Holaaaaa denuevooooooo. Lamento mucho la tardanza pero estuve de vacaciones y en el sur no hay mucho internet. Pero estoy de vuelta y aquí les dejo otra historia Hiccstrid.
Espero que la disfruten
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-.-.-La princesa y el esclavo-.-.-
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La reciente nombrada princesa de Burgglars se estaba preparando para otro día de liderazgo totalmente aburrido. No es que no le gustara ser princesa, solo que ella prefería la batalla y ser una gran guerrera, pero los cargos y su imagen se verían afectados si participaba en ella.
Su cabellera rubia atada con una trenza mediana que le recorría el costado derecho de la cabeza hasta terminar envuelta en un tomate que le ocupaba todo el cabello, con una corona dorada adornada con joyas plateadas que la hacía ser reconocida como la princesa de Burgglars, desde que estaba en el vientre de su madre.
Sus padres la habían dejado a cargo del castillo y del pueblo por unos meses a los 21 años. Ya que ella era la única heredera que había para obtener el cargo de líder por eso fue que la estaban preparando y la dejaron a cargo para así aprender a liderar y de paso conseguir a un esposo que haga el rol de rey...
Si, a esa edad.
Usaba un vestido color celeste claro, largo y con muchos detalles significativos de la realeza, mientras que en su mano izquierda cargaba el cetro, completamente decorado con joyas plateadas, que debía llevar toda próxima reina.
A su lado siempre iban sus damas, Lady Ruffnut y Lady Heather, cada una a un lado de la reina para estar a sus servicios, aunque ella estuviera en desacuerdo en tener sirvientes en todo momento...
Las tres iban caminando animadamente por los enormes pasillos de la ciudad cuando un soldado de la realeza se les acercó para dar noticias del exterior.
—Princesa Astrid, necesito que me acompañe a las afueras del castillo, es de suma importancia— informó el soldado.
—Ya voy, gracias por avisar Sir John— respondió. Este hizo una leve reverencia y salió de ahí.
Sin más que decir, las tres jóvenes salieron del castillo para ver de qué se trataban las nuevas noticias. Al salir del castillo se dieron cuenta de que muchos soldados estaban rodeando y apuntando con sus lanzas hacia algo negro… al no poder distinguir el objeto se acercaron y los sirvientes de la reina le hicieron camino para que pasase.
—Princesa Astrid, no se acerque mucho, podría ser peligroso—dijo un soldado entre la multitud.
Pero al parecer ese concejo no fue escuchado, Astrid se destacaba por ser una mujer terca que casi no escuchaba, al menos cuando no le importaba mucho. Por tanto, se siguió acercando al objeto negro y divisó… ¿escamas? Y… ¿una cola?... al pensar en que podría ser… se dio cuenta de que esa cosa misteriosa era un…
Dragón
Criaturas místicas que creyeron nunca tener la oportunidad de ver. Sabían que existían, pero nunca habían tenido la oportunidad de ver uno. Quiso seguir acercándose, pero esa criatura, al sentir los pasos de la princesa, se despertó luego de estar inconsciente y se puso en guardia, se levanto para ver retadoramente a las personas que tenían alrededor.
Pero al levantarse, la heredera y todos los demás se dieron cuenta de que había algo, o más bien, alguien entre las patas del dragón que parecía estar inconsciente. Eso quiere decir que esta criatura negra lo está protegiendo. Increíble, pensaron muchos...
Mientras que el dragón les seguía gruñendo, los soldados no dejaban de apuntar, en caso de que se lanzara contra la reina. Pero luego, eso cambio, la persona que estaba debajo de él se comenzó a mover, estaba despertando. Al estar completamente despierto se percató de la situación, aún algo mareado por el golpe le dijo a su dragón que se calmara y se levantó. Dejando a todos verlo, menos su rostro que estaba siendo protegido por un casco, similar a la criatura negra.
Llevaba una especie de armadura negra y su pie izquierdo… faltaba, al menos de la pantorrilla hacia abajo. Todos estaban atónitos al "intruso" amigo de un dragón. —Por favor, no disparen, venimos en paz, y este es Toothless, es inofensivo—dijo con voz algo cansada.
