Ansias de Libertad

Por Makita.-

Capítulo III: Conociendo el Ambiente

Lentamente la playa se va llenando de personas, familias enteras vienen hasta aquí para refrescarse, para hacer un picnic y compartir tiempo juntos. También hay varios de esos a los que les gusta el surf, todos tienen tablas diferentes y se reúnen en grupos, como de cuatro o cinco. Vienen con todo un equipo, como trajes, gualetas, etc... Pero ninguno de ellos se desliza tan perfectamente sobre el agua como lo hace Hoto. Es decir, Horo. (Aún me cuesta un poco pronunciar su nombre). Bueno y aquí me encuentro yo, sentado en unas escaleras que sirven para acceder a la playa. Estoy haciendo un buen rol de observador, pienso, pero la verdad, es que estoy esperando a que llegue Horo.

Él es de lo más particular, me trata con mucha confianza y debe creer que soy un pobretón. Me dijo que él también provenía de una familia humilde y trabajadora. Por el momento me conformo con esa imagen que tiene de mí, porque si supiera en realidad que mi padre es sumamente poderoso y que tengo dinero, estaría en peligro...no yo, él.

Es muy amable, no sólo conmigo, si no que con todos los demás. Lo veo venir, caminando por la vereda, a pie pelado y con dos tablas bajo el brazo. Su piel es bronceada y su cabello celeste (no me pregunten como se dejó ese color) la mayoría de las veces trae puesto un cintillo sobre la frente, y una cadenita cuelga desde su cuello. Me contó que era un regalo de su hermana, que se encontraba muy lejos que aquí.

Me ve y pone a reír a carcajadas. Lanza ambas tablas sobre la arena y se sienta a mi lado.

-En primer lugar vas a tener que sacarte ese buzo, si quieres movilizarte bien...-me dice aún entre risas.

-¿Por qué?-pregunto molesto. No me gusta que se rían de mí.-

-Es que pareces un loco...nadie anda de buzo con el calor que hace aquí, en la playa...

Me tiró en la cara un traje de baño color negro, con dos rayitas azules en los costados. Le quedo mirando con una ceja alzada. Me cambio sin titubear, total, no hay tanta gente a estas horas. Lo obligo a que voltee, es verdad, soy un poco vergonzoso.

-Bien, ahora que estás listo, podré enseñarte como "surfear"

-Ya.-digo con entusiasmo. De repente me siento muy feliz y no sé porqué, pero es un sentimiento puro e innato.

Tomamos nuestras tablas y vamos hacia el mar. Es complicado esto. Además me molesta la cuerda que tengo atada al tobillo, supuestamente sirve para que no se me pierda la tabla, aún así es incómodo. Él avanza rápidamente por al agua y cada vez nos vamos acercando a la parte más profunda, donde rompen las olas las grandes.

Me da miedo, voy a morir ahogado aquí. Realmente el oleaje es muy violento, el agua muy fría. Me agarro de la tabla como quien se agarra de un salvavidas, pero, repentinamente llega Horo a mi lado y me tranquiliza.

-Relájate, que no pasa nada.

-¡Pero si me estoy congelando!

-Es normal...aquí en la profundidad el agua es mas fría. Pero si quieres aprender vas a tener que resistir esto y mucho más.

-¿Y ahora que hago?

-Jajaja, no sé yo...vas a tener que arreglártelas solo...

Simplemente no puedo creerlo. ¿Me trae hasta aquí sólo para decirme que aprenda solo? ¡Esto lo va a pagar muy caro! Mejor salgo de aquí. Comencé a remar con mis brazos hacia la orilla, pero Horo nuevamente me detiene.

-¿A donde vas?

-A la orilla- digo tranquilo-

-Len. Nunca vas a aprender si no te familiarizas con el mar. Tienes que perderle el miedo.

Aunque no quiera admitirlo, tiene razón. Lo Básico es eso: Confiar en el mar, aprender como movilizarte en el ¡sin que te ahogues! Me sorprende que él nade como si estuviera en una piscina. Dejó su tabla a un lado y disfrutaba cada ola que venía, chapoteando en el agua, como un niño chico. Yo escupía el agua como condenado y no había momento en que una ola no me llegara encima. Tabla del demonio, pienso. Me saco el listón que me ata a esa cosa y al fin quedo libre.

-¡Oye, mi tabla!- me regaña él y nada hasta alcanzarla.- ¡No puedes soltarla así!

