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Este fic narra sucesos reales cuyos datos han sido obtenidos de internet, libros de historia y discos de acetato. Los personajes de Candy son propiedad de su creadora, yo solo los uso para fines recreativos y sin afán de lucro.

La Búsqueda

Capitulo III

Pena por Una Muerte

Por Maryluz

Sobre la pálida tierra de aquel campo santo se erguían olvidadas las cruces de cuanto soldado, ranchero, hombres inocentes a cargo de su viejo rancho, hombres que se habían visto envueltos en una Revolución causada por la pelea por la tierra.

Los pasos de un hombre levantaban el polvo, que sobre las inexistentes lapidas, existía. El suelo estaba polvoroso y la tierra estaba seca, estéril, todo aquel poblado estaba igual. ¿Cuándo había sido la última vez que llovió?, ¿Cuándo la última vez que se sembró en aquellos vastos campos de siembra; olvidados en los últimos años en que los campesinos, sus hijos y parientes, se habían visto en la necesidad de irse a la "Bola", como solían llamar a la revolución? ¿Cuándo había sido la última vez que aquel lugar sombrío y abandonado lució como lo que era?: un pueblo con gente trabajadora y no un pueblo fantasma.

La bruma matinal no permitía ver los nombres mal escritos con carbón, en aquellas cruces de madera. Identificar a alguien por nombre, era sumamente difícil y más, si el viento o él clima habían borrado las iniciales sobre la cruz y el año de su fallecimiento.

Se tenía por costumbre poner en la cruz aquel objeto que mas hubiese apreciado la persona en vida, no era de extrañarse ver un viejo sombrero, una guitarra, unas viejas botas, unas cintas que indicaban que aquella sepultura pertenecía a una mujer. Pero aun así, había tantas y tantas cruces, que no tenían absolutamente nada.

¡Qué difícil caminar entre aquellas cruces buscando a alguien!, buscando con ganas de no encontrar, con ganas de que aquel camposanto improvisado, por haberse visto en una sangrienta lucha, se acabara lo más pronto posible.

Era 1 de Julio en Hidalgo del Parral, Chihuahua, hacía 9 días que se había librado una de las batallas más sangrientas desde que la expedición Punitiva había ingresado a Territorio Mexicano sin autorización del mismo, en busca del bandolero Pancho Villa, después del ataque a Columbus, Nuevo México.

Que narración tan horrible pudo escuchar de labios de aquel teniente coronel Genovevo Rivas Gillen, sobreviviente de esa masacre, cuando se adentró en aquel pueblo del Carrizal en busca de lo que tanto anhelaba encontrar.

Había llegado casi al día siguiente con el coronel de la base al Carrizal, pero al saber de la batalla y de los 27 prisioneros cautivos, había sido enviado como interprete para recuperarlos y mandarlos al general Bell, por Ordenes del presidente Venustiano Carranza.

El teniente coronel Genovevo Rivas, narró a Albert quien le hacía de interprete, lo ocurrido ese trágico día.

"Teníamos ordenes del secretario de Guerra, General Alvaro Obregón, de no dejar pasar a ningún soldado americano" - había dicho el teniente coronel - "Pero imprudentemente el jefe americano hizo el avance anunciado".

"Serian las seis de la mañana del día veintiuno de junio cuando se recibió aviso de uno de los puestos avanzados, que por el camino de Santo Domingo se veía avanzar una columna, y que se suponía fueran los americanos, porque se alcanzaba a distinguir que toda la caballada era de gran alzada, o sea de los que en la frontera conocemos por "gólones"."

"El general, Félix U. Gómez, me ordenó que saliera al encuentro del jefe que mandaba la fuerza americana y le hiciera saber las órdenes que teníamos de no permitir el avance de ninguna columna norteamericana, en otra dirección que no fuera el norte..."

