Capitulo 03: Lo Inesperado

-Rin date prisa, tenemos que irnos ya- exclamó una mujer de cabello azabache frente al espejo, cepillando su ondulado y largo cabello, la pequeña de ojos castaños lucia un vestido color carmesí con negro, un listón de la misma tonalidad sosteniendo una coleta, unas calcetas blancas y unos zapatos del mismo matiz rojizo que el vestido, mientras que Aome lucia un traje, de tono turquesa con una blusa blanca, muy distintivo de los abogados, un saco y un pantalón haciendo juego con sus zapatillas negras, lisas y de tacón bajo, con poco maquillaje en el rostro, base y un labial rosa pálido, nada llamativo, desde muy temprano comenzaba el atareado día de la Juez Higurashi, quien con astucia introducía en su bolso marrón todo lo necesario para llevar a cabo su rutina diaria.

-Mamita… déjame ir contigo a tu trabajo- expresó Rin en tono de suplica detrás de ella –Ándale si… prometo portarme bien- insistió la pequeña imprimiendo esta vez una voz llena de inocencia, dejando a la juez por unos instantes quieta, no era la primera vez que lo pedía, desde que cumplió sus cuatro años, a Rin le encantaba ver donde labora su madre, Aome sabia de antemano que si llevaba a su hija no podría trabajar a gusto debido a que era como juntar su trabajo con su lado vulnerable, pero la insistencia de su descendiente la conmovió, así que accedió regañadientes, dedicándole retornando su rostro hacia la misma y brindando una sonrisa a la infantil morena, quien dio algunos brincos de victoria, una vez que la juez Higurashi volvió su atención a su bolso de sus labios emano suspiro de resignación.

-Este será un día complicado- susurro con cierto pesar saliendo de la alcoba, seguida por la pequeña Rin, ahora tenía dos problemas, mantener su postura fría y cortante frente a sus empleados y atender al joven Taisho, una tarea difícil, pero no imposible, claro agregándole la presencia de Rin, quien resultaba encantadora, pensó Aome cuando salió de su casa de dos plantas y un estilo coloquial, pertenecía a sus padres, sin embargo nunca estaban con ella, siempre viajaban para atender negocios que tenían en distintos países, ahora se encontraban en Inglaterra, era un alivio, por que así no tenia que aguantar los reclamos de su madre, ya que desde que había llegado con la niña en brazos, a los veinte años, su madre se encargo de reprochárselo cada vez que tenia la oportunidad y mas aun por que se negó a decir el nombre del padre, ese asunto siempre terminaba en una sonora discusión entre las Higurashi, pero que mas podría hacer la Juez, si no deseaba revelar esa información.

-Buenos días señorita Higurashi- saludo un joven de tez morena, cabello negro sostenido en una coleta, sus ojos violetas eran cautivadores y gozaba de veintiocho años, tenía años trabajando para los Higurashi y a pesar de poseer una carrera gracias a su apoyo, él labora como chofer de la familia, sin embargo, cuando Aome lo necesitaba para asuntos de contabilidad, Kouga trabajaba para ella sin ninguna queja.

-Buenos días Kouga- respondió Aome esperando a la pequeña Rin que daba pequeños saltos al caminar de un lado a otro, sonriendo de forma alegre e inocente, indudablemente la idea de acompañar a su mamá al despacho la hacia inmensamente feliz, el beneficio para Rin era que ese día no era necesario que fuese al preescolar, debido a que las profesoras estarían en junta desde las diez de la mañana hasta el medio día, entonces tendrían que terminar sus enseñanzas temprano.

-Hola señor Kouga- exclamó Rin dibujando una sonrisa, siendo correspondida de la misma manera por parte de Kouga, saludándola cordialmente, para después abordar el famoso Chevy, del lado del copiloto. Aome abrocho el cinturón de seguridad de su hija y se dirigió al lado del conductor, mientras que Kouga cerraba la puerta del auto. La joven Higurashi se coloco el cinturón de seguridad y puso en marcha el Chevy, Rin se despidió agitando su pequeña mano, Aome sonrió al ver el gesto de la niña, estaba orgullosa de enseñarle a respetar y querer a los demás sin hacer ninguna distinción, después de unos treinta minutos estaban ya en el estacionamiento del despacho, aparcando el auto en el lugar que le correspondía ambas Higurashi egresaron del mismo.