-Me molestaba mucho.- le expliqué.

El la dejó en la orilla y volvió donde estaba yo... allí nos quedamos. Mi cuerpo se acostumbró rápidamente a la baja temperatura del mar y al fuerte oleaje. Comprendí que el miedo lo único que hace, es ponerte más paranoico de lo que ya estás, por eso siempre se debe mantener la calma. El mar siempre te llevará a la orilla si no luchas contra él. Increíblemente, estuvimos toda la tarde divirtiéndonos en esas aguas azulinas y saladas. La hora pasó fugaz, como se pasó el miedo en mi interior. Horo es muy divertido, me enseñó a capear las olas, jugamos largo rato... Se gasta mucha energía en nadar de aquí para allá, tratando de ir contra la marea del mar, para que no nos arrastrara tan lejos de la orilla.

-Salgamos, aletita.

Le miro furioso. Creo que me ha tomado más confianza que en un principio, porque ya se atreve a llamarme por sobrenombres extraños.

-Cállate, no me llames así.

Me hace una mueca de burla, pero no lo tomo en cuenta. En fin, gran parte de la tarde nos la pasamos discutiendo. Es algo ¿bromista? Le encanta fastidiarme y estoy seguro que se siente feliz cuando consigue hacerme enfadar. Pero no le daré gusto. Salimos junto con la marea. Ha pasado mucho tiempo y está empezando a anochecer...hace más frío que antes y la playa ha quedado desolada.

-Ven, allí nos esperan.

Lo sigo, y diviso a lo lejos, una fogata armada, con gente alrededor. Horo Horo se dirige hacia ese lugar, sin antes llevar las tablas, nos paramos frente a ellos, estilando y él sonríe con alegría.

-Len, te voy a presentar a mis amigos. Él es Yoh Asakura- dice indicándome a un muchacho que está recostado sobre la arena, perezosamente. Me saluda con una enorme sonrisa.

-Hola-digo.

Se levanta de imprevisto y toma mis manos entre las suyas. Noto que corren lágrimas exageradas por su rostro.

-Gracias... ¡eres nuestro primer cliente en meses!

-¡Cállate!- Anna lo golpea, dejándolo nocaut en el suelo.

-Yo soy Oyamada Manta...-Un pequeño niño me saluda cariñosamente y me entrega una toalla. Me seco con ella y le agradezco el gesto.

-Y para que voy a presentarte a Anna, si ya la conoces- dijo él sentándose al lado de Tanma, abriendo la nevera y sacando cosas para comer.

-Yo soy Len-digo claramente- Un gusto.

Horo me tiró y me obligó a sentarme. Llegó el momento que más temía: El interrogatorio. Me preguntaron desde de donde venía hasta si le tenía miedo a las arañas. Es lógico que quieran saber de mí, ya que soy nuevo por estos rumbos y estoy viviendo en su misma casa (o posada). Así que traté de contestar todo lo más sinceramente posible, pero emitiendo algunos detalles (como el apellido) o datos sobre mi familia.

-¿Y porqué te interesa esto del Surf?-me preguntó Yoh después de un largo silencio.

-Por conocer algo nuevo- dije- Además porque me parece entretenido.

Me intriga la forma en que me mira Anna, como si tuviera planes para mí. No es fea, pero me causa un poco de incomodidad su presencia, todo su ser irradia un aura un tanto extraña, no perversa, pero tampoco buena o amable. Lo peor de todo es que no sé que demonios está pensando.

-¡Comida China!

Grita un sujeto detrás de la barra. Camina hacia la mesa en donde estoy y deposita un plato con comida frente a mí. Está alegre, como todo mundo aquí, a excepción de Anna. Horo Horo levantó la cabeza y me miró curioso.

-¿Comida china?

-Si- respondo mientras saco un panecillo.

-¿Puedo probar?- Yoh saca de mi plato otro de los panes y lo saborea- Mhh yo también quiero comer algo como eso, estoy harto de comer verduras crudas. ¡Ryu yo también quiero comida china!

-¡A la orden!- se escucha su fuerte voz de la cocina.

El tipo alto se detiene a un lado de Yoh y deja allí la comida. Anda vestido con un traje de baño y con un delantal. Su peinado es un tanto ¿ridículo?.

-Él es Ryu- dice Yoh.-Ryu, él es Len...

-Mucho gusto y gracias por preferir nuestra posada.

