracias, no sé... no sé como agradecerte...-
-Solo mantente a salvo, ahora ve y no mires atrás... Nos vemos en unas horas y te daré detalles del infierno que estallará en cuanto descubran tu desaparición-.
Y así Kagome corrió como nunca antes lo había hecho, sentía como su corazón latía frenéticamente con cada paso que daba, ya se había alejado unas cuantas calles y la zona por la que transitaba estaba volviéndose más agradable y menos peligrosa. Estaba lista para subir a un taxi e ir a donde Sango le había aconsejado. Hizo señas a un taxi y el auto se aparcó para dejarla subir; abrió la puerta de atrás y con un paso subió al vehículo.
Estuvo a punto de cerrar la puerta y darle las indicaciones al taxista pero...
-¿A dónde crees que vas, perra?-
El corazón de Kagome se detuvo por completo, todo había terminado y ya nada ni nadie la salvaría...
Continuará...
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N/A:Si, lo sé... que descaro en actualizar tan tarde... pero creo que es mejor tarde que nunca. Lamento haber dejado de lado Fanfiction por tanto tiempo pero era necesario, no tenía tiempo para hacer nada y creo que se merecen al menos algo "decentemente escrito" a algo solo por actualizar.
Seguimos con el fragmento de la canción con la que comenzó el fic.
En fin, espero que todavía lean el fic... me está gustando como va quedando =)
¡Así que si siguen ahí háganme saber con un review!
Besotes y nos leemos
Pero antes de irme: muchas gracias por los reviews a gaBuYasha, Kyome-chan, Paula, Peachilein, Axter, Scarleth Rose, Lazzefire