La princesa quería saber quién era este sujeto por lo que le mandó a quitarse el casco, antes de que otro soldado la interrumpiera al decir sus órdenes.
—Hombre desconocido—comenzó a decir— que provienes de tierras lejanas, si dices que vienes en paz te creeré, pero quítate ese casco, quiero verte para poder confiar—dijo con voz firme, pero algo dulce a la vez.
El desconocido diviso a la proveniente de aquella voz y no dudó que era la reina o princesa de estas tierras, por lo que no dudo ni un segundo más y lentamente se fue quitando el casco, se inclinó un poco y al sacarse su casco se arregló levemente el cabello y levantó la vista, conectándola con la de la rubia, para luego colocarse en posición de propuesta y bajó la mirada, haciendo una respetuosa reverencia. El dragón imitó a su amo y agacho la cabeza, cosa que sorprendió a todos, ya que al parecer estas criaturas también podían ser respetuosas.
—Levántate, por favor—le dijo, aún no se acostumbraba a tanta formalidad—Dime, ¿que necesitas viajero?—
—Necesito si sería capaz de darme alojamiento, ya sea algún lugar para dormir, hemos dado un gran viaje para salvarnos. Nuestra isla, Berk fue completamente quemada por piratas, nosotros fuimos incapaces de protegernos, no queda nada en nuestra isla y… nosotros dos fuimos los únicos en sobrevivir—dijo con tristeza viendo a su dragón que ya se encontraba sentado como un pequeño cachorro—Si no es alguna molestia— musitó aun con tristeza, no quería sonar aprovechador.
A la princesa le pareció un hombre bueno asique accedió, aparte de que… aunque no lo digiera, le pareció algo atractivo. Bueno, muy atractivo. El modo en el que su cabello castaño se movía por el viento era… era…
—Su majestad —escuchó— ¿dónde se quedará este huérfano?— susurró John viendo al viajero de Berk, sintiendo algo de lastima por él.
—Él ya no es un viajero… es nuestro invitado—dijo mirando al castaño con una leve sonrisa.
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-3 meses después—
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No lo podía creer, Astrid no lo podía creer, no creía lo que le decían… ¿de verdad Hiccup era capaz de algo como eso? No lo sabía. Estaba consciente de que no se conocían mucho pero… ella confiaba en él y no era capaz de creer lo que había escuchado de parte de algunos súbditos como Dagur.
Simplemente no lo quería creer.
Al ser princesa y próximamente reina, debía tomar decisiones por el bien de todos, aunque eso le costara o no estuviera totalmente desacuerdo. Y esta era una de las peores cosas que debía hacer. Astrid con otros dos soldados mas caminaban rápidamente hacia la habitación donde se hospedaba el castaño con su dragón y entró sin siquiera tocar.
Ahí estaba, en su escritorio haciendo algunos dibujos o escribiendo algo… la verdad ahora no le importaba. Por el nivel del golpe de la puerta el castaño se colocó de pie y volteo, dejando a la vista su pecho. Se había sacado la camisa por el calor que hacía en esos días, pero no le tomó importancia que la reina lo estuviera viendo con un semblante de… ¿decepción?, ¿tristeza? ¿Qué se suponía que estaba pasado por la mente de la rubia?
No lo sabía.
La rubia lo seguía mirando mientras que él hizo una leve reverencia, aunque a su majestad no le agradara. Cuando volvió a levantar la vista captó que los guardias se le acercaron y lo tomaron por los hombros para cruzarle los brazos por la espalda, cosa que lo confundió aún más.
—Hi-Hiccup Haddock, quedas detenido por robo de materiales de la realeza—mencionó la princesa de Bugglars sin poder verlo y con la mirada fija en el suelo.
— ¿Qué? ¡Pero yo no he robado!—dijo desesperado, pero fue brutalmente callado por los guardias que le torcieron más los brazos causándole un dolor agudo. La reina había logrado tener una conexión con el castaño, cosa que le causaba un fuerte dolor en el corazón verlo en dolor. —Por favor princesa Astrid, debe creerme, yo no le he robado su majestad— sus ojos verde bosque le rogaban que le creyera pero ella no era capaz de defenderlo, no podía. Aún siendo la princesa y futura reina.