-No hay de qué.-digo-

Seguimos en lo que estamos. Nos encontramos alrededor de una mesa, almorzando. Manta no está, se desapareció sin excusa. Pruebo el pan y está delicioso. Me sorprende que ese tal Ryu tenga tantas habilidades culinarias, Horo me contó que él era el chef del restorán y por eso ahora hay más gente.

Noto que afuera se acumularon varios tipos. Estaban entre que entraban o no entraban y se veían temerosos. De seguro ya sabían de la muchacha que allí vivía, como sea, llamó mi atención.

-Ah, esos son los tipos de las perforaciones...-dijo Yoh, tranquilo como siempre.

-¿Que?

-¿No sabías? Anna hace perforaciones aquí. Ese grupito siempre viene, pero no se atreven a entrar.

En eso salió ella y abrió la puerta de golpe. Ellos entraron a medio cuerpo.

-¿Que desean?

-Disculpe señorita Anna...queremos hacernos un aro en la ceja, pero...-dijo uno. Volteamos a verlos. Se veían graciosos, todos abrazados, muertos de miedo.-

-Pero tememos que nos vaya a doler mucho.-dijo el otro.

Anna giró para vernos a nosotros. Horo Horo e Yoh se quedaron congelados, mientras yo me preguntaba que demonios pasaba, Horo comenzó a rezar, Yoh sudaba frío.

-Horo Horo, ven aquí.- dijo como si fuera una sentencia.- Y todos ustedes, verán que no duele.

Los hombres entraron a una habitación, acompañados de Horo Horo. Anna lo llevó a rastras y cerró la puerta atrás de sí y yo no entendía. Miré a Yoh para que me explicara.

-Ya verás- se limitó a responder.

Cinco minutos más tarde se abrió la puerta y salió Horo, algo deprimido. Los demás adentro gritaban de alegría. Se dejó caer sobre la silla y bajó la cabeza.

-¿Ven que no duele?-decía un sujeto allí dentro. Yo solo miré al chico que tenía en frente, preocupado. ¿Que la había pasado?

-No te pongas así, Horo Horo-le dijo Yoh- A ver, levanta la cabeza.

Ambos reímos a carcajadas cuando vimos un aro plateado atravesado en su ceja. Yoh intentó quitárselo, pero alharaqueó.-Anna lo había usado como modelo para así darle más confianza a los otros sujetos.

-¡Que en verdad duele!.-chilló, tocándoselo delicadamente.

-Cuando se te pase, deberás sacártelo, si no se te va a infectar- le dije. Puse los brazos sobre la mesa y dejé descansar mi cabeza.

No se le ve tan mal. Aunque le quita un poco la cara de niño que tiene. Pero su atractivo no disminuye por eso, su cuerpo sigue siendo igualmente perfecto (gracias al surf)...se ve lindo, como siempre, sólo que un poco más sexy...Un momento ¿yo pensé eso? �YO PENSÉ ESO?...Soy un ridículo sin remedio...creo que tanta sal me está haciendo mal.

Miro por la ventana. Las nubes corren bajas, causando sombras en diversos sectores de la playa. Todo se agita, el mar, la arena. Parece temblar.

Continuará...

Ajá, aquí estoy de vuelta con el tercer capítulo de mi fic...Se me había olvidado aclarar que en este fic los personajes bordean entre los 16 y 17 años de edad...Aclarado ese punto, quiero agradecer a Florchi, Lain-Chan, Karin, Gabi, Asami, Takami Megunata y Kmy Kusanagi (la verdad me halaga que consideres que mis escritos son buenos, ya que eres una gran escritora...antes había leído algunos de tus fics de Harry Potter, sin saber que eran tuyos, y me parecieron muy buenos..Lo supe hasta que le eché un vistazo a tu bio :P) Ale y Mandy (gracias amiga, tienes mucha razón en lo que planteas) por sus comentarios y por darse el tiempo de opinar acerca de mi fic ¡Gracias!

Desde el próximo capítulo las clases van enserio...¿Podrá Len soportar tal entrenamiento? ¿Podrá Horo soportar a su alumno? ¿que sucederá en las clases? ¿Que planea Anna? ¿Podrá Horo sacarse el aro de la ceja sin que se le infecte? Oo Todas esas dudas y sus respuestas en el próximo capítulo

¡Adiosín!

"...Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo..."(Proverbio árabe)