Clausula en el contrato
Todos se quedaron de piedra al escuchar la afirmación de Rumiko-sama, con los ojos desorbitados, como si forzando más la vista pudieran salir del asombro y encontrar la luz a este túnel de locura incierta. Nadie podía pensar el orgulloso y poderoso hanyou, que gano a su hermano en duelo cortándole un brazo y ganando la poderosa espada Tessaiga, que planto cara a Naraku en más de una ocasión y que había plantado cientos de desafíos. El HOMBRE entre los hombres, en realidad era una... Chica.
-¡Un momento vieja, eso no es posible!-Inuyasha fue el primero en salir del shock, con la voz ronca, prueba de que aun sus heridas no estaban curadas y necesitaban tratamiento.-¡Siempre he sido un hombre incluso mi hermano Sessumaru esta hay para confirmarlo!-Reafirmo el hanyou en voz bajo un "mal que me pese, que ese jodido estirado, es mi hermano"
Sin que él se diera cuenta, Rumiko, desde el momento que la palabra vieja salio de su boca había empezado a tener un tic nervioso en el ojo izquierdo. No lo podía creer ese maldito crío le había llamado vieja, ¡A ella!, La todopoderosa Rumiko-sama , la reina de los contratos y trueque, dama de las maldiciones y catástrofes. ¡Él! Un sucio hanyou, casta mestiza un, un... Tomo una gran bocanada de aire, para pensar con claridad. Como ella había dicho era la todopoderosa Rumiko-sama, y por eso mismo terminaría este contrato cueste lo que cueste, sin dejarse influir por un tonto ingenuo que no quería aceptar la verdad.
Miro al hanyou a las ojos notando que escondían, detrás de esa arrogancia y coraje, una gran incertidumbre, preocupación, pero ante todo, un desgarro de dolor que yacía en el fondo de su alma como una herida purulenta, que resquebrajaba su cuerpo por dentro.
-"Una de las peores heridas, de curar las del espíritu. Y la suya parece que lleva abierta mucho tiempo cada vez más grande y fuerte, destrozándole por dentro poco a poco hasta su aciago final"- Rumiko-sama extendió su elegante mano, tomando la barbilla del hanyou como si del más fino cristal fuera. Lentamente le obligo a mirar directamente a sus ojos, para que comprobara la verdad y importancia en sus palabras.
-Inuyasha- Usando el tono más maternal que ella podía sacar para llamar su atención, provocando que el medio-demonio, frunciera el entrecejo.-Cree me cuanto te digo. Tu visión de hombre, tu cuerpo, tu olor, todo... Es una ilusión que cree como parte del contrato. Te puse el encantamiento cuando solo tenias una días de edad, tu madre vino suplicándome que la ayudara a mantenerte a salvo, hice lo que pude, creando una ilusión de ti en un "yo" masculino, pero solo eso. Tanto tu fuerza, pericia, inteligencia,... nada de eso toque, solo cree una imagen, ya esta.-Vio como el avance de sus palabras creaban un arco iris de expresiones en el rostro del "chico", lágrimas escocían y reclamaban por salir a la luz para liberar sus acongojadas emociones. Su garganta se secaba complicando el dolor que residía de las anteriores lesiones ya empezando a cerrarse, los pulmones ardían deseosos de derrochar los gemidos lastimeros que él reprimía con todas sus fuerzas, queriendo preservar algo de su dignidad, que yacía tirada, manchada en una esquina, cual niño pequeño, agarraba sus rodillas, meciéndose desolado y desesperado por hallar algo de consuelo.
-Esto no puede ser verdad..-Susurro la joven miko queriendo acercarse al joven que tenia el cepo de la misteriosa mujer puesto cerca de su heridas cicatrizándose. Deseaba consolarlo, decir le que esas pullas eran mentiras sangrientas, otro plan de Naraku para obligarlo caer en una depresión y luego poder atacar. Pero sabía que eso no iba a funcionar, porque ella también veía la verdad en las palabras de Rumiko-sama, pero para su desvelo, también sabía que con eso, acababa de perder a un amigo. Porque por dentro Inuyasha había muerto.
Ya en la cabaña de la vieja Kaede, Inuyasha estaba sentado en su esquina favorita en su pose habitual con Kirara en su regazo, acariciando distraídamente detrás de sus orejas, para encontrar algún tipo de consuelo en ellas, estando perdido en sus pensamientos. Miroku, Sango, y Shippo, dejaron que Kaede y Kagome ayudaran de apoya moral y medico a Inuyasha, mientras encaraban a la desconocida que había realizado tamaña entrada. Ellos querían estar allí, como tantas otras veces,pero decidieron que seria mejor que tuvieran algo de privacidad en la pequeña cabaña y de paso escapar, al igual que ratas de cloaca pilladas devorando el cuerpo en descomposición de un cadáver para luego huir y preservar su vida, de la mirada de piedra de aquella extraña mujer.
