Disculpando el retraso, les traigo la tercera parte. ¡Prometo subir la cuarta parte para mañana! La verdad es que me había olvidado de corregir la ortografía, pero ya me animé.
De antemano, gracias a todos y todas los y las que dejaron sus comentarios. No soy mucho de responder los review, pero sepan que siempre los leo y me emociono mucho cuando se que les agrada.
Disclaimer: Ya se lo saben...
La cumbre de países europeos se llevaba a cabo en Francia. Los asistentes fueron llegando uno a uno al salón de la conferencia. Cuando Rusia entró, sin su bufanda y con un atuendo más ligero que su acostumbrado abrigo, la mayoría de sorprendió.
- ¡Iván! – Antonio agitó su mano, indicando su posición.
El ruso sonrió amable. Se acercó hasta el hispano y se sentó junto a él. Inglaterra no pudo aguantar su curiosidad y le habló al ruso.
- ¿Y ese atuendo, Rusia? –
- Me he acostumbrado al clima de estos países. Es más agradable así – respondió sincero.
- Es raro verte sin bufanda – comentó Alemania.
- Hace un año que no la uso – ladeó su cabeza infantilmente – Está doblada y enrollada en mi maleta –
- Iván, ¿Vendrás luego a mi casa? Preparé paella – le invitó Antonio, cambiando el tema de conversación.
- No me la perdería por nada, da – el ruso posó su mano izquierda sobre el cabello de Antonio y lo revolvió, desordenándolo aún más.
La reunión comenzó y Ludwig la presidía. Aunque se encontraba medianamente distraído luego de la muestra de 'afecto' que tenía el ruso con el español. Parecía en otro mundo, así que prefirió darles un receso a todos con tal de despejarse.
- ¡España nii-chan! – El menor de los italianos se acercó corriendo hasta el hispano, quien iba junto al ruso - ¡Rusia! – Tembló de miedo al ver al eslavo.
- Feliciano – saludó el hispano - ¿Qué sucede? – Se acercó para calmarlo – Tranquilo, Iván no muerde – sonrió amable.
- ¿Seguro? – Se escudó detrás de Antonio, lagrimeando y gimoteando.
- Muy seguro, Feli – rió nervioso – Entonces, ¿Qué sucede? –
- ¡Oh, cierto! – El italiano recuperó inmediatamente su compostura, olvidando al ruso - ¿Irás a casa la próxima semana? ¡Es mi cumpleaños! –
- También es el cumpleaños de Lovino – analizó Antonio – Y no creo que él quiera verme – dedujo.
- Ve~ Mi hermano no quiere hacer fiesta – contó despreocupado - ¡Pero irás a mi fiesta! Si él no quiere fiesta, se la pierde –
- Bueno, eso es cierto… - el español no parecía muy convencido – Muy bien, iré – confirmó.
Con la declaración de Antonio, Feliciano se marchó feliz, saltando y tarareando. Rusia y España quedaron viéndole como se juntaba con Alemania, hasta que el más alto habló – Si no te importa, iré a recogerte la otra semana. No confío en Italia del Sur –
- Vamos, Iván. Ya superé eso, no te preocupes. Anda, tenemos una paella esperándonos – le tomó del brazo con naturalidad y le arrastró por el salón.
Lovino miraba la escena desde las sombras, viendo como perdía una posibilidad de disculparse y recuperar al español.
¡Demonios! ¿Qué irá a suceder? Tanto avance que ha tenido Iván y puede irse al trasto.