—Si me permite comentar, Mi Reina—se escuchó una voz fuera de la habitación—Yo lo condenaría al calabozo para que muera de hambre y de soledad.
—Calla Alvin—demandó—Yo soy la princesa y yo decidiré—
— ¿De verdad princesa?—otra voz se pudo escuchar y de pronto un hombre delgado se apareció, cosa que la Reina reconoció como Dagur, el segundo al mando del ejército—Porque… a nadie le gustará que este delincuente—apuntó hacia el castaño— esté merodeando por la ciudad, y tampoco al concejo, que por cierto le tiene un mensaje. Son dos opciones de arreglar esta situación… una es condenarlo a muerte— esa noticia heló la sangre de la futura reina y el de Hiccup, que seguía firmemente sujeto por los hombros—O… mandarlo al calabozo y que reciba un fuerte castigo… el resto del consejo solo le dio esas opciones, y usted sabe como yo que debe obedecerlas a pesar de ser la reina. —dijo con tono casi burlón.
Astrid tenía el corazón totalmente apretado, no quería hacerle esto a Hiccup… pero si el consejo se llegaba a enterar que lo desobedecía… podría perder el puesto de princesa y dejar su poder a cualquier desconocido…
—Será sometido al calabozo—dijo con tono firme, aunque por dentro se esté derrumbando— Es mi última palabra—
—Buena decisión, princesa Astrid— felicitó Alvin.
Los soldados empujaron a Hiccup fuera de la habitación, este último mencionado le dirigió una última mirada a la princesa en tono de suplica, pero ella solo reprimió las lágrimas que amenazaban por salir y desvió la mirada. Cuando finalmente estuvo sola en la habitación, por entrometida, se acercó al escritorio que le había dado a Hiccup y vio su trabajo. No era común que un extraño habitara en el castillo, pero ese castaño le daba un eje de seguridad y de confianza. No sabía por qué confió en él desde el primer minuto en el que lo vio, pero… solo sucedió.
Habían muchos bocetos, escritos y dibujos de diferentes cosas, pero uno le llamó la atención… era un hermoso dibujo de… ¿ella? No lo creía, era su imagen, su rostro… completamente bien dibujado, como si de una imagen se tratara. Estaba con su típica trenza atada a un tomate alto, sentada en el jardín viendo el atardecer… ¿Cuándo y cómo fue capaz de dibujarla de esa manera tan magnífica? No sabía que el castaño tuviera tanto talento artístico… pero eso ya no importaba, ya nunca lo podría volver a ver, y tampoco a sus dibujos. Con una última lágrima… guardo el dibujo en uno de los cajones y se levantó para salir de ahí…
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Ya habían pasado 3 semanas y media desde que Hiccup había sido llevado al calabozo, donde estuvo atado de manos a su espalda sin alimento alguno, con su fiel dragón a un lado suyo, igualmente encadenado.
Era media noche y todos estaban cansados, Hiccup al ver que los soldados estaban dormidos decidió comenzar a moverse para darle una especie de señal a su amigo. Este se despertó y con su cola la agitó logrando liberarla y con sus largas y letales uñas logró romper la cadena de sus patas delanteras para luego destrozar las traseras. Ya de pie preó un plasma que derritió por completo las cadenas quedando totalmente libre.
Vio a su mejor amigo humano y decidió ayudarlo para salir de ahí…
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John corría como un enloquecido a dar nuevas y preocupantes noticias al ejercito del castillo. Cuando llego a donde estaban todos solo comenzó a gritas, no había tiempo de callarlos a todos.
— ¡Nuestra princesa ha sido secuestrada!—gritó con desesperación.
Esta noticia captó la atención de todos incluso a los que estaban más alejados del resto. Comenzaron a acercarse al muchacho que gritó tal cosa.
— ¿Estás seguro John?— preguntó uno de los presentes.
—Me acaban de entregar esta carta—y sacó una carta que estaba dentro de un sin nombre… justo cuando la sacó de su pantalón, otro soldado se la arrebató desesperado y la comenzó a leer en voz alta.
