Julia sintió que algo le abrasaba la piel, un dolor insoportable. Abrió los ojos de golpe y se levantó de su cama bruscamente. Se trataba de una de las ventanas de la habitación. Un rayo de sol había entrado por ella, iluminando su pálido y frío cuerpo, produciendo una quemadura instantánea. Acostumbrada desde siempre a subir las persianas hasta arriba, no había pensado en que ahora eso sería peligroso para ella, pues como sabían todos...los vampiros ardían en llamas si tenían un mínimo contacto con la luz solar.
Julia inspeccionó la herida, por suerte, sólo era una pequeña quemadura en el muslo. La próxima vez tendría más cuidado, tenia que hacerse a la idea de que a partir de ahora viviría en las sombras.
Bajó todas las persianas de la habitación y las cubrió con las cortinas, para asegurarse del todo. Encendió las luces de su habitación y observó el tenebroso lugar, no le gustaba mucho el aspecto, pero tendría que aguantarse. Comprobó el reloj que había encima de la mesilla, eran las nueve de la mañana. Se sintió rara. Normalmente solía quedarse bebiendo hasta las tantas de la madrugada y a la mañana siguiente, se despertaba muy tarde y con una gran resaca.
Julia fue al baño y se lavó la cara y los dientes. No podía ver su reflejo en el espejo, aunque sentía aquellos largos y afiados colmillos en su boca. Se cepilló el pelo, se vistió y bajó al comedor.
Mientras bajaba las escaleras, comenzó a sentirse inquieta. Toda la familia estaría allí, incluído Barnabas. Intentó realizar mentalmente un plan, pensando cómo debería comportarse cuando apareciese ante ellos. Se imaginó la cara que pondría Barnabas...rió maliciosamente.
"Tal vez Elizabeth ya les ha informado" pensó.
Entró en el comedor. Todos estaban desayunando mientras charlaban, pero cuando la vieron callaron de inmediato. Julia murmuró un tímido "Buenos días" y se apresuró a sentarse en la mesa.
Ante el silencio de éstos, Elizabeth decidió hablar.
-Bueno, no os lo he dicho porque pensaba que era mejor que lo vierais con vuestros propios ojos. Pero Julia volvó anoche y volverá a vivir aquí como antes. Estará a nuestra plena disposición si necesitamos una consulta.-explicó.
-Doctora Hoffman...¿tendré que volver a su consulta?-preguntó David.
"Dios" pensó Julia. ¿Cuántos años podría tener David cuando ella se fue? ¿ 7 u 8? Ahora tendría 13 años, era casi un dolescente y parecía que se acordaba de ella aún.
-No David,tu madre ya me informó sobre tu caso...no tienes que volver. A no ser que tú lo necesites.-contestó Julia, con mucho tacto.
-Lo tendré en cuenta. Gracias, Julia.-contestó el jovencito mientras seguía desayunando.
Carolyn por su parte, la miraba de reojo. Era como si estuviera estudiando cada uno de sus movimientos, intentando descubrir algo. Julia se estremeció, Carolyn mostraba una mirada salvaje, una mirada que no era humana. Ahora que Julia era vampira, podía notar la presencia de otros seres paranormales. Pudo ver que aquella joven estaba maldita al igual que ella, Caloryn era una esclava de la luna, un licántropo.
Pero aquel no era el único monstruo que le estaba observando.
Barnabas presidía la mesa, con una expresión de temor en sus ojos. No comprendía cómo Julia podía estar allí. ¿Cómo había conseguido sobrevivir y escapar? Después de tantos años, él había terminado por confiarse, pensaba quela única forma de volver a verla sería acabando con su vida e ir al otro lado.
Julia rió para sus adentros. Realmente estaba disfrutando de ese momento. Nunca había visto a Barnabas tan aterrorizado.
-Cariño...¿te encuentras bien?
Victoria agarró la mano de Barnabas, lo notaba inquieto.
-N-no...no...sólo me he quedado en blanco por un instante, no pasa nada.-contestó el vampiro, intentando tranquilizar a su amante.
Tal y como Elizabeth le contó, Julia pudo comprobar que Victoria, la niñera de David, también se había convertido en vampiro...por cortesía de Barnabas, claro. Ahora estaban juntos, la pareja perfecta. Julia la maldijo, ¿cómo aquella mocosa había conquistado a Barnabas? Maldita niña del...
Un momento...Julia recapacitó. ¿Estaba teniendo celos de Victoria? Se suponía que ella odiaba a Barnabas por todo lo que le hizo, ¿ a qué venía ahora tener celos?
Julia se odió así misma, pues descubrió que seguía atrayendola. Pero ahora si que no tenía ninguna oportunidad, Barnabas era de Victoria.
-...No, tengo que ir a la conservera hoy.-Dijo Elizabeth, sacando a Julia de sus pensamientos.
-Pero...¿no se destruyó también la conservera?-preguntó Julia, extrañada.
-Claro, pero al morir Angelique conseguimos poner al pueblo de nuestra parte y nos cedieron la de ella.-explicó Elizabeth-L o siento, eso se me olvidó contártelo.
-No pasa nada.
Finalmente, terminaron de desayunar. Julia se levantó de la mesa y se dispuso a ir a su consulta...aunque sabía que nadie iría en mucho tiempo.
Mientras andaba por uno de los oscuros pasillos de la mansión, sintió que alguien le agarraba el brazo. Se dio la vuelta rápidamente, alarmada.
-¿Cómo conseguiste escapar?-preguntó Barnabas, malhumorado.
-Ah...pues tú sabrás...tal vez no ataste mi cadáver con suficiente fuerza.-respindió Julia, irónica.
-¡Basta de juegos! ¿Qué es lo que pretendes? ¿Por qué estás aquí?
-Te recuerdo que aunque no tenga ese lujoso magnífico apellido tuyo no significa que ésta no sea mi familia.-dijo Julia con seriedad.- En cuanto a tí...quiero hablar sobre un tema, vamos a mi consulta.
Barnabas tragó saliva y siguió a Julia hasta la consulta. ¿Qué era aquello qué tenía que decirle?