"... Pregunté al jefe americano qué objeto tenia la presencia de sus fuerzas por aquella región, habiéndome contestado que venia en persecución de una gavilla de bandidos que sabia se encontraba por aquellos rumbos, a lo que contesté que ninguna gavilla había en aquella región, pues de haberla, ya hubiera sido batida por las fuerzas de mi mando... Dijo entonces que iba a Villa Ahumada con las fuerzas de su mando porque era el recorrido que de antemano había trazado, habiéndole contestado yo que teníamos órdenes de nuestro Gobierno de no permitir el avance de ninguna fuerza norteamericana en otra dirección que no fuera al norte, y que por tal motivo debería suspender su marcha para evitar un posible choque..."

"El capitán Boyd contestó que tenia órdenes del general Pershing de ir a Villa Ahumada y que pasaría sobre las balas', habiéndole contestado yo que para que pasara a Villa Ahumada tendría que hacerlo sobre nuestros cadáveres."

'Dice usted muy bien; para morir son los hombres...'

"Al poco tiempo llegó el general Gómez e interrogó al jefe americano sobre el objeto que perseguía al traer sus fuerzas por aquella región y le hizo saber que sólo podía marchar al norte."

"El capitán Boyd le dio la misma respuesta que me diera a mí, agregando: 'que no quería perder más el tiempo; que tenia órdenes del general Pershing de ir a Villa Ahumada y que pasaría sobre nosotros', contestándole el general Gómez que si creía poder pasar que lo hiciera."

"Inmediatamente se retiró mi general y los que le acompañábamos, al lugar donde estaban nuestras fuerzas, retirándose también el jefe americano al lugar donde se encontraban las suyas, pues ambas fuerzas estaban ya frente a frente, a una distancia aproximada de quinientos metros..."

"...Viendo esta actitud amenazante, dije a mi general Gómez: 'Señor, vienen a atacarnos, ¿qué ordena usted?', y en esos momentos los americanos rompieron fuego, y dirigiéndose a mi me dijo: 'Saque treinta hombres y atáquelos por su flanco derecho'. Entonces rompieron el fuego nuestras fuerzas y yo salí a escape hacia la izquierda de nuestra línea... Iniciamos el ataque de flanco a nuestros enemigos, que al ver esto, cambiaron de frente para contrarrestar nuestro ataque. Nuestros valientes soldados avanzaron a pecho descubierto y con resolución. . . Continuamos nuestro avance hasta luchar cuerpo a cuerpo con los soldados negros, habiendo logrado aniquilar aquel grupo. . . Una vez aniquilado el flanco derecho del enemigo, con los hombres que me quedaban me dirigí al centro de nuestra línea donde aún se combatía, pero antes de llegar encontré al teniente Antonio Peña que estaba herido... informándome que a mi general Gómez lo habían matado en los primeros tiros del combate; que la ametralladora con que contábamos en el centro y que había emplazado el capitán primero, Daniel González
Corella, se había descompuesto y que nuestra gente se había visto obligada a replegarse a las primeras casas del pueblo, que era donde combatían."

"Me dirigí allá violentamente... y una vez reunidos... y ayudados por tres o cuatro civiles que se noshabían unido, cargamos rudamente sobre los hombres de Adair, quienes juntamente con su jefe quedaron tendidos en el campo después de prolongada lucha."

"El combate fue reñido y duró por espacio de tres horas y media... Nuestras fuerzas sufrieron setenta y dos bajas entre muertos y heridos, en tanto que los norteamericanos, cuya fuerza se componía de ciento cincuenta hombres, de los cuales se les hicieron veintisiete prisioneros, y siete hombres que lograron llegar a su base de operación, el resto quedó en el campo de batalla, y algunos lograron escapar..."

"La misma tarde del 21 de junio de 1916, y tan pronto como se esparció la noticia del encuentro con las fuerzas americanas, empezaron a presentárseme infinidad de vecinos de Carrizal, de Villa Ahumada y de todas las rancherías comarcanas, unos con armas y otros en demanda de ellas, a fin de alistarse en nuestras filas para que en caso de que las hostilidades quedaran rotas con los Estados Unidos, o bien que el general Pershing, disgustado por la derrota sufrida por las fuerzas del capitán Boyd, mandara nuevos contingentes. Al día siguiente se había reunido un contingente de más de 500 hombres, lo que demuestra el alto patriotismo del pueblo Chihuahuense".