Que tal queridos amigos
No saben quién soy pero yo si se quienes son ustedes. Fueron unos completos idiotas en creer mi fabulosa mentira de que aquel castaño era el ladrón del castillo.
Pero eso no interesa… ¿quieren saber dónde está su linda princesita?
Bueno… ella está conmigo en un lugar donde jamás la podrán encontrar, si la quieren recuperar… deberán entregarme el poder del castillo y el pueblo a cambio de ella.
Si no me lo entregan… ella moriré, tienen 2 días para tomar la decisión.
Atte: Dagur y Alvin
El soldado terminó de leer la carta y captó que a todos se le había helado la sangre, estaban todos atónitos sin saber que hacer… según la reina y rey de esta isla su deber era proteger y cuidar la isla como a su hija, Astrid. Pero si no hacían el intercambio… mataría a la única heredera de la isla.
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Todo estaba oscuro, el aroma de aquel lugar desconocido era espantoso y no estaba cómoda. Se encontraba de pie, al parecer, en el centro de una habitación y con las manos atadas a la espalda. Sintió que alguien se le acercaba y sintió su respiración contra su cuello. Luego unas manos se acercando a su cabeza rubia y le quitaron la venda de los ojos. La rubia logró divisar a un trió de hombres que estaban usando una especie de mascara, claramente, parta ocultar su identidad.
Capté que me miraron y se burlaron de mí, pero luego uno se me acercó y quedó a una distancia decente, para comenzar a hablar. —Linda princesa… dame tu reino a cambio de tu libertad—su voz era tranquila pero se notaba un toque de burla y enojo.
—Jamás—escupí
—Como quieras—dijo—Traigan al nuevo—gritó
De la puerta apareció otro hombre con un hacha en la mano. Era algo pero no se le notaba nada como para reconocerlo. No reconocía a nadie. Estaba nerviosa y asustada, aunque nunca lo mencionara. — ¿Quién eres?— preguntó la princesa furiosa al hombre que había gritado para traer al nuevo. —oh, lo lamento princesa, me presentaré—y se quitó el casco.
Dagur.
La princesa, con rostro sorprendido logró atraer más risas burlonas. Luego, los demás también se sacaron el casco menos el que acababa de entrar a la habitación y pudo reconocer rostros.
Dagur, Alvin, Eret y… Drago.
Un antiguo guerrero que logró traicionar al rey y por esa razón fue desterrado, pero por culpa de los dioses… se encontraba delante de ella. Era un completo asesino loco y sin misericordia…
—Pareces sorprendida princesa—se burló Eret.
No mencionó palabra. Estaba muy sorprendida. Se sentía sola, traicionada y… perdida. No sabía qué hacer, no tenía a donde ir… no tenía a nadie para que la ayudara.
—Última oportunidad princesa… dame tu reino—
—Antes muerta—respondió firme.
—Está bien… novato—mencionó al recién llegado—has tu trabajo. — mencionó recibiendo una leve reverencia de su esclavo... este mencionado se fue acercando lentamente a la rubia donde ella fue retrocediendo. Mientras esto pasaba, los demás comenzaron a retirar de la sala para tomar aire y para que el novato hiciera su trabajo en paz.
Astrid seguía retrocediendo lentamente mientras que veía como el extraño acercaba su hacha a su cuello, aún con esa mascara que protegía su identidad. Cuando su espalda chocó con la pared supo que estaba acorralada, con el peor de los destinos a punto de suceder y justo frente a ella.
—Tú sabrás que hacer, novato… solo… no dejes huellas de asesinato—Alvin mencionó y se retiró por completo.
Al escuchar eso, las lágrimas de la rubia ya estaban a punto de salir. Había decepcionado y fallado al mandato de sus padres, el de proteger y cuidar a todos… estaba perdida. Agachó la mirada para no ver su muerte venir y cerró los ojos fuertemente. El extraño se le acercó aún más y… quitó el hacha de su cuello para que luego susurrar—ptss, Astrid… soy yo—susurró el desconocido y decidió mirarlo. Divisó unos ojos verde bosque… los mismos que la volvían loca. Abrió los ojos como platos no creyéndose a quien tenía en frente.