-Señorita Higurashi, el joven Taisho anuncio que llegaría a las ocho de la mañana- anuncio Ayame con libreta en mano, al ver que su jefa entraba por la puerta principal tomando la manita de Rin quien estaba fascinada viendo los alrededores –El licenciado Tsuikotsu pidió los papeles para el amparo de su cliente y el joven Miroku desea tratar algunos asuntos acerca del juicio de la próxima semana- explico la joven de ojos verdes puntualizando cada cosa que tenia pendiente.

-Amor ve a mi oficina ¿si?- se dirigió a Rin con una dulce voz y la pequeña asintió, después de que su hija entrara y cerrara la puerta de la oficina, Aome se dirigió a su eficaz secretaria –Ayame… dile al licenciado Tsuikotsu que el amparo fue aceptado y que pase por los papeles a la una de la tarde y que sea puntual- indico, tomo su agenda y la reviso detenidamente –Al licenciado Miroku dile que mañana lo espero a las diez de la mañana- puntualizó la joven Higurashi apuntando la cita en su agenda. Después le indico a Ayame que cuidase que todo estuviese en orden y aviso que iría por unos documentos que tenia en el archivero del primer piso, antes de irse entro a su oficina, Rin estaba dibujando en una libreta que había estado arrumbada en el estante del lugar.

-Cariño, permanece aquí, voy al primer piso… no me voy a tardar –Explico Aome sonriendo suavemente, la niña asintió con la cabeza sin apartar la vista del dibujo que con tanto esmero realiza, la tranquilidad se alojo en el corazón de la mujer, saber que solo dentro de su oficina seria vulnerable la llenaba de alivio, visto aquello Aome salió de la oficina en dirección al primer piso. Ayame puso en orden los papeles de su escritorio, sin embargo se dio cuenta de que hacían falta algunos documentos que seguramente se los habían llevado los abogados que trabajaban en el segundo piso, así que bajo las escaleras.

Un hombre de cabello plateado y ojos dorados llego a la oficina de la juez Higurashi, portando un portafolio oscuro en su mano izquierda, miro a su alrededor buscando a la joven de cabello rojizo que lo atendió el día anterior, sin embargo no se encontraba, su semblante permanecía frio y sereno, con elegancia levanto su mano izquierda a la altura de su pecho observando el reloj en su muñeca, marcaban exactamente las ocho en punto, se acerco a la puerta de la oficina, golpeando la misma de manera suave, espero un momento, el silencio invadió el lugar hasta que escucho como los pequeños pasos de una persona se acercaban a la puerta, giró la perilla y se abrió, la mirada ámbar descendió y se poso en una pequeña niña de ojos castaños y cabello negro sostenido en una media coleta con una inocente sonrisa que se encontraba en el umbral de la oficina.

-Buenos días señor- saludó Rin amable y cortes ¿Quién era esa niña y que hacia en esa oficina?, se preguntó Sesshoumaru viendo detenidamente a la niña que estaba frente a él "Dudo que la juez se haya encogido" mentalizo con cierta burla en aquel pensamiento, la niña tenia un carisma singular y emanaba alegría, algo que conmovió su corazón, sin saber el por qué de esa reacción, esbozo una media sonrisa casi imperceptible.

-Hola pequeña… ¿Qué hace una niña tan linda en un sitio como este?- le preguntó Sesshoumaru con tono amable, sin apartar la arrogancia y la frialdad que le caracterizan.

-Vine a acompañar a mi mamá- respondió Rin con naturalidad, como si hablara con una persona que conocía de tiempo atrás –Usted viene a ver a mi mamá ¿verdad?... pase y esperé un ratito, dijo que no iba a tardarse- explicó la infante entrando a la oficina nuevamente, Sesshoumaru la siguió, "VINE A ACOMPAÑAR A MI MAMÁ" recordó las palabras de la niña, ¿Su mamá seria la bella mujer de mirada castaña que lo había recibido la noche anterior? Y si fuera así, entonces la señorita Higurashi estaría casada, pero no era algo que a él le importara ¿o si?, no tendría por que, apenas la había conocido, pero algo en ella lo atraía, fuese lo que fuese debía quitarse esas absurdas ideas de la cabeza.

-Señor… ¿Usted es inocente, culpable o abogado?- inquirió Rin parada justo enfrente del gran hombre, aquella pregunta lo devolvió a la realidad, era divertido ver como la nena curiosa tenia un gran intelecto a su corta edad para notar el trabajo de su madre, una sonrisa se trazo en los labios de Sesshoumaru, sin poder evitarlo, la sencillez y espontaneidad de Rin le sorprendió de sobremanera.

-Soy abogado- respondió Sesshoumaru sentándose en uno de los sillones color marrón que había en la oficina, dejando su portafolio a un costado, sin apartar la mirada dorada de la persona que le atendía.