- Si no hubiese sido por la enfermera americana, creo que nuestras bajas habrían sido mayores - dijo el teniente coronel.

¡La enfermera americana!, estas simples palabras encendieron la esperanza de encontrarla aun cerca y con vida.

- ¿Era rubia, de ojos verdes? - preguntó Albert esperanzado.

- Sí señor, de un verde esmeralda intenso y con la cara llena de pecas.

- ¡Llena de pecas! - pensó Albert - tiene que ser ella. ¿Dónde esta ella?, ¿sigue en este pueblo? - preguntó.

- Lo siento señor, yo la vi cuando nuestra ametralladora se descompuso, estuvo ayudando a varios hombres, debió haberla visto cruzando a toda prisa entre las balas propias y del enemigo, nunca conocí mujer igual que ella.

- ¿Pero en dónde se encuentra ahora? - preguntó Albert cada vez mas desesperado, tomando al teniente coronel de las solapas de su uniforme.

- Suélteme señor - dijo el hombre indignado, ante lo que Albert lo soltó.

- Lo siento, Teniente Coronel, pero usted comprenderá que es de suma importancia para mí encontrarla.

El Hombre pudo ver la desesperación en la voz de Albert, sabía que la buscaba, pudo notar su semblante al nombrar a una enfermera americana.

- Señor le informamos que en este momento regresamos a la base, ya tenemos a los hombres que habían sido hechos prisioneros - dijo uno de los tenientes del ejército americano, en Ingles, a Albert.

- Dígale al General, que yo me quedo - fue la respuesta al teniente.

- Pero señor, tenemos órdenes del General Phershing de volver a Dublán, así que le ordeno que venga conmigo - insistió el soldado enérgicamente.

- Yo no pertenezco al ejército, soy un civil y no tengo porque recibir órdenes, ni de usted, ni de nadie. - dijo Albert molesto. Su corazón sabía que Candy estaba cerca, después de varios meses de búsqueda, por fin tenía la corazonada de poder encontrarla - dígale eso al General, yo me quedo.

- Como guste... señor - aceptó molesto el hombre, pero poco antes de salir se volteó para agregar - solo que ahora esta solo en esto, nosotros ya no podremos protegerle.

- Asumiré el riesgo - afirmó Albert convencido.

- Hombre, no podrá andar por allí así vestido - dijo el teniente coronel, al comprender que Albert se quedaría en aquel pueblo - si lo ven con el uniforme americano, no dude que una bala lo mate.

- ¿Sabe dónde puedo conseguir algo de ropa? - preguntó Albert al darse cuanta que Genovevo tenía razón.

- Claro, venga por aquí.

El teniente lo llevó hacía adentro de aquel fuerte, donde estaban los hombres de su regimientos, los sobrevivientes y algunos hombres del pueblo que se les habían unido. Sacó varias ropas de un costal y se las tendió a Albert.

- Espero no le moleste usar la ropa de uno de los muertos, creo que esta le vendrá bien.

- Se lo agradezco teniente coronel, ahora volviendo al asunto de la enfermera.

- Claro, claro. Como le decía, después de que todo acabo, ya no la vi. Estuvimos recogiendo heridos y muertos, reconociendo cadáveres, pero de ella nada. Pregunté a algunos hombres y todos informan haberla visto en algún momento. Varios le deben la vida.

- Pero, ¿entonces?...

- Quizá fue herida y alguien la llevó a refugiarse, o quizá se alejó de los tiros, no sabría decirle.

- ¿Herida?

- Mire Hombre, la batallas se llevó acabo en 3 horas, había mucha confusión, mucha tierra, los ánimos estaban bastante encendidos. Varios de los muertos que recogimos fueron enterrados de forma rápida, para evitar alguna epidemia, él calor aquí no permite conservar los cuerpos por mucho tiempo, no supimos quienes eran, ojalá y que no...