El "desconocido" se quitó el casto y su hipótesis se hiso correcta.
Era Hiccup.
Este le sonreía levemente y esto hizo que no aguantara más y se lanzara al cuello del castaño, rodeándolo para darle un fuerte abrazo. Un muy fuerte abrazo. Le rodeo el cuello y al parecer se lo apretó demasiado porque luego escuchó—Emm… As-trid no res-pi-ro—con un tono risueño. Las lágrimas que salieron se fueron acabando para dejar pasar una sonrisa y una mini risita.
Estaba a salvo
Estaba tan feliz de verlo que no se dio cuenta de que el brazo de su salvador estaba rodeada en su cintura pegándolo a él. — ¿Cómo fue que me encontraste?—preguntó en un susurro.
—Luego te lo digo, ahora hay que escapar—
Emitió un extraño sonido para luego escuchar el típico sonido de furia nocturna en pleno vuelo, para dejar pasar a una explosión. Unos cuantos minutos más notaron que la puerta se abrió abruptamente dejando ver a un dragón negro.
Toothless
Sonrió para sí misma al ver que Hiccup no venia solo. Aún con cuerpos pegados se dieron cuenta en el modo en el que estaban. Completamente pegados, cuerpo a cuerpo. Se separaron levemente para evitar que el sonrojo aumentara. —Vamos princesa, no hay mucho tiempo—dijo Hiccup
Esta sin responder siguió a Hiccup y se subió en Toothless. Por primera vez. Se sujetó de la cintura de Hiccup que iba delante de ella y se sujetó con fuerza. Salieron volando, esquivando a los guardias, que no eran muchos y finalmente saliendo afuera. Ya era de noche por lo cual era más fácil escapar, ya que era más difícil ser percibidos.
Sobrevolaron las nubes y la rubia, al captar que ya no había peligro, decidió agradecerle y disculparse con su salvador.
—Lo la-lamento Hiccup, por todo—le dijo al oído.
—No lo sientas Astrid, ya no importa, solo importa que estés bien—
Disconforme con la respuesta… quería disculparse de verdad. Había cometido un terrible error. Culparlo de algo que no había hecho, algo que encontró totalmente injusto.
Hiccup, al notar que la princesa no estaba conforme con la disculpa, colocó al dragón en modo de que volara solo y casi se dio la vuelta completa, quedando frente a Astrid para hablar mejor con ella.
—No te preocupes princesa—dijo respetuoso—de verdad que no me importa, ese no fue tu error, ellos te engañaron para hacerlo—le sonrió
— ¡Pero yo fui la causante de llevarte al calabozo! ¿Por qué luego de eso aún me quisiste ayudar?—preguntó con un eje de confusión y desesperación.
—Porque eres importante para mí—dijo viéndola a los ojos
—Pero… ¿por qué?—
—Porque me gustas Astrid—confesó al fin.
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Stormfly, otra sirvienta y mejor amiga de la princesa, estaba corriendo de un lado al otro intentando conseguir información de su amiga. Necesitaba saber de ella, temía por su salud y seguridad, pero nadie lograba contarle lo que había pasado…
Estaba tan nerviosa que al amanecer, quiso tomar un poco de aire y se levantó rápidamente para salir. Ya a las afueras del castillo, a poco de pasar la puerta que la separaba del pueblo notó una mancha negra en el claro cielo. Cuando la figura se iba acercando notó que era… Toothless, el dragón de Hiccup.
El dragón aterrizó cerca de ella y vio que Hiccup estaba sentado en el y con… la princesa detrás de él. No podía estar más feliz. Una sonrisa de oreja a oreja se le apareció por su rostro y corrió a abrazar a su amiga.
— ¡Astrid! ¿Dónde estuviste todo este tiempo?— preguntó desesperada
Ella solo se bajo de Toothless con ayuda de Hiccup y la miro para responderle—es una larga historia, ahora por favor búscame algo para tomar, y a Hiccup—dijo señalándolo—prepara su habitación con Heather, él se quedará en el castillo, a orden mía— le sonrió y también al castaño, el cual le devolvió la sonrisa.