-Señor Abogado… ¿Cómo se llama?- preguntó la pequeña sentándose en la silla que se encontraba frente al escritorio, era tan parecida a la juez Higurashi, no abarcaba duda de que era su hija.

-Sesshoumaru Taisho… y ¿Usted pequeña dama?- respondió el apuesto hombre con elegancia provocando el sonrojo de la pequeña Rin ya que no estaba acostumbrada a que la tratasen como si fuera una mujer mayor, algo que era muy divertido para los dos.

-Rin… Rin Higurashi- respondió la niña con orgullo, tomando el lápiz para dibujar, Sesshoumaru la miró, era una niña alegre, orgullosa y muy social, muy distinta a su madre, quien simplemente era todo lo contrario.

-Mucho gusto Señorita Rin…- la cortesía en él era mas que atractiva, desviando la atención de la niña quien esbozo una amplia sonrisa y con un "Igualmente" ella retorno a su dibujo, por unos minutos Sesshoumaru observo a la infante, poseía gracia y una angelical presencia que le brindo paz y tranquilidad, algo que le pareció extraño por que él no simpatizaba mucho con los niños, a veces hasta le desagradaban, claro que con Rin eso no ocurría.

-Mi cielo, ya regrese…- menciona una dulce voz proveniente de una mujer de cabello azabache abriendo la puerta- Joven Taisho… No sabía que había llegado- exclamó Aome de manera cortante y altanera "SI ES ELLA" mentaliza el joven Taisho al ver la actitud de la juez, Rin se levantó y corrió hacia su madre abrazando sus atléticas piernas con sus bracitos.

-Mami… el señor Sesshoumaru estaba esperándote y le dije que pasara, ¿Estas enojada?- excuso Rin dirigiendo su achocolatada mirada hacia el rostro de su madre, el rostro inocente de la pequeña no hacia mas que tumbar las barreras de la Juez quien sonrió negando la pregunta de su descendiente.

-No mi amor, gracias y ahora ve con Ayame para que comas algo- ordenó Aome tiernamente, su mirada castaña reflejaba tranquilidad y amor, sentimientos totalmente contrarios a los que había visto Sesshoumaru la noche anterior, eran dos lados de la moneda, por uno estaba la altanería, el orgullo, la arrogancia, y por otro la dulzura, el cariño, la paciencia y la ternura, ¿Cuál de esos dos lados resultaba ser el verdadero? Se preguntaba una y otra vez el platinado, quien se empezaba a interesar más en esa misteriosa mujer.

-Disculpe mi intromisión, pero la pequeña Rin es tan agradable que cuando me ofreció su compañía no pude negarme- explicó el joven Taisho de manera fría y distante, la joven de tez blanca volvió la mirada castaña hacia el hombre, sin pronunciar palabra, sin expresar emoción alguna en su blanquecino rostro, espero el sonido de la puerta al ser cerrada.

-Ya lo sabe, Rin es mi hija- afirmo Aome con la barbilla levantada en signo de orgullo, aunque se imaginaba lo que estaba pensando Sesshoumaru acerca de ella, que por una extraña razón le importaba, el porque aun no lo descifraba.

-Si, es una niña muy linda, parecida a su madre- respondió el joven de cabellera plateada con indiferencia ofreciéndole asiento -¿Tiene… cinco años?- preguntó Sesshoumaru sentándose después de Aome que se sorprendió ante la pregunta del licenciado Taisho, ¿Cómo podía saberlo?, Oh si, Rin se lo habrá dicho, era una niña muy social y conversaba mucho con la gente, por no decir que hablaba de mas.

-Así es, pero no vino a hablar de mi hija ¿verdad?- contestó la joven Higurashi con cierta molestia, volviendo a su actitud soberbia y arrogante, grandioso ver como cambiaba de personalidad ante él, era como si Aome tuviese dos mascaras, la primera era la de la mujer altanera, orgullosa y arrogante, capaz de vencer al mundo entero, de aplastar a su oponente como si fuese un insignificante insecto; y la segunda era la madre cariñosa, dulce y tierna, incapaz de herir a su hija, tan tímida y sensible capaz de brindarle seguridad a la pequeña, era todo un misterio la razón por la cual era de esa manera tan cambiante, "Eso Es Lo Atractivo En Ella", pensó Sesshoumaru, descubrir lo que ocultaba aquella mujer tan poderosa e imponente seria una tarea muy difícil, aunque la pregunta era el por qué deseaba revelarlo, además esa joven de cabello azabache ondulado quizás estuviese casada ya que tenia una hija tan parecida a ella que nadie se atrevería a negar que fuese suya.