- No, estoy seguro de que no - completó Albert la frase del Teniente, tratándose de convencer a si mismo de que no, Candy no era uno de aquellos cadáveres.

- Quizá fuera bueno que se diera una vuelta, solo para descartar esa posibilidad señor.

- Le agradeceré me indique el lugar, y yo iré a ver con mis propios ojos - ante la afirmación de Albert, el teniente sonrió y asintió.

- ¡Panchito! - gritó el teniente coronel.

Ante los gritos del hombre, en el lúgubre lugar al que había sido llamado, un muchachito de unos 10 años apareció por las puertas de aquel lugar. Vestido de forma sencilla, con pantalones de manta sucios, desgastados y con un sombrero de paja. Sonreía con amabilidad e inocencia y se acercaba de forma tímida hasta el hombre que le veía con bondad.

- Panchito, acompaña al señor hasta el camposanto - dijo el teniente coronel al niño, quien se acercó a Albert de forma silenciosa y lo tomó de la mano - esta un poco lejos, pero Panchito se encargara de guiarlo.

- Le agradezco su amabilidad tenientee.

- Genovevo, Genovevo Rivas Gillen, señorr... - dijo al tiempo que extendió su mano.

- Albert, solo dígame Albert - dijo al tiempo en que extendía la mano para despedirse.

- Espero de verdad, que no encuentre nada en ese lugar - dijo el teniente mientras Albert salía guiado por Panchito.

Panchito subió al caballo junto con Albert y lo guio hasta el camposanto que se erguía ya olvidado por el tiempo.

Como si fuera una vieja fotografía a blanco y negro, pudo ver como cientos de cruces se extendían por un campo obscuro, las luces que proporcionaba el sol, no ayudarían a encontrar nada en aquel desolado lugar si comenzaba en ese momento. Como recordaba las alumbradas calles de Chicago, cubiertas por piedra y transitadas de gente. Nada comparado con el lugar en el que ahora se encontraba, seco y polvoroso, desierto... quizá un poco parecido al Africa, pero este paisaje lúgubre tenía aroma a muerte.

- ¿Bajará ahora, señor? - preguntó Panchito a Albert al ver que su vista permanecía fija en la nada y no daba señales de querer moverse.

Al escuchar la voz del niño, Albert pareció despertar de lo que creyó era un largo sueño, para darse cuenta que el sol moría, para dar paso a la tímida noche.

- No Panchito, regresare mañana por la mañana, ¿crees que haya algún lugar donde pueda quedarme esta noche? – dijo sonriendo.

El niño correspondió con una amplia sonrisa, para él Albert era como un ángel, nunca había visto un hombre tan blanco, con ese color de cabello que parecía blanco y con los ojos como él cielo, así de azules y así de calmados.

Así le contó a su madre cuando lo llevó hasta el pequeño jacalito que se erguía a orillas de un riachuelo travieso que se negaba a desaparecer a pesar del calor y de las inclemencias del clima.

Después de muchas noches de insomnio, de horas de pensar y pensar en su pequeña, de dar vueltas entre la tierra de los campos por donde cabalgaba al lado del ejercito americano, por fin, por fin una noche que podía dormir tranquilo.

Era un lugar pobre, muy pobre, pero la familia del pequeño Panchito le había proporcionado comida; que había consistido en tamales de frijoles y agua de tuna. En el desierto lo que más se dan son las nopaleras y las tunas. Realmente no le había importado, había pasado uno de los momentos más tranquilos de aquellos meses de ardua búsqueda.

Y ahora caminando pesadamente entre las cruces de madera, viendo, revisando las inscripciones en la madera, revisando las antiguas pertenencias de los muertos, buscando sin querer hallar, buscando con la esperanza de no encontrar nada... ¿cuándo?, ¿cuándo se irían a terminar todas estas sepulturas? Hasta donde alcanzaba la vista, se veían levantarse como pequeños puntos, ¿cuántos muertos más se necesitaban para que todo acabase?, ¿cuántos?, ¿100?, ¿1000?, ¿1,000,000?, ¿cómo era posible que los hombres se mataran unos a otros?, ¿cómo?...