Stormfly, con mucho gusto, cumplió las órdenes de su princesa y se fue. Al estar a las afueras del castillo pero no en el pueblo… estaban solos y decidieron ir a mirar los jardines del castillo. Unos hermosos jardines verdes con piletas blancas y flores de todos los colores. Pasaron por un puente blanco brillante con forma de media luna (los típicos de película XD) donde se detuvieron para mirar el mini rio que pasaba por debajo de ellos.
Al estar un tiempo así, Hiccup colocó sus antebrazos en la baranda para ponerse más cómodo mientras que la princesa se quedaba totalmente de pie junto a él. Luego de un silencio cómodo y de paz decidió expresarse.
—Muchas gracias por salvarme la vida, Hiccup, nunca me cansaré de decírtelo—le agradeció de corazón y le izo una reverencia en forma de gratitud.
Este algo sorprendido por ese acto, se enderezó y se colocó frente a la princesa que lo miraba con una sonrisa sincera.
—No es necesario tanta formalidad, princesa Astrid—
—Por favor, dime Astrid— corrigió
—Está bien, Astrid—le sonrió
—La verdad es que me ayudaste mucho con mi "pequeño" secuestro—bufó—siempre estaré en deuda y por eso espero que aceptes mi oferta de quedarte a vivir en mi castillo. —ofreció
Al castaño le impactó esa noticia. ¿Vivir en su castillo? Era uno de los más grandes honores que le han ofrecido, y sería una ofensa no aceptar.
—Con mucho gusto Astrid— respondió y ambos se sonrieron.
—Es la única forma de agradecerte—mencionó y su rostro se entristeció levemente.
—No tienes porque agradecerme, además vivir en tu castillo será un gran honor, sobre todo si es el hogar de una increíble persona—confesó
Esa confesión le hizo sentir mariposas en el estómago y una sonrisa se le cruzó por el rostro, eso le dio más confianza y decidió seguir hablando.
—Pusiste tu vida en peligro por mí, y eso nunca te lo podré pagar, ni siquiera viviendo en mi castillo—dijo aún algo entristecida.
—Astrid—le rodeo el cuello con las palmas de sus manos de manera suave—debes relajarte, solo piensa que estamos bien y que estoy bien, nada más importa—le sonrió.
Esto le hizo sentir mejor y se relajó dejándose llevar por las manos suaves que se encontraban en su cuello. No supieron cuando pasó pero sus rostros se comenzaron a acercar, estaban a centímetros y sus labios a milímetros, ambos moviendo sus rostros hacia adelante.
— ¡Astrid! Ya arreglé la habitación—llegó corriendo Stormfly haciendo que la pareja se separara lo más rápido posible y con el rostro completamente rojo.
—Gracias Stormfly—mencionó y vio como su amiga se iba, al parecer no se había dado cuenta del momento en el que llegó.
Se quedaron en silencio, pero no alcanzó a ser incomodo, cuando volteó a donde el castaño, este solo se le acercó para luego sujetarla por la cintura de manera suave. Astrid se puso algo nerviosa pero no se alejó, cosa que Hiccup notó y decidió continuar.
La besó.
Fue un beso que fue suave, lento y algo apasionado. Probando los labios ajenos que tanto habían deseado. Rodeo su cuello mientras que él la apretaba mas contra su cuerpo alargando el beso.
Se separaron jadeando levemente y se miraron a los ojos. Ambos se perdían en los ojos del otro hasta que Hiccup habló
—Te amo Astrid—le sonrió—Pero al ser de la realeza debo llamarte de una manera diferente—dijo para colocar expresión pensativa coas que le causó algo de gracia a la princesa que esperaba ansiosa por como la llamaría—Mmm… te diré My Lady— concluyó.
Y la volvió a besar.
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Bueno auqui esta el siguiente cap. Lamento la tardanza pero el tiempo vuela.
También quiero decir que muchas gracias a las personas que me dejar reviews, la verdad que eso me sube mucho el ánimo asique espero seguir recibiendo y si quieren que haga otro cap de algún tema… solo déjenlo en los reviews o me lo dicen por PM
Muchas gracias y nos leemos
Se despide Nina Chilena