Rumiko-sama tomaba su té con suma tranquilidad, con disimulo exploraba el entorno de la pequeña cabaña, tenia multitud de libros colocados por orden alfabético encima de las repisas echas con viejas maderas, seguramente sobrantes de antiguos muebles que en su tiempo fueron de gran esplendor. El tatami era, que al igual que la cabaña, viejo y erosionado con los años de extremo uso, tenía algunas quemaduras por fuego esparcidos por el piso, como antiguo recordatorio de algún pequeño incendio provocado por algún accidente. Una extraña bolsa color amarillo chillón desentonaba en la habitación, al igual que un lobo entre corderos. Pero lo que le gusto de esta acogedora habitación fue el olor, era agradable y algo almidonado, con un ligero toque a lavanda y romero debajo del espeso aroma de flores silvestres y toques desperdigados de miel y limón. Era agradable para ser una habitación tan pobre.
Dejo su tazo con exquisito cuidado, poso su penetrante mirada en el medio-demonio que reposado en la esquina de la cabaña tenia la mirada perdida y rota, moviendo su mano de forma mecánica para acariciar al gato demoniaco. Estaba tenso listo para salir corriendo cuando la marcha lo propusiera.
-Inuyasha
El hanyou se sobresalto, dubitativo miro a la mujer de hermoso rostro que seguía pegado a su cara como una mascara cosida al cráneo.
-¿Sí?
-Tranquiliza te, se que te aterra la idea de ser una mujer tan de repente, pero tu madre era inteligente, dejo una clausula en el contrato, que te podía interesar.-Acomodo su falda, al tanto de esperar que sus palabras llegaran al hanyou.- La cosa es que , ella sabía que esto podía, y es, un shock para ti, así que propuso lo siguiente... Usted tendra que vivir un año como mujer acostumbrase, aprender sobre ello,...En fin todo lo que conlleva ser una, durante ese tiempo usted deberá decidir si quedarse en ea forma o volver a su forma masculina y esta vez por completo-Tomo otro sobo de té al finalizar su explicación .Volvió ha mirar a Inuyasha cuando este soltó un bufido de incredibilidad pura, para luego ser regañado en silencio por la anciana miko.
-Pero... ¿Qué gana usted con todo esto?- Pregunto con un hilo de voz una extraña chica con extravagantes ropas que despedía un aura anómala. Rumiko-sama se río para sus adentros era evidente que a la chica le gustaba el hanyou o al menos lo hacía antes de la revelación.
-Nada- Contesto con sencillez- Ya gane lo que quería cuando Izayou medio sus tesoros familiares, Solo estoy cumpliendo parte del trato que firme con ella, en realidad me da igual como quedes chico, pero te guste o no, tendrás que pasar como mínimo un siendo mujer, después podrás elegir lo que quieras.
-¿Y si me niego?
-Entonces me encargare de que te transformes en una mujer de una manera o de otra, es más, podía haberte quitado el hechizo en cualquier punto del planeta ya que lo habría realizado con éxito. Y tú estarías desesperado por saber que narices te habría ocurrido.
-¿No hay alguna manera de saltarse ese preludio?-Hablo por primera vez la anciana Kaede.
-No, como he dicho, esta en el contrato.
-Pues haga molos
-¡Pero Inuyasha ..!
-No, Kagome, no puedo escapar, además solo es un año, después puedo volver al ser el de antes.
-Pero que pasa con Naraku, podría aprovecharlo.
-Rumiko-sama dijo que mi apariencia es solo una ilusión, entonces no ha afectado mis cualidades a la hora de luchar¿No es así?
-Exactamente
-Bien, pues acabemos con esto
Fuera de la cabaña, Rumiko-sama, estaba preparando el ritual, extraños cánticos de algún idioma antiguo y olvidado, rodeaban el aire haciendo lo más pesado, tanto que abrumaba.
Kagome, nerviosa, sujetaba a Shippo en sus brazos con demasiada fuerza a su pecho, rezando a todos los dioses que podrían existir, para que nada fuera mal durante el proceso. Shippo empezó a remolinar se dentro del agarre de hierro de Kagome, pero demasiado perturbado por el momento para quejarse en voz alta. Miroku agarraba su bastón ya con los nudillos blancos, Sango abrazaba sus rodillas dentro del refugio de piel caliente de una gigantesca Kirara que gemía, cual cachorro, por ver a su amigo en una posición tan comprometida. Y por ultimo la anciana Kaede, que con lágrimas contenidas en la esquina de su único ojo, vislumbraba la escena.
Inuyasha sentado en el centro del circulo en posición de loto, contemplo como Rumiko-sama elaboraba el complejo encantamiento. No lo diría en voz alta pero... Dolía, sentía como su cuerpo se derritiera, tal cera al lado de una hoguera, para luego volver a encajar se en un molde distinto, los músculos altamente tensos, los huesos parecían hacerse añicos y reconstruirse de nuevo, la piel se estiraba y luego a la posición de origen. Intento por todos lo medios no moverse ya que le advirtió del peligro que con llevaba, quedarse deforme para el resto de la vida a poder morir en extensa agonía. Ninguna de ellas le parecía muy atractiva, así que decidió quedarse quieto pasara lo que pasara.
Poco a poco el dolor se convirtió en insufrible. Y un gran alivio bino cuando Rumiko-sama le hablo, pero parecía su voz tan lejana y distorsionada.
-Inuyasha, se a terminado.-El alivio se apodero de él, pronto su visión se puso en remolinos de colores, hasta finalmente quedar en negro, tuvo la sensación de oír exclamaciones del grupo, pero se oían tan lejanas... Todo fue un torbellino de pensamientos hasta que perdió el completo conocimiento.