-No, claro que no- respondió Sesshoumaru tan tranquilo que se sorprendió a si mismo, ya que su mente se encontraba en otro asunto- He venido a saber la respuesta de mi solicitud- indicó el gallardo hombre sacando del portafolio el documento que tenia que llenar, entregándosela a la juez Higurashi, ella lo reviso en busca de algún dato que expresara que no estaba capacitado para el trabajo, sin embargo no lo halló, era un buen licenciado que llevaba varios casos resueltos favorablemente.

-Muy bien joven Taisho, todo esta en orden…- respondió Aome escribiendo en la computadora los datos del hombre –Entonces le doy la bienvenida a este despacho, trabajara en el segundo piso, Ayame le mostrara su oficina y todo lo necesario para que pueda instalarse, la entrada es a las siete de la mañana y salimos a las cinco de la tarde, según el trabajo que se tenga, yo soy la juez de este despacho, y pues licenciado Taisho… -se levanto la mujer y tomo un expediente del estante que se encontraba pegado a la pared –Deseo que se haga cargo de este caso –señaló Aome entregándole el expediente y unos sobres de color amarillo, los cuales Sesshoumaru reviso por unos instantes.

-Con su permiso señorita Higurashi- respondió Sesshoumaru levantándose del asiento, tomo su portafolio y salió de la oficina de la joven juez, quien por medio del teléfono le menciona las indicaciones a su secretaria para instalar al nuevo integrante del despacho.

-Mami, ¿puedo ir al parque con la señorita Ayame?- preguntó Rin abriendo la puerta después de unos minutos de que Sesshoumaru cruzara la misma, Aome la miro con ternura y sonrió levemente como afirmando el permiso.

-Ayame lleva a mi hija donde ella desee y por el trabajo no te preocupes- ordenó la joven de mirada castaña, al salir de su oficina revisando unos documentos, su joven secretaria asintió, tomando a la pequeña de la mano y salieron de la oficina, quedándose totalmente sola la juez.

-Espero que este día termine pronto… -murmura la joven juez observando como su hija y la secretaria salían, sin embargo la mente de Aome retorno al rostro del Licenciado Taisho y como no sentirse atraída si él es atractivo y posee una presencia imponente -¿En que estas pensando Aome?... –reprochándose volvió a su oficina cerrando la puerta a sus espaldas y sentándose en su escritorio y se concentro en los documentos que poseía en las manos, debía separar aquellos absurdos pensamientos si quería mantenerse al margen y seguir como hasta ahora.

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Una hora transcurrió desde que la secretaria pelirroja y la morena niña salieran de la oficina en dirección al parque, la joven juez se encontraba revisando algunos expedientes, el sonido de la puerta al ser golpeada de manera tranquila no logro apartar la atención de Aome, con un "ADELANTE" frío y distante ingreso un hombre que miraba a la musa que esta frente al escritorio con los ojos fijos en el documento, sin percatarse de la sonrisa malévola que el ente esbozaba al aproximarse de manera cautelosa, sin apartar la vista de tan hermosa dama.

-¿Qué se le ofrece?... –cuestionó Aome levantando la mirada castaña, pero se quedo sin habla al ver el individuo frente a ella -¿Qué hace aquí? –interrogó con desprecio volteando a ver los documentos que sostenían sus manos, aquel personaje se sentó frente a ella y con una sonrisa irónica la saludo, Aome intento no perder el control y la paciencia, prosiguió haciendo lo que mejor le salía, rechazar a ese hombre, actividad que se estaba volviendo una rutina bastante aburrida. Naraku no dejaba de observarla, se imaginaba como seria llevársela a la cama, escucharla suplicar por hacerla suya.

-¿Le gustaría ir conmigo a cenar?- preguntó por fin el varón de ojos rojo-oxido, su tono sensual daba a entender las intenciones de lograr su propósito.

-No, no deseo ir con usted- respondió Aome cortantemente sin prestarle la mínima atención, y realmente no deseaba salir con aquel hombre que la miraba de una forma que a ella le desagradaba, la lujuria en los orbes de Naraku le parecía enferma y sucia, molestándole de sobremanera.

-¿Tiene algo que hacer hoy después del trabajo?- volvió a preguntar Naraku, sin cambiar su semblante irónico, pero Aome volvió a negar, esta vez se levanto de su silla y se coloco frente al estante de expedientes, el joven McCarter la acorralo, colocando ambas manos sobre el estante y al oído le susurro "ESTA VEZ NO", esa voz se escucho amenazante, dispuesta a todo por conseguir su cometido, posando esta vez las manos sobre los hombros de la musa la hizo virar para quedar frente a él, quien mantenía su sonrisa cínica, fijando sus ojos rojizos en los castaños de ella.

-Suélteme- ordeno Aome con un expediente en las manos pero Naraku no hizo caso de sus palabras, se inclinó, acercando sus labios a los de ella para besarla –No… déjeme en paz- gritó la joven Higurashi intentando no sonar asustada, dio un paso hacia atrás, pero se topo con el estante, no tenia a donde ir, soltó lo que sostenía sus manos posándolas en el pecho de el joven que la intentaba besar, tratando de impedir el acercamiento del joven McCarter, empujando con sus manos la anatomía masculina que no se movía ni un centímetro, al contrario el forcejeo provocaba que se apretara mas a su cuerpo.

-No te resistas, se que me deseas tanto como yo a ti- mentó Naraku con sus labios rozando el cuello de Aome que hacia lo posible por salir de esa situación tan incomoda, pero era improbable que lograra hacerlo, el bien formado y ejercitado cuerpo del hombre era imponente y fuerte que casi no podía moverse la joven juez, el pánico se apoderaba de ella unas lagrimas se alojaron en sus orbes y con esfuerzo se negaba a que estas cayeran por sus mejillas enrojecidas, Naraku se encuentra dispuesto a hacer lo posible por tenerla y cuando la joven Higurashi estaba segura de que él lograría su propósito, al sentir como la diestra de Naraku acariciaba su pierna, Aome cerro los ojos con fuerza endureciendo mas sus brazos intentando inútilmente alejar a ese hombre de si, parecía que ahí quedaría su dignidad, en manos de un perverso y lujurioso ente que besaba su cuello, sin previo aviso un varón de cabello plateado y ojos dorados ingreso rápidamente a la oficina de la Juez al escuchar el alboroto, sus ojos se llenaron de furia al ver la escena que lo primero que concibió fue alejar a Naraku de aquella mujer de mirada castaña, tomando con fuerza los hombros del agresor.

-Déjala maldito- exclamó Sesshoumaru arrojando al sujeto contra el suelo, se coloco frente a la juez Higurashi, estaba dispuesto a protegerla, ¿Por qué? No lo sabía pero en ese momento no se detendría a averiguarlo, Naraku se levantó con dificultad, en su labio se trazo un hilillo de sangre, enfurecido dirige su puño diestro con la intención de propiciar un golpe contra el imponente hombre de expresión fría, sin embargo fue en vano, debido a que Sesshoumaru lo esquivo con facilidad, no obstante Naraku no se daría por vencido tan sencillo, así que lanzo un nuevo golpe que también fallo, pero esta vez fue detenido por la mano zurda del Taisho, en ese instante Sesshoumaru le proporcionó un golpe en el estomago logrando con ello que Naraku descendiera al suelo colocando sus brazos alrededor de su abdomen, entre gemidos maldijo a Sesshoumaru.

-Lárgate ya- ordenó el joven Taisho con frialdad, el individuo no tuvo mas remedió que aceptar su derrota, no sin antes brindar una mirada llena de odio, estaba claro que esa ofensa no se quedaría impune, en otro momento Naraku se la cobraría.

-Habré perdido la batalla, pero no perderé la guerra- respondió Naraku irguiéndose con problema, en su pálido rostro se distinguía la sangre que emana de su labio y se hace camino por su barbilla, observo a Aome que tenia la mirada nublada, sus mejillas sonrojadas, el joven McCarter salió de la oficina con coraje y con la idea de vengarse de ese hombre y de la morena que lo rechazaba en toda ocasión.

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CONTINUARA...

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BUENO AQUÍ ESTOY DE NUEVO PARA DEJARLES ESTE CAPITULO, CREO QUE QUEDO MAS LARGO QUE LOS ANTERIORES ;P Y ES QUE COMO QUE YA ESTOY MEJORANDO (aja si claro ¬.¬!) EN FIN ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, LO SIENTO POR QUE ME TARDE EN ACTUALIZAR, YA TENIA LOS CAPÍTULOS, PERO AL LEERLOS NUEVAMENTE LE COMPUSE ALGUNAS COSITAS... JEJEJE NUEVAMENTE ME DISCULPO Y ESPERO NO TARDARME TANTO EN ACTUALIZAR... HASTA LA PRÓXIMA n_n