Varías horas había pasado revisando cruz por cruz, escrito por escrito, lugar por lugar. Se sentía sumamente cansado, el sol que ahora se levantaba sobre su espalda, comenzaba a quemarle. Pero aun faltaban unas cuantas, solo unas cuantas y podría tener la seguridad de que ella no estaba allí, entre los muertos de La Batalla del Carrizal.

Al levantar la vista, algo llamó profundamente su atención. Una tumba casi al final de aquella fila de cruces, solo una de ellas, en aquel campo árido y seco, solo una se encontraba llena de flores.

Con paso dudoso se acercó olvidando aquellas cruces que estaban frente a él, se dirigió a aquella tumba en el suelo. La tierra estaba ligeramente removida y sobre ella descansaban flores silvestres frescas. No había duda que alguien se tomaba la molestia de llevar flores a quien descansaba en ese lugar.

De repente el brillo de algo sobre aquella tumba adornada por una corona de flores llamó profundamente la atención de aquel hombre rubio. A paso pausado se acercó más a ella para ver que era lo que acababa de brillar con aquellos pequeños rayos de oro que se colaban entre las nubes que comenzaban a anunciar una pequeña tormenta.

Con mano temblorosa, apartó las flores que cubrían la cruz para ver ese brillo especial que salía de entre las flores silvestres entrelazadas.

Sintió como si una flecha ardiente atravesara su pecho, como si toda su vida se fuera de golpe de su cuerpo... la fuerza que había en sus cansadas piernas y que le había mantenido en pie por tantos y tantos días, comenzó a escapársele de ellas haciendo que comenzaran a doblarse, a caer pesadamente hasta tocar la tierra de aquella sepultura, mientras sus ojos permanecían abiertos e incrédulos de lo que veían...

Allí, en aquella improvisada sepultura, sobre aquella cruz de madera...

Allí estaba la cruz que siempre portaba Candy...

Y sobre el madero principal, con una fina caligrafía, las iniciales de su nombre:

C.A. 21/06/1916

- ¡No!, ¡Candy! ¡Noooooooo! - gritó Albert desconsolado, apretando la tierra de aquel lugar con sus manos, mientras las lágrimas escapaban de sus ojos apretados.

La Valentina

Valentina, Valentina,
Yo te quisiera decir
Que una pasión me domina
Y es la que me hizo venir.

Dicen que por tus amores
La vida me han de quitar,
No le hace que sean muy diablos
Yo también me se pelear.

Si es porque tomo Tequila,
Mañana tomo Jerez,
Si es porque me ves borracho,
Mañana ya no me ves.

Valentina, Valentina,
Rendido estoy a tus pies,
Si me han de matar mañana
Que me maten de una vez.

Canción Popular Mexicana -

Continuara...

Notas de la Autora:

Algunas páginas de internet mencionan que son más de 20 los soldados americanos tomados prisioneros, pero en ninguna se ponen de acuerdo en la cantidad.

Para quien quiere que ponga a Zapata en lugar de Villa… ¡Dios! Vee estas páginas y dime donde se denigra a los Mexicanos.

Espero que ff net tome en cuenta todo esto y omita el reporte de mi historia, que esta persona hizo o va a hacer.

Sin espacios y agreguen los /

Wikipedia: Información de la batalla del Carrizal.

http: es. / wiki / Batalla_de_El_Carrizal

Parte completo del informe del General Genovevo Rivas Guillen.

http: www. uach. Mx / extension_y_difusion / synthesis / 2008 / 05 / 12 / carrizal . pdf

Información de la SEDENA sobre La Batalla del Carrizal.

http: www. sedena. gob. Mx / index .php / conoce-la-sedena / antecedentes-historicos / sedena / efemerides-del-ejercito-mexicano / junio / 158-21-de-junio-de-1916-batalla-de-carrizal-chihua hua

Historia Universal: La Batalla del Carrizal.

http: www .historiacultural 2011 / 12 / batalla-de-carrizal-chihuahua .html

O solo pongan en google "Batalla del Carrizal"