La Academia Mundial W es un internado masculino de educación privada multicultural, localizado en Nueva York.

... masculino...

Ahí estaba el tema. Lili había ganado una beca, por lo que podría estudiar gratis, pero en un instituto masculino. Le había extrañado que la mujer del sorteo la tratara de niño, aunque ella ya se había acostumbrado a eso. Pero no sabía que una confusión así la llevaría a un internado masculino.

―¡Lili, el desayuno está listo!

La voz de Vash desde la cocina la volvió a la realidad. Cerró el navegador de su teléfono y lo apoyó en su mesa de luz, luego caminando hacia la mesa donde su hermano había puesto unas barras de pan cortadas en rodajas, junto con un pote de queso al estilo suizo y dos vasos de leche. Ambos se acomodaron sobre las sillas, quedando al lado del otro.

―Muchas gracias, bruder ―dijo Lili, disimulando su preocupación.

―¿Pasó algo mientras yo dormía? ―preguntó el rubio, tomando una porción de pan.

―Había mucha gente en el supermercado. Un italiano se coló en la fila... ―Suspiró―. Pero me fue bien.

―La próxima vez haré las compras yo, no te preocupes ―la tranquilizó Vash. A veces le daba algo de miedo que su hermanita pequeña caminara sola por las calles de Allentown por sí misma, pero confiaba en que ella sabría manejarse. Y más cuando el entrenamiento lo agotaba al nivel de no poder levantarse temprano de la cama.

―No puedo creer que mañana será el primer día de clases, las vacaciones pasaron muy rápido ―rompió el silencio Lili.

―Hora de volver al trabajo. Ya la extrañaba un poco ―admitió su hermano. Ambos continuaron charlando mientras desayunaban; sin embargo, Lili prestaba poca atención a los comentarios que hacía Vash. Incluso si la Academia Mundial W era un internado masculino, no había perdido las ganas de ir como estudiante. Es decir, aún tenía la beca, sería un enorme desperdicio dejarla ir, y muchas personas ya le decían que se veía como chico, ¿por qué no sacarle provecho a su poco pecho? "¿Qué cosas estoy pensando...?", se preguntó ella al darse cuenta de su monólogo interno. De todas maneras seguía pensando en ir. Muchas personas parecían querer asistir allí, y sería un desperdicio dejar pasar tal oportunidad.

Pero seguía habiendo un pequeño problema en su planteo.

Aún tenía la duda de cómo mencionarle a su hermano mayor que quería asistir a un internado así. "¿Me odiará por querer cambiar de escuela sin consultarle...?", se preguntó de nuevo. "¿Me odiará por querer irme de casa...?"

Lo que menos quería ella era que Vash la despreciara.

―¿Me estás escuchando, Lili? Te ves rara... ―preguntó él―. ¿No vas a comer?

―¡Ah! Claro. ―Se apuró a tomar otra rebanada de pan con queso para ganar tiempo y pensar qué decir―. Este pan es muy rico, debería comprar más seguido ahí.

―¿Estás bien? ¿No tienes hambre?

―No tengo hambre ―contestó Lili. Su hermano la miró extrañado hasta que ella notó lo que dijo, por lo que se apuró a beber de su vaso―. Q-quise decir, no, tengo hambre. Estoy bien.

―Lili, definitivamente estás rara ―afirmó. El rostro despreocupado del rubio había cambiado a una expresión seria, y aunque no se notara a simple vista ella pudo notarlo―. ¿Pasa algo?

―En serio, no...

―Puedes decirme cualquier cosa, te escucho ―la interrumpió Vash. Lili mordió su labio, pero finalmente cedió, sin poder resistirse a guardarse la verdad.

―Uhm, bruder, ¿cómo reaccionarías si te dieran una beca a una escuela de mujeres...? ―preguntó inocentemente Lili.

―¿Ah? ¿Por qué la pregunta? ―preguntó desconcertado en respuesta. "Vamos, Lili, no puedes mentirle a tu hermano...", se animó a ella misma. Seguramente su hermano se había esperado cualquier cosa en lugar de esa frase.

―Bueno, esto, una mujer en la calle me confundió con un niño, y me ofreció anotarme en un sorteo para ganar una beca en un instituto masculino, ¡pero te juro que yo no sabía eso! Pensé que era una escuela privada, ya sabes, mixta, y resulta que al final sí gané y mañana tengo que irme a la estación de Nueva York para quedarme en la Academia Mundial W por lo que queda del año... ―Lili no reguló ni el volumen ni la velocidad con la que decía sus palabras, aumentando la expresión de confusión de Vash. "Por favor, por favor, que esto salga bien", rogó para sus adentros.

―... ¿Eso es? ¿Quieres inscribirte en un internado para chicos? ―preguntó él―. ¿Cómo es eso exactamente...?

―N-no es que yo quiera, es sólo que gané una beca y no me gustaría desperdiciarla... ―contestó―. Ya sabes, ahorraríamos dinero y tendría mejores clases que en la escuela pública, no me gusta mucho la escuela pública...

―Lili, ¿estarías dispuesta a ser la única estudiante mujer en una escuela de hombres, incluso cuando podrían expulsarte si se enteran que eres chica...? ―volvió a preguntar Vash.

―Bueno, ¿qué es lo peor que podría pasarme...? No es como si yo no pudiera volver a la escuela pública, tampoco podría volver allí porque soy mujer... ―"Ya no me gusta por dónde va esta conversación", pensó. Sentía como si estuviera discutiendo con su hermano, incluso si su rostro no denotaba enojo. Vash se veía extrañado, simplemente extrañado. Pero aun así―. N-no te enojes conmigo...

A diferencia de lo que ella habría pensado, lo único que hizo el chico de ojos verdes fue rodear sus hombros con sus brazos y atraerla hacia su pecho. En ese momento el desconcierto pasó a la joven, quien no entendía por qué su hermano reaccionó de esa forma.

―No estoy enojado contigo, Lili ―susurró Vash. Su voz gruesa había tomado un tono más protector, el cual la alivió―. Respeto tu decisión de querer ir, sólo me preocupa que si fuera así estarías rodeada de chicos todo el día, y no querría que nada te pasara... Pero confío en que no dejarás que te suceda nada. No puedo estar pegado a ti por siempre... ―agregó en voz más baja

―Está bien ―asintió. Entendía el por qué su hermano estaba tan preocupado por ella, y agradecía que fuera así. Ambos vivían solos, y Lili no entendía por qué él no tenía ningún amigo en la academia militar. Al único al que alguna vez había recordado que le nombrara era un tal Roderich, pero ya no escuchaba su nombre desde hacía muchísimo tiempo.

De todas formas, Lili ya tenía catorce años. A veces leía en los libros que las mujeres de su país natal, Suiza, sólo se limitaban a ser amas de casa aun pudiendo tener un trabajo estable. No le desagradaba encargarse del hogar junto con su hermano, pero quería llegar más lejos que eso. Por otra parte, tener clases dadas como si fuera un hombre le daría más beneficios, por triste que sonara, y su hermano también lo sabía. A pesar de verse cual niña ingenua de serie romántica, Lili conocía mucho más que lo que demostraba.

―Mi hermanita está creciendo... ―susurró Vash, aún sin separarse de ella. Cuando al fin lo hizo, dio un beso en la frente de la chica rubia y sonrió―. Prométeme que vas a cuidarte, ¿está bien? Seguiremos hablando todos los días.

―Sí, Bruder ―contestó Lili, devolviéndole la sonrisa―. Te voy a extrañar mucho...

―¿Y tú crees que yo no? ―agregó él.

Ninguno de los dos respondió.

El primer día de clases era costumbre que Lili estuviera nerviosa, pero no todos los días te enterabas que tendrías que quedarte en un internado donde serías la única chica de todo el colegio y deberías reiniciar tu vida social de cero. Ella no estaba acostumbrada a hablar con chicos que no fueran su hermano; a lo sumo podía intercambiar un par de palabras con su compañera de banco, pero se sentía extrañamente confiada. Sabía lo que hacía, y los nervios eran inevitables para ella.

La noche anterior, después de dar demasiadas vueltas en la cama, entró en la habitación de su hermano a encontrar cómo calmarse. Ya había hablado con él sobre todo lo que debía hacer para organizarse en la Academia Mundial, e incluso hicieron el equipaje juntos. Él accedió a dejarle unas cuantas prendas de ropa vieja para cuando tuviera que salir de paseo fuera del colegio y no revelar su femineidad usando el vestido rosa que tanto le gustaba.

Bruder, ¿estás despierto? ―susurró Lili. Habían pasado la tarde en su casa, por lo que sabía que no estaría profundamente dormido como de costumbre.

―¿Hm...? ―musitó Vash, dándose la vuelta para encarar a su hermana―. Li, ¿qué sucede...?

―Estoy algo nerviosa... ―admitió―. ¿Puedo dormir contigo?

―Te haré un lugar, entra ―contestó él mientras abría la sábana sobre él. Lili entró, y poco después sintió los musculosos brazos de su hermano rodeándola―. ¿A qué hora quieres que despertemos mañana...?

―Uhm, debo entrar a las nueve ―dijo ella―. ¿Cuánto se tarda en llegar a Nueva York...?

―Más de una hora seguro... ―respondió el rubio―. A las seis y media te quiero despierta, ¿bien? Saldremos de aquí a las siete y te acompañaré en el tren hasta que llegue a mi estación.

―Está bien, bruder ―susurró Lili. Los nervios de su cuerpo se habían ido, y ya sentía que podía dormir tranquilamente. La mañana siguiente no tardaría en llegar.

―Dulces sueños, Liech... ―dijo Vash. "Cierto, esta es la última noche que estaré con él...", pensó, melancólica. No sabía lo mucho que extrañaría estar con él.

―¿Llevas todas tus maletas? ―preguntó el suizo cuando estaban por salir de su casa.

―Dos maletas llenas y una mochila con mis útiles ―respondió la menor, revisando que todo estuviera en su lugar.

―Perfecto. Te darán el uniforme ahí, espero.

―Eso me dijo Irunya ―asintió, felizmente.

―Entonces estamos listos. El autobús nos llevará a la estación de Hamilton y tomaremos el tren ahí ―contestó. Le extrañaba que su hermana no llevara puesto el moño que siempre usaba, pero no se lo habría permitido. En serio se veía rara con su ropa puesta, un uniforme militar verde en lugar de su vestido rosa, el cual había decidido dejar en el armario―. Estoy muy feliz por ti, Liech. Ya podrás encargarte sola de ti misma...

―No comiences a emocionarte, bruder... ―pidió Lili. Vash sólo tomó su teléfono para llamar al taxi, y poco después estaba en la puerta de la humilde casa de los hermanos suizos.

El viaje les pasó muy rápido a ambos. Antes que lo notaran ya estaban en la estación del tren, esperando sentados junto a las vías. No sabían de qué hablar para matar el tiempo, y los trenes en Nueva York no solían tener retrasos, por lo que tampoco se dieron cuenta de lo rápido que consiguieron asiento en el lleno tren de la hora pico. Lili tomó la mano de su hermano mientras sentía el cabello de su nuca encresparse por los nervios de comenzar de nuevo. Los mismos de la noche anterior.

"¿Cómo será estar en un internado...?", se preguntó, observando cómo las ciudades por la ventana se volvían más y más modernas a medida que avanzaban al resto. "Espero poder hacer amigos ahí..."

Por enésima vez el tren se detuvo, pero había una diferencia importante en cuanto a quién bajaría de esa estación. A partir de ese momento, debía seguir su viaje por sí misma. Lili observó a su hermano, quien le devolvió la mirada.

―Hasta aquí llego yo. ―Vash suspiró. Soltó la mano de Lili, la besó en la frente, y se alejó de su asiento para ir a la puerta―. Te deseo lo mejor, meine schöne schwesterchen.

Dicho esto, salió del vagón